Hermenéutica de los linajes políticos - Un estudio sobre los discursos en torno a las genealogías y sus implicaciones políticas
Sandra Nancy Mansilla
Resumen
A partir del libro de Judit el presente artículo se propone una hermenéutica que aborde el significado de las genealogías en términos de proyecto político desde la recuperación de la memoria de los innombrables y del protagonismo que surge del clamor por la verdad y la justicia.
Abstract
Starting from the Book of Judith, the present article proposes a hermeneutic which deals with the meaning of the genealogies in terms of a political project, from the recovery of the memory of the unnamable and the from the protagonist attitude which emerges from the clamor for truth and justice.
Introducción
El presente artículo pretende abrir la posibilidad de un análisis del discurso en algunas expresiones devocionales del libro de Judit, especialmente de los capítulos 9 y 16.
A fin de refrescar algunos datos podemos decir que se trata de un texto deuterocanónico escrito probablemente durante la guerra de los Macabeos, ó quizá posteriormente, entre los siglos I y II antes de Cristo. Se conoce en sus versiones de los LXX y de la Vulgata, los cuales difieren bastante en algunos pasajes; esto hace vacilar sobre la base del trabajo de S.Jerónimo (Vulgata), quien refiere un manuscrito arameo para su traducción latina del cual se desconoce su existencia. La versión de los LXX recuerda constantemente un fuerte sustrato hebreo en términos de expresiones y sintaxis, así como también en sus núcleos temáticos: la Alianza, el Templo, la Ciudad Santa, los sacrificios y ofrendas, los títulos de Dios, etc; aunque se desconoce cualquier versión hebrea del texto en cuestión. Los miembros del pueblo son designados con los términos “israelitas” (4,1) y “hebreos” (10,12) en lugar de “judíos”, demostrando una buena disposición hacia los samaritanos (4,4-5; 15,3-5), todo lo cual hace concluir que el lugar de composición del libro podría haber sido la diáspora .
Conocido el estado general de los estudios en torno a esta obra, me permito, pues, dar por supuesta y conocida la exégesis ya ampliamente trabajada incluso por algunas compañeras de Ribla, especialmente Ana María Rizzante y Carmiña Navia, en artículos anteriores de esta misma revista y también en otras publicaciones; en ellas apoyo algunas de mis intuiciones y desde allí me encamino a un análisis desde la experiencia rioplatense de violencia institucionalizada.
Me propongo entonces hacer un abordaje no estrictamente exegético, sino más bien dialógico, con miras a una hermenéutica contextualizada, en mi país, la Argentina y en mi generación, la de “la vuelta a la democracia”, de los años ochenta.
Genealogías violentadas, mapas de la memoria
El territorio de mi hermenéutica pisa el escenario en que múltiples actores de nuestro drama nacional continúan desde hace más de 20 años dirigiendo a las instituciones sus reclamos de verdad y justicia.
Sus prácticas de resistencia apelan al peso simbólico y social de la genealogía y sus leyes. Las Madres de Plaza de Mayo, luego las Abuelas de Plaza de Mayo y ahora los H.I.J.O.S , a partir de diversas estrategias prácticas y discursivas, guionan el esfuerzo por rescatar del olvido, de la mentira y de la impunidad la trama del parentesco que dañó nuestra Identidad, a la vez que sus subjetividades e identidades en tanto familiares de desaparecidos. A ellos agrego figuras como Rodolfo Walsh y Juan Gelman, cuyas expresiones aportan elementos a mi análisis.
Discursivamente podemos comprender que alguien pueda estar vivo o muerto, aquí o allá, escondido o exiliado; pero “estar desaparecido” no refleja una realidad ontológica, antes bien, esquiva una verdad: ese ser ya no está, ese ser ya no existe. Así, la categoría del “desaparecido” invisibilizó por años una verdad: la muerte, el genocidio.
