www.clailatino.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

Jesús taumaturgo - Elementos interpretativos

Luigi Schiavo

Resumen
Jesús fue considerado el mayor milagrero de su tiempo. Este estudio trata las tipologías, algunos elementos contextuales, y las interpretaciones actuales más significativas de los milagros atribuidos por los evangelios a Jesús.

Abstract
Jesus was considered the most important miracle-worker of his ages. This work points out the Typologies, some elements of the context, and the most significant contemporary interpretations of the miracles attributed by the Gospels to Jesus.

 

1.         Introducción

“¿Eres tú aquel que ha de venir, o debemos esperar a otro?” Esta es la pregunta de Juan Bautista a Jesús. Para la Fuente Q que trae este relato, Jesús no respondió haciendo uso de palabras, sino de señales: “en aquel mismo instante, Jesús curó a muchos de dolencias, de enfermedades, de espíritus malignos y restituyó la vista a muchos ciegos” (Lc 7,18-23 // Mt 11,2-15). Respuesta extraña a nuestros ojos, pero iluminadora para Juan y los judíos del siglo I d.C. que reconocen en él, al Mesías esperado. La actividad taumatúrgica no es un elemento marginal; al contrario, se trata de uno de los elementos esenciales del ministerio de Jesús, a través de los cuales, él se revela como hijo de Dios y Mesías.

Los milagros incomodan hoy como ayer: ¿señales del poder de Dios o de posesión diabólica? ¿Hechos históricos extraordinarios o interpretaciones simbólicas de la comunidad? ¿Realmente, fueron realizados por Jesús o aumentados posteriormente?

El presente estudio, lejos de tener la pretensión de llegar a respuestas exhaustivas, quiere ofrecer claves de lectura y comprensión de la actividad taumatúrgica de Jesús, con la esperanza de que encontremos luces que iluminen y expliquen el significado del elemento extraordinario y mágico de la religión, tan de moda en los días de hoy.

2.         Tipología de los milagros de Jesús

2.1.      Milagros de curaciones

Existen 14 milagros de curaciones relatadas en los evangelios, además de varios sumarios.

La mayoría de los relatos se encuentran en Marcos: la suegra de Pedro (Mc 1,29-31//Mt 8,14-15//Lc 4,38-39), el leproso (Mc 1,40-45// Mt 8,1-4//Lc 5,12-26); el paralítico (Mc 2,1-12//Mt 9,1-8//Lc 5,17-26), el hombre de la mano atrofiada (Mc 3,1-6//Mt 12,9-14//Lc 6,6-11), la mujer con hemorragia (Mc 5,25-34//Mt 9,20-22//Lc 8,43-48, el sordomudo (Mc 7,31-36), el ciego de Betsaida (Mc 8,22-26), el ciego Bartimeo (Mc 10,46-52//Lc 18,35-43).

La fuente Q, colección de los dichos de Jesús, sólo relata la curación del siervo del centurión (Mt 7,1-10//Lc 4,46-54).

Lucas trae tres relatos típicos de su fuente (L): la mujer encorvada (Lc 13,10-17), los diez leprosos (Lc 17,11-19), y el hidrópico (Lc 14,1-6).

Llama la atención Juan, el cual, a partir de su propia fuente de los signos, presenta dos curaciones de Jesús: el paralítico en la piscina (Jn 5,1-9) y el ciego de nacimiento (Jn 9).

Por fin, la propia fuente de Mateo (M), se hace presente con el relato de la curación de los dos ciegos (Mt 9,27-31).

La dolencia era generalmente, atribuida, en el mundo judaico tardío, a influencia de los demonios o de espíritus impuros, que podían perjudicar a las personas que se exponían a su acción por causa del pecado. La curación consistía primeramente en volverse a Dios (conversión) y sólo en un segundo momento, con la aplicación de una terapia médica apropiada. Jesús reúne en sí estos dos elementos: él actúa en nombre de Dios, exigiendo la fe y el cambio de vida; y hace uso de los elementos propios de la curación, como el tocar, la imposición de manos, la saliva, el agua, el barro, el uso de la palabra, etc.

2.2.      Milagros de exorcismo

En los evangelios, podemos encontrar seis historias específicas de exorcismo. Cinco son testimoniadas por Marcos: el endemoniado en la sinagoga (Mc 1,23-28//Lc 4,33-37), el endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-20//Mt 8,24-34//Lc 8,26-39), la hija de la mujer siro-fenicia (Mc 7,24-30//Mt 15,21-28), el pequeño epiléptico (Mc 9,14-29//Mt 17,21-24//Lc 9,37-43), el endemoniado ciego y mudo (Mc 3,22//Mt 12,22-23//Lc 11,14-15). En la fuente Q, se encuentra el relato del exorcismo del endemoniado mudo (Mt 9,32-34//12,22-23//Lc 11,14-15).

