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Nosotras que tenemos alas y sabemos volar

Una hermenéutica ecofeminista de Isaías 34,8-17

Maria Soave Buscemi

Resumen

El texto invita a abrazar nuestros miedos de oscuridades, de misterios, de animales, de sombras y de pelos. Con un recurrido por los juicios por brujería ella propone una búsqueda de la vida enmudecida y quemada, para luego, a partir de una hermenéutica ecofeminista, buscar los gemidos de las mujeres violentadas en Isaías 34,8-17.

Abstract

The text invites us to openly face our fears of darkness, of mysteries, of animals, of shadows and of skins.  With a description of the processes of witchcraft she proposes a search for the silenced and burned life, and then starting from an eco-feminist hermeneutics, to seek out the groans of the abused women in Isaiah 34,8-17.

 

1.         Una historia de violadas que tenían muchos pelos y sabían volar…

1.1.      Mi vida

Nací y fui criada en una tierra de sol y mar. Hasta mis tres primeros años de edad mi abuela, mujer de ojos del color de la esmeralda, eternamente vestida de negra, me envolvió en la red dulce de sus palabras, en los cuentos y cantos de historias de diosas, de santos y de mar. Crecí, aprendí a andar y a hablar al ritmo manso del mar Mediterráneo, y al toque frenético de tambores que, de noche, a la luz de la luna, curaban los cuerpos de mujeres y hombres del campo, pobre gente sin tierra, como mi abuela, gente que había sido mordida por la tarántula, una araña muy venenosa que anidaba entre las piedras de los campos quemados por el sol en búsqueda de sombra.

Entre las historias de santos que mi abuela me contaba tenía una que a mí me gustaba mucho: la historia de San José de Copertino.

Copertino es un pequeño pueblo del extremo sur de Italia, bien en la punta del “salto de la bota”, como decían los antiguos romanos, en el finis terrae esto es, donde la tierra tiene su fin y todo es mar, un mar profundo y misterioso. Copertino es un pequeño lugar de la tierra quemada por el sol, tierra esta toda abrazada por un cielo azul, higueras, cactus y olivares.

En Copertino fue grande la miseria… Todavía hoy el agua es un problema. En tiempos de mi abuela, la tierra y el agua pertenecían solo a algunos “señores” llamados “patrones”. Estos hacían trabajar aquella tierra dura y llena de piedras por unas pocas monedas y un cántaro de agua a millares de cafoni (esto es “comedores de tierra”), muy pobres y sin esperanza.

José también era de Copertino, no sabía leer ni escribir, como la gran parte del pueblo de aquella tierra seca olvidada por Dios, era un pobre cafone, un pobre sin tierra que solo podía comer tierra.

José, que quería ser un buen cristiano, fue a golpear la puerta del convento de los franciscanos. La Orden no podía mandar a paseo a aquel capaz de tan buenas intenciones, pero para él se le reservó el lugar de los “hermanos”, de aquellos hombres pobres y sin cultura que irían, también en el convento, a trabajar el día entero sudando en la tierra.

José era una persona de buen corazón, no sabía leer ni escribir, pero conocía el lamento de su pueblo pobre, del pueblo de Messapia, en griego, de la “tierra del medio”, del pueblo de aquella parte seca del Mediterráneo.

Fue así que Dios, como contaba mi abuela, concedió a José un don especial. Él podría volar. De esta forma, muchas y muchas veces, los pobres trabajadores sin tierra, curvados todo el día en la azada, y las mujeres que recogían el tabaco, intoxicando sus propios pulmones, recibían la visita del santo volador, que refrescaba el cuerpo cansado de aquella gente morena del color de los olivares, con un poco de agua o un higo recién recogido. El pueblo pobre de la tierra volvía a sonreír cuando en el cielo aparecía el santo volador.

Nací y fui criada en una tierra de sol y mar. Crecí, aprendí a hablar y a andar al ritmo manso del mar Mediterráneo y al toque frenético de tambores que curan las enfermedades del cuerpo y del alma. Las mujeres de la tierra donde nací nunca se depilaban. Tener pelos era señal de autoridad y de respeto entre las mujeres. Una mujer con los sobacos o las piernas peludas se la estimaba con autoridad en los círculos de los hombres de aquellas tierras de sol y mar.

No teníamos luz eléctrica ni agua entubada en los tiempos de mi infancia en casa de la abuela. El agua era cargada todos los días, de la fuente en la plaza hasta la casa con un jarro de cobre sobre la cabeza.

En el tiempo de mi primera menstruación volví para la casa de la abuela, allá hicieron una fiesta entre las mujeres vecinas. Yo me recuerdo, todavía hoy, de los abrazos y del sabor de los higos secos con almendras.

Mi madre y mi padre, que ya eran migrantes en el norte de Europa cuando yo nací, me llevaron, con cuatro años de edad, a una gran ciudad del norte de Italia donde mi padre, artesano tallador de muebles, fue a trabajar en una fábrica de productos químicos.

Fue en la ciudad de Milán que viví hasta venir al Brasil. Fue allá que, en antiguos predios de universidades, me enseñaron acerca de Dios, de la teología y de la Biblia.

1.2.      En memoria de ellas…

En 1390 d.e.c. el inquisidor de la diócesis de Milán, fray Beltramino de Cernuscullo, registró, en sus actas que una mujer campesina llamada Sibilla confesó que iba periódicamente al “juego de Diana” o “Señora Oriente”. A esta Señora se la describía rodeada de animales. Ella enseñaba a las propias discípulas, la “virtud de las yerbas”. El fraile dominicano condenó en 1390, a Sibilla a la pena de muerte junto a otra mujer, trabajadora del campo, llamada Pierina. En el proceso de condena estaba presente el arzobispo de Milán, Antonio de Saluzzo. Una característica de los relatos de las mujeres era esta: ellas decían andar, la noche, en el seguimiento de Diana, montadas en bichos y recorriendo en vuelo grandes distancias.

A la memoria de estas dos mujeres campesinas que vivieron y se las mató, acusadas de brujería, hace más de seiscientos años atrás, yo quiero escribir. En “memoria de ellas”, dos millones de mujeres torturadas, violadas y muertas en todo el mundo por las fobias misóginas y machistas, yo quiero intentar, “limpiar” y preguntar al tiempo y al espacio.

¿Qué sería este “andar de noche”? ¿Qué juego es este “juego de Diana”? ¿Quién es “Señora Oriente”? y qué significaba para nuestras matriarcas y, hoy para nosotras mujeres, poder y saber volar? Es un viaje en el tiempo y en el espacio, en la diacronía y en la geografía, el que quiero hacer pero, sobretodo, un viaje del deseo y de la memoria, en “memoria de ellas”, en mi memoria, en nuestra memoria…

1.3.      ¡Sobre mujeres, libres guerreras, señoras de los animales, sabias peludas que, a la noche…, vuelan!

El 18 de marzo de 1430 de nuestra era (d.e.c.), durante el proceso que la llevaría a la hoguera, Juana de Arco afirmó que había oído hablar de alguien que volaba con las hadas.