Justamente en esa inflexión de la verdad surgen las “Madres” de esos desaparecidos, reengendrándolos en su rostridad, signo cultural de su existencia social. La estrategia de las Madres se originó y continúa en este sentido como una apuesta fuertemente estética en sus prácticas. Su ritual de los jueves por la tarde, pañuelos blancos en la cabeza, semantiza el espacio de la Plaza de Mayo en el centro de Buenos Aires en torno al monumento que se halla justamente también en el centro de la Plaza. Desde los márgenes del discurso encubridor, ellas rescatan a sus familiares y los traen al centro en una acción cargada de significatividad. Así, ellas mismas, sus cuerpos semantizados y semantizantes, se convierten en operaciones de relatos con consecuencias políticas.
Diversa fue la estrategia de las Abuelas de bebés nacidos en cautiverio, quienes se abocaron al rastreo y la búsqueda de sus nietos nacidos en la clandestinidad y el cautiverio. Bebés apropiados ilegalmente fueron la causa del único recurso legal – tras la amnistía decretada por la Ley de Punto Final a fines del año 90 - que posibilitó posteriormente la apertura de nuevas causas judiciales contra sus apropiadores. Paradójicamente, el hilo de la impunidad venía a cortarse por la parte más débil, la justicia con aquellos niños y niñas.
Finalmente, diversa es la estrategia de “H.I.J.O.S.”, agrupación que reúne a aquellos niños, hijos de desaparecidos, hoy jóvenes veinteañeros. Sus voces hacen centro en la esfera pública a través de formas verdaderamente novedosas, como son los “escraches”. Con slogans tales como “adonde vayan los iremos a buscar”, arengan las acciones simbólicas de denuncia ética y condena ciudadana realizada en las puertas de las viviendas de los genocidas que gozan de libertad.
Madres, Abuelas, Hijos constituyen una secuencia genealógica de tradición formal, que apela a la legitimidad en sus vínculos que la misma Ley, creada para ampararla, se encargó de atropellar.
Ellas, ellos, y muchos de nuestra generación apostamos, desde la memoria, a la insistencia por la recuperación de una genealogía identitaria que nos permita volver a mirarnos el rostro en un espejo y pronunciar nuestro verdadero nombre como Pueblo.
La evocación de los innombrables: Genealogías rotas y sustituciones precisas
“Visitará el Señor a Israel por mi mano” Judit 8,33
He presentado los alcances de este artículo y he definido el terreno desde donde leo la novela de Judit. Es el momento de pasar al abordaje del texto bíblico. Los estudios histórico críticos se dispersan ante tantas lagunas en torno a la datación cronológica, las precisiones geográficas y los personajes aludidos en el relato. Sin embargo el análisis narrativo nos centra en lo que es importante para el relator: una figura femenina, cuyo nombre significa “la judía”, quien desde su condición netamente privada de viuda apartada de la vida social; joven y bella, prudente y pía; imposta una acción política con las únicas armas que le dan las palabras, la representación estética, y la fuerza de su piedad encarnada en su brazo débil de mujer alzado contra la cabeza de quien subyuga la vida de su pueblo .
Judit es movilizada por la solidaridad con su pueblo. Ella confiesa su fe en aquel que es
“Dios de los humildes, el defensor de los pequeños,
apoyo de los débiles, refugio de los desvalidos,
salvador de los desesperados.” (Judit 9,11)
A ese Dios ella lo llama también “Señor, quebrantador de guerras” (Judit 9,7; 16,2).
En privado, ella se dirige a su Dios llamándolo “Señor, Dios de mi padre Simeón” (Jdt 9,2) y seguidamente hace memoria de la innombrable, Dina, de Génesis 34. Hasta aquí nunca antes la historia bíblica había retomado aquel crimen de la violación contra Dina. Aquí emerge si no en su nombre, sí en los detalles de su desgracia. El discurso religioso de esta oración se recarga de expresiones estéticas para recalcar el sentido de profanación que la memoria popular le ha dado a aquel episodio.
