
RELIGIÓN, DOLENCIA Y CURACIÓN
Una aproximación a las plagas de Egipto: Ex 7-11
Maricel Mena López
Resumen
La historia de las plagas de Egipto, nos confirma que muchos procesos socio-históricos entraron en una situación en la que la relación entre religión, por un lado, y salud, dolencia y curación, por otro, es problemática. Esa relación trajo serios problemas a las personas enfermas, tanto como impedimentos estructurales en la religión y en la sociedad. Este artículo coloca algunos desafíos a la religión judeo-cristiana con relación a las aflicciones y sufrimientos de los enfermos de otros pueblos y culturas, especialmente de los pueblos africanos y afro-americanos.
Abstract
story of the plagues of Egypt, confirms us that many social and historical processes entered in a situation in which the relationship among religion, on one hand, and health, disease and cure, on the other hand, is problematic. That relationship brought serious problems to sick people, as much as social structural impediments in the religion and in the society. This article places some challenges to the Judeo-Christian religion in relation to the afflictions and sufferings of other people and cultures’ sick members, especially of the African and Afro-American people.
Las plagas del Éxodo siempre fueron comprendidas como positivas por el pueblo pobre y oprimido latino-americano, el cual ve en este acontecimiento las señales y prodigios realizados por el propio Dios. También son vistas como consecuencia del propio sistema de dominación y necesarias para una toma de conciencia del mal que opera en la sociedad y la superación de éste mediante prácticas más humanas que llevan a la transformación de la realidad.
En las relecturas de las comunidades afro-americanas, las plagas del Éxodo fueron especialmente bien vistas, ya que en este acontecimiento se dio una identificación del pueblo negro con la lucha del pueblo israelita por su liberación, viendo en el actuar de Dios sus esperanzas y sus luchas por la liberación de la esclavitud. De esta manera, el Dios bíblico también se hace presente en el éxodo experimentado por las africanas y los africanos en el período de la colonización europea y hasta nuestros días. Esta relectura fue y continúa siendo válida, pero ¿será que no estamos en la hora de ver esta historia por el reverso y no solamente de forma unilateral?
Propongo, en este estudio, mirar de cerca las implicaciones que tiene este relato para los numerosos pueblos africanos que todavía continúan viviendo con plagas en un éxodo sub-humano y soñando con un Dios justo que ofrezca salud y curación a su pueblo. ¿Qué tiene que ver la cuestión de las enfermedades colectivas, como las plagas, con la experiencia de salud y curación personal? ¿Qué implicaciones bíblico-teológicas trae para nosotros hoy la idea de que para que unos vivan (curación-salud) otros deban morir (plagas-enfermedad)? Estas preguntas me parecen fundamentales al intentar hacer una lectura bíblico-teológica comprometida con las exclusiones sociales, originadas por los poderes, religioso y político, en las diversas culturas. Pues, ciertamente, la pregunta por la curación, por la salud del pueblo, también fue hecha por las comunidades pobres de Egipto, cuando encontraron sus aguas contaminadas, cuando se enfrentaron a las dolencias causadas por las plagas y especialmente frente a la muerte de los primogénitos.
¿Cuáles fueron los procesos que convirtieron en problemática la importancia de la religión para la salud y la enfermedad? ¿Por qué la religión es parte importante en la promoción de salud y de la cura de los que sufren? En la tradición de Israel la dolencia/enfermedad y la salud/curación, estaban tradicionalmente inter-relacionadas a la religión y a la familia/descendencia. Salud es un concepto que aparece implícitamente relacionado con los valores de cada cultura, referentes al bienestar y a las cualidades deseadas en las personas. La enfermedad es la forma de desvío de las normas establecidas por el grupo .
Curar, a su vez, es un acto humano intermediado por Dios. En el caso de la religión patriarcal israelita, son los hombres, profetas, sacerdotes –y no las mujeres, parteras, hierbateras, curanderas populares-, los elegidos para llevar la curación o la dolencia al pueblo, en nombre de Dios. Según Durkheim , la mera existencia de normas sociales, significa que habrá desvíos en todas las sociedades. El concepto de dolencia aquí explicitado nos revela que él, en sí, no es un concepto científico neutro; es, en último análisis un concepto moral, que establece una evaluación de la normalidad .
