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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

Creo en la resurrección del cuerpo…

Sobre lo poiético de los textos sagrados como experiencia de curación

Maria Soave

Resumen
A través de este artículo, queremos experimentar cómo los cuentos recreados de los textos bíblicos, pueden ser espacio de curación de mujeres, criaturas y empobrecidos. Lo poiético eco feminista nos permite reconstruir relaciones de paz y no-violencia entre la humanidad y el cosmos. Lo poético eco feminista es un espacio importante del “decir” de las mujeres, de “reparar el mundo”, de la explicitación, en la práctica y en el habla, de otro orden simbólico, en el intento de superación de los dualismos jerárquicos y androcráticos. Con la recreación, a través de los cuentos, de textos sagrados, nosotras mujeres queremos sanar las heridas de nuestras vidas machacadas y construir vida y vida en abundancia. Es el tiempo de los poderes compartidos. Es el tiempo de las nuevas relaciones ecológicas. Es el tiempo de la curación. ¡Éste es el tiempo!

Abstract
Through this article we want to make experience of how the re-created stories of biblical texts can be a space of healing for women, children and impoverished people. The ecofeminist “poietic” is an important space of women’s “saying”, “sharing the world”, explanation, in practical terms and in speech, of another possible symbolic order, in the attempt of overcoming hierarchical and androcentric dualismos. With the re-creation, through stories, through sacred texts, we women want to heal the wounds of our hurt lives and construct life and life in abundance. This is the time of shared powers. This is the time of new ecological relations. This is the time of healing. The time is this.

 

El cuerpo

Mujer de Don
Mujer de Don
que Dios me dio
sé que es Él a mi que me poseyó
y las piedras de lo que soy disolvió
en nubes de polvo,
incluso las veces que yo no quiera
me hace siempre ser lo que soy y fui.

Yo quiero, quiero, quiero ser sí
este serafín de procesión del interior
con las asas de ‘isopor’
y las sandalias gastadas como gestos de un pastor.

Presa del don
que Dios me puso
sé que es Él que a mi me libera
y sopla vida cuando las horas muertas
hombres y mujeres vienen sufriendo de alegría,
ginebra, humaza, dolor, microfonía,
y aun me hace ser lo que sin Él no sería.

Y quiero, quiero es claro que sí
iluminar lo oscuro con mi ‘brassier’ carmín
incluso cuando lloro
y adivino que es éste mi fin.

Llena de Don
que Dios me dio
sé que Él es el que a mí me ausenta
y cuando nada de lo que soy canta
y el silencio excava grutas tan profundas
pues ahí mismo, en la piedra todavía,
Él me hace ser lo que en mí nunca se acaba.

Y quiero, quiero, quiero ser sí
esa ave frágil que vuela hacia la selva
el eco del bambú
el silbido del acaso
la flauta de la inmensidad.
Chico César

 

“Dijo, entonces a Sherezade:
- Hermana, ¡Allah esté contigo!
Cuéntanos una historia que nos ayude a pasar la noche…”
(De “mil y una noches”)

 

Talita, la niña – Lucas 8,49-56

Era tan pequeña y frágil. Su cuerpo se estaba desarrollando rápidamente. Se despertaba, de mañana temprano, acariciada por los primeros y tímidos rayos del sol. Se desperezaba, no gustando de sus brazos, cada día más largos y secos, de sus piernas finas en demasía e interrumpidas, de repente, por dos montañas huesudas, duras, que, con desaprobación, llamaba rodillas.

Doce años no es una edad fácil. Todas las mujeres del pequeño lugarejo le decían que estaba creciendo y que, en breve, iría a abrirse en una linda mujer con el corazón grande y puro como aquellos ojos de la pequeña. Doce años, un cuerpo seco y desencajonado. De ella no sabemos el nombre. Había nacido y se había criado en aquel pequeño lugar de la Baja Galilea. Lugar de pastizales a orillas del mar de Tiberíades. Desde pequeña le gustaba brincar con los pequeños en las calles polvorientas por el sol caliente.

Desde muy chiquita aprendió a subirse en los árboles, a fin de robar los primeros frutos de las higueras que se resquebrajaban al calor del sol de la tarde. Usaba las hojas grandes y ásperas para que sirvieran como de prado y se llenaba de frutos dulces y maduros que compartía con los otros niños a la sombra del mismo árbol. Ella y los pequeños brincaban hasta el anochecer en las calles polvorientas de aquel lugarejo. La piel brillando en el corazón del sol y de la tierra, los cabellos como una noche sin luna y la sonrisa del corazón de la nieve de las montañas del Líbano.

