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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

La recepción de los Hechos de los Apóstoles

Ricardo Pietrantonio

 Resumen

El artículo intenta rastrear la recepción de Hechos hasta su canonización oficial por dos medios: primero, las posibles citas en los autores cristianos primitivos y segundo, el proceso de publicación de los escritos, aquí Hechos, por los medios en vigencia entonces, los manuscritos, sean los realizados en papiros los más primitivos como también los pergaminos en códices posteriores.

 

Abstract

This article attempts to trace the reception of the Book of Acts until its canonization. This by two means: First, the possible quotations in primitive Christian authors. And, second, in the process of the publication of the writings. In this, through the means then available, manuscripts, whether made on papyrus, the earlier ones, or also on parchment, the later ones.

 

Introducción

No es tarea de este trabajo el proceso de producción del actual Hechos de los Apóstoles (desde aquí Hch) y su fecha. Sin embargo, se tiene que tomar en cuenta algún punto de partida — que en este caso sería la obra terminada en su redacción — para luego ver el proceso de recepción que nunca pudo ser antes del de producción.

Realmente aparte de las intenciones del autor, el plan literario del canon bíblico sugiere que las unidades particulares del canon del Nuevo Testamento (Evangelios, Hechos, Cartas, el Apocalipsis) tienen papeles particulares para realizar dentro del todo. Esta consideración de la estructura del Nuevo Testamento orienta al intérprete a la materia encontrada dentro de cada una de esas unidades canónicas. A menudo el título provisto para cada unidad por la comunidad canonizante lleva a más claro foco qué contribución particular cada unidad hace a la fe cristiana total .

Igualmente, el canon bíblico garantiza y da testimonio de las discordancias históricas entre las tradiciones de los primeros apóstoles de la Iglesia que eran a menudo creativos e instructivos (cf. Hechos 15:1-21; Gal. 2:1-15) .

Es bien seguro que Hch estuvo compuesto después del EvLc y quizás después de todos los Evangelios llamados canónicos, seguramente después de los Sinópticos. Lucas y Hch están dedicados al mismo personaje: Teófilo . Esto no significa que uno sea continuación inmediata del otro.

¿Utilización temprana de Hch?

¿En qué momento Hch se menciona por vez primera en la historia de la iglesia primitiva, sea por la denominación de su autor o por la alusión del libro mismo o a través de una cita verbal? Se pensó posible mostrar de esta manera que a finales del primer siglo de la E.C. ya era un documento con autoridad en la Iglesia . Su composición por lo tanto dataría de antes de ese momento. Consideraremos primero tales ‘citas’ y luego las referencias explícitas a los Hch y a su autor.

 

I Clemente:

(a) Dos pasajes se conectarían con Hch 1.25 por la utilización de la palabra ‘lugar’ (topos), a saber, I Clemente. 5.4 y 5.7. Sin embargo, esta expresión no necesariamente sería tomada de aquí. Simplemente es una imagen familiar idiomática que se utiliza de varios modos como en los pasajes siguientes: Ignacio Magn. 5.1; Policarpo Fil. 9.2; y Hermas Sim. IX 27.3.

(b) I Clemente. 2.2, evocaría Hch 2.17 (citado de Joel 3.1). Esta expresión peculiar está sin embargo, demasiado lejana del pensamiento y formulación Lucanos como para justificar la aserción de un empleo de Hch.

(c) Hay una coincidencia notablemente exacta entre I Clemente. 18.1 y Hch 13.22. Pero ambos se eslabonan con Salmo 89.21, I Samuel 13.14 y II Samuel 23.1; en algo también con Salmo 72.20). Sin embargo, no necesitamos pensar que lo haya pedido prestado de los Hch sino que el autor haya tomado una tradición que fuera parte de los llamados ‘testimonia’ .

(d) Se podría argumentar el dicho de I Clemente. 2.1: ‘mas prestos en dar que en recibir’ (hêdion didontes ê lambanontes), como una cita de Hch 20.35: ‘Más bienaventurado es dar que recibir’ (makarion estin mallon didonai ê lambanein) . Sin embargo, ambos textos hacen uso independiente del mismo proverbio griego. Hch lo considera como un refrán de Jesús, pero tal demanda no aparece en I Clemente.

(e) Se ha llamado la atención a la similitud entre I Clemente. 59.2: ‘nos llamó de las tinieblas a la luz’, y Hch 26.18: ‘que se conviertan de las tinieblas a la luz’ que en Clemente es una fórmula litúrgica, mientras que Hch lo usa como parte de un dicho del Señor exaltado. No hay dependencia directa.

 

Ignacio de Antioquía:

(a) Ya hemos mencionado bajo I(a) la relación entre Ignacio Magn. 5.1 y Hch 1.25.

(b) Ignacio Smyrn. 3.3: ‘después de la Resurrección comió y bebió con ellos como un hombre de carne que era’, correspondería a Hch 10.41: ‘a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos’. No obstante esta correspondencia no demuestra alguna dependencia directa de Ignacio con los Hch sino que hacen uso de una reciente tradición (contraria al Docetismo).

(c) Todavía menos convincente el supuesto eslabón entre Ignacio Fil. 2.2: ‘muchos lobos que se presentan como dignos de todo crédito’, y Hch 20.29: ‘porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño’ Las metáforas del pastor, el lobo y el rebaño son componentes normales del temprano lenguaje de edificación cristiano (cf. Mat. 7.15 y Jn 10.11 ss!) y por tanto no se puede inferir dependencia directa.

Segunda Epístola de Timoteo:

 

Los sufrimientos y persecuciones mencionados en 3.11 como soportados por Pablo ‘en Antioquía (de Pisidia), en Iconio en Lystra’ parecen referirse a Hch 13.50 y 14.5,19. Las menciones de la madre y de la abuela de Timoteo, Eunice y Loida en II Tim. 1.5, y de Onesíforo en 1.16 (realmente aparte de las personas nombradas en 4.10–21!) sugiere que el autor está haciendo uso probablemente de una tradición legendaria acerca de Pablo.

 

La Epístola de Bernabé:

No puede esta epístola atestiguar con certeza el empleo de Hch:

(a) Al principio de 5.9: ‘y cuando escogió a sus propios apóstoles que habían de predicar su evangelio’, parece la variante D (Texto Occidental) en Hch 1.2. Pero el parecido no basta para demostrar la dependencia.

(b) El Hijo de Dios ‘que ha de juzgar a los vivos y a los muertos’, Bernabé 7.2 se asemeja a Hch 10.42: ‘Dios lo ha puesto por juez de vivos y muertos’. Sin embargo, son dos formas diferentes de una fórmula kerigma tica muy antigua: la forma en Bernabé (como en II Tim. 4.1, I Pedro 4.5, Hegesipo en Euseb. H.E. III 20.4, y en el Credo de los Apóstoles) y el sustantivo en Hch como en Policarpo Fil. 2.1 y II Clemente. 1.1.

(c) Bernabé 16.2 cita Isaías 66.1, ‘el Cielo es mi trono’, también se encuentra en Hch 7.49. Pero la idea concordante del rechazo del Templo tiene motivaciones diferentes, se unió con versículos distintos del AT: en Bernabé con Isaías 40.12; en Hch con Isaías 66.2.

La Didajé:

La Didajé puede recordarnos a Hch en dos lugares:

(a) Didajé 9.2 y 10.2 llama a Jesús pais theou, como en Hch 3.13,26 y 4.27,30. Es una aplicación de una tradición antigua que corresponde a una fórmula litúrgica del primitivo Judaísmo .

(b) Didajé 4.8 deriva, como el paralelo en Bernabé 19.8 de una fuente de la que ambas han tomado, una versión más temprana de la doctrina de los dos caminos. El razonamiento que sigue tanto Bernabé como Didajé pertenece a este origen. El dicho de Hch 4.32: ‘Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía’, sólo se conecta porque pinta el cumplimiento del mandato y no pueden demandar por consiguiente prioridad alguna.

El Pastor de Hermas:

(a) Hermas Sim. IX 28.2 emplea la fórmula ‘padecieron por (huper) el nombre del Hijo de Dios’ (como una variante de que nosotros tenemos ‘a causa del (dia) nombre’ en IX 28.3, 5, 6). Por eso revoca Hch 5.41: ‘dignos de sufrir afrenta por el Nombre...’; 9.16: ‘...por mi nombre...’; 15.26: ‘...arriesgaron sus vidas por el nombre...’; y 21.13: ‘morir por el nombre’. Pero no es ningún préstamo; simplemente es una expresión cristiana común discursiva.

Policarpo de Esmirna a los Filipenses:

Veamos algunas correspondencias de detalle entre Hch y Epístola de Policarpo a los Filipenses:

(a) Hay una similitud entre Policarpo Fil. 1.2: ‘a quien Dios despertó, sueltos los dolores del sepulcro’, y Hch 2.24: ‘a quien Dios levantó después de haber soltado los dolores de la muerte’. Las dos son variantes de una fórmula kerigmatica antigua, litúrgicamente amplificada. Esto es en detalle evidente de las variaciones.

(b) La fórmula introductoria, ‘acordémonos (mnemoneuontes), más bien, de lo que dijo el Señor para enseñanza nuestra...’, Policarpo Fil. 2. 3 resonaría como Hch 20.35: ‘recordar (mnêmoneuein) las palabras del Señor Jesús’, pero también II Clemente. 17.3: ‘... procuremos... recordar los mandatos del Señor’. Sin embargo, el contenido de las exhortaciones de Jesús, introducidas por esta fórmula flexible, es diferente en Policarpo Fil. 2.3 y Hch 20.35. ¿Quizás Policarpo y Clemente dependen de alguna colección ahora perdida?

(c) ¿Policarpo Fil. 6.3: ‘los profetas que de antemano, pregonaron (prokêruxantes) la venida de nuestro Señor’, y Hch 7.52: ‘los profetas que ... anunciaron de antemano (prokataggeilantas) la venida del Justo, ...’, se explica por el hecho que aquí tenemos un topo~ que puede formularse diversamente de la ‘primera’ venida de Cristo.