En este punto el relato comienza a construir ficcionalmente una genealogía totalmente novedosa. El parentesco de sangre es desplazado y sustituido por un parentesco de fe, con alcances políticos. La genealogía es ligada ya no por las leyes del parentesco lineal, sino por una suerte de genealogía de fe y linaje de valentía.
El Dios de Judit es el Dios de su padre Simeón. Con esta expresión ella se comprende como hija de aquel que fue el único de entre 12 hermanos y un padre de familia que se dispuso a reclamar por la deshonra cometida contra su hermana Dina, violada en el campo.
Hay aquí un juego de sustituciones, algo imposible para las leyes de parentesco y genealogía, en las cuales hay un orden de sucesión que adjudica a cada uno su lugar: individuación sin confusiones ni interpolaciones posibles en el recorrido de un punto al otro de los ciclos familiares.
Este mandato de “a cada uno su lugar” es el mecanismo por el que una sociedad instaura el orden civilizado para sus miembros, definiendo las identidades en cuanto a sus orígenes, organizando los vínculos, y reglando sus relaciones. Funciones y roles sociales, son sus representaciones. Pero ¿qué sucede ante la ausencia de gestor en ese juego de orden y verdad, o incumplimiento de sus funciones? ¿cuáles son las consecuencias si la garantía del orden en el sistema mayor de la Ley es reemplazada por una acción desintegradora, de negación y luego de olvido impune, como es el caso de Jacob, el patriarca, y como ha sido el caso de la desaparición de toda una generación de padres, de hijos, de nietos, en nuestra historia institucional argentina?
En el caso bíblico, Jacob, responsable institucional respecto de las obligaciones en relación a Dina, como miembro de su clan, y responsable en su función de padre biológico, se ausenta por propia voluntad, no cumple con su obligación. Será allí donde entonces tendrá lugar una primera sustitución, protagonizada por Simeón.
Interrupción, ausencia, negación, incumplimiento, en los eslabones de una genealogía y sus representaciones implican siempre experiencias traumáticas en la construcción de las identidades. De allí que toda sustitución enuncia la ruptura desafiando al mandato, asumiendo el caos, alterando los vínculos en su orden de sucesión, intercambiando lugares, salteando la prescripción legitimada para la organización social.
En este sentido, podemos decir que la invocación que Judit hace al Dios de su padre Simeón y la evocación de sus acciones en favor de su hermana Dina, en sustitución por el incumplimiento del padre, conlleva necesariamente una provocación en tanto superación de las prescripciones establecidas socialmente.
Esta sustitución en el plano del discurso y del imaginario en la construcción de la identidad genealógica será la que permita en la narrativa comenzar una transformación en la secuencia narrativa, hacia un nuevo protagonismo otorgado a Judit en sustitución del protagonismo ausente de los sacerdotes, ancianos y jefes, dado el incumplimiento por su parte de las garantías y funciones en tanto líderes de su pueblo.
Sustituciones y empoderamientos
“A la misma hora en que se ofrecía en Jerusalén, en la Casa de Dios, el incienso de aquella tarde, clamó al Señor en alta voz diciendo: Señor, Dios de mi padre Simeón...” Judit 9,1-2
La oración de Judit, en el capítulo 9, desde el inicio ha desencadenado un discurso paradójico, plagado de sustituciones, no sólo en el plano de los roles sino incluso del espacio y del tiempo:
el Templo x el terrado de Judit, 8,5; 9,1
sacrificios en Jerusalén x clamor de Judit, 9,1
Dios de Jacob x Dios de Simeón, 9,2
profanación del cuerpo de Dina x profanación del Templo 9,2.8
lecho rojo de vergüenza por su engaño x su lecho engañado hasta la sangre 9,3
la ira tuya sobre sus cabezas x la fuerza a mi mano de viuda 9,9
Mediante este juego de sustituciones el relato ha revestido a Judit de una legitimidad en su proyecto personal que la ha empoderado con todos los poderes derivados por los propios jefes del pueblo, los sacerdotes, los ancianos, los sabios y hasta por la concesión de la fuerza de Dios para su mano.