Una función central de las respuestas sociales a la enfermedad, es el control social; es decir, “la sociedad intenta contener el comportamiento de sus miembros dentro de sus normas por medio de impedimentos, incentivos, recompensas y castigos” . El castigo al individuo aplicado por el grupo social, se basa en la determinación de si el individuo es culpado por el desvío de su comportamiento.
Las plagas del Éxodo acontecieron en un contexto social de luchas de los campesinos contra el modo de producción tributario impuesto por el rey. En este contexto, Dios se sitúa junto a las y a los débiles campesinos y lucha contra el opresor, el Faraón. La justificación de esa dolorosa aprobación impuesta sobre el pueblo egipcio, está en que se trata de una acción punitiva de Dios contra el corazón del Faraón de Egipto, el cual, endurecido por el pecado, impide la salida liberadora de Israel. El mal es el castigo por el pecado. Entonces, ¿cuál es el mal practicado por los africanos y africanas que fueron sometidos a esclavitud durante la colonización europea?
De esta manera, hasta los días de hoy encaramos la cuestión de la dolencia egipcia y de la curación de los herederos de la religión de Israel. En esta relación dialéctica no se cuestionó el castigo divino, puesto que, a fin de cuentas, los fines justifican los medios. Puesto que, si por un lado la justicia divina no era discutida y todo debía ser aceptado, por otro, existía la idea de que los individuos eran responsables por sus acciones y que el sufrimiento era una prueba debida a aquellos que practican acciones malas durante sus vidas. En el imaginario religioso judaico y también cristiano, si los israelitas fueron esclavizados y sus primogénitos muertos, entonces, nada más justo que eso sucediera con el país del opresor. Así, quedamos en la platea como observadores y observadoras de estos magníficos signos y prodigios del amor de Dios por su pueblo. ¿Quién de nosotros no ha disfrutado con placer del castigo de Egipto, presentado en la producción cinematográfica norteamericana ‘Las plagas de Egipto’?
Veamos de cerca cada una de las plagas:
Apertura: Vara transformada en serpiente (Ex 7,8-13)
1. El agua transformada en sangre. (Ex 7, 14-25).
2. Las ranas (Ex 7,26-8,11)
3. Los mosquitos (Ex 8,12-15)
4. Las moscas (Ex 8,16-28)
5. La peste de los animales (Ex 9,1-7)
6. Las úlceras (9,8-12)
7. La lluvia de piedras (9,13-35)
8. Los saltamontes (10,1-20)
9. Las tinieblas (10,21-29)
Conclusión: Anuncio de la muerte de los primogénitos (11,1-10)
La historia de las plagas ha sido considerada como una excelente sección, donde es posible demostrar las diversas fuentes o estratos de tradiciones, que llevaron hasta la elaboración final de los textos . Consciente de que estamos frente a una colección de textos de diversas tradiciones, me propongo aproximarme a esta historia a partir del bloque que va desde el 7,8-13 hasta el 11,1-10, dedicando una especial atención a estos textos que abren y cierran el relato de las plagas.
Según Pablo Richard “el término clásico ‘plaga’ sólo se aplica de verdad, en la décima: la muerte de los primogénitos” . Las nueve primeras aparecen como milagros o prodigios (7,3), pudiendo ser interpretados como fenómenos naturales. Pero, incluso tratándose de acontecimientos naturales, es importante desconstruir la pedagogía divina que se basa en la enfermedad y en el sufrimiento humano.
Apertura: La vara transformada en serpiente (Ex 7,8-13)
En Ex 7,8-13 tenemos el relato de la apertura. Aquí Yahweh habla a Moisés y a Aarón para que transformen una vara en serpiente delante del Faraón. El Faraón también hace que sus sabios y hechiceros hagan lo mismo. La serpiente de Aarón se traga las serpientes de los otros; sin embargo, el corazón del Faraón continúa inflexible, tal cual Jahweh había predicho en Ex 7,3. En este versículo, Yahweh revela que va a endurecer el corazón del Faraón, a fin de multiplicar sus milagros y prodigios.
