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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

Sanidad de los cuerpos ¿experiencia de Dios?

Lecturas pentecostales de salud

Violeta Rocha A.

 

Resumen
En un contexto de precariedad como el nuestro, las experiencias de sanidad se constituyen también en experiencia de Dios, en experiencias de fe y vida. Los acercamientos bíblicos al tema nos muestran algunas prácticas diversas, pero un eje teológico en común: el reino de Dios. Las concepciones sobre el origen de las enfermedades es también variado, y la acción sanadora de Dios y de las comunidades de fe se vuelven también un anuncio esperanzador y una crítica al sistema en el cual vivimos mujeres y hombres sin acceso a derechos fundamentales para la vida.

Abstract
In a context of precariousness like ours, the experiences of sanity are also considered as experiences of God, as experiences of faith and life. The biblical approaches to the topic show us some diverse practices, but a common theological axis: the Kingdom of God. The conceptions on the origin of the illnesses are also varied; and the healer action of God and of the communities of faith are an announcement of hope and a critic to the system in which women and men live without access to fundamental rights for the life.

 

Introducción

Para los y las pentecostales, mayormente provenientes de grupos socialmente excluidos, la sanidad divina como suele llamarse, se constituye en experiencia de Dios y de su gracia. ¿Cuáles son las percepciones que mujeres y hombres pentecostales tienen sobre las enfermedades y sobre la salud? ¿Cuáles son algunas de las fundamentaciones bíblicas más usuales en este proceso de enfermedad-sanación? ¿Qué papel juega la comunidad a la cual pertenecen estas mujeres y hombres en todo este proceso? ¿Cómo se relacionan vida cotidiana e interpretación de la Biblia?

Acerca de las enfermedades

Para hablar de sanidad debemos hablar de enfermedades. Hay varias perspectivas desde las lecturas pentecostales de la Biblia alrededor de esto:

a)         Las enfermedades como pruebas

“El sufrimiento y las enfermedades son buenas, pues ayudan a purificar el alma y a construir el carácter”, es una afirmación que sostienen algunos ministerios de sanación conformados en algunas iglesias de hoy. Consejos frecuentes como aceptar la “cruz de la enfermedad” para constituirnos en mejores cristianos y cristianas, se escuchan como el legado de nuestros antepasados en la fe. La iglesia temprana se vio confrontada con la persecución romana que parecía no sólo hacer crecer a la iglesia, sino también su aprendizaje del valor del sufrimiento. La declaración de Tertuliano de que la sangre de los mártires era la semilla de la iglesia, es muy sugerente en el sentido de entender el coraje y el empoderamiento de la iglesia de estos primeros siglos .

b)         Las enfermedades como consecuencia del pecado

Por otro lado, la enfermedad también es concebida como producto del pecado. Esta visión también se halla presente en algunos textos bíblicos (Jn 9,1). Un sentido de juicio y disciplina están presentes en esta perspectiva, que encuentra también su asidero bíblico (1Cor 11,27-31). La santidad de los cuerpos de mujeres y hombres se vuelve vital, pues la experiencia de sufrimiento por causa de las enfermedades puede ser muy dolorosa, pero también educativa.

c)         Las enfermedades percibidas como una agresión

Ante la condición de ser hijas e hijos de Dios, las enfermedades son concebidas como una agresión directa del mal, y estas experiencias trascienden las causas somáticas y las condiciones externas que las provocaron, y se centran en la causa “espiritual” . “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn 16,33b), así como: “Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Rm 8,28), son referencias, entre otras, que han sido muy bien apropiadas por mujeres y hombres que viven al cuidado de Dios.

d)         Una comprensión más amplia de las enfermedades

Hay además una perspectiva que contempla las enfermedades desde un enfoque integral, relacional, y producto también de la pobreza y de la situación de precariedad en que viven nuestros pueblos. Las experiencias de sanación, no son solamente entendidas a nivel individual, sino también familiar, comunitario, incluyendo el entorno .

 

¿Paradigma o paradigmas bíblicos de sanidad?