La victoria de su proyecto, celebrado en el himno del capítulo 16 demuestra una solidaridad total de Judit con su pueblo. En ella todos han recuperado su dignidad porque ella ha asumido el lugar de todos y de todas. La metafórica sustitución retórica ha derivado en una acción que ha devuelto la paz a su pueblo y levantado la amenaza a partir de que Judit ha prestado su cuerpo, su belleza, sus palabras, su piedad, su mano para territorializar la acción de Dios en contra de sus enemigos. Ella ha ocupado el lugar de todos: en tanto perseguida (v.2), en tanto campesina amenazada, en tanto madre de jóvenes guerreros, en tanto madre de bebés de pecho, en tanto madre de niños, en tanto madre de muchachas casaderas (v.4). Y con ellos y ellas celebra la victoria de todos . Su pueblo vuelve a su identidad y Judit ahora vuelve a ser “Judit la hija de Merari” 16,6.
Transfiguraciones estéticas y genealógicas
...estéticas
Como es sabido, el estado de suspensión de las garantías constitucionales en épocas de la dictadura militar argentina prohibía toda concentración de personas en espacios públicos. En esa situación, las Madres de Plaza de Mayo tejen una estrategia de transfiguración estética que las convierte en una agrupación de iguales: llevan un pañuelo blanco a la cabeza y simplemente caminan sin hablar, de a dos, o de a tres; sin que nadie pueda objetarles falta alguna; pero no caminan de cualquier modo, caminan en un movimiento que se torna coreográfico y llamativo: marchan en torno a una estatua. Muchos no entendían lo que estaban expresando y las llamaban “las locas de Plaza de Mayo”. Muchos comenzaron a sentir temor por la fuerza que ese gesto estaba generando.
En el libro de Judit también se da una transfiguración estética, ante la cual todos quedan admirados y hasta se sienten amenazados por la fuerza de esa transfiguración, dice el texto:
“Se quedaban admirados de su belleza
y, por ella, admiraban a los israelitas,
diciéndose unos a otros:
¿Quién podrá menospreciar a un pueblo
que tiene mujeres como ésta?
¡Sería un error dejar con vida a uno solo de ellos,
porque los que quedaran,
serían capaces de engañar a toda la tierra!” Judit 10,19.
Dicha transfiguración también es parte de la estrategia que nuestra heroína ha emprendido con antelación y mucho cuidado. El texto se encarga de marcar el paso a paso de dicha transfiguración:
Acabada la plegaria al Dios de Israel, y dichas todas esas palabras,
se levantó Judit del suelo, llamó a su sierva
y bajando a la casa donde pasaba los sábados y solemnidades,
se quitó el sayal que vestía, se desnudó de sus vestidos de viudez,
se bañó toda, se ungió con perfumes exquisitos,
se compuso la cabellera poniéndose una cinta,
y se vistió los vestidos que vestía cuando era feliz,
en vida de su marido Manases.
Se calzó las sandalias, se puso los collares,
brazaletes y anillos, sus pendientes y todas sus joyas,
y realzó su hermosura cuanto pudo,
con ánimo de seducir los ojos de todos los hombres que la viesen. (Judit 10,1-4)
La eficacia de esta estrategia estalla en grito de júbilo cuando regresa de su misión en 13,15-16 “...fue seducido, para perdición suya, por mi rostro”!
La transfiguración estética conlleva otra transfiguración que podríamos describir ya no sólo en términos de sustitución sino incluso de transformación en la identidad de la persona.
El vestido es la persona, podríamos decir, recordando otros casos bíblicos como la historia de Tamar (Gn 38,14), ó de Rut 3,3, ó de Ester (5,1 a-b). Los cuerpos bíblicos hablan de muchos modos y a menudo hablan a través de los símbolos que los ocultan y que los muestran, entre los cuales se destacan los vestidos. El lector puede advertir los juegos de transformaciones éticas y políticas que tales símbolos disparan en sus puestas en escena. Por el vestido los personajes frecuentemente pasan de un lugar pasivo, de objeto, a un lugar activo, de sujeto. Los vestidos hablan al sistema no solo del rol sino de la identidad misma de la persona. Vestidos, roles e identidades son indisociables en los términos simbólicos, de allí su eficacia.