Yahweh llega a la parte central o lugar inaccesible del ser humano, el corazón, leb, el lugar de la conciencia. Dios conoce bien el interior del ser humano, los secretos de los corazones. En Israel la ligazón entre corazón y conciencia no era tan nítida como en Egipto.
“Allí, el corazón desempeñaba un papel increíblemente importante en la representación del mundo de los muertos. El muerto o la muerta, al entrar en el reino de los muertos, debe someterse a una dura prueba delante de los dioses: el peso del corazón. Allí el corazón es pesado en una balanza, frente a Maat, la diosa del orden justo” .
Frente a esto, el muerto o la muerta deberá hacer una confesión negativa de los pecados. Ciertamente, frente a Maat el corazón del Faraón será pesado. De esta manera, para que el corazón del Faraón se transforme, éste debe pasar primero por la experiencia de la muerte de su pueblo. Solamente así, el reinado de Yahweh será reconocido también en Egipto.
Es interesante observar la diferencia trazada por el redactor entre prodigios mopet y encantamientos Iahat. En cuanto los magos de Egipto hartummim hacen encantamientos, los sacerdotes israelitas Moisés y Aarón realizan prodigios. Los magos hartummim equivalen a lo que, en egipcio sería he-tp “jefe de los sacerdotes” . Por esto, estamos hablando de la misma categoría sacerdotal. Se percibe, pues, una pelea no solamente política, sino religiosa. Como Moisés fue educado en un contexto egipcio, es lógico que los símbolos utilizados para los “encantamientos” o “prodigios” sean exactamente los mismos de los sacerdotes egipcios: la vara matteh y la serpiente tannin. El término tannin, en otros contextos como en Gn 1,21; Is 27,1; Sl 74,13 se refiere a un monstruo marino. Pero aquí indica sencillamente una serpiente similar al término najash utilizado en las fuentes más antiguas (Ex 4,3; 7,15). En la tradición griega de los LXX existe mayor confusión y es traducida por drakon “dragón”.
El símbolo de la serpiente fue usado más ampliamente para representar o adornar a la diosa en el antiguo y Próximo Oriente, o para mediar en la relación entre la diosa y la cultura humana . Por esto, es símbolo de sabiduría. El símbolo de la serpiente proviene de varias fuentes: sumeria, cananea, egipcia, acádica. En Egipto, la serpiente era el emblema de la vida y tenía conexiones con el sol y con la luna. En el “libro de los portones”, en el túmulo de Ramsés VI, aparece la figura de una serpiente llamada “La Líder”. Sobre su cabeza hay una leyenda que dice “Ella es la que origina el Alba antes que Re. Ella es la que guía al gran dios a la puerta del horizonte oriental” . Ella representaba la fertilidad, era símbolo del renacimiento de la naturaleza, de esperanza para la tierra y también era el símbolo de la inmortalidad. Ella tenía el poder de conceder la inmortalidad, pero también tenía el poder de engañar a la humanidad. Es interesante, pues, su naturaleza dual y su capacidad simultánea de realizar el bien y el mal. En el Libro de los Muertos del antiguo Egipto, se afirma que la serpiente “vacila entre el amor y el odio de los dioses” . La serpiente servía para representar los poderes sagrados, tanto benéficos como hostiles. El carácter dual de la serpiente representa las alegrías y las tragedias de la vida humana .
La serpiente en los mitos antiguos aparece unida al árbol de la vida o de la ciencia del bien y del mal, como en el relato del Génesis. Se pueden encontrar serpientes vigilando los árboles que producen frutos capaces de producir inmortalidad o buena salud a quien los come . El árbol, en las culturas del mundo antiguo, era la morada de los dioses . Sin embargo aquí el árbol es representado por la vara seca sin vida, pero con un poder suficiente como para efectuar catástrofes sobrenaturales, llamadas en el texto “milagros y prodigios”. Ella, que era dadora de vida y productora de salud, en el texto será quien produzca la muerte. De este modo, la esperanza, el renacimiento de la tierra y de la vida, se convierten en algo a ser conquistado por los y las israelitas.