El Nuevo Testamento juega un papel muy importante en las lecturas pentecostales de la Biblia, como dice Daniel Chiquete: “el horizonte hermenéutico pentecostal le permite una aproximación a la Biblia y al tema específico de salud/salvación desde un contexto y experiencias similares a las de las comunidades y autores que produjeron las narraciones bíblicas” . Es decir, la situación de pobreza y de carencia de lo fundamental para la vida digna, es un punto de acercamiento. En este sentido, las narraciones de milagros en los evangelios constituyen una veta riquísima para entender esta relación de enfermedad-sanidad. Sin embargo ¿qué paradigma(s) encontramos en la Biblia?

1.         Santiago y el rol de la comunidad de fe

Para algunos resulta interesante el pasaje de Stg 5,14-18 en la controversial carta de Santiago. Santiago además de ser uno de los primeros libros escritos del NT, lleva el nombre de uno de los líderes más importantes de la iglesia primitiva, situada en Jerusalén. Es muy difícil profundizar en la porción de texto seleccionado (Stg 5,14-18) sin tomar en cuenta el resto de la carta, donde se pueden palpar otras manifestaciones y desequilibrios en diferentes niveles de la vida comunitaria .

Enfermedad y sanidad: conceptos y significaciones

En el contexto cultural del Mediterráneo antiguo del período helenístico- romano, fortuna y salud son bienes escasos que se pueden perder en algún momento. Se conciben las causas de la enfermedad y del sufrimiento como producidas por agentes externos a las personas; en el contexto judío el concepto de la divina providencia va a orientar la vida de mujeres y hombres; a esto se suma también ese mundo de espíritus y demonios que amenazan la vida individual y social de las personas.

En Santiago 5,14 astheneî que se traduce como enfermo, hace referencia a una variedad de condiciones incluyendo debilidad espiritual, debilidad física, y enfermedad. Es iluminador que asthenéô/asthenês es derivado de su opuesto sthenês (“fortaleza”). Keith Warrington propone tres grandes subdivisiones para encapsular el significado de astheneo como debilidad: 1) debilidad de naturaleza moral/espiritual, 2) debilidad de la naturaleza física, con el significado más frecuente de enfermedad, aunque la seriedad de la misma no es definida, 3) debilidad general natural, relacionada a debilidad económica, deshonor, ansiedad, desmoralización. Los escritos de la Iglesia Primitiva también revelan una variedad de significados de astheneo y su conocimiento, incluyendo debilidad física, general, espiritual/moral y enfermedad. En el texto de Santiago no está muy claro si el autor está asumiendo el concepto de enfermedad física con el término debilidad.

En Stg. 5,15 sôsei ton kamnonta encontramos otra manera de traducir enfermo; kamnonta puede referirse a estar literalmente cansado, agotado, desanimado, enfermo o muerto.

En el proceso de restauración de la salud se aprecian una diversidad de términos y de significados de acuerdo al contexto: salvar, levantar, sanar. Siguiendo el texto de Stg.5,15, sôsei puede significar “preservar del peligro”, “rescatar”, “proteger”, “sanar”; el sentido va más allá de la enfermedad. Así mismo el término egerei puede describir el hecho de estar siendo levantado, sea física o metafóricamente; es decir, levantarse del desánimo, de una posición de debilidad. Por último el término en el v.16 iathête que es traducido como sanar.

Desde esta diversidad de significaciones encontramos elementos en ese proceso terapéutico ejercido por la comunidad:

  1. La confesión: la partícula kán, si, en el v.15 la cual parece indicar que Santiago asume que no siempre el pecado es la causa del sufrimiento. Sin embargo hay una liga teológica que no puede obviarse, el “si ha cometido pecados” condiciona una confesión de las ofensas de unos hacia otros, y paralelo a eso la oración, para ser entonces sanados. Es evidente que se establece un tejido de relaciones que pasa por la comunidad. Exomologeísthe oún allêlois tas hamartías tiene un carácter imperativo que acentúa una práctica para la comunidad creyente.