Quitarse-ponerse los vestidos revela el cambio de actitud, la transformación de identidad, la transfiguración. El vestido cambiado permite a la persona que lo porta ver sin ser vista, actuar sin ser reconocida. En las narrativas bíblicas las mujeres que cambian sus vestidos expresan por medio de esta estrategia, su invisibilidad y su visibilidad. Lo que no pueden hacer desde el lugar o rol asignado por las reglas del patriarcado, muchas veces lo logran trastocando sus vestidos, esculpiéndose en otras. La plasticidad del vestido cobra de este modo un sentido antropológico. Una acción subversiva pone de relieve las grietas del sistema, permeable al engaño y ambigüedad de los códigos de representatividad que éste mismo ha creado para discriminar, para someter, para invisibilizar.
En este sistema patriarcal, que asigna a las mujeres la maternidad como rol y destino, es que hay que comprender la acción simbólica de las Madres que exhiben en sus cabezas el pañal blanco de sus hijos ausentes, alzado como voz de denuncia silenciosa de la hipocresía del sistema, y que inculpa al mismo como victimario de sus hijos.
...y genealógicas
Las Madres de Plaza de Mayo dicen haber sido “paridas por sus hijos”, de hecho, ellas aparecen en la escena cuando sus hijos han desaparecido y sólo en su condición de signo contra la invisibilización y silenciamiento de aquella ausencia.
En aquel juego escénico de sustituciones las Madres subrayan ese segundo nacimiento en el que emprendieron las estrategias de una vida a la intemperie. Y en esa fragilidad de “madres huérfanas de hijos”, proclaman la propia legitimidad para continuar la tarea de sus hijos contra la impunidad del poder y sus acciones.
Esta sustitución expresada en la metáfora de ida y vuelta generacional, que sugiere la ocupación simbólica del lugar de los seres perdidos, desafía, desde lo político, el orden y sentido de las genealogías y los linajes:
“...para reconocer en vos a mi hijo
y para que reconozcas en mí
lo que de tu padre tengo,
los dos somos huérfanos de él”
son los términos que usa el poeta Juan Gelman en su “Carta abierta” a su nieto o nieta, para explicarle el por qué de su búsqueda. En sus palabras refleja una transfiguración común que llega hasta una identificación para esa condición de abandono sufrida por ambos.
“Su muerte fue gloriosamente suya
y en ese orgullo me afirmo,
y soy yo quien renace de ella”,
dice Rodolfo Walsh en la “Carta a mis amigos” describiendo la integridad de su hija Vicky como militante. Su relato deja entrever una transfiguración en la que termina como por fusionarse en una sustitución generacional de inversión que resuena como loa y promesa de una continuidad sin fisuras.
“...en sus ojos vi, de pronto, a mi hija”
“...su cara, su modo de caminar son los de su padre”.
dicen los relatos de las Abuelas, en los cuales es notable un énfasis reiterado del parecido en los rasgos físicos, rastro material del vínculo de sangre, que en términos del discurso se oye como un reemplazo.
Todas estas voces actúan en nombre de un parentesco familiar pero sus discursos trascienden la intención del mero rescate o recuerdo y se instalan en la esfera pública desencadenando una acción política que sobrepasa los límites de las representaciones familiares organizadas por el sistema patriarcal y sus instituciones.
En esta misma tónica, las expresiones aludidas del texto de Judit en el juego retórico de las sustituciones y transfiguraciones que hemos relevado, nos sitúan ante la relevancia política de su contenido. Las transformaciones en el plano de la recuperación de la memoria a partir de lo cotidiano, la estética que acompaña esas transformaciones, la ética personal entretejida y comprendida a partir de lo social, la mística vivida como compromiso y fidelidad a una tradición e identidad hacen posible las inversiones, alteraciones, transposiciones, proyecciones, en el plano de la construcción de las genealogías y del lenguaje que lo expresa.