 (d) Policarpo Fil. 12.2 incluyen la cláusula ‘todos los que están bajo el cielo’ (qui sunt sub caelo) que tiene su contraparte en Hch 2.5 y 4.12 (apo pantos ethnou tôn hupo tôn ouranôn//oude gar onoma estin heteron upo ton ouranon). La expresión también se encuentra en Col 1.23 (en pasê ktisei tê hupo ton ouranon). Deriva de LXX Eccles. 1.13 y 3.1 (hupo ton ouranon). Es por consiguiente muy improbable que Policarpo esté aquí citando Hch.

(e) En la misma sección, 12.2, aparece la expresión ‘herencia y parte’ (sortem et partem). Es una contraparte positiva de la negativa ‘No tienes tú parte ni suerte en este asunto’ (ouk estin soi meri oude klêroi en tô logô toutô) en Hch 8.21 (cf. Col 1.12) que se forma sobre la base del modelo de Deut. 12.12 y 14.27,29. Por consiguiente no puede suponerse cita de Hch.

(f) Finalmente 12.2 (‘det vobis ... partem inter sanctos suos’) resuena como Hch 20.32: ‘daros herencia con todos los santificados’, y 26.18: ‘para recibir... herencia entre los santificados’. Uno puede decir que aquí tenemos una fórmula variable (también presente en Col 1.12) de Deut. 33.3s. que proporcionó el material.

La conclusión es por consiguiente que Policarpo, a pesar de los numerosos ecos, no utilizó Hch como fuente, pero que ambos trabajaron con depósitos de formulas comunes contemporáneas.

II Clemente:

Esta Epístola ofrecería cuatro pasajes conectados con Hch:

(a) 1.1 con Hch 10.42. Ver IV(b).

(b) II Clemente. 4.4: ‘no debemos temer a los hombres, más que a Dios’, se parece a Hch 4.19: ‘Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios, y, más aún 5.29: ‘debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Pero la idea puede por ejemplo, (cf. I Clemente. 14.1) estar también influenciada por la misma idea expresada en Mat. 10.28, por lo cual no podemos certificar que sea de Hch.

(c) ¿II Clemente 13.1 de Hch 3.19?: Clemente habla de quitarnos los pecados por nuestro propio esfuerzo; Hch en cambio es Dios quien los desecha.

(d) En las palabras sôtêra kai arjêgon tês aftharsias de II Clemente. 20.5 encontramos un parecido con Hch 3.15: arjêgon tês zôês y 5.31: arjêgon kai sôtêra. Como Heb. 2.10: arjêgon tês sôtêrias muestra, estamos ante una figura discursiva elástica característico del discurso subapostólico y helenístico del lenguaje de edificación. No puede demostrarse por consiguiente que la II Clemente realmente cite a Hch.

Concluyo que si en época tan tardía las supuestas citas de Hch no son tal sino sólo utilización de ideas similares del ambiente, se demuestra que la aparición o no de citas no certifica canonización alguna todavía.

Papías:

Eusebio no nos ha transmitido algún dicho de Papías que aluda a Lucas-Hechos. Según Jülicher, Eusebio lo retuvo probablemente porque ‘ofendía su sentimiento para con la Iglesia’ (Jülicher, Fascher, 312). Pero queda otra posibilidad, que Papías no haya dicho nada sobre los dos documentos porque no los conoció. Ciertamente Papias menciona personas que aparecen en Hch, por ejemplo Judas, Justo Barsabás. Pero está claro que podía haber tenido otras tradiciones que aquéllas ofrecidas en Hch. En cualquier caso, su silencio sobre el asunto no impide su conocimiento del trabajo de Lucas.

¿Utilización posterior de Hch?

 

Justino Mártir:

(a) Apol. I.39.3, dice que los doce Apóstoles son como ‘ignorantes, incapaces de elocuencia’ (idiôtai, lalein mê dunamenoi) recordativo de Hch 4.13: ‘hombres sin letras y del vulgo’ (anthrôpoi agrammatoi eisin kai idiôtai). Esta coincidencia no ofrece prueba convincente tomada por sí sola.

(b) Igualmente, Apol. I. 49.5, los Gentiles, ... teniendo noticias del evangelio por los Apóstoles, fueron... ‘llenos de alegría’, parece aludir a Hch 13.48: ‘Y cuando los gentiles oyeron esto se alegraban’.

(c) Pero la primera referencia firme es Apol. I. 50.12. Primero cita la sustancia de Lc. 23.49a recapitulando la historia de la Pasión, después hace uso claro de Lc. 24.25, 44s., cuando continua el relato, y al fin narra la Ascensión y la donación del Espíritu Santo con un eco verbal de Hch 1.8: dunamin ... labontes corresponde a lêmpsesthê dunamin en Hch.

(d) Por consiguiente podemos quizás atribuir la mención de theos agnostos (Apol. II 10.6) a la influencia de Hch 17.23.

Este estudio muestra dos cosas. Primero, hasta mediados del siglo II Hch no comenzó a ser considerado todavía un libro con la misma autoridad de los Evangelios por ejemplo, al cuál se podría apelar. Pero a esta conclusión negativa debe agregarse una positiva: los supuestos préstamos de Hch por escritores que van de Clemente de Roma a Policarpo de Esmirna demuestran que el lenguaje de edificación del período subapostólico era familiar al escritor de Hch y prontamente fue empleado por él. Hch respira el mismo espíritu de este período.

Segundo, ¿por qué entonces esta obra no habría sido reconocida como libro de la Iglesia un poco antes? La única respuesta que encuentro, es de crítica a la investigación: ésta asumió que la redacción definitiva era casi contemporánea con los asuntos que narra poco después de la redacción del EvLc cuando habría que asumir más bien que Hch es más tardío, incluso posterior a todos los evangelios. Y que adquirió sentido junto con los escritos epistolares como ‘praxapóstolos’’ . No tanto más tarde y además hay que considerar su edición y distribución, cosa que ya veremos.

Ireneo:

El paso a ‘canonizar’ apareció en la generación siguiente a Justino. En la lucha librada por IRENEO contra el gnosticismo, Hch se mostró inmediatamente útil: con Hch se podría demostrar la unidad del mensaje apostólico y para este propósito Ireneo citó copiosamente a Hch (Adv. haer. III, 12.1–15). Desde entonces en los años por venir se repitieron frases del autor de Hch y sobre él mismo: Lucas era un ‘sectator Pauli’ y ‘escribió en un libro el evangelio que Pablo predicó’. (Adv. haer. III,1.1). Ireneo no ofrece ningún apoyo para esta aserción; podemos suponer que deriva de los pasajes dónde el Apóstol habla de ‘su evangelio’. Lucas era el colaborador inseparable de Pablo extendiendo el Evangelio, Ireneo lo demuestra con los pasajes ‘nosotros’ en Hch. En II Tim. 4.10s. y Col 4.14, el propio Pablo afirma que Lucas estuvo ‘siempre asociado con él y era inseparable’ (Adv. haer. III,14.1). Finalmente, Ireneo tomó la idea que Lucas había sido ‘el discípulo y compañero de los Apóstoles’ de Lc. 1.2: ‘los testigos oculares ... que nos trasmitieron.’ (Adv. haer. III, 10.1;14.2).

La tradición sobre Lucas que Ireneo perfiló no contiene nada que haya podido leer fuera del trabajo de los dos volúmenes. No hay ningún rastro de cualquier conocimiento de Lucas de fuentes independientes . El caso del Canon de Muratori no es muy diferente.

 

El Canon de Muratori

Cada uno de los veintisiete libros del Nuevo Testamento era al principio una unidad literaria separada. Los Evangelios fueron cada uno escrito independientemente, como era Hechos de los Apóstoles, cada carta del apóstol Pablo, las otras cartas del Nuevo Testamento, y la Revelación de Juan. Claro los escritores de los Evangelios supieron y contaron con sus predecesores, pero había un lapso considerable de tiempo al parecer antes de que cualquier comunidad usara más de un solo Evangelio. Sólo alrededor del E.C. 180 nosotros oímos hablar del tetraeuangelion, es decir, una colección de cuatro Evangelios considerados igualmente con autoridad de la historia del evangelio, extensamente conocido y reconocido, por ejemplo, en las declaraciones de Ireneo (obispo de Lyon aproximadamente 180) y en la lista conocida como el Canon de Muratori (una lista de libros canónicos que se origina en Roma sobre E.C. 190, nombrado con el nombre de su descubridor, Ludovico Antonio Muratori). Por entonces era posible, evidentemente, producir papiro que podría acomodar el texto de los cuatro Evangelios (más de trescientas páginas impresas en Nestle!). P45, escrito al principio del tercer siglo, comprendió 55 hojas o las hojas dobles originalmente (110 hojas o 220 páginas), y contenía no sólo los cuatro Evangelios sino Hechos también .

Aquí también vemos cómo la tradición acerca de Lucas se infiere de lo que uno encuentre – o no – en los propios escritos lucanos. Por la falta de referencia al martirio de Pedro y al viaje de Pablo a España (aceptados sin duda sobre la base de Rom. 15.24 y quizás I Clemente. 5.7) , se concluyó que Lucas se limitó en Hch a su propia experiencia. Si el Canon de Muratori afirma que el mismo Lucas narró ‘los hechos de todos los Apóstoles’ , parece que debemos atribuirlo al tipo de ilusión óptica que permite que uno vea lo que realmente quiere ver .

Clemente de Alejandría:

Los Padres subsiguientes agregan poco de nuevo a esta información sobre Lucas. Según Clemente, Alejandrino Lucas le tradujo a Pablo la Epístola a los Hebreos al griego. Evidentemente una hipótesis erudita intentaba explicar el estilo no paulino de esta supuesta carta paulina según E. Haenchen .

Tertuliano:

Tertuliano, a su vez, muestra lo que su tiempo exigió de hecho de un evangelio canónico: ‘Constituimus evangelicum instrumentum apostolos auctores habere’. Si el escrito no era de los apóstoles mismos en formadirecta, por lo menos incluía los discípulos directos de los Apóstoles (forma indirecta, la tradición) . De este modo el ‘sectator Pauli’ está indultado.

 

Orígenes:

Según Eusebio (H.E. VI 25.6), Orígenes afirmaba que Lucas escribió para los Gentiles el evangelio predicado por Pablo. II Cor. 8.18 también se refiere a Lucas: él es el hermano ‘cuius laus in Evangelio est per omnes Ecclesias’ ‘cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias’.