Este es solo uno entre los innumerables testimonios de demonización que duró siglos, de estratificaciones de creencias que llegaron hasta nosotros solo de forma extremadamente fragmentada a través de textos producidos por canonistas, inquisidores y jueces.

El fósil-guía que nos permite identificar esta estratificación, está constituido por las referencias a misteriosas figuras femeninas, veneradas, sobretodo por mujeres.

“Las alas son el símbolo de la desmaterialización, de la liberación. En todas las tradiciones (también en la Roda de la Medicina de muchas tradiciones indígenas del norte y de centro América —anotación mía—), estas son conquistadas después de una difícil iniciación. Las alas son los atributos de los ángeles o de las divinidades. Poseer alas es poder abandonar la tierra y ascender a los cielos. Las alas expresan una elevación en dirección a lo que es sublime, a la posibilidad de trascender la condición humana. Atribuir alas a alguien es transformarlo” .

En un periodo anterior, el Cusano (1401-1464), predicador e inquisidor, basándose en un proceso por brujería de dos mujeres campesinas de los valles de los Alpes tiroleses (Brixen), decía que era una locura lo que las dos mujeres viejas habían afirmado durante el proceso; que apretaron la mano de la Señora a la cual habían traído ofrendas. La mano de la Señora era muy peluda y, con las manos peludas, la Señora había acariciado los rostros de las dos mujeres.

El Cusano, en la predicación, decía que esta Señora era Ártemis, Diana, guerrera, señora de los animales y de la noche. Ártemis, señora de la suerte, aquella, en cuyos ojos nadie podía mirar, una antigua osa.

Un texto todavía más antiguo es el texto, incluido hacia el 960 de nuestra era por Reginone de Prum, en una colección de instrucciones destinadas a los obispos y a sus representantes (“De synodalibus causis et disciplinis ecclesiasticis libri duo”). En medio al elenco de creencias y prácticas supersticiosas que se deberían desenraizar del medio de las parroquias, comparece un pequeño texto derivado, probablemente, de un capitular franco más antiguo: “No podemos no hablar sobre ciertas mujeres desgraciadas seguidoras de Satanás (1 Tm 5,1-15). Seducidas por las fantásticas ilusiones de los demonios, dicen que cabalgan, en la noche, con Diana, diosa de los paganos, montadas en ciertos animales y, juntas a una multitud de mujeres, recorren enormes distancias en el silencio de la noche profunda. Las mujeres responden a las órdenes de la diosa y son llamadas, en determinadas noches, a servirla” .

En 1450, algunas mujeres, pobres campesinas del valle de Fiemme, otra región de los Alpes europeos, mujeres también acusadas de brujería, hicieron la descripción de la Señora. Ella tenía ojos de piedra, como las esmeraldas, piedras mágicas. Las dos mujeres no podían ver el perfil de la Señora porque esta tenía dos ornamentos en forma de círculos alrededor de las orejas.

En la segunda mitad de 1500 d.e.c., en una serie de procesos por brujería realizados por el Santo Oficio de Sicilia (extremo sur de Europa), en contra de mujeres y de niñas campesinas de aquellas tierras quemadas por el sol caliente del desierto africano, que decían encontrarse, a la noche, con figuras femeninas, las “mujeres de afuera” y con ellas volaban.

Estas figuras de mujeres que volaban durante la noche no tenían piernas humanas, los pies eran patas de animales. Los manuales de los confesores y de los inquisidores de esta isla mediterránea, hablaban de “mujeres de afuera” desde 1450.

Hasta 1850, apenas menos de doscientos años atrás, tenemos testimonios de la presencia de la Señora en estas tierras del Mediterráneo. Ella se le apareció a una mujer vieja, campesina del lugar de Módica, en la Sicilia. La vecina se llamaba Emanuela Santaéra, ella vio a la Señora en forma de tres jóvenes vestidas de blanco con turbantes redondos y rojos en la cabeza, las tres jóvenes habían convidado a la mujer a danzar a ritmo de fiesta.

1.4.      Dos procesos por brujería… en búsqueda de la vida enmudecida y quemada…

Todos estos testimonios y documentos procesuales, de un lado al otro del continente europeo y en un largo espacio de tiempo (más de mil años), hicieron aparecer trazos de una religiosidad de éxtasis, prevalentemente femenina, caracterizada por una diosa lunar de muchos nombres.

Pienso que es importante ahondar en el mundo de la historia antigua a la búsqueda de los muchos rostros de esta divinidad.

Probablemente de la gran obra histórico-etnográfica de Posidonio de Apamea, Plutarco extrajo, como advirtió explícitamente, el capítulo veinte de la “Vida de Marcelo”. Los hechos narrados en este capítulo, remontan al 212 antes de nuestra era (a.e.c.); Posidonio escribió alrededor del 80 a.e.c., Plutarco entre el siglo I y II d.e.c.

El capítulo narra que la ciudad de Engyon (una ciudad de la isla mediterránea de Sicilia, hoy llamada Troina) era famosa por las apariciones de ciertas diosas, llamadas Matronas (Madres), y a ellas se había dedicado un santuario.

En el templo de Engyon (informa Plutarco, retomando a Posidonio), se conservaban las armas del héroe cretense Merione, mítico colonizador de la isla de Sicilia. Diodóro de Agyrion precisa en sus escritos, que los fundadores de Engyon (cretenses) trajeron el culto de las Madres de la isla de Creta.

“Fue marcante la preponderancia femenina en la isla de Creta, lo cual impresionó no solo a los autores antiguos, sino también a los historiadores modernos.  Desde el tercer milenio a.C., y también antes, Creta fue invadida por un pueblo, probablemente de origen anatoliano, que trajo su civilización: la técnica del bronce, una arquitectura avanzada, el culto a la Grande Diosa. De esta manera, desde la Edad de Cobre, las influencias del culto femenino de Asia occidental ya estaban instauradas en la isla. El inmenso acervo arqueológico nos ha legado imágenes de la vida cotidiana de la mujer cretense en el bronce, mayólica, marfil y terracota. Las imágenes nos las muestran, conduciendo sus carros, cazando, luchando, trabajando la cerámica, danzando, practicando rituales, en los que sobresale justamente la movilidad, la actividad de la mujer, como para contrastar con la pasividad reconocida y retratada de la mujer ateniense” .

Cícero afirma (Verr., IV,97, V,186) que Engyon era famosa por el templo dedicado a la Gran Madre, Cibeles. No existe contradicción entre el culto a la Madre y el culto a las tres Matronas: existe una oscilación entre el singular y el plural, esta oscilación aparece en los testimonios arqueológicos de la isla de Sicilia y en la cuenca mediterránea.

Parece, entonces, posible la conexión entre la antigua Diosa de la isla de Creta del II milenio a.e.c., y las “Mujeres de fuera” que aparecerán como mujeres campesinas en las islas mediterráneas y en los valles de Europa del Norte en el 900 hasta 1850 d.e.c.

