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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

MARIA EN LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS. Una historia que se sigue escribiendo

IVONI RICHTER REIMER 

Resumen

Este artículo analiza aquellos pasajes de los evangelios sinópticos que hablan de María: la esposa de José, la madre de Jesús y de otros hijos e hijas. Se quiere destacar a María como mujer protagonista en la historia de su pueblo. Su maternidad se sitúa dentro del proyecto de Dios y, al mismo tiempo, hace parte de su propio proyecto de vida. Este artículo hace una relectura de la relación entre Jesús y su familia, dentro del contexto patriarcal, propio de la época. Busca reconstruir las experiencias de María como mujer, al tiempo que reflexiona sobre la experiencia religiosa que va a marcar su propia historia.

Abstract

The article analyzes the passages in the Synoptic Gospels which speak of Mary, wife of Joseph, mother of Jesus and of other daughters and sons. It highlights Mary as a woman who is a protagonist in the history of her people. Her motherhood is located within the project of God and is part of the project of life itself. The article does a rereading of the relation between Jesus and his family within the historico-patriarchal context of the time and seeks to reconstruct the experiences of Mary as a woman who reflects on her religious experience and who makes decisions about her history.

Releer y rescatar parte de la historia de María, para reconstruir su significado dentro de la historia de Dios con su pueblo, es una tarea urgente y compleja. Urgente por dos razones: por el tipo de lectura dogmática que, sobre María, se acostumbra hacer y por la instrumentalización de un ideal de mujer que se ha querido imponer a las mujeres de todos los tiempos, incluidos los nuestros. Compleja, a causa de la confusión que se ha dado entre la experiencia histórica, la interpretación y las relecturas que se han hecho desde los mismos orígenes, incluso desde el mismo proceso de escritura y canonización de los escritos.

Esta tarea es un desafío gratificante, porque al afirmar la relevancia de María en el proceso de recreación, podemos descubrirla simplemente como la mujer llena de gracia, que por pura gratuidad se convirtió en partícipe del proyecto de Dios. Ella engendra una nueva historia, en la que ella misma se revela cuestionadora y preocupada, con alegría, alabanza y dolor. María, la totalmente humana, por su fe se convierte en una bendición para muchas generaciones, María, simplemente María, como tantas otras Marías, fue bendita porque parió un hijo amado, por él se alegra y se preocupa mucho, así como se va a alegrar y preocupar por sus otros hijos e hijas. María está, con sencillez, presente en la vida y en las preocupaciones, en el dolor, en la muerte y en la resurrección de su hijo Jesús, manteniendo viva su memoria en los inicios de la Iglesia, participando de este movimiento como discípula de Jesús.

La memoria de María continúa viva en la vida de mucha gente que, como ella, se pone al servicio del Reino de Dios. Simplemente María, con todas las ganas, la gracia y la entereza... ni más ni menos...

Repasando los textos

 En Marcos, María es mencionada exclusivamente con relación a sus otros hijos e hijas, y esto se da sólo en dos textos: 3,31-35 y 6,3-4.

En Mateo, María aparece en la genealogía de Jesús (1,16), en la historia del nacimiento, en la visita de los reyes magos, en la fuga a Egipto y en el retorno a Israel (1,18-25; 2,11; 2,13-15; 2,20-21); También aparece en los relatos que hablan de sus hijos e hijas (12,46-50; 13,55).

En Lucas, María es mencionada en la anunciación, en la visita a Isabel, cantando el Magníficat, en el empadronamiento junto a José, en el nacimiento de Jesús, en la visita de los pastores, en el templo y delante de Simeón (1,26-38; 1,39-45; 1,46-56; 2,4-7; 2,16.19; 2,27.33-34); aparece también en la peregrinación a Jerusalén (2,41.48.51); se la menciona junto a sus hijos e hijas (8,19-21) y en la bendición de una mujer (11,27). Además de los textos mencionados, es importante destacar que dentro de la obra lucana, María aparecerá también en los Hechos de los Apóstoles (1,14).

Una primera observación de los textos revela que, en general, éstos enfocan a María desde la perspectiva de la maternidad y en relación con Jesús. Este constituye, tal vez, el mayor motivo para mencionar a María en los evangelios sinópticos. Este enfoque está ligado a la función misma de los evangelios que quieren testimoniar el respeto al origen, la misión y actuación de Jesús, en cuanto Mesías, Emmanuel, Hijo de Dios que va a realizar las promesas de Dios. Él es el centro, en torno al cual giran todos los relatos. Los personajes son mencionados en la medida en que se van relacionando con Él y en la medida en que son, de alguna forma, importantes para la realización de los objetivos propuestos por los relatos.

María, mujer-madre

Marcos, siendo el más antiguo de los evangelios sinópticos, no tiene ningún relato sobre el anuncio, la gestación, el nacimiento y la infancia de Jesús. Por tanto, María no aparece en este contexto. Marcos empieza su evangelio con la presentación y actuación de Juan Bautista; este personaje le interesa –y ve como necesario, porque va a destacar la “iniciación” de Jesús dentro de la historia salvífica. De igual manera, Marcos abre la historia, no con el nacimiento de Jesús, sino con la adopción de Jesús como Hijo de Dios, evento que ocurre inmediatamente después de ser bautizado por Juan Bautista en el río Jordán. Es presentado simplemente como “Jesús de Nazaret de Galilea” (1,9). La adopción se describe como una acción realizada por el Espíritu Santo, y anunciada por una voz del cielo: “Tú eres mi hijo amado, en ti pongo mi agrado” (1,10-11).  

Así, de acuerdo con Marcos, es el bautismo, seguido de la adopción, lo que hace de Jesús el Hijo de Dios. Es a partir de este momento que el evangelio empieza a narrar el ministerio de Jesús. Para Marcos es importante colocar la adopción de Jesús antes del inicio de su actuación pública y ligada estrechamente al bautismo realizado por Juan Bautista.

Por eso, Marcos no destaca a María como la persona que gesta y da a luz al Hijo de Dios. En el evangelio de Marcos, María es eminente y exclusivamente una mujer como cualquier otra y da a luz a Jesús de Nazaret igual que lo hace con otros hijos e hijas.

María es mencionada explícitamente apenas dos veces en el evangelio de Marcos (3,31-35; 6,3-4), dentro del contexto geopolítico de Galilea, siempre al lado de sus otros hijos e hijas y dentro del ambiente social de la casa.