Eusebio:

Tiene algo nuevo que agregar. Lucas vino de Antioquía . Él no traiciona las fuentes de su conocimiento. Sus otras declaraciones pertinentes nos dicen lo que ya conocemos: era un médico, generalmente estaba en compañía de Pablo y también tenía relaciones cercanas con los otros Apóstoles .

Jerónimo:

Reiteró los datos tradicionales, pero en De viris illustribus 7 agregó nuevos detalles: Hch con el encarcelamiento de dos años de Pablo en Roma se extiende hasta el cuarto año del reino de Nerón (dice el año 58, pero sin revelar cómo computa ese año).

En ‘Ex quo intelligimus, in eadem urbe librum esse compositum’ una vez más vemos cómo la tradición sobre Lucas aumenta por la evaluación de su trabajo . El preámbulo del Comentario de Jerónimo a Mateo afirma que Lucas escribió el evangelio en Acaya y Boecia: esto está de acuerdo con la declaración más tardía de Jerónimo que Lucas murió en Tebas . No conocemos el origen de esta tradición tardía.

Jerónimo exhibe un interés particular en el estilo de Lucas. Dice que escribió en griego mejor que todos los Evangelistas, puesto que había estudiado y de hecho también había escrito el evangelio entre los griegos . Jerónimo además se pregunta sobre el uso de la Septuaginta, incluso en casos dónde el texto griego no corresponde con el hebreo. Jerónimo ofrece dos explicaciones. Por un lado, Lucas, tanto como los Apóstoles y los ministros apostólicos en general, utilizaron principalmente la forma de texto bien apreciada por los Cristianos de la Gentilidad: la Septuaginta poseía gran autoridad, mientras que Lucas no. Al mismo tiempo, Jerónimo alude repetidamente a la debilidad reputada de la capacidad de Lucas en hebreo, de hecho cita la aserción de que como prosélito era completamente ignorante de ese idioma .

Primera conclusión

Sobre Hch, no encontramos en los Padres más antiguos y en otros escritos de la época citas textuales claras si comparamos Hch con los Evangelios o con las Epístolas de Pablo. No hay casi ninguna mención específica del escrito a comienzos del S II. Las que a veces se arguyen son muy dudosas. En cambio a mediados de ese siglo II se incrementan con seguridad. Esto no debería sorprender ya que desde fines del siglo I o comienzos del II cuando Hch se compuso habría un tiempo hasta editarlo y publicarlo, y luego distribuirlo in extenso.

Por otro lado, sin embargo, Hch tuvo que ser conocido entonces, ya que nos ha llegado por medio de dos tipos de texto, el neutral o alejandrino – con amplia distribución en el norte de África y Medio Oriente – y el Bezae u Occidental – de Europa del sur y Anatolia occidental. Lo señalado indica sólo que fue utilizado y que tenía autoridad, no implica todavía la canonización en el sentido técnico, cuya evidencia aparece más tarde.

Testimonio de la transmisión textual

Los manuscritos del Nuevo Testamento más antiguos existentes hoy generalmente contienen (o, parecen haber contenido) sólo libros individuales (por ejemplo segundo siglo: P52 EvJn; tercer siglo: P1 Mateo; P5 EvJn; P7 Lc.; P9 1 Jn; P12 Hb; P13 Hb; Apoc P18) pero eso no nos dice mucho porque éstos manuscritos muy fragmentarios pueden haber contenido originalmente más de un texto. De hecho, algunos papiros que sobreviven del tercer siglo contienen porciones de más de un texto (por ejemplo P20 1 y 2 Tes; P53 Mateo y Hch; P72 1 y 2 Pd y Jd; P92 Ef y 2 Tes).

Generalmente se entiende que los Hechos y Apocalipsis circularon primero como escritos independientes. Puede entenderse pues fácilmente por qué las diferentes partes de lo que llegó a ser llamado ApóstolosPraxapóstolos, Hechos las cartas católicas– exhibe tal carácter textual variado.

En un manuscrito Apóstolos no sólo puede diferir el carácter textual de Hechos con las cartas católicas, sino incluso entre las cartas católicas pueden diferir una de otra, dependiendo de los manuscritos de las que fueron copiados. Probablemente fue en el tercer siglo primeramente que los Evangelios se transmitieron como un solo grupo en lugar de separadamente, y para la cartas Paulinas de aun antes. Hechos, sin embargo, probablemente se asoció al principio, con los Evangelios (cf. P46, y también el Códice Bezae Cantabrigensis). Cuando en el cuarto siglo, Hechos empezó a agruparse con las cartas católicas, significó reunir manuscritos de fuentes diferentes; aun cuando las cartas católicas ya estaban en circulación como un solo grupo, se deben haber reunido de manuscritos de orígenes diferentes cuando el grupo fue primero formado .

El manuscrito conocido más antiguo que contiene los cuatro Evangelios y Hechos es del tercer siglo, el papiro de Chester Beatty P45. Lucas y Juan sobreviven en P75 del tercer siglo, pero este manuscrito puede haber contenido originalmente más de dos Evangelios. El bien conocido papirólogo y paleógrafo T. C. Skeat es de la opinión que los manuscritos numerados P64 (fragmentos de Mateo), P67 (fragmentos de Mateo), y P4 (fragmentos de Lucas) originalmente estuvieron juntos y deben registrarse ahora bajo una misma sigla. Argumenta que puede demostrarse estadísticamente que Lucas no siguió al Evangelio de Mateo otro debe haber intervenido. En otros términos, mantiene que este manuscrito posiblemente se escribió originalmente como un códice de los cuatro Evangelios y que si la fecha del siglo segundo para P64 y P67 puede mantenerse, entonces éste sería nuestro ejemplo conocido más temprano de un tal códice. P4, normalmente datado en el tercer siglo, puede ser de hecho mucho más antiguo: los fragmentos se encontraron en la encuadernación de un manuscrito de Filón que ha sido datado como del tercer siglo. P4 debe ser por consiguiente mucho más antiguo; y debe permitirse algún tiempo para que un códice bien escrito se haya deteriorado a tal magnitud como para romperse y se usara como desecho. En resumidas cuentas el P4 difícilmente sea más tardío que 200 E.C.)
Principalmente lo que se copió ha sido solamente cada uno de los cuatro evangelios (unos 2.122 manuscritos supervivientes), o el Apocalipsis sólo y separado (139); o Hechos más las epístolas católicas (86) .

Una persona o Iglesia en posesión de un Nuevo Testamento, digamos en el período E.C. 250 a 300, no lo tendría completo en un solo volumen. El primero y más importante volumen sería euaggelion, el ‘Evangelio’, el singular se empleó regularmente para el Evangelio cuádruple, y no fue sino hasta aproximadamente cien años después que las personas empezaron a hablar separadamente de cada Evangelio como un Evangelio, y a usar el plural para los cuatro.

El segundo volumen de nuestro Nuevo Testamento temprano se titularía Apóstolos, porque Pablo vino a ser conocido muy temprano como el ‘Apóstol’ por excelencia, y tal copia contendría, siendo escrita en griego, la Epístola a los Hebreos .

El tercer volumen contendría Hechos, sea tomado como plural (praxeis) o como singular (praxis), y junto con él las Epístolas católicas. Como colección editada en conjunto se la llama Praxapóstolos. Con respecto a Hechos, por su conexión estrecha con el Tercer Evangelio hace muy probable que se leyera en una época muy temprana . “Zahn ha encontrado rastros del uso de Apocalipsis, Hechos, Primera y Segunda Pedro, y Hebreos en los trabajos de Valentino de este período, aparecería así que su Nuevo Testamento era como el de otros Cristianos”.

Hacia mediados del segundo siglo Marción rechazó el Antiguo Testamento y formó un canon uniendo un Lucas acortado con diez cartas de Pablo. Los editores en los lugares de producción Oriental u Occidental rechazaron este límite estrecho de la Escritura. Se aferraron al Antiguo Testamento, usaron los cuatro Evangelios, y probablemente reinsertaron el Hechos que Marción había eliminado y las Cartas de otros líderes a las diez cartas de Pablo que Marción había utilizado. Esto proporcionó un canon que era inclusivo.

Por lo tanto, el Nuevo Testamento entró en existencia como una creación consciente entre 150 y 175 E.C. que probablemente era el período de la actividad más vigorosa e influyente de Marción. El énfasis aquí está en “creación consciente”. Es la base para la creencia de que el Nuevo Testamento como tal (es decir, en su forma característica) se creó deliberadamente y no creció meramente porque sí. Decir que el Nuevo Testamento no existió en E.C. 150 (el tiempo de Justino) y existió en E.C. 175 (el tiempo de Ireneo) es casi equivalente a decir que se trajo a la existencia conscientemente. Estas cosas no crecen así de rápidas. Harnack señalaba, dice Knox, que la inclusión de Hechos en el canon era exclusivamente suficiente para indicar la presencia de “reflexión, de propósito consciente, de una mano fuerte que actúa con autoridad; y por tal acción consciente el canon empezó a tomar forma como ‘apostólico-católico’ por así decirlo”. La gran consideración que se le había dado previamente a los Evangelios y a otros escritos cristianos tempranos y el uso de ellos en los servicios de culto prepararon el modelo del Nuevo Testamento, pero no responde por su emergencia súbita como precisamente era. Alguna ocasión obviamente iba a encontrarse. Esa ocasión era la ‘canonización’ de Marción de “Evangelio y Apóstol”. Esa ‘canonización’ de Marción no indica que no hubiera una establecida por el uso extenso de los escritos, como el hallazgo de papiros más tempranos indica, sino que dio la ocasión para establecerla concientemente.

Al comienzo cuatro Unidades de Colección

 

Comparando la sucesión de los escritos en las cuatro ediciones existentes más antiguas del Nuevo Testamento, que veremos más abajo, las cuatro unidades de colección de la tradición manuscrita son identificadas fácilmente: Tetraevangelio, Praxapóstolos, Cartas de Pablo, y Apocalipsis de Juan. Las diferencias entre el Códice Sinaítico (Evangelios, Cartas de Pablo, Praxapóstolos, Apocalipsis) y los Códices Vaticano y Alejandrino (Evangelios, Praxapóstolos, Cartas de Pablo, Apocalipsis) indica que la sucesión de estas unidades podía variar.