Los autores de esta narración ciertamente sabían de la importancia que tenía el símbolo de la serpiente en la religión egipcia. Como diosa, ella representaba también un tipo de sabiduría contraria al monoteísmo yavista que se estaba imponiendo. Por eso, para que Israel se fortaleciera como nación, las religiones de las diosas debían desaparecer. Así, existe un solo dios a quien obedecer, Yahweh. Éste es el principal símbolo de esa nueva religión que se basaría en la promesa y en la historia. El pueblo israelita está saliendo de esa dominación representada por la serpiente. Pero, lo paradójico es que Yahweh también aparece en el texto como serpiente, si bien como una serpiente más poderosa, capaz de devorar a las otras que amenazan su soberanía.
El elemento dual de la serpiente es también característico del Dios de los israelitas. Pero a diferencia de éste, el dualismo de la serpiente permitía que las personas de ambos sexos se aproximen a los dioses. Los principios religiosos asumidos por el monoteísmo introducen en la historia humana un profundo dualismo entre el hombre y la mujer, entre Dios y el mundo, entre el bien y el mal, entre la razón y la pasión, entre el cielo y el infierno, entre Dios y el demonio, entre vida y muerte. La superación de este dualismo, que marca nuestras tradiciones filosóficas, se convierte en un desafío fundamental en la búsqueda de una ética liberadora de los cuerpos de las mujeres.
La muerte es representada en las plagas: ranas, mosquitos, moscas-tábanos, la peste, las úlceras, el granizo, los saltamontes y las tinieblas. Estos desastres son vistos por lo general, como fenómenos naturales posibles, sin embargo presentados míticamente en forma de “milagros y prodigios” de Yahweh. Y la vida es dada al pueblo elegido para que sea una gran nación, Israel.
La primera plaga: Agua transformada en sangre (7,14-25)
“Los peces del Río murieron, el Río quedó apestado de modo que los egipcios no pudieron beber agua del Río; hubo sangre en todo el país de Egipto” (v.21).
Yahweh envía a Moisés delante del Faraón, dando orden de tocar con la vara las aguas del Nilo, a fin de que ellas se conviertan en sangre. Pero los magos de Egipto hacen lo mismo con sus encantamientos; entonces, el corazón del Faraón, continúa inflexible. La justificación más común de este episodio es que se trata de un acto simbólico que corresponde a un fenómeno natural. El agua convertida en sangre es explicada por las comunes inundaciones del Nilo que provocaban el arrasamiento de la tierra roja de esos parajes. El rojo de la tierra correspondería, entonces, a la sangre que invadió todo el país de Egipto.
La segunda plaga: las ranas (7,26-8,11)
“El Río bullirá de ranas, que subirán y entrarán en tu casa, en tu dormitorio y en tu lecho, en las casas de tus servidores y en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas” (7,28).
Moisés se presentó nuevamente ante el Faraón y le pidió que deje salir al pueblo de Israel para ofrecer un culto a Yahweh. Entonces Aarón extiende la vara sobre los ríos y canales y logra hacer que las ranas invadan a Egipto. El Faraón pide una tregua y Yahweh hizo morir las ranas que estaban en las casas, en los patios y campos y el aire quedó enrarecido. Viendo que hubo tregua, el Faraón endureció nuevamente el corazón.
La tercera plaga: los mosquitos (8,12-15)
“Aarón extendió la mano con el cayado y golpeó el polvo de la tierra; y hubo mosquitos sobre los hombres y sobre los ganados. Todo el polvo de la tierra se convirtió en mosquitos sobre el país de Egipto” (v.13).
Aarón golpea el polvo de la tierra con su vara y el polvo se transforma en mosquitos, que aparecen sobre hombres y animales. El drama de este episodio está en el hecho de que los magos o sacerdotes egipcios con sus ciencias intentan hacer lo mismo, pero no lo consiguen. De este modo, ellos reconocen delante del Faraón que allí hay mano de Dios, pero éste continúa obstinado y no entiende.
La cuarta plaga: los tábanos (8,16-28)
Nuevamente Yahweh da orden a Moisés de presentarse ante el Faraón con el mismo pedido: “deja salir a mi pueblo para que me sirva”. La plaga de los tábanos es anunciada, pero, esta vez, la plaga no caerá en la región donde mora el pueblo israelita. Así, Yahweh hace una distinción entre su pueblo y el pueblo del Faraón. El Faraón promete, una vez más, dejar salir al pueblo a adorar en el desierto, pero su corazón, nuevamente queda endurecido.
