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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

JESÚS Y LOS SALMOS* La oración de los salmos en la vida de Jesús

Fray Carlos Mesters, O. Carm.

Resumen
Los evangelios guardan la memoria del Jesús orante y en el centro de esta vida de oración, están los salmos. Desde el exilio de Babilonia, el pueblo judío creó la costumbre de reunir la familia para rezar. Poco tiempo después, la oración ganó un ritmo diario a partir de la Casa,  en el ambiente familiar; semanal en la Sinagoga, en la comunidad; anual en el Templo de Jerusalén, toda la nación. Es dentro de este contexto, impregnado por la oración de los salmos, que Jesús nació, creció y se desarrolló. Él aprendió en la escuela de la vida, en la sinagoga y en el templo y formuló su propio salmo y lo enseñó a sus discípulos y discípulas. Las comunidades cristianas procuran rezar los salmos como Jesús los rezó.

Abstract
The gospels store the memory of Jesus praying and at the center of this prayer life are the psalms. From the time of the exile in Babylonia the Jewish people created the custom of gathering the family to pray. Shortly afterwards prayer took on a daily routine starting from the home, in the family environment, every week in the synagogue, in the community; yearly in the Temple of Jerusalem, throughout the nation. It is within this context, imbued with the prayer of the psalms, that Jesus was born, grew up and matured. He learned in the school of life, in the synagogue and in the temple and formulated his own psalm and taught it to his disciples. The Christian communities try to pray the psalms just as Jesus did.

 

Los primeros cristianos, sobre todo Lucas y Juan, conservaron una imagen de Jesús orante, que vivía en permanente contacto con el Padre. Hacer la voluntad del Padre era la respiración en la vida de Jesús, su alimento diario (Jn 5,19). En varios momentos él aparece rezando, sobre todo en los momentos decisivos de su vida. En el centro de esta vida de oración están los Salmos.

  • CONTEXTO Y AMBIENTE DE ORACION DE LOS SALMOS EN TIEMPOS DE JESUS

 

La escuela de oración de Jesús

Durante el exilio en Babilonia y, sobretodo después, se creó la costumbre en el pueblo judío de reunir diariamente a la familia para rezar, a la misma hora que se acostumbraba hacer el sacrificio en el templo de Jerusalén: por la mañana, al mediodía y al anochecer. Fue también durante y, sobretodo después del exilio, que comenzó el lento surgimiento de la sinagoga, esto es las reuniones semanales, los sábados.

Así, poco a poco, fue naciendo todo un contexto de oración, con un ritmo diario, semanal y anual. El ritmo diario se enseñaba en la casa, en el ambiente familiar. El ritmo semanal se desenvolvía en la sinagoga, en el ambiente comunitario. El ritmo anual, que nosotros llamamos año litúrgico, irradiaba a partir del templo de Jerusalén, para la vida de la nación, del pueblo.

Así se creaba un ambiente familiar y comunitario, impregnado por la lectura orante de la Palabra de Dios, dentro del cual, las personas aprendían de memoria los salmos y las oraciones, como hoy aprendemos de memorias las canciones. Había peticiones y bendiciones para todos los momentos importantes de la vida. Hasta hoy se conservan aquellas oraciones. En los himnos que cantaban y en las bendiciones que invocaban recordaban los acontecimientos más importantes del pasado. Esto les ayudaba a reforzar la propia identidad, a conocer la historia del pueblo y a no perder la memoria. Era una verdadera catequesis.

La escuela de oración de Jesús era, antes que todo, esta vida del día a día en la casa familiar y en la comunidad. Fue allí donde aprendió a convivir, a rezar y a trabajar. El pueblo rezaba mucho, todos los días, de mañana, al mediodía y en la noche. “Desde niño”, Jesús aprendió los salmos de memoria. La madre y la abuela se encargaban de enseñarlos (cf. 2Tim 1,5; 3,15).