 

  1. Ungir con aceite: aleipsantes [auton] elaíô tiene una dimensión simbólica muy fuerte, para algunos estos términos tienen un origen médico y se refiere al proceso de untar aceite medicinal en la parte afectada y en todo el cuerpo. Para otros estudiosos no está muy claro si apunta a propiedades medicinales o terapéuticas del mismo . Llama la atención de que son los ancianos los llamados a ejercer este ritual. El ungir está asociado con: prosperidad, amistad y amor, vida eterna, restauración, advenimiento de una nueva situación, afirmación, honor, etc. Agregaríamos también la dimensión de tocar al otro, la otra, tiene una enorme carga de solidaridad, de empatía, de amistad y compromiso.
  1. La oración de fe: kai ê eujê tês písteôs es vital para que la restauración de la salud pueda darse. La oración se convierte en acción clave, pues aparece seis veces en los v.14-18. Así mismo, el tema de la fe se hace sentir muy fuerte en la epístola (1,6.14.18). Esta fe y esta oración están asociadas con la sabiduría, y es considerada un regalo de Dios.

 

  1. Comunidad que ora: si bien es cierto que los ancianos, los líderes de la iglesia están nombrados específicamente en el texto, la invitación es mucho más abierta. La expresión “La oración eficaz del justo puede mucho” implica una actitud concreta, una manera de vivir del que hace la oración. Esta oración “puede mucho” porque implica una colaboración humana y un ejercicio corporativo de ser comunidad.
  1. En el nombre de Jesús: tô onómati tou kuríou remarca la autoridad y el poder de Jesús. La frase “en el nombre” aparece ocho veces en el NT además de Stg 5,14. Es importante notar que el uso de la frase legitima la acción del que ora por la persona enferma.

 

2.         El ministerio sanador de Jesús

Este enfoque de la acción sanadora de Jesús está iluminado por el anuncio del Reino de Dios. “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt 9,35). Esto parece ser una síntesis del ministerio de Jesús.

Las distintas narraciones del NT muestran a un Jesús que sanaba a aquellos que se le acercaban buscando la salud. La gente accedió a él porque había escuchado de su capacidad sanadora y de su disponibilidad para hacerlo. Elisa Estévez, en su tesis doctoral , habla de tres sectores que intervenían en el cuidado de la salud en el mediterráneo antiguo: 1) profesional, ligado mayoritariamente a los principios emanados de la medicina hipocrática y que actuaba principalmente entre las clases sociales más favorecidas, 2) popular, ligado al mundo familiar y vecinal del pariente, y 3) étnico, muy influyente entre las mujeres y cuyos representantes se movían en medios sagrados o seculares. Los sanadores populares, magos, exorcistas y taumaturgos son expresiones comunes en este contexto del NT, Jesús mismo va a ser considerado como uno de ellos.

Esta autoridad con la que Jesús obra actos de sanidad, de restauración, tiene un reconocimiento del pueblo, un honor asignado, por el cual es buscado constantemente. Jesús no aparece orando en los relatos de milagros, son su Palabra y su toque los que son recreadores de salud en sentido pleno. No encontramos argumentación donde Jesús relacione las enfermedades como producto del pecado, aunque en alguno de los relatos él perdona pecados, provocando las interrogantes y resentimiento de sus adversarios, ¿Quién es este para perdonar pecados? Es importante hacer notar que esta autoridad de Jesús también es delegada a sus discípulos, y sus acciones de salud tienen un carácter pedagógico, es como un proceso de enseñanza-aprendizaje para la vida. Las mujeres y los hombres sanados por Jesús continúan con su vida, integrados al tejido social de donde muchos y muchas han sido excluidos. Interesantemente el camino a seguir de cada quien ha sido restaurado queda en suspenso, es un proceso que reinicia entre las certidumbres e incertidumbres cotidianas.

