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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

Un lenguaje de la resistencia ante el poder imperial.

El día de Yavé en Joel*

Pablo R. Andiñach

Resumen
El presente artículo analiza los distintos pasajes en el libro del profeta Joel donde se menciona el “día de Yavé”. De su lectura surge que hay una combinación de elementos históricos con simbólicos, otorgándole al mensaje un referente tanto social y concreto como trascendente y atemporal. Esta ambigüedad es la que otorga la posibilidad de releer el texto más allá de su contexto original y comprenderlo como un llamado a instalar la justicia y el derecho no sólo en el Israel de la época, sino en todo lugar donde la vida sea agredida.

Abstract
The present article analyzes the different passages in Joël's prophetic book where the "day of Yavé"  is mentioned. Of its reading it arises that there is a combination of historical with symbolic elements, which gives to the message not only a social and concrete reference but also a transcendent and atemporal reference. This ambiguity gives us the possibility to re-read the text beyond its original context and to understand it as a call to practice the justice and the righteousness not only in Israel of that time, but in every place where life is attacked.

El mensaje de Joel entrelaza esferas de la realidad para verbalizar aspectos profundos de la experiencia humana. La tragedia que describe el libro debía ser legada a las futuras generaciones (1,3) con todo su realismo y veracidad, pero a la vez en un lenguaje que impida que el tiempo o el olvido - o la consciente voluntad humana - condenaran a enveje­cer. Joel no nos entrega una versión superficial de los hechos, una crónica seca pasible de ser considerada como una antigüedad inadecuada para las nuevas situaciones. Por el contrario, nuestro libro se interesa en presentar e interpretar los hechos que se descri­ben, y en hacerlo de modo que se establez­can los vínculos de esta invasión del ejército imperial (¿persa, helénico? ) con otras situaciones de opresión que podrán ser vividas por el pueblo en el porvenir. El texto de Joel nos servirá de ejemplo de un lenguaje construido para resistir al poder imperial y ofrecer alternativas al pensamiento único modulado desde la intelectualidad de los dueños del mundo.

Esta profundidad está expresada en dos ejes semánticos que se tensionan a lo largo de todo el libro de Joel: un eje actua­liza el lenguaje del Día de Yavé. Básicamente señala hacia una dimensión trascendente de los hechos narrados y se abre hacia los nuevos referen­tes que podrán ir surgiendo en el hori­zonte de la historia. El segundo eje pone en escena naciones y pueblos concretos, en algunos casos nombrados explícitamente. Este segundo eje señala hacia la historia material de los pueblos. Gusta de presentar las naciones de modo que sean identifica­bles  geográficamente y reconocidas como entidades políticas. Por extensión este eje se vincula con los textos que presentan algún grado de referencia hacia la realidad factual. Su función es establecer vínculos entre la narra­ción y la histo­ria real de los pueblos que circundaron a Israel y que fueron activos actores en sus desgracias. De la tensión de ambos ejes surge un poderoso mensaje en el cual la dimen­sión tras­cendente de los hechos narrados es ligada a la historia humana de las opresiones. Junto a esto se jera­rquiza el dolor de un pueblo débil sometido a las potencias imperiales mostrando cómo su sufrimiento será valorado en el juicio de Dios, y cómo éste se vincula con el de otras generaciones (es de notar que serán juzgadas "todas las naciones [opresoras]" 4,2), y cómo ese sufri­miento será valorado en el juicio de Dios.

 

El Día de Yavé

El tema del Día de Yavé ha sido largamente estudiado y constituye hasta el momento una cuestión abier­ta . Las investigaciones se han concentrado en dilucidar el origen de la expresión más que en su significación textual. Hay acuerdo entre los autores en que la expresión se remonta al período preexílico, y que fue luego absorbiendo una nueva significa­ción en el marco de la teología judaíta del período de la restauración (539 a.C. en adelante). Se ha señalado que expresa un acto de poder de parte de Yavé que en un sólo día vence a todos sus enemigos y libera a su pueblo de ellos . A su vez el tema se complica cuando notamos que todas sus apariciones nítidas se producen en libros proféticos , y que hay una serie de expresiones que parecen vinculadas al con­cepto de Día de Yavé pero cuya relación no está aún suficien­temente estudia­da .

Nosotros seguiremos el recorrido de esta expresión a lo largo de Joel , estudiando su aporte a la significación par­ticular de cada pasaje y a la tensión semántica generada con el eje paralelo de lo "histórico". Desde nuestra perspectiva este diálogo entre ejes semánticos es el que provee la clave de lectura para interpretar la función del Día de Yavé dentro del mensaje de Joel.

1,15
                        ¡Ay! ¡Qué día!
                        Porque está cerca el Día de Yavé.
                        Vendrá como golpe de Dios.

Este texto es la primera mención del Día de Yavé en Joel. Se presenta al comienzo de la unidad 1,15-20 pero evidenciando un lenguaje y temática distintos, los cuales sirvieron de base para postular el carácter tardío de aquel versículo. Pero justamente ese carácter distintivo es el que hace resaltar el versículo del resto del texto y lo revela como un elemento interpretativo del pasaje. Esta condición se muestra en tres elementos: 1. ¿Qué nos dice sobre aquel Día?; 2. Su relación con los otros pasajes del Día de Yavé; y 3. Su relación con 1,16-20.

