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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

PRESENTARSE ANTE UN DIOS QUE HACE PROEZAS
Los salmos hacen una relectura de la historia

Jorge Pixley

Resumen

Algunos de los salmos de la Biblia, de géneros literarios distintos, incluyen un recuento de eventos por o contra Dios de la historia nacional de Israel. En este ensayo hacemos un examen de este uso litúrgico y pedagógico de la historia. Concluimos con algunas observaciones pastorales.

Abstract
Some of the Biblical psalms include a recitation of events for or against the God of the national history of Israel. These psalms are not a separate genre but belong to various genres. In this essay we examine this liturgical and pedagogical use of history, and we end with some pastoral observations.

 

Introducción
            Queremos reflexionar en este artículo sobre el hecho de que entre los salmos bíblicos, himnos y oraciones de Israel, hay algunos que celebran las hazañas hechas por YHVH su Dios. Es común entre las tradiciones religiosas de la humanidad encontrar celebraciones de la gesta creadora de Dios. Y no es excepcional encontrar himnos de acción de gracias por favores recibidos de Dios. Pero en los salmos bíblicos ocupan un lugar importante las recitaciones de la historia nacional, cosa inesperada. Queremos en este ensayo dentro de una colección de estudios sobre los salmos reflexionar sobre este hecho.
            La Biblia Hebrea es la literatura de un pueblo con conciencia nacional. Parte importante de esa conciencia es la participación en su historia nacional de Dios, su Dios YHVH. YHVH es un Dios con un nombre y es el Dios nacional de Israel. El hecho de que su nombre no se pudiera pronunciar no cambia la importancia de que tuviera un nombre propio. Aunque se concibe en la composición final de los libros bíblicos como el único verdadero Dios no deja de ser el Dios nacional de Israel –como Marduk lo era de Babilonia o Chemosh de Moab. Tuvo una participación importante en los hechos formativos de la épica nacional, la historia de los ancestros y los fundadores de Israel.
            En esto la Biblia se distingue notablemente del Qurán, el libro sagrado de los musulmanes. Dios en el Qurán no tiene nombre. Es simplemente “Dios” (Allah). Aunque reveló su libro para la humanidad en árabe no es propiamente el Dios de la nación árabe sino el Dios uno al lado del cual es apostasía poner otro. Como Dios de los humanos Dios juzga a cada persona. Igualmente, Dios es misericordioso y clemente para con todos los humanos. No hay en este libro sagrado una historia especial con la nación árabe. Pero YHVH es el Dios de Israel y sus hechos salvíficos son hechos formativos de la nación Israel. Esto es un supuesto para que la historia de Dios con Israel pueda entrar en la liturgia reflejada en los salmos bíblicos.
            Sin embargo, cuando leemos los salmos bíblicos nos damos cuenta que la mayoría de ellos tratan con el individuo y sus problemas frente a sus enemigos. El salmista en los salmos de súplica, que son el mayor número (unos cuarenta y tres), pide la intervención de Dios en sus problemas personales y por lo general ni siquiera menciona los hechos de YHVH para con la nación Israel. Hay, sin embargo, algunos salmos donde las historias (o leyendas) nacionales juegan un papel. Estos salmos no forman una categoría especial (Salmos históricos, digamos). Más bien, hay alabanzas de Israel que celebran las gestas de YHVH en la historia nacional. Y hay también salmos de súplica comunitarios que hacen memoria de las gestas reales o imaginarias de YHVH en el pasado para motivar su intervención en las crisis del presente. Es decir, la historia nacional entra con facilidad en los salmos que son comunitarios sin que tengan un estilo especial ni conformen un bloque por su forma o estructura. Siendo esto así, los trataremos en este ensayo según los géneros literarios a los cuales pertenecen, géneros que incluyen también salmos que no hacen memoria de hechos de Dios en la historia nacional.