Los salmos eran rezados no sólo con los labios, sino con todo el cuerpo. La expresión corporal hacía parte del rezo de los salmos. Por ejemplo procesión (Sal 68,24-25; 95,2), postración (Sal 5,8; 95,6), inclinación y genuflexión (Sal 95,6), extender las manos (Sal 63,5; 141,2), “orientación” en dirección al templo que quedaba en el Oriente (Sal 138,2), danza (149,3; 150,4), canto (Sal 147,1), grito (Sal 3,5; 142,2.6), colocar la cabeza entre las rodillas (1Re 18,42), etc. La expresión corporal contribuía a crear y reforzar un ambiente de oración.

Un triple ritmo de oración en tiempos de Jesús

La oración diaria era cultivada en la casa familiar. Ésta consistía en rezar tres veces al día las 18 bendiciones (mañana, mediodía y noche) y dos veces el Shemá (mañana y noche). La recitación de estas preces era intercalada con salmos. Este es el esquema de oración que Jesús rezaba todos los días:

  • Las 18 bendiciones (de mañana, de tarde y de noche)
  • O Shemá, compuestos de tres bendiciones y tres lecturas (de mañana y de noche)
  • Una bendición a Dios Creador que creó el pueblo.
  1. Una bendición a Dios Revelador que se manifiesta y elige al pueblo.
  2. Tres lecturas:

Deut 6,4-9 Recibir el Reino.

Deut 13,11-21 Recibir la ley de Dios

Num 15,37-41 Recibir la consagración

  1. Una bendición a Dios Salvador que libera a su pueblo.
  • Tanto las bendiciones como el Shemá, eran intercalados con salmos

 
            La oración semanal era cultivada en el ambiente comunitario de la sinagoga. En el tratado Pirque Abbôt, Rabí Aqiba describe este ambiente comunitario de la siguiente manera: “el mundo reposa sobre tres columnas: la Ley, el Culto y el Amor”. La Ley (Torá) era una lectura de la Sagrada Escritura. El Culto (abodáh) era la celebración, la oración de los Salmos. El Amor (hesed) era la preocupación por descubrir cómo ayudar a las personas necesitadas de la comunidad. Hasta hoy, este es el ambiente en el que crecen nuestras comunidades. El pueblo se reúne para leer y meditar la Biblia, para rezar juntos y para ver cómo se puede ayudar a las personas necesitadas de la comunidad.

La oración anual era cultivada a través de peregrinaciones. La Ley recomendaba que cada año, todos fueran al templo de Jerusalén para “comparecer delante de Dios” en las tres grandes fiestas del año: Pascua, Pentecostés y Tabernáculos (Ex 23,14-17; 2Cr 8,13)

Este es un resumen del ambiente de oración de los salmos, dentro del cual Jesús nació, creció y se formó.

  • El ritmo diario en la casa, en la familia

En casa, el pueblo rezaba tres veces al día: de mañana, al mediodía y por la noche.
Esto es, en los tres exactos momentos en que en el templo se ofrecía el sacrificio. Así la nación entera se unía delante de Dios.

  • El ritmo semanal de vida comunitaria en la sinagoga

Los sábados se reunían en la sinagoga para leer la Biblia, rezar y discutir la vida de la comunidad. Había un esquema fijo para las lecturas de la Ley de Moisés. La lectura de los profetas dependía de elección del momento (Lc 4,17)

  • El ritmo anual de la vida del pueblo alrededor del templo

Estaba basado en el año litúrgico con sus fiestas. Cada año tenía tres peregrinaciones a Jerusalén para visitar el templo (Ex 23,14-17; 2Cr 8,13).

            La función de los salmos en la vida del pueblo en los tiempos de Jesús

Casa-Familia-Día, Sinagoga-Comunidad-Semana, Templo-Pueblo-Año. Los salmos hacían parte del ambiente de oración. Formaban su punto de apoyo. Destacamos tres aspectos de la solemnidad que ellos cumplían en la práctica orante del pueblo:

  • Como modelo es una muestra. A andar se aprende andando. Era recitando, repitiendo y rumiando los salmos que el pueblo rezaba y aprendía a rezar. Fue así como Jesús los rezó a lo largo de su vida.
  • Como muletilla, es un recurso en momentos de desolación. Cuando el sufrimiento creaba un vacío de seguridad en la persona y le faltaban palabras para rezar, entonces, en esos momentos, lo que quedaba era recurrir a la memoria y usar una muletilla de algún salmo para dirigirse a Dios. Fue así como Jesús rezó los salmos cuando estaba muriendo en la cruz.
  • Como desafío es una provocación. La recitación constante de los salmos no podía llevar a la persona a una rutina, sino que debía llevarla a una mayor creatividad. El objetivo de la recitación frecuente de los salmos era hacer que cada uno y cada una, llegase a elaborar su propio salmo. Fue así como Jesús rezó los salmos, pues, como veremos, él llegó a elaborar su propio salmo y se lo enseñó a sus discípulos.