“Si no dejas salir a mi pueblo, mira que voy a enviar tábanos contra ti, contra tus siervos, tu pueblo y tus casas, de manera que las casas de los egipcios y hasta el suelo sobre el cual están se llenarán de tábanos” (v.17).
Como vemos, la distinción entre pueblos está trazada; de un lado, el pueblo elegido, y de otro, el pueblo opresor. El pecado de un hombre afecta a un pueblo entero; y, desde entonces, los pueblos africanos fueron señalados como hijos del pecado.
La quinta plaga: la peste de los animales (9,1-7)
“Mira que la mano de Yahweh caerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos, sobre los asnos, sobre los camellos, sobre las vacadas y sobre las ovejas; habrá una grandísima peste.” (v.3).
La quinta plaga se sitúa en continuidad con la anterior; aquí la distinción es entre los animales de los egipcios y los de los israelitas. En el v.6 se nos dice que todo el ganado murió, pero el ganado es mencionado nuevamente en la séptima plaga. Sin embargo, esta discrepancia no es seria, si asumimos que hay aquí una yuxtaposición de tradiciones. Lo interesante aquí es notar que el responsable de la plaga es el Faraón (v.2), y no Dios quien endureció su corazón.
La sexta plaga: las úlceras (9,8-12)
“Tomaron, pues, hollín del horno y presentándose ante el Faraón, lo lanzó Moisés hacia el cielo, y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados” (v.10).
Las úlceras son parte de un conjunto de dolencias de la piel, simbólica y socialmente construidas, que adquirió en el período post-exílico el carácter de impureza y, por lo tanto, de exclusión social. En estos versículos, tradicionalmente atribuidos a la tradición sacerdotal, ni siquiera los magos se salvaron de esta plaga, no pudiendo comparecer ante Moisés. El Señor volvió inflexible el corazón del Faraón (v.12) por no haber aceptado el pedido de Moisés y Aarón.
La séptima plaga: la tormenta de granizo (9,13-35)
De mañana temprano, volvió Moisés ante el Faraón con el mismo pedido: “deja salir a mi pueblo para que me den culto” (v.13) y con una amenaza todavía más poderosa: “voy a enviar todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo” (v.14). Los vv.14-16 se presentan nítidamente como una añadidura posterior, pues en ellos ninguna de las plagas parece haber acontecido todavía. Dios asegura haber conservado al Faraón en pie, justamente para que pueda ver la proclamación de su nombre en toda la tierra. Luego, después de la amenaza de enviar todas las plagas, es proclamada la plaga del granizo v.18. En el v.22 vemos una nueva proclamación de la plaga. Esta vez el Faraón reconoce delante de Moisés y Aarón que pecó, asume su culpa y la de su pueblo v.27. Con todo, una vez más, engaña a Moisés y su corazón permanece inflexible.
“El granizo hirió cuanto había en el campo en todo el país de Egipto, todo lo que estaba en los campos, desde los hombres hasta los ganados. El granizo machacó también toda hierba del campo, y quebró todos los árboles del campo” (v.25).
La octava plaga: los saltamontes (10,1-20)
Aquí el Señor reconoce que sus prodigios fueron implacables e interpela al Faraón con la siguiente pregunta: “¿Hasta cuándo rechazarás el doblegarte frente a mí?” Del mismo modo los ministros le reclaman: “¿Hasta cuándo este individuo será una zancadilla para nosotros? Permite a esta gente salir para que den culto al señor, su Dios. Mira, ¿no ves que Egipto está siendo arruinado?”. Sin embargo, el Faraón promete dejar salir solamente a los hombres; entonces nuevamente se enciende la furia del Señor:
“La langosta invadió todo el país de Egipto, y se posó en todo el territorio egipcio, en cantidad tan grande como nunca había habido antes tal plaga de langosta ni la habría después. Cubrieron toda la superficie del país hasta oscurecer la tierra; devoraron toda la hierba del país y todos los frutos de los árboles que el granizo había dejado; no quedó nada verde ni en los árboles ni en las hierbas del campo en toda la tierra de Egipto” v.14-15.