¿Pero, cómo era la fisonomía de la Diosa antigua de Creta en las Madres de Engyon?

Según el mito, Rhea se refugió en la isla de Creta para huir de Cronos, que quería devorar al hijo de los dos, Zeus, recién nacido, así como Cronos había hecho con sus hijos anteriores. Dos osas, Helike y Kynosura, criaron al recién nacido escondiéndolo en una cueva del monte Ida. Zeus, en señal de gratitud, transformó las dos osas en dos constelaciones: la Osa Mayor y la Osa Menor, constelaciones importantes del hemisferio Norte.

El dios-criatura, frágil e indefenso, criado por dos osas, es un personaje diferente del “Señor del Olimpo”, divinidad celestial, ciertamente indoeuropea. Los mitos de la isla de Creta serían, entonces, una estratificación cultural más antigua.

Quiero preguntarme si existen ligaciones entre el culto de la Gran Madre, las Osas y Ártemis/Cibeles.

En un célebre texto de Aristófanes (Lysistrata, v.641-47) resulta que Ártemis era venerada en el templo de Brauron por niñas llamadas “osas”. Estas usaban vestidos del color del azafrán.

En la costa norte occidental de la isla de Creta, existía una ciudad micena llamada Kynosura, el nombre de una de las osas que crió a Zeus. Con el mismo nombre se designaba a la península donde estaba situada la ciudad, la actual Akrotiri. En esta península puede visitarse, todavía hoy, la “gruta de la Osa” (Arkoudia), llamada así por la presencia de una importante estalagmita que surge a semejanza de un animal. En la gruta se encontraron fragmentos de las imágenes de Ártemis del período clásico y helenístico.

Hoy, en la gruta se venera a la “Virgen de la gruta de la osa” (Panaghia Arkoudiotissa). Según una leyenda del lugar, Nuestra Señora entró en la gruta para refrescarse, allá encontró una osa y la petrificó. Detrás de la relectura cristiana podemos percibir el culto, vivo probablemente ya en el II milenio a.e.c., en la edad minóica, de una Diosa que alimenta, con aspecto de osa, una antepasada de la Madre de Engyon.

En el libro de la Ilíada, Ártemis es denominada como “Señora de los animales” (potnia theron, XXI,470); un epíteto que evoca las representaciones del Mediterráneo y del Asia Menor de una Diosa acompañada por parejas de animales (caballos, leones, ciervos, etc).

Ártemis, virgen, la que alimenta, cazadora, la que vive entre la ciudad y la selva oscura, entre lo humano y lo animal, entre la luz y la sombra. Ártemis, la que cuida de los recién nacidos. En el momento del parto las madres le piden ayuda a ella; ex-votos de vulvas y senos se encontraron en el templo de Ártemis-Kalliste.

Ártemis/Diana, la Diosa que aparece en los procesos por brujerías y en las apariciones de Cusano en 1245.

Un poder parecido juntaba la diosa Gorgo, la diosa Ártemis y la Diosa más antigua de la cual las otras dos provenían. Gorgo petrificaba a los humanos con un mirar tremendo. Leyendas amenazadoras circundaban las estatuas de Ártemis. Aquella de Pallene, escondida durante un año entero, se mostraba al público solo en algunos rarísimos días, pero nadie podía fijarse o mirarla. Se decía que los ojos de piedra de la Diosa hacían secar los frutos en los árboles dejándolos estériles para siempre.

Esta descripción tiene mucha semejanza con la descripción de las mujeres campesinas de los valles de Fiemme, en los Alpes europeos acusadas de brujería en 1450 de nuestra era.

Estas mismas mujeres decían que la Señora tenía dos adornos, en forma de círculo alrededor de las orejas. Adornos estos, que impedían a las dos mujeres percibir el perfil de la Señora.

Entre la así llamada “Dama de Elche” y las visiones de las dos mujeres acusadas de brujería en los valles de los Alpes europeos dos mil años después, existen muchas semejanzas.

La arqueología no posee la seguridad de la geografía originaria del busto de la Dama de Elche, pero existe una cierta seguridad para la datación histórica: entre la mitad del siglo V y el inicio del siglo IV a.e.c.

La identidad de la “Dama de Elche” (¿diosa, sacerdotisa?) permanece, todavía hoy, obscura. Ella lleva dos ruedas, aseguradas con una cinta, junto a las témporas. Las ruedas en las témporas de la “Dama de Elche” están adornadas con joyas en forma de gotas, colocadas dentro de las ruedas, de forma parecida a los discos temporales de oro de fabricación griego-scita del siglo IV a.e.c.

En el proceso por brujería de 1390, aquel contra las campesinas Sibilla y Pierina, del interior de la diócesis de Milán, las dos mujeres testimoniaron que la Señora Oriente hacía resucitar el ganado que había muerto, tocando con una vara los huesos, encerrados en el cuero del animal.

Muy grande es la distribución geográfica de los mitos y ritos centrados en torno a la recogida de huesos de animales muertos con el objetivo de hacerlos revivir.

Desde el Norte de Europa, hasta el África, entre los cazadores de la región subártica de Laponia, hasta los pueblos Ainu de las islas norte del Japón. Por la acción de una divinidad, a veces masculina y a veces femenina, a través del uso de un bastón, de un martillo (o ¿“martillo de brujas”?) o de una vara, vuelve la vida de los animales muertos.

En el desierto existe un lugar especial donde el espíritu de las mujeres y el espíritu de los lobos se encuentran en el tiempo.

Los indígenas del estado de Texas, en los EUA y una antigua historia de los Aztecas cuentan al respecto, “De aquella-que-recoge-los-huesos”, de la Loba.

Existe una vieja que vive en un lugar muy escondido en el desierto, un lugar que todos conocen, pero pocos lo vieron. Igual que en las historias de Europa Oriental, ella está a la espera de todas las personas que se pierden…

La vieja mujer es extraña, muy peluda, gorda, ella trata de evitar cualquier tipo de compañía. Emite sonidos más parecidos con aquellos de los animales. Dicen por ahí que la vieja vive en el desierto, en un lugar olvidado y abandonado, en el territorio indígena de Tarahumara.

Dicen por ahí que la vieja mujer cabalga, rápidamente, cargando un fusil de caza.

Ella tiene muchos nombres entre los indígenas: “La Huesera, la-Mujer-de los-huesos”; “La Trapera, Aquella-que-recoge”; “la Loba”.

La única ocupación de la Loba es recoger huesos. De forma especial recoge y guarda particularmente los huesos que corren el peligro de perderse por el mundo. Su gruta en el desierto está llena de huesos, de las más variadas criaturas del desierto: el ciervo, la cobra, el cuervo… pero dice que su especialidad son los lobos.