 

La oración de los salmos en la vida de las personas alrededor de Jesús

Aunque no sean históricos en el sentido estricto de la palabra, los dos primeros capítulos del evangelio de Lucas nos ofrecen una muestra de cómo era la piedad popular en aquella época y cómo esta piedad estaba marcada por la oración de los salmos. Estos capítulos comunican un contexto de oración que deja entrever las actitudes orantes de algunas personas que convivieron con Jesús o que eran de la misma época.

María, la Madre de Jesús

 El cántico de María (Lc 1,46-55) parece una colcha de retazos; retazos que están tomados de los salmos. Ello muestra cómo los salmos estaban en el corazón de la vida orante del pueblo en tiempos de Jesús y de las primeras comunidades cristianas. La concordancia de la Biblia de Jerusalén muestra claramente como este cántico está impregnado por los salmos. De allí se desprende que el cántico de María es una prueba de como la recitación frecuente de los salmos provocaba en las personas la creatividad y las llevaba a hacer su propio salmo.

Zacarías e Isabel

El cántico de Zacarías (Lc 1,67-79) tiene las mismas características observadas en el cántico de María. Éste es fruto de la meditación de los salmos y de la historia del pueblo de Dios. El contexto de la visita de María a Isabel (Lc 1,39-45) es un contexto de oración de las dos mujeres señoras de casa experimentan la presencia de Dios en una de las cosas más comunes de la vida humana: la visita que una hace a la otra para prestarle un servicio. María aparece ayudando a Isabel durante un parto de riesgo.

Simeón y Ana

Lo mismo se puede decir del viejo Simeón (Lc 2,25-35) y de la profetisa Ana (Lc 2,36-38). Ambos vivían en un ambiente de oración, pues se criaron alrededor del templo y por eso fueron capaces de reconocer la presencia de Dios en un niño recién nacido, llevado al templo por un matrimonio pobre.

Jesús conviviendo en el ambiente de oración de su pueblo

En los evangelios, Jesús aparece conviviendo en el contexto de vida orante de su pueblo y participando de su triple ritmo de oración. Enumeremos algunos momentos de oración. Quien quiera investigar, pueden encontrar otros textos esparcidos en los cuatro evangelios.

Ritmo diario y familiar
  • Se levanta bien temprano para rezar (Mc 1,35).
  • Reza antes de las reflexiones (Lc 9,16; 24,30).
  • A pedido de la gente, bendice a los niños (Mc 10,16).

 

Ritmo semanal y comunitario

  • Tiene la costumbre de participar en las oraciones en la sinagoga, los sábados (Mc 1,21; Lc 4,16).
  • Durante la reunión semanal, se levanta para hacer la lectura (Lc 4,16).
  • Los sábados participa de la reunión para transmitir su enseñanza al pueblo presente (Mc 6,2).

Ritmo anual en el templo

  • A los 12 años de edad, va al templo, a la casa del Padre (Lc 2,46-50).
  • Participa en las peregrinaciones al templo para las grandes fiestas (Jn 5,1).
  • Celebra la cena pascual con sus discípulos (Lc 22,7-14).
  • Saliendo de la cena va al huerto para rezar salmos con los discípulos (Mt 26,30).

Resumiendo, fue en aquel contexto familiar y comunitario, impregnado por la oración de los salmos, y conviviendo con personas como las descritas por Lucas, donde Jesús nació y se formó, donde crecía en sabiduría, gracia y tamaño, delante de Dios y los hombres (Lc 2,52). El ritmo diario, semanal y anual era su escuela, su sustento y su cuadro de referencia; Era el ambiente que lo llevaba a participar en las peregrinaciones en busca de la casa del Padre (Lc 2,42) y donde aprendió a pasar las noches en oración (Lc 5,16; 6,12).

