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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

ALGUNOS SALMOS DE HOY

Michèle Najlis

 

                     CANTAR

 

                                               I

Ella

 

¿Qué parte de la eternidad se condensó en tu gesto?
¿Qué soles se juntaron para que broten hojas verdes de tus manos?
¿Qué galaxias se mueven en torno de tu plexo incandescente?
¿Qué árboles hicieron las raíces de tus pies?
¿Qué torrentes sagrados penetraron tus venas?
¿Qué aguas bautismales son ésas que brotan de tu sexo?
¿Qué fuegos siderales azotan tus velas temerarias?
¿Qué remotas mareas ondulan tu vientre incontenible?
¿Qué vientos cardinales se agitan en tu boca
cuando el Verbo se hace carne y habita entre nosotros?

 

                                              II

De pronto nos separa el canto de los gallos.
Busco tu cuerpo a tientas
y mis manos no te encuentran reposando junto a mí.
El alto firmamento constelado, las aguas del océano
el ígneo centro de la tierra, las fieras de la selva nos separan.
Busco tu nombre en las constelaciones cuyos signos
me enseñaste a descifrar:
 “Éstas son las estrellas de tu cielo
 -me decías, con mi mano en la tuya-
 sobre esta tierra se juntan dos cúpulas celestes:
 aquí la Osa Mayor, allá la Cruz del Sur,
 ésta es el alfa del Centauro”.

¡Me enseñaste a ponerle nombre al Universo,
a hablar con el sol, la luna y las estrellas!
Ahora temo los cántaros del Aguador
la ambigüedad de los Gemelos
la fría soledad de Aries,
las horribles tenazas del áspero Cangrejo
la inteligencia agudísima de Virgo
la exultante belleza de Venus sosteniendo el fiel de la balanza
la violencia de Escorpión que cruzará mi cielo inevitable.

¿Qué es el universo, Amado,
qué son el sol, la luna, las estrellas, el alto firmamento,
los peces del océano, las fieras de los bosques
y hasta las bestias apacibles de los campos
si tus brazos no rodean mi cintura
si tus ojos no coronan de gloria mi cabeza
si tus manos no adornan mis pechos con guirnaldas de flores
si no unges mi frente con el óleo santo de tu amor?

Mis hermanas se apartarán de mí
cuando corra enloquecida por montes y cañadas
buscando a mi Señor.
Lanzarán mis enemigos piedras agudas contra mi sexo y mi cabeza
cuando el sol alumbre mis ojos extraviados
y camine sin rumbo por las ruinas de mi ciudad.

Pero aún abandonada, enloquecida, jadeante, perseguida,
con el último aliento quizá
alabarán mis labios el nombre de la Vida
bendecirá mi boca el nombre del Amor.

 

                                             III

El

¿Por qué, amada mía, hermana, esposa, compañera
no reconoces tu nombre en las estrellas
si lo escribí con flores sembradas con mis manos
y las regué con el agua pura del arroyo que nace
apacible, entre las bestias del campo?

¿Por qué, esposa mía, te arrancas los cabellos
si tu cabeza erguida es la gloria de mi amor?

¿Por qué no reconoces tu cuerpo en la galaxia
si fui a buscar el fuego en el ígneo vientre de la Tierra
para que la Vida tenga el brillo de tus ojos?

¿Por qué no sientes mi amor en el árido viento
que azota las ruinas de tu ciudad herida
si en ellas puse el aliento enardecido de mi boca?

¿Por qué temes que las fieras nos separen
si en su sangre he puesto el ritmo de la mía?

 

                                             IV

Ella

 

En el agua del arroyo reconozco el sonido de tu voz

en las altas estrellas bendigo el enigma y la cifra que lo explica.

La cúpula celeste corona de gloria mi cabeza con tu amor.
Escudo que protege mi cuerpo es el áspero viento de mi ciudad
porque tu boca pronuncia en él mi nombre
y el clamor de mi pueblo sube por él al firmamento.
En la tierra que sostiene mis pasos inseguros
bendigo el nombre de mi Amado, fortaleza de mi vientre
rosa de los vientos en mi sexo,
flores recién nacidas en mis pechos
luz eterna en lo alto de mi frente.

Alabemos, hermanas mías, a mi Amado.
Himnos cantemos en su nombre.
Porque me enseñó la cifra del Enigma
el nombre de los astros
las voces de la tierra
los signos de los vientos.
Oyó mi nombre cuando gemía desolada
tendió su mano y me mostró la gloria
del universo entero.

Bendigamos, hermanas mías, el nombre de mi Señor
cuya frente se yergue en lo alto de los montes
e ilumina valles y cañadas.

 

SALMO 151

 

Por encima del trueno grito el nombre de mi Amado

por encima del rayo y de las nubes.

Sobre las aguas tranquilas digo su nombre
y sobre las tempestades.

Junto al arroyo que desciende, cristalino, de los montes,
debajo de la tierra, al pie de la semilla.

Muy cerca del abismo
sumergida en el llanto, ahogada en tristeza
sepultado mi cuerpo en las tinieblas
mis labios repetirán el nombre de mi Amado.

Me tenderá su mano y tomará mi diestra,
me brindará sus besos, me llevará a su alcoba
llenará de gozo mi corazón y alegrará mis labios.

Cada mañana, como las aves, cantaré Su nombre,
con el dulce laúd alabaré su gloria por los siglos.

 

 

SALMO 152

Fragmentos todos de mi cuero, bendecid al Señor

                                    ensalzadlo con himnos por los siglos.

Altas olas de mi sexo, hondos mares de mi vientre
                                    bendecid al Señor.

Fuego de mi fuego, carne de mi carne
                                    bendecid al Señor.

Manos que acarician el aire, boca que besa el sonido de tu voz
                                                            bendecid al Señor.

Leves pies que danzan embriagados de Vida
                                                            bendecid al Señor.

Ojos que descubren el sol cada mañana
                                                            bendecid al Señor.

Oídos que escuchan jubilosos el canto de las aves
                                                            bendecid al Señor.

Torre de mi cuello, aroma de mi cálido lecho
                                                            bendecid al Señor.

Tálamo nupcial, perfume de alabastro
                                                            bendecid al Señor.

Semillas, hojas, frutas, que alimentan mi cuerpo
                                                            bendecid al Señor.

Flores que coronan mi cabeza
                                                            bendecid al Señor.

Agua de los ríos que sustentan mi sangre
                                                            bendecid al Señor.

Viento que rodea mi cintura
bálsamo sagrado que acaricia mis pechos
                                                            bendecid al Señor.

Alvéolos y bronquios, vientos y tempestades
                                                            bendecid al Señor.

Bendigan mis neuronas al Señor
alaben mis palabras a la Vida.

Cumbres de mis pechos, bendecid al Señor
                        valles y ríos de mis venas, bendecid al Señor.

Hijos de mi vientre, bendecid al Señor.
                        Mujeres de mi pueblo, bendecid al Señor.

Patricia, Ximena, Vidaluz, bendecid al Señor
                                    ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en bóveda pura de mi vientre
                        alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Michèle Najlis

 

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.