Una tarde, durante una de las correrías “de escondidas”, la pequeña salió y fue a correr por los campos de olivos que protegían el pequeño lugarejo. Allá, debajo de un gran árbol de aceitunas, que brillaba plateado al sol del atardecer, Talita, la pequeña, vio un grupo de personas, sobre todo mujeres y criaturas que, sentadas, estaban escuchando. Talita, adoraba escuchar historias. Era un placer, por la noche, envolverse en aquel tejido de palabras tan esponjoso, dulce, acogedor. El sueño y los sueños visitaban rápidamente el cuerpo de la pequeña, cuando ella escuchaba historias contadas por la madre o por la abuela. Sin embargo, en aquel grupo sentado debajo de aquel olivo, quien contaba historias era un hombre. Talita, la pequeña, se aproximó avergonzada. Se sentó encima de una piedra y, con las manos en el rostro, empezó a escuchar. Cuando el hombre, narrador de historias, se dio cuenta de su presencia, la llamó bien cerca de él, y ella, escondiendo su vergüenza, se sentó a su lado. El cuerpo de la pequeña envuelto en el sonido cálido y dulce de la voz del mejor contador de historias. Eran palabras de cariño, de amor, de un mundo mucho mejor, hecho para las criaturas. Un mundo para compartir…El sabor de la ternura, un lugar de igualdad donde adultos y niños “saltaban llenos de vida”…La pequeña ni siquiera se dio cuenta que se había quedado dormida en los brazos de aquel, el mejor contador de historias.

De aquel día en adelante, cuando la pequeña llegaba a saber que el grupo de Jesús estaba por los alrededores, dejaba todas aquellas correrías por las calles empolvadas y todas las subidas a las higueras, para sentarse y embeberse en la red de palabras, de magia y de deseos que eran las historias que Jesús contaba.

Talita, la pequeña, comenzaba a decir en casa que, cuando creciese más, haría las mismas cosas que el Rabino Jesús. La pequeña quería ser como Jesús, una ‘rabina’, viviendo en el grupo de él, compartiendo el pan y contando historias que devuelvan la sonrisa al grupo de mujeres, pobres y niños. La madre miraba con tristeza la ternura de aquella hija. Ella intentaba explicarle a su hija que ninguna pequeña, en la cultura de aquel antiguo pueblo judío, podía ser ‘rabina’. La mesa de la Palabra y de la Fracción del Pan estaba exclusivamente reservada a los hombres. Talita, la pequeña, nunca podría ser como el maestro Jesús.

Una pequeña, de buena familia judía, crecida en los valores de la honra y la vergüenza, no podía seguir un bando de subversivos, como era el movimiento de Jesús. Pero la pequeña insistía, huía de la casa de su padre, corriendo con aquellas piernas secas y largas en demasía, para perderse en los abrazos y las historias de Jesús de Nazaret. Magdalena tenía siempre un higo seco con relleno de almendras para una pequeña ya considerada adulta por la ley judaica. Con doce años y un cuerpo desencajonado, la pequeña quería ser como Magdalena, una ‘apóstola’ del Reino, y compartir el pan y la ternura.

Jairo, el padre de la pequeña, era un hombre de la sinagoga. Judío santo y observante de la ley. Amaba a su hija y estaba muy preocupado por el hecho de las idas y venidas con el grupo de Jesús. No podía continuar así. Su hija, ¡mezclándose con un bando de impuros!

El personal de la sinagoga no vería con buenos ojos todo eso…Y esta hija obstinándose en querer ser ‘rabina’, conocedora de las Escrituras…¿Dónde jamás se ha visto esto? Sacerdocio, palabra, culto…Las cosas de Dios ¡están reservadas a los hombres! ¡Las mujeres se deben santificar con la oración y la maternidad! Y Jairo prohibió a la pequeña el frecuentar el grupo de Jesús.

El brillo desapareció de los ojos de la pequeña. La vida y la alegría desaparecieron sin el dulce embeleso de las historias de Jesús. Talita, la pequeña de doce años, tan chiquita y frágil, no quiso corretear más por las calles polvorientas del pequeño lugarejo. No quiso subir ya más a la vieja higuera para coger sus frutos maduros. Talita, la pequeña, dejó de respirar, mientras en sus labios permanecía el sueño de ser como Jesús y Magdalena (Lc 8,49).

