Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas
Hermenéutica feminista: ¿caminos de enemistad o espacios sabrosos?
Nancy Cardoso Pereira
Resumen
Una supuesta enemistad estructural entre mujeres y su imaginario de lo femenino como rivalidad se pueden identificar como tema y estructura de la Biblia cristiana. Estos mecanismos que atraviezan los textos se actualizan en forma de estereotipos y manutención de privilegios de lo masculino en la religión cristiana, socializando las mujeres –tanto en las comunidades fe como en las academias de formación teológica— en la lógica de senderos de enemistad. Este texto quiere identificar algunos de estos caminos (Antiguo y Nuevo Testamentos) y afirmar la hermenéutica feminista como posibilidad de superación de ese laberinto.
Abstract
A supposed structural enmity between women and the imaginary of the feminine as rivalry can be identified as subject and structure of the Christian Bible. These mechanisms that cross the texts it is bring up to date in the form of stereotypes and maintenance of privileges of the masculine in the christianity socializing women - as much in the communities of faith as in the academies of theological formation - in the logic of the enmity scripts. This text wants to identify some of these scripts (Old and New Testament) and to affirm the feminist hermeneutics as a possibility to overcoming this labyrinth.
De una manera o de otra tengo siempre otra mujer al fondo del espejo… y no soy yo. Estamos coleccionadas y catalogadas por pares dispares, por contrarios, cara y cruz de otra, enemigas y rivales. Separadas de nosotras mismas por hombres, maridos, hijos, reyes, promesas, deudas, hambres, espacio, poder, desesperanza y amor, como si el amor fuera tan destructivo.
Y, ¡ay! de nosotras en esa tradición judío-cristiana que necesita del enfrentamiento entre las mujeres como estructura y asunto, como formato y tema para consolidar su misoginia más antigua y moderna a la vez: de la exclusividad de lo masculino en la identidad de lo sagrado y de la exclusividad de lo masculino en el acceso a los métodos y técnicas de ver a dios (magisterio, ministerio, exégesis y tesorería).
¡Ay! de nosotras en esa memoria, y ese texto, esa Biblia que insiste en colocarnos unas contra las otras en imágenes y senderos que se repiten y se confirman. Sospecho del texto y de sus intenciones. Me preparo para enfrentarlo colocando delante de mí a todas las mujeres que yo amo, todas las compañeras de Ribla y de lucha y de todas las cotidianas solidaridades de las mujeres pobres en América Latina, doctoras en humanidades.
Escojo mis materiales de imaginación y deseo sin necesitar demasiadas explicaciones: trabajo con los estallidos de la literatura bíblica no como destino o necesidad, sin conocer cualquier frontera entre orgasmo y terremoto en el cuerpo de mi historia personal y en el cuerpo sub-evangelizado de esa América Latina. Son narrativas extrañas y próximas: dóciles prisioneras de los altares y de las academias de teología; salvajes y míticas en el uso oscilante y mágico de las lecturas populares.
Reflexión y lectura e invento contrarios: mastico las narrativas fundantes con dientes de deseos explosivos y rechazo toda forma educada de participación en el metabolismo occidental, burgués y cristiano de las imágenes. Cuando el verbo se hace mercadería y se perpetúa entre nosotras… es necesario tomarlo de nuevo como carne cruda, negar su valor de intercambio, enfrentar su valor de imagen y encolarlo de nuevo en la piel usada de los hombres y mujeres pobres: dolorosas y gozosas, benditas y malditas. Iluminada por la delicadísima brutalidad de la disputa por los cuerpos de las mujeres y por sus deseos, yo leo en femenino plural.
Y quien dice que feminismos y liberaciones ya no son necesarias ni urgentes; quien reduce la lectura de la Biblia a ciencia y competencia… acepta la reinvención del poder patriarcal, mira a la mujer a su lado y desconfía de ella, y pasa a suspirar por la aprobación y aceptación de dios/padre/profesor/marido/señor. Todavía es tiempo de incomodarnos y la hermenéutica feminista de la Biblia nunca fue tan necesaria ni tan urgente.
El sendero de las enemistades
1. En los comienzos… y en el fin
El recurso literario y teológico a la enemistad entre las mujeres o al imaginario del femenino como rivalidad puede ser identificado como estructura en la apertura y en la conclusión de la narrativa bíblica cristiana.
En el comienzo se podía identificar con Eva, en el Génesis de los comienzos, y hacer la posible memoria de otra, la primera – Lilith. Pero el texto prefirió aquí dejar el antagonismo encubierto y cifrado en la enemistad original y estructural entre la serpiente y la mujer: “yo pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu descendencia y los descendientes de ella” (Gn 3,15).