Dividiendo el Nuevo Testamento en colección de cuatro unidades es consistente con el análisis de los manuscritos restantes. Sólo cerca de 59 de los aproximadamente 5.300 manuscritos existentes incluyen todas las cuatro unidades de colección del NT. La mayoría aplastante de manuscritos (98.87 por ciento) combina menos unidades.

Sin embargo, casi sin excepción, estas ediciones contienen un subconjunto de las cuatro unidades antedichas: un manuscrito que consista de un sólo Evangelio, una carta de Pablo, y de dos Cartas Generales, por ejemplo, representarían una real rareza.

Esto es por qué los recopiladores del apéndice al Novum Testamentum Graece pudieron describir los volúmenes de la mayoría de los manuscritos usando sólo cuatro letras: e = evangelios, a = Praxapóstolos, p = Cartas de Pablo, r = Apocalipsis (revelación) de Juan. Los editores se refieren a Actos (Hechos) y Cartas Generales usando una sola anotación (a). Si un número significativo de manuscritos que hubiera contenido Hechos sin las Cartas Generales o las Cartas Generales sin Hechos existiera, esta anotación no bastaría.

Porque la mayoría de estos manuscritos se produjeron después del siglo quinto, en un momento cuando el número de los veintisiete escritos canónicos había sido firmemente establecido, la división del Nuevo Testamento en unidades de colección no atestigua las diferentes fases del canon. La razón de tal división probablemente es absolutamente práctica. Libros más pequeños eran más fáciles de encuadernar, transportar, y leer. En caso de pérdida o destrucción, sólo el volumen afectado tenía que ser repuesto. Es más, los lectores no estaban interesados igualmente en cada una de las cuatro unidades; algunas eran claramente más populares que otros. Los 2.328 manuscritos existentes da testimonio de que el Tetraevangelio conocido hoy excedía en número por lejos a las 779 copias de las Cartas de Pablo, las 655 copias del Praxapóstolos, y las 287 copias existentes del Apocalipsis.

Los títulos que llevan cada escrito individual y que no ha sido colocado por parte del ‘autor’ han servido para agrupar los en colecciones. La función organizativa está clara en las cartas numeradas como ser, Corintios, Tesalonicenses, y Timoteo, y las de Pedro y Juan.

Tres grupos adicionales se pueden discernir fácilmente: los cuatro Evangelios, las siete Cartas Generales, y las Cartas de Pablo Las títulos de los dos restantes escritos, los Hechos y el Apocalipsis, contienen una designación del género en su primera parte, igual como hacen los títulos de los tres grupos: euaggelion y epistolai (Paulou/katholikai) que corresponde a praxeis; y apokalypsis.

En conclusión se puede decir que la estructura uniforme de los títulos más allá del escrito individual a un concepto editorial global no fue impuesto por los autores de las escritos individuales. Los títulos son redaccionales. En la mayoría de los casos no pueden derivarse las designaciones del género, la supuesta paternidad literaria, y la estructura de los títulos del texto con seguridad. Esto sugiere que la forma presente de los títulos no fue creada independientemente por los editores sino que ellos son el resultado de una específica sola redacción.

Edición completa existente

 

Los cuatro manuscritos existentes más antiguos que en el momento de su producción presentaron una edición completa del Nuevo Testamento, se produjo durante los siglos cuarto y quinto.
El ejemplar antiguo más completo es el Códice Sinaiticus (a 01). El pergamino manuscrito contiene todas los veintisiete escritos y probablemente fue escrito durante el cuarto siglo. La secuencia de los escritos del N Testamento es como sigue: Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), Epístolas Paulinas (Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, Hebreos, 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón), Praxapóstolos (Hechos, Santiago, I y II de Pedro, I, II, III de Juan, Judas), y Apocalipsis, seguida por dos tempranos escritos cristianos: la Carta de Bernabé y el Pastor de Hermas.

El otro manuscrito existente del siglo cuarto es el Códice Vaticanus (B 03). La disposición de las escritos varía del Códice Sinaítico en que el Praxapóstolos está colocado entre el Tetraeuangelion y el Corpus Paulino . El manuscrito se interrumpe en el medio de Hebreos (Heb 9:14) que sigue a 2 Tesalonicenses. Las pastorales, la Carta a Filemón, y el Apocalipsis de Juan faltan, debido a la pérdida de la última parte de este manuscrito.

Otros dos manuscritos en pergamino son, el Códice Alejandrino (A 02) y el Códice Ephraemi Rescriptus (C 04), fechados en el quinto siglo. Originalmente también contuvieron los veintisiete escritos. La disposición de los escritos en este códice (A 02) corresponde a la misma disposición del Códice Vaticano. Desgraciadamente, el carácter fragmentario del Códice Ephraemi no permite una reconstrucción detallada de la sucesión original de los escritos. Sus páginas habían sido cortadas, lavadas, usadas de nuevo para escribir textos del padre Efrén de la iglesia Siria, y vueltas a coser como libro.

Parece que ninguno de estos cuatro manuscritos sirvió como ‘patrón’ de cualquiera de los otros y que fueron producidos independientemente. Además, cada uno de estos cuatro manuscritos constituye una edición completa de la Biblia cristiana. Todos contienen los escritos del Antiguo Testamento seguidos por el Nuevo Testamento.

Jn 21:25, la última frase del Evangelio Cuádruple Canónico

 

La última frase del EvJn mismo sería 21:24 y la última frase de la colección de los cuatro evangelios sería Jn 21:25. La última frase del Evangelio según Juan lee: “hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir”.

Por varias razones, esta frase es crucial para un lector orientado a leerla según la interpretación del Nuevo Testamento.

1. El cambio de primera persona plural, “nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”, en 21:24 a primera persona singular, “yo supongo”, en 21:25 indica que estos dos versos no serán leídos de corrido. Parecen apuntar a dos asuntos diferentes.

2. La mención de libros múltiples (ta grafomena biblia) como opuesto a un libro en Jn 20:30 (en tô bibliô toutô) significa que esta frase no habla sobre el Evangelio de Jn solo sino se refiere a varios libros.

3. Los volúmenes que podrían escribirse se refiere a “cosas que Jesús hizo” [ha epoiêsen ho Iêsous]. En todas las ediciones modernas del Nuevo Testamento, Hechos sigue a Jn 21. El autor implícito, Lucas, repite esta definición literaria para apuntar hacia su propio Evangelio: “hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer” [logos peri pantôn hôn êrxato ho Iêsous poiein] (Hch 1:1). Desde la perspectiva de un lector esto puede crear una referencia cruzada importante entre Jn 21:25 y Hechos 1:1. Ambos textos parecen referirse a los cuatro Evangelios canónicos.

La íntima conexión con la frase precedente más el fuerte parecido con la formulación de Jn 20:30 sugiere que los publicadores de la colección del Evangelio canónico son idénticos con los publicadores del Evangelio de Juan. La primera persona singular (“yo supongo”) indica que los publicadores de la colección del Evangelio canónico asumieron que éste era bien conocido por sus lectores. La editio princeps no fue publicada anónimamente.

El colofón editorial 01a y Jn 21:25

Algunos escribas que copiaban el NT en manuscritos podrían haber sentido la transición entre Jn 21:24 y 21:25. La primera mano del Códice Sinaítico (a 01) originalmente agregó un colofón y la nota euaggelion kata Iôannên. Después, sin embargo, el escriba lavó el ‘vellum’ limpiándolo y agregó el verso de conclusión, repitiendo el título y el subscripto por debajo como correspondía.
Considerando la tradición uniforme de este pasaje del texto en los manuscritos, parece muy improbable que Jn 21:25 faltara en la ‘Vorlage’ del Códice Sinaítico. Sin embargo, por alguna razón – sea externa o interna - este escriba del Sinaítico no parecía considerar originalmente el verso como parte del Evangelio de Jn. Esta conjetura se apoya en dos minúsculos que concluyen el Evangelio con Jn 21:24 y colocan Jn 21:25 en una nueva página.

Siguiendo las referencias de Jn 21:24 a los Evangelios sinópticos de la Edición Canónica era posible identificar al Juan mencionado en el título como Juan, el hijo de Zebedeo. Esta identificación consecuentemente informaba a los lectores sobre la paternidad literaria de las Cartas y el Apocalipsis de Juan. La paternidad literaria de Juan eslabona los Evangelios con Praxapóstolos y con el Apocalipsis.

Además, la locación del EvJn dentro de la Edición Canónica le da sentido a Praxapóstolos como una colección unitaria. A primera vista, no es obvio por qué el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles de Lucas deben estar separados por el Evangelio de Juan. Sin embargo, la colocación de Juan parece intencional si los editores de los cuatro Evangelios quisieran colocarlos cronológicamente. Agregando su nota editorial al Evangelio de Juan, están presentando este Evangelio como el más reciente de la colección. La colocación también tendría sentido si quisieron conectar los Hechos con las Cartas Generales.

Jn 21 llega a ser el último texto agregado a la Edición Canónica si uno presume dos cosas que son completamente creíbles desde la perspectiva de un lector. La primera es que el martirio de Pedro que el Evangelio de Juan refiere como en el pasado, y el martirio de Pablo tuvieron lugar aproximadamente al mismo tiempo. La segunda es que Juan habría sobrevivido a Jacobo y a Judas, hermanos de Jesús.

El rasgo formal más importante de una editorial es que se presenta como el último pasaje agregado a una edición. Desde la perspectiva de los lectores Jn 21 aparece exactamente así. Además, si Jn 21:25 se entiende como que se refiere al Evangelio Cuádruple, puede relacionarse con la Edición Canónica como tal, sirviendo así como una nota editorial a los lectores de lo que hoy se llama la Biblia cristiana, consistente del AT y NT. Por escoger las palabras libros y el mundo y la primera persona singular, el anónimo publicista alude a su acto de publicación. Y por consiguiente la última frase [Jn 21:25: ean grafêtai, kath’ hen, oud’ auton oimai ton kosmon jôrêsai ta grafomena biblia] podría muy bien ser traducida como: “Pero hay también muchas otras cosas que Jesús hizo; si se publicara cada una de ellas, yo supongo que el propio mundo no pudiera contener los libros que se publicarían”.