1.         Súplica en un tiempo de crisis

            Una de las categorías de los salmos es la súplica o lamentación comunitaria. Algunos de estos salmos aprovechan las tradiciones históricas de Israel en sus peticiones de auxilio a su Dios. Tomaremos algunos ejemplos para ver cómo se usa la historia en momentos de crisis. Comencemos con el Salmo 83. Este es uno de diecisiete salmos de súplica comunitaria en el libro de Salmos. No es difícil imaginar las circunstancias para el uso de estas liturgias. Serían momentos de crisis en que el rey y los sacerdotes convocaban al pueblo para pedir la intervención del Dios de Israel. La estructura del Salmo 83 es sencilla: Invocación (v. 2), descripción de la desgracia (vv. 3-9) y petición (vv. 10-19). La desgracia se describe como una alianza de pueblos que se han juntado contra Israel para barrerlo de entre las naciones para que ya no haya memoria de él (vv. 5-6). La lista de naciones que conspiran es larga e incluye algunos pueblos ficticios conocidos solamente en las tradiciones históricas de Israel (Ismaelitas, Hagreos, y amalecitas) junto con países reales del entorno (Moab, Edom, Ammón, filistea, Tiro y Asiria). Aun si excluimos los países del pasado legendario no es probable una coalición tan diversa como la nombrada. Así pues, debemos pensar que el salmo visualiza un ataque general de los países conocidos de las tradiciones históricas y de la experiencia militar de Israel o, probablemente, Judá. No es una liturgia para una situación concreta sino para uso en casos de amenaza nacional.
            En la petición, la última sección de esta súplica, los suplicantes usan sus tradiciones nacionales para solicitar de Dios que trate estas naciones como trató a Madián y sus jefes Oreb y Zeeb en los días de Gedeón (Jueces 6-8) o a Sísara en los días de Débora (Jueces 4-5). Es un asunto de debate entre los intérpretes de la Biblia la posibilidad de que esos combates se dieran en la realidad o si son creaciones de Israel a medida que se iba creando su pasado legendario. No importa. Para los griegos las épicas de Homero acerca de la liga griega contra Troya formaron la identidad nacional e igual es el caso con Débora y Gedeón sin que afecte la medida en que sus gestas fueran creadas por sus poetas más que por sus hechos. En el salmo la nación ruega de su Dios que despierte de su letargo y los salve como lo hizo en el pasado glorioso que conocen por las historias que transmiten sus sabios.
            El Salmo 77 debe clasificarse como un salmo de súplica comunitaria aunque no tiene la estructura típica de estos salmos. Se presenta como una meditación de un sujeto singular, quizás el rey o el sacerdote que oficia. Como algo inusual, la descripción de la desgracia es muy breve, vv. 8-10, y se limita a traer a luz el abandono de Dios, lo cual da al salmo un tono reflectivo y a la súplica la del anhelo religioso de la presencia de Dios. Como es frecuente en los salmos de súplica sus últimas líneas son de alabanza o acción de gracias (ver Salmos 22, 28, 31, etc.). A veces, como en el salmo 22, parece que un oráculo profético dio confianza en la salvación de parte de Dios. En la mayoría no hay indicio de qué provoca el cambio en las expresiones litúrgicas. Aquí se puede pensar que es una teofanía a la cual se alude con las nubes y los truenos en el v. 18. Los salmos bíblicos reflejan una impresionante creatividad de lo cual éste es un magnífico ejemplo. Me inclino a pensar que es una pieza litúrgica para la asamblea en un fiesta, fiesta en la cual se pausa para una meditación en presencia de Dios. Así el “yo” representaría a los fieles que meditan cada quien sobre la ausencia y presencia de Dios con su pueblo.
            La primera mitad de este salmo, vv. 2-11, es una meditación sobre la ausencia de Dios. La presencia divina comienza a percibirse en el v. 12, “Recuerdo tus hechos, Yahvea, sí, recuerdo tus maravillas de antaño”. Y el 15, “Tú, Dios, obras maravillas (pele´)”, que por su vocabulario bien podría estar pensando en las plagas en Egipto (nifla´ot, de la misma raíz que pele´). Las varias referencias al temor de las aguas ante Dios en los vv. 17-19 son lenguaje de teofanía, en el culto el humo de los sacrificios que vela y revela la presencia de Dios. Pero todo culmina y cierra en la reflexión final sobre la salvación del pueblo en Egipto: “Tú guiaste como rebaño a tu pueblo por la mano de Moisés y Aarón”.
            En este hermoso salmo la historia de las gestas históricas de YHVH con su pueblo no domina el poema que es más bien una meditación sobre la ausencia de Dios y su manifestación. Pero la culminación de todo es el recuerdo de la salvación bajo la dirección de Moisés y Aarón. ¡La historia de los hechos salvíficos de Dios entran sin pretensión dentro de la celebración/lamentación del culto litúrgico!
            También es un salmo de súplica, esta vez del individuo, Judit 9:2-14. Tiene la estructura clásica de estas peticiones, una invocación (vv. 2-4g), la petición (vv. 4h-6), la descripción de la desgracia (v. 7), y nuevamente la petición (vv. 8-14). Pero, en un sentido más estricto, tenemos que llamar a este poema una oración para una situación muy específica y no una oración litúrgica aunque reciba su forma de los salmos litúrgicos. Este peculiaridad se debe a su composición para un relato ficticio como lo es el relato de Judit. No es, como Jonás 2, un salmo apropiado por los autores de una composición litúrgica de Israel.
            La oración de Judit es una plegaria pidiendo la ayuda del Señor (Kyrios, el original es griego) para el éxito del plan que ha ideado para decapitar a Holofernes el general del ejército asirio que tiene sitiada la ciudad (ficticia) de Betulia. Las alusiones a la historia están entretejidas en la oración, tanto en su invocación como en los versos de petición.
            En su invocación, Judit se dirige al “Señor, Dios de mi padre Simeón”, una manera única de invocación en toda la literatura israelita. No es que ella sea de la tribu de Simeón sino que se identifica con las acciones en las que Dios liberó a Dina, hija de Jacob que fue violada por Siquem y su honor rescatado a la manera de esos días por sus hermanos Simeón y Leví (Gén 34). En su invocación Judit atribuye a la acción de Dios la venganza de Dina (v. 2). Es evidente la identificación emocional entre Dina la virgen y Judit la viuda, como ella misma se llama dos veces en su oración (vv. 4 y 9). Virgen y viuda, mujeres que no son de un hombre y que dependen, por lo tanto, de Dios de una forma especial.
            Tanto en la descripción de la desgracia (v. 7) como en la petición se nota que los asirios se enorgullecen del poderío de sus armas. No saben que “tú eres desbaratador de guerras” (Judit 9,7). Tampoco saben que “eres el Dios de los humildes, defensor de los débiles, refugio de los desvalidos” (v. 11). Su petición final es “Abate su soberbia por mano de mujer” (v. 10). Así pues, el vínculo Dina-Judit une una historia del pasado legendario de Israel con una imaginaria presente como manifestaciones de la opción por los pobres del Dios de Israel.
            En resumen, la oración de Judit es un uso selectivo de la historia oficial de Israel para afrontar una crisis específica del presente. Judit es fortalecida en vísperas de entrar a la empresa peligrosa de matar al general asirio por un uso refinado de la historia de los patriarcas, o más exactamente, de una matriarca de Israel.