La Loba se arrastra, huele, rastrea las montañas y el lecho seco de los ríos, buscando huesos de lobo y, cuando el último hueso se pone en su lugar, la Loba entonces se sienta cerca del fuego y piensa qué canto cantar. Cuando está segura, se mantiene de pie cerca del esqueleto de la criatura, levanta sobre ella los brazos y comienza a cantar. Entonces las costillas y los huesos de las piernas de la criatura muerta comienzan a recubrirse de carne y las criaturas se cubren de pelo. La loba canta y casi todas las criaturas vuelven a vivir. La loba canta y los lobos comienzan a respirar. La loba canta tan profundo que el desierto se eriza… el lobo abre los ojos y comienza a correr, rápido, hasta que un rayo de luna toca al lobo que se transforma en una mujer que corre libre hacia el horizonte.

Dicen por ahí que vagamos en el desierto y está cerca la hora de ponerse el sol, si nos sentimos un poco perdidas o cansadas, entonces tenemos suerte, porque puede ser que la Loba pueda mostrarnos alguna cosa, alguna cosa del alma.

¡Que la Loba, la “Madre-de los-Días”, Coatlique, “Aquella-que-Sabe”, nos pueda mostrar alguna cosa del alma, para que podamos correr, libres de todas las violencias, en una Vida plena!

2.         La narración: de mujeres, demonias y reinas…

Existe un estereotipo de mujer malvada y bruja en la cultura occidental. Existe un modelo casi arquetipo de la mujer que se volvió demonia, de la mujer terriblemente seductora, habitante de los desiertos y de las tinieblas. En los estereotipos esta mujer no trae sabiduría y no ilumina el alma, ella destruye a los niños y hombres. En nuestras culturas esta mujer es Lilith.

Lilith es la demonia más importante de las leyendas judías. Históricamente ella es más antigua que el mismo judaísmo, sus raíces están, probablemente, en el mundo de la antigua Sumeria. En los mundos antiguos, Lilith aparece en amuletos mágicos. Está presente una vez más en el texto de la Biblia y en algunos textos, no completos, de los rollos del Mar Muerto, claramente como referencia al texto bíblico de Isaías.

La palabra “Lilith” se encuentra en la Biblia una sola vez, en Isaías 34,14. Muchas veces la palabra desaparece de las traducciones y, por lo tanto, de las interpretaciones. ¡Lilith, una mujer tan maldecida que se vuelve algo que no puede ser escrito ni pronunciado!

El Diccionario de la Biblia habla así de “Lilith”: “figura demoníaca femenina, correspondiente al lilîtu babilónico (soplo, viento), demonio de las tempestades. Lilith habita en el desierto y en las ruinas abandonadas (Is 34,14). Por desarrollo popular el nombre viene de layil (noche), por eso, Lilith se interpreta como el fantasma nocturno” .

Kraeling cree haber encontrado una representación de Lilith (A Unique Babylonian Relief, BASOR 67, 1937, p.16-18). G.R.Driver afirma que Lilith sería una mujer ave (Lilith, PEQ 91, 1959, p.55-58). Existe un alto relieve sumerio o asirio de terracota que representa a una mujer con los pies de pájaro, acompañado por parejas de animales del desierto. Algunos estudiosos de arqueología creen que pueda ser Lilith esta mujer representada en terracota. En el alto-relieve la mujer tiene alas, y trae la cabeza una mitra característica de los retratos de las divinidades. La mujer está en posición de juicio, a través de las manos, pero no está claro lo que está juzgando. El objeto en la mano derecha está roto, por eso no podemos decir con seguridad que los objetos en las manos sean iguales.

El objeto de la mano izquierda podría ser un “ankh”, evocando imágenes de las diosas de Canaán, de Anat o de una serpiente de las imágenes de las diosas de Creta.

Este alto-relieve se distingue de muchas otras imágenes de diosas por el cuerpo de la mujer-pájaro y por las parejas de animales que la acompañan: los leones y las lechuzas.

Los leones, normalmente acompañaban las imágenes de Inanna. Puede ser que los animales no sean dos leones, sino dos gatos del campo. Las lechuzas, a los pies del ave, pueden ser un fuerte indicio de que se trate de Lilith (Is 34,14).

Además de eso, Krammer, en su traducción del prólogo de la epopeya de Gilgamesh, escribe que una demonia, Lilith, construye su morada en el tronco de un árbol. Este árbol tiene una lechuza en las ramas, y una serpiente habita en las raíces. Es el árbol plantado por la Diosa Inanna. Kramer tradujo: “ki-sikil-lil-la-ke” como “lilith” (Kramer 38:1-2).

En una traducción de Wolkstein (1983; p.8), este texto del prólogo se tradujo así: “una serpiente hizo su nido en las raíces del árbol ave de Anzu colocó a sus jóvenes en las ramas del árbol/la  servidora de las tinieblas Lilith hizo su morada en el tronco”.

En el prólogo de la epopeya de Gilgamesh el héroe combate contra la serpiente, contra el ave y la vence haciendo también huir a Lilith del tronco del árbol rumbo a la oscuridad de la montaña.

En el judaísmo de la Edad Media encontramos a Lilith con mucha frecuencia. Está presente en las tijeras mágicas profilácticas. En este contexto está asociada claramente con el parto, por ejemplo, como posible amenaza.

En el Talmud, Lilith está unida al mundo de los demonios. El Rabbi Meir (b.Erubin 18b) afirma que: “Adán, el primer hombre, siendo muy piadoso y pensando que se le culparía por haber inducido a la muerte para entrar en el mundo, ayunó sentado durante 130 años y se apartó de su mujer por 130 años. Y su generar hijos diabólicos fue la consecuencia de sus sueños mojados” (¿eyaculación nocturna? ¿masturbación?).

El b.Nidda 24b dice que Lilith es una demonia de apariencia humana, pero posee alas y puede volar.

En el Targum Sheni, del siglo III ó VII de nuestra era, una paráfrasis aramea de la historia de Ester cuenta de la reina de Sabá. En una traducción aramea del libro de Job la Reina de Sabá es también “Smaragd”,  usa las piedras del Sumo Sacerdote, ella posee la magia. En una versión árabe (1050), Salomón invita a su palacio a los reyes de Oriente y ordena a los animales y a los demonios danzar para él. Está ausente la abubilla, ave de gran visión nocturna como la lechuza, que perdió la hora en el país de los aromas, gobernado por una mujer, la Reina de Sabá. La abubilla traerá, más adelante, la invitación de Salomón para la Reina.

Salomón recibe a la Reina en una sala con el piso de cristal que, según la versión árabe, engaña a la Reina. Ella, pensando que el piso fuese de agua, levanta los vestidos, mostrando las piernas peludas.

Salomón se da cuenta que los miembros de Bilqis (nombre árabe de la Reina) no son “perfectos”, sino que están cubiertos de pelos. El rey se enoja, porque los pelos eran característica exclusiva de la perfecta nobleza que pertenecía a los hombres.

Los pelos de las piernas y otros elementos llevaban a definir, en la Edad Media, a la Reina de Sabá ya no como mujer sabia, sino una terrible demonia de las tinieblas, con alas y cabellos largos, que mataba a los niños y seducía a los hombres: ¡Lilith!

