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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

AMOR QUE UNE VIDA Y ORACIÓN

Salmos y liturgia

Marcelo Barros

Resumen

La comprensión más profunda de los salmos, exige cultura bíblica, puesto que, ellos, contienen elementos de diversos períodos de la historia del pueblo de Israel. Algunos salmos nacieron ligados a los santuarios y después fueron llevados hacia el templo. La oración de los salmos, supone la espiritualidad de la alianza, de un Dios comprometido con su pueblo. Es importante que cada grupo o comunidad, conozca el uso litúrgico que las comunidades judaicas y cristianas hicieron de los salmos, para continuar actualizándolos, para nuestros días.

Abstract

The deepest understanding of the psalms requires biblical culture, because they contain elements from different periods of the history of the people of Israel. Some psalms had their origin in the local shrines and were later taken  to the temple. The spirituality of the covenant and of a God who is committed to his people is inherent to the prayer of the psalms. It’s important that each group or community should know about the liturgical use that the Jewish and Christian communities made of the psalms, so as to continue making them relevant and meaningful to our times.

 

Una de las características de las comunidades cristianas populares, en los diversos países de América Latina, es el fuerte amor a la Biblia. Uno de los libros más usados por los grupos cristianos es el de los Salmos. Varias personas explican el porqué de esta preferencia: “La gente escucha la Biblia. Los salmos, la gente los canta”.

A pesar de eso, parece que los Salmos bíblicos aún no han penetrado en la sensibilidad litúrgica de la mayoría de las comunidades cristianas. Entre las Iglesias evangélicas, cada uno tiene su salterio; Muchos de sus himnos encontraron su inspiración en los textos bíblicos y no raramente en los salmos, pero las comunidades casi no usan propiamente los Salmos como cánticos. En la Iglesia Católica, a pesar de los esfuerzos del movimiento bíblico y de que varios de los salmos están traducidos en lenguaje popular y con música de sensibilidad actual, la mayoría de los grupos prefiere cantar himnos de inspiración más bien devocional. Quien investigue los diversos cancioneros litúrgicos existentes en las diócesis católicas y evangélicas en América Latina puede constatar que entre los cantos más queridos y usados por las comunidades, hay pocos salmos. ¿Por qué? ¿Por qué las masas católicas, lo mismo que las comunidades evangélicas, parece que prefieren cantar himnos de contendido teológico y espiritual superficiales y otras veces hasta dudosos, y no se interesan tanto por los Salmos de la Biblia?

Es urgente profundizar la relación fecunda entre los Salmos de la Biblia y la Liturgia de las sinagogas en el judaísmo y de las iglesias en el cristianismo. Hace miles de años que las comunidades judías y cristianas hacen de los salmos un elemento importante del culto. Hasta hoy, la mayoría de los cristianos se familiarizan con los salmos de la Biblia. En ese sentido, quien no tiene ocasión para profundizar en la lectura de los Evangelios o algún otro libro bíblico, cuando tiene la oportunidad de escuchar los salmos, repetidamente cantados en la liturgia, comienza a conocerlos y amarlos. Escribo estas páginas a partir de mi propia experiencia de cristiano y de monje benedictino que hace 25 años vive en una comunidad monástica, insertada en medio del pueblo más pobre, acompañando la Pastoral de la Tierra y asesorando cursos bíblicos. Durante años participé del equipo que dirigió y publicó el “Oficio Divino de las Comunidades”, experiencia de inculturación de la Liturgia de las Horas, pensada para el Pueblo de Dios y basada en el canto y meditación de los salmos. Quiero compartir con ustedes una reflexión sobre cómo la Liturgia se mezcla en la propia letra y textura de los salmos y cómo, a su vez, los salmos influencian la oración judía y cristiana. Pienso en la liturgia judía de las sinagogas, a partir de la experiencia que tuve algunas veces de participar en el culto del Shabbat y también de la investigación sobre el tema hecha en libros y artículos que cito al final del texto. Hago esta referencia al culto judío, con conciencia de que conozco menos de lo que me gustaría. Pero, sé que el culto en la sinagoga es el origen de muchos salmos y no hay como comprender los salmos, desconociendo su raíz judía. Hago esto también por una opción de fe y espiritualidad: No deberíamos estudiar un asunto bíblico o de fe sin cuidar de esta dimensión ecuménica o macro-ecuménica.

 

  1. La liturgia, cuna de los Salmos

Hasta hoy, en nuestras Biblias, figuran los títulos hebreos de los salmos. No corresponden a las indicaciones históricas exactas, pero testimonian como las antiguas comunidades del Pueblo de Dios veían los salmos. La mayoría de estos títulos aluden instrumentos de música, a fiestas, a entradas en el templo, a procesiones y sacrificios. Muchos salmos se refieren a David y otros a los levitas y cantores del templo, como los hijos de Coré y de Asaf. Estas indicaciones muestran que el libro de los salmos puede ser comparado mejor con nuestros libros de canciones en las iglesias, que con una colección de oraciones individuales.

Ya a mitad del siglo XX, Sigmund Mowinkel defendía el principio de que la raíz de los salmos era el culto. Contra algunos que argumentaban que los salmos eran expresión de oración individual, él contestaba que una religión interior sin culto “es una falsa concepción de religión y de culto”. De hecho, la cultura judía es esencialmente comunitaria y práctica y no tanto mística e interiorizada. Mowinkel descubrió por detrás de muchos salmos “la fiesta anual de entronización del Señor”. Pero como nunca se probó esta tesis y en ningún lugar de la Biblia se encontró trazo de tal festividad, esta teoría fue, casi unánimemente, rechazada; sin embargo, la mayor parte de sus interpretaciones rituales de los salmos fue acogida.