Parece especialmente importante no separar los Hechos de los Apóstoles de las Cartas Generales. El arreglo de estas cuatro unidades de colección varía en los manuscritos. Dado el concepto editorial de la Edición Canónica, parece apropiado empezar con la colección Evangelio porque contiene la nota editorial a los lectores de la edición (Jn 21:25). Los Praxapóstolos y las Cartas de Pablo puede seguir, por causa de la conexión íntima entre los Evangelios y porque los Hechos presenta a los lectores los autores de las Cartas Generales en su primera parte y a Pablo en su segunda parte. El Apocalipsis de Juan va al fin muy bien por causa de los comentarios finales de conclusión (Apoc. 22:18-22). 

Lugar de Hechos en las ediciones

Esta sección busca ilustrar la importancia de localizar Hechos dentro de su ‘contexto canónico’ para entender la lógica del proceso de recepción de los libros y su colocación dentro del canon. Nadie ya discrepa que la teología de la Escritura es al menos la suma de sus varias teologías; hay que descubrir su sinergia para que su todo sea realmente más que su mera suma cuando factoriza de las relaciones intracanónicas en el Nuevo Testamento . Como fue defendido en un estudio anterior, la colocación y título de Hechos mantiene pistas sustanciales.

Colocación de Hechos en el Contexto Canónico

 

Dicho en forma aguda, la colocación estratégica de Hechos entre los Evangelios por un lado y las cartas apostólicas por el otro, juega el papel de transición que realiza dentro del Nuevo Testamento: la narrativa de Hechos concluye la narrativa cuádruple anterior de Jesús e introduce la colección doble subsecuente de las cartas apostólicas que siguen. Esta colocación de Hechos dentro del Nuevo Testamento es aún más estratégica si, como P. Achtemeier nota, la relación entre los Evangelios y las cartas son aproximadamente análogas a la relación entre el Señor y sus discípulos: es decir, así como los discípulos siguen la primacía del Señor, también el consejo y la instrucción de las cartas bíblicas sigue la primacía de la tradición de Jesús. De esta manera, los Hechos pueden funcionar bien dentro del Nuevo Testamento como un ‘puente’ que conecta las colección de los Evangelios y cartas en diálogo significativo proporcionando una narrativa paradigmática que explora la relación continuada entre los discípulos y su Señor ascendido .

Relación entre Hechos y el Evangelio Cuádruple

 

La relación entre Lucas y Hechos aquí se concentra en la relación entre el Evangelio cuádruple y Hechos dentro del Nuevo Testamento. Al respecto, la íntima relación entre los Hechos y los Evangelios se indica por los rasgos formales encontrados en el prólogo a los Hechos (1:1-14).

(1) El Evangelista evoca primero el ministerio público de Jesús (1:1) e indica que los sucesores apostólicos continuarán este ministerio en su ausencia (1:2). La conveniente frase de apertura, ‘empezó (êrxato) a hacer y enseñar’, y el receptor común, “Teófilo”, (cf. Lucas 1:4) subraya este fuerte sentido de continuidad entre la narración de Hechos y el antecedente del ministerio terrenal de Jesús; de hecho, anticipamos que la palabra de Dios que Jesús proclamó y promulgó, se articulará ahora por los discursos y hechos de sus sucesores apostólicos (cf. Marcos 1:1,14). El efecto canónico global de esta relación es bastante similar a la propia intención del autor, aunque los Hechos bíblicos califican una narrativa cuádruple del ministerio terrenal de Jesús ahora: la revelación de Dios a través de Jesús continúa siendo descubierta a través de la misión terrenal de sus sucesores inmediatos cuyos nombres se listan para el lector (1:12-14, 26, el elegido por ellos, Matías), y finalmente a través de las congregaciones que ellos fundaron .

(2) La importancia narrativa y teológica de la ascensión de Jesús (Hch 1:9-11; cf. Lucas 24:50-53) ha sido considerado de modos diversos . Como un rasgo del papel de transición que Hechos realiza dentro del Nuevo Testamento, la partida de Jesús de la tierra marca el fin ‘oficial’ de su ministerio terrenal (y su narrativa en el Evangelio cuádruple) y el principio de su sucesión apostólica (y su narrativa en Hechos). Como tal forma el punto medio del Nuevo Testamento continuando la narrativa sobre los hechos y sentencias que descubren el reino de Dios dentro de la historia que Jesús (= el Evangelio) había empezado. En este sentido, la partida de Jesús de la tierra es también su salida de la narración, su lugar dentro de la historia de salvación ahora será ocupado por los apóstoles que también serán autorizados por la palabra de Dios y el Espíritu hasta que Jesús vuelva.

(3) Central a esta historia de la sucesión es la comisión del Señor a sus apóstoles (Hch 1:8) que establece la identidad y la obligación de la Iglesia como una comunidad misionera y la indicación geográfica que en Hch enmarca la narración de su misión. La frase final, ‘lo último de la tierra (= Roma?)’, resuena como Is 49:6, dónde el sirviente de Yahvé trae la salvación de Dios a las naciones. Sin embargo aún, según el Evangelio, el Sirviente mesiánico de Dios sólo ofrece la salvación de Dios a Israel, aunque se predice una salvación universal en su nacimiento (Lucas 2:29-32). Sólo Hechos narra la salvación de Dios extendida a las naciones, completando así la narración del Evangelio. Significativamente, la narración finaliza ambiguamente en Roma, con Pablo esperando una audiencia con el César y su desconocido destino. Desde una perspectiva canónica, la función del fin narrativo comisiona a los lectores a suceder a Pablo en llevar testimonio del reino de Dios en palabras y hechos.

Dos rasgos de esta comisión explican la naturaleza de la continuidad en particular entre Jesús y la Iglesia. (a) La vocación apostólica es llevar ‘testimonio’ del Señor ascendido cuyo ministerio mesiánico culmina en la resurrección que testifica el triunfo de Dios sobre el pecado y la muerte. No sólo los discursos apostólicos de Hechos repiten - más o menos - los eventos principales que componen la historia de Jesús, sino sus ‘señales y maravillas’ tipifican el triunfo de la resurrección como confirmación de que la historia de Jesús es verdad. (b) Más importante aún, esta vocación misionera está autorizada por el Espíritu del Cristo ascendido. La promesa del Espíritu del Señor y su cumplimiento eventual en Pentecostés responde a la crisis teológica provocada por su partida: ¿cuál es el estado actual de ‘la palabra’ que da testimonio del reino de Dios en la tierra, ahora que el Mesías de Dios ha partido? La incomprensión, y aun incertidumbre de los discípulos después de Pascua, palmariamente indicado por su interrogatorio a Jesús (Hch 1:6), enfoca la presente crisis. Sólo después de Pentecostés, cuando el Espíritu colma a la comunidad (Hch 2:4), es comprendido el estado del Señor resucitado (Hch 2:22-36) . Incluso el testimonio del Bautista sobre ‘la mayor dignidad’ de Jesús medida por el bautismo del Espíritu y fuego en lugar de agua (Lucas 3:16), todavía no se comprende hasta la llegada del Espíritu. Dicho incisivamente, el testimonio del Nuevo Testamento acerca del triunfo de Dios en Cristo está incompleto sin la narración sobre el Espíritu encontrada en Hechos. De hecho, puede bien pensarse que la ausencia de esperanza en la parusía en los discursos de Hechos subraya la importancia fundamental de Pentecostés. La llegada del ‘Día del Señor’ como el grande y manifiesto día de salvación (Hch 2:20-21) ocurre en el Pentecostés del Espíritu en lugar de en la parusía del Señor. Realmente, Hechos concluye y completa el Evangelio sobre Jesús manteniendo la confirmación final y más clara de su continua importancia para el pueblo de Dios.

Relación entre Hechos y las Cartas múltiples

 

La relación intracanónica entre Hechos y las siguientes dos colecciones de cartas son más difíciles de escenificar. Por un lado, la literatura epistolar es genéricamente diferente que la narrativa. Por ejemplo, la lógica más profunda de esta última se mueve desde la experiencia a la conclusión teológica, en lugar de moverse al revés como con frecuencia es el caso en las cartas. Incluso los propósitos y las preocupaciones de los varios autores también son diferentes. Por ejemplo, el retrato de Pablo idealizado por Lucas parece bastante contrario a la propia auto comprensión de aquel. De hecho, mientras Lucas parece saber mucho de Pablo, la historia del mismo que aquel retrata tiene base muy pequeña en las cartas paulinas mismas. No obstante, por otro lado, hay una conexión obvia entre Hechos y las Cartas que la Iglesia siempre ha reconocido: Hechos ofrece a los lectores del Nuevo Testamento una introducción teológica a las cartas siguientes (más que cronológica o histórica).

Por ejemplo, (a) Hch ofrece introducciones biográficas a los autores de las cartas. En el contexto canónico, tales biografías sirven a un propósito teológico orientando a los lectores a la autoridad (religiosa y moral) de los autores apostólicos como los portadores fidedignos de la palabra de Dios. Mientras puede desafiarse la exactitud histórica de la narración de Lucas sobre Pablo y otros líderes del Cristianismo más temprano , sus poderes retóricos y morales sólo confirman y encomiendan la importancia de sus cartas. Incluso la expansión imparable del Cristianismo en el universo gentil, a través de la predicación apostólica que Hechos narra con profundo optimismo, sirve para subrayar el resultado anticipado de leer y abrazar lo que estos mismos agentes de la palabra divina han escrito y ahora es leído como canónico. No es que Hch falle como recurso histórico; más bien, que su narrativa tiene éxito como recurso teológico que orienta la literatura que sigue. En este caso, la intención de Lucas en defender a Pablo y su misión gentil que, sobre todo, forma la segunda mitad de su narración, sirve bien a la intención canónica de introducir sus escrituras como teológicamente normativas.