Juan no relata ningún exorcismo realizado por Jesús. Se puede pensar en un cierto embarazo, en relación a los exorcismos presentes en los documentos cristianos posteriores y que llevaría a los evangelistas (Mt, Lc y Jn) a eliminar los signos de carácter psíquico, cuya causa era tradicionalmente atribuida a la acción demoníaca (Smith, 1978:92, Barbaglio, 2002: 233). Idéntico embarazo sería visible en el uso del término seméion (signo) para indicar los milagros, en Juan, en lugar de “obras maravillosas” (térata, dynámeis) de los sinópticos, destacando “signo/señal”, más el significado profundo y la manifestación de Jesús que allí se realiza y no tanto lo extraordinario. Otra explicación podría darse en la proximidad de Marcos y de la fuente Q con la guerra judaica y el clima apocalíptico de la primera mitad del siglo I, d.C., en cuanto a final de siglo, en el momento en que los demás evangelios fueron redactados, habría cambiado el contexto y el lugar geográfico-cultural de referencia(el helenismo) (Schiavo-Silva, 2000:91). Los relatos de exorcismos, concebidos como una verdadera confrontación nada amigable entre Jesús y el diablo, traerían el lenguaje apocalíptico, y se encuadrarían en el período histórico próximo a la gran guerra.

    1. Milagros de la naturaleza

 

Por milagros de la naturaleza, consideramos “el poder sobre la materia inanimada o su capacidad de modificarla, en oposición al poder sobre las personas vivas” (Meier, 1998: 430).
Los milagros de la naturaleza operados por Jesús, son ocho: la tempestad aplacada (Mc 4,35-41//Mt 8,23-27// Lc 8,22-25), la multiplicación de los panes para 5000 personas (Mc 6,32-34 // Mt 14,13-21 // Lc 9,10-17), la multiplicación de los panes para 4000 personas (Mc 8,1-10 // Mt 15,32-39), la caminata sobre las aguas (Mc 6,42-52 // Mt 14,22-23 // Jn 6,16-21), la maldición de la higuera (Mc 11,12-14.20-26 // Mt 21,18-22), la moneda en la boca del pez (Mt 17,24-27), la pesca milagrosa (Lc 5,1-11)//Jn 21,1-14), la transformación del agua en vino (Jn 2,1-11). La mayoría de los exegetas considera tales señales/signos frutos de la creatividad de las primeras iglesias preocupadas en apuntar hacia soluciones ‘simbólicas’ a problemas históricos: “todas estas narraciones parecen haber sido creadas por la iglesia primitiva para servir a varias finalidades teológicas” (Meier, 1998: 544). A excepción de la multiplicación de los panes que, atestiguada por varias fuentes, es coherente con la costumbre de Jesús de realizar refecciones, tendría como sustrato histórico una cena, realmente acontecida al nivel del Jesús histórico.

2.4.      Milagros de resurrección

 Son tres: la hija de Jairo (Mc 5,21-24.35-43 // Mt 9,18.23-26 // Lc 8,40-42.49-56), el joven de Naim (Lc 7,11-17), Lázaro (Jn 11). Por lo que se refiere a la hija de Jairo, no parece tratarse de muerte real, ya que el mismo Jesús afirma que la pequeña estaba durmiendo (Mc 5,39). Puede haber sido una curación, posteriormente interpretada como resurrección de los muertos (Meier, 1998: 543). En el caso de Naim, el relato presenta elementos parecidos a 1Rs 17,7 , surgiendo la posibilidad de tener ahí un relato midráshico, con el objetivo de comparar Jesús a la actividad taumatúrgica del profeta Elías. Finalmente, Lázaro: probablemente se trata de una reelaboración simbólica de un milagro de curación para enfatizar la profunda cristología de Juan (Barbaglio, 2002: 244).

3.         Contextualizaciones

3.1.      Contexto apocalíptico

El judaísmo tardío es caracterizado por la visión apocalíptica del mundo. Las influencias zoroastristas, egipcias, griegas, como la situación de nulidad de los judíos frente a la grandeza de los imperios que dominaban el escenario internacional, el miedo a ser tragados por culturas globales y desaparecer como identidad específica, estimularon una nueva síntesis teológica, que tiene sus raíces en la visión profética de la historia. Para los apocalípticos, el cielo se torna como referencia última, y lo que acontece en la tierra es entendido como el reflejo de la historia celestial. Se hace necesario “subir” a los cielos, a través del sueño, de la visión o del viaje místico, para obtener la “revelación” que permita interpretar el sentido de la vida, del sufrimiento, de la muerte, de la opresión. La teología apocalíptica afirma, por un lado, el poder absoluto de Dios sobre la historia y, por otro, su fidelidad al pueblo. Para ella, el mundo terreno está dominado por el mal y por sus agentes, los demonios, pero se trata de un poder limitado y presto a terminar. Anuncia el combate definitivo y la restauración del reinado de Dios a través de la estructura simbólico-literaria de la batalla escatológica entre el Mesías con sus ángeles, y el diablo con sus demonios. Se creía que la actuación de los demonios se había vuelto más intensa en este tiempo, considerado el último. La actividad taumatúrgica de Jesús, sus milagros y exorcismos tienen que ser leídos dentro de este contexto apocalíptico de conflicto final con el Diablo (Schiavo-Silva, 2000:83-84).