En el Israel del Antiguo Testamento, había dos tipos de culto. Uno era vivido en las pequeñas aldeas del interior y en santuarios locales; era más doméstico y familiar y más ligado a las tradiciones cananeas de su cultura. El otro era el culto oficial en el templo de Jerusalén, dirigido por sacerdotes y levitas y estaba más ligado al sacrificio de animales, y en las fiestas y grandes acontecimientos del año, reunía a todo el pueblo.

Ciertamente, los salmos individuales nacen ligados a los santuarios del interior y los de alabanza colectiva en el templo. Sin duda, la oración individual fue asumida, poco a poco, como oración litúrgica de la comunidad. Autores como Marina Mannati llama de “revestimiento” al salmo 6, que originalmente era la oración de un hombre doliente, tal vez leproso. Por medio del salmo, la persona pide alivio a Dios, socorro para sus dolores y perdón para sus culpas. Más tarde, el pueblo vio en la figura del pobre doliente, retratada en el salmo 6, la imagen de todo Israel que se sentía, en aquel momento, oprimido y dolido como pueblo. Entonces, el Yo del salmo se transforma en el un Yo colectivo. El pueblo “revistió” la piel del doliente transcrita en el salmo. Esto no impedía, ni impide que el creyente individual rece y se identifique con los salmos. El salmista pide prestada la palabra de un individuo para expresar la oración de la comunidad y, otras veces, presta la voz de la comunidad para servir de oración personal a alguien.

Percibiendo eso, podríamos ya lanzar una conclusión sobre la profunda influencia del salmo en la liturgia judeo-cristiana. El salmo crea una especie de “estilo litúrgico de orar”. Nos enseña a orar muy ligados a la historia, a la vida concreta y en una relación que nunca es apenas “Dios y yo” y esto, aunque la forma del salmo sea individual. La relación creada por los salmos es siempre de tres: el salmista, la comunidad de la alianza y Dios.

En la Biblia, posiblemente los salmos de súplica individual y las lamentaciones nacerán y se desenvolverán más en el ambiente de culto doméstico del interior. En cuanto los otros salmos (de alabanza, acción de gracias, y procesiones rituales) parecen más vinculados a las liturgias oficiales en el templo de Jerusalén .

Del modo como están en nuestra Biblias, el libro de los salmos reúne varias colecciones de oraciones, cantos y poemas que tiene su última redacción posiblemente en el siglo III antes de nuestra era. Pudo haber servido como “libro de oración del segundo Templo”, o sea, del templo de Jerusalén después de la vuelta del cautiverio y de la reconstrucción . En tanto, es claro que en la diáspora, los salmos se tornaron en pieza clave del culto en las sinagogas. El salmo 40 expresa esta mudanza en la línea de espiritualidad:

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas (en el templo).
Lo dijiste y penetró en mis oídos.
No pides holocausto expiatorio.
Entonces yo digo: “Aquí estoy”
Como está escrito de mí en el libro-
“para hacer tu voluntad”.
Dios mío, yo quiero tu ley
dentro de mis entrañas”... (Sal 40, 7-8)

 

  1. El uso litúrgico de los Salmos

En la historia de las Iglesias, infelizmente, hay un divorcio entre el estudio intelectual y exegético y la práctica litúrgica. Mientras que la tradición cristiana siempre ha realzado el principio teológico: ”lex orandi, lex credendi”, es decir: el modo como se reza revela aquello en lo que se cree. Así, aprendemos que a mayor conocimiento del uso litúrgico que las comunidades judías y cristianas hacen de los salmos, mejor comprensión de la naturaleza y sentido de cada salmo.

En el templo de Salomón, se hacían tres grandes fiestas anuales; el pueblo venía en grandes peregrinaciones para participar en ellas; Allí ofrecía sacrificios y ciertamente cantaba salmos. Pero no tenemos indicaciones –a no ser ocasionales- sobre qué salmos eran usados en tal fiesta litúrgica. Más tarde, después del cautiverio de Babilonia y en tiempos de la dominación persa (538-333 a.C.), la liturgia del templo restaurado se volvió el centro de la vida de fe del pueblo de Dios que necesitaba garantizar su identidad cultural y religiosa. La Biblia elude a la organización de un grupo grande de levitas, cantores encargados de los cultos. Sin duda, el canto de los salmos se tornó otra vez importante. Hasta hoy, en nuestras Biblias, el salmo 30 tiene como título “Canto para la dedicación del templo”. El salmo 92 es titulado por la Biblia como “canto para el día sábado”. Una tradición rabínica relaciona el salmo 29 con el último día de la fiesta de las Tiendas . Además, conforme al Talmud (Mishna Pesahim V,7), en el momento en que en el templo se celebraba la fiesta de Pascua y se ofrecía el sacrificio pascual, los cantores cantaban el Halel o alabanza de Pascua (del salmo 113 al 118). También hacía parte de la tradición judía que, durante la fiesta de Sukkot (de las Tiendas), los levitas subieran las quince gradas o etapas que separaban el atrio propio de las mujeres del atrio de los hombres, cantando los salmos 120 al 124; Salmos llamados Chir Hamaalot o como se dice hoy, “salmos de subida de gradas” (Cf. Mishna – Souka V, 4).