1,15 nos dice que el Día de Yavé "está cerca", lo que es un modo de decir que la invasión que tenían delante de los ojos no era aquel Día, sino que debía esperarse algún tiempo más. Debemos dilucidar entonces si la invasión ­extranjera es un modelo o un presagio del Día de Yavé. En el primer caso aquél evento futuro será entendido como un juicio sobre Israel mismo -siguiendo el paradigma de la invasión, que es interpretada por momentos como juicio de Dios sobre su pueblo (2,12-17)-. En el segundo caso la invasión que destruye la tierra hace pensar en aquel Día en el cual Yavé vengará las injusticias y destruirá al enemigo del pueblo. La respuesta a este dilema la encontramos en el texto mismo cuando puntualiza que el Día de Yavé está adelante en la historia, que es un evento futuro. Pero las caracterís­ticas de ese evento futuro están descriptas a partir de 2,17 donde se detalla la respuesta de Dios a los atropellos sufri­dos, donde Yavé habla (2,19-27) y promete la restitución de lo perdido y el juicio de los opresores. Especialmente nuestro texto apunta hacia sus textos compañeros 3,1‑5 y 4,14-17 que describen la salvación de Israel y el juicio definitivo de los enemigos. Entonces la cercanía del Día de Yavé no está anunciando la versión escatológica de una invasión que des­truye la vida económica y religiosa de Israel sino su contra­rio: la realización de la justicia ausente, la salvación de los condena­dos en la historia, la vuelta de los esclavos a la libertad (4,7). El texto también dice que aquel Día "vendrá como golpe de Dios". La raíz hebrea para "golpe" significa "devastar", "arruinar" y tiene un contenido claramente material y humano que la asimila a "oprimir", "explotar" (cf. Is 16,4). Nuestro texto hace un juego de palabras entre el sobrenombre de Yavé y esta raíz, sugiriendo que la acción de Yavé está en rela­ción -en este caso opositiva- con la acción de los pueblos que ocasionaron la devastación de Judá, acciones igualmente materiales y humanas. La devastación de Yavé puede confundir­se en primera instancia con la acción descripta que sufre Judá. Pero luego de la lectura completa del libro deviene claro que el "golpe" de Yavé está refiriéndose al juicio que se ejecutará contra los que oprimieron a Israel. La misma frase "viene como devastación de Yavé" la encontramos en Is 13,6 aplicada contra Babilonia. Este trastrueque de destinos será presen­tado con nitidez en la convocatoria a la destrucción de Israel de los pueblos vecinos que serán sor­prendidos en derrota en el Valle de Josafat.

¿Cómo se vincula semánticamente 1,15 con el resto de los pasajes del Día de Yavé? En este sentido nuestro texto es introductorio. Llama la atención sobre la necesidad de "leer" en el texto más que una mera descripción histórica. Abre el horizonte interpretativo hacia espacios nuevos a los cuales se accede partiendo de los hechos históricos pero prolon­gándolos en su significación. Este efecto permite transformar el relato de una tragedia en un mensaje de esperanza y justicia, puesto que desde el primer momento de la devastación extran­jera se preanuncia la respuesta de Dios: la opresión no es la última palabra de Dios para su pueblo.

En un texto de suma crudeza y realismo, el 1,15 aporta el elemento que interpreta el pasaje 1,16-20 balancean­do su sentido histórico con una dimensión que supera aquel contexto. El pasaje adelanta el mensaje que será develado más tarde, y funciona como anticipo de la acción de Dios, de modo de relativizar el valor de la opresión, y fortalece la promesa liberadora de la injusticia. La carencia de comida y la tristeza en el templo tendrán su compensación, aun cuando el texto no presen­ta esa alterna­tiva hasta la respuesta de Yavé en 2,18ss. La destrucción del suelo y la falta de agua no tienen la dimensión destructiva que tendrá el acto de Yavé el día en que juzgue a los responsables de tal agresión en un tiempo no lejano.

2,1-2a y 2,10-11
            1          ¡Tocad el cuerno en Sión!
                        ¡Clamad en mi monte santo!
                        ¡Tiemblen todos los habitantes del país!
                        Porque viene el Día de Yavé...
                        ya está cerca.
            2          Día de oscuridad y tinieblas
                        día nublado y tormentoso.
            10-11  Ante ellos tiembla la tierra,
                        se agita el firmamento,
                        el sol y la luna se oscurecen,
                        y las estrellas pierden su brillo.
            11        Yavé da su voz
                        delante de su ejército,
                        porque son muchos sus campamentos.
                        Porque es fuerte quien cumple su palabra.
                        Porque el Día de Yavé es grande
                        y muy terrible.

                        ¿Quién podrá contra él?

Nos encontramos ahora en un nuevo episodio en el desarro­llo del tema del Día de Yavé en Joel. En esta oportunidad toda una unidad está enmarcada por nuestro tema, de modo que su contenido temático queda claramente signado por su presen­cia. Es el tema de la invasión (2,2-9) y toma de la ciudad por el ejército extranjero. Al igual que en el caso anterior estos versos se distinguen claramente del resto del pasaje que enmarcan. Su diferencia de estilo y temática los revela como versos separados, y por lo tanto permiten sospechar una función semántica específica. En estas páginas nos interesa explorar esa especificidad. Para ello someteremos el texto a las mismas preguntas que dirigimos al versículo anterior.

¿Qué nos dicen estos versículos sobre el Día de Yavé? En primer lugar se lo anuncia con una invitación a "tocar el cuerno en Sión", un signo usado repetidas veces en el Antiguo Testamento y con varios sentidos . Si bien el toque del cuerno puede anunciar que la ciudad está en peligro -y entonces 2,1 está refiriendo a la inminente inva­sión de Jerusalén por el ejército extranjero -, también se lo utilizaba para anunciar la guerra contra las otras naciones, en cuyo caso era preanuncio de la derrota del enemigo pues el sonido haría que Yavé "se acuerde" de su pueblo y lo libre de quien los oprime (Nm 10,9). Nos sentimos inclinados hacia la segunda posibilidad. El toque del cuerno es motivado por la cercanía del Día de Yavé y no por la invasión militar, de la que se distingue desde el punto de vista literario y en consecuencia semántico: el toque es oído como esperanza por los oprimidos y como juicio para los invasores. De este modo se va delineando el sentido de aquel Día.