  • JESUS, USANDO LOS SALMOS, REZANDO LA VIDA, ENSEÑANDO A REZAR

 

La manera como Jesús usaba y rezaba los salmos

 
“Desde pequeño”, Jesús aprendió de memoria los salmos (cf. 2Tim 3,15; 1,5) y los usaba de varias maneras; Entre otras, para dirigirse al Padre, para transmitir su mensaje al pueblo y para refutar las críticas de sus adversarios.

      Usaba los salmos para dirigirse al Padre

A más del rezo diario de los salmos que se hacía en la casa familiar y de la recitación semanal en la comunidad, Jesús aparece rezando los salmos, sobretodo en los momentos difíciles de sufrimiento: en el huerto y en la cruz. En el huerto, él gritaba “mi alma está triste” (Mc 14,34). La frase está tomada del mismo salmo que después usó en la cruz, al momento de entregar su espíritu (Sal 31,9-10). El mismo sentimiento de dolor y tristeza aparece en otro salmo (Sal 42,5-6). En la cruz, Jesús usó dos salmos: “¿Dios mío, Dios Mío, por qué me has abandonado?” (Mc 15,34; Sal 22,1) y “En tus manos estregó mi espíritu” (Lc 23,46; Sal 31,6).

A más de estos textos, los evangelios recorren los salmos para describir ciertas escenas que ocurren durante la Pasión y Muerte de Jesús: ”retrocedan los que planean el mal contra mí” (Jn 18,6; Sal 35,4); “dividirán mis vestiduras y mi túnica la sortearán” (Mc 15,23; Sal 22,19); “En mi sed me dieron de beber hiel” (Mt 27,28; Sal 69,22); Aquel que conmigo ponga su mano en el plato, ese me entregará” (Mt 26,23; Sal 41,10); Confío en Dios que me liberará ahora” (Mt 27,43; Sal 22,9); “Ningún hueso de él será quebrado” (Jn 19,36; Sal 34,21). Esta es una manera de sugerir a los lectores que Jesús, aquel que estaba sufriendo y muriendo en la cruz, era de hecho el Mesías que el pueblo estaba esperando.

      Usaba los salmos para enseñar al pueblo

Este es todo un campo a ser investigado. De acuerdo con la concordancia de la Biblia de Jerusalén, varias enseñanzas de Jesús son evocaciones de frases de los salmos. Por ejemplo:

“Felices los mansos, porque heredarán la tierra” (Mt 5,4; Sal 37,11).
“Felices los que lloran porque serán consolados” (Mt 5,5; Sal 126,5).
“Felices los puros de corazón, porque verán a Dios” (Mt 5,8; Sal 24,3-4).
“El Padre que ve en lo secreto, escuchará la oración hecha en secreto” (Mt 6,4; Sal 139,2-3).
El abandono a la providencia divina (Mt 6,25-34; Sal 127).
La parábola de la viña (Mc 12,1; Sal 80,9-19).
“Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11; Sal 23).

Así mismo, hay muchas otras evocaciones de salmos, esparcidas en las frases y enseñanzas de Jesús. Algunas provienen del mismo Jesús, otras, la mayoría, probablemente de las comunidades que usaban frases conocidas de los salmos para transmitir las enseñanzas de Jesús.

      Usaba los salmos para refutar las críticas de sus adversarios

En las discusiones con los fariseos y escribas, Jesús responde con frases sacadas del libro de los Salmos, pues eran conocidas por todos.

“De la boca de los pequeños y lactantes preparaste una alabanza para ti” (Mt 21,16; Sal 8,3 LXX).
“La piedra que los constructores rechazaron, se tornó en la piedra angular” (Mt 21,42; Sal 118,23).
“El Señor dice a su Señor: siéntate a mi derecha” (Mt 22,44; Sal 110,1).
“Verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poderoso” (Mc 14,62; Sal 110,1).