El primer texto pertenece al momento de la actuación inicial de Jesús en los alrededores del mar de Galilea , destacándose Cafarnaún como uno de los centros de su actuación sinagogal (1,21) y como la ciudad en la que Jesús está en casa (2,1).

Una tendencia exegética: hostilizar a María y su familia

Los comentaristas bíblicos indican que Mc 3,31-35 debe ser leído dentro del contexto literario mayor de 3,20-35, porque en 3,20 se menciona la casa de Jesús y porque en 3,21 se acostumbra leer que los “parientes de Jesús lo buscaban para aprehenderlo” . A causa de las dificultades textuales de 3,20-21 y de sus implicaciones para la interpretación y comprensión de María en este contexto, es necesario que analicemos más atentamente algunos detalles. Veamos:

Jesús ya ha realizado sus primeros milagros y curaciones. Multitudes lo seguían de todos los lugares en torno al mar de Galilea. El mar y los montes, la sinagoga y la casa son lugares de enseñanza, de conflictos y de demostraciones del poder de Jesús. Jesús ya tiene un grupo que lo sigue fielmente, destacándose el grupo de los 12 (3,13-19). Mc 3,20 abre un nuevo escenario que pasa por la casa de Jesús:

La casa de Jesús aparece aquí no sólo como lugar de abrigo y consejo, donde se puede descansar y hacer reflexiones, sino también como un lugar de preocupación. Los versículos 20 y 21 presentan algunas dificultades: a) 3,20 afirma que “él” –Jesús, va a la casa y a él se le junta nuevamente una multitud; allí se destaca un problema: “ellos no podían comer el pan”, es decir, no podían hacer una refección. ¿Quiénes son “ellos”? La exégesis presupone, sin explicarlo, que son los discípulos que acompañan a Jesús . Esto, sin embargo, no es del todo claro, dado que 3,20 introduce una nueva unidad y en ella los discípulos no son nombrados. Se puede tratar de Jesús y la multitud que son los dos actores que nombra 3,20. La causa por la cual no pudieron hacer una reflexión tampoco queda clara: ¿Es mucha gente o el pan es poco? b) 3,21 agrega un tercer actor al relato: ellos son los hoi par’ autoû, que normalmente es traducido por “los parientes” o la “familia”. En primer lugar hay que considerar que los textos, cuando quieren hablar explícitamente de “parientes” usan el término griego sunguenês y sus derivados, como en el caso de Mc 6,4 (¡); Lc 1,58; 2,44; 14,12; Jn 18,26; en el caso de “familia”, se usa el término griego oíkos y sus derivados. Analizando el término hoi par’ autoû se percibe que éste prácticamente no es usado en el Nuevo Testamento, lo que dificulta la explicación de su significado a partir de un análisis intertextual neotestamentario. A partir de otros textos y estudios, hoi par’autoû se puede traducir por “los que son parte de él”, “los que pertenecen a él”, “sus enviados” , lo que no corresponde necesariamente a su familia “carnal”. Investigando la Septuaginta, una de las fuentes lingüísticas para los evangelios, podemos observar que 1Mac 9,44-58 usa el término hoi par’autoû para designar a los hombres que están combatiendo junto a Jonatán; 1Mac 13,52 muestra que, después del combate contra sus enemigos, Simón ocupa la ciudad de Jerusalén y empieza a vivir en ella, con los suyos (hoi par’autoû), que puede significar el grupo que estaba combatiendo junto con él, incluyendo quizá algunos miembros de su familia, dado que su hijo Juan es mencionado enseguida.

Se percibe nítidamente que 3,20-21 es parte del trabajo redaccional de Marcos que no se encuentra en los otros evangelios sinópticos. Marcos intenta insertar en este contexto fragmentos de tradiciones variadas. Veamos: Mc 3,13-19 habla de los Doce; 3,20 introduce un nuevo escenario en la casa de Jesús, en el cual entra la multitud; el versículo 21 continúa, de manera desconectada: “y habiendo oído los suyos (hoi par’autoû) fueron para...” ; y 3,22 introduce una nueva perícopa, con nuevos personajes.

Buscando entender el trabajo redaccional de Marcos, dentro del contexto y considerando el análisis, tomo la opción de traducir e interpretar hoi par’ autoû como “los suyos”, refiriéndose al grupo de los Doce, anteriormente mencionados. Éstos están junto a Jesús, en su ministerio cotidiano. Se trata de una relación de pertenencia que nace a partir de una escucha y no de un parentesco. Por lo tanto, 3,21 se lee así “y habiendo oído los suyos (los Doce), salieron para...”

El siguiente paso indica el otro problema de interpretación. En 3,21 el término krateîn, por lo general, se traduce y es entendido como el acto de “prender”; con ello se afirma, inclusive, la hostilidad de la familia de Jesús con relación a Él, la incomprensión con relación a su ministerio, la no-anexión al discipulado. Aquí se equipara el hecho de “prender” a Jesús por parte de su familia, con la acción que realizan sus enemigos políticos y religiosos . Es necesario indicar que para la polisemia intrínseca del verbo krateîn, que se observa incluso dentro del mismo evangelio de Marcos,  muestra un sentido de “alcanzar”, “sustentar”, “tomar de la mano”, “abrazar”, “guardar/proteger”, “prender”. No tomar en cuenta estos diversos significados es, cuando menos, pecar de negligencia, dadas las múltiples posibilidades interpretativas. Por lo tanto, veamos cómo –y en qué contextos–  este verbo es utilizado en el evangelio de Marcos.

De las 14 veces que este verbo es utilizado por Marcos, podemos  distinguir, por lo menos, cuatro contextos y, por lo tanto, cuatro contenidos distintos, a saber: a) persecución y hostilidad religioso-militar: 6,17 (Herodes prende a Juan); 12,12 (los líderes quieren prender a Jesús); 14,1.44.46.49 (la prisión de Jesús, en el contexto de la Pasión); b) mantenimiento de la tradición religiosa: 7,3.4.8 (los judíos mantienen la tradición de los ancianos); c) procesos terapéuticos:  1,31 (Jesús toma a la suegra de Pedro de la mano); 5,41 (Jesús toma a la niña de la mano); 9,27 (Jesús toma a un joven de la mano); d) expresión de ayuda y protección: 14,51 (el joven que sigue a Jesús); 3,21 (Los Doce quieren llevarse a Jesús).