Son los habitantes del país los que son llama­dos a escuchar el mensaje. También encontramos estas palabras en el comienzo del libro (1,2). Es claro que se refieren a todos los que habitan Judea , aunque es difícil de discernir si esto incluye a los residentes extranjeros o debe conside­rarse palabras dirigidas sólo a los israelitas. Durante el período persa Jerusalén contó con un riguroso sistema adminis­trativo conducido por funcionarios extranjeros, quienes a la vez actuaban como representantes políticos y militares del poder imperial . Si la expresión "habitantes del país" los incluye - lo que explicaría la sutil ambigüedad del término -, estaría entonces proclamando una advertencia a los invasores y sus aliados locales. Si del ejército invasor se dice que ante él "tiem­blan los pueblos", y se sobreentiende que la referencia en este caso es a los habitantes de Judá y Jerusalén, entonces nuestro pasaje está marcando una diferen­ciación entre uno y otro ejército. Lo que se está anun­cian­do es que ante la inminente acción de Yavé todos los habitantes sin excepción temblarán.

Vincular v.2a con la oscuridad producida por la proxi­midad de la nube de langostas nos parece inadecuado y empobre­cedor del sentido del texto . En Sf 1,15 encontramos la misma frase en el contexto del "Día de Yavé" sin ninguna relación con nubes de langostas. Por otra parte, en Joel 3,4 se vuelve a mencionar la oscuridad como una característica de los eventos que se están describiendo, sin que langos­tas sean parte de la narración. El sentido de la oscuridad remite a experiencias más profundas y puede rastrearse en los relatos creacionales. Allí la oscuridad es un estado que Yavé modifica a los efectos de crear un ámbito adecuado a la vida del ser humano . Si la luz es un don de Dios, su pérdida estará aludiendo a un momento en el cual se perderán las coordena­das creadas por Yavé que hizo de un lugar informe y oscuro un univer­so iluminado y habitable para las personas. El Día de Yavé evoca espacios desconocidos, ámbitos que sólo el creador domina. Estos conceptos se profundizarán en 2,10-11.

En 2,10-11 encontramos el cierre de la unidad. Se repite el tema del temor ante el anuncio del día que se acerca (v.10a). Por lo que continúa (v.10b) sabemos que nueva­mente se refiere al Día de Yavé, que se presenta en oposición al ejército invasor (2,6). Al igual que 2,1 el v.10a contri­buye a relati­vizar el poder de las fuerzas ocupantes y a trascender el evento militar presa­giando el juicio.

La descripción de los fenómenos naturales está consi­derable­mente ampliada respecto a 2,2b. Se anuncia el estre­meci­miento del cielo, que es un modo de insistir en la dife­rencia entre este evento de Dios y la invasión. Luego se anuncia que el sol, la luna y las estrellas perderán su luminosidad . Estamos nuevamente ante una alusión al tiempo creacional. En Gn 1,16 se narra la creación de los "luceros grande y pequeño" y "las estrellas" - obsérvese que están en el mismo orden - con el fin de apartar la luz de la oscuridad. Su luminosidad no cesó hasta ahora, pero llegará a su fin en el día que se aproxima. Encontramos en 2,3 una alusión a la fuerza vital presente en los primeros momentos de la creación - aunque por cierto muy sutil - donde se dice que al paso del ejército lo que tenía aspecto como de "jardín Edén" queda reducido a "desierto desolado", en una frase que parece querer descri­bir pero a la vez ironizar sobre el destino que espera al agresor. Lo que ya anotamos respecto a 2,2a es ahora dibujado con mayor nitidez: aquel Día inaugurará una nueva era. Las coordena­das establecidas al comienzo de la creación serán desactiva­das, y -como en aquel entonces- el único que tendrá poder para actuar y decidir será Yavé.

El v.11 introduce otro nuevo elemento que ayuda a delinear aquel Día: el ejército de Yavé. La interpreta­ción de este verso es discutida. La tendencia general es a ver en esta mención al mismo ejército cuya invasión se des­cribe en 2,3-9. En especial se fundamenta en relación con 2,25 en el cual Yavé nombra las langostas como "mi ejército", estableciéndose entonces una conexión entre las langos­tas, la destrucción/invasión, y el ejército de Yavé. Esta reflexión es a la vez coherente con la comprensión clásica del proceso redaccional de Joel , que considera los versícu­los del "Día de Yavé" como inserciones tardías a la narración primitiva de una plaga natural de langostas. De ese modo el autor tardío habría "releído" en clave escatológica o aún apocalíp­tica la narración original de una sequía y plaga de langostas, estableciendo el vínculo entre la acción de las langostas y su prolongación en la acción divina incluso a través del ejército de Dios. Esta interpretación que se basa en el contraste de los textos para revelar su autonomía respecto a las unidades en las que están ubicados , no supo leer el contraste en su dimensión semántica. La relación opositiva entre el Día de Yavé que se describe a partir de 2,18 y la narración de la invasión que destruye la vida social y religiosa de Jerusalén (1,1-2,17), impiden que ambos elemen­tos se asimilen cuando los encontramos en la primera parte del libro. En otras palabras, el texto se resiste a ser leído de modo que un acto más en la historia de la opresión y el sometimiento de un pueblo débil, acto que implicó deporta­ciones y muerte, vejaciones y sufri­mientos, sea tenido como paradigma humano de la acción redentora de Yavé, aún cuando se la entienda escato­lógica­mente.