Un ejemplo concreto y más conocido es la creatividad e intencionalidad con que el escritor del evangelio de Mateo construye la genealogía de Jesús, en la cual inserta cuatro mujeres: Tamar, Rajab, Rut y Betsabé. Al nombrarlas está no sólo visibilizando la memoria de sus historias, sino que a la vez, está anticipando el proyecto de Jesús y la perspectiva que él mismo, como autor, presentará en su obra.
Para el caso del libro de Judit el autor también está construyendo una propuesta pragmática con alcance político. Dicha propuesta conlleva la crítica a la ineficacia de los líderes del pueblo, dispuestos a rendirse y entregar al pueblo en manos de Holofernes. El protagonismo y la eficacia de Judit surge de su decisión de ocupar el lugar abandonado por los otros, se coloca en el lugar de la madre, la matriarca del pueblo y de sus miembros amenazados. El despliegue de su estrategia tiene como motor la solidaridad con su pueblo y la obra iniciada en ella y por ella opera transformaciones en otros miembros del pueblo, quienes luego continúan y completan la obra que ella inauguró:
“Clamaron mis débiles y ellos quedaron aterrados;
alzaron su voz éstos, y ellos se dieron a la fuga.
Hijos de jovenzuelas los asaetearon,
Como a hijos de desertores los hirieron,
perdieron en la batalla contra mi Señor” Judit 16,11-12
Cambios de roles, transformaciones, sustituciones hacen posible la devolución de una identidad reforzada, de un poder restituido a sus legítimos herederos en la tradición del Dios del Exodo.
Finalizada la narrativa a cada uno le es devuelto su legítimo lugar y poder. Ha surgido el orden de vida y ha sido desplazado el caos producido por la amenaza hegemónica imperialista y la ineficacia de los líderes. La fiesta que dura tres meses es la expresión del nuevo orden, así como también lo son los últimos sucesos que describe el texto:
“Pasados aquellos días, se volvió cada uno a su heredad.
Judit regresó a Betulia, donde vivió disfrutando de su hacienda...
A su sierva le concedió la libertad...
Antes de morir distribuyó su hacienda...
Nadie ya atemorizó a los israelitas mientras vivió Judit,
Ni en mucho tiempo después de su muerte.” Judit 16,21-25
Las genealogías permiten reinventar la memoria para reconstruir el horizonte de la vida para todos y todas
Hemos hecho un repaso sobre algunos discursos que ponen en evidencia los veinticinco años que lleva nuestra generación en sus esfuerzos por construir su genealogía política. La represión política y militar que dejó como saldo 30.000 desaparecidos dañó hondamente nuestra conciencia como pueblo, en tanto quedan pendiente el saldo de la verdad y la justicia con respecto a esos decesos. No hay cierre ni consumación de duelo en aquellas operaciones de sustitución. Tampoco disimulan el agujero negro que por pura identificación con lo perdido condena a una indiferenciación con lo ausente.
A ese profundo daño han de sumarse la represión y domesticación económica llevadas a cabo mediante planes y amenazas de desestabilización económica, desempleo y endeudamiento externo e interno que se continúan en la democracia actual con políticas de desheredamiento social, recorte del tutelaje estatal, desigualdad, miseria y exclusión, cuyo saldo en nuestro país es de cien muertos en estado de indigencia por día, el equivalente a un genocidio silencioso ejecutado año a año.
Estas son las marcas de la melancolía de nuestra escena pública, son las llagas abiertas de la realidad actual que muchas veces nos paralizan, y que nos llevan a pensar que “la rendición” es la única forma de salvar la vida.
Puesto virtualmente en suspenso el derecho político de ciudadanía plena y oscurecida la referencia a una memoria identitaria legítima, todos parecen expulsados de las posibilidades subjetivas de integrarse a la filiación social y comunitaria.