Conforme a la mayoría de exegetas, nuestro salterio actual fue confeccionado para servir de cancionero del segundo templo. Allí, se reunieron diversos salmos que procedían de épocas distintas y que habían sido cantados en un determinado acontecimiento de la vida y la tradición del pueblo de Dios.

De acuerdo con el Talmud (Mishna Talmid VII, 34), al final de cada servicio cotidiano, los levitas cantaban un salmo. Para algunos casos u ocasiones, hasta hoy, sabemos que los salmos eran cantados por los levitas, cada día o en cada oficio.

La propia Biblia contiene indicaciones al respecto. Así, más de cinco siglos después de los acontecimientos, el libro de los Números cuenta que cuando el pueblo de Dios conquistó la tierra, agradeció a Dios cantando el salmo 68 (Cf. Num 10,35). Del mismo modo, otra tradición, igualmente tardía, une los salmos 132 y 136 en la ceremonia litúrgica de traspaso del arca y la dedicación del templo de Salomón (Cf. 2Cr 6, 40-42; 7,3)

Crüsemann distingue himnos en imperativo e himnos en participio. El himno en participio se encuentra, en parte, en los libros proféticos, sea como género de estilo profético, sea bajo la forma de interpolación. También podemos encontrarlo en el libro de Job. El tema es siempre las maravillas de Dios en su creación, es decir el dominio sobre los fenómenos naturales, la forma cómo Él guía el destino de los seres humanos. El estilo y el tema de este género son comunes en todo el Oriente. Es muy posible que este tipo de himno haya sido importante en Israel antes el exilio .

En América Latina damos mucha importancia a la historia concreta del pueblo al que este salmo se refiere. Queremos detectar en los salmos los vestigios de diversas épocas de la historia del pueblo y ver en ellas cómo el salmo une historia y oración, cultura del pueblo y revelación de Dios. No es posible garantizar que determinado salmo pertenece a tal época y esto ocurre porque un elemento constante en los Salmos es la cierta capacidad para ir recibiendo añadiduras y actualizaciones. Estos elementos nuevos los ligan, no apenas con una época, sino con diversidad de épocas. Ahora bien, esta capacidad que tiene el salmo de ser actualizado o retomado (algunos autores llaman a esto “repetibilidad”) no significa que esté menos embuido en la historia. Y podemos siempre partir de lo que parece ser el núcleo principal del salmo, o el punto de partida en el cual algún vestigio de determinada época es más visible. Por ejemplo, del tiempo del cautiverio en Babilonia tenemos las grandes lamentaciones del pueblo, por la destrucción del templo y por el destierro de la mayoría del pueblo. También en esta época o circunstancia, se da la reformulación y añadidos de la mayor parte de los salmos. Lo que parece del cautiverio en Babilonia, pudo ser tomado del centro del salmo 102 (principalmente de los v. 14-23); los salmos 69, 70, 42, 43 y 137 expresan las quejas del pueblo de Dios en la opresión. Del regreso del cautiverio y en tiempos de restauración, tenemos los salmos 62, 85 y los salmos escatológicos como el 95, 96, 97, 98, 102, 113, 116 y otros.

  1. Teología litúrgica de los salmos

 

Más o menos en la época en que el pueblo de Israel va sintetizando y organizando el Libro de los Salmos (siglo III antes de nuestra era) también se va profundizando más y más una teología que acabó siendo fundamental para releer todos los grandes textos bíblicos: la teología de la Alianza, entendida como un horizonte de compromiso con Dios, como un matrimonio de intimidad y amor.

Esta teología o perspectiva de la Alianza da un lenguaje propio a los salmos, a través de toda la liturgia. Es una expresión de vínculo amoroso que no siente a Dios distante. Él es el Dios que se sienta entre los querubines del arca (Sal 80), que está siempre presto a perdonar y es lento para enojarse (Sal 86) y que, de tal forma está con nosotros que “aunque mis propios padres me abandonasen, el Señor está siempre conmigo” (Sal 27).

Tal vez la expresión que más aparece en los salmos es la apelación a la salvación. Ya en el salmo 3 el término “salvación” es expresado con la forma poética jesu´atah, “expresión rara, presente sólo en el salmo 80, 3 y en Jonás 2, 10, pero cuyo contenido recorre todo el salterio”.

“Tú eres el Dios de nuestra salvación” no es exactamente sinónimo de “Dios de nuestro socorro”. El grito “Sálvame”, significa más que un simple grito de socorro. El vocabulario bíblico de salvación supone el clima de la alianza. Decir “Sálvame”, “Tú eres el Dios de nuestra salvación” significa decir: “Cumple tu promesa. Recuerda que yo te pertenezco. Tú tienes un compromiso conmigo y con nosotros”

La salvación es la responsabilidad de Dios con relación a la Alianza. En la cultura judía antigua Dios es Go-el, el pariente más próximo, responsable de exigir justicia para su pariente frágil; aquel que, según la ley, tenía derecho a cobrar con sangre el asesinato de su hijo, hija, padre o madre. En el caso de Dios, la salvación revela que Dios realiza lo que Él prometió y es fiel a la alianza que hace con su pueblo. Quien canta los salmos que invocan salvación sabe que puede cantarlos porque tiene derecho a invocar la promesa de Dios. Hace eso, como quien cobra una deuda a alguien íntimo. Conforme esa visión, sólo quien está dentro de la relación de Alianza puede decir “Sálvame” y sólo Dios puede salvar al pueblo de la alianza . San Agustín explica: “ninguno puede decir a Dios: ”Devuélvenos lo que te dimos”, porque nunca damos nada a Dios. Pero siempre podemos decir: “Danos lo que tú nos prometiste”, porque por su promesa, Dios nunca dejará de protegernos y salvarnos” (Comentario al salmo 36).

