Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas
Se trata de fidelidad - Estudio de 2Timoteo 2,9-15
Néstor O. Míguez
Resumen
Las cartas “pastorales” constituyen parte del “legado paulino”. De ellas, 2Timoteo es la que tiene más aire paulino. El autor procura ser fiel a este legado, pero debe responder a la vez a nuevas circunstancias, desde la experiencia de otra generación. El texto estudiado, 2Timoteo 2,8-15, es un ejemplo de este esfuerzo de ser actual y fiel a la vez. El texto está estructurado en torno de la “palabra fiel”. El himno de 2,11-13 plantea esta fidelidad aún en medio del sufrimiento y la muerte.
Abstract
The so called “pastoral epistles” are part of the Pauline legacy. Second Timothy is the one that preserves more “Pauline flavor”. The author wishes to stay true to this legacy, but, at the same time, he must respond to new circumstances, from the experience of another generation. The text of 2Tm 2,8-15 is an example of this effort to be stay faithful and be accountable to his day. The Hymn in 2,11-13 requires this faithfulness in times of suffering and death.
El homenaje de ser fiel
Este número de RIBLA, donde celebramos una continuidad de cincuenta ediciones, también quiere brindar su reconocimiento a quienes habiendo participado del proyecto y contribuido a él, hoy ya no están físicamente con nosotros, pero nos han dejado su legado. Nuestra responsabilidad es honrar ese legado manteniendo la fidelidad a ciertas convicciones que alumbraron su camino y el nuestro. El reconocimiento al “maestro” (en mi caso, Severino Croatto lo fue directamente y en más de un sentido) se da en la posibilidad de prolongar sus enseñanzas, no repitiendo sus palabras pero sí mostrando la actualidad de un compromiso, la fuerza de una orientación básica, la posibilidad de afirmar la fe común frente a nuevas demandas y en contextos cambiantes. Se trata de fidelidad.
Por eso elegí trabajar un texto de las pastorales. Porque los seguidores de Pablo también encontraron ese desafío: responder, en un tiempo distinto, bajo otras condiciones y desde otra generación, a los requerimientos que el testimonio de la fe en Cristo les planteaba. Quisieron hacerlo dentro del legado paulino, asumiéndolo y prolongándolo (y por ello, necesariamente modificándolo y aún parcialmente confundiendo algunas cosas). El afecto por el maestro les hizo presentarlo como palabras de Pablo (no pretendo hacer lo mismo), que actualizaran su propio legado. El éxito de su empresa se lo dio el hecho de que por siglos fueron aceptadas como tales. Y que nosotros, si bien hoy discernimos las diferencias y matices que fueron introducidos por el momento distinto al que responden, valoramos ese esfuerzo, con sus contradicciones, y procuramos vivir esa misma fidelidad.
Introducción
El texto que conocemos como “Segunda Carta de Pablo a Timoteo” forma parte de las llamadas “epístolas pastorales” (nombre que viene del siglo 18), pero tiene características propias. La tendencia a agrupar estos escritos ha llevado a considerarlas en su conjunto, atribuyéndoles un autor en común (el propio Pablo, en la tradición, o un grupo autoral de gran afinidad entre sí cuando se aplican las herramientas de la crítica), y manteniendo el orden canónico como orden cronológico. Sin embargo sabemos que la organización en el canon obedece a otros criterios (extensión del texto, supuestos en la vida paulina que no toman en cuenta la posibilidad de un escrito pseudoepigráfico) y debemos sentirnos con cierta libertad al examinar los textos. Mi lectura de 2Tm me hace pensar que es anterior a las otras dos pastorales, y tiene un “editor” distinto de ellas, y más cercano, en tiempo y afecto, al propio Pablo. Hay cuestiones de contenido y lenguaje que la distinguen de 1Tm y Tito, que a su vez parecen más afines entre ellas y reflejan un momento más tardío de la vida de la iglesia.
2Tm puede considerarse más “paulina”, en tono, tiempo y en sus líneas teológicas generales, que las otras pastorales. Es, en alguna medida, como un “testamento paulino” (4,6-8). Su autor ha reunido en un escrito algunas consideraciones y recuerdos de su relación con Pablo, ha recuperado los consejos de éste, y les ha dado forma epistolar. La carta tiene un tono que por momentos se vuelve íntimo y apela a la cotidianeidad, con abundantes referencias a personas y hechos que están en la memoria inmediata de los protagonistas. Con todo, comparte con las otras pastorales un tono más autoritario y una preocupación por el orden eclesial, que si bien presente en las cartas a las iglesias, aquí aparece más fuerte. La iglesia ya es un lugar de discusión doctrinal, y la tarea de enseñanza va adquiriendo un lugar cada vez más importante, lo que señala la presencia de nuevas generaciones, nacidas en familias donde ya hay conversos, de la cual el propio Timoteo podría ser un ejemplo (Hch 16,1).