3.2.      Contexto escatológico

La conciencia de estar viviendo los últimos tiempos, dio origen a varios movimientos radicales en Palestina, entre los dos períodos.

  1. Taumaturgos judaicos: estos son un fenómeno típico de este período histórico y tenía connotaciones escatológicas. Se hicieron famosos sobre todo dos taumaturgos activos, como Jesús, en Galilea: Honi del siglo I, d.C., el cual, según el testimonio de Flavio Josefo era recordado por hacer llover dibujando círculos (Ant. 14,22-24), y Hanina ben Dosa, nacido en las proximidades de Séforis, en el siglo I, d.C., al cual se le atribuían varios milagros de curaciones y exorcismo, a veces realizados de lejos, con la fuerza de su oración, y milagros de multiplicación de panes, y de inmunidad frente a la mordida de serpientes (Schiavo-Silva, 2000: 80). Lo sorprendente es que a estos taumaturgos carismáticos sea atribuida, por la tradición rabínica, la condición de “hijos frente a Dios”: Hanina ben Dosa es llamado por Dios de “hijo mío”, en cuanto a Honi se dice que él era realmente “hijo propio de Dios”. Además de eso, en la literatura rabínica, sólo dos veces Dios aparece llamado con el apellido abbá: en boca de Honi y de su sobrino, también mago de la lluvia (Theissen, 1999: 380).
  2. La comunidad monástica de los esenios, de origen sacerdotal, es otro grupo radical de este período. Al decir de Plínio el Viejo, en el año 79 d.C., ella crecía y se renovaba por causa de la contínua llegada de un “gran número de los que estaban cansados por las vicisitudes de la suerte” (Historia naturalis 5,73). Los esenios se consideraban el verdadero “resto de Israel”, los que a través de la vida comunitaria, de la rígida observancia de la Ley y de las normas cultuales, practicaban la justicia divina, a la espera del profeta escatológico y de varias figuras mesiánicas para la realización de la salvación y de la purificación del templo de Jerusalén.
  3. Todas las varias figuras de profetas escatológicos anteriores a la guerra anunciaban la próxima intervención de Dios. Son recordados como profetas de la señal, porque anunciaban la realización de grandes prodigios divinos. Fueron perseguidos y reprimidos con extrema violencia por las autoridades, que veían en ellos un peligro para la estabilidad social. Mas, contribuyeron notablemente al crecimiento de la esperanza escatológica.

 

Recordamos, primeramente, Juan Bautista, cuya predicación, alrededor del año 30 d.C., en los márgenes del río Jordán, buscaba rescatar la identidad judaica frente a los peligros globalizantes del helenismo, proponiendo un judaísmo renovado. Su crítica a la familia de Herodes le costó la vida.

Cerca del año 36 d.C., surgió un profeta samaritano, prometiendo reencontrar en el monte Garizín los vasos del templo escondidos allí por Moisés. Fue brutalmente degollado con sus secuaces, hecho que causó la deposición de Poncio Pilatos (Ant. 18,85-87).

Luego, después, (44-46 d.C.), un tal Teudas, pronosticó la división de las aguas del Jordán, repitiendo el milagro del tiempo de la toma de la tierra por Josué (Js 3). Su movimiento también acabó en un baño de sangre (Ant. 20,97-99; Hch 5,36).

Al mismo tiempo, un profeta egipcio llevó a una multitud al monte de los Olivos, prometiendo que, a su orden, los muros de Jerusalén caerían, como en la toma de Jericó (Ant. 20,169-172; Guerra judaica 2,261-263; Hch 21,38).

Otros profetas convocaron al pueblo al desierto, prometiendo signos y señales (Ant. 20,167; Guerra judaica, 2,258-260) y la redención del mal (Ant. 20,188).

Finalmente, en la proximidad de la guerra (¿62-64?), el campesino Jesús, hijo de Ananías, fue a anunciar el juicio de Jerusalén, del templo, del pueblo. Como loco, andaba por las calles de la ciudad, proclamando sus “Ayes”, hasta morir durante el cerco (Guerra judaica 6,300-309).