Un dolor inmenso sofocaba la garganta de Jairo. Un grito de animal salió de su boca: ¡“¿por qué?! - ¿Qué religión era aquella que prohibía a una pequeña, por el hecho de ser pequeña, de zambullirse en la divinidad? ¿Qué mundo era aquel que dividía a la humanidad en seres superiores e inferiores? ¡¿En mujeres impuras y no aptas para el culto a Dios y hombres puros y sacerdotes?!”

Y a Jairo no le interesó ya más la sinagoga, con los sacerdotes y los rabinos, llenos de certezas y verdades. No le importó ya más la honra del hombre judío. Corrió para llamar a Jesús. Desde el fondo de su sueño de tristeza, la pequeña oyó una voz dulce y comenzó a embelesarse de nuevo en la red de palabras del mejor contador de historias. Soñó la belleza de ser pequeña y de que era posible vivir libre y feliz como Jesús y Magdalena.

Del fondo de su alma y de su esperanza adormecida, la pequeña oyó la voz que resucitaba el deseo y la posibilidad: ¡“Thalita, kumi – pequeña, levántate”! (Lc 8,52-54) (Lc 8,52-54) la vida volvió a ser viva, la piel volvió a brillar en la tierra y al sol de la tarde, los cabellos y los ojos volvieron a estar trenzados de estrellas, como la noche sin luna, y la sonrisa de Talita tenía el esplendor de la nieve de las montañas del Líbano (Lc 8,55-56).

Aparecida do Taboado, Mato Grosso do Sul, Brasil – 10/08/2000

Querida hermana en Cristo Jesús, ¡gracia y paz!
Usted no me conoce. Mi nombre es Tamara, participo del CEBI (Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos) desde hace diez años. Pero déjeme explicar por qué escribí. Hace dos meses tuve un bebé en un momento extremadamente difícil de mi vida. Mi pequeña nació de 8 meses, exactamente de 33 semanas. Vivo en una ciudad pequeña, y los remedios por aquí son escasos. El pulmón de mi pequeña no estaba todavía listo para recibir oxígeno, por eso necesitaba de una UTI urgente. Al día siguiente de su nacimiento, ella fue llevada de emergencia hacia una ciudad con recursos.

El parto fue de cesárea. Entonces yo quedé muy sola en el hospital, desesperada y deseando la muerte, en el caso de que yo no viese aquel rostro nuevamente.

Como hago siempre, por donde voy llevo mi Biblia y uno de los libros del CEBI. El que leí fue éste: “Talita, la pequeña”. Era complicado leer, porque yo no conseguía parar de llorar. En un ratito, entré en aquella historia y mi corazón empezaba a decirme que era, justamente allí, que estaba el consuelo para mi angustia, para mis miedos, para mi inseguridad…el mejor contador de historias…
Comencé a oírlo decir sin parar: “Thalita kumi: pequeña levántate, pequeña levántate”.

No sabría explicar exactamente cómo sucedió. Luego estaba yo, de pie, con mi Biblia en la mano, con la certeza de que Jesús haría por mi hija lo que hiciera una vez por aquella pequeña. A partir de aquel momento, adonde yo fuese, la Biblia y el libro iban conmigo. Yo, que ya estaba cansada y sin esperanza, volví a tener fe y quise luchar por la vida de mi pequeña.

Recuperada de la cesárea, fui al hospital donde estaba internada mi pequeña. Llegar hasta la cuna fue muy difícil. Mi madre exigió estar a mi lado protegiéndome. Tenía miedo. Pero ella estaba allí, muy adelgazada, diminuta, daba hasta miedo de agarrar o de quebrar aquella criaturita tan pequeña.
Pienso que aquel fue el momento más intenso de mi vida.

No voy a olvidarme nunca de cómo llegué y la tomé en mi regazo, muy insegura, pero con un amor que jamás había sentido en mi vida.

Pasado el primer momento, una enfermera se aproximó y me preguntó por el nombre de la pequeña, pero ella era todavía una bebé sin nombre. Sin embargo, una vez más me acordé de la historia del libro y del texto bíblico, que me dieron fuerza para continuar luchando por ella. Miré hacia el rostro de mi pequeña, y la vi flaca, de piernas finas y largas, que leí en su informe médico. Quise para mi pequeña lo que aquella pequeña quiso para sí: ser como Magdalena y Jesús, andar por sus caminos, vivir en comunidad, formar parte de esta historia, que somos nosotros, pueblo de Dios. Pienso que la enfermera desistió de esperar una respuesta, porque yo realmente “estaba ida”, pensando en los deseos de vida para mi pequeña. Después de amamantarla por primera vez en mi vida, me fui hasta una mesa, cogí un papel y escribí bien grande: “Thalita”, y lo coloqué al pie de su cunita.