La novena plaga: las tinieblas (10,21-29)
“Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo por tres días densas tinieblas en todo el país de Egipto” v.22.
No obstante todo esto, el Faraón continuaba endurecido; su oferta era la salida de las familias sin el ganado, pero Moisés no la aceptó, puesto que necesitaban de los animales para dar culto a Yahweh. Y el Señor endureció el corazón del Faraón, y éste se negó a dejarles partir.
Conclusión – la décima plaga: la muerte de los primogénitos (11,1-10)
Después de la novena plaga, tenemos aún otra con un carácter completamente diferente. No se trata de un fenómeno natural, sino de una auténtica plaga nega‘, que hirió directa y mortalmente a los primogénitos de los y de las egipcias. El libro del Éxodo comienza relatando la explotación sufrida por los israelitas en Egipto (1,8-14), y con la orden de matar a todos los infantes hebreos recién nacidos (1,15-22). Ahora son los primogénitos de los egipcios los que son heridos de muerte. Nuestra lógica es inmediata: la violencia de los opresores se vuelve contra ellos mismos. De este modo, la violencia ejercitada contra las criaturas y sus madres, israelitas y egipcias, queda legitimada.
Este episodio puede ser dividido en tres partes bien delimitadas, en razón al contenido: 11,1-3 (habla Yahweh) 11,4-8 (habla Moisés) 11,9-10 (habla Yahweh). En la primera parte, llama la atención que, después del anuncio de la plaga, hay otro pedido: ordenar a los israelitas varones y sus mujeres a pedir prestados artículos de oro y plata de sus vecinos egipcios. La narración no da ninguna explicación para esta acción, pero hay un éxito garantizado en este pedido, pues el pueblo encuentra favor ante los ojos de los egipcios, además del reconocimiento y respeto ofrecido a Moisés.
Moisés anuncia una plaga de carácter profético v.4: el propio Yahweh pasará en medio de Egipto y todo primogénito morirá. Pero surge aquí una pregunta: ¿a quién son dirigidas estas palabras de Moisés? Aquí vemos una gran diferencia con relación a las plagas anteriores, en las que Moisés habló directamente al Faraón. La respuestas está en el v.8 en el que se anuncia que los siervos se inclinaron diciendo: “sal tú y todo tu pueblo que te sigue” y la salida de Moisés con gran furia de la presencia del Faraón.
Los últimos dos versículos nos ofrecen, formalmente, la narración de la conclusión de las plagas iniciada en el capítulo 7. Aquí esperaríamos la salida del pueblo de Israel, mas esto no sucede sin antes haber sido instituidos los tres ritos: el rito de pascua, el de los panes ácimos y el de la santificación de los primogénitos. La plaga es realizada en 12,29-42, en el contexto ritual de 12,1-13,16.
En definitiva, esta plaga, al igual que las anteriores, esconde un problema fundamental, que es la muerte de los y de las personas más frágiles de la sociedad; en este caso, las criaturas y el planeta. Las mujeres están también incluidas en esta lista, si pensamos en su dolor y en su parte de responsabilidad por la curación de sus hijos enfermos, en las sociedades patriarcales. También por el mismo proceso de silenciamiento de sus voces en el androcentrismo sistémico, que ocultó igualmente las memorias de las religiones de las diosas.
En esta lógica es importante hablar de la relación existente entre el mal vivido por estas comunidades y su experiencia de salvación. Ya que, como vimos, no existe experiencia de mal sin una búsqueda de salvación, las plagas tenían como objetivo la búsqueda de salvación (curación) del pueblo de Israel y también del pueblo egipcio. Es, precisamente, la experiencia del mal y del pecado la que nos impulsa a salir de esta situación.
El sufrimiento paradigmático del mundo patriarcal minimiza no sólo el sufrimiento de los pueblos considerados no electos por Dios, sino también las violencias ejercidas a los niños, mujeres, animales, plantas; en fin, a los ecosistemas. Hoy nos sentimos llamadas y llamados a rever nuestras posiciones para poder obrar y pensar con justicia, en función de las necesidades de nuestro tiempo. Sin embargo, ¿cómo la religión puede ayudar a la superación del sufrimiento?