El v.11 presenta el ejército de Yavé en contraste con el ejército de 2,3-9. Este ejército viene a ejecutar la palabra de Yavé ("y dijo a su pueblo..." 2,29), no a destruir Jerusalén y la vida de su habitantes. Su poder le viene de que es Yavé quien lo conduce, es su voz de mando quien dirige sus acciones. Su "inmensidad y fortaleza" se debe leer en contraste con el ejército de 2,2b del que se dice que "no se repetirá por todas las generaciones", y para el cual se establece el ámbito humano como medida temporal de compara­ción. El ejército de Yavé será más poderoso y grande que el más grande ejército humano de la historia.

El pasaje se cierra con la pregunta "¿Quién podrá contra él?". Es una pregunta retórica no exenta de ironía, especialmente si consideramos que puede haber sido dirigida a aquellos residentes de Judea vinculados al poder invasor cuya seguridad dependía de la fortaleza del ejército de ocupación y de su fama como fuerza imbatible.

¿Cuál es la función de estos versos en el desarrollo del eje semántico relativo al Día de Yavé? Se ha ido ampliando el concepto a base de ir dando más información sobre aquel evento. Si 1,15 presenta el tema anunciando que será un día de devastación, ahora se precisa sobre el carácter cósmico y re-creacional de la acción que Yavé. Planteada esa dimen­sión nadie queda excluido de encontrarse con ese día. No se trata de una venganza de Israel hacia sus opreso­res, ni de la expectativa de fortalecerse militarmente para vencer a los enemigos y reparar las injusticias sufridas. Eso no tendría sentido dentro de la realidad social y política del imperio persa donde Judea es sólo una pequeña porción de la satrapía llamada "más allá del río". Lo que el lector de Joel ahora sabe es que el Día de Yavé será un tiempo defini­tivo en el cual la acción de Dios será opuesta en su raíz al fenómeno que se viene relatando.

Ya hemos señalado algunos aspectos de la relación de 2,1-2a y 2,10-11 con la unidad literaria de la que forman parte. Queremos precisar en este punto pues es de suma importancia para la comprensión del funcionamiento interno del sentido del texto. Abrir y cerrar una unidad otorga una posición de privilegio que el texto no deja sin explotar. En nuestro caso se trata de jugar con dos tiempos distintos cuyas significa­ciones son también distintas. El Día de Yavé es ubicado en el tiempo futuro, aún cuando se enfatiza que es un futuro inminente repitiendo la frase "ya está cerca" (1,15 y 2,1b). Por otro lado, el cuerpo central del pasaje está descrito como una acción presente y en desarrollo, utilizando verbos en imper­fecto . Esta dinámica refleja la tensión entre los dos ejes semánticos que hemos descrito: un eje presenta lo histórico factual de la invasión y destruc­ción; es la reali­dad cruda de un pueblo débil; es la trage­dia que no puede evitarse y que debe ser recordada como testimonio y memoria de la opre­sión. El otro anuncia una significación específica para esos eventos y la voluntad de Dios de no dejarlos impune. Se propone una dimensión tras­cen­dente en la cual el poder del opresor ya no existirá más y donde será el Dios de los oprimidos el que juzgue. Este mensaje hasta aquí ha sido dado como palabra contrapuesta al eje dominante de la destrucción. El lector de Joel debe avanzar en la lectura.

3,1-5
             3,1      Sucederá después de esto.
                        Yo derramaré mi espíritu sobre toda carne
                        y profetizarán vuestros hijos e hijas
                        vuestros ancianos soñarán sueños
                        y vuestros jóvenes verán visiones.
            2          Y también sobre los siervos
                        y las siervas
                        en aquellos días
                        derramaré mi espíritu.
            3          Y daré señales
                        en el cielo y en la tierra.
                        Sangre y fuego
                        y columnas de humo.
            4          El sol se tornará oscuro
                        y la luna en sangre
                        ante la venida del Día de Yavé,
                        grande y terrible.
            5          Y sucederá que todo el que invoque
                        el nombre de Yavé se salvará.
                        Porque en el monte Sión y en Jerusalén
                        habrá salvación,
                        como ha dicho Yavé.
                        Y entre los sobrevivientes estarán
                        los que Yavé convoque.

La delimitación de la unidad se establece en el v.1 del capítulo 3 por la fórmula "sucederá después de esto", que sirve de introducción a una nueva parte del discurso. Esta fórmula la encontramos en libros históricos (2Sm 2,1; 8,1; 10,1; 13,1; 21,18; 2Re 6,24), pero es escasa en la litera­tura profética con excepción de Jeremías (16,16; 21,7; 49,6). La literatura profética ha gustado de otras fórmulas de estructura semejante que encontramos desparramadas en diversos libros . Su acento temporal inaugura una serie de tres unidades encabezadas por fórmulas temporales (3,1; 4,1 "en los días aquellos", 4,18 "en el día aquel"), las cuales refieren al mismo momento futuro. El cierre de la unidad está marcado por el comienzo de la si­guiente (4,1) que además de la fórmula comentada, introduce una nueva temática. Como en casos anteriores es necesario señalar que la delimita­ción de la unidad no significa que ésta sea una composición aislada semánticamente. Son muchos los elementos que nos muestran sus vínculos con las unidades que la preceden y suceden. La primera persona de 2,27 continúa hablando en 3,1 luego de las primeras palabras introductorias. La misma fórmula introductoria esta­blece una relación con la unidad 2,18-27 respecto de la cual se ubica en sucesión tempo­ral y semántica, aspecto que estudiaremos más adelante. En 3,2 encontramos la misma fórmula ("en aquellos días") que encab­eza la unidad siguiente (4,1ss), confirmando la coinci­dencia de referentes.