2.         Acción de gracias por favores recibidos.
            El Salmo 135 es un salmo de acción de gracias por la posesión de la tierra. Su lenguaje tardío lo marca claramente como un salmo del Segundo Templo durante el dominio persa. La parte operativa que recuerda el favor recibido (vv. 8-14) corresponde a la descripción de desgracia en un salmo de súplica. Aquí es el recuerdo de la gesta divina que permitió al pueblo tomar posesión de su tierra.
            La estructura de este salmo es el siguiente: Llamado a la alabanza (vv. 1-4), donde prevalecen los imperativos de los himnos del libro de Salmos (“Alabad a YHVH” y similares). En una segunda parte (vv. 5-7) aparece un “yo” que celebra a YHVH por sus obras en el cosmos, con énfasis en los cielos; el yo es quien oficia la liturgia, probablemente un sacerdote. Sigue el núcleo central del recuerdo del favor de la donación divina de la tierra (vv. 8-14). Viene luego una descalificación de los dioses de las naciones muy en el estilo del Deutero-Isaías (vv. 15-18), y se concluye con un nuevo llamado a la adoración (vv. 19-21) que sirve así para encuadrar el salmo.
            La parte que nos interesa pasa rápidamente de los prodigios contra Faraón y sus siervos (vv. 8-9) a las derrotas de los reyes de Transjordania Sijón y Og y todos los reyes de Canaán (vv. 10-11), la afirmación de la donación de la tierra por herencia a “Israel su pueblo” (v. 12), para concluir con una confesión de fe en YHVH que es misericordioso con sus siervos (vv. 13-14). Es un texto bien enfocado sobre la heredad de la tierra por Israel, reflejando que su situación en vida sería una fiesta nacional de cosecha donde se celebran los frutos de la tierra. No deja de ser significativo que el contenido sean las gestas de la épica nacional, gestas conocidas en la forma que las conocemos en Éxodo y Números. Aunque se mencionan las nubes, las lluvias y los tesoros de los vientos (v. 7) el énfasis está en los sucesos narrados en las historias oficiales del pueblo.
            La lista de los convocados a la acción de gracias (“casa de Israel”, “casa de Aarón”, “casa de Leví”, “los que teméis a YHVH”, vv. 19-20) refleja el período persa cuando los sacerdotes eran los dirigentes del pueblo. La ausencia del rey es notoria pero no es sorprendente para una liturgia de este período cuando Judá no tenía reyes.
            Éxodo 15:1-18 es un himno de alabanza que por su tema se acerca al salmo de acción de gracias y trata, en lo general, el mismo tema del Salmo 135, la heredad de la tierra. Sin embargo, aquí la victoria sobre el ejército de Faraón, tema no mencionado en el Salmo 135, ocupa un espacio muy importante. Y todo desemboca en la celebración del reinado de YHVH desde “el monte de tu heredad”, “el lugar de tu morada”, “el santuario de Adonai”, aparentemente sinónimos todas las expresiones en el v. 17. La celebración de YHVH como rey es un tema frecuente en los Salmos (47, 93, 95-100) y es la base para la hipótesis de que la entronización de YHVH era centro de una fiesta anual en el Año Nuevo.
            El lenguaje de este salmo es arcaico. Los intérpretes reconocen que es uno de los más antiguos poemas de la Biblia. Los intérpretes difieren si es de antes de la monarquía, o si es un himno que supone ya el templo y la realeza. Lo segundo parece más natural dadas las expresiones que vimos en el v. 17. Es un himno del período clásico de Israel, el monárquico. Contrario al Salmo 135 aquí no hay celebración de la obra de Dios en los fenómenos cósmicos o meteorológicos. YHVH es un guerrero y lo que se celebra es su victoria sobre sus enemigos, tanto Egipto como los reyes de Canaán.
            La primera sección, vv. 1-8, celebra a Dios por su proeza en derrotar “los carros del Faraón” por el poder de su diestra. El tono es hímnico aunque carece del llamamiento a la alabanza que abre los himnos bíblicos. El evento del mar se concibe como una batalla más que como una marcha al desierto, tal y como se concibe en el relato en prosa en el cual está inserto. Tiene, pues, un cierto parecido al himno de victoria en Jueces 5, el arcaico Cántico de Débora, aunque la sección sobre la derrota de los reyes de Canaán y entrega de la tierra (v. 14-17) impide pensarlo como un himno de victoria. La clave parece estar en el v. 13, “Condujiste en tu amor al pueblo que redimiste, le heredaste por tu fuerza tu lugar santo”. Aunque no llama el salmista a agradecer a Dios aquí se identifica con el pueblo redimido, redención que en la tradición bíblica es por excelencia la liberación de la servidumbre en Egipto. La voz singular que alaba a Dios es vocero del pueblo redimido que identifica su redención como victoria sobre Egipto y sobre los reyes cananeos para poseer la tierra. Todo ello es su redención y todo se debe al brazo poderoso de YHVH. ¡Ni siquiera se menciona a Moisés!
            Todo culmina en la aclamación “¡YHVH reina por siempre jamás!” conocida por los himnos a YHVH como rey. Si hubo una fiesta de entronización en el Año Nuevo en Israel, esta acción de gracias la tendría que tener como su lugar vital. No es seguro, sin embargo, que esta fiesta sea más que un invento de la ciencia bíblica. En los salmos de la realeza de Dios (Salmos 47, 93, y 96 a 100) no se ancla su reinado sobre hechos históricos sino sobre su victoria cósmica. Cierto que los mares entran, especialmente en el Salmo 93, pero en Éxodo 15 la victoria es sobre el ejército más que sobre el mar. El mar es un instrumento en la victoria de YHVH sobre los carros de Faraón. Pienso que es mejor considerar este salmo como uno de acción de gracias en el seno de una gran fiesta en honor a YHVH. El tema de la tierra cabe, como vimos en el Salmo 105, con una fiesta de cosechas –pero todas las fiestas de Israel eran fiestas de cosecha de un tipo o de otro. Es perfectamente viable pensar en una fiesta donde se le celebraba a YHVH como gran guerrero al recordar sus hechos que culminaron en una tierra para Israel y en YHVH como rey.
            Se ha discutido mucho cuál era la tradición del mar y de la derrota de los reyes de Canaán que conoció el poeta salmista. Es una pregunta que no se puede contestar. Las descripciones en el mar son poéticas y no repiten los relatos prosaicos de las épicas que conocemos por el libro del Éxodo o los libros de Números y Josué. El salmo, a juzgar por su forma lingüística, es muy antiguo y es probable que no dependa de ningún escrito, mucho menos nuestros textos. Sin embargo, tampoco contradice los relatos conocidos. Es obvio que los relatos son el producto de una larga etapa de formación que para el poeta era conocida en un momento temprano. Sería un error buscar reconstruir a base del poema relatos más antiguos. El salmo nos da un magnífico ejemplo del uso de la imaginación poética para celebrar las gestas redentoras de Dios con su pueblo.
            El Salmo 126 es, como los otros salmos de acción de gracias que hemos visto, una combinación de alegría por la cosecha con celebración de Dios por obras de salvación. El tema de celebración es diferente aquí. Es el regreso del cautiverio, cuando YHVH “hizo volver el cautiverio de Sión” (v. 1). Para la comunidad judaíta del Segundo Templo el regreso del cautiverio era una gesta salvífica tan importante como el éxodo de la servidumbre en Egipto, y ¡mucha más próxima a su experiencia!
            La estructura de este pequeño salmo es sencilla: Una primera parte expresa la alegría que llena los pechos de los peregrinos (vv. 1-3). La segunda parte (vv. 4-6) pide a Dios por los que aún se encuentran en la dispersión y reflexiona sobre su llanto y la anticipación de su alegría. Es un bonito salmo que nos recuerda que la historia de la salvación no terminó con la posesión de la tierra de la promesa en tiempos de Josué. Los fieles de Yehud persa también conocían la salvación en su tiempo.