Reino de Dios y anti-reino

El reino de Dios anunciado por Jesús (Lc 4,16-19) está confrontado con el pseudo reino de Satanás cuyas expresiones son la enfermedad en todas sus manifestaciones. Es desde esa perspectiva que se entabla una batalla cósmica entre las fuerzas de la oscuridad y de la luz. Hay batallas que se pierden y otras que se ganan en ambos lados. Los y las seguidores de Jesús están conminados a predicar el reino de Dios (tên basileían toû theoû Lc 9,2) y a ejercitar el ministerio de sanidad como parte de ese anuncio del reino de Dios. En el contexto pentecostal y neopentecostal expresiones como “liberación de las ataduras del reino del mal” se escuchan frecuentemente en las oraciones por los enfermos y endemoniados. Amplio campo ha adquirido lo que conocemos como la guerra espiritual entre estos dos mundos: el de la luz y el de las tinieblas, para lo cual se requieren guerreros de oración en constante vigilia para entrar en batalla en el momento en que sea requerido. Desafortunadamente muy poca profundización bíblica encontramos alrededor de estas afirmaciones que crean una clara división entre los de los que son de la luz y los que no lo son y que reafirman una lectura dualista de los textos.

Fe-sanidad

Textos de los evangelios parecen indicar que Jesús requería de fe de aquellos que le buscaban para hacer lo que necesitaban (Mt 9,28 y Mc 9,23). Dichos textos hacen resaltar un diálogo que, aunque breve, tiene una gran intensidad. También encontramos de parte de Jesús un reconocimiento del acto de fe de mujeres y hombres que buscan la sanidad integral de sus cuerpos o de otros cuerpos por los cuales interceden (Mt 8,10 y 9,22). Sin embargo, es el amor la motivación más fuerte que muestra Jesús hacia aquellos que tienen alguna dolencia o sufrimiento. Ese amor pasa por la compasión más profunda hacia mujeres y hombres de aquella época, y es también válida hoy en día.


De la marginalización a la restauración: el seguimiento a Jesús

Esta autoridad de Jesús se evidencia en la incorporación de mujeres y hombres marginalizados por sus enfermedades, los y las intocables, a nuevas posibilidades de vida. Es también la afirmación abierta a la comunidad expectante de que las enfermedades y situaciones de opresión pueden ser removidas. Daniel Chiquete afirma: “la situación de pobreza, falta de trabajo y pan, explotación, desintegración familiar y social, violencia estatal, etc. son el marco a las sanidades operadas por Jesús y, parcialmente, su respuesta crítica a ellas” . Es decir que la dinámica de la marginalidad a la inclusividad es una propuesta vigente para los y las seguidores de Jesús. Los relatos de los evangelios nos cuentan que muchos y muchas seguían a Jesús después de haber recibido una sanidad. El enfoque pedagógico de Jesús también está presente en la recomendación que hace a sus discípulos de ejercer este ministerio de sanación.

 

El ministerio de sanación en nuestros días

La acción sanadora de Jesús marca la llegada del nuevo Reino que ha sido establecido.

Es por eso que pentecostales entienden el ministerio de sanación como parte integrante e inevitable de la misión. Al respecto dice Veli-Matti Karkkainen: “desde el principio, la escatología y la teología pentecostales han enfocado el tema del reino de Dios y de Jesús como la encarnación del evangelio completo. La insistencia en este evangelio significó un llamado a una visión holística de la misión y del ministerio. Jesús lo plasmó en su papel quíntuple, como 1) salvador, 2) santificador, 3) bautizador con el Espíritu, 4) sanador del cuerpo, y como 5) el rey próximo inminente .