Hay sólo un problema de crítica textual que merece conside­ración. En la última línea encontramos la expresión "en los sobrevi­vientes" que no es coheren­te morfológicamente. Se han intentado varios medios para reconstruir el texto original, de los cuales la forma "los sobrevivien­tes de Jerusa­lén", parece ser la más convincente . La palabra "sobreviviente" es típica de la litera­tura histórica; la encontramos en numerosas narraciones sobre actos de guerra , significando a aquellos que sobrevi­ven a una devastación. En Is 1,9 el sentido se acerca al de "resto", "remanente". De modo que aún considerando la oscuri­dad de la estruc­tura, tenemos el sentido del pasaje con suficiente precisión: se refiere a aquellos que escapan a una matanza.

La estructura literaria es lineal y presenta un encadena­miento natural. Luego de la fórmula introductoria continúa el anuncio del derramamiento del Espíritu sobre "toda carne", dicho en primera persona. A continuación (v.1b-2) son enumerados los benefi­ciarios de esa entrega del Espíritu, para cerrar el versículo repi­tiendo las primeras palabras "yo derramaré mi Espíritu", constituyendo un modo de pequeño quiasmo. Los v.3-4 presentan el anuncio de los fenóme­nos cósmicos y el Día de Yavé. El verso final abandona la primera persona para introducir un nuevo locutor que se expresa en tercera persona. Este cambio señala también un pliegue semántico; el texto se vuelve sobre 3,1-4 para clarificar los alcances de aquel evento. Estamos en el clímax de la unidad. En el día del juicio los que invoquen el nombre de Yavé serán rescata­dos, haciéndose explícito hacia el final que la decisión última sobre ese resto queda en las manos de Yavé. Esa salvación anun­ciada tiene también un lugar físico: será en Sión y en Jerusalén.

En el cap.3 confluyen elementos presentes en las unida­des anteriores. Si los eventos descriptos hasta el momento han sido desarrollados tensionando una dimensión histórica y otra trascendente, en esta nueva unidad volvemos a encontrar esa tensión pero llevada a una forma superlativa. El texto se ubica como una parte más de la respuesta de Yavé (2,19). El énfasis de 2,18-27 es en la dimensión agrícola de la recompen­sa - aunque hemos visto que no lo es exclusivamente -; los anuncios de fertilidad y paz finalizan con la afirmación de la presencia de Yavé en medio de su pueblo (2,27). A partir de esa afirmación debe entenderse el capítulo 3: la compañía de Yavé conducirá a una nueva situación en el seno de la comuni­dad creyente en la cual la condición de imaginar una realidad distinta a la que ellos viven será atributo de muchos, pero en especial de los jóvenes, los ancianos, los siervos y siervas . En el contexto de una invasión militar, destruc­ción de la tierra y deportación de los jóvenes, cuando la impotencia ante la arrogancia de los poderosos se hace sentir con toda claridad, el anuncio de la posibili­dad de una socie­dad distinta suena a los oídos de los israelitas como un acto de liberación maravilloso. Pero esa liberación no tiene como referente sólo a los poderes extranjeros, sino que también refiere a la situación interna: son los sectores desvaloriza­dos los que trasmitirán la palabra de Dios. Las mujeres, los siervos, los jóvenes, los ancianos serán el vehí­culo por el cual será posible delinear un mundo nuevo acorde a lo que Dios quiere . Desde una perspec­tiva sociológica se puede sospe­char que esta "democra­tización" del don de profecía supone una crítica a la distribución del poder, en especial en torno a la proyección política de los círculos allegados a las activida­des del templo . Es probable que detrás de nues­tro texto exista una situación de conflicto en el seno del poder en Jerusalén . Pero aún abriendo perspecti­vas intere­san­tes para la compren­sión del pasaje, este particu­lar acerca­miento exige de nuestra parte suma cautela pues es un camino indi­recto difícil de justifi­car en el texto mismo. Por otra parte, Joel que es tan dado a clasi­ficar por sectores a los habitan­tes de Judá, en esta oportu­nidad elude las divisiones secto­riales para trazar una línea que las atraviesa distin­guiendo dentro de ellas a los desvalo­rizados, posible­mente en oposi­ción a los habitantes conside­rados importantes: jefes ("ancia­nos" 1,2), sacerdotes (1,8.13; 2,17); pequeños terrate­nientes (1,11).

El v.1 comienza anunciando el derrama­miento del Espí­ritu sobre "toda carne” . Es una afirmación universalista que será limitada en las líneas siguientes, pero que queda abierta a futuras relecturas. La primera comunidad cristiana sabrá captar este mensaje inconcluso y lo aprovecha­rá para interpretar su propia experiencia de pentecostés (Hch 2). El uso del verbo "derramar" es también significativo . Se lo usa para el agua (Ex 4,9) y la sangre (Gen 9,6), como para otros líquidos. Se lo vincula al "derramamiento" de los sentimientos en Sal 62,9 y en Lam 2,19, así como para expre­sar el desahogo del alma (1Samuel 1,15; Salmo 42,5). Debemos llegar hasta Ez 39,29 para encontrar otra mención del "derrama­miento" del Espíritu, texto al cual Joel parece estar dando cumplimiento. La elección del verbo está sugi­rie­ndo la novedad del evento, a la vez que juega con la imagen del agua que se derrama sin continen­te, o la misma amplitud de la lluvia que se vuelca sobre todo y todos sin límites .