Jesús, rezando la vida

La manera de rezar y usar los salmos que tiene Jesús revela una persona orante, en profunda unión con Dios. Jesús rezaba mucho, pasaba noches en oración (Lc 6,12) para estar con el Padre y conocer su Voluntad (Mt 26,39). A más de los momentos que ya hemos vimos, los evangelios, sobretodo Lucas, conservan otros momentos de la vida orante de Jesús. Estos otros momentos que Jesús usó salmos, sin embargo, casi no aparecen en nuestras preces. ¿Por qué será?

Los salmos son como la mecha de la vela, que no se ve por causa de la cera que la esconde a nuestros ojos. Las oraciones y las peticiones son la cera que esconden la mecha. Sin embargo, es la mecha la que hace que las peticiones y bendiciones puedan iluminar la mente y calentar el corazón. Las oraciones y las peticiones son como las numerosas hojas verdes que esconden las ramas del árbol. Pero son las ramas invisibles las que producen las hojas. Los salmos son las ramas. Cuando son bien rezados, producen las hojas espontáneas de las preces y las oraciones. Estos son algunos de los momentos en que Jesús aparece rezando:

  • A la hora de ser bautizado y de asumir su misión, Él reza (Lc 3,21).
  • A la hora de iniciar su misión, pasa 40 días en el desierto (Lc 4,1-2).
  • En la tentación, Él enfrenta al diablo con textos de la Escrituras (Lc 4,3-12).
  • A la hora de escoger a los 12 apóstoles, pasa la noche en oración (Lc 6,12).
  • A la hora de reconocer la realidad y hablar a sus paisanos (Lc 9,18).
  • La alegría de ver el Evangelio revelado a los pequeños (Lc 10,21).
  • En la resurrección de Lázaro: “Padre, sé que siempre me escuchas” (Jn 11,41-42).
  • Intenta ir al desierto a orar (Mc 1,35; Lc 5,16; 9,18).
  • Rezando despierta la inquietud a los apóstoles para rezar (Lc 11,1).
  • En crisis sube al Monte para rezar (Lc 9,28).
  • A la hora de la despedida reza la oración sacerdotal (Jn 17,1-26).
  • En la angustia de la agonía pide a sus tres amigos que recen con Él (Mt 26,38).
  • A la hora de la crucifixión, pide perdón por los verdugos (Lc 23,34).
  • Jesús muere soltando un grito, la oración de los pobres (Mc 15,37).

 

Esta lista muestra cómo Jesús aparece rezando en casi todos los momentos importantes y difíciles de su vida: en las crisis y en la tentación, en la elección de los apóstoles, en la decisión de ir a Jerusalén, en la agonía en el huerto, a la hora de morir en la cruz. Jesús vivía en contacto con el Padre. Su vida era una oración permanente: “En cada momento hago lo que el Padre quiere que haga” (Jn 5,19.30). A Él se aplica lo que dice el salmo: “¡Yo (sólo) oro!” (Aní tefiláh) (Sal 109,4).

 

      Jesús enseñando a rezar

La costumbre de rezar de Jesús era contagiante y provocaba en los demás un deseo de aprender a rezar. Cierto día, así lo informa el evangelio de Lucas, Jesús estaba rezando, era durante la subida a Jerusalén, donde sería apresado y muerto. Los apóstoles llegaron a él y le pidieron que les enseñara a rezar como Juan Bautista había enseñado a sus discípulos (Lc 11,1). La respuesta de Jesús a los discípulos fue el Padre Nuestro.

La recitación de los salmos tiene una dimensión mística y creativa. Su rezo era el momento, no sólo de recitar devotamente las oraciones que otros habían hecho, sino también momento para que cada uno y cada una vivieran su propia unión con Dios. En aquel tiempo, el ideal era que cada persona aprenda a rezar los salmos de tal manera, que ellos vayan despertando la creatividad para formular sus propios salmos. Jesús aprendió la lección de los salmos. Como buen judío, llegó a hacer su propio salmo y se lo enseñó a sus discípulos, que luego nos lo transmitieron. Es el Padre Nuestro.