Es esta conciencia de Alianza la que hace que los salmos puedan hablar de Dios y con Dios sin ningún maquillaje. En los salmos, quien ora expresa alegría y confianza, como también desahoga palabras de miedo, angustia, rabia y deseo de venganza. El salmo no nos enseña eso, es la vida la que nos trae estos sentimientos y emociones. Pero el salmo no los niega, ni los condena, sólo nos presenta a Dios en nuestra realidad desnuda y difícil, para que Él nos cure y nos salve.

La Teología de la Alianza es un camino de diálogo y reconciliación. Un buen ejemplo para nuestra liturgia radica en el hecho de que los salmos asumen profundamente la cultura de la sociedad envolvente, lo mismo que los desafíos ecuménicos. En una cultura que favorecía el sincretismo y la idolatría, como era la del antiguo Oriente Medio, encontramos en el salterio himnos que fueron, en principio, cantos cananeos al dios sol (Sal 19 a) y otras oraciones provenientes de otras religiones. Como estos himnos eran primitivamente piezas de una religión de la naturaleza, los salmos tienen un contenido intensamente cósmico y ecológico.

 En una alocución de la cuarta feria, el Papa comenta: “ El salmista llama a todas las criaturas por su nombre. Este salmo refiere a 22 criaturas del cielo y la tierra, lo que coincide con la totalidad de las letras del alfabeto hebreo, como para indicar la plenitud y la totalidad. En el salmo aparece la idea de asumir al fiel como “pastor del ser”, esto es, alguien que conduce todos los seres a Dios, convidándolos a un aleluya de alabanza. El salmo nos introduce como en un templo cósmico que tiene como bóveda el cielo y a las regiones del mundo como los nervios. En este templo, él canta el canto de las criaturas. El Génesis coloca el paraíso al inicio mismo del mundo, en tanto que Isaías 11 y Apocalipsis 21-22 lo ponen al final de la historia. Conforme al salmo, la armonía del ser humano con Dios, con su semejante y con el universo es el proyecto de su Creador.

San Gregorio de Niza comentaba: “Dios hace al hombre de tal forma que él pueda ejercer su función de rey sobre la tierra, siendo imagen del que realmente gobierna el universo” (De hominibus opificio, 4: PG 44, 136).

En el salmo no se habla tanto de una “ecología física”, sino más bien de una “ecología humana” que hace más digna la vida de las criaturas y prepara para las generaciones futuras un medio ambiente que se aproxime más al proyecto divino.

El papa concluye su meditación citando al pensador judío Martín Buber: “¡Por todas partes que voy, Tú! ¡Por todas partes donde me paro, Tú! Donde me volteo, Tú. En todo lo que admiro, Tú. ¡Sólo Tú, también Tú, siempre Tú!” .

  1. En la liturgia de las sinagogas

 

“El Sidur, libro que fija el orden de las oraciones, tanto en la sinagoga como en la familia, desempeña una función especial en la vida de fe del judaísmo. Más de la mitad del Sidur, está compuesto por textos de los salmos”. Los cantos del Sidur son, algunas veces, salmos enteros y en otros, versículos o simplemente composiciones inspiradas en salmos.
Tradicionalmente, el judaísmo ha tenido tres oficios diarios: el de la mañana, el de la tarde y el del mediodía. Esta costumbre se basa en el salmo que dice: “Por la tarde, la mañana y el medio día, gimo y oro y Él oye mi voz” (Sal 55,18).

La oración de la mañana (Chaharit), que los rabinos antiguos comparaban con la escalera de Jacob, tenía dos partes o dos grados. El segundo grado, que la tradición llama de Pessouké de Zimra, consta de versículos de salmos y cánticos.

Los principales salmos orados íntegramente en este oficio son:

  1. El salmo 100, Mizmor lê-todah que, conforme a la tradición, profetiza que en los días del Mesías serán anulados todos los pedidos y súplicas y solo restará la acción de gracias.
  2. El salmo 145 –llamado Ashré, “feliz”. Es el único salmo cuyo título es Tehillah le David (alabanza de David). El Talmud dice que quien medita esta palabra y se impregna de este salmo, percibe en este mundo la verdadera felicidad.
  3. Los salmos 146 al 150, que marcan el final del salterio y se caracterizan por el aleluya y la esperanza que cierra el salterio: “todo ser que vive, bendice al Señor”.

 

En el Shabbat, durante el oficio de la sexta (la noche), después del himno Lecha Dodi que canta la bienvenida al sábado como novia de Israel, se canta los salmos reales (Sal 95-98; 92-93) y luego se completan en la mañana del sábado con los salmos 19 y 136 .

No es el objetivo de estas páginas describir en detalle los salmos de cada oficio judío, sino mostrar que algunas de estas intuiciones muy antiguas, continúan presentes en la tradición cristiana, que canta el salmo 92 en la mañana del sábado, exactamente como en la sinagoga, o el salmo 19a; El salmo 3 como primer salmo del oficio de la mañana en los días comunes y el salmo 4 como oración de la noche (actual oficio de Completas de la Liturgia de las Horas) y así por el estilo.

Es desde este uso frecuente que los salmos pasarán a ser oración privilegiada de las comunidades judías y cristianas más piadosas.