Hoy mi Thalita tiene dos meses, y toda angustia y sufrimiento están desapareciendo. En el primer día que llegamos a casa (estuvimos 14 días en el hospital), me senté y leí para ella tu historia de la pequeña Talita. Hoy todavía la leo, y cuando ella crezca sabrá que su vida fue un milagro más de Jesús, el cual, después de dos mil años, continúa ordenando todavía a muchas personas que se levanten. Oro todos los días para que mi hija entre en este mundo, que ahora conozco tan bien de personas solidarias, que rezan unas por otras, que viven en “común-unión”, luchando por los derechos de todos, por un mundo más justo y hermanado.

Muchas gracias por haber contado esta historia, tan llena de amor. Su historia de la pequeña Talita me abrió los ojos para un pequeño fragmento de un evangelio que leí varias veces y que jamás pensé que podía ser tan profundo hasta el punto de transformar totalmente la vida de dos personas: la mía y la de mi hija.

Muchas gracias también por haber leído estas líneas. No soy muy buena para pasar sentimientos a un papel, pero quiero que sepa que un pequeño cuento suyo realizó un milagro inmenso. “Todas las cosas son misterios” y es por ahí…Dios tiene, a veces, maneras nada convencionales de actuar en la vida de las personas…¿no lo piensa Usted así?

¡Bendición, gracias y alabanzas, estén siempre presentes en su vida !
Tamara y Thalita

El texto

“Cuando el Señor curará y vendará la herida de su pueblo, la luna brillará como el sol” (Is 30,26)

“Textos recreados son así: de pétalo y perfume.
Textos que piden ser tocados y fragantes.
Textos que piden dedos y nariz: lectura del ser.
Textos recreados son de diferencias y parecidos, y piden ser descifrados.
La poiética pide ser dicha: lectura del bien querer.
Textos sagrados recreados son de labios y de rocío, y piden ser lamidos.
La poiética se deshace de ser mojada: lectura de humedecer.
Textos sagrados recreados son de risa y vientos, mundos enteros de ser feliz.
La poiética eco-feminista gime en su complejidad: lectura que da placer.
Textos sagrados recreados en la poética eco-feminista son secreto y alimento.
Historias que despiertan las historias de mi cuerpo y del suyo.
Erotismo y misterio que alimentan los deseos de vida y las luchas más queridas y necesarias.”
(Nancy Cardoso Pereira)

Descubrí el gozo de hacer hermenéutica bíblica a través de cuentos. Nací y fui criada en una tierra de sol y mar. Fui amamantada con leche de cabra, con antiguas músicas de dormir a los niños al tambor de las mujeres, al ritmo manso y cristalino del Mediterráneo y con historias de divinidades y santos.

Durante un período de mi vida, fui educadora de adolescentes venidos a Europa como refugiados huérfanos a causa del empobrecimiento y de las guerras. Muchas veces eran niños y adolescentes con enormes heridas en el “cuerpo-alma-cuerpo”.

Por años seguidos respondí a las preguntas: “¿De dónde viene el viento? ¿Y mis padres? ¿Mi historia?”. Inventé historias de lugares, de pueblos, hilando leyendas y mitos, diseñando palabras y ternura para ver, de nuevo, el brillo de una noche bordada de estrellas en los ojos de aquellas criaturas.

Hoy vivo en la tierra de Karú-Kinká, “Tierra buena”, la tierra donde los karukakas hacen nidos enormes en la copa de los pinos araucanos, el “árbol de la tierra del pueblo libre”.

Vivo en la empobrecida tierra del Planalto Serrano Catarinense, al sur de Brasil, tierra donde las noches de heladas no son tan frías gracias al fuego del suelo, al piñón en la hoja y a los cuentos compartidos con mate caliente.

La vida, en mis raíces mediterráneas y entre el pueblo Libre y luchador de esta Araucania, abrazada por los vientos helados, la Pacha Mama, Abya Yala, Pindorama* (*población indígena de la Amazonía) fecunda, me enseñó que el ejercicio de la poiética y de las relaciones a través de los cuentos, es un espacio privilegiado de Experiencias Sagradas, es decir, de una gran Libertad.