Entre los siglos VIII y X de nuestra era podemos datar el Alfabeto de Ben Sira. En este texto Lilith es la primera mujer de Adán, generada al mismo tiempo que Adán y, como Adán, generada de la tierra. Lilith quiere afirmar su igualdad con Adán y se excusa cuando él le pide a ella “quedar abajo”. Lilith se va del Edén pronunciando el nombre de Dios impronunciable.

Rápidamente es substituida por Eva que será la mujer obediente de Adán.

Lilith es transformada en demonia que mata a los niños que no estén protegidos con el amuleto que tiene el nombre de tres ángeles: Senoy, Sansenoy y Semangelof. Necesitan de la protección de los ángeles sobretodo los niños hasta el día de la circuncisión que les proporcionará eterna protección contra la demonia de la masturbación y de la eyaculación nocturna.

En la literatura cabalística, Lilith permanece como amiga de Satanás, como la emanación diabólica femenina. Ella participa de la tentación de Adán y Eva.

La iconografía cristiana de la Edad Media representó la tentación de Adán y Eva, pintando la serpiente con cabeza y busto de mujer, los historiadores de arte la interpretaron como Lilith. Existen, entonces, relecturas cristianas en las cuales la identificación entre la serpiente y Lilith es explícita.

Lilith renació fuertemente en la literatura a partir de la mitad del siglo XIX de nuestra era. Representa, normalmente, el lado oscuro femenino. Carl Jung la usó como expresión principal del “alma” en los hombres (lo femenino que está enmudecido dentro).

En la literatura feminista se presenta a Lilith como proto-matriarca del feminismo, como aquella que se excusa de participar de los papeles estereotipados por el patriarcado, como aquella que “grita el nombre impronunciable”, como crítica al monoteísmo.

Lilith, la mujer desobediente a las leyes de los machos y señores. Lilith, la mujer peluda que se arroga el derecho de tener derechos. Lilith, la mujer que habita en un árbol que plantó una Diosa. Lilith la desobediente y, por eso, la demonia, la bruja malvada, la devoradora de niños y hombres, la mujer-animal.

Creo que la Loba, “Aquella-que-Sabe”, nos esté mostrando algunos caminos del alma, quiero continuar caminando en esta noche oscura, en el desierto, en la búsqueda de los animales, de Lilith, de la tierra, de la mujer que puede correr libre de todas las violencias en búsqueda de la vida en plenitud, placentera, en paz.

Va a habitar con el diablo

Ahí, mi Dios, ahí mi Dios
¿Qué hay?
Ahí, mi Dios, ahí mi Dios
¿Qué hay?
El fracaso en casa no quiere trabajar
Si la olla está sucia ella no la quiere lavar
Quiere engordar comiendo y no quiere cocinar
Si la ropa está lavada ella no la quiere planchar
Si la basura está cercana ella no la quiere apañar (recoger)
Y para barrer la chabola yo tengo que pagar
Si se acuesta de un lado, no se quiere virar
La estera en que ella duerme, no la quiere enrollar
Ahora quiere un cadillac para ir a pasear
Ella quiere verme que me sienta mal
Vete a vivir con el diablo que es inmortal
Ella me quiere ver que me sienta bien mal
¡Vete a vivir con las siete pieles, que es inmortal!

Vá morar com o diabo

Ahi, meu Deus, ahi meu Deus
O que há?
Ahi, meu Deus, ahi meu Deus
O que há?
A nega lá em casa não quer trabalhar
Se a panela tá suja ela não quer lavar
Quer comer engordurado e não quer cozinhar
Se a roupa tá lavada ela não quer engomar
Se o lixo tá no canto ela não quer apanhar
E pra varrer o barracão eu tenho que pagar
Se ela deita de um lado, não quer se virar
A esteira que ela dorme não quer enrolar
Quer agora um cadillac para ir passear
Ela quer me ver bem mal
Vá morar com o diabo que é imortal
Ela quer me ver bem mal
Vá morar com sete pele que é imortal!

(samba brasileña del comienzo de 1900, cantado por Cássia Eller en el CD “Acústico”, 2001)

 

3.         ¿Dónde están las mujeres? – El pretexto sobre las mujeres y la tierra enmudecidas y canceladas

“¿Dónde están las mujeres
que cantaban como los pájaros?
Tuve tantas mujeres
¿Dónde están?”

(Lola Kiepja, una de las últimas mujeres indígenas de Karukinká-Nossa Terra, después llamada Tierra del Fuego, en el año de su muerte, en 1966).

Según el comentario bíblico latinoamericano de Is 1-39, obra de Severino Croatto, la relación de los tres bloques del libro de Isaías (1-39; 40-55; 56-66) se parece a un continuum hermenéutico de Zacarías y Miqueas.

No se trataría de una simple recopilación redaccional de tres textos, sería un trabajo de reelaboración creativa (poiética) del mensaje del profeta original.

“Esta constatación lleva a una conclusión importante: el horizonte de lectura del libro total de Isaías, y también de Is 1-39, es la época pos-exílica, en ocasión de la dominación persa, de la lucha por la sobrevivencia de la comunidad judía, de la deshonestidad de la clase dirigente de Jerusalén…”

El marco dramático del exilio de Babilonia y el retorno me parece que pueden ser el “telón de fondo” para podernos adentrar en el texto de Is 34,8-17. Un texto lleno de dobles, de cosas no dichas, de entredichos. Un texto, red de palabras peligrosas, malditas, acalladas, censuradas por las traducciones.

Is 34,8-17, ¿un pequeño texto de palabras malditas y no dichas, impronunciables, palabras sobre mujeres… palabras silenciadas de mujeres?… ¡palabra… mujer!

Quiero invitarles a entrar en este texto, dejando de lado, o mejor, abrazando, nuestros miedos de oscuridades, de desiertos, animales, sombras y misterios. En la red de estas palabras, que quiero exhalar y dejarme envolver, en sus dobleces, en sus sombras y oscuridades… en sus desiertos y demonias… En búsqueda de una palabra de Vida.

Que la “Mujer Salvaje”, la vieja Loba peluda, “Aquella que Sabe”, que habita en los desiertos, pueda conducir mi caminar…

“El exilio de Babilonia significó un marco decisivo en la historia del pueblo de Israel. La destrucción de Jerusalén, la destrucción de las certezas basadas en la dinastía davídica, el fin del glorioso templo salomónico, el exilio de la corte de Joaquim, el confinamiento de la élite judía en las colonias babilónicas, la redistribución de las tierras de Judá a los pobres, significaron un cambio generalizado en la manera de pensar y de posicionarse frente a la historia y a los acontecimientos.

Hablar de judaísmo, como de algo monolítico, será imposible, después del exilio de Babilonia. Los grupos se multiplicaron, los pensamientos se diferenciaron, entraron en conflicto entre sí las diversas propuestas y teologías antagónicas.