Jesús tenía algo en común con estos profetas: la promesa de una gran señal como la destrucción y reconstrucción milagrosa del templo (Mc 14,57-58); sin embargo, en cuanto que todos ellos quedaron sólo en anuncio, Jesús proclamó que en su persona, predicación y señales,¡el tiempo nuevo, ya llegó!

  1. El movimiento zelota se refería a las ideas y prácticas de Judas el Galileo (6 d.C.). Proclamaba la soberanía exclusiva de Dios, frente al dominio romano; y afirmaba que las personas deberían colaborar activamente en la instauración del reino de Dios. Tales ideas encontraron fuerte aceptación después del año 44, cuando, después de la muerte de Agripa I, también Galilea pasó a la directa administración romana. Y, sobre todo en la proximidad de la gran guerra, dio el soporte ideológico y militar al movimiento social que lideró la oposición armada contra Roma.

 

3.2.      Contexto mesiánico
 

La expectativa mesiánica se hizo más intensa en la primera mitad del siglo I, d.C. El Mesías es el agente escatológico de la salvación, y en su acción se manifestaba la intervención definitiva de Dios, en pro de su pueblo. Había varios tipos de mesías esperados.

  1. El Mesías davídico es descrito como un rey-guerrero, teniendo como referencia la figura del rey David, cuya función fue, sobre todo, militar y política. Se encarna en el súper-ángel Miguel, jefe de las huestes angelicales divinas, el defensor por excelencia del pueblo (Dn 12,1). En la batalla escatológica, él enfrenta y derrota su enemigo histórico, Satanás (Ap 12,7). Muchos en la Palestina del siglo I, esperaban su vuelta: de manera especial el movimiento zelota, presto a tomar las armas y seguirlo. También Jesús fue considerado este Mesías-guerrero, cuando, después de la multiplicación de los panes, quisieron coronarlo Rey (Jn 6,15), o cuando fue anunciado con ‘hosanas’ en la entrada triunfal en Jerusalén (Mc 11,9-10). La pretensión real será la justificación para su muerte en la cruz (Mc 15,26). Sus rasgos típicos fueron elaborados por Mateo a partir de la figura de David, en el evangelio de la infancia (Mt 1-2).

 

  1. El Mesías sacerdotal es típico sobretodo en Qumran, donde se esperaba la venida del sacerdote mesiánico para realizar la purificación de la impiedad y la restauración del templo escatológico. El Maestro de la Justicia, probablemente un sacerdote sadoquita, considerado el fundador de la comunidad esenia (Documento de Damasco I), es descrito con rasgos escatológico-mesiánicos. Pero la figura que más resalta es la de Melquísedec, celebrado como salvador en 11QMelch 13. En el 10º jubileo, lo escatológico, realizará la expiación y la liberación de los elegidos del yugo de la esclavitud, enfrentará y derrotará a Belial y será proclamado “rey de justicia”. Si el Mesías davídico, estaba relacionado sobretodo a la liberación política, el Mesías sacerdotal tendrá la función de hacer prevalecer la justicia sobre la impiedad, y purificará el templo restableciendo a los legítimos sacerdotes. Su condenación implícita es para las facciones judaicas que se dejaron corromper, abandonando la fidelidad a la Ley.
  1. El Mesías profético tiene como su tipo a Moisés y la profecía de Dt 18,15, que afirma la llegada de un profeta como Moisés, en los últimos tiempos. Se creía que Elías fuese este profeta, en base a la profecía de Mal 3,2-3. Pero, la más famosa figura de profeta escatológico es la del Hijo del Hombre del libro de Daniel. Se trata de una figura escatológica entronizada en el cielo, cuya función era la de realizar el juicio y la destrucción de los malos en el juicio final. Se encuentra también en el Libro de las Similitudes de Enoc (1 Enoc 46) y en el 4 Esdrás 13, ambos del siglo I, d.C. El Hijo del Hombre parece haber sido el único título aplicado por Jesús a sí mismo, en la fuente Q (Lc 7,34; 9,58; 11,30) Los primeros cristianos interpretaron la figura histórica de Juan Bautista, como la encarnación del profeta escatológico.

 

  1. En el contexto histórico del tiempo de Jesús, varias personas históricas fueron aclamadas como rey y/o Mesías. Después de la muerte de Herodes el Grande, hubo un gran levantamiento popular y varios, en el relato de Josefo, fueron aclamados como Mesías: Simón, ex-esclavo de Herodes, que colocó sobre sucabeza la corona real.(Ant. 17,273), Atronges, un pastor que se proclamó el nuevo David, sustentado por un puñado de hermanos (Ant. 17, 278-280), Judas, hijo de Ezequías. (Ant. 17,272). En las inmediaciones de la gran guerra (68-70 d.C.), apareció Simón Bar Giora, que fue llevado a Roma, como rey esclavizado de los judíos, y allí ajusticiado (Guerra judaica 4,510.575). En medio de estas figuras, Jesús de Nazaret también fue aclamado rey por el pueblo, llegando a recibir en sus hombros la púrpura real (Mc 15,17 y //).