Ante estas posibilidades interpretativas, entiendo que la intención de Marcos es destacar, en el contexto, el trabajo cansado de Jesús, su necesidad de descansar y alimentarse, lo que resulta imposible de realizar, debido al “cerco” de la multitud. Todo esto puede dejar a Jesús “atónito”, confuso y perturbado , lo que motiva la intervención efectiva de los “suyos”. En este contexto, toda la acción gira en torno al cuidado y no a la hostilidad, lo que es diferente a lo que normalmente se afirma en los comentarios del texto. La impresión es que la interpretación busca hostigar a la familia de Jesús, incluso a María. No podemos afirmar con certeza que esa fuera la intención de Marcos, pero sí podemos decir que esa es la interpretación que ha asumido la exégesis. De ello no hay dudas.  A partir del estudio que estamos realizando, no podemos afirmar con certeza que Mc 3,21 excluya totalmente a los “parientes” de Jesús, pero tampoco podemos afirmar categóricamente que “parientes” tenga una significación exclusiva, con todas sus consecuencias interpretativas.

María, una madre que busca a su hijo (Mc 3,31-35 par.)

Después de la discusión con los escribas (Mc 3,22-30), Marcos inicia una nueva unidad de sentido, introduciendo nuevos personajes y un nuevo contenido. Jesús está en su casa en Cafarnaún, ésta continúa llena de gente (3,32). El texto menciona “a su madre y sus hermanos” (3,21), quienes permanecen fuera de la casa; ellos envían a alguien –el texto no menciona a quién- para llamarlo. La noticia se difunde y el pueblo anuncia a Jesús que “tu madre y tus hermanos y tus hermanas” te están buscando (3,32).

El relato de la presencia de María con sus hijas e hijos no indica, explícita o necesariamente, que exista una situación de conflicto. Ellos están buscando a Jesús. Quieren contactarlo. Sin embargo, aquí también la tradición interpretativa ha acentuado una tendencia hostil con relación a la familia de Jesús, en el sentido de que ella quiere controlar, frenar o interrumpir su acción profético-mesiánica .

Este relato está consignado en los tres evangelios sinópticos (Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21). En los tres encontramos la presencia de la multitud en la casa de Jesús, la mención de su madre y sus hermanos, la constatación de que la madre y los hermanos están fuera de la casa, la no mención del nombre de María y la ampliación del concepto de familia, desde la perspectiva de Jesús.

Algunos aspectos merecen ser destacados:

  1. La no utilización del término “familia”: los textos hablan de una composición familiar que no es patrilineal, ni patriarcal. Aparecen la madre, los hermanos y las hermanas. La figura y la autoridad de un pater familias no es central en el relato: José no es mencionado. Los textos no transfieren el patriarcado familiar a Dios; tan es así, que la expresión “Padre celestial”, aparece sólo en la versión de Mateo, debido a su fuerte tradición judaica.
  2. María, con sus hijas e hijos, busca a Jesús para verlo y hablar con Él, es decir busca una relación. Con esto no se ha dicho que lo buscan para controlarlo o desviarlo de su misión.
  3. La mención de los dos grupos que quieren estar con Jesús –la multitud y su madre con sus hijas e hijos- apunta a una diversidad de relaciones. No hay que interpretarlos como grupos rivales o contrapuestos, pues queda constancia de que hay contacto entre los dos grupos: Mc 3,31 nos dice que alguien fue enviado para llamar a Jesús; la gente, sabiendo de la presencia de María con sus hijas e hijos, se lo anuncia a Jesús. No hay, en las palabras y en los gestos, ninguna señal de hostilidad o negatividad.
  4. Estar “fuera” no indica una postura con relación a la actividad de Jesús, sino una localización en el espacio, con relación a la casa. El término éxô es utilizado en los tres relatos sinópticos sólo como adverbio de lugar, nada más. En este sentido, estar “fuera”, indica por lo menos dos realidades: Jesús vive en forma independiente en Cafarnaún y su madre vive en otro lugar, tal vez en Nazaret; Los tres textos destacan a la multitud como la causa por la cual María con sus hijas e hijos no pueden entrar en la casa y, por lo mismo, están fuera.

Esta sería, entonces, la primera perspectiva de estos textos: Presentar a María, con sus hijas e hijos, buscando contacto con su hijo, en la casa de éste en Cafarnaún, así como la relación informativa que se establece entre este grupo y la multitud reunida en la casa. La segunda perspectiva de este relato presenta la reacción, los gestos y las palabras de Jesús frente a esta situación. Veamos.

El hijo de María y su familia

Jesús rompe con cualquier concepto de familia, conocido en aquella época y hasta hoy. Sin embargo, ¡esta ruptura no implica negar o excluir la pertenencia de Jesús a la familia de su madre, hermanas y hermanos! El objetivo es crear una heterotopía, un espacio distinto, un contra-espacio en el cual se pueda construir relaciones cualitativamente nuevas dentro de un espacio geopolítico-religioso marcadamente patriarcal, injusto y opresivo. Estas relaciones no estarán orientadas por la patria potestas, no por los lazos genéticos que definen la pertenencia familiar. El criterio será hacer la voluntad de Dios (Mc 3,35; Mt 12,50); Lc 8,21 va a hablar de lo mismo, pero de una forma más concreta: recibir y practicar la Palabra de Dios, revelada en la Torá y realizada en Jesús de Nazaret (cf. Lc 4,16-21). En este sentido, Jesús se vuelve el paradigma del cumplimiento de la voluntad de Dios, pero María también es paradigmática, conforme a lo anunciado en Lc 1.38; desde el principio ella está realizando, haciendo concreta y viable la voluntad de Dios. Por lo tanto, en este contexto y a partir de este relato, no hay por qué elaborar una crítica sobre el desligamiento de Jesús con relación a María como madre.