3.         Celebración nacional
            Existen en el libro de los Salmos unos veintitrés que son himnos, o sea, salmos de alabanza de la comunidad. Entre ellos hay unos cuatro que usan memorias históricas en su alabanza. Examinaremos dos de ellos, los Salmos 105 y 136.
            El Salmo 105 es una alabanza cuyo contenido es una lista de las promesas hechas a los patriarcas, de las proezas del éxodo y de la alimentación en el desierto, y del cumplimiento de las promesas en la posesión de la tierra. Aparentemente fue a través de himnos como éste que un pueblo que no leía ni tenía acceso a libros llegaba a conocer su historia nacional. Como en el Pentateuco mismo, el arco unificador es la promesa a Abraham e Isaac (v. 9 y 11) y su cumplimiento en la toma de una tierra propia (vv. 42-45). Se celebra hímnicamente todos los personajes principales del Pentateuco desde Abraham (Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés y Aarón) dentro del mismo esquema del Pentateuco que hace también un arco de promesa a cumplimiento.
            La estructura hímnica es sencilla y coherente con muchos himnos: Primero, un llamado a la alabanza en imperativos de segunda persona plural (vv. 1-6), luego el cuerpo de la alabanza (vv. 7-41), y una conclusión que celebra haber heredado “los trabajos de las naciones” para cumplir sus mandamientos (vv. 42-45). Es evidente que el tema de la tierra es el eje fundamental de la alabanza histórica, como hemos visto en otros salmos que aprovechan la historia sagrada “oficial” de Israel. Esto permite suponer que este himno era usado en una de las fiestas de cosechas del año litúrgico en el templo.
            En cuanto al contenido del cuerpo del himno que recuenta la historia, no hay diferencias importantes con nuestro Pentateuco, aparte la omisión de la creación y el diluvio. No es posible saber si la composición supone el Pentateuco ya escrito o no. Por lo menos supone una historia sagrada definida en el sentido que recibe en el Pentateuco. Para el pueblo común y corriente ésta sería la forma en que conocería la historia de su fundación como nación. Aun después de producido, un libro no llegaría a la población común y corriente. Un salmo como este cumple una doble función, dar expresión a la alabanza del Dios nacional y servir como vehículo de educación para el pueblo en su historia nacional y religiosa.
            El Salmo 136 es otro himno que aprovecha la historia sagrada oficial para alabar y educar. Tiene una estructura hímnica sencilla: Llamamiento a la alabanza (vv. 1-3), cuerpo hímnico que celebra las acciones de Dios en el cosmos (vv. 4-9) y para con su pueblo escogido (vv. 10-25), y una conclusión que nuevamente llama a alabar (v. 36). Pero lo más llamativo es el refrán que se repite después de cada línea, “porque para siempre es su misericordia” (ki le`olam jasdo). Poéticamente, el refrán es demasiado repetitivo para ser elegante, pero tiene la ventaja de ofrecer una participación fácil al pueblo que alaba a su Dios.
            A diferencia del Salmo 105, este salmo, en su cuerpo, dedica sus primeras cinco líneas a la obra de Dios en la creación de los astros antes de pasar a la historia nacional. La historia nacional no comienza con los patriarcas sino con el éxodo de Egipto por la mano fuerte y el brazo extendido de YHVH y sigue la conquista de los reyes Sijón y Og de Transjordania y la entrega de una “heredad” a Israel (v. 22). Es llamativo que en ninguno de los salmos que usan la historia se mencione a Josué, aunque el énfasis está generalmente en la heredad de una tierra. Esto nos dice que es el Pentateuco que refleja la historia nacional y que no hubo en la conciencia israelita un “hexateuco” que incluyera la conquista de la tierra bajo Josué. Josué no entró en la conciencia nacional aun cuando formó parte de la historia que se escribió en tiempos del exilio babilónico, la Historia Deuteronomística.
            Entre los salmos de acción de gracias y los himnos que aprovechan la historia podemos derivar una idea de cómo se conoció en la conciencia de los israelitas su propia historia nacional. La historia no era una disciplina secular que se enseñaba en la escuela sino parte de la tradición nacional que se celebraba en las fiestas. La religión no ocupaba un lugar separado de la política o la economía. Esto es obvio, pero hay que subrayarlo porque la modernidad quiere remover la religión a la vida privada de la familia y hacer de la ciencia, la economía y la política esferas seculares. Los himnos, que se cantaban en el templo que era el santuario del rey, hacen evidente la gran diferencia con esta concepción moderna de la esfera religiosa.