El cuento, y el cuento como lugar de recreación de los textos sagrados, es un espacio privilegiado de relación que la existencia nos da, una humana y fecunda operación experimental de reintegración personal, colectiva y cósmica, en todas las estaciones de la vida.

Percibo, en los caminos recorridos por las “almas-cuerpos-almas”, sobretodo de mujeres empobrecidas que hacen lectura popular y feminista de la Biblia que, a través de los cuentos de recreación de los textos sagrados, nosotras, mujeres, vivenciamos una experiencia místico-espiritual de grupo, experiencia de relaciones de sanación.

“La teología en lengua materna enseña, en la práctica (y, con ciertos límites, también en la teoría) a estar en el mundo con la seguridad de que hay en él un lugar, o puede ser en él encontrado, también para lo imposible. (Este imposible es) traducible en tantos nombres, los principales son: el amor que no termina, la muerte y la victoria sobre la muerte, la felicidad. Este imposible es también traducible en esta fórmula: existe en este mundo una realidad que no es enteramente de este mundo. El sentido libre y creativo del posible, llega a tanto; es decir, a estar a la altura de nuestros deseos y de tener el horizonte abierto para lo imposible” .

Este es el espacio de las palabras que ceden cuerpo a las preguntas fundantes y fundamentales, por eso verdaderas, de la Vida de las mujeres. Éste es el espacio donde no se representa nada. Éste es el espacio donde el canto, la música, la danza sagrada alcanzan una particular relevancia.

Para nosotras, mujeres, el cuento de la recreación de textos sagrados es el espacio del olfato, de una aromaterapia que nos relaciona con arcaicas emociones. Es el aroma de los tiempos antiguos y presentes, de éxodo y de andar errantes, de tierras prometidas y conquistadas, de nuevas relaciones y partos, generaciones de paz, del fin de la violencia, de otros mundos posibles, de la globalización de la ternura y de la solidaridad, ¡de la vida vivida por el enorme gusto de vivir! .

Escogí el proponer cuentos como recreación de textos sagrados, como espacios que proporcionan curación. Quiero proponer la recreación de los textos sagrados a través de los cuentos, como una “mito-poiética eco-feminista”, una hermenéutica histórico-religiosa creativa, la que “revela sentidos que antes eran silenciados o no eran percibidos, y los manifiesta con tanta fuerza que, después de tener asimilada esta nueva (antigua) forma de interpretación, la conciencia no es más la misma” .

Nosotras, mujeres, en el andar errantes por la vida, despojándonos del miedo a errar, percibimos la importancia, en el proceso de curación, en las micro, meso y macro relaciones, de la mitopoiética ecofeminista. Nos damos cuenta de la importancia de la recreación de los textos sagrados, a partir de los cuerpos de las mujeres, muchas veces masacrados y silenciados por los textos bíblicos, cuerpos estos que recuperan sus palabras y sus movimientos.

Nosotras, mujeres, en la competición ontológica de la vida; es decir, en la capacidad vital y ecológica de procurar juntas, juntos (cum-petere), en una red relacional compleja, hecha de muchos nudos e hilos, percibimos la importancia de la “Ausencia” como espacio hierofánico para nuestras vidas.

Me doy cuenta, en el andar errante y en la competitividad de la Vida, que, para que alcancemos el sentido de una mito-poiética eco-feminista de la Biblia, nosotras mujeres no podemos usar solamente el método científico-racionalista. Me parece que sólo una aproximación al mismo tiempo cognoscitiva, intuitiva e inventiva de la “Ausencia”, como lugar posible de la experiencia sagrada, modifica la humanidad y, en esta humanidad, las mujeres, los niños y las personas empobrecidas.

Así escribe Luisa Muraro, filósofa feminista de la escuela francesa de la ‘diferencia’, respecto a la experiencia de las mujeres místicas, monjas y visionarias de la Edad Media:
“Del movimiento de las mujeres de la Edad Media (…), no existe una narración histórica unitaria, como existe, por el contrario, de las luchas por el poder político-religioso o de las revoluciones sociales. No podemos ni decir exactamente cómo comenzó este movimiento o cuando terminó.

Mejor así: podemos pensar que nunca terminó (…)
Se trató de una lucha que podemos considerar política, pero que en la cuestión, no estaba el poder político ni la justicia social – la lucha era por un sentido mayor y más libre de nuestro ‘estar en el mundo’. Por la felicidad, sí, creo que ésta sea la palabra cierta.