Existe un estrecho vínculo entre religión y salud, entre curación y salvación. La cuestión de la curación, en un contexto de violencia y muerte, comienza por la experiencia de salvación. Y esta experiencia de salvación pasa por un proceso de denuncia de cualquier forma de violencia que atente a la dignidad de los pueblos negros, de los niños y de las mujeres en las diversas culturas e instituciones.
La comprensión de la salvación como un derecho para todas las personas, nos lleva a rescatar la importancia de la religión en la salud y en la curación de las personas enfermas y de las sociedades. La dolencia, el sufrimiento y la muerte plantean cuestiones como éstas: ¿Por qué está sucediendo esto conmigo? ¿Qué mal hice yo? ¿Quién es el responsable? ¿Cómo puede permitir el amor de Dios que esto suceda con sus hijos e hijas? ¿Por qué sufren las personas buenas y a la mayoría no les sucede nada? Frente a la dolencia muchas personas intentan, primero, la curación de sus aflicciones antes que la curación de sus cuerpos. Y la religión ocupa un papel fundamental en la búsqueda del bienestar de las personas.
En este acercamiento es importante mirar más allá de los cuerpos de las personas y percibir que la dolencia individual abarca contextos sociales y emocionales más amplios que la misma dolencia. En el caso de las plagas vemos una devastación de vida humana y del planeta.
¿Será que la falta de agua potable, de comida, de salud para los niños y la gente anciana, se puede entender como castigo divino o como ausencia de políticas públicas más humanas de los gobernantes de nuestros países? Esta pregunta quiere, en cierta medida, quitar toda la responsabilidad de la religión por los males del mundo. Pues, en muchos casos, esta proposición elimina la responsabilidad de los humanos por el deterioro de la sociedad y del planeta.
Por esto, sin querer legitimar regímenes totalitarios y excluyentes, comprendemos que los pueblos africanos (Egipto) también son destinatarios de este proyecto de vida. La curación/salvación también es un derecho de las africanas y de los africanos. Estos pueblos deben ser indemnizados por el constante saqueo, esclavitud y exterminio, tanto en el continente como en la diáspora. Pues, como bien nos narra la última plaga, los israelitas no salieron con las manos vacías; ellos llevaron consigo oro y plata de Egipto. Finalmente, queremos exhortar a una práctica comunitaria más humana, que nos permita incesantemente buscar la curación/salvación de todos los pueblos.
Maricel Mena López
Meredith B. McGuere, “Religião, saúde e doença”, en Concilium/234, 1991/2, p. 93.
E. Durkheim,TheDivisionofLaborinSociety, Free Press, New York, 1964, p. 108.
Friedson, ProfessionofMedicine, Dodd, Mead, New Cork, 1970, p. 208.
Meredith B. McGuere, “Religião, saúde e doença”, art.cit.,p. 94
Cf. Brevard S. Childs,TheBookofExodus–AcriticalTheologicalCommentary, Philadelphia, The Westminster Press, 1974, p. 133.
Pablo Richard, “As pragas na Bíblia – Êxodo e Apocalipse”, en Concilium/273, 1997/5, p. 58.
Silvia Schoer y Tomas Staubli, OsimbolismodocorponaBíblia,São Paulo, Paulinas, 2003, p. 65.
Brevard S. Childs, TheBookofExodus, p. 128.
Mary Coden, “Eva y la serpiente: el mito fundamental del patriarcado”, enDelcieloalaTierra–unaantologíadeTeologíaFeminista, Sello Azul, 1994, p. 214.
Ver K.Joines, TheSerpentSymbolismintheOldTestament,Haddonfield: Haddonfield House, 1974, p. 48.
BookoftheDead, ed. C.H. Davies, Londres, 1984, citado por Joines, en SerpentSymbolism, p. 97.
Mary Coden, Eva y la serpiente, p. 215.
J. MacColloch, Celtic,vol.3, TheMythologyofAllRaces, ed., L.H. Gray, Boston: Marshall Jones, 1918, p. 131.
Cf. Maricel Mena López, “Ecofeminismo e cultura negra: alguns elementos que desafiam o trabalho cultural e bíblico nas comunidades afro-americanas e caribenhas”, en Mandrágora6 (2000) 47-53.
La traducción de cada una de las plagas es de la Biblia de Jerusalén.
|