4.         Prédica panfletaria
Existe un salmo con mucho contenido histórico que no corresponde con ninguno
de los géneros usuales sino que es más bien un sermón didáctico con propósitos políticos partidistas. Me refiero al Salmo 78.
            El tono didáctico se presenta desde la primera línea, “Escucha, pueblo mío, mi ley (torah), extiende tus oídos a los dichos de mi boca” (v. 1). Esto es palabra de Dios pero pronto asume la palabra un maestro: “Lo que hemos oído y lo que sabemos, lo que nuestros padres nos contaron, no se lo callaremos a nuestros hijos, a las generaciones venideras se lo contaremos” (vv. 3-4). Sigue una larga sección didáctica de historia (vv. 5-58) que abre con la dádiva de la ley en vv. 5-6 y prosigue con la enorme lista de las rebeldías de los padres. Uno podría pensar que se está preparando para confesar pecados y pedir perdón. Pero no. El asunto es otro.
            Todas estas rebeliones hicieron que “Dios se enfureciera y rechazara a Israel y abandonara el santuario de Silo” (v. 59). Israel y Silo aquí tienen intenciones partidarias pues se refieren al reinado de Israel –y no a Judá. La intención partidaria es evidente cuando dice, “Rechazó la tienda de José y no escogió la tribu de Efraín, mas eligió la tribu de Judá, el monte Sión que amó” (vv. 67-68). Y más, “Eligió a David su siervo” (v. 70). En una nación sin periódicos es natural suponer que las reuniones se aprovecharan por la élite para promover sus intereses, incluso sus intereses partidistas. Aquí tenemos una instrucción política de los funcionarios de la corte davídica que busca descalificar a través del recuento de la historia las pretensiones y atractivos que pudiera ofrecer el reino de Israel con su capital en Samaria. No debe sorprender que este tipo de homilías se dieran, y quizás más sorprendente es que no haya más de ellos en el salterio bíblico que tuvo su origen en Jerusalén.