El texto del Padre Nuestro, conservado en el evangelio de Lucas (Lc 11,2-4) es más corto que el texto conservado por Mateo (Mt 6,9-13). El Padre Nuestro es una cartilla que resume en siete peticiones todo lo que Jesús enseñaba al pueblo.

Además del ejemplo muy concreto del Padre Nuestro, Jesús dio otros varios consejos de cómo rezar, fruto de su propia experiencia de oración, alimentada por la recitación de los salmos. Estos son algunos de dichos consejos:

  • Es en el nombre de Jesús que se deben pedir las cosas a Dios (Jn 15,16; 16,23-24).
  • Se debe pedir con mucha confianza, sin desanimarse (Lc 11,5-13; Mc 7,7-11).
  • No conviene usar muchas palabras, ni confiar en quien habla mucho (Mt 6,7-18).
  • No hay que rezar para ser visto, sino entrar en el cuarto, cerrar la puerta y rezar en secreto, pues el Padre nos ve (Mt 6,5-6).

 

Los evangelios conservan también algunas de las oraciones que Jesús rezó y algunas de las intenciones por las cuales rezó:

  • Formula una petición delante del sepulcro de Lázaro (Jn 11,41-42).
  • Hace una oración para expresar su alegría al percibir que los pobres y pequeños entendían el mensaje del Reino (Mt 11,25-30).
  • Formula una petición en el huerto: “Padre aparta de mí este cáliz” (Mc 14,36).
  • Reza por Pedro, para que no desfallezca en la fe (Lc 22,32).
  • Pasó la noche en oración para saber a quién escoger (Lc 6,12).
  • Recomienda rezar a la hora de la tentación (Lc 22,40).
  • Dice que ciertos males salen sólo con base a mucha oración (Mc 9,29).
  • Manda a que pidan a Dios que envíe obreros para su mies (Lc 10,2).
  • El Testamento de Jesús es una petición por la unidad (Jn 17,1-26).
  • Dice que el Espíritu Santo sólo se obtiene a través de la oración (Lc 11,13).
  • Pidió perdón al Padre por sus verdugos (Lc 23,34).

 

  • LAS COMUNIDADES: LA CONTINUACION DE JESUS ORANTE

El libro de los Hechos, es el segundo volumen de la obra de Lucas. En el primero, él habla de Jesús. En el segundo habla de las comunidades como continuadoras de Jesús. Existe un paralelismo muy claro y explícito entre el Jesús del que se habla en el Evangelio y el que las comunidades predican en Hechos. A través de la acción del Espíritu Santo, las comunidades son la presencia continuada de Jesús delante de Dios y delante de los hombres; de modo particular, esto vale para la oración. Así como Lucas acentúa, más que los otros evangelistas, la oración de Jesús, de la misma manera impresiona la frecuencia con que Hechos menciona la oración en la vida de las comunidades.

Como en el evangelio, también en Hechos, la cera de las peticiones esconde la mecha de los salmos. Pero la cantidad impresionante de momentos de oración en Hechos revela la fuerza que irradiaba los salmos en la vida de las comunidades. A continuación presentamos una lista (casi monótona) de textos de Hechos que, de una u otra manera, mencionan la oración:

Hch 1,14         La comunidad persevera en la oración con María, la Madre de Jesús.
Hch 1,24         La comunidad ora para escoger al sustituto de Judas.
Hch 2,25-35    Pedro cita salmos durante su predicación.
Hch 2,24         Los primeros cristianos son asiduos a la oración.
Hch 2,46         Son asiduos también en frecuentar el templo.
Hch 2,47         Ellos alaban a Dios.
Hch 3,1           Pedro y Juan suben al templo para la oración de la hora nona.
Hch 3,8           Un lisiado curado alaba a Dios.
Hch 4,23-31    La comunidad reza en la persecución.
Hch 5,12         Los primeros cristianos permanecen en la puerta de Salomón.
Hch 6,4           Los Apóstoles se dedican a la oración y la palabra.
Hch 6,6           Ellos rezan antes de imponer las manos a los diáconos.
Hch 7,59         Esteban reza: “¡Señor recibe mi espíritu!”
Hch 7,60         Todavía reza: “¡Señor, no le lleves cuenta de este crimen!”
Hch 8,15         Pedro y Juan oran para que los convertidos reciban el Espíritu.
Hch 8,22         A un pecador se le dice: arrepiéntete y ora para obtener perdón.
Hch 8,24         El mago Simón dice: “recen por mí a Dios”.
Hch 9,11         Saulo está orando.
Hch 9,10ss      Diálogo de Ananías con Dios.
Hch 9,40         Pedro reza por la curación de Dorcas.
Hch 10,2         Cornelio oraba a Dios constantemente.
Hch 10,4         Las oraciones de Cornelio suben al cielo y son oídas.
Hch 10,9         Pedro reza la hora sexta en una terraza.
Hch 10,13ss    Diálogo de Pedro con Dios.
Hch 10,30       Cornelio hace oración en la hora nona.
Hch 10,31       Cornelio escucha a un ángel decir: “tu oración fue oída”.
Hch 11,5         Pedro informa al pueblo de Jerusalén: “yo estaba en oración”.
Hch 12,5         La comunidad ora cuando Pedro está preso.
Hch 12,12       En la casa de María, muchos están reunidos en oración.
Hch 13,2         El envío de dos misioneros acontece durante una celebración.
Hch 13,3         La comunidad reza en el envío misionero de Pablo y Bernabé.
Hch 13,48       Los paganos se alegran y glorifican la Palabra de Dios.
Hch 14,23       Los misioneros oran para designar los coordinadores.
Hch 16,13       En Filipos, junto al río, hay un lugar de oración.
Hch 16,16       Pablo y Silas van a la oración.
Hch 16,25       De noche, Pablo y Silas cantan y rezan en prisión
Hch 18,9         Pablo tiene una visión del Señor durante la noche.
Hch 18,18       Pablo se rapa la cabeza para cumplir una promesa.
Hch 19,17       El nombre de Jesús es engrandecido por todos.
Hch19,18        Muchos confiesan sus pecados.
Hch 20,7         Ellos estaban reunidos para la fracción del pan (Eucaristía).
Hch 20,32       Pablo encomienda a Dios los coordinadores de las comunidades.
Hch 20,36       Pablo reza de rodillas por los coordinadores de las comunidades.
Hch 21,5         Se colocan de rodillas en la playa para rezar.
Hch 21,14       Ante lo inevitable, el pueblo dice “¡Qué se haga la voluntad de Dios!”.
Hch 21,20       Glorifican a Dios por lo que Pablo realizó.
Hch 21,26       Pablo va al templo para cumplir una promesa.
Hch 22,7ss      Diálogo de Pablo con Jesús.
Hch 22,17       Pablo ora en el templo y tiene una visión.
Hch 22,18ss    Diálogo de Pablo con Dios.
Hch 23,11       Preso en Jerusalén, Pablo tiene una visión de Jesús.
Hch 27,23ss    Pablo tiene una visión de Jesús durante la tempestad en el mar.
Hch 27,35       Pablo bendice el pan, antes de partir de Malta.
Hch 28,8         Pablo reza sobre el padre de Publio que está enfermo.
Hch 28,15       Pablo da gracias a Dios por encontrar a los hermanos en Pozzuoli.

En estas oraciones de la comunidad, observamos lo mismo que veíamos en la oración de Jesús. Los primeros cristianos continúan la tradición del pueblo y mantiene aquello que aprendieron “desde pequeños”: rezan en casa, como familia, en la sinagoga, como comunidad y en el templo, junto al pueblo.

Como Jesús, creían en una nueva manera de rezar, con un contenido nuevo. Además de la participación en la liturgia tradicional, ellos tenían sus propios momentos de oración, que acompañaban los eventos importantes de la comunidad: rezaban a la hora del bautismo, en el momento de recibir al Espíritu Santo, en la imposición de manos, en la transmisión de los ministerios, en el envío de los misioneros. Como en el caso de Jesús, la comunidad intensificaba la oración en los momentos difíciles y críticos de la jornada: rezan en la persecución, en la despedida, en el dolor, en la hora de la muerte, en la conversión de una persona.