Los esclavos y esclavas serán parte de los elegidos por Yavé. Las antiguas leyes habían cuidado la suerte de los esclavos , pero esta nueva situación les otorga un especial valor en términos del plan de Dios que nunca habían tenido antes. No sólo serán definitivamente libres sino que hablarán de parte de Dios, privilegio del cual no todos los amos habían gozado. Con esto se afirma el signo de la justicia que irrumpirá en aquel día, a la vez que nos habla de la existencia de esclavos y esclavas hebreos en Judá, quienes quedaban por definición fuera del círculo de los elegidos de Yavé. Si las diferencias de edad y sexo serían superadas en aquel nuevo tiempo, también lo serían las de clases y categorías sociales. Lo notable es que esta decla­ración de dignidad y liberación de los esclavos surge como consecuencia de una nueva experiencia de explotación y dolor por parte de todo el pueblo de Judá. Es un tema repetido en el Antiguo Testamento: el recuerdo de la esclavitud de los padres (Dt 6,10-13) -y en este caso el recuerdo se vivifica por la acción directa de una fuerza extranjera actuando sobre ellos y destruyendo su suelo- los debe sensibilizar hacia la suerte de los más pobres y explotados.

Los v.3-4 anuncian con detalle los fenómenos cósmicos que se producirán con motivo del Día de Yavé. Son una ampliación de lo ya anunciado en 2,2 y en 2,10-11. Será una teofanía en la que Yavé se presentará produciendo eventos maravillosos en el cielo y en la tierra. Se invocan elemen­tos primarios: "sangre, fuego, columnas de humo", "el sol" y "la luna" alterarán su apariencia ante la venida del Día de Yavé. Pero los signos no deben confundirse con lo signifi­cado. Lo "grande y terrible" es el Día mismo y no los fenómenos que lo anuncian . La palabra "señales" tiene una enorme carga de sentido lo que hace que en esta oportunidad la traducción sea inevitable­mente pobre e incapaz de transmitir lo esencial de su significado. En lengua hebrea tenemos otra palabra que sig­nifica "signo" en su forma prosaica y seca, sin denotar ningún atribu­to especial. Pero "señales" nos remite a los actos de Yavé en el momento de la liberación de Egipto . En ese sentido son "señales" pero con un conte­ni­do específico: anuncian actos de Yavé en favor de su pueblo. Esta opción lexicográ­fica del autor no es ingenua y se alinea con toda la serie de alusiones a actos fundantes de la historia del pueblo de Israel y sus tradiciones (la creación, el éxodo, el don del Espíritu - Nm 11 -, el Día de Yavé). Las señales de la libera­ción de Egipto serán nueva­mente vistas en el día aquel en el cual Yavé convoque a los pueblos a juicio.

El v.5 cierra la unidad introduciendo un elemento geográfico que parece no encajar en el cuadro que se venía describiendo. La mención del "monte Sión y Jerusalén" resultan desubicadas en un evento que había adquirido dimen­siones cosmológicas y que parece querer escapar a las coorde­nadas de la realidad humana. Sin embargo estamos nuevamente en presencia de la tensión que recorre todo nuestro libro entre los elemen­tos que connotan trascendencia, y aquellos otros que enfatizan lo concreto y factual de los eventos. El Día puede estar adelante en el tiempo, en un momento incierto, pero Jerusalén y el monte Sión están allí para testificar de la realidad de la promesa. Si la convocatoria era a tocar el cuerno en Sión (2,1.15), allí se reunirán a la espera del momento anunciado: Jerusalén se ubica como en un cruce de coordenadas entre el tiempo indefinido y el espacio factual. A la vez no puede dejar de observarse que el mismo escenario en el cual están sufriendo la invasión y el oprobio de la humillación extranje­ra, será testigo del acto de salvación y dignificación del pueblo. Todo esto nos habla sobre cuán concreto y real es la comprensión que el texto tiene de los eventos que se esperan para aquel Día de Yavé. Lo escatológico no es algo indefi­nido e innominable sino que se concibe como una prolongación de esta realidad en la cual encontramos marcas que nos orien­tan en la comprensión de lo que sucederá. Lo nuevo no con­siste en una desvinculación de la realidad humana sino en resolver sus conflictos de forma justa.

Serán los que "invoquen" el nombre de Yavé los que alcanza­rán salvación. Es la adhesión al proyecto de Dios lo que hace la diferencia entre unos y otros, y no una simple declamación oral. ¿Cuál otro nombre se podrá invocar en aquel Día? Seguramente en el pensamiento del autor bíblico no hay otro nombre posible mas que Yavé, pero lo que sí hay son prácticas distintas antes de que aquel Día llegue, las que definen la profesión de fe.

El cap.3 ha aportado una magnífica descripción del Día de Yavé como respuesta a la realidad de opresión a la que es sometido el pueblo de Israel. El lenguaje simbólico invita a leer aquel evento futuro en relación semántica con los hechos presentes - la invasión extranjera - pero transcendiéndolos hacia todas las formas de opresiones que a lo largo de su historia han sufrido como pueblo débil a merced de las potencias imperiales.

4,14-17
            14        Multitudes, multitudes
                        en el Valle de la Decisión.
                        Porque está cerca el Día de Yavé
                        en el Valle de la Decisión.

            15        El sol y la luna se oscurecen
                        y las estrellas retiran su esplendor.
            16        Yavé desde Sión ruge
                        y desde Jerusalén da su voz.
                        Tiemblan el cielo y la tierra
                        pero Yavé es refugio para su pueblo
                        y fortaleza para los hijos de Israel.
            17        Y sabrán que yo soy Yavé, vuestro Dios
                        que habito en Sión, mi monte santo.
                        Y santa será Jerusalén
                        y los extranjeros no pasarán otra vez por ella.

Hacia el final del libro encontramos la última mención del Día de Yavé. No es una mera fórmula de conclusión, ni un cierre literariamente elegante. Esta última parte del reco­rrido del eje semántico completa el mensaje y lo torna nítido, aún considerando la ambigüedad inherente al lenguaje simbólico que predomina en estos textos.