  1. En la tradición de las Iglesias antiguas

 

La segunda generación cristiana, responsable de los textos del Nuevo Testamento, heredó de las comunidades judías el sentido de importancia del salterio que ellos veían al lado de la ley y de los profetas. Conforme esta visión, Jesús resucitado muestra a los discípulos en Jerusalén “todo lo que estaba escrito sobre Él, en la ley, en los profetas y en los salmos” (Lc 24, 44).

En los Hechos de los apóstoles, toda los argumentos de Pedro y Pablo para anunciar la resurrección se inserta en el comentario de los salmos, por ejemplo los salmos 2, 16 y 110 (Cf. Hch 3, 25-28; 3, 34; 13, 33ss). Conforme el mismo libro de los Hechos, al ser liberados de la prisión, Pedro y Juan reúnen a la comunidad para orar y agradecer. La oración que hacen es el salmo 2 como aplicación a lo que estaban viviendo (Cf. Hch 4, 24-30).

No tenemos indicaciones de rituales o esquemas litúrgicos en los primeros siglos. No sabemos exactamente cómo eran usados los salmos en los cultos cristianos, sin embargo hay indicios de que, pese a la fuerte polémica entre Iglesias y sinagogas a partir de los años 80, los cristianos seguían con las costumbres de la piedad judía de hacer oración tres veces al día. En estas oraciones, probablemente el canto de los salmos tenía un papel importante, sino ¿cómo explicar que el Salterio es, de todos los libros del primer testamento, el más citado en todos los textos neotestamentarios?

Las cartas deutero-paulinas aconsejan a las comunidades: “Llénense del Espíritu Santo, recitando salmos, himnos y cánticos espirituales” (Ef 5, 19). “Con el corazón agradecido, canten a Dios salmos, himnos y cánticos inspirados” (Col 3, 16). Es posible que estos textos se refieran a “salmos nuevos, cánticos inspirados en las costumbres cristianas”, pero el sólo hecho de llamarlos salmos revela una familiaridad con los salmos judíos.

Las primeras indicaciones de salmos en los cultos de las diversas Iglesias se encuentran hacia el siglo IV, tanto en la Iglesia de Jerusalén, como en la de Alejandría y en la Occidente. “Es necesario esperar hasta el siglo IV para ver la costumbre de las oraciones familiares tres veces al día, volverse oración de la comunidad. Eso lo testimonia el libro “Constituciones apostólicas” y varios escritos de Juan Crisóstomo en Constantinopla. El libro “La peregrinación de Eteria” cuenta que en Jerusalén, los ascetas y personas del pueblo se reunían cuatro veces al día, en el Santo Sepulcro, y cantaban salmos en dos coros, alternadamente .

San Agustín decía: “Psalterium meum, gaudium meum”, “mi salterio, mi alegría” . En el círculo de las santas mujeres ligadas a San Juan Crisóstomo y a San Jerónimo, Paula y Eustoquia relatan a su amiga Marcela lo que acontecía en Belén: “Aparte de la oración de los salmos, todo es silencio. Por donde quiera que miras: el labrador, guiando su arado, canta el Aleluya; El que cosecha, suaviza el sudor y el cansancio con los salmos; el viñador, cuando poda su viña, canta alguno de los salmos. Los salmos son los cantos de amor que se cantan en esta región, éste es el ruido de los pastores, ésta es el arma de su cultura”

Cassiano decía que entre los monjes de Oriente, “cada uno realiza su trabajo, recitando de memoria un salmo u otro pasaje orante de la Escritura” .

Desde siglos antiguos, las Iglesias repartirán los salmos entre las diversas horas de oración del día, y las celebraciones constaban principalmente de salmos. En la liturgia romana, antes del siglo IX, el Misal Romano sólo tenía como cánticos los salmos.

Después de siglos de rigidez, la Liturgia Romana se reformó y entre los elementos que ganaron realce estaba la oración de los salmos, ahora más accesibles para el pueblo de Dios.

  1. Desafíos actuales para la oración de los salmos en la liturgia

 

Al iniciar esta reflexión, nos dimos cuenta que las comunidades parroquiales (católicas y evangélicas) tienen cierta dificultad para hacer de los salmos un sustento importante en sus cultos. Tal vez, después de la reflexión aquí iniciada, podamos adelantar una conclusión. Por un lado, no creo solución una propuesta pastoral que irrespete la sensibilidad o el gusto de la comunidad local. Si a la comunidad no le gusta cantar un determinado tipo de melodía, es más correcto partir del principio de que la melodía debe adaptarse a la comunidad y no la forma de ser de la comunidad a la melodía que queremos. Por otro lado, hay aspectos del problema que van más allá de lo dicho: dijimos que la oración de los salmos supone una “espiritualidad de la alianza” y expresa una forma de orar ligada a la vida concreta. Es claro que las comunidades cristianas, en nuestras ciudades, viven profundamente esta alianza con Dios y quieren unir la oración a la realidad en que viven. Pero, ¿Será que consiguen expresar eso o, a pesar de vivir la alianza, tienen dificultad para expresarla?