Las experiencias pentecostales de lectura bíblica y de praxis en relación a la restauración de cuerpos enfermos de mujeres y hombres de la actualidad, no son únicas en el ámbito de la fe. Sin embargo, se constituyen en desafío para mantener vivo ese movimiento de Jesús. Si bien es cierto, los modelos o paradigmas de sanidad pueden incluso variar de tradición a tradición eclesial, pero el amor y la opción por la vida que Jesús demostró durante su ministerio son vigentes y tienen una gran pertinencia en un mundo quebrantado y adolorido que clama por el shalom. Esteban Montilla considera que el shalom no implica la ausencia de enfermedades biológicas o mentales, ni tampoco la desaparición de los conflictos intra o interpersonales. El hecho de saber que no estamos solos, que Dios y nuestra comunidad se solidarizan con nuestro dolor y pesar (Sl 23,4; Mt 28,20; 1Cor 1,4), se constituyen en base para una teología de la salud y de la salvación.

Comparto parte de un testimonio de una mujer nicaragüense que fue curada de cáncer uterino, y que nos muestra cómo la sanidad en nuestros cuerpos tiene una dimensión holística, además de no descartar el aspecto preventivo para evitar algunas enfermedades que aquejan cada día más a mujeres que, en la lucha intensa por la sobrevivencia, no prestan atención a su corporalidad. Francis Valeria dice así:
“La sanidad divina es única, la química a veces es útil, aunque es un proceso que conlleva a gastos, tiempo, dolor, baja autoestima. La sanidad divina la recibí instantáneamente. Mi autoestima subió, abracé a mi hijo, llamé a mi esposo, le dije: ‘¡ven!’. ¡Yo volví a nacer! Otra explicación es que los pobres reciben la sanidad de Dios, por la situación económica que vive nuestro país. Lo primero que oímos decir en la oración es: ‘Señor yo no tengo dinero para pagar quimioterapia, ni exámenes, ni medicamento, ni consulta, ni hospitalización’. En el caso de las mayorías, ellas no tienen para pagar nada de esto, pero sí tienen a un Dios vivo. ‘Esta enfermedad ya no es mía, ¡es tu enfermedad Señor!’ es una afirmación que se repite constantemente en el clamor de mujeres y hombres pobres.

Me liberó de muchas cosas que me tenían atada, del dolor, de la pestilencia, de la depresión, de la baja autoestima; encerrada y a oscuras no encendía ni lámparas ni permitía que el sol entrara en mi habitación. Sólo tomaba pastillas para dormir. A mi hijo lo cuidaba una muchacha. Era lo que más me dolía. Ahora paso las 24 horas del día con él. Algunos textos bíblicos fueron fundamentales para mí; por ejemplo, la mujer con flujo de sangre, la hija de Jairo, la fe de la mujer cananea, Isaías 44, o cuando el Señor le dice a Pedro que tenía poca fe. Esos textos me enseñaron que teniendo fe es que miramos su gloria.

La sanidad es un signo del reino de Dios porque su palabra dice que delante de su presencia no habrá muerte, ni llanto, ni dolor. Es un signo de poder porque miramos que el Señor es grande ante cualquier enfermedad o situación que sus hijos e hijas viven. La iglesia es también una comunidad sanadora”.

El testimonio de esta mujer sanada de cáncer, al igual que otros testimonios que conozco en mi contexto, nos refleja un impacto total en la vida de las mujeres y hombres cuando son sanados. Francis Valeria nos dice:
“La sanidad de los cuerpos no llega sola, hay otras bendiciones que llegan hasta la familia. Al afirmar mi autoestima como mujer pude realizar plenamente mi sexualidad; esto es un signo de seguridad y de estabilidad. Mi esposo regresó de Estados Unidos para quedarse con nuestra familia, encontró empleo, pudimos tener nuestra propia casa con todo lo necesario y el Señor ha bendecido nuestra mesa, trabajo y familia.

Dicha experiencia de Dios me trajo también una preocupación por la sanidad del pueblo nicaragüense, por el cual hay que orar mucho, testificar la palabra de Dios, dar buen testimonio como cristianos y educar a nuestros hijos e hijas para que valoren lo que el Señor nos ha dado como nación, aprendiendo a cuidar los recursos naturales, el agua, los árboles, los animales, y contribuir a la educación de la comunidad de la cual somos parte.”