Además, (b) una lectura de Hechos modela un contexto narrativo dentro del cual se entienden mejor las diversas teologías de ambas colecciones de cartas, Paulinas y de aquellos ‘pilares’ de la misión judía, ‘Jacobo (Santiago), (1-2) Cefas y (1-3) Juan’ (así Gal. 2:9). Hechos retiene y aprueba la diversidad teológica encontrada dentro del testimonio apostólico (cf. Hch 15:1-21). Aunque la discusión moderna ha enfatizado cómo un narrador ‘catolizante’ suaviza las discordancias entre los líderes del Cristianismo primitivo, sin embargo lo que se pasa por alto a menudo tomando este punto, es que la Iglesia eventualmente coleccionó y canonizó un cuerpo Paulino cuyas cartas Principales eran a menudo polémicas y potencialmente divisorias. La pregunta que nunca se plantea es por qué estas cartas eran incluidas en el canon de una Iglesia católica si el objetivo era formar una uniformidad teológica.

¿No podría ser el caso de que el proceso ‘canonizante’ incluía a Hch no para pulir las aristas polémicas de Pablo, como Baur insistió, sino para interpretarlas? ¿Puede que la intención canónica de Hechos sea explicar, en lugar de atemperar la diversidad, aún lo que pudiera dividir, confrontada por esas mismas cartas que lo siguen en el canon del Segundo Testamento? Según Hechos, la Iglesia que exige continuidad con los primeros apóstoles tolera un pluralismo teológico así como los apóstoles mismos hicieron; todavía, no sin controversia y confusión. Lo que se logra en el Sínodo de Jerusalén es un tipo de comprensión teológica en lugar de un consenso teológico. La revelación divina dada a los apóstoles según Hechos forma un monoteísmo pluralista que a su vez informa dos misiones juiciosas y proclamaciones apropiadas, judía y gentil (cf. Gal. 2:7-10) . Así, dicho de modo agudo, Hechos interpreta las dos colecciones de cartas en un modo más sectario: el Corpus Paulino refleja el evangelio de la misión gentil, mientras que la colección no paulina refleja el (los) evangelio(s) de la misión judía. Sin embargo, en lugar de causar división dentro de la Iglesia, tal diversidad teológica se percibe ahora como normativa y necesaria para la obra de un Dios que llama a Judíos y Gentiles a ser el pueblo de Dios. Como contexto para la reflexión teológica, Hechos nos obliga a interpretar las cartas a la luz de dos principios guías: primero, se debe esperar que encontremos diversidad querigmática cuando nos movemos de cartas Paulinas a no Paulinas; y segundo, se debe esperar que tal diversidad sea útil para formar un solo pueblo de Dios. En contra de una hermenéutica crítica que tienda a seleccionar un ‘canon dentro del canon’ de entre varias posibilidades, la propia recomendación de la Biblia es hacia una estrategia interpretativa caracterizada por una mutua información y auto corrección en conversación entre teologías bíblicas.

Finalmente, (c) el compromiso teológico ‘orientador’ de Hch guía la reflexión teológica hacia las cartas. El punto aquí no es que una teología de Hechos determina o aun anticipa las ideas teológicas que se encontrarán en las cartas; más bien, el punto es que Hch conforma una perspectiva particular, una ‘preocupación’ práctica, un interés permanente que influencia la interpretación de las cartas. Por ejemplo, uno puede contender que la preocupación orientadora primaria de Hechos es el avance misionero de la palabra de Dios hasta ‘lo último de la tierra’. Esta preocupación funciona entonces en la reflexión teológica como una manera implícita de pensar y organizar la materia de las cartas que siguen. Si la preocupación orientadora es que el Espíritu ‘empoderó’ a la Iglesia para la sucesión de la misión mesiánica de Jesús, entonces una lectura de las cartas bajo la luz de Hechos traerá a un más agudo enfoque la identidad y la praxis de un pueblo misionero que responde a la demanda del Señor para ser su testigo hasta lo último de la tierra.

Esta encauzada preocupación es incluso verdad para las cartas no Paulinas que no parecen ser escrituras misioneras. Por ejemplo, la comunidad de fe dirigida por las cartas no Paulinas se preocupa típicamente por lo que se refiere a su estado marginal en el mundo en lugar de por lo que se refiere a su vocación misionera. ¿Esta preocupación orientadora proporcionada por Hechos, entonces, ¿cómo ahonda finalmente el entendiendo bastante contrario del pueblo de Dios como una comunidad de ‘forasteros y extraños’? El acercamiento canónico presume que la conexión es complementaria en lugar de adversaria. En este caso, a una Iglesia misionera que puede estar inclinada a acomodarse a la corriente principal del sistema mundano para extender el evangelio más eficazmente (cf. I Cor. 9:12b-23), se le recuerda en el testimonio no Paulino que debe tener cuidado en no ser corrompida por los valores y conductas del mundo fuera de Cristo (cf. Sant 1:27). Es decir, el sinergismo efectuado por la preocupación orientadora sugiere que las teologías diversas que constituyen el canon bíblico completo compone un aparato auto correctivo dinámico que previene al lector de distorsión teológica.

Consecuencias

 

Hechos y Cartas Generales se presentan como parte de la misma colección, y Hechos es colocado entre los Evangelios y el Corpus Paulinum. En el siglo decimosexto, Erasmo de Rotterdam que utilizó testigos textuales bizantinos tardíos para producir la primera edición impresa del Nuevo Testamento griego, siguió esta sucesión. De allí hizo su camino a nuestras ediciones modernas. Aun cuando los editores contemporáneos del texto griego se declaran deudores de la antigua tradición manuscrita alejandrina, sus ediciones todavía reflejan la disposición de los manuscritos bizantinos tardíos.

El Códice P45 Chester Beatty (del tercer siglo) contiene partes de los cuatro Evangelios y de los Hechos. Dos hojas consecutivas que todavía conservan su centro ilustran que cada página había sido plegada individualmente cuando el códice fue encuadernado. Por consiguiente no puede determinarse la sucesión de los escritos. El manuscrito finaliza con Hechos 17:17, y, afortunadamente, el número de la página de esta hoja—199– se conserva.

Según los cálculos del primer editor, Frederic Kenyon, el fin de Hechos habría estado en la página 218. Desde que una hoja plegada constituye cuatro páginas, el número de todas las páginas tenía que ser divisible por cuatro. Kenyon concluye por consiguiente que había dos páginas vacías al final.

En el contexto de la investigación presente es importante notar que P45 no provee evidencia suficiente para afirmar con certeza que este ejemplar contuvo Hechos sin las Cartas Generales.
Con excepción de cinco documentos, puede interpretarse que todos los manuscritos evaluados de los primeros siete siglos son copias de la misma edición. P46 y D 06 (Cartas de Pablo), W 032 (Evangelios), y D 05 (Evangelios, Praxapóstolos) pueden entenderse como reestructuración redaccional deliberada del mismo material. La selección y sucesión de P72 puede explicarse mejor como un ejemplar irregular y singular, que no dejó ningún rastro en la tradición manuscrita posterior.

Todos los otros manuscritos evaluados despliegan los rasgos siguientes: (a) dentro de las Cartas de Pablo presentan a Hebreos siguiendo a 2 Tesalonicenses y precediendo a 1 Timoteo; (b) Hechos se combina con las Cartas Generales para formar el Praxapóstolos; y (c) los Evangelios se dan en esta sucesión: Mateo, Marcos, Lucas, y Juan.

El Evangelio según Lucas y Hechos

 

Hechos 1: 1-2 Lc 1:3. Las Cartas de Pablo mencionan a Marcos y a Lucas en la misma frase en dos ocasiones separadas (Flm 24; 1 Tm 4:11). Para los lectores de la Edición Canónica la proximidad de estos dos nombres no es una sorpresa. El Evangelio de Lucas sigue al de Marcos. Y en la primera frase Lucas indica que conoce otros que habían intentado escribir una narración similar.
La expresión “tal como nos las enseñaron los que desde el principio las vieron con sus ojos y fueron ministros de la palabra” (Lc 1:1-2) indica que estos colegas - como el propio Lucas – no eran testigos oculares. No escribieron de su propia experiencia con Jesús. Porque Mateo y Juan son escritos desde la perspectiva de un testigo ocular, los lectores de la Edición Canónica tendrán que concluir que Lucas se refiere a Marcos. La referencia de Pedro a Marcos en I Pedro corrobora la conclusión de que Marcos es el discípulo de un discípulo.

En ninguna parte en el texto del Evangelio Cuádruple está mencionado el nombre de Lucas. Hechos, sin embargo, se presenta como el segundo libro de Lucas. La primera frase se refiere a Teófilo que es mencionado al principio y a la Ascensión de Jesús que se narra al final del Evangelio de Lucas.

Lc 24:51-53. Los lectores de la Edición Canónica sólo saben de la Ascensión de Jesús de Lucas. Mateo, el final corto del Marcos original, y Juan no mencionan ni la Ascensión ni a Teófilo. La conexión entre los Hechos y el Evangelio de Lucas es obvio, haciendo de Lucas el autor supuesto de Hechos .

El uso de la primera persona del plural en los pasajes llamado ‘nosotros’ en los Hechos implica que el autor es un compañero de Pablo y que informa los eventos específicos de su experiencia personal. Así que los lectores se informan de que el autor de Hechos viajó con Pablo de Troas en Asia Menor a Filipos, en Grecia (Hechos 16:10-17), que lo acompañó desde Filipos a Mileto en Asia Menor (Hechos 20:5-15) y de allí a Jerusalén (Hechos 21:1-18), y finalmente que se quedó con Pablo durante su último largo viaje de Cesarea en Palestina a Roma (Hechos 27:1-28:16).