La misma estructura reaparece en el Apocalipsis y en la dramatización del enfrentamiento entre la Mujer Vestida de Sol (12,1) – que es madre del niño-hombre(12,14) y el Dragón, que es la antigua serpiente (12,9), que será identificado como Babilonia (14,8) la gran prostituta: “ahí yo vi una mujer sentada sobre la bestia de color escarlata, llena de títulos blasfemos. La mujer usaba vestido de color púrpura y escarlata. Estaba toda adornada de oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones, que son las impurezas de su prostitución” (Ap 17,3-4).
De modo obsesivo el texto se abre y se cierra sobre este imaginario de las mujeres estructuralmente enemigas de otras mujeres, concentrando por un lado todo lo que puede ser bueno y loable (madre-de los-vivientes y madre-del-niño-hombre) y por el otro toda la lascivia, violencia y perdición comprendidas como prostitución femenina.
También en el Génesis, este recurso va a ser utilizado par ahacer una distinción entre los herederos de la promesa y de los otros. Aún no siendo una estructura exclusiva para los personajes femeninos (Abel y Caín, Esaú y Jacob), va a ser en la rivalidad femenina donde el texto va a afilar las garras de una teología e historia etno-centradas y parcial.
Sara y Agar. Señora y esclava. Sara reclama: “ella viéndose embarazada no me necesita más” (Gén 16,5). Raquel y Lia: hermanas que disputan a Jacob y la maternidad. “Viendo que no le daba hijos a Jacob, Raquel quedó con envidia de su hermana” (Gén 30,1).
Aunque en el desdoblamiento del texto sea posible encontrar salidas que resignifiquen la rivalidad de las mujeres (como en la acción conjunta de las hijas de Lot en Gén 19,30-38), la estructura narrativa necesita explícitamente esa enemistad como contenido y forma de su proyecto socio-teológico.
2. Éxodos y alianzas: pérdidas y daños
Aún reconociendo el protagonismo solidario de las mujeres en los primeros capítulos del libro del Éxodo, a lo largo de la narrativa, las mujeres desaparecen (Miriam, Séfora, parteras, las mujeres que cantan la victoria) y van a ser aisladas definitivamente en la sugerencia de rivalidad entre Miriam y la mujer cushita de Moisés (Núm 12). La acción solidaria de las mujeres en la conquista del derecho a la tierra (Núm 27) va a ser también aislada y controlada en la ley de la herencia subordinada al casamiento, oponiendo a las mujeres solteras y casadas en el campo del derecho.
También en el libro de los Jueces, las estructuras de solidaridad entre las mujeres que podrían ser rescatadas (Débora y Jael, Jue 4 e 5; la hija de Jefté y sus amigas Jue, 11) van a ser separadas por estructuras familiares que colocan a las mujeres naturalmente en oposición. La contradicción entre mujer soltera y casada, concubina y esposa aparecerá en el texto final de los Jueces, la historia del levita y la concubina: “vean, tengo una hija soltera; voy a traérsela a ustedes para que hagan con ella lo que quieran; entonces el levita tomó a su concubina y la llevó hacia afuera. Ellos la violaron, abusaron de ella toda la noche…” (Jue 19,24-25).
3. Monarquía y profecía: la bella y la fiera
Aún considerando que las narrativas necesitan también del conflicto entre hombres (Samuel y Eli, David y Saúl, profeta verdadero y falso) este antagonismo será entendido en términos sociológicos, es decir, de grupos de poder en disputa. En el caso de las narrativas sobre mujeres, ellas serán individualizadas y el drama de la disputa restringido al campo de la condición o naturaleza femenina que disputa, eso sí, con la aprobación y la referencia de los hombres:
Ana y Penina (1Sm 1,6): “con humillaciones Penina irritaba a Ana”.
Micol y las siervas, antagonizadas en 2Sm 6,20.
Las dos madres prostitutas que disputaban al hijo frente a Salomón (1Rs 3,16ss).
Las dos madres que planeaban comer los hijos en tiempo de hambre (2Rs 6,25ss).
En el conjunto de la literatura profética el antagonismo va a ser presentado en forma de binario/dualismo en la misma mujer: ella ya no necesita de otra como forma de enemistad, pero va a ser dentro de ella misma donde se va a dar la lucha entre el bien y el mal (Ez 16). La evaluación del bien y del mal se dará a partir de una rígida moral sexual que atraviesa las biográficas y profecías de Oseas, Isaías, Jeremías y Ezequiel.
Esta escición interna también se la puede ver en los romances de Judit y Ester en que la relación conflictiva entre forma y contenido, belleza y acción política, virtud y erotismo se deja subordinar por elementos programáticos patriarcales de defensa de la divinidad, del pueblo y de la religión.