Conclusión

Nuevamente la Carta Pastoral de la Consulta Fe, Sanación y Misión, puede ser útil en relación a este tema:
“Frecuentemente en nuestra lectura e interpretación de la Biblia no relacionamos el concepto de sanidad con la salvación integral en la perspectiva del reino de Dios. Se experimentan prejuicios contra las manifestaciones espirituales y sobrenaturales, privilegiando la racionalidad, descartando el ministerio de la sanación por asociar estos testimonios con excesos y prácticas negativas de algunas iglesias y movimientos religiosos.
Se presta mayor atención a la evangelización de masas y no al ministerio integral de las iglesias locales, de la comunidad pequeña.
Persiste una falta de articulación entre ciencia y fe, tratamiento médico y oración.
Existe un constante peligro de comercialización que hace que el ministerio de sanación sea producto del mercado religioso, así como la manipulación de los dones de sanidad en beneficio propio. En medio de la proliferación del consumismo individual, se generan altas expectativas de un éxito inmediato y triunfalista.
Tenemos experiencias de comunidades y líderes que requieren de sanidad, y que debido a eso no hacen posible el ministerio de la sanación para otros y otras.
Falta de fe tanto de los y las enfermos como de los que oran por ellos y ellas, así como la falta de un adecuado acompañamiento pastoral, de capacitación, de herramientas y metodologías para hacer un diagnóstico responsable, y prevenir las enfermedades” .

Violeta Rocha A.
P.O.Box 3322
Managua
Nicaragua

 

Ken Blue en su libro Authority to Heal, cita el trabajo no publicado del biblista Peter Davids, “Suffering in Biblical and Historical Perspective”, que habla del culto virtual al martirio desde el año 100 hasta el 300.

Daniel Chiquete, teólogo pentecostal mexicano, en su artículo “Sanidad, salvación y misión - El ministerio de sanidad en el pentecostalismo latinoamericano”, en el libro Pentecostalismos y Desafíos del Tiempo Nicaragüense, Managua, CIEETS, 2004.

“Consolidar la solidaridad entre comunidades sanadoras, que oran por los y las enfermos, que realizan sus cultos como espacios también sanadores, y que comparten experiencias, reflexionando y aprendiendo para transformar las relaciones rotas de la comunidad, entre mujeres y hombres (relaciones de género), la familia, el medio ambiente y la nación” (cita de Carta Pastoral de la Consulta de Fe, Sanación y Misión), convocada por el CLAI/Consejo Latinoamericano de Iglesias y el CMI/Consejo Mundial de Iglesias, y realizada en Santiago de Chile, del 28 al 30 de octubre del 2003, Misión Evangélica, 13 (2004) 33-36.

Prefiero el uso en plural del término, debido a la experiencia de procesos de educación teológica y lectura bíblica con grupos pentecostales diversos en Nicaragua.

Daniel Chiquete, Idem.

Elsa Tamez, en la obra El mensaje escandaloso de Santiago, la fe sin obras está muerta, Iglesia Metodista Unida, New York, 2002, p.13, nos muestra algunos ejes hermenéuticos importantes para la lectura de la epístola: 1) el ángulo de la opresión-sufrimiento, b) el ángulo de la esperanza, c) el ángulo de la praxis.

Vea su ensayo “James 5,14-18 - Healing then and now”. Este ensayo me fue provisto como una contribución para este artículo.

Keith Warrington, Idem.

Elisa Estévez López, El poder de una mujer creyente, Estella, Verbo Divino, 2003, p. 233.

Daniel Chiquete, Idem.

Veli-Matti Karkkainen, pentecostal finlandés, en su artículo “Recursos pentecostales para la justicia y la ética social”, en Pentecostalismos y Desafíos del Tiempo Nicaragüense, Managua, CIEETS, 2004.

Esteban Montilla, “La relación entre la salud y la salvación”, Misión Evangélica, n.13, Managua, CIEETS, 2004.

Testimonio de Francis Valeria López Duarte, líder de una iglesia pentecostal nacional en Nicaragua.

Testimonio de Francis Valeria López Duarte, p. 34

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.