¿Qué nos dice sobre el Día de Yavé? En acuerdo a toda la unidad 4,1-17 de la cual forma parte, se explicita que serán "multitudes" las convocadas. Esto nos habla sobre el carácter amplio del evento que no se limita a la venganza por la invasión que originó el texto primero. Podría inter­pretarse la expresión "multitudes" como una alusión al ejército invasor, como una mención más de su numerosidad y grandeza. Sin embargo dentro del eje del "Día de Yavé", en el cual predomina el espacio escatológico como referente final, resulta más claro el texto si lo entendemos como refiriendo a todos aquellos que han oprimido y agredido a Israel tanto en el pasado como en eventuales agresiones futuras. Es el elemento simbó­lico del mensaje el que hace que una experiencia histórica sea rebasada en su significación y pueda ser iluminadora de experiencias del pasado y del porve­nir.

En v.17b se anuncia que "los extranjeros no pasarán más por ella", como una forma de testificar la presencia y protección de Dios a su pueblo. En este caso la palabra "extranjeros" es nítida, señalando a aquellos que han cometido los crímenes descriptos a lo largo del libro. No "pasarán" significa no "gobernarán" sobre Israel. Pero esta nueva situación en la cual Israel no será más sometido a una potencia extranjera no es presentada por el texto como el producto de la llegada de un nuevo eón, o de nuevas coordenadas propias de un tiempo escatológico. Nótese el énfasis en precisar lo geográfico en todo el versículo 17, que revela una vez más la intención recurrente de Joel de contrapesar lo escatológico con elementos de la realidad histórica. Es un juego de sentidos entre lo escatológico y lo histórico factual, que en nuestro texto - de signo escatológico - funciona como un reaseguro frente al riesgo de una comprensión espiritualizante de la acción de Dios, en la cual la justicia ejercida por Yavé podría quedar desvinculada de las injusti­cias históricas.

Este último ha terminado de definir el sujeto de la ira de Dios a la vez que ha remarcado la opción de Yavé por su pueblo. Este que ha sido opri­mido en diversas etapas de su historia, en aquel día recibirá protección y justicia.

Pablo R. Andiñach
Camacuá 252
1406 Buenos Aires
Argentina
andinach@mail.smu.edu


* El presente artículo es la adaptación de un capítulo de nuestra tesis doctoral Imaginar caminos de liberación - Una lectura de Joel (Buenos Aires, ISEDET, inédita). Una versión previa con modificaciones apareció en Revista Bíblica 57 (1995) 1-17.

En este caso la identidad del imperio no es un aspecto significativo para nuestro argumento.

  Gerhard von Rad, "The origin of the concept of the Day of Yahweh", en Journal of Semitic Studies  4 (1959) 97-108, lo concibe como origi­nado en el "Dios de la guerra santa"; Gerhard von Rad, Teología del Antiguo Testamento, Salamanca, Sígueme, 1976,  pp.156-161; Sigmund Mowinckel, He that cometh, Oxford, Blackwell, 1954, ha propuesto su origen cultual en relación con el Festival del Año Nuevo. Otra teoría lo ubica como originado en el día en que se ejecutaban las maldiciones hacia otros pueblos acorde a la tradición del pacto, F. Fensham, "A possible origin of the concept of the Day of the Lord", en Biblical Essays, Bepeck, Potchefstroom Herald, 1966, pp. 90-97. Cf. también M. Weiss, "The origin of the 'Day of the Lord' reconsidered", en Hebrew Union College Annual 37 (1966) 28-60. Para una evaluación y ampliación del tema hacia otros textos relaciona­dos, véase: Y. Hoffmann, "The day of the Lord as concept and a term in the prophetic literature", en Zeitschrift für die Alttestamentliche Wissenschaft 93 (1981) 37-50. M. Weinfeld investiga el tema del Dios de la guerra en la literatura antigua del Cercano Orien­te, "They Fought from Heaven - Divine Interven­tion in War in Ancient Israel and in the Ancient Near East" [hebreo], en Eretz Israel 14 (1978) 23-30.

  Véase D. Stuart, "The sovereign's day of con­quest", en BASOR - Essays in Honor of George Ernest Wright 220/221 (1975/6) 59-164.

  La expresión "Día de Yavé" ocurre dieciséis veces repartida en siete colecciones proféticas: Is 13,6.9; Ez 30,2-3; Jo 1,15; 2,1.11; 3,4; 4,14; Am 5,18 (dos veces).20; Ab 15; Sf 1,4.14 (dos veces), y Ml 3,23.

  Así sucede con la expresión "Día perteneciente a Yavé" - traducida usualmente como "Día de Yavé" - Is 2,12; Ez 30,3; Zc 14,1, "Día de la venganza de Yavé", "Día de Yavé de los ejércitos", "Día de la ira de Yavé", "Día de su ira". Para una evaluación, véanse: Y. Hoffmann, "The day of the Lord as concept and a term in the prophetic literature"; A. Everson, "The days of Yahweh", en Journal of Biblical Literature 93 (1974) 329-337.

  Véanse W. Cannon, "The Day of the Lord in Joel", en Church Quarterly Review 103 (1927) 32-63; F. Deist, "Parallels and Reinterpretation in the Book of Joel - A Theology of the Yom Yahweh?", en W. Claassen (editor), Text and Context, Sheffield, JSOT, 1988, pp. 63-79; J. Bourke, "Le Jour de Yahve dans Joel", en Revue Biblique 56 (1959) 5-31.191-212.

  Véase Am 3,6; Ez 33,3.6; Os 8,1; Sf 1,16 en donde el sonido anuncia una destrucción. En Is 27,13 el cuerno convoca hacia Jerusalén a los dispersos entre las naciones extranje­ras; mientras Nm 10,1-10 establece varias funcio­nes del toque del cuerno, entre ellas la de anunciar la guerra contra los enemigos de Israel.