Sin embargo, en este mismo contexto y relato, hay una mención a “la espada que atravesará tu corazón” (Lc 2,35), en las primeras palabras agregadas a los gestos de Jesús: Mc 3,34 y Mt 12,49 presentan, en primer plano, una limitación de esta nueva familia de Jesús. De acuerdo a Marcos, Jesús mira a las personas que están sentadas alrededor suyo; Mateo limita este grupo a los discípulos y discípulas, quienes son los hermanos, hermanas y madre Por un lado, esto es revelador e indica el hecho de que no hay distinción entre hombres y mujeres para el seguimiento a Jesús. ¡En la casa de Jesús y en el grupo discipular había hombres y mujeres! Por otro lado, este gesto y estas palabras son excluyentes: no incluyen a los que están “fuera”, a quienes no están en el grupo. A partir de allí, se puede decir que María, con sus hijas e hijos, no está incluida en la familia de Jesús. Esta sería, entonces la “espada que atraviesa el corazón” de María, una expresión de rechazo.

Son, sin embargo, las otras palabras que Jesús pronuncia las que, simultáneamente, “des-atraviesan” esta espada: de la restricción local, de la limitación del grupo reunido en torno suyo, Jesús va a ampliar irrestrictamente, en términos de cantidad y en sentido espacio-temporal, el número de personas incluidas en esta familia: “Quien quiera hacer...” (Mc 3,35; Mt 12,50; Lc 8,21). Aquí, como vimos antes, también María con sus hijas e hijos están incluidos (Hch 1,14). Pero, ¿será que estas palabras de Jesús son capaces de borrar las marcas dejadas por la otra espada?

María, madre de varias hijas e hijos (Mc 6,3-4 y par)

Después de un bloque de parábolas y curaciones, Marcos vuelve a hablar de María y de sus hijas e hijos. Se trata del episodio en que Jesús vuelve a su tierra, acompañado de sus discípulos y discípulas, y va a enseñar a la sinagoga (Mc 6,1-6; Mt 13,53-58). Es debido a la reacción del pueblo, escandalizado por la sabiduría y las señales de poder de Jesús, que María y su familia son conocidas en Nazaret. En esa tradición, que probablemente tiene su origen en Nazaret, se preserva un registro de la profesión de Jesús, más algunos nombres de los hijos de María, aunque no aparecen nombres de las hijas.

Jesús es presentado como ho téktôn, “el carpintero”, “el hijo de María y hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón” (Mc 3,6a). Es interesante observar, en la crítica textual, que el hecho de que Jesús tenga hermanos no es un asunto polémico, puesto que todas las versiones traen este dato . Por lo tanto, las hermanas de Jesús, hijas de María, también son conocidas en la ciudad: “¿y no están entre nosotros sus hermanas?” (Mc 6,3b). Lamentablemente no sabemos cuántas fueron, ni cuáles fueron sus nombres; esto es típico de la historiografía androcéntrica. De la ausencia de sus nombres, sin embrago, no podemos deducir que “este silencio refleja el hecho de que las hermanas nunca formaran parte de la iglesia” , porque existen muchos textos que hablan de mujeres en el seguimiento y en el servicio a Jesús, sin mencionar por ello sus nombres (véase por ejemplo Mc 15,40-41; Lc 8,2-3; Hch 1,14). Aquí, lo que se destaca del texto y que debe ser mantenido –dado que fue transmitido como dato cierto, o sea sin problemas es que, a más de Jesús, ¡María tuvo otras hijas y otros hijos!

Presentar hijos e hijas a través de la generación materna es totalmente extraño. En Marcos, José no es mencionado ni una sola vez . Esto podría estar indicando, como mínimo, una doble perspectiva a los ojos del pueblo: El término “hijo de María” o fue usado polémicamente como insulto o fue usado para recordar el nacimiento virginal de Jesús . La versión polémica estaría inspirada en la cultura religiosa judía, que estaría insinuando un nacimiento extra-matrimonial, es decir una filiación ilegítima. Un nacimiento virginal de Jesús se encuentra registrado también en el Corán (Azoras 3,45; 5,72; 19 que hablan de Jesús “hijo de María”). Mateo armoniza este asunto, interpretando la tradición en el sentido de que habla de Jesús, no como el “carpintero”, sino como el “hijo del carpintero” (Mt 13,55). Los demás datos dados por Mateo coinciden con los de Marcos.

Por tanto, para Marcos y Mateo no es polémico, ni problemático el hecho de que María haya tenido otras hijas e hijos, a más de Jesús (¡véase el detalle de Mt 1,25!). El dato central está en la procedencia humilde y pobre de Jesús y sin embargo reconocido como sabio y poderoso entre los pobres de toda la región. Lucas tampoco tiene problema con el hecho de que María haya tenido otros hijos, pues lo que él destaca del nacimiento de Jesús es que Él es el “primogénito” (Lc 2,7). Será la historia de las interpretaciones la que cambiará el punto central de la tradición bíblica, creando polémica con los otros hijos e hijas de María y esto, a causa de la estructura dogmática de la eterna virginidad de María que la volvió virgen inmaculada .

María, José, ángeles, bebé, estrellas, magos, pastores, animales, enemigos, fuga... y un corazón que todo lo guarda.

Quiero enfocar ahora los relatos que mencionan a María en el contexto de la genealogía, del nacimiento y de los primeros momentos de la vida de Jesús. La genealogía de Mt 1,1-17 menciona a Tamar, Rajab, Rut y Betsabé, mujeres marginadas y discriminadas, que protagonizaron la historia de Israel, a partir de la dinámica contracultural. Junto a ellas se destaca María que rompe las estructuras patriarcales de dependencia y sumisión de las mujeres, en una historia forjada y definida a partir de los hombres. No quiero volver a discutir aquí, la mención de María en la genealogía de Mateo y su silencio en la genealogía de Lucas, porque este análisis ya fue realizado exhaustivamente en otros textos . Por este motivo, voy a centrarme en el análisis de los textos sobre el anuncio y nacimiento de Jesús .

El evangelio de Mateo, a partir del nacimiento de Jesús, destaca la figura de María apenas como madre de Jesús y esposa de José. En el relato sobre los sabios de Oriente (Mt 2,1-12), María apenas aparece como la madre que está a lado del bebé (2,11). Ninguna palabra se dirige a ella, ni se dice nada más respecto de ella. Después, a causa de la persecución de Herodes y de la necesidad de protección y salvación del niño Jesús, el texto destaca la actuación de José: la aparición de los ángeles, las decisiones y la iniciativa de acción están relacionadas con él (Mt 2,13-23). María es llevada de allá para acá, gracias a la acción de José que se encuentra obedeciendo la orden del ángel; él está bajo “advertencia divina” recibida a través de un sueño (2,22; 2,12). Así, a través del ángel que se le revela a José, María ve trazado el itinerario del nuevo éxodo, por causa de Jesús (Mt 2,15). Es interesante notar que en el relato de la fuga a Egipto y posterior regreso a Israel, María es mencionada por su nombre sólo por boca del ángel. Su relación se destaca sólo con relación al niño nacido: “toma al niño y a su madre...” (2,13-14.20-21). Su vida está en función de la vida y significado del niño. Ella no opina, no decide. Simplemente va. Ninguna palabra se dice respecto a las dificultades enfrentadas en Belén, en el camino, en período post-parto, en el ritual de purificación...