En la vida de oración, la aproximación a los salmos acontece como cuando se entra en una sala oscura. Al inicio no se ve nada y sólo después de que los ojos se habitúan, los objetos comienzan a tomar forma y aquello que era simple oscuridad pasa a ser un lugar de paz. No es un proceso simple ni inmediato, encontrar en los salmos una palabra actualizada de oración y profecía. El contexto vital de la mayoría de los salmos pertenece a un mundo que no es el nuestro. Los salmos suponen una cultura bíblica que nosotros no tenemos, y una sensibilidad y visión teológica que pertenecen a otras épocas. Hoy, el cristiano no puede tener la Torá como sustento de su vida, como lo enseña el salmo 1. Hay algunos salmos que hablan del ritual de coronación de reyes o de casamientos reales (Sal 2, 21, 45, 110 y otros) ¿Cómo pueden hoy, estos salmos, hablar a nuestro corazón? Ya no existe más el tribunal del templo, ambiente del cual hablan los salmos 3 y 4. Ninguno de nosotros presenta ofrendas matutinas, sacrificando ovejas, ¿Qué sentido tendría orar el salmo 5? El salmo 51 insistentemente dice: “Yo nací de la iniquidad, mi madre me concibió en el pecado”. Algunos versos insisten en estas imágenes que hoy podrían ser interpretadas como promotoras de auto-desprecio o en un negativo complejo de culpa. ¿Cómo traducir correctamente la confesión de franqueza y alegría de ser perdonados?

¿Cuántos de nosotros nos identificamos con las imágenes de un Dios justiciero y vengador que aparecen en algunos salmos? El salmo 144 es un antiguo himno de guerra. El salmo 68 contempla a Dios como un general al frente del ejército de su pueblo. El 149 se refiere a un baile de espadas. Y eso sin hablar de los salmos imprecatorios que piden venganza contra el enemigo (59, 109 y otros).

El salmo 91 ora: “caen mil a tu derecha, diez mil a tu izquierda. Poco importa, porque a ti, el Señor te va a proteger”, ¿Cómo, orando de esta forma, se puede profundizar en una espiritualidad de paz y solidaridad? Aquí no se trata propiamente de versículos imprecatorios que hablan de odio y venganza, sino simplemente de versos que hablan de la imagen de un Dios que es “nuestro” y por lo mismo nos protegerá, sin preocuparse demasiado por la vida de los otros. Cada vez que reparo en estos versículos, recuerdo haber visto en la televisión una escena terrible: un grave accidente con un avión de TAM que había caído en São Paulo y matado 89 personas. Un señor, llegó al aeropuerto, nervioso, jadeante pero feliz. Él decía “me quedé preso en el tráfico y por eso perdí el vuelo. Dios me protegió”. Los parientes de cualquiera de las 89 víctimas podrían preguntar: “¿Qué Dios es éste, que lo protege a usted y deja morir 89 personas inocentes?

La cuestión de los salmos imprecatorios es antigua. Hace muchos años, la mayoría de los cristianos tenía dificultad para actualizar en sus oraciones algunos salmos que pedían venganza y eran crueles con el enemigo. En la reforma del Concilio Vaticano II, la liturgia latina sacó del libro de oración cotidiano algunos salmos como el 60 o el 109 y excluyó algunos versículos de otros, como el final del salmo 137, los versos finales del 63 y así por el estilo. En las décadas de los 70 y 80, uno se lamentaba por esta medida, porque con ello se perdía el contexto histórico del salmo y eso no nos ayudaba a lidiar con la conflictividad de la vida y del propio Reino de Dios. Hoy comprendo que con el hecho de formular una exégesis que explique y justifique históricamente estos conflictos no resuelve la dificultad de orar el salmo hoy. Y es imposible hacer de un salmo la oración actual del pueblo de Dios, si cada vez que la gente lo canta, se hace necesaria una aula para explicar el lenguaje agresivo y el contenido intolerante del mismo. Siendo así, yo y muchos otros cristianos nos sentimos obligados/as a concordar totalmente, con cuidado para no eliminar de la liturgia los versículos agresivos o que contienen una imagen de Dios que no corresponde a la revelación del Dios Amor que Jesús nos presenta. Sin embargo, cuando hablamos de trabajar mejor una versión litúrgica de los salmos no nos estamos refiriendo únicamente al problema de los salmos o versículos imprecatorios. Se trata de un cuidado más preciso y exigente: verificar qué imagen de Dios tiene el texto que estamos orando.

De hecho, si la oración expresa lo más profundo de la relación entre la persona orante, la comunidad y Dios, es claro que, más que otros libros bíblicos, aparece en éste la imagen que el pueblo se hace de Dios. Ahora bien, en la Biblia, la revelación de Dios es progresiva. En el mismo libro de los Salmos aparece esta progresión, de un Dios guerrero que “anda por encima de las nubes, cabalgando sobre querubines” (Cf. Sal 18, 11) a un Dios de amor y compasión que cuida de nosotros y de quien se puede decir: “Él colocó la paz en tus fronteras y en tu seno bendice a tus hijos” (Sal 147, 13-14).

No podemos continuar haciendo cultos por la paz y predicando un Dios incluyente, sirviéndonos para dicho culto de salmos que revelan una imagen de Dios que parece excluyente, intolerante y hasta cruel. Una vez, hablando de ello en un encuentro, alguien replicó con energía: “sí tuvieramos que evitar el lenguaje de un Dios guerrero e intolerante con aquellos que son considerados sus enemigos, ¿sobraría alguna cosa del libro de los Salmos?”