En este coro complejo va a emerger una voz excepcional, casi única, cantando un solo interesantísimo que quedará como una perla preciosa incrustada en la memoria del pueblo más pobre.

Es el grito de los excluidos, de las mayores víctimas del cautiverio de Babilonia, el grito de las mujeres que fueron capaces de recrear un nuevo mito, de pensar en una nueva lógica capaz de desarrollar la esperanza, las razones de vivir, capaz de dar una nueva dimensión a las relaciones sociales, capaz de garantizar la vida, mucha vida”.

Recrear un nuevo mito, pensar una nueva lógica… un nuevo y antiguo mito, una lógica vieja y nueva… nosotras mujeres, sobrevivientes de todas las violencias, de todos los patriarcados y exilios humanos, podemos hacer eso… ¡nosotras que tenemos alas y sabemos volar!

4.         El texto… los textos

El capítulo 34 del libro de Isaías comienza con una importante convocatoria para oír, para prestar atención. Claro, es un texto, este, para que lo oigamos y, sobre todo, para que no lo olvidemos. Es un texto dramático, una forma de anuncio trágico, para hacer que los cuerpos de quienes oyen se ericen de miedo y se sientan mojados de mucha sangre de matanzas anunciadas.

Sí, YHWH está furioso, está airado con todas las naciones (Is 34,2ª). Parece que no solo las naciones estén destinadas a la matanza total, sino también a otra realidad que posee la misma raíz de la palabra: la tierra. Parece que la tierra, naciones y pueblos están amenazados por la ira de YHWH. Son muchos los muertos anunciados en forma retórica que, para quien oye, se vuelve realidad. Muchos muertos, tantos muertos que las fosas van a ser comunes. Muchos muertos, mucha sangre derramada, que hasta las montañas van a quedar anegadas (Is 34,3). Es el caos, como si nunca hubiera habido una creación: el cielo se enrolla como un pergamino y todas las estrellas caen. Es nuevamente la oscuridad (Is 34,4).

Todo esto sucede porque la espada, el hierro de YHWH, quedó embriagada por tanta sangre. Esta espada de Dios, de hierro está direccionada contra Edom (Is 34,5-6).

Toda la tierra está encharcada de sangre, hay sangre por todas partes, sangre que viene de la matanza de hombres y ganado, el ganado más importante (Is 34,7).

“v.8 Pues ese es un día de venganza para Yavé, es un día de desquite en favor de Sión.
v.9 Sus arroyos se transformarán en brea, el polvo de su tierra en azufre y su suelo quedará como brea hirviendo.
v.10 Pasaran días y noches y el suelo no se enfría queda soltando su humareda para siempre de generación en generación, queda en el abandono, y en tiempos venideros nadie más pasa por ahí.
v.11 Sus herederos serán el búho y el mochuelo; el cuervo y la lechuza hacen ahí su morada. Yavé extenderá ahí la plomada del caos y el nivel de la confusión.
v.12 No habrá nobles para proclamar un rey, sus jefes desaparecerán.
v.13 Crecerán espinos en sus palacios y en sus fortalezas hierbas dañinas y ortigas; será morada del lobo, escondrijo de los pichones del avestruz.
v.14 Ahí se van a encontrar el gato del monte y la hiena, el cabrito salvaje llamará a sus compañeros; ahí Lilit va a descansar, encontrando un lugar de reposo.
v.15 Ahí va a anidar la cobra, que botará, chocará sus huevos y recogerá su nidada a la sombra; ahí se reunirán las aves de rapiña, cada cual con su compañera.
V.16 Investiguen el libro de Yavé y lean: no faltará ninguno de ellos, ninguno estará sin su compañero, porque así lo ordenó la boca de Yavé y su soplo los reunió.
v.17 Fue el mismo quien sacó la suerte, fue el propio Dios quien tomó la cuerda para medir las monedas de cada uno. Ellos serán los propietarios para siempre, de generación en generación, ellos van a morar ahí” .

La sentencia de destrucción del Señor de espadas y de venganza parece completa. En el imaginario de quien escucha este anuncio trágico no sobra ningún espacio a no ser para el terror y para el miedo de la oscuridad.

¿Será que este texto solo habla de miedo y de terror? Intentaremos otra traducción, con nuestro cuerpo lunático de mujeres…

v.8 Pues este es un día de venganza para YHWH, un año de aciertos para la disputa de Sión.
v.9 Y los arroyos de ella se transformarán en brea, en azufre, y los pozos de ella en brea, y será la tierra de ella azufre hirviendo.
v.10 Durante la noche y durante el día no se apagará, para siempre subirá la humareda desde ella; de generación en generación será desierta, para la duración de las duraciones, no tiene quien esté pasando en ella.
v.11 Y la heredarán el pelicano y el mochuelo; el cuervo y la lechuza morarán en ella. Él extenderá sobre ella el desierto del tohu y las piedras del búho.
v.12 Los nombres de ella —y no (tiene) el reino— proclamarán, y todos los jefes, nobles, ministros, funcionarios reales, príncipes, serán nada.
v.13 Y subirán en sus palacios espinos, ortigas y hierbas dañinas en sus fortalezas, y será morada de la hiena y de la hierba para las hijas del avestruz.
v.14 Y allá se encontrarán los gatos del monte y las hienas, el cabrito llamará a sus compañeros. Allá descansa Lilit y encuentra en ella lugar de reposo.
v.15 Allá anida la cobra, ella saltará y chocará a su sombra. Allá se reunirán las aves de rapiña. Issah, las mujeres cercanas a ella (cada una con su vecina).
v.16 Investiguen el libro de YHWH y lean: ninguna de aquí falta, Issah, la mujer y la que está próxima a ella (cada una a su vecina), no procurará porque la entrada, él ordenó y el espíritu de Él lo mandó.
v.17 Y Él tomó para ellas la suerte, y la mano de él tomó la cuerda para ellos, para siempre ellos la heredarán, de generación en generación morarán en ella.

5.         El desierto… las compañeras… de vuelta a la casa… Una hermenéutica ecofeminista de Isaías 34,8-17

“Querido Dios,
Queridas estrellas,
Queridos árboles,
Querido cielo,
Queridos pueblos,
Queridas todas las cosas,
Querido Dios.

Agradecimiento por haber traído a mi hermana Nettie y a nuestros hijos de regreso a la casa”.
(Alice Walker “Color de Púrpura”).

En el v. 11b del capítulo 34 de Isaías está escrito: “Él extenderá sobre ella el desierto de tohu . El término nos recuerda el texto de Gn 1,2 que trae a la memoria del antiguo mito mesopotámico “La tierra estaba sin forma y vacía”. Existen posibilidades para que una interpretación se dirija hacia el sentido de la destrucción y de la nada, pero también existe, entre las dobles y las sombras, entre el gemido de las mujeres violadas y silenciadas en todos los exilios y la tierra empapada de sangre de las muchas opresiones de los reyes, la posibilidad de una salida para una nueva creación. Aquel grito de las mujeres excluidas y violadas por el exilio y por los proyectos pos-exílicos, que intentan susurrar un nuevo mito, un mito, como dice la raíz antigua sanscrita de esta palabra, un deseo, de un mundo de vida sin exclusiones… “Sobre ella está el desierto vacío”… todo se puede reinventar, ¡es el espacio de la mitopoiética de los pobres y de las mujeres!