Del relato de Mateo apenas se puede destacar el cumplimiento de las profecías: Belén sólo aparece en este sentido (2,5-6 = Mi 5,2) ; la ida a Egipto (2,15 = Os 11,1); la matanza de los inocentes (2,17 = Jr 31,15); el regreso a Nazaret (2,23). Conclusión, Mateo sólo hace referencia a María a causa del cumplimiento de la profecía (1,22-23 = Is 7,14): la virgen concebirá y dará a luz un hijo – Emmanuel, ¡Dios con nosotros!

La perspectiva de Lucas destaca a María más como sujeto de decisión y acción, de lo que hace Mateo. El ángel se le aparece y le y habla a ella y no a José (Lc 1,26-38). El saludo y mensaje del ángel es amistoso, animoso, teológico. María no necesita la intercesión de José, quien ni siquiera aparece en estos momentos. María protagoniza la hierofanía, incluso en la afirmación del anuncio: “He aquí la sierva del Señor” (1,38). Con esto, ella se inserta en la tradición profético-mesiánica de servicio participativo a Dios, a partir de la perspectiva del “siervo de Dios”.

María, en la perspectiva de Lucas, participa en el proceso de la nueva creación, la mejor: la re-creación. El mismo Espíritu-rûaj que posaba sobre las aguas en el caos original, viene ahora sobre María, y el poder del Altísimo (Elohim en hebreo e húpsistos en los LXX y en Lucas) la envuelve con su sombra/nube (Lc 1,35; cf. Ex 40,35). Los dos verbos utilizados para la rûaj e húpsistos apuntan al poder creador de Dios. Lucas hace una especie de midrás a partir del mito original de Gen 1,2, agregándole elementos numinosos de Ex 40,34-38. Nada se dice de lo que acontece bajo la sobra/nube que cubre a María. Pero todo lo que allí acontece será reconocido como santo y el fruto será Hijo de Dios. A la “gloria de Dios” (Ex 40,35) corresponde, en este sentido, la afirmación de la gloria de Dios revelada a través del nacimiento de Jesús (Lc 2,9.14.32; véase también Jn 1,14).

Otro aspecto que se destaca en Lucas es la independencia y autonomía de María con relación a José, algo inusual dentro de aquel contexto. Inmediatamente después del anuncio y su confirmación, María decide visitar, rápidamente a su prima Isabel (Lc 1,39-56). La decisión y acción de una joven mujer que se enfrenta no sólo a las decisiones patriarcales, sino también al camino montañoso de Judea, algo que sin lugar a dudas también era peligroso, debido a los asaltos y a la violencia que podían sufrir los viajeros.

Superado el camino montañoso, finalmente se da el esperado encuentro con la prima. ¡Es en el abrazo afectuoso, cuerpo a cuerpo, en el que se da la otra revelación! De nuevo es una experiencia hierofánica, esta vez de parte de la anciana y embarazada Isabel. Ella pronuncia las dos primeras bendiciones a María (1,42.45). Es en este contexto hierofánico que María puede pronunciar las palabras magníficas (1,46-55).

El cántico de María –el Magníficat- es una expresión de alegría, de fe, que tiene la certeza revolucionaria, tanto del actuar de Dios como el de las personas. Esto brota a partir del encuentro de las mujeres y de la manifestación del Espíritu, en la casa de Isabel. Allí hay espacio para trabajar, espacio para compartir la alegría y el dolor.

La estructura de Lc 1,46b-55 evidencia la intrínseca relación existente entre la historia personal y colectiva. María, haciendo uso de estas magníficas palabras, demuestra que su historia hace parte de la historia del pueblo de Dios, y que la intervención de Dios en la historia repercute en la vida de cada persona, de la misma forma como la intervención de Dios en una persona puede repercutir e influir en la historia de un pueblo.

Así mismo, Lc 1,46b-50 destaca la historia de Dios en la vida de María: alegría y alabanza brotan a partir de la acción divina en su vida. Dios “mirando hacia abajo”, se inclina para ver la realidad histórica de marginación social de María, su sierva (1,38.48). En la interpretación que Lutero hace del Magníficat destaca esto como la más grande y maravillosa acción de Dios en María.

Pues, visto que Él es el más elevado y que nada existe encima de Él, no puede mirarse a sí mismo; tampoco puede mirar a los lados, porque ninguno es como Él. Por eso ha de dirigir su mirada necesariamente a sí mismo y para abajo; cuanto más bajo alguien está, tanto mejor Él lo observa. Los ojos del mundo, sin embargo, y los de los hombres, hacen lo contrario... Por esto, esa manera de ver las cosas, de mirar a la profundidad, a la miseria y desgracia, es exclusiva de Dios... De esa experiencia básica fluye ahora el amor de Dios y su alabanza. Jamás nadie puede alabar a Dios sin antes amarlo; de la misma forma, nadie pueda amar a Dios si no lo conoce... sin embargo, cuando experimentamos que es un Dios que mira a lo profundo y que socorre a los pobres, despreciados, miserables, desgraciados, abandonados, a los que son absolutamente nada, entonces se vuelve querido con todo el corazón, el corazón rebosa de alegría, reboza y salta a causa de la gran bienaventuranza que recibe de Dios. Y allí está presente el Espíritu Santo...así hace a la dulce Madre de Cristo, enseñándonos, por ejemplo, de su propia experiencia y por medio de palabras, cómo se debe conocer, amar y alabar a Dios” .