Aunque los lectores pueden tener un sentido vago de la identidad de Lucas ahora, el nombre Lucas no se mencionó en cualquier parte en el texto de los Evangelios o en los Hechos. Sin embargo, su atención se dirigirá a pasajes que se refieren a Lucas en las Cartas de Pablo.
Estos casos retratan a Lucas al lado de Pablo. Repiten las dos porciones esenciales de información que los lectores aprendieron acerca del autor de Hechos: que su nombre es Lucas y que acompañó a Pablo en sus viajes. Esta identificación se apoya en un comentario en 2 Timoteo. Según los Hechos, Lucas viajó con Pablo a Roma (Hechos 27:14-16). En 2 Timoteo que Pablo escribió desde Roma (2 Tm 1:17), uno de los compañeros de Pablo lo había dejado; “sólo Lucas está conmigo” (2 Tm 4:11a). Las últimas frases de Hechos, leídas sobre el trasfondo de 2 Timoteo, revelan que Lucas, el fiel compañero de Pablo, es el narrador de Hechos.
Estos eslabones son significativos. El nombre de Lucas confunde cuando primero se lo encuentra como parte del flujo del Evangelio. Sólo después de comprender que Hechos es otro libro escrito por Lucas y después de combinar la información de Hechos con las referencias a Lucas en las Cartas de Pablo el lector es capaz de identificar al autor del Tercer Evangelio. En analogía a Marcos, el flujo del “Evangelio según Lucas” conecta las tres unidades mayores de colección del Nuevo Testamento: El Evangelio cuádruple, Praxapóstolos, y las Cartas paulinas.

Cronología relativa

Primero establecemos el orden cronológico de las escrituras respecto una de otra. Entre otras cosas, el Nuevo Testamento despliega un fuerte interés en el conflicto entre Pedro y Pablo. 2 Timoteo y 2 Pedro son presentados como las últimas escrituras de los dos apóstoles y puede comprenderse como un testamento literario. Hechos concluye en Roma, en un momento cuando Pablo todavía está vivo, con estas palabras: “Pablo permaneció dos años enteros allí en una casa alquilada y recibía a todos los que venían a él, proclamando el reino de Dios y enseñando sobre el Señor Jesucristo abiertamente y sin impedimento” (28:30-31). La misma situación se refleja en 2 Timoteo, una carta que Pablo escribe según alega el escrito desde Roma (2 Tm 1:16-17) esperando por su juicio: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado” (2 Tm 4:16). Pablo usa la situación para predicar su evangelio: “Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, para que a través de mí el mensaje pudiera proclamarse totalmente, y todos los gentiles pudieran oírlo. Así fui librado de la boca del león” (2 Tm 4:17).

Porque Lucas escribe sobre la muerte de Esteban (Hechos 7:54–60) y la ejecución de Santiago (Jacobo) de Zebedeo (Hechos 12:2), los lectores de Hechos tienen buena razón para esperar que Lucas informase las muertes de Pedro, Juan de Zebedeo, Jacobo el hermano del Señor, o Pablo, si hubiera sabido de ellos. Desde la perspectiva de un lector parece como si Lucas hubiese terminado Hechos antes que Pedro y Pablo murieran, aproximadamente al mismo tiempo en que 2 Timoteo fuera producida. Jn 21 parece presuponer la muerte de Pedro y Juan; se sigue que Jn 21 fuera escrito algún tiempo después de Hechos.

Desde la perspectiva de los lectores, Hechos ayuda a establecer el orden cronológico de los Evangelios sinópticos. Puesto que Hechos se presenta como el segundo volumen de una obra más amplia, el lector infiere que el Evangelio de Lucas debe ser más antiguo. El pasaje introductorio del Evangelio menciona los esfuerzos literarios más tempranos por parte de otros escritores: “Muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas” (Lc 1:1). Este comentario puede tomarse como referido al evangelio de Marcos que precede a Lucas.
La última redacción de la Edición Canónica demuestra un interés en minimizar el conflicto tan vivamente descrito por Pablo en su Carta a los Gálatas entre las autoridades de Jerusalén y él mismo. De todos los escritos del NT, es Hechos el que más explícitamente despliega esta tendencia armonizante. Esta tendencia es perceptible en el paralelismo entre los relatos de los dos apóstoles y sus compañeros: por ejemplo curaciones (Hch 3:1-10; 14:8-10 etc.), sufrimientos y persecuciones (por ejemplo, 5:40; 7:54-60; 14:19-20; 16:22-23 etc.).

En la estructura de Hechos se ven tales paralelos: primera parte liderazgo de Pedro (1-12); segunda parte liderazgo de Pablo (13-28). El concilio de Jerusalén establece la concordancia entre Pedro y Pablo – también Santiago, y Bernabé.

La situación de Pablo al final de los Hechos se describe de la misma manera como está en 2 Timoteo. Lucas solo está con Pablo cuando espera por el juicio (2 Tm 4:11.16). Esperando una pena de muerte, Pablo escribe a su colaborador: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano”. (2 Tm 4:6).

El fin de Hechos sugiere intensamente a los lectores de la Edición Canónica que Lucas había terminado su libro antes de que Pablo muriera. Por consiguiente, es bastante creíble que Lucas no sabía de la colección ‘canónica’ de las Cartas de Pablo. Éste o no había escrito su última carta todavía o había mandado por correo recientemente su última carta. Lucas no podría haber usado las cartas si habían sido reunidas y publicadas. Los lectores de la Edición Canónica leerán los Hechos y las Cartas de Pablo como fuentes paralelas que describen los mismos eventos, no como documentos que se usan mutuamente. Es el modelo de lectura en que fueron enseñados, al leer la colección de los Evangelios canónicos.

Segunda Conclusión

 

Los papiros encontrados en los últimos 50 años testifican que muy pronto había textos individuales que se coleccionaron, mientras se producía el proceso de recepción. El más antiguo papiro de los Evangelios, el P45 del siglo III, contenía incluso Hch; se puede retrotraer al siglo II, pero no tenía toda la colección neotestamentaria. Al principio, se coleccionaron por partes.

Marción no habría inventado la idea de un Canon sino que cortó el existente, aunque éste no estaría establecido conscientemente sino por la práctica de las lecturas en las iglesias, hecho que disparó la idea de un Canon consciente.

Primero, había cuatro colecciones editadas, sólo después del siglo IV se editó el NT entero. Jn 21:25 sería producto del editor primitivo del tetraevangelio, junto con praxapóstolos y Pablo. Hechos fue colocado donde está, estratégicamente, a fin de darle lectura ‘católica’ a los Evangelios y las cartas paulinas o generales, como también para ordenar los mismos evangelios en forma ‘cronológica’ no tanto en el sentido histórico sino querigmático.

 

Ricardo Pietrantonio

Gutenberg 3167
(1419), Buenos Aires
Argentina

Cf. Robert W. Wall “Canonical Criticism” en Handbook to Exegesis of the New Testament, Stanley E. Porter, (ed.), Brill, Leiden, 1997, 291—312.

Ibidem p. 302-303.

Se ha especulado de quién se trata y no se llega a ninguna conclusión segura cf. Por ejemplo, Jürgen Roloff, Hechos de los Apóstoles, Cristiandad, Madrid, 1984, p. 43, Ernst Haenchen, The Acts of the Apostles, A Commentary, Basil Blackwell, Oxford, 1971, p. 136-37 n.4. Su traducción puede significar ‘el amado (amigo) de Dios’ y por lo tanto creo que es un nombre ejemplar para todos los creyentes cuyo antecedente es Abraham el ‘amigo de Dios’ (Sant 2:23 filos theou eklêthê II Cron 20:7; Is 41:8), en el sentido en que por ejemplo, lo utiliza Pablo en Gal. (3, 4), Rom (4, 4, 11), II Cor (11), o aún Hch. (3, 7, 13), Sant (2), Heb (7, 11), I Ped (3) etc.

Así se dedujo en los siglos 19 y 20, época en que los textos más tempranos de los libros neotestamentarios que poseíamos eran los Códices Unciales del siglo IV, pero el hallazgo de miles de Papiros, que ahora datan aún del siglo II, no sólo ha modificado la investigación de la historia del texto — la crítica textual — sino también la investigación de la historia del Canon, del proceso de recepción. Fue común en la historia de la investigación del proceso de canonización referirse también a las citas de textos neotestamentarios por parte de los Padres de la Iglesia, sobre todo, los llamados Padres apostólicos y aún los Apologistas, para datar por lo menos la utilización temprana de los libros luego llamados canónicos.

Orígenes desconocidos. Harnack data la Epístola entre 93-95; Knopf 95, 96; Kümmel entre 80 y 90.

. Así Alfred Loisy, Les Actes des Apôtres, 1920, 7; y Lucien Cerfaux, ‘Citations scripturaires et tradition textuelle dans le Livre des Actes’, in Aux sources de la Tradition chrétienne. Mélanges offerts à M. Maurice Goguel, 1950,43‑51 citados por E. Haenchen, op.cit. p.4 n.2

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998. La cita de I Clem está tomada de Daniel Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1965.

Orígenes desconocidos. Harnack data las Epístolas entre 110-117, pero su martirio se sitúa luego del 107.

Cf. W. Schmithals (RGG 3 V, 147) quien la data alrededor del 150 (Haenchen piensa que es demasiado tarde) y Jülicher‑Fascher, Einleitung in das NT, 7th ed., 1931, 186 (Trad Ing An Introduction to the New Testament, 1904): alrededor del 115 (según criterio de Haenchen sería un poco más razonable), citados en E. Haenchen, The Acts, op.cit. p.5 n1). Creería que la II Tm. es de finales del siglo I lo que la acerca a Hch.

Algunos sitúan a Bernabé entre 96-98 y otros entre 130-134. 130-131 piensa Harnack; Kümmel pronto luego de 150.

Dice Roloff op.cit. p. 33: Los Hch de los Apóstoles ha llegado hasta nosotros a través de dos tradiciones textuales profundamente discrepantes: en primer lugar, el llamado texto egipcio, cuyos máximos representantes son los códices mayúsculos Vaticano, Sinaítico, Alejandrino, Efrén retocado y los papiros 45 y 74; en segundo lugar, el conocido como “texto occidental”, cuyos exponentes son el códice mayúsculo Bezae Cantabrigiensis, los papiros 38 y 48, las antiguas versiones latinas y una parte de las versiones siríacas. Cf. T. C. Skeat, “Irenaeus and the Four-Gospel Canon”, Novum Testamentum 034 (1992) p.194-199, p.198: el Texto Occidental es en seguida reconocible por el bien sabido llamado “Orden Occidental” (1ª. cara. Hombre. Mateo. 2ª. cara. León. Juan. 3ª. cara. Buey. Lucas. 4ª. cara. Águila. Marcos.) de los Evangelios que a pesar de su nombre se atestan de hecho en el Este y en el Oeste. Parece haber sido un orden primitivo, y no se reemplazó finalmente por el orden canónico presente hasta el tiempo de Jerónimo. Lo más significativo parece haber sido el orden seguido en el manuscrito superviviente más temprano de los Cuatro Evangelios, del 3er siglo papiro códice Chester Beatty de los Evangelios y Hechos.