En el v.11 la “y la heredarán el pelicano y el mochuelo, el cuervo (¿abubilla?) y el cuervo”. Estos animales se los considera impuros, animales que no pueden servir para la alimentación (Dt 14,17; Lv 11,18).

En las culturas próximas de Israel, estos mismos animales se los considera portadores de visión y sabiduría. En la cultura árabe, por ejemplo, y en las interpretaciones del Coram, la abubilla era el animal sagrado del profeta Maoma. Estos animales pertenecieron a la diacronía histórica como animales de sabiduría, vida y visión. En geografías diferentes de la geografía de la Media Luna Fértil, como por ejemplo en las tierras planas de los pueblos indígenas norte-americanos (Lakota, Dakota y Nakota, comúnmente llamados Sioux), estos son los animales de la sabiduría de Roda de Medicina.

En el v. 12 está presente un gran anuncio, un gran “evangelio” de paz. “Todos los jefes, nombres, funcionarios reales, príncipes, serán efesh ¡NADA! Allá, en aquel desierto, ¡no habrá reino! Hay un perfume sabroso de recreación en estas palabras, un perfume de desierto sin reyes, templos, leyes y violencia. Un espacio común, una ekumene, un “diálogo de casa común”, una eco-logía…

Parece que el posible objetivo amedrentador y reafirmativo de un Dios vengativo que tiene nombre, de retórica textual, va perdiendo su fuerza. En el lugar de “destrucción” no va a habitar el rey… ¡simpático lugar este de “destrucción”!

En el v.13 está escrito: “subirán en los palacios de ellas ESPINAS…” La palabra “espinas” podría también servir para “OLLA”.  Me gustaría jugar con estas palabras. Consigo ver aquí la “olla de carne” de Ex 16,3. La “olla de carne” del tiempo de la esclavitud en Egipto va a cambiar “espinas” en esta tierra de “destrucción” ¡donde los reyes no son nada! No solo las “ollas de carne” ¡sino también las ollas para los sacrificios van a cambiar en espinos! No más reyes, señores, palacios y sacrificios en esta tierra de “destrucción”, donde viven el pelicano, el mochuelo, la abubilla y el cuervo. Un espacio de habitat ecológico recreado sin ninguna forma de violencia.

En el v.14ª “se encuentran los gatos del monte, las hienas, el macho cabrío que llamará a sus compañeros”. La palabra “sair” podría ser “macho cabrío”. Esta palabra, también traducida con “sátiro”, se encuentra en Is 23,21 y en este versículo. Me parece muy interesante la posibilidad de traducir con “macho cabrío”, animal que, en esta tierra del desierto y destrucción, sin reyes, señores y palacios, ¡no muere en sacrificios! Tierra ben-dita esta tierra mal-dita, ¡tierra sin ollas y cabritos para los sacrificios! (Gn 37,31; Lv 4,23-24; Lv 9,3).

El cabrito es peludo como Esaú… Es a través de su “estar momentáneamente peludo” que Jacob consigue la primogenitura… (Gn 27,23). El macho cabrío (sair), como Esaú, que se encuentra en el Seir, lugar al margen del desierto (Gn 14,6). Me parece interesante este juego de palabras entre “sair” y “Seir”, entre macho cabrío y desierto. “Jacob envió por delante unos mensajeros a su hermano Esaú, en el país de Seir, en el campo de Edom”. (Gn 32,4).

“Entonces Esaú se estableció en la región montañosa de Seir. Esaú es Edom” (Gn 36,8).

Esaú es Edom. Contra Edom va la grande maldición de este Dios que tiene por nombre YHWH. ¿Quién sería, entonces, Esaú? ¿Qué proyecto está por detrás de Esaú que es Edom? Me parecía importante, en el futuro, profundizar estas preguntas… conseguir las voces de estos grupos…

En el v.14b: “allá descansa Lilith y encuentra su lugar de reposo” v.15 “Allá se anidará la cobra, ella saltará y chocará en su sombra. Allá se reunirán las aves de rapiña. Issah, la Mujer y su próxima” v.16ª, “Investiguen el libro de YHWH y lean: una de aquí no falta, Issah, la Mujer y su próxima”.

Me pregunto por qué algunas traducciones de este texto de Isaías omiten el nombre de Lilith y me pregunto por qué todas las traducciones que yo encontré omiten el nombre de Issah. El lugar descrito, a partir del v.10, es un lugar de acogida de todos los animales cansados de tanta exclusión y de tanta matanza. Es un lugar donde no habrá más espacio para la opresión y la violencia. Hasta ahora no hay presencia humana en este espacio: todos los posibles humanos: ejércitos, reyes, jefes… se destruyeron… se destruyó una parte masculina que solo producía una tierra empapada de sangre, quien sabe, hasta el dios de esta gente violenta estará desapareciendo en cuanto la narración es recontada y el mito recreado…

El lugar descrito a partir del v.11 es un lugar de paz. Ya no existen palacios que abrigan solo algunas personas pertenecientes a las élites. Ahora existe sombra y acogida. No más palacios, sino grutas en aquel desierto… las mismas grutas que, días después, acogerán al Emanuel, el dios-niño que viene a jugar con los sueños de la humanidad diciendo no a todos los tipos de sacrificios. Las mismas grutas que hablaron de Pedro, no una piedra, sino “Kefa”, una gruta, un lugar siempre acogedor… En estas sombras habrá reposo, y quien sabe, Paz.

Me parece que uno de los caminos de paz sea el camino del encuentro, por parte de toda la humanidad violada y, sobretodo por parte de las mujeres, de esta Issah-Lilith enmudecida y olvidada por la “historia” oficial de algunos hombres violentos que inventaron dioses masacradores. Necesitamos volver para la casa de Issah-Lilith y acostarnos en esta sombra y reposar. Para hacer esto necesitamos vencer el miedo de la retórica de los textos que siempre se los definió como sagrados.

“Elohim crea a Adán a su imagen, la imagen de Elohim lo crea, macho y hembra los crea” (Gn 2,9). El término hebreo zakor, “macho” es también el verbo “recordar”. Este verbo está fundamentalmente en el aspecto de la masculinidad: aquella o aquel que recuerda el “otro lado de sí” llamado “femenino”, naqoh. Este término significa “agujero” o el verbo “penetrar” no extraño a la idea de nombrar, porque en el fondo de este hueco-fémina está el NOMBRE, la raíz “YO SOY”, fundadora del ser.

Estos dos polos, el masculino y el femenino, forman los dos lados del árbol del conocimiento que, en el séptimo día del Génesis, Dios planta junto con la Humanidad en medio de su “huerta cultivada como un jardín de placer”, junto con el árbol de la vida (Gn 2,9).