4. Sabidurías y proverbios: virtuosa o adúltera
De modo especial, en el libro de Proverbios el antagonismo de las mujeres va a ser performatizado de forma patronizada y definitiva, sin dejar muchos espacios para consideraciones: de un lado está la mujer extranjera, forastera, que abandonó el marido y que se dirige a las sombras (Prov 2,16-18) y de otro la mujer virtuosa –¿quién la hallará?– que pinta, borda, administra y vigila lo que es del marido y lo hace feliz (Prov 31,10-29).
Van a ser articuladas dos formas de antagonismo: la de la moral sexual y de la apariencia física. Se van a presentar los mandamientos de Dios como instrucción del padre y afecto de la madre (Prov 4,2-3). El error será presentado como palabras de los labios de la mujer extranjera, llena de voluptuosidad y de comportamiento dudoso (Prov 7):
En el cap. 8, la sabiduría se presenta también como femenino, pero de modo positivo y subordinada a la divinidad masculina (v.22); los contenidos deliciosos, el encanto y el placer se presentan (Prov 8,30-31): “…yo saltaba en la superficie de la tierra y hacía mis delicias con la humanidad”.
Mientras tanto, la obediencia y la vigilancia (Prov 8,33-34) van a ser la nueva disciplina que garantice el acceso a la nueva sabiduría. El imaginario femenino de la sabiduría queda subordinado a los preceptos del conocimiento en que la vida y el gozo solo se encuentran en Yavé (v. 35).
El imaginario del femenino en muchas culturas vinculado y representado en la sabiduría va a ser separado en la performancia de sus mujeres: la Señora Insensatez (Prov 9,13) que está inquieta, e ingenua y no sabe nada; y la Mujer Virtuosa, esposa ideal y trabajadora, que trae ventajas para el marido (Prov 31,11).
Entre una sabiduría autónoma, exuberante y enriquecedora y una sabiduría funcional, subordinada a los intereses de la casa y a la reproducción de la familia… el texto escoge la segunda, y hace su elogio diciendo: “canten el éxito del trabajo de ella y que sus obras la alaben en la plaza de la ciudad” (Prov 31,31). Esta es la sabiduría de la hermana y de la amiga que protege al hombre de la extraña que seduce con palabras (Prov 7,45). Ella es el árbol de la vida que garantiza el bienestar. La obediencia lleva al bienestar y a la felicidad.
La otra, la de la sabiduría dudosa, quiere ser amante, es exagerada y mentirosa, abusa de los perfumes y de los superlativos, de la embriaguez y de las caricias. Ella es la descarada e insaciable, que siempre quiere más… que lleva al engaño (Prov 7,16-23). Ella dice que es el placer y la transgresión lo que lleva a la sabiduría y a la felicidad… Por eso, ella es una trampa de muerte.
La estructura literaria abusa de lo binario inventando un abismo infranqueable que antagoniza la belleza y la sabiduría, el deseo y la verdad, el cuerpo y la razón, el placer y el bienestar. Lo femenino es incompatible en su forma, en su expresión de madre, amiga, hermana, esposa con la las expresiones de amante, adúltera, extraña, prostituta.
5. ¿Nuevo Testamento: buena nuevas?
¿Puedo escoger ser Marta o debo ser siempre María?
¿Puedo continuar con mis poderes-demonios-adivinanzas? ¿O debo someterme a las enseñanzas de los hombres?
El texto ordena quedarme quieta: yo y todas nosotras. En silencio, yo debería aprender con toda sumisión. El texto no permite que yo enseñe ni que yo ejerza la autoridad (1 Tm 2,11-12). Yo ya intenté hablar y escribir de nuevo el texto de Gálatas 3,28, ya repetí mil veces que no hay griego ni judío, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer… pero el texto se insinúa por teología antiquísimas, exégesis refinadísimas, hermenéuticas sospechosísimas y continúa acallando mi boca y no permite que yo enseñe. El texto deja que yo lo profundice… pero con la cabeza cubierta (1 Co 11): ¡me valí de traducciones, verbos y todos los griegos! Pero no avanzo: el texto continúa mandándome callar en las iglesias porque no me está permitido hablar. Que yo sea sumisa como la ley lo determina (1Co 11,34). ¿Qué se gana con recordar a Jesús y sus conversaciones con mujeres, las mujeres testimonios de la resurrección, las iglesias en las casas de las mujeres… tanto esfuerzo, tanta devoción, tanto maestrado y doctorado, tantos libros y textos, tantos cursos y décadas de superación de la violencia contra la mujer? El texto continúa escondido en las dobleces del poder de los hombres, señores de la religión. Yo debo ser respetable, tranquila, fiel en todo… y no debo maldecir (1 Tm 3,11) también que la teología que hago yo debe ser rechazada como fábula profana de vieja caduca (1 Tm 4,7). Debo ser decente, modesta, de buen sentido sin exageradas cabelleras, sin vestidos escandolosos (1 Tm 2,9). Y debo ser madre (1 Tm 2,15): ¡así me salvo yo!