La raíz de esta abundancia de oración, brota de la nueva experiencia de Dios que Jesús les comunica y de la conciencia clara de que tienen de la presencia de Dios en medio de la comunidad. Los cristianos formaban comunidades orantes, dedicadas a la Palabra y a la oración (Hch 6,4).

  • UNA LLAVE PARA LOS SALMOS: REZAR COMO JESUS REZO

 

Para los judíos era importante “rezar como David rezó”. Para los cristianos, lo importante es “rezar como Jesús rezó”, para así cultivar en nosotros los mismos sentimientos que animaron a Jesús durante toda su vida (Flp 2,5).

Como vimos, la escuela de oración de Jesús era la vida en casa –con su madre- y en la sinagoga –con su comunidad -. Pero también la era, y sobretodo, su vida de intimidad con Dios, su Padre. Ese era el corazón, la respiración la de vida de Jesús, donde nadie penetra. La gente sólo adivina por aproximación, a partir de lo que los evangelios informan.

La intimidad con el Padre le daba a Jesús un criterio nuevo para leer y rezar los salmos. Jesús buscaba el sentido en la fuente. No de la letra a la raíz, sino de la raíz a la letra. A partir de su experiencia de Dios, los salmos adquieren para Él un sentido nuevo, más pleno. Por eso, los cristianos, cuando rezamos los salmos, acostumbramos a terminarlos con una invocación a la Santísima Trinidad. Es la manera de rezar los salmos como Jesús los rezaba, a partir de la misma experiencia de Dios que Él nos reveló.

En tiempos de Jesús, la imagen de Dios que el pueblo se hacía, era de alguien distante, cuyo nombre no podía ser pronunciado. En vez de Yahveh, decían Adonai, Señor. La relación con Dios era realizada, sobretodo, a través de la observancia de las normas de la ley, enseñadas por los escribas y fariseos. Ahora bien, fue precisamente en este punto de la imagen de Dios que Jesús transmite la más grande novedad para el pueblo y para nosotros. A través de sus palabras y acciones, nacidas de la experiencia de hijo, el mismo Dios que parecía tan distante y severo, adquiere los trazos de un Dios bondadoso, de gran ternura, siempre presente, pronto a acoger y liberar. Esta Buena Noticia de Dios, comunicada por Jesús era y continua siendo la nueva llave para leer el Antiguo Testamento y rezar los salmos con una nueva perspectiva.

No basta el estudio para que los salmos liberen su sentido. Es preciso tener unos ojos y un corazón, la conciencia y la libertad de hijos e hijas de Dios que Jesús nos comunica. De lo contrario, los salmos continúan cubiertos por un velo que impide descubrir plenamente su sentido. “Es sólo por la conversión al Señor que el velo cae. Pues el Señor es Espíritu y donde está el Espíritu, ahí hay libertad” (2 Cor 3,17).

El texto de los salmos es como una lámpara. El estudio del texto limpia la lámpara y tira el polvo que por siglos cubrió el lado exterior, opacándole el brillo. La experiencia de Dios y de la vida, vivida y compartida en la comunidad, genera la fuerza que enciende la lámpara del Salmo por su lado interno y produce el resplandor.

Casiano (siglo V): decía “instruidos por aquello que nosotros mismos sentimos, ya no percibimos el Salmo como algo que solo oímos, sino como algo que experimentamos y tocamos con nuestra manos; no como una historia extraña e inaudita, sino como algo que producimos desde lo más profundo de nuestro corazón, como si fuesen sentimientos que forman parte de nuestro propio ser. Repitámoslo: no es la lectura (lectio, estudio) que nos hace penetrar en el sentido de las palabras, sino la propia experiencia adquirida anteriormente en la vida de cada día” (Collationes X,11). Milton Nascimento dice lo mismo, pero con otras palabras: “¡Ciertas canciones me caen tan bien, que necesitó preguntarme porqué no fui yo quien las hizo!”

Carlos Mesters
Email: concarmo@zaz.com.br


* Para hacer este artículo utilice algunos textos que hicimos para el 4º y 8º volumen del proyecto “Tu Palabra es vida”, editados por la CRB y Loyola.

 

 
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