Sin embargo en el silencio, en lo invisible, en lo débil se tejen tramas de solidaridad, de memoria, de utopía. Más allá del Palacio, del Templo, del Cuartel y de la Bolsa de Valores, muchos y muchas, como Judit¸ mantienen vivo el rescoldo de los antiguos fuegos, llevan grabado el nombre del pueblo como nombre propio.
Redes y alianzas poco a poco más extensas y fuertes, vinculadas a acciones de resistencia colectiva reinventan sus genealogías políticas, descubren sus hermandades, sus linajes, sus parentescos en torno a memorias e ideales. En sus practicas y discursos puede leerse una continuidad a partir de un tronco común: la orfandad en múltiples sentidos, como punto inaceptable de la historia que se convierte a la vez en llave capaz de abrir el futuro.
En este sentido, he descubierto en el libro de Judit, muchas claves para interpretar el presente, reinventar la memoria y soñar el futuro de una genealogía de pueblos y naciones hermanas, invisibles a los gigantes que se disputan el poder sobre el mundo, los nadies de todo derecho, pero los predilectos a los ojos del Dios de nuestra madre Judit.
Sandra Nancy Mansilla
Catamarca 2134 depto 4
Buenos Aires
Argentina
Conferir Luis Alonso Schökel, Rut, Tobías, Judit, Ester. Los libros sagrados, vol.VIII, 99-163. Ediciones Cristiandad. Madrid, 1973; Raja, R. Judit. En Comentario Bíblico Internacional p.638ss, EVD Madrid 1999.
Ana María Rizzante G., “Una lectura de Judit a partir de Dina”, RIBLA, vol.15, p. 47-58. Reheu-DEI. Costa Rica 1993.
La sigla H.I.J.O.S. significa “Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio”.
Las Jornadas “Límites, derivas y deslindes del género”, organizadas por el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y auspiciadas por la Universidad de Nueva York en Buenos Aires han abordado recientemente el tema del género como categoría y herramienta crítica para el abordaje de distintos objetos de la cultura; los ejemplos que retomo fueron, entre otros, materia de un amplio y profundo análisis del discurso realizado por Ana Amado en su ponencia “Generaciones, parentescos y obediencias promiscuas”.
Ana Amado, en su ponencia “Generaciones, parentescos y obediencias promiscuas”, comenta la forma en que Judith Butler vuelve sobre la tragedia griega “Antígona”, de Sófocles, para subrayar en ella a “la figura femenina que desafía al Estado no sólo en la acción por el reclamo de sepultura para su hermano muerto, sino principalmente en la operación del lenguaje en que ese desafío se condensa. Antígona representaría el parentesco como una dimensión que abre la posibilidad de la política sin haber ingresado nunca a ella”.
Sus expresiones y sus acciones la han acercado a la “Antígona” de Sófocles, alguien que se afirma apropiándose de la voz del otro, de su hermano. En la Biblia, Judit repite el desafío de su padre Simeón. Afirmando así su lealtad a Dina y a su Pueblo, sitúa de nuevo a Dios en su lugar, lo reemplaza y lo territorializa: o como diría Antígona “¿dónde hubiera podido tener yo más gloriosa fama que depositando a mi propio hermano en su sepultura?”
Conferir Navarro, M. (dir.), Para comprender el cuerpo de la mujer. Una perspectiva bíblica y ética. EVD Navarra 1996, p.154ss.
Carta publicada en el semanario Brecha, Montevideo, el 23 de diciembre de 1998. Esta carta había sido escrita por Juan Gelman en abril de 1995, cuando todavía no sabía que su nieto había podido nacer en Uruguay. Se enteró de esa posibilidad a finales de 1998 y empezó sus trámites con el presidente uruguayo Julio María Sanguinetti en 1999.
“Carta a mis amigos” fue escrita desde la clandestinidad, en tiempos mismos de la dictadura, cuando muere su hija Vicky, el 29 de setiembre de 1976, tras librar un enfrentamiento con las fuerzas militares.
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