Pero… ¿quién dice que yo me quiero salvar?
¿Qué dice Jesús? “¡Quién quisiera andar conmigo que niegue a los ídolos, asuma su cuerpo y me siga! ¡Quién quisiera salvar su vida, la perderá! ¡Y quién no tiene miedo de perderse, tendrá la vida!” (Mt 16,24-25).
Concluyendo: por relaciones sospechosas y seductoras del conocimiento
“Al poeta la hace bien no explicar. Tanto cuando la oscuridad enciende las luciérnagas” (Fernando Pessoa).
Existe una mujer del otro lado de la revista… y no soy yo. Aquella que me lee. Aquella que escribe a mi lado. Y todas las otras que desearon y lucharon por la inclusión efectiva de las mujeres en la teología, y en toda la vida.
No queremos ser copia ni un calco (Mariátegui) de la teología y de la exégesis masculina patriarcal. ¡Cuando dijimos: ¡liberación! Era exactamente lo que queríamos decir y hacer sin necesidad de permisos, de aceptación o de la tolerancia de los profesores, editores, exégetas, teólogos y machistas de plantel.
La lógica interna del texto bíblico y sus relaciones sociales de poder y género nos coloca unas contra las otras en forma de: virtud-deseo, bondad-voluptuosidad, sensatez-locura y otros binarios que alimentan la reproducción de la servidumbre voluntaria como forma básica de búsqueda de aceptación.
Este mecanismo atraviesa el texto bíblico y se actualiza en la forma de la tradición y de la mantención de los privilegios del masculino en la religión cristiana, socializando a las mujeres –tanto en las comunidades fe como en las academias de formación teológica- en la lógica de los senderos de enemistad. Somos convocadas a la competencia científica, al feminismo sin revertir el poder, a los estudios de géneros sin desconstruir la epistemología… Somos llamados a la copia (así como los teólogos exégetas de aquí se esfuerzan y se empeñan en copiar a los teólogos de mundos superiores, calcando y repitiendo a partir de revistas y conferencias: ¡simulacros de simulacros!). Esta es la condición para participar: textos coherentes (¿con o qué?), científicos (¿por qué?), estructurados (¿quién dice?) y otros tic nerviosos de la exégesis de la opresión.
Son pocos y preciosos los espacios de sospecha y de saber sabroso que las mujeres (y pocos hombres) latino-americanas hemos sabido y conseguido conquistar. Espacios de protección y de libertad. Espacios para que Rut se encuentre con Noemí para inventar artimañas que arranquen de los hombres lo que ellos no quieren dar. Espacios de acogida de Isabel a María (Lc 2), donde embarazos inesperados y sospechosos son protegidos y afirmados como excepción y transgresión de lo sagrado. Espacios de re-escritura del texto y de confección de teología…
…sentada con las piernas abiertas en la puerta de su casa, la Sabiduría y su Amiga absorben con su boca de miel y llaman con sus palabras templadas por el deseo: ellas son al mismo tiempo la boca y el fruto, quien come y lo que es comido, conocer al irse conociendo. Con los ojos ellas devoran y agarran. Con los senos en fuego, los vestidos incendiados y los pies en brasas ellas conjuran palabras y ponen al revés los mandamientos antes de que ellos arrojen piedras. Ellas disciernen, piensan, conocen, estudian, investigan como mujeres apasionadas que buscan amantes y, cuando los encuentran; los ojos se abren. Las lenguas se encuentran. Una dentro de la otra. Apasionadas y inquietas, sus cuerpos no se quedan quietos en casa: unas veces están en las calles, otras en las plazas espiando por todos los lados. El deseo de ellas hace al mundo girar: ellas tienen placer en el mundo habitable, son furiosas en la confrontación con la injusticia y son deliciosas con quién busca el saber sabroso. Ellas escriben: exégesis inexegéticas. Panfletos para la lucha en la calle. Recetas para sanar al niño. Poesía para seducir al amante. Dios con nosotros.
Y si el RIBLA puede continuar siendo este espacio de sororidad y extrañeza, de encuentro y de diálogo, de reconciliación y de debate entre las mujeres y los hombres en la lucha por la vida en América Latina: ¡que vengan otros 50 números más!
Nancy Cardoso Pereira
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