Los dos lados del árbol del conocimiento se llamaron el “bien y el mal”, en las categorías relativas al mundo del exilio, que condicionan demasiado nuestro mirar. Llegó el tiempo para tener el coraje de “llamar el Oriente” de nuestro ser, el idioma que anuncia el orden ontológico de las cosas. La palabra que traducimos con “bien” (tob en hebreo) es aquella que califica “luz”, en el primer día del Génesis, y a su opuesto (ra`a, en hebreo) no es el “mal”, sino lo que participa de la destrucción (‘ereb es el atardecer).

“Lo-que-está-todavía-para-ser-cumplido” correspondería al polo ra`, nuestros cielos interiores, que se presentan como una matriz de agua grávida de divinidad; es la gran posibilidad, el inmenso poder de energía guardado en la oscuridad.

Cuando la oscuridad, la gran posibilidad, encuentra el nombre (sem, en hebreo), la posibilidad, la energía guardada, se hace “hacer”. En este “hacer” de la “posibilidad nombrada”, los cielos se hacen tierra, lo húmedo se transforma en seco, la oscuridad en luz, lo femenino construye lo masculino. Adán, la Humanidad, construye lo masculino buceando en la humedad de las aguas oscuras, de las aguas de las lunas, abrazando su femenino. “YO SOY en-posibilidad-de-SER” será “YO SOY”, fruto del árbol del conocimiento, cumplimiento total, imagen de la Divinidad. ¡La Humanidad será su Nombre! (23-24).

Pero la Humanidad creada en el sexto día del Génesis, es incapaz de descubrir en sí misma este “otro lado” femenino de ra`, porque está muy mezclado. Solo en el séptimo día acontece una diferenciación. Dios dice: “Dividido de sí mismo, Adán no se puede completar, haremos una ayuda (su cara-a-cara que pueda comunicarse con él)” (Gn 2,18… versículo traducido generalmente por “no es bueno que el hombre esté solo…”).

Entonces Adán abraza sus energías animales, pero, en este primer trabajo, Adán no llega hasta su totalidad. Dios hace caer a Adán en un sueño y Adán se duerme. Las palabras “caer… sueño y adormece” pueden ser los términos que traducen el descenso, el sumergirse en las profundidas, en el más “antiguo” Adán, en su Oriente. Dios muestra a Adam la totalidad de su “otro lado” (en hebreo sel’a), el lado “sombra” (en hebreo sel).

Adán tiene la visión de su polo femenino, sus “cielos”, sus oscuridades, la gran posibilidad de su cumplimiento. A esta visión se la llama Adamah, por ser la madre de las profundidades de la cual Adán renacerá, cuanto más la Humanidad “trabajará” la Adamah y hará en ella obra masculina. En ella, en la Adamah, en la tierra, Adán se vuelve contacto con su Nombre, con el núcleo de su ser, su energía, el Verbo que es posibilidad y que, con su espíritu, se llama “carne” (en hebreo basar). Dios, entonces sella la carne en las profundidades. ¡CARNE, origen y vocación divina! “Ella es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Al comienzo de este camino Adán sabe que es dos, y que los dos son uno, esto es que conocen el camino y ya no están más confundidos (Gn 2,25).

Me parece que existe en este momento de elaboración mitológica un momento de crisis, de corte. Existe un relato de un mito más antiguo que es tejido con un relato más reciente, muy probablemente de la época monárquica salomónica.

Adán ahora, orgullosamente, piensa que está totalmente completo, ya no está más en la búsqueda de lo masculino, sino en la afirmación arrogante del machismo. Adán ya no tiene más respeto y amor por Issah/Adamah. Adán está perdido, perdió el camino, no sabe más la importancia de saber nombrar que es dos. Ahora Issah es sustituida por Eva.

Desconocida y olvidada quedará Issah en la memoria de la tradición hebrea como “aquella que fue” (en un tiempo pasado) la “primera mujer de Adán”, conocida con el nombre de Lilith, es decir “la oscuridad”.

Existe una forma de magia alquimista para volver a la plenitud de Adán, de la humanidad en su Adamah. Comerás el pan con el sudor de tus narices, hasta que no volverás rumbo a Adamah, porque de ella fuiste sacado, porque es polvo y al polvo tienes que volver” (Gén 3,19).

El “polvo” (en hebreo ‘afar), del cual se puede decir que es la fecundidad (en hebreo far) en su “fuente” (letra ‘ayin), es la promesa del futuro.

Esto significa que, a cada instante, Adán puede volver rumbo a su Issah/Adamah interior, buceando en sus oscuridades, y encontrando las normas ontológicas en la fecundidad entregada al polvo por las energías (animales) que constituyen a Adamah. También Adán puede permanecer polarizado sobre un mundo a él externo que lo lleva a la esclavitud y a todos los tipos de violencia sobre la Tierra y sobre las Mujeres. Me parece que estas son las dos propuestas contenidas en el capítulo 34 del libro del profeta Isaías. Por un lado la propuesta de una Humanidad que se rehúsa a encontrar su Lilith/Issah, su lado oscuro, su lado de Energía posible y, por eso, se polariza en posiciones dualistas y violentas (Is 34,1-10). Me parece también posible la propuesta de una Humanidad que sabe que es dos. Una Humanidad que abraza sus Energías animales en una relación ecológica creada y re-creada. Una Humanidad que siempre sabe que no es completa, que sabe hacer parte de una red de relaciones donde no existen reyes, señores, templos, palacios y sacrificios… Una Humanidad que no tiene miedo de volar, en la noche, en la oscuridad de su desierto interior, de su Oriente, ¡para encontrar Vida! (Is 34,11-17). Cuando la Humanidad/Adán contempla este cielo oscuro interior percibe en él muchas estrellas. Son estrellas que hablan del origen de la Humanidad en tiempos de cuentos, mitos y ritos… una de esas estrellas nos habla de Lilith, podemos mirar hacia ella o continuar ignorándola, Lilith continuará brillando tímidamente, como lo hace la vida de las mujeres, niños y pobres en la oscuridad de la Humanidad.

 

Conclusión

     “Querida Adamah,
          Queridas estrellas,
              Queridos árboles,
                   Querido cielo,
                        Queridos animales,
                            Queridos pueblos,
                                 Querida Humanidad,
                                      Queridas todas las cosas,
                                           Querida Adamah/Madre Tierra.

Agradecida por haber traído a Issah y Lilith, mis vecinas y compañeras, de vuelta a casa.

Agradecida por haberme traído de vuelta a casa. Agradecida por habernos traído de vuelta a casa. Amén.

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Brasil


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Versión Biblia Pastoral, Paulus, São Paulo.

Agradezco a Monika Ottermann, amiga del CEBI, que me ayuda a “jugar” con las palabras del hebreo.

Ta´labi, comentando Alcorán 27:20-44 hacia el 1053 d.e.c.

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Annick de Souzenelle, idem, p.29-30.

 
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