Como tengo una verdadera pasión por los salmos, tengo confianza que sí. Sobra bastante y de la mejor calidad litúrgica y espiritual. La historia de la liturgia judía y cristiana nos dice algo sobre ello. Al inicio decía que la liturgia mezcla la letra y el contenido de los salmos. Tomemos el ejemplo del salmo 51 que insiste: “Tú no quieres sacrificio ni ofrenda. Lo que te agrada es un corazón arrepentido” (v. 18-19). La práctica litúrgica del templo restaurado, después del cautiverio de Babilonia, aumentó algunos versículos que cambian la letra y transforman, de algún modo, el propio contenido; Hasta hoy, nosotros concluimos el salmo orando: “Señor, favorece a Sión, por tu bondad. Entonces aceptarás sacrificios y holocaustos” (v. 20). Del mismo modo, conforme Mateo recogió en el discurso hecho en la montaña, Jesús dijo: “Cuando ustedes recen, no lo hagan de pie y en público, exhibiéndose ante el pueblo (...) Cuando oren entren en su cuarto, cierren la puerta y oren ante el Padre en secreto” (Mt 6, 5-6). Los padres de la Iglesia y hasta los exegetas, gastan páginas y páginas explicando porqué, luego de decir estos versículos, Jesús enseñó a los discípulos a que recen la oración comunitaria del “Padre Nuestro...” (Mt 6, 9ss). No estoy insinuando que haya alguna contradicción entre los dos textos que forman uno solo, sino que, evidentemente hay una evolución en estas palabras y podemos decir que el conjunto del texto es el resultado de una confrontación positiva de la experiencia orante con la práctica comunitaria y litúrgica de los grupos cristianos.

Desde tiempos antiguos, las comunidades supieron escoger y seleccionar versículos de los salmos, como de otros textos bíblicos, cuando fue necesario, revisando el conjunto del texto y del contexto histórico para adaptarlos mejor al servicio de la oración de la comunidad. La primera comunidad cristiana hizo eso con el salmo 2 (Hch 4, 16-20) o con el salmo 110, para así justificar que el Mesías era, en cierta forma, “Señor” del propio David, el salmista (Mc 12, 35-36); Otro ejemplo es la re-interpretación del salmo 82 que hizo la comunidad joánica al poner en boca de Jesús un comentario totalmente fuera del contexto histórico y del significado original de las palabras del salmo: “En la ley de ustedes está escrito: “A ustedes les digo: son dioses”. Se llama dioses a aquellos a quienes la palabra de Dios fue dirigida y la Escritura no podía fallar. ¿Cómo dicen que blasfema aquel que el Padre consagró, porque dice que es hijo de Dios” (Jn 10, 34). El salmo refiere esta palabra de Dios a los dioses de los paganos. El Evangelio lo aplica a la humanidad. Podríamos recordar otros pasajes y casos.

Según la comunidad de Lucas, Jesús leyó Isaías 61 en la sinagoga (Cf. Lc 4, 16ss) y escandalizó a los oyentes por cambiar algunos partes de los versículos de Isaías. Dice la traducción de la nueva Biblia española: “Ellos se escandalizaban por el hecho de que Él, Jesús, sólo leyó del texto de Isaías las palabras de gracia (omitiendo las palabras de la venganza de Dios que contiene el texto original)”.

La liturgia cristiana siempre hizo eso. O al menos lo hizo, por cuanto sentía libertad para ello. Después se tornó rígida y con ello perdió la creatividad. En la Iglesia latina, el Concilio Vaticano II propuso un esfuerzo de inculturación. ¿Quién de nosotros preferiría que las Iglesias continuasen cantando en la eucaristía “Santo, Santo, Santo es el Dios Shabbaot de los ejércitos”? ¿No sería correcto traducirlo por “Dios del universo”, aunque la traducción no corresponda al texto original? ¿No deberíamos, hoy, continuar profundizando en este proceso que ya aparece en la misma Biblia: actualizar el lenguaje y el contenido de los salmos y de otros textos bíblicos?

Hoy, necesitamos una traducción de los salmos en estilo poético y hasta rimado para poder recitarlos y usarlos en el canto litúrgico. Esta traducción tiene que cuidar la inclusividad de género, esto es, tanto al referirse a Dios como el/la salmista, no fijarse únicamente en imágenes masculinas, sino usando un modo propio para hablar del desafío de la relación. Este cuidado con la inclusión debe darse también al nivel de lo ecuménico, tanto en el plano inter-eclesial, como en el inter-religioso y revelar así una sensibilidad espiritual con la creación. Así se podrá hacer realidad lo que escribió Milan Machovic: “Hasta las personas ateas pueden encontrar en los salmos una descripción dinámica de su situación personal en este final de siglo” .

  1. La liturgia de los Salmos y nuestros cultos

(buscando algunas pistas y conclusiones)

Ya vimos que no tendríamos en la Biblia el libro de los Salmos, si no hubiera existido el templo de Jerusalén y principalmente la restauración del templo después de la dominación de Babilonia. Los salmos sapienciales y la mayoría de los salmos de súplica individual (y de lamento) nos recuerdan más el culto de las sinagogas y la relación de fe de Israel con la palabra de Dios y su alianza, siempre renovada en cada fiesta y hasta cada sábado. También quedó claro que cada salmo, queriendo renovar la alianza de Dios con su pueblo, expresa la más profunda espiritualidad bíblica y une –en una relación de casamiento a Dios- a la persona orante (salmista) y al pueblo de la alianza. Esta forma de orar y celebrar influye profundamente en el culto judeo-cristiano, ligándolo a la vida concreta y llevando al pueblo a hacer de la vida una oración y de la oración una vida a ser transformada.