5.         Petición de misericordia para un pueblo rebelde
            Posiblemente el uso más interesante de la historia en las liturgias de los salmos son los salmos de súplica comunitaria donde la historia se vuelve una letanía de rebeliones de los antepasados. Comenzaremos leyendo el Salmo 106. Este salmo es una letanía compleja con una larga lista de eventos pasados, algunos obras salvíficas de YHVH, otras rebeldías de Israel y algunas intervenciones de hombres santos para desviar el juicio. Pero la estructura es relativamente sencilla: Un llamamiento a la alabanza (vv. 1-5), más típico de los himnos que de los salmos de súplica. Hay invocación con petición de salvación en dos partes que juntas encierran el cuerpo del salmo, vv. 4-5 y 47. El cuerpo del salmo, que no es una descripción de la desgracia como suele ser en estos salmos sino una larga lista histórica en parte de hechos de salvación y en parte de rebeldías (vv. 6-46). Concluye una breve conclusión hímnica, un llamado a la alabanza (v. 48).
            Para entender es conveniente leer las invocaciones: “Acuérdate de mi, YHVH, por benevolencia para con tu pueblo; visítame con tu salvación, para ver tu bondad con tus escogidos, para que me goce en el gozo de tu nación y celebrar con tu heredad” (vv. 4-5). La primera persona singular es el vocero litúrgico, probablemente un sacerdote. Habla a nombre del pueblo aunque lo haga en el singular. Significativo, a la luz de lo visto en otros salmos, es la conclusión sobre celebrar la heredad. La heredad es la tierra que Dios dio a Israel. La petición final, que cierra el arco con ésta, asume el plural, “Sálvanos, YHVH nuestro Dios, y recógenos de las naciones para alabar tu nombre santo, para gloriarnos en tu alabanza” (v. 47). Esto establece la ocasión, un día de petición y ayuno por la dispersión del pueblo de Israel. Es probable que se usara el día diez del quinto mes cuando se conmemoraba la destrucción del templo por el ejército babilonio el año diecinueve de Nabucodonosor (Jeremías 52:12), ocasión que siguió conmemorándose aun después de la construcción del segundo templo (Zac 7:3). Si esta suposición es correcta tenemos entre manos un salmo para un día anual de ayuno y petición en ocasión de la destrucción del reinado y la pérdida de la heredad.
            Ahora estamos listos para ver cómo el salmo lee la historia clásica. Comienza en Egipto con los prodigios (referencia a las plagas) y especialmente la victoria en el Mar Suf (vv. 6-12), recitando en estilo narrativo (inclusive con vav consecutivas). El estilo no es hímnico porque no está dirigido a Dios, aunque el contenido es uno de recuerdo de las victorias salvíficas de Dios en beneficio de su pueblo. La siguiente sección, más larga (vv. 13-23), toma varios incidentes en el desierto, todos ejemplos de rebelión. La conclusión de esta sección recuerda que Dios hubiera destruido al pueblo a no ser por la intervención en su favor de Moisés “su escogido”. Viene otra sección sobre las rebeliones en el desierto, más breve (vv. 24-31), que termina con la intervención de Pinjás para detener la ira de Dios contra el pueblo por su traición con Baal-Peor. La última sección del cuerpo del salmo (vv. 32-46) trata de las rebeliones una vez en la tierra, donde ofrecieron sacrificios a los “ídolos de Canaán” (v. 38). Aquí no hay un mediador, como en las dos secciones anteriores, sino que Dios “se acordó de su pacto y se compadeció por su gran amor” (v. 45).
            Mirado en su conjunto el cuerpo histórico de este salmo llama la atención un conocimiento de la historia muy próxima a la del Pentateuco más el libro de Jueces, con la perspectiva ideológica del historiador deuteronomístico que se resume en Jueces 2:6-3:6). Como en los otros salmos con listas históricas es notoria la falta de Josué. Es importante preguntarnos qué papel juega la lectura de la historia desde las rebeliones del pueblo, elemento que efectivamente está presente también en los libros de historia que nos han llegado. En este salmo hay dos elementos: Los mediadores Moisés y Pinjás y la misericordia de Dios. Es decir, el pueblo en sí se ha mostrado repetidas veces rebelde y ha provocado al Dios que los salvó. No ha sido destruido por la presencia de figuras escogidas por Dios que han intercedido y por la misericordia que caracteriza a Dios mismo. La petición en los vv. 4-5 y 47 no es una confesión de culpa y petición de perdón sino una apelación a las misericordias que Dios ha mostrado en el pasado. Y la petición concreta es el retorno de los dispersados entre las naciones, sin el énfasis en la posesión de la tierra que hemos visto en los salmos que hemos analizado hasta ahora.
            El último salmo que examinaremos es Nehemías 9:5-37, un salmo de súplica que es una confesión de culpa por los pecados del pasado y presente de la nación. Es en todo sentido un salmo sin paralelo en la Biblia y amerita atención. Es evidente que la ocasión es un día de penitencia. En su contexto habría sido el día veinticuatro del mes séptimo, o sea, tres días después del fin de la fiesta de la vendimia. Es extraño y algunos intérpretes creen que el libro de Nehemías ha sufrido desórdenes de manera que “el mismo mes” (Neh 9:1) no debe seguir a la mención de la fiesta del séptimo mes en el capítulo 8, como lo hace ahora. Pero Zacarías 8:19 menciona un día de ayuno en el séptimo mes, por extraño que parezca. La verdad es que no conocemos mucho sobre los ayunos que se practicaban en el Yehud de los siglos quinto y cuarto antes de Cristo. En todo caso, el salmo se compone para uso en días de ayuno y penitencia en la Yehud reconstituida después de los exilios del siglo sexto.
            Este salmo comienza con un llamamiento a la alabanza (v. 5) y termina con una confesión de culpa que es a la vez una descripción de la miseria que vive el pueblo en su tierra que ya no es suya:

Mira, nosotros somos hoy esclavos,
y la tierra que diste a nuestros padres para comer su fruto y su abundancia
¡nosotros somos esclavos en ella!
Su producto has multiplicado para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados;
sobre nuestros cuerpos dominan y nuestros ganados por su placer,
y ¡estamos en grave angustia nosotros! Neh 9:36-37

Es dramática la presencia de la primera persona plural, “nosotros”, en estas seis líneas poéticas. La gramática hebrea no lo exige, pues como en castellano la persona ya va dicha con la forma del verbo. ¡Todo el salmo termina en un nosotros! Y así la petición no está dicha, sino que se supone que el Dios misericordioso que se ha mencionado muchas veces a lo largo del recuento histórico responderá a esta grave angustia en que estamos nosotros. La confesión de culpa no está totalmente ausente, está dicha en una frase subordinada, reyes “que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados” pero el énfasis no está allí sino en la angustia de nosotros que somos hoy esclavos en la tierra que diste a nuestros padres.
            El llamamiento a la alabanza en el v. 5 no es usual, pues los verbos no son imperativos como se espera que lo sean sino perfectos –se alzaron, bendijeron– y un imperfecto, y bendecían. Con ello se da la impresión que son los levitas enlistados en el v. 4 que bendijeron a Dios a oídos del pueblo (en vez de invitarlos a alabar, como sería normal). El efecto es dejar al pueblo tras bastidores hasta el lamento final de los vv. 36-37. Todo el cuerpo del salmo, vv. 6-31, está formulado en segunda persona del singular, TU. Veamos sus partes:
            La primera estrofa, v. 6, celebra que TU vivificas todas las cosas y que los ejércitos del cielo te alaban. Sigue una estrofa, vv. 7-8, sobre como TU llamaste a Abraham de Ur de los Caldeos y le hiciste promesas de tierra. Luego una estrofa, vv. 9-12, que recuerda los prodigios contra el faraón y sus siervos “porque miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto”, la primera mención del pueblo. También se verá como importante la mención de que “supiste que se ensoberbecieron (hezidu) contra ellos” (v. 10), tema que recurrirá. Vv. 13-14 recuerda que “les” diste juicios y leyes en el monte Sinaí. La siguiente estrofa, v. 15, recuerda TUS atenciones que les diste en el desierto. Pero, comienza la estrofa vv. 16-21, “Ellos y nuestros padres se ensoberbecieron (hezidu)”, como lo habían hecho Faraón y sus siervos según v. 10. Esta soberbia no impidió que TU fueras clemente y misericordioso y no los abandonaras (v. 17). Enviaste la nube para sombra de día e iluminación de noche y les surtiste de pan y agua. La estrofa vv. 22-25 trata de como “les” diste tierra y reinos, y humillaste “ante ellos” a los habitantes del país. La siguiente estrofa, vv. 26-31, es importante en establecer el contraste entre “su” rebeldía y cómo a pesar de ello “según TUS muchas misericordias les liberaste” (v. 28). Aparece por primera vez el clamor de ellos a TI (v. 27) y vuelve el tema “ellos se ensoberbecieron y no escucharon tus ordenanzas” (v. 29). Y la estrofa termina, “No los abandonaste pues eres un Dios clemente y misericordioso” (v. 31).
            “Y ahora”, v. 32, introduce la conclusión (vv. 32-37) que es la confesión de culpa y la reafirmación de la misericordia de Dios. Vimos ya como los vv. 36-37 subrayan el nosotros. Esto ya se va presentando con menos intensidad desde v. 32, “y ahora, Dios nuestro”. Después de relatar desgracias dice, “TU eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros (esto es un sufijo en hebreo y no un pronombre), porque obraste con verdad y nosotros (ahora sí, el pronombre) hemos hecho el mal”. Después de esta confesión de culpa, las líneas finales que citamos al principio de nuestro examen de este salmo ponen la culpa de lado para confesar las misericordias de Dios con la esperanza que, como en días pasados, prevalezca su misericordia sobre las rebeldías del pueblo.