El terreno de lucha era la orden simbólica, entendiendo la orden invisible, pero activa y operante –la aprendimos aprendiendo a hablar – lo que tiene que ver con la relación entre el que está y el que no está, o no se ve, entre las cosas y las palabras, entre los cuerpos y los signos, entre los deseos y la ley, entre la experiencia y la posibilidad de decir lo verdadero” .

Me doy cuenta, en el andar errante y en la competitividad de la vida, junto a las mujeres de esta Patria, todavía no ‘Matria Grande’, que la poiética, la creatividad en la reconstrucción de textos sagrados, es cofundadora, de derecho, de cada estrategia y praxis pedagógica, ecológica, no violenta y popular.

Para nosotras mujeres, la reconstrucción de los textos bíblicos, fruto del proceso de preguntas, deconstrucción, sospechas…es un antiguo proceso de deshacer suéteres y blusas. Suéteres y blusas antiguas que ya no sirven más para proteger y embellecer cuerpos y vidas, pero que pueden ser reaprovechadas en la economía solidaria, y reinventadas, juntando otros hilos, para arrullar de nuevo la Vida de las mujeres, niños y empobrecidos. Esta reconstrucción de la des-construcción, en su objetivo y en su método/camino, es experiencia de sanación.

Me parece que la reconstrucción de los textos bíblicos a través de los cuentos, permite a la persona adulta y, en esta humanidad, a las mujeres que saben leer, soñar y encontrar la “Ausencia” entre los pliegues de la realidad, de los cuerpos que son los textos y de los textos que son los cuerpos, entre los dichos, no dichos, entredichos, mal-dichos, reencontrar el rostro de los muchos rostros que llamamos Dios (…) y, en este abrazo de reencuentro, devolver la salud de esta “alma-cuerpo-alma” personal y cósmica.

“En nuestro (de las feministas) silencio alrededor de Dios tenemos una invención de libertad. Es una invención que posee algo en común con el arte de deshacer ‘tricó’ (tejido). Ésta es un arte que hoy es poco usada, pero que las mujeres más veteranas todavía recuerdan.

Deshacer una blusa o algo hecho de ‘tricó’, tiene que ver, brevemente, en hacer al contrario el trabajo de su confección, pasando con habilidad a través de las vicisitudes, sean éstas ordinarias o extraordinarias: mancha de césped, sangre u otro, rasgos, huecos de polillas o de balas, partes lisas, costuras, bordados, remiendos…

Este arte posee el valor de que, terminado el trabajo de deshacer, en las manos de la artista (porque casi siempre es mujer, muchas veces una mujer pobre, enflaquecida e impedida por la edad o por la salud para hacer trabajos pesados), quedan los rollos de hilos a disposición para nuevas obras e invenciones, para otros tipos de intercambio. Al final, un nuevo punto de partida” .

Me parece que, a las mujeres que se permiten reinventar textos bíblicos, esta elaboración activa y participativa de su incesante colocar en el mundo, reparar el mundo (mito-poiésis), elaboran dentro de sí, y entre sí mismas y el cosmos, verdaderos “anticuerpos” espirituales contra la sumisión a-crítica y muda. Nosotras mujeres, contadoras de historias sagradas, elaboramos en nosotras mismas fuerzas pacíficas contra el dolor, generador de la enfermedad y contra la incapacidad de ser realistas; es decir, de soñar y construir utopías, lugares para mujeres, niños y pobres que pueden, y deben, tener lugar: otros mundos posibles.

Nací y fui criada lamida por las historias del mar Mediterráneo. Percibo, en el “andar errante” y en la “compleja competitividad” de la Vida, que el mundo llamado pan-occidental hizo de la palabra algo “saturado”.

¿Cómo devolver a la palabra la ‘terna’ y e-terna fuerza que nos hace grávidas, que hace a la Tierra y el Cosmos grávidas de esperanzas?

La mito-poiética, la recreación de los textos bíblicos a partir de las relaciones de las Mujeres y el Cosmos, es un camino, doy fe de ello, que nos puede conducir a la sabiduría, a un saber/sabor ecológico y eco-feminista, que se inserta en el corazón de la Humanidad, en todas sus estaciones de Vida, en el Corazón del Cielo y de la tierra, Corazón que mueve el Sol, la Luz y las Estrellas.

La palabra “mito” viene de la raíz sánscrita My. Puede significar contar, hablar bajito, acordarse de sueños y deseos adormecidos o enmudecidos. Creo que, eso es lo que nosotras mujeres hacemos cuando, en la perspectiva de la hermenéutica bíblica eco-feminista, en el horizonte ético de nuevas relaciones de paz, recreadas entre los Cuerpos de la Humanidad y de la Naturaleza, entramos en el proceso doloroso y vivificador de reparar el mundo simbólico.