La “carta” abunda en fórmulas doctrinales, usa textos que probablemente forman parte de liturgias eclesiales fijas e insiste en la cuestión de cierta unidad doctrinal necesaria, si bien reconoce que hay una diversidad que no puede ignorarse y que se manifiesta en las comunidades (2,20). Frente a estas “haeresis” es necesario intensificar la enseñanza de la verdad, para lo cual ha de valerse tanto de las Escrituras (3,16-17) como de la propia tradición que Pablo ha dejado (1,13-14). Sin embargo, no aparece aún la idea de excluir por razones doctrinales, sino de apelar a la enseñanza y corrección como primera actitud (2,24-26). Ello no impide ver que las contiendas, tanto dentro de la comunidad como con el mundo circundante, arrecian, y hay un hostigamiento fuerte que ha llevado al propio Pablo a su condición de prisionero (1,8; 2,9), con posibilidad cierta de perder su vida, como pareciera ser el desenlace al momento en que la carta es finalmente redactada y editada. En esa situación se juega la fidelidad al Evangelio de Cristo y al legado misionero paulino
Organización del texto
Frente a distintas distribuciones textuales propuestas, nos parece pertinente proponer una alternativa, y es notar el lugar organizador que el logos tiene en estos versículos. En 1,13 el autor caracteriza su Evangelio (1,10-11) como “la forma de las sanas palabras”. Pero será en estos versos, de 2,9-15, donde se concentra en ello, tanto que puede plantearse como el núcleo que permite marcar el elemento estructurante de este pasaje. Efectivamente, la raíz logos aparece en los v.9.11.15, para referirse al evangelio o palabra a comunicar. También en el v.14, donde se exhorta a no enredarse en “peleas de palabras”. En virtud de este elemento distribuimos el texto de la siguiente manera:
v.8: Se presenta “mi evangelio”. Introduce “el texto” núcleo de su mensaje.
v.9-10: El contraste entre la condición del mensajero y el mensaje (logos): El mensajero padece por su condicionamiento, la “Palabra” de Dios (libre) le da sentido a ese sufrimiento.
v.11-13: Se establece la “Palabra” fiel, confiable. Este texto constituye el centro del pasaje y es a su vez una microestructura sobre el tema de la fidelidad.
v.14: El contraste entre la Palabra y “las palabras” que generan división y pueden desviar y hacer perder al oyente.
v.15: Se invita a presentar la “palabra de verdad” como la tarea del obrero fiel.
Así, el evangelio ha sido considerado sucesivamente como “palabra de Dios que no puede ser encadenada”, “palabra fiel” y “palabra de verdad”. El mantener y anunciar esta palabra, aún frente a situación de enfrentamiento o combate entre “palabras” es la tarea del que aspira a ser aprobado por Dios.
Comentario
El texto comienza con un imperativo: “haz memoria”. Una expresión similar (reforzada) se repetirá en 2,14. Estos imperativos de “hacer memoria, recordar” no tienen por objeto que “Timoteo” recuerde él estas cosas, sino que constituyen el núcleo fuerte de contenidos de la enseñanza y proclamación en la que se debe esforzar. Este evangelio (la alusión a 1,10-11 es clara) tiene un contenido: es la referencia a Jesús, el Cristo. La tradición a la que ha de ser fiel “Timoteo” no es una tradición por si, ni siquiera la tradición paulina, sino el mensaje que lo vincula con la resurrección de Cristo.
Esta memoria debe estar siempre presente: es el Evangelio de Jesús, de la simiente de David. La expresión (probablemente una fórmula credal) es similar a la que encontramos en Rom 1,3-4. Algunos comentaristas usan esta doble caracterización para referirse a la diferencia entre el Jesús histórico y el Cristo Resucitado. Pero me parece que justamente el texto dice lo contrario: el resucitado es la semilla de David, es el terreno. Y este es el evangelio que Pablo predica – mi Evangelio. A esa altura de la historia esto ya aparece como un argumento antidocético y antignóstico, que tendrá que tenerse en cuenta pues hay “otros evangelios” que justamente diferencian la manifestación terrena, carnal, de la manifestación divina, espiritual.
En este caso, sin embargo, el orden de los artículos aparece invertido frente a la cita de Romanos: mientras en Romanos se recuerda que Jesús, el Hijo de David, fue levantado de la muerte, aquí se prioriza la resurrección: recuerda al que resucitó, que era Hijo de David. La inversión no es simple cuestión de detalle, muestra cómo se da un nuevo contexto; los que han muerto (quizás el propio Pablo, para esta época) resucitarán, en la línea de 1Ts 4,13-18. Por ello es necesario confrontar a los que dicen que la resurrección es un hecho del pasado (cf. 2,17-18). El evangelio que “Timoteo” es exhortado a predicar es un evangelio de Resurrección. Mientras que en Gálatas (donde también aparece la expresión “mi evangelio”, Gál 1,11) el Evangelio de Pablo es fundamentalmente un evangelio de redención del imperio de la ley – y de la ley del Imperio – aquí salvación y resurrección (vida inmortal) se han asimilado. Esto indica la preocupación de una segunda generación de creyentes. Las reiteradas