 

4.         Propuestas interpretativas

Decir quién fue históricamente Jesús, es prácticamente imposible. La búsqueda por el “Jesús histórico”, que marcó la investigación bíblica en los siglos XIX y XX, ayudó a llegar más cerca del hombre Jesús de Nazaret, contribuyendo bastante en la reconstrucción del contexto histórico, cultural y religioso del cual él fue expresión. Del propio Jesús, sin embargo, no tenemos nada, a no ser el testimonio de quien lo conoció. Las imágenes de él son expresión de las opiniones y de las creencias de sus seguidores, los cuales, cada uno a partir de su fe y de su contexto histórico, pasaron a testimoniar en él como una persona divina.

Presentamos, a continuación, una panorámica rápida de las interpretaciones más significativas, que, a lo largo de los siglos, fueron dadas a Jesús.

4.1.      Jesús, “hombre divino”

El hombre divino “es un modelo construido en base de un tipo ideal, de hombre considerado divino, en el cual actúan energías maravillosas que se manifiestan o en las curaciones, o en oráculos y formas de premonición” (Theissen, 1999: 377). El ejemplo más significativo de hombre divino y taumaturgo famoso fue Apolonio de Tiana, filósofo neo-pitagórico itinerante del siglo I, cuyos actos llegaron hasta nosotros en la biografía de comienzos del siglo III, escrita por Filostrato. Apolonio habría realizado varios milagros, entre ellos de resurrección, de curación, de exorcismo y acciones prodigiosas incluyendo elementos naturales. La importancia de la curación era grande en el mundo greco-romano, donde salvación y salud representaban la misma realidad. Los dos términos tienen idéntico origen, en las palabras griegas soteria y latina salus, que condensaban en sí, la idea de progreso. Los obstáculos para la realización de la propia existencia eran considerados alienadores, llevando a la derrota psicológica y moral. Se trataba de verdaderas tragedias que colocaban a la persona frente a su propio límite. Por eso, la salud y la curación eran alcanzadas en una búsqueda desesperada, por medio de remedios, prácticas alternativas, magia, romerías a santuarios, etc. El dios griego Asclepio, el dios de la curación, era considerado el salvador por excelencia. En su templo de Epidauro, curaba a los fieles que acudían a él. Interesante era su método de curación: los sacerdotes se preocupaban para que los visitantes que iban al santuario pasasen la noche en el recinto del templo, en una gran sala (incubación), con la promesa de que el dios los visitaría, personalmente, en una manifestación, o en sueños, o todavía a través de sus intermediarios, serpientes sagradas y perros, venidos del bosque que rodeaba el templo (Kee, 1993: 116). De la misma manera, también la diosa egipcia Isis, aparecía por la noche en el sueño de sus seguidores, que a ella se acercaban a fin de obtener bendición, curación y vida eterna, más allá del túmulo. En el mundo greco-romano, se hicieron famosos otros taumaturgos: Empédocles, el cual habría resucitado a una mujer, los Dióscuros, celebrados en el XXXIII Himno Homérico, como salvadores de los elementos naturales, y el emperador Vespasiano, autor de varios milagros que demostraban el favor de los dioses para con él (Barbaglio, 2003: 231).

Los operadores de milagros (miracle-workers) eran considerados verdaderos hombres divinos. El término theiós aner exalta el origen divino del poder operando en ellos. Por causa de las semejanzas, esta designación fue aplicada también a Jesús, justificado en el hecho de que Galilea habría tenido una fuerte influencia cultural helenística. Según este pensamiento, los evangelistas habrían ‘construido’ la imagen de Jesús como Theiós aner en los moldes de los taumaturgos greco-romanos. Confrontado con ellos, Jesús sería el mayor de todos, por haber realizado el mayor número de milagros: hay, más o menos, 200 referencias a curaciones relacionadas con Jesús en los evangelios, en tanto que Moisés tendría 124, Apolonio de Tiana 107 y Eliseo 38 (Smith, 1978: 108). Así, para enfatizar el origen divino de su poder, muchos de los milagros podrían haber sido aumentados posteriormente por los redactores cristianos, según la opinión de estudiosos, como Crossan (1989: 347). Hoy esta propuesta no encuentra más muchos seguidores, por la ausencia de la fórmula theiós aner en los documentos antiguos y porque la actividad taumatúrgica de Jesús se diferenciaba de los hombres divinos helenísticos en varios elementos: él actuaba en lugares públicos, no en templos; no cobraba dinero; rechazaba la publicidad y minimizaba sus prodigios (Mc 5,39); buscaba a los enfermos y los aproximaba a sí, dialogando con ellos (Mc 5,36; Lc 18,41); exige la fe (Jn 4,48); privilegia sobretodo a los pobres (Is 61).