Nosotras mujeres, recordamos sueños y deseos adormecidos cuando entramos en el mundo de las palabras y de los textos, preguntando, cuestionando, dudando, sospechando del orden simbólico patriarcal, androcéntrico y androcrático, antropocéntrico y ‘kyriarcal’, colocado, con la fuerza normativa de los textos bíblicos, usados en la tradición interpretativa en exceso como único e indiscutible orden simbólico para “decir” el mundo y sus relaciones.

En este proceso de “colocar/botar al mundo el mundo” , nosotras mujeres, necesitamos encontrar no solamente fuerzas internas y espirituales para des-construir, preguntar, sospechar –puesto que el orden simbólico patriarcal no nos construyó históricamente con estas características- sino también necesitamos encontrar en nosotras y entre nosotras la fuerza de la “Loba contadora y cantora de historias” .

Ésta es la fuerza espiritual de nuestras Madres en el andar errante de la Fe y en la insistencia de la Vida, fuerza que nos permite cantar sobre los huesos secos de las heridas y dolores que muchas veces la canonización, la tradición interpretativa y los mismos textos bíblicos, provocaron en nuestros cuerpos personales y de género. Como la “Loba contadora y cantora de historias” podemos tener la fuerza interior de contar historias y soplar sobre los huesos secos de los cuerpos y de las palabras de la Biblia que son cuerpos…¡y los huesos secos recuperan sangre, tejidos, textos…Vida!

La ‘mitopoiética eco-feminista, la recreación de los textos bíblicos a partir de nuestros cuerpos de mujeres en relación “competitiva y errante” con la Humanidad y el Cosmos, es cuento; o, mejor, el auto-cuento, que nosotras mujeres hacemos de nuestro destino, de nuestros miedos, de nuestro estar en suspenso, en una “esperanza equilibrista” entre Historia y Trascendencia.

Nuestros cuentos son soplo sobre los huesos secos de nuestras vidas, relaciones y textos, en el intento de decir la “Ausencia”, el anhelo d’Ela, el anhelo nuestro, el anhelo de ellos…Creemos en la Resurrección de los Cuerpos y en la Vida e-terna. Amén.

 

El cuerpo

De mujer, agua y árbol de la vida .

La tribu que habita al Sur del Matto Grosso, conocía el lenguaje de los Pájaros Azules como el Cielo. Estos Pájaros se asientan en la Tierra de los Grandes Fríos, en la Tierra de las Araucarias, la Tierra del Árbol del Pueblo Libre.

Una noche, venidos de largas nubes oscuras, los Pájaros Azules que se asientan, trajeron palabras tristes.

Eran palabras de “poder sobre” los Pájaros, sobre la tierra, sobre el Agua, el Aire, el Fuego, las Tribus…¡palabras tristes de opresión y de muerte de la vida!

Hasta el viento, entre los Campos y las Piedras, aullaba una lamentación de espera.

Las palabras tristes del “poder sobre” hicieron enfermar a la Mujer.

Sus ojos casi siempre permanecían cerrados, el sudor se escurría por el rostro colorado. Dentro de su vientre el Tambor de la Vida, danzaba un barullo de lágrimas.

Los velillos y las velillas oteaban en dirección a las Montañas, hacia el Oeste, donde el hermano Sol va a descansar.

Ellos y ellas, con muchas lunas blancas en la cabeza, sabían que, si hubiese indicado la Pájara del Vuelo Majestuoso, aquella que vuela diseñando el Círculo de la Vida-muerte-Vida, habría colocado en el cuerpo de la Mujer una voz de Muerte.

Los niños preguntaban: - ¿Qué hacer?

Podrían únicamente experimentar el antiguo y mágico remedio del “Pasaje”. La reapropiación, en el Cuerpo, del Cuerpo del Universo, de la Red de Sueños buenos y Prácticas recreadoras de Vida.

Se necesitaba que la Mujer entre en el Hueco del Gran Árbol del Agua y de la Tierra, el Árbol de la Vida.

Pero, ¿dónde se encontraba este Árbol?

Procuraron seguir las sendas del Sol y de la Luna, del Aire y del fuego, del Dentro y del Fuera, de la Derecha y de la Izquierda, del De abajo y del De encima, del de Frente y del de Atrás…y, finalmente, después de tres días, lo encontraron..