Harnack data el escrito entre 131 y 160; otros ca. 150. Pero algunos entre 50-70 y ca. 95.

J. Jeremias, ThWb V, 705, líneas 11 ss. (Trad Ingl 707, líneas 15s.)

Id., 698s (Trad Ingl 700s). Tanto J. Jeremias, como otros distinguen lo que corresponde al Antiguo Israel y el Judaísmo del Segundo Templo, llamando al primero primitivo judaísmo y al segundo tardío judaísmo, denominaciones que yo no utilizo porque no corresponden a la realidad histórica.

Fechas propuestas: Harnack (op. cit. 266f.): 110‑140; Dibelius (Hdb. z. NT, Suppl., 423f.): 120‑130, pero en RGG3 II, 1822, entre 120 y 140, de E. Haenchen, op.cit. p.6 n.4. Daniel Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, op.cit. p. 889 ss.

ca. 59-155 según Pedro R. Santidrián, Diccionario breve de pensadores cristianos, Editorial Verbo Divino, Estella, (Navarra), 1991 p. 391. Harnack propone fecha de redacción del escrito entre 110 y 154 mientras que von Campenhausen alrededor del 110.

No es una Epístola, ni es de Clemente, sino una homilía a ser leída en el culto. Las fechas propuestas oscilan entre 130-170 (Harnack) alrededor de 120-150 (Knopf).

Su vida corre entre ca. 60-130 según algunos. Pero las fechas propuestas son: 140-160 (Harnack); Jülicher-Fascher ca. 150.

Nació en Flavia Neápolis (Siquén, Nablus) ca. en los primeros decenios del siglo segundo y fue martirizado en Roma ca. 163-167. Las fechas oscilan entre 150-160 (Harnack).

Cf. Alexander Souter, The Text and Canon of the New Testament, Revised by C.S.C. Williams, Londres: Gerald Duckworth & Co., 1954, 153, 154.

Cf. David Trobisch, The First Edition of the New Testament, Oxford University Press, 2000, Oxford, 24, 26, 28, 34, 38, 39, 57, 59, 76, 86, 95, 99, 103. En p. 34 dice que el título de Hechos, en la Edición Canónica, dice praxeis apostolôn. El término praxeis designa el género literario; apostolôn, sin embargo, designa el carácter central de la narración. Hechos no se conforma al antiguo género literario descrito como praxeis. El término apóstol se usa 27 veces en referencia a los doce, y en sólo una historia 2 veces para Pablo y Bernabé (Hch 14:4 y 14:14). Dos publicadores independientes no habrían de proponer el mismo título. Los títulos de las Cartas Generales también consisten de dos partes. La primera describe las escrituras como epistolai, y muchos manuscritos agregan katholikai: Epístolas generales o católicas. El segundo elemento provee el nombre de los autores, Iakobou, Petrou, Iôannou, Iouda, seguido del número a, b, g en el caso de las Cartas de Pedro y Juan.

130-200. Eltester coloca su obra magna ca. 180.

Cf. Alexander Souter, op. cit, 155, 156.

Cf. E. Haenchen, op.cit. p.9.

Strecker coloca este escrito ca. 180, otros entre 200-230; el texto en Harry Y. Gamble, The New Testament Canon, Its Making and Meaning, Fortress Press, Philadelphia, 1985, Appendix: “The Full Text of the Muratorian Canon List” , pp. 93–95.

Kurt y Barbara Aland, The text of the New Testament: an introduction to the Critical Editions and the theory and practice of Modern Textual Criticism, Translated by Erroll F. Rhodes.-- Grand Rapids: William B. Eerdmans; Leiden: E.J. Brill, 1987, p. 48.

Cf. Ibíd., p. 94, línea 6: ‘asuntos particulares que sucedieron en su presencia’.

Cf. Ibíd., p.94, línea 9.

Cf. Alfred Loisy, Les Actes des Apôtres, Paris, 1920, p. 10, citado por E. Haenchen, op.cit. p. 12.

150-215. Las fechas oscilan entre 180 y 200 según críticos.

E. Haenchen, op.cit. p. 12.

160-225. Se puede datar entre ca. 200-210.

Cf. Alexander Souter, op.cit. p. 159

186-254. Datos quizás entre ca. 220 y 235.

265-340. Fechas probables de sus escritos entre ca. 300-330.

H.E. III, 4,6.

Su parecer proviene de tomar pasin en Lc 1.3 como masculino que le hizo inferir que Lucas fue seguidor de todos los Apóstoles.

347-420, ca. 400.

E. Haenchen, op.cit. p. 13.

Migne P.L. 26,18, tomado de E. Haenchen op.cit. p.13

Cartas de San Jerónimo, edición Bilingüe, Biblioteca de Autores Cristianos, Ed. Daniel Ruiz Bueno, Madrid 1962, I, 20, 4, p.124.

Lib. heb. quaest. in Genes., Migne P. L. 23, 1053B, cf. E. Haenchen op.cit. p. 14.

El texto Koine tomó forma primero en Antioquía, y en otra parte en el Este un manuscrito era escrito para volverse el antepasado del Códice Bezae Cantabrigiensis (D, 05, del quinto siglo). K. y B. Aland, op.cit. p 51.

Cf. Alexander Souter, op.cit. 160, 161.

Cf. J. K. Elliott, “Manuscripts, the Codex and the Canon”, JSNT 63 (1996) 105‑123. p. 105.

Cf. K. y B. Aland, op.cit. p. 49.

Ibidem p. 50

J. K. Elliot, op. cit. pág 107.

J. K. Elliot op. cit. pág 109.

Alexander Souter, op.cit. p. 11

Ibidem.

Alexander Souter, op.cit. p. 12

Cf. Alexander Souter, op.cit. p. 152

Alexander Souter, op.cit. p. 153

Floyd Vivian Filson, Which books belong in the Bible? : A study of the canon, Westminster Press, Philadelphia: 1957, p. 37.

John Knox, Marcion and the New Testament, an Essay in the Early History of the Canon, Chicago : University of Chicago Press, 1942. pp. 32-33.

David Trobisch, op.cit. p. 26

Cf. David Trobisch, op.cit. p.41.

David Trobisch, op.cit. p. 24

Ibidem p. 25

Cf. David Trobisch, op. cit. p 96-98. Lo sigo muy de cerca, aunque lo resumo.

Cf. David Trobisch, op. cit. p.98-103. Resumo su argumento porque me parece correcto.

H. J. M.Milne, , and T. C. Skeat. Scribes and Correctors of the Codex Sinaiticus (Oxford: Oxford University Press, 1938). 12–13, se refiere a Dublin Trin. Coll A.1.8 y minúsculo 700 (no visto). Citado por David Trobisch, op.cit. p. 98 y n.36.

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 306

Cf. R. W. Wall, ‘Acts of the Apostles in Canonical Context’, BTB 18 (1988), pp. 15-23.

P. J. Achtemeier, ‘Epilogue: The New Testament Becomes Normative’, in H. C. Kee, Understanding the New Testament (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 4th edn, 1983), p. 369.

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 306

Sigo al autor Robert W. Wall, op.cit. pp 306-307.

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 307.

Cf. Lucas 9:31 donde en el relato de la Transfiguración Jesús, Moisés y Elías hablan de su ‘partida’ éxodos, es decir, de la asunción de Jesús y 9:51 donde en el inicio del camino final de Jesús a Jerusalén el evangelista afirma que este camino a la crucifixión tiene el propósito de su asunción (analêmpsis).

Cf. esp. M. C. Parsons, The Departure of Jesus in Luke-Acts (JSNTSup, 21; Sheffield: JSOT Press, 1987). Muchos años antes, Paul Schubert, con quien tuve la oportunidad de estudiar en Yale University Divinity School en 1963-64, mostró muy claramente esta relación, ver Paul Schubert, “the Structure and Significance of Luke 24” en Neutestamentlichen Studien für Rudolf Bultmann zu seinem siebzigsten Geburstag am 30. August 1954, Beihefte zur Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft un die Kunde der älteren Kirche, Herausgegeben von Walther Eltester, Beiheft 21, Alfred Töpelmann, Berlin W 35, 1957, pp.165-186.

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 307.

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 307-308.

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo” (2:36).

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 308.

Cf. J. C. Lentz, Jr, Luke’s Portrait of Paul (SNTSMS, 77; Cambridge: Cambridge University Press, 1993).

Ver R. W. Wall, ‘Israel and the Gentile Mission According to Acts and Paul: A Canonical Approach’, in I. H. Marshall (ed.), The Theology of Acts (The Book of Acts in its First Century Setting, 6; Grand Rapids: Eerdmans). Cf. Robert W. Wall, op.cit. p 309 y nota.

Sin embargo, cf. C. J. Hemer, The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History (WUNT, 49; Tübingen: Mohr-Siebeck, 1989).

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 309s.

Cf. Ricardo Pietrantonio, “Para leer I Corintios”, Cuadernos de Teología, xix (2000) p. 59-86.

Cf. Robert W. Wall, op.cit. p. 310.

Ibid. p. 311.

Ibidem.

David Trobisch, op.cit. p. 25

Cf. David Trobisch, op.cit. p. 32s

Cf. David Trobisch, op.cit. p. 34

Cf. David Trobisch, op.cit. p. 49-52.

D. Moody Smith, “When did the Gospels become Scripture? JBL 119/1 (2000) p. 9, dice que la intención de Lucas culmina en el libro de Hechos, cuando se extiende más allá de la narrativa sobre Jesús en la misión de la iglesia que no contradice pero cumple, la esperanza de Israel.

Col 4:14. Lucas, el médico amado [Loukas ho iatros ho agapêtos], y Demas los saludan. 2 Tm 4:11 “Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil en mi ministerio”. Flm 23-24 “Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesus, Marcos, Aristarco, Demas, y Lucas, mis colaboradores [hoi sunergoi mou].

Cf. David Trobisch, op.cit. p. 78-85. Sigo aquí muy de cerca a este investigador.

 
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