El término tapeínôsis, utilizado para describir la situación de María, es entendido como “humildad” que brota de diversas situaciones y por las cuales una persona, en este caso María, pasa por humillaciones, debido a su situación social de pobreza, de discriminación y marginación (véase el paralelismo, en forma de quiasmo, existente en Lc 1,52-53 que asocia a los “poderosos” con los “ricos”, y a los “humildes” con las personas “hambrientas”) . Las “grandes cosas” que Dios hace por María están relacionadas con su “mirar hacia abajo”; a partir de ahí es que María es escogida para actuar junto con Dios en la nueva creación. Así mismo, hay una inversión de la situación: aquella que era humillada pasará a ser bienaventurada para todas las generaciones; ¡esto ya comenzó a darse en la casa, por medio de las palabras de Isabel! Y todas las generaciones continuarán experimentando esta misericordia de Dios, quien pone su corazón junto a las personas miserables. Por todo esto, Dios es “nuestro salvador” y su nombre es “santo” y “poderoso”.

La segunda parte del Magníficat (1,51-55) destaca las acciones de Dios en la construcción de la historia del pueblo de Israel. También aquí se evidencia el poder y la misericordia de Dios que interviene a favor de las personas oprimidas. La misericordia de Dios está vinculada a la promesa que hizo a “nuestros padres, a Abrahán y a toda su descendencia” (1,55). En este cántico se le da a la joven matriarca María el poder de releer la historia de los patriarcas desde la perspectiva de su propia inclusión y de la reivindicación para la realización y afirmación del derecho a la dignidad de las personas excluidas.

Literariamente, el Magníficat está encuadrado en el encuentro de María con Isabel y a su permanencia en dicha casa, durante tres meses, hasta el nacimiento de Juan (1,26.56). Sin duda, Lc 1,57-80 proviene de otra tradición. El trabajo redaccional de Lucas acopló diversas tradiciones, sin llegar a intercalar directamente su contenido. Desde el punto de vista de la historia de las mujeres es totalmente improbable que María, habiendo permanecido con Isabel los tres últimos meses de su embarazo, la haya dejado antes del nacimiento de Juan. Así, María debería estar incluida entre los sungeneîs, los “parientes” de Isabel (1,58) que se alegran con ella por haber vivenciado la misericordia de Dios.

¿Cómo continúa la historia narrada de María en la perspectiva lucana?

Ella da a luz a su primogénito en una situación de absoluta exclusión social: no había lugar en Belén, a no ser junto a los animales. Así, es en el establo donde se manifiesta la gloria de Dios, a través del cuerpo de María, la bienaventurada, y son los pastores del campo los que primero testimonian estas maravillas, pues son ellos los que encuentran a María junto a José y al bebé. El texto enfatiza que ellos recuerdan el anuncio del ángel y se van a anunciar lo que oyeron y vieron. Todo lo que oyeron del ángel y vieron en el establo lo expresan como “palabra vivida, promesas que se cumplen”.

Es esto lo que María también oye y guarda: lo que le ocurre a ella, lo que los pastores relatan, ¡La reacción maravillosa del pueblo! Ella guarda todo esto, “guardando todo esto en su corazón” (1,18). Todas sus vivencias se ven acrecentadas por éste. El corazón (kardía) es el lugar donde toda la historia es colocada para ser trabajada, reflexionada . En la tradición antropológica judeo-cristiana, el corazón es el espacio para la reflexión que culmina en decisiones y opciones concientes que se transforman en acciones. “Guardar todo en el corazón” no indica una situación de apatía, fatalidad, silencio resignado, sino que implica participación reflexionada que es sondeada en el corazón.

Otro momento importante, ante el cual María se ve en la necesidad de tomar decisiones y hacer una opción personal, se presenta cuando Jesús es adolescente (Lc 2,41-52). Junto a parientes (sungeneîs) y otras personas conocidas (gnôstoí), María, José y Jesús peregrinan a Jerusalén para celebrar la fiesta de Pascua. Después de la fiesta aparece una afirmación de autonomía por parte de Jesús y la preocupación de María. Esta escena, al igual que en el Magníficat, es la única en la que ella habla. Sus palabras: “Hijo, ¿por qué nos haces esto?, tu padre y yo, sintiendo dolor, te buscábamos” (1,48). “Sentir dolor” (odináô) expresa una situación de dolor, aflicción, ansiedad. Es la ausencia de Jesús lo que causa la ansiedad; la madre y el padre hacen todo por encontrar a su hijo. Y viéndolo, se maravillan (ekpléssomai), se ponen contentos. La primera reacción es de alegría por haberlo re-encontrado; la segunda es comunicarle la preocupación, a causa de su ausencia.

La reacción de Jesús tiene una doble dimensión en la construcción de su relación con María y José. Una se encuentra dentro de la tradición judía, que probablemente se la enseñó la misma María: aprender a vivir según la voluntad de Dios. Sólo así se entiende que Jesús, con sabiduría, estuviera participando de un diálogo instructivo con los doctores de la Torá (2,46-47). Para quien aspiraba a seguir el camino del rabinato, como Jesús, era necesario permanecer y formarse en el templo, en la “casa de mi Padre” (2,49). En las palabras de Jesús no hay agresividad. Actúa ateniéndose a su mayoría de edad . Él puede buscar su propio camino y presupone que María y José deberían respetar su voluntad (“¿ustedes no saben...?”). Lc 2,50 presenta, por primera vez, una característica lucana que es afirmar la falta de comprensión del camino que Jesús está presto para empezar a andar. Esta falta de comprensión no se limita a María y José, sino que se extiende a sus discípulos y discípulas y a la propia comunidad judeo-cristiana (Lc 9,45; 18,34, etc.). Quizá esta acción y palabras de Jesús hayan sido también “una espada que atraviesa el corazón” de María y José... el texto, sin embargo, “des-atraviesa”el corazón enseguida, destacando la segunda reacción de Jesús frente a la preocupación de su madre y de su padre: retorna a Nazaret con María y José, “y les era sumiso” (2,51), es decir continuaba respetando y honrando padre y madre, conforme lo enseñaba la Torá (Ex 20,12). Esta es la segunda etapa del aprendizaje de María con relación a su hijo Jesús; ella lo reflexiona y guarda en su corazón, sin duda ¡asociándolo con la anunciación de doce años atrás!

Bendito el vientre y los senos de María...