Para restituir al salmo esta vitalidad o relación con la vida y sentir en el mismo salmo los diversos personajes, una buena sugerencia es que en nuestros cultos procuremos celebrar el salmo y no apenas recitarlo mecánicamente. Una cosa es cantar en el culto una letanía que ofrece a Dios la alabanza del universo (Salmos 148 o 150, o el cántico de las criaturas –Dn 3) y otra hacerlo fuera de la iglesia, en medio de la naturaleza, donde toda la comunidad está de pie y en contacto más directo con los seres que son llamados a bendecir al Señor. Experimentémoslo recorriendo el salmo 118, haciendo que los versículos en lenguaje individual sean recitados por una persona y los que están en plural los haga toda la comunidad, imaginando que entramos en el santuario para dar gracias.

San Agustín decía: “Cuando el salmo ora, ora con él, cuando llora, llora con él, cuando danza o bate palmas, danza y bate palmas con él y así, él se tornará, no apenas en una oración del pasado, sino en una expresión viva de tu oración. Todas estas cosas que fueron escritas, de hecho, son espejos de nosotros mismo” .

La práctica litúrgica transformó mucho la mayoría de los salmos; Nosotros ya aludimos a este proceso de actualización de la letra y de actualización de los salmos en las más diversas situaciones históricas en las cuales el salmo va siendo re-escrito.

Por otro lado, los Salmos darán a las liturgias judía y cristiana y a la oración comunitaria un estilo propio. Parafraseando a algunos padres de la Iglesia, podríamos decir que el salmo no es apenas una oración, sino una escuela de oración o un estilo de celebrar.

Sin lugar a dudas, si nuestras comunidades hicieron de los salmos un importante núcleo de su oración personal y comunitaria, los otros cantos y oraciones que componemos o que usamos en el culto y en la oración personal deberán ser impregnados de esta naturaleza sálmica que hemos descrito, es decir de una relación de alianza con Dios, alianza con el pueblo (principalmente el pueblo empobrecido) y alianza de diálogo del creyente consigo mismo. Una gran contribución que los salmos de la Biblia dará a nuestra oración es hacernos capaces de transformar en salmos de hoy nuestras oraciones y cantos y de vivir una alianza de intimidad con Dios y con la comunidad, tal como se da testimonio en los salmos. Como tan bien sugieren los padres de la Iglesia, antes de tenernos a nosotros como oradores, los Salmos tuvieron como interlocutor privilegiado al orador por excelencia: Jesús de Nazaret, nuestro Maestro y Señor. San Agustín no cesa de recordarnos: “Cuando oramos los salmos, es Cristo quien ora con nosotros. Por eso, cuando oramos o cantamos somos uno solo con Cristo y entramos en la acción salvadora de Cristo para el mundo de hoy” (Cf. En. 122, 2).

 

Carmine di Sante, Israel em oração, As Origens da Liturgia Cristã, Ed. Paulinas, 1989.

Shallon Ben Chorin, Le Judaïsme em prière, La liturgie de la synagogue, Ed. Du Cerf, París, 1984.

 

Marcelo Barros
Fax 062-3721135
Email: mostecum@aol.com

 

Marcelo Barros, monje benedictino, es biblista y escritor. Ha publicado 26 libros, entre los cuales constan “Conversando con Mateo” (Comentario ecuménico al Primer Evangelio) y “la vida hecha oración” (Cómo orar con los salmos hoy). Fax 062-3721135. Email: mostecum@cultura.com.br

M. MANNATI, Para rezar con os Salmos, Col. Cadernos bíblicos, São Paulo, Ed. Paulinas, 2° ed. 1982, p. 14.

Cf. H. GUNKEL, Die Psalmen, Gottingen, 1926; 5° ed., 1968; P. BEAUCHAMP.

L. MONLOUBOU,Os salmos, VARIOS AUTORES, Os Salmos e os Outros Escritos, São Paulo, Ed. Paulus, 1996, p. 17.

TEODORICO BALLARINI e VENANZIO REALI, A poética Hebraica e os Salmos, Petrópolis, Ed. Vozes, 1985, p. 46.

CRÜSEMANN, F. Studien zur Formgeschichte von Hymnus und Danklied in Israel, (Stuttgard, 1969) y GERHARD VON RAD, La Sapienza in Israele, Génova, Ed. Marietti, 1998, p. 172.

Cf. GIANFRANCO RAVASI, Il libro dei Salmi, commento e attualizzazione, vol. I, Bologna, EDB, 1986, p. 115.

EVODE BEAUCAMP, Le Psautier et la quête du salut, en Lumiére et Vie, Prier les Psaumes, n. 202, 1991, p. 93.

JUAN PABLO II, Engagement pour conjurer la catastrophe écologique, (Audiencia general del 17/01/2001) en Documentation Catholique 2241, 04/02/2001, p. 114-115.

COLETTE KESSLER, Les Psaumes dans la Liturgie Juive, En Lumiére et Vie, 202, p. 13.

COLETTE KESSLER, Idem, p. 20.

ADALBERT HAMMAN, La priére Chrétienne Ancienne, en La Maison-Dieu, 64/1960.

AGUSTIN DE HIPONA, Enarrationes super Psalmos, 137, en PL 37, col. 1775.

Epistola Paulae et Eustochii ad Marcellam, n. 11 (PL XXII, 491).

CASSIANO, Instituções Cenobiticas, libro II, c. XV (PL XLIX, 106).

MILAN MACHOVIC, Jesús para los ateos, Salamanca, Sígueme, 1974, p. 34.

AGUSTIN DE HIPONA, Enarrationes super Psalmos, 30, em, 2 sermón 3,1.

 

 
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