 

Conclusiones
            Hemos trabajado con el supuesto que la gran mayoría de los salmos de la Biblia son piezas litúrgicas compuestas para uso en el templo de Jerusalén, algunas en el templo de Salomón y otras en el templo construido bajo Zorobabel en el siglo quinto. Como Moab, Amón y Edom, Israel tenía su dios nacional. Los salmos revelan el alto grado en que la historia nacional había sido leído desde su Dios. Con los relatos mediante los cuales recibía su forma la historia nacional se podía celebrar los éxitos en las fiestas alegres y asimilar las derrotas en las solemnidades que conmemoraban la derrota decisiva bajo Nabucodonosor. Las fiestas más importantes del año en Israel eran las tres fiestas de cosechas, Azimos, Semanas y Recolección. La historia que se cantaba y recitaba en estas fiestas era la historia de cómo Dios había dado la tierra a su pueblo, tierra cuyos productos se consumían y se celebraban en estas fiestas. En el Segundo Templo adquirió importancia la súplica por el retorno de los dispersos entre las naciones, como en el salmo 126, y el lamento por estar en la tierra sin poder disponer de ella por cause de los opresores en Nehemías 9.
            Hay salmos que reflejan un uso ingenioso de la historia en situaciones particulares y para fines muy específicos. El más lindo de ellos es sin duda Judit 9, pero también habría que mencionar aquí la homilía partidista davídica del salmo 78 y podríamos añadir la celebración de Sión en el salmo 132, que no hemos examinado en este ensayo.
            Esto nos plantea interrogantes pastorales y litúrgicos para nuestras naciones y para nuestras comunidades de fe. En todos los países latinoamericanos la fiesta nacional suele ser la celebración de la independencia de España. Aquí es que nuestros niños desfilan y cantan y asimilan una visión de la historia nacional. ¿Es suficiente? Pienso que no. Permite celebrar héroes del pasado que vestían uniformes militares de otra época y que en su distancia del pueblo son asimilados a las élites que siguen gobernando nuestros países. No hemos creado historia crítica en que se confiesen los graves errores de nuestros padres de la patria que formaron Estados donde los gobernantes podían saquear impunemente las arcas del estado. Sería ingenuo pensar que en las escuelas públicas se fuera a cultivar este tipo de relectura de nuestras historia nacionales. Pero urge que se encuentren espacios. Universidades, periódicos, grupos de teatro y circo, comunidades cristianas con conciencia crítica. Necesitamos buscar espacios donde sea posible forjar estas lecturas alternativas. No estamos, por supuesto, en cero en América Latina. Las novelas y ensayos de gente como Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, y muchos más son un comienzo digno.
            Pero también es necesario que en nuestras comunidades de fe aprendamos a usar nuestras liturgias creadoramente a la manera de Judit. Poder encontrar en nuestra historia figuras como las de Oscar Arnulfo Romero y Bartolomé de Las Casas y saber usarlas en nuestras celebraciones. Retomar y celebrar laicos como los esposos Mery y Felipe Barreda en Nicaragua. Encontrar personas en nuestras comunidades locales, como lo fue para los bautistas nicaragüenses Olympia Colindres, líder de la Feminil Bautista en Nueva Segovia y Madre de Héroes y Mártires activa en las luchas por la soberanía frente al imperio. (Fue hija del general Juan Gregorio Colindres, lugarteniente del general Sandino). El reto está planteado. Cada comunidad tiene que aprender a asumir su propia historia, y asumirla significará celebrarla y confesar sus desvaríos. ¡Que Dios nos ayude!

Jorge Pixley
Apartado postal 2555
Managua
Nicaragua
jjpixley@ibw.com.ni


Estamos siguiendo la numeración de los modernas Biblias hebreas. Algunas traducciones, incluyendo Reina-Valera, al no enumerar los títulos, tienen un número o dos menos que la numeración hebrea (es decir el versículo 1 de estas versiones es número 2 o 3 del hebreo).

 

 
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