El texto de Lc 11,27-28 está inserto en el contexto literario mayor de 9,51-13,21, que muestra a Jesús y su grupo dirigiéndose a Jerusalén. En la discusión sobre Jesús y el poder de Satanás (11,14-36), los versículos 27-28 forman el centro, mientras que los versículos 14-16; 17-26; 29-32; 33-36 provienen de la fuente Q; sólo los versículos 27-28 pertenecen al material exclusivo de Lucas . Este material exclusivo presenta categorías distintas: la mujer anónima bendiciendo el cuerpo y la maternidad de la mujer/María; Jesús bendiciendo a las personas que escuchan la Palabra.

El estilo literario es un apoftégma, esto es, un diálogo corto en el que el maestro siempre tiene la última palabra. La unidad tiene características de construcción narrativa que son propias de Lucas: 11,27 hace parte de la tradición religiosa judía; por otro lado, es muy probable que remita a relecturas de Gn 49,25, es decir al contexto de las bendiciones de Jacob, como lo demuestran varios paralelos de la literatura judía . Estas relecturas y esta tradición religiosa destacan la importancia de la maternidad, como referencia y justificación para la existencia de mujeres, dentro del mundo patriarcal judío. El Jesús lucano, dentro de las características de este evangelio, va a oponer a esta cultura –que es verdadera, una verdad que funciona como una especie de contra-cultura. Jesús no refuta, sino que dirige la atención a un acento distinto: coloca la palabra de Dios, la Torá, como referencia para la bienaventuranza. Con esto cuestiona el hecho de que la maternidad sea la mayor honra y bendición de la mujer –lo que es un factor de exclusión y marginación de aquellas mujeres estériles o de las que optaron por no tener hijos. Así mismo, Lc 11,28 hace parte de esa característica teológica lucana que centra la felicidad, la realización de la Torá y la pertenencia al pueblo de Dios en oír y guardar la palabra de Dios, es decir ponerla en práctica .

Al relativizar la maternidad como “pasaporte” para la salvación (1Tm 2,15), el texto ayuda a romper las estructuras patriarcales dentro de aquel contexto. Para Lucas, no es la procreación sino el compromiso con la Palabra lo que hace que las personas pertenezcan al pueblo de Dios y que, por tanto, vivan la bienaventuranza. Esto vale tanto para las mujeres como para los hombres. Para Lucas, el escuchar presupone el actuar. “Guardar la Palabra” significa dejar que ella crezca, eche raíces, fructifique, contemplando la perseverancia, esperanzada en la ética del compromiso con el Reino de Dios y su justicia.

La interpretación de este texto y de esta tradición no debería oponerse a las palabras de la mujer anónima que habla a Jesús. La mujer entendió lo que muchos discípulos no entendieron; en su alegría bendita, ella expresa su fe que, de acuerdo con Lucas, surge de su escucha de la Palabra. Jesús no niega esta alegría, ni la bendición de su madre, sino que apunta a algo más, sin que con ello, necesariamente, esté descalificando la corporeidad y sexualidad de María. María fue y continúa siendo bendita tanto por las palabras de Isabel como por aquellas de la mujer anónima y de muchas otras generaciones. Por eso, las mujeres y los hombres que “guardan la Palabra” se asemejan a ella, porque también acogen a Jesús, el Hijo de Dios, en sus vidas.

María, desde la anunciación hasta la resurrección de Jesús no fue apenas una madre, sino que fue en primer lugar aquella que creía, y creyendo acompañó todo el camino a su hijo amado, Jesús, la nueva creación que se formó en su vientre y que se crió con su leche materna. María creó con su cuerpo y con sus pies el camino, con su corazón reflexionando, con su preocupación, con su alegría y dolor… Ella vio la cruz que era vencida por la resurrección, y fue una de las primeras testigos de que es posible construir una vida cualitativamente diferente, en los espacios que ocupamos y en los cuales nos movemos. Ella no es sólo bienaventurada por haber parido la Palabra encarnada, Jesús, sino que también lo es, de acuerdo con Hch 1,14 , por “guardar la Palabra”, antes y durante la vida de Jesús, y ahora junto a sus otros hijos e hijas, ¡en el seguimiento de su hijo amado! “María es, por tanto, una entre tantas discípulas amadas por Jesús”  

 

Bibliografía

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Ivoni Richter Reimer
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74085-310 Goiânia-GO

No hay consenso en los comentarios sobre la estructura literaria del evangelio de Marcos. Gamaleira Soares y Correia Júnior, 2002, p. 34-37, adoptan la siguiente estructura: 1,1-13: Prólogo; 1.14-8,26: I parte, que se subdivide en tres secciones (1,14-3,6; 3,7-6,6a; 6,6b-8,26); 8,27-16,8: II parte, que se subdivide en tres secciones (8,27-10,52; 11-13; 14,1-16,8); 16,9-20: Epílogo. En ese sentido, la prícopa de 31-35 se encuentra inserta dentro de la primera parte, en la segunda sección: “La casa de Jesús se forma de una multitud de pueblos”, véase p. 157-240. Kümmel, 1982, p. 95-97, subdivide el evangelio de Marcos en seis partes: 1,1-13: Introducción; 1,14-5,43: Primera parte –Jesús en Galilea; 6,1-9,50: Segunda Parte –la actividad de Jesús, dentro y fuera de Galilea; 10,1-52: Tercera parte –última subida a Jerusalén; 11,1-13,37 Cuarta parte –el ministerio de Jesús en Jerusalén; 14,1-16,8: Quinta parte –la Pasión y Resurrección de Jesús. La perícopa de 3,31-35 se sitúa, para este autor, dentro de la primera parte (1,14-5,43), haciendo parte de los dos discursos polémicos (2,1-3,35). Gnilka, 1989, p. 30-32, divide el evangelio en seis partes, 1,1-15: el inicio; 1,16-3,12: Jesús actúa poderosamente delante del pueblo; 3,13-6,6a: enseñanza y milagros de Jesús; 6,6b-8,26: Peregrinación constante; 8,27-10,45: llamado al seguimiento de la cruz; 10,46-13,37: Actuación de Jesús en Jerusalén; 14,1-16,8: Sufrimiento y victoria. La perícopa de 3,31-35 se encuentra así en la tercera parte (3,13-6,6a).

Cf. Gameleira Soares y Correia Júnior, 2002, p. 158. Ellos hablan de “parientes carnales”, Myers, 1992, p. 208-212, habla de hostilidad de toda la “familia” de Jesús; Gnilka, 1989, p. 148 afirma que el dato de 3,20-21 estaría preparando el acontecimiento de 3,31ss; por eso, aquí solo puede tratarse de “parientes”.