4.2.      Jesús mago

Para el estudioso Morton Smith (1978), Jesús es un mago. El concepto de magia está relacionado a hechos extraordinarios realizados a partir de una cierta metodología específica. El mago manipulaba determinadas fuerzas divinas por medio de fórmulas estereotipadas y gestos particulares, forzando lo divino a actuar, a cambio de una retribución económica. La magia de Jesús se justificaría, para M.Smith en su propio método de curación, y en la manipulación de los enfermos. Él habría tenido la autoconciencia de un mago, además de haber ejecutado prácticas y ritos mágicos. El autor sustenta también la de que los evangelios habrían limpiado las tradiciones arcaicas de los artificios mágicos originarios, usados por Jesús. En la misma línea, Crossan afirma que la religión y la magia, milagro religioso y efecto mágico son la misma cosa: lo que cambia es la actividad oficial, aprobada y aceptada y las actividades no aprobadas o no aceptadas. El factor discriminante sería, por lo tanto, solamente político. Y concluye: “Elías y Eliseo, Honi y Hanina eran magos y así era también Jesús de Nazaret” (Crossan, 1994: 305-306). Con las debidas diferencias, Jesús sería un taumaturgo carismático, dotado de poder restaurador, obtenido de lo alto, por él mismo. En eso, él sería un mago. Una tal propuesta no convence, en la opinión de Theissen, porque Jesús exige la fe a la hora de la curación, porque sus milagros tienen un carácter escatológico de irrupción del reino de Dios, y porque él se caracteriza más como profeta de los últimos tiempos que como mago (1999: 378).

4.3.      Como Elías y Eliseo

En el mundo judaico, era muy viva la memoria de la intervención divina en favor de su pueblo, que se había manifestado por signos grandiosos como las plagas de Egipto, la apertura de las aguas en el Mar Rojo y los milagros de la marcha por el desierto hasta la conquista de la tierra. Los mayores realizadores de signos, operados con la fuerza de Dios, fueron, en el Antiguo Testamento, Elías y Eliseo, profetas del norte (1Rs 17 -2Rs 6). Jesús realiza algunos milagros que son relatados en los ciclos de Elías y Eliseo: multiplica los panes, resucita a los muertos, cura a los enfermos. Tales semejanzas llevan a pensar en un midrash: como Elías y Eliseo, Jesús es profeta y taumaturgo, actúa en el norte, como ellos (1Rs 18) enfrenta a la religiosidad oficial, afirmando que sólo Dios puede curar y, con sus curaciones, afirma que el poder de Dios obra también fuera del templo y de las manos de los sacerdotes. A ejemplo de los dos profetas, su acción no se limitó a purificar la religión, sino que fue realmente política (1Rs 21; 2Rs 9): sus milagros significan el repudio de la religión oficial del templo, por la cual, por la ley de la retribución, la enfermedad estaba estrictamente ligada al pecado. Tal teoría es confirmada por Theissen, cuando afirma que “en el movimiento de Jesús, las curaciones milagrosas ocupan el mismo lugar que en el movimiento de resistencia tenían las acciones terroristas” (1989: 87). La acusación de ser un loco (Mc 3,21) y de operar milagros por estar poseído por Belcebúl (Mc 3,22) reflejan su rechazo por los grupos dominantes de la sociedad palestinense del siglo I.

4.4.      Actividades milagrosas de Jesús x muerte en la cruz

El evangelista que más enfatiza los milagros de Jesús es Marcos. Él escribe bien cercano a la gran guerra judaica, y pudo sentir la influencia de las expectativas escatológico-apocalípticas, que con certeza, más no únicamente (ver tesis de Goodman, 1994) ofrecieron su contribución ideológica para la insurrección contra los romanos. Uno de los ejes del evangelio marcano, es la lucha de Jesús contra el diablo, y el anuncio del reino de Dios (1,18), de los cuales los numerosos milagros de curaciones y exorcismo de Jesús son expresiones.