  Véase A. Kapelrud, Joel Studies, Uppsala, Lundequ­ist­ska, 1948, p. 12; L. Alonso-Schökel y J. L. Sicre, Profetas I-II, Ma­drid, Cristiandad, 1980, p. 932, que señala el carácter elástico de la expresión que admite diversos senti­dos: "campe­sinos", "habitantes del país", "habitantes de la tierra". Es de notar que también puede significar a la clase gobernante el país.

  Véase I. Ephal, "Syria Palestine under Achaemedic Rule", en The Cambridge Ancient History 4 (1988) 139-164. En Neh 3,34 la expre­sión "el ejército de Samaria" revela la presen­cia de tropas regula­res persas.

  Así hace la Nueva Biblia de Jerusalén, nota 2,2 (a).

  La palabra "oscuridad" es mencionada cuatro veces en el relato de la creación de Gn 1,1-2,4.

  El oscurecimiento de los astros es un fenómeno vincu­lado a eventos particulares de Yavé, véase Am 8,9; Sf 1,15; Is 13,10; Ez 32,7-8.

  Iniciada por Bernhard Duhm y seguida por la mayoría de los autores, consiste en considerar en Joel la existencia de dos obras. La primera (Joel 1-2) más antigua y referida a una plaga de langostas; la segunda (Joel 3-4) posterior y apocalíptica.

  1,15; 2,1-2 y 2,10-11 se distinguen del contexto textual en el cual se presentan por su forma literaria y también por su con­tenido.

  Véase el uso de imperfectos para el tiempo presente en W. Gesenius, E. Kautzsch y A. Cowley; Gesenius' Hebrew Grammar, Oxford, Clarendon Press, 1985, pp. 313-317.

  Para el estudio de la expresión "en los días últimos" en rela­ción con otras, véase H. Kosmala, "At the End of the Days", en Annual of the Swedish Institute of Theology 2 (1963) 27-37.

  Véanse las discusiones de este problema y las diversas variantes textuales en fuentes antiguas en H. W. Wolff, Joel and Amos, p. 57 nota z, y p. 68; A. Kapelrud, Joel Studies, p. 142-143; Biblia Hebraica Stuttgartensia, aparato crítico; W. Rudolph, Joel, Amos, Obadja, Jona, Stuttgart, Gütersloher Verlagshaus/Gerd Mohn, 1971, pp. 70-71.

­ Véanse Nm 21,35; Dt 2,34; 3,3; Js 8,22; 10,20.28.30.33.37.­39; 2Re 10,11.

Una comprensión diferente encontramos en Marvin Sweeney, Berit OLAM - Studies in Hebrew Narrative and Poetry - The twelve Prophets I, Collegeville, The Liturgical Press, 2000. Allí argumenta que el pasaje apunta a restaurar el pasado premonárquico y el tiempo del desierto en el Sinaí.

  Si bien la palabra "ancianos", en muchos casos, tiene el sentido de "jefes" de la comunidad sin referencia en sentido estricto a la edad de la persona, ése no es su sentido exclusi­vo. En 3,1 parece aludir sencillamente a las personas mayores de edad. Véase G. Botterweck y H. Ringgren, Theolo­gycal Dictionary of the Old Testament, Grand Rapids, Eermans, 1974-, vol. 5, pp.122-131.

  Véase el análi­sis del posible rol de los levitas durante el segundo templo, y su pretensión de monopolizar el don de profecía en D. Petersen, Late Israelite Prophecy - Studies in Deutero-Prophetic Literature and in Chronicles, Missoula, Scholars Press, 1977) pp. 55-87.

  Véase Paul Hanson, The Dawn of Apocalyptic, Philadelphia, Fortress Press, 1972; Osvaldo D. Vena, "Visionarios vs. Establishment en la comunidad judea post-exílica", en Cuadernos de Teología IX (1988) 85-98.

  En Is 31,3 se opone "alma" a "carne" en paralelismo con "humano" versus "divino". Es un verso muy claro y donde encontramos las mismas palabras que en nuestro texto. En Joel es la presencia de Dios que vivifica la comunidad.

  Véanse los comentarios del H. W. Wolff, Joel and Amos, pp. 65-66; Luis Alonso Schökel y José L. Sicre, Profetas II, pp. 943-944.

  Puede ser fructífero explorar la relación de este texto con Nm 11, el derramamiento del Espíritu sobre los setenta y dos ancianos de Israel.

  Véase Ex 21,2-4.7.20.26.32. Sin embargo, estas leyes no siempre se aplicaron puntualmente. El evento descrito en Jr 34,8-22 en el cual los siervos hebreos son liberados en base a un acuerdo con Sedecías, pero luego los propietarios, traicionando el pacto, vuelven a some­terlos a esclavitud, nos da una imagen de la práctica social respecto a los escla­vos.

  Véase H. Muller, "Prophetie und Apokalyptik bei Joel", en Theologia Viatorum 10 (1965) 231-252.

  Véase Ex 7,3; Dt 6,22; Jer 32,20; Neh 9,10. Además, J. Holladay, "The Day(s) the Moon Stood Still", en Journal of Biblical Literature 87 (1968) 187-198. H.W.Wolff, Joel and Amos,  p. 68. Para una comprensión en relación con los círculos proféticos, véase A. Kapelrud, Joel Studies, pp.137-138.

La expresión hebrea utilizada significa "ruido”, “tumulto", pero en ciertos pasajes se entiende como "multitud", véase Is 17,12; 29,7; Sl 65,8. Para un espectro más amplio de este con­cepto, véase L. Koehler y W. Baumgartner, Lexicon in Veteris Testa­menti Libros, Leiden, Brill, 1958, p. 237

 

 
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