Este problema ya fue percibido, en varios manuscritos, en los primeros siglos. En ellos se intenta solucionar el problema sustituyendo la expresión “él fue para la casa”, por otra que decía: “ellos fueron a la casa”.

Bauer, 1928, p. 973.

La dificultad que se percibe en 3, 20-21 es también evidenciada por la transmisión de diferentes manuscritos (D, W y las traducciones latinas antiguas). Percibiéndose la discontinuidad y el trabajo redaccional, se sugiere sustituir hoi par’ autoû por“habiendo oído sobre él –de Jesús–  los escribas y los otros salieron para...”, haciéndose así un puente con 3,22.

Véase por ejemplo Gameleira Soares; Correia Júnior, 2002, p. 180; Myers, 1992, p. 208. Es interesante observar que las referencias para el uso y comprensión de krateîn remiten apenas al significado de “prender” y no a otros significados, ¡igualmente presentes en el texto evangélico!

Son los otros posibles significados del verbo exístêmi, utilizado al final de 3,21, como resultado de la intervención de los Doce. Normalmente se traduce por “está loco”.

Nótese que no son muchos los manuscritos, en Marcos., que explican la presencia de las hermanas de Jesús. Obsérvese también que, en la comparación sinóptica, Mt 12,46-50;  y Lc 8,19-21 no mencionan a las hermanas.

En este sentido, véase por ejemplo B. Foulkes, 1996, p. 59.

El término apostéllô se usa para definir la autoridad del que envía, en este caso María y sus hijas e hijos. En una interpretación sicológica para explicar la reacción de Jesús, como hijo mayor de María y huérfano de padre (“Jesús hubo de intervenir en muchas decisiones, consultado por su madre, sobre todo después de la muerte de José”). B. Foulkes, p. 62 sostiene que el joven Jesús insistía en su independencia, delante de su grupo de seguidores; en este sentido, los dos grupos se presentan como antagónicos.

Lucas no hace ninguna de esas acepciones.

La única divergencia se da apenas en la mención de la profesión de Jesús: en lugar de decir que Jesús era carpintero, algunos manuscritos dicen que Jesús es “hijo de carpintero”, aludiendo con ello a la probabilidad de que José también haya sido conocido en la ciudad. Con esto, los manuscritos procuran, evidentemente, salvaguardar la identidad de Jesús como hijo legítimo dentro de aquel sistema patriarcal. Sobre esto véase indirectamente Myers , p. 261.

B. Foulkes, p. 61.

Es diferente en Lucas, que en 4,22 transmite la idea de que el pueblo de Nazaret conoce a Jesús como el “hijo de José”, sin mencionar a María con sus otros hijos e hijas.

Cf. Gnilka, p. 231.

Principalmente para la interpretación católica ha sido muy importante afirmar que no se trata realmente de hermanos, sino de los primos de Jesús. Esta tradición viene de algunos padres de la Iglesia ortodoxa griega, para los cuales, los hermanos de Jesús eran considerados hijos de José, fruto de su primer matrimonio. Dentro de esta línea se puede pensar en Clemente de Alejandría, Orígenes, Epifanio, así como Tomás de Aquino. Obsérvese, sin embargo, que esta no fue la opinión general: Eusebio de Cesarea afirma (Historia Eclesiástica 3,11; 3,32, 1-3; 4,22,4) que Simón, el hermano del Señor, era “hijo de Cleofás, un tío del Señor”, y que el hermano del Señor, Santiago, llegó a ser obispo de Jerusalén, sufriendo la muerte por martirio. Tertuliano también pensaba que los hermanos y las hermanas de Jesús, mencionados en los evangelios, nacieron como fruto del matrimonio de José y María, después de Jesús. Con esto se asegura la progenitura. Para mayores detalles véase Gnilka, p. 234.

Véase por ejemplo Richter Reimer, 1997, p. 145-161; Cardoso Pereira, 1997; Lima Vasconcellos, 1997, p. 28-46.

Además de los textos mencionados en la cita 17, puede verse, de forma exhaustiva, Richter Reimer, 2003, p. 37-59.

El relato es diferente en Lc 2,1-5; éste destaca el empadronamiento y, por lo mismo, José y María se ven en la necesidad de ir a Belén, ciudad natal de José, quien es descendiente de David.

Cf. nota 19.

Martín Lutero, El Magnificat, p. 24-25.

Véase además Hch 8,33; Flp 3,21; St 1,9.11; 4,6.

“Guardar en el corazón” (2,19.51) no es una acción sólo de María, sino también de las otras personas que escuchan y ven cosas inusitadas (1,66). Significa engendrar un proceso de reflexión, común en la tradición judía (Cf. Gn 37,11 y Dn 7,28).

Con doce años, los niños estaban aptos para seguir sus propios rumbos, tanto en el campo profesional como en el ámbito familiar. Lc 2,42 menciona esta edad como importante para Jesús.

Para mayores detalles ver Richard, 2003, p. 17-20.

El Targum Palestino de Gn 49,25 dice: “Benditos los senos de los que mamaste y bendito el vientre del cual saliste”. Palabras semejante se encuentran en Avot 2,8 (10), donde Yojanán ben Zakkai –en el año 80 d.C., refiriéndose a Yehoshua ben Jananya, afirma: “bendita la que te parió”; y el Baruc siriaco 54,10 dice: “Bendita mi madre que me parió, entre tantas que parieron, sea alabada entre las mujeres”. Dentro de la catequesis cristiana, estas relecturas tuvieron gran importancia como bien lo demuestra el evangelio apócrifo de Tomás que liga lo dicho en Lc 11,27 con lo que se dice en Lc 23,29; esto demuestra también con qué facilidad se usaban los textos en las comunidades judeo-cristianas.

Cf. Lc 10,38-42; Hch 6,1-7; Lc 14,14-16; Véase Richter Reimer, 2000, p. 24-25.

Así lo expresa también el evangelio de Felipe, de corte gnóstico: “Tres mujeres caminaban siempre con el Señor: María su madre, [su] hermana y Magdalena, que es llamada su pareja. “María”, en efecto, se llaman su madre, su hermana y su pareja” Parágrafo 32, Lab I 107,6-11, apud Leipoldt Grundmann, vol. II, p. 401

 

 

 
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