Pero el contexto helenístico de la obra de Marcos, lleva hacia otra reflexión. El gran desafío de los primeros cristianos frente al helenismo fue el rechazo, por la cultura greco-romana, de un Dios muerto en la cruz. El discurso de Pablo en el aerópago de Atenas, construido en los moldes de la retórica antigua, resbala frente a la cruz: “Cuando oyeron hablar de resurrección de los muertos, algunos comenzaron a burlarse, otros dijeron: ‘Te oiremos respecto de eso, otra vez’” (Hch 17,32). Es posible que la teología de la cruz, que tiene en Pablo su mentor más significativo (Fp 2 y 1Cor 1-2), sea fruto justamente, de ese conflicto cultural con el mundo helénico, en el intento de afirmar la fe en un Dios muerto y resucitado (Hoornaert, 1997). El más antiguo de los evangelios, Marcos, refleja, en su estructura general, este conflicto de los cristianos de la segunda generación fuera de Palestina. Si, de un lado el evangelista presenta a Jesús como milagrero y exorcista, en la primera parte de su obra (Mc 1-8), del otro, afirma el fracaso de esta imagen de Jesús, visible en la incomprensión de sus discípulos (8,27-30) y en el rechazo del mundo judaico. (Mc 8-16). Para Marcos solamente la cruz, asumida conscientemente como proyecto divino (8,31-34), mostrará quien es realmente Jesús. Es significativo que sólo al final, delante del crucificado, el centurión pagano, representante de los cristianos de la comunidad marcana, salpicada por el imperio romano, hará su solemne profesión de fe en “Jesús, Hijo de Dios” (15,39). Para el evangelista, “cualquier asimilación de Jesús a un hombre divino a la manera helenística es rechazada por él. Jesús no es un superman de los gestos maravillosos. Su vida acaba en una cruz, una cruz despojada de cualquier evento prodigioso, a pesar de que ya anuncie la gloria de la resurrección” (Perrot, Paulus: 92-93).Con esto, Marcos afirma dos cosas: de un lado, que Jesús era un “hombre divino”, un miracle-worker, tal vez el mayor de todos, por los grandes prodigios por él realizados, pero por otro lado, su divinidad se manifiesta no tanto en éste su poder taumatúrgico, cuanto en la fidelidad radical al proyecto del Padre que prevee la asunción redentora de la cruz. Con esta afirmación, Marcos estaría incentivando a sus oyentes a permanecer fieles frente a las dificultades, rechazos y, quizás, persecuciones.

5.         “Milagro” – entre lo objetivo y lo subjetivo

Antes de concluir, proponemos algunas reflexiones a partir de la psicología. Pueden ayudarnos a entender la cuestión de los milagros, tan importante también en nuestros días.

 

    1. Definición de milagro - Entendemos por milagro “(1) un evento no común, sorprendente o extraordinario que, en principio, es perceptible a cualquier observador interesado e imparcial; (2) un suceso que no encuentra explicación razonable en las habilidades humanas o en otras fuerzas conocidas que actúan en nuestro mundo de tiempo y espacio; (3) un evento resultante de un acto especial de Dios, haciendo lo que ningún poder humano consigue hacerlo” (Meier, 1998: 17).
    1. ¿Acontecen los milagros? - Para la mentalidad moderna, marcada por el racionalismo, es difícil creer en el milagro, entendido como mutación de las leyes naturales. En la mentalidad de los antiguos, por lo demás, ¡todo era milagro! Si Dios caminaba con el pueblo, podían justificar las acciones grandiosas de él a favor de los suyos, como, por ejemplo la liberación en el éxodo, las plagas de Egipto, hasta la encarnación de Jesús en la historia. Mantenerse en comunión con Dios era la garantía de su favor.

 

Con el avance de la ciencia y de la técnica, se dieron otras explicaciones e interpretaciones al fenómeno de lo extraordinario, a partir de otros paradigmas. Se cuestiona sobretodo el concepto de salud y de enfermedad: ellas no están relacionadas solamente con el cuerpo, lo físico, pues la persona es sana cuando está bien psíquicamente así como físicamente. Investigaciones recientes, demostraron que la mayoría de nuestras dolencias (hasta el 70-80%) son consecuencias somáticas de problemas psíquicos: se trata de las llamadas dolencias psicosomáticas. La curación de estas dolencias no se dará, por lo tanto, solamente a través del uso de remedios químicos, sino que se tendrá que trabajar también lo psicológico, el interior, devolviéndole la serenidad, la tranquilidad, la esperanza, la confianza, la fe.

Existen también traumas antiguos, origen de bloqueos en el normal desenvolvimiento de las personas, generando los más variados problemas físicos, como la incapacidad de hablar, de caminar, etc. En estos casos, solamente una “regresión reorganizadora” podrá traer la solución de los problemas (Perrot, 2000: 128). El contexto religioso facilita tal regresión: el clima de oración de grupo, el calor comunitario, la acogida benevolente e incondicional, la posibilidad de transfer colectivo en relación al líder (sacerdote, pastor, psicólogo), la fuerza positiva, ‘mágica’ y psicológica de la palabra del líder (“Espíritu mudo y sordo: yo te lo ordeno: ¡sal y nunca más entres en él!” Mc 9,25), la identificación con páginas bíblicas (donde son depositados) los fantasmas individuales generados por los conflictos individuales: todo esto ayuda a la persona a retroceder hasta la causa psicológica del problema y, en varios casos, a removerla, trayendo el fin de la somatización. La curación, en ciertos casos, repentina y sorprendente del problema, puede ser saludada como un milagro: ¡y realmente de un milagro se trató!