Allí entró la Mujer.

Pasó un Tiempo, dos tiempos y la mitad de un Tiempo. La Mujer salió del hueco del Árbol del Agua y de la Tierra ayudada por Mujeres amigas, madres, hermanas, por los brazos de los corazones de Hombres conspiradores y por el amor de las Piedras, de las Plantas y de los Animales alrededor del Árbol.

La Mujer pasó trece veces por el Hueco del Gran Árbol del Agua y de la Tierra, el Árbol de la Vida. Trece veces, cuantas son las Lunas en el Cielo de un año.

Cuando la Mujer salió, la tribu que reside al Sur del Matto Grosso, tenía los ojos llenos de maravilla y de paz…

La Mujer cargaba la Serpiente en los brazos y una sonrisa serena hermoseaba su rostro…el “poder con” que recrea Vida…

 

Bibliografía

Angeles Mastretta, Donne con gli occhi grandi, Italia, Giunti, 2000.

Clarissa Pinkola Estés, Donne che corrono con I lupi, Italia, Frassinelli, 1998.

Eduard Glissant, Introduction à une poétique du divers, Gallimard, 1996

Isabel Allende, Os contos de Eva Luna, Bertand, 2004.

Luisa Muraro, Dio delle donne, Italia,Mondadori, 2003.

Maria Soave, Luas: contos e en-cantos dos evanglhos, São Leopoldo/São Paulo, CEBI/Paulus, 2000.

Maria Soave, A amante(…) uma poiética ecofeminista, São Leopoldo, CEBI, 2002.

Mario Bolognese, Come educare com il mito per una cultura non sexista, Torino/Italia, Sonda, 1997.

Maria Soave Buscemi
Caixa postal 20
Lages – SC
88502-970
Brasil

 

CD “Maricotinha” de Maria Bethânia, 2002.

Maria Soave, Luas…contos e en-cantos dos evangelhos, São Leopoldo/São Paulo,CEBI/Paulus, 2000, pp. 28-31.

Agradezco a las hermanas, amigas y compañeras del grupo de las mujeres de RIBLA. Estas reflexiones surgieron después de nuestro encuentro en São Leopoldo, Brasil en 2004. En este artículo decidí usar tres términos, rescatándolas de los sentidos antiguos, ausentes e importantísimos para la vida de las mujeres:

  1. Poiética = del griego poiétikos – que crea, que forma, inventa, hace, deshace y rehace…
  2. Andar errante (término original portugués = Errância) = del verbo errar, caminar, vagabundear…Esta raíz de la palabra nos permite recorrer con libertad el curso de la vida y del conocimiento, ¡sin miedo de errar! Importante, en este contexto del tema, es la contribución de Edgar Morín para la educación.
  3. Competición = en el lenguaje cotidiano este término es usado para indicar el proceso que lleva a una persona a ser ganadora sobre otra. En latín, cum-petere significa “demandar juntos y juntas”, en una red ecológica y no violenta de las relaciones.

Maria Soave, A amante, a sábia, a guerreira, a feiticeira…Uma poiética ecofeminista do Novo testamento, São Leopoldo, CEBI, 2002, pp. 4-5.

Luisa Murano, Il Dio delle Donne, Italia, Mondadori, 2003, p. 84, traducción de Maria Soave.

“En la concepción de hoy, el feminismo sería la construcción social de la libertad de las mujeres por medio de la paridad con el hombre, paridad de derechos y oportunidades. Pero lo que sucedió con el feminismo es lo contrario: es la generación del libre sentido de que una mujer es independiente de las construcciones sociales de su identidad” (Luisa Murato, Il Dio delle Donne, p. 25, traducción de Maria Soave)

J. Colianu, Mircea Eliade, Cittadella, Assisi/Italia, 1978, p. 158, traducción de Maria Soave.

Luisa Muraro, Il Dio delle Donne, p. 26, traducción de Maria Soave.

Luisa Muraro, “L’arte di disfare le maglie”, en La follia del cuore, Milano/Italia, Pastiche, 2000, pp. 153-164.

Tomo prestado este término del colectivo filosófico feminista “Diotima”, de Italia.

Clarissa Pinkola Estés, Donne che corrono con i lupi, Frassinelli, 1998. A este respecto me parece iluminadora la lectura que la autora realiza del mito nahuatl de la mujer que “recoge” y canta sobre los huesos, en su libro: “mulheres que correm com os lobos”.

Maria Soave, Amante, pp. 106-107

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.


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