    1. Con relación al diablo - En cuanto para la filosofía él es “la no-persona”, la ausencia de bien, que, no teniendo subsistencia, sería solamente un accidente (privatio boni ex summum bonum), la teología cristiana afirma la existencia de un ser-personal-responsable por el mal en el mundo. La figura del diablo carga un gran valor simbólico, fundamental para su interpretación. Toda imagen es una construcción cultural, un conjunto de símbolos que visualizan y sintetizan lo que es considerado como negativo y perjudicial para un determinado grupo social. La función de las imágenes es importante, porque ellas, de cierta forma visualizan, dan rostro y nombre a las ‘amenazas’ y ‘enemigos’, responsabilizándolos por el mal. El peligro de fuga de las responsabilidades está presente en este proceso simbólico.

 

Existe también, el riesgo de la ‘demonización’ del otro, sobretodo del diferente. En este sentido, la definición de lo que es ‘normal’, el padrón de comportamiento social y moral y la consecuente ‘demonización’ del diferente, es una afirmación de hegemonía política, social, cultural y religiosa. En nombre de esto, desde siempre ‘los otros’ son tachados de herejes, brujas, demonios, y eliminado hasta físicamente. Este tipo de demonio está en nosotros y es fruto de nuestra incapacidad de lidiar con lo plural, lo diferente, el otro.

6.         Conclusión

Sobró, como conclusión, una última pregunta: el Jesús histórico, ¿hizo milagros? Es prácticamente imposible responder a tal cuestión, por no tener acceso a las fuentes directas. El Jesús que encontramos en los evangelios y en las otras fuentes, es el Jesús de la fe de los cristianos de la segunda o tercera generación. La imagen del Jesús milagrero y taumaturgo, representan lo que ellos pensaban que fue Jesús. Se destacan dos elementos: primero, la presencia del poder de Dios en los milagros operados por Jesús, que los hacen señales/signos de la proximidad del reino; segundo, la asimilación de Jesús, sobretodo a Elías, el profeta escatológico de los últimos tiempos que, por la tradición, era considerado realizador de milagros. La tradición de Jesús milagrero, taumaturgo y exorcista recibió testimonio y confirmaciones tan grandes y macizas en las fuentes antiguas, en una coherencia tan impresionante, que llevan a Meier a concluir que “si la tradición de los milagros del ministerio publico de Jesús tuviese que ser rechazada in toto como no-histórica, lo mismo tendría que ocurrir con las otras tradiciones del evangelio sobre él” (1998: 152). Traduciendo para un buen portugués: “¡onde há fumaça, há sempre fogo!” (“¡Donde hay humo, hay siempre fuego”!).

 

Bibliografía citada

BARBAGLIO, Giuseppe, Gesù ebreo di Galilea–Indagine Storica, Bologna, EDB: 2002.
CROSSAN, J.D., O Jesus histórico-A vida de um camponês judeu do Mediterrâneo, Rio de Janeiro, Imago: 1994.
GOODMAN, Martin, A classe dirigente da Judéia-As origens da revolta judaica contra Roma, 66-70 d.C., Rio de Janeiro, Imago: 1994.
HOORNAERT, Eduardo, Cristãos da tercera generação (100-130), Petrópolis, Vozes: 1997.
HORSLEY, Richard A. e HANSON, John S., Bandidos, profetas e messias...
JOSEFO, Flavio, Antigüedades judaicas, Buenos Aires, Acervo Cultural Editores: 1961
(obras completas de Flavio Josefo).
------------Guerra de los judíos, Buenos Aires, Acervo Cultural Editores: 1961.
KEE, H.C., Medicina, miracolo e magia nei tempi del Nuovo Testamento, Brescia, Paideia:1993.
MEIER, Johann Paul, Um judeu marginal – Repensando o Jesus histórico, vol.2, Rio de Janeiro, Imago: 1998.
PERROT, Ch., SOULETIE, J.-L. e THÉVENOT, X., I miracoli- Fatti storici o genere letterario?, São Paulo, Paulus : 2000.
SCHIAVO, Luigi e SILVA, Valmor da, Jesus milagreiro e exorcista, São Paulo, Paulinas: 2000.
SMITH, Morton, Jesus, the Magician, San Francisco, Harper & Row: 1978
THEISSEN, Gerd e MERZ, Annette, Il Gesù storico – um manuale, Brescia, Queriniana, 1999.
THEISSEN, Gerd, Sociologia do movimento de Jesus, São Leopoldo/São Paulo, Sinodal/Vozes: 1989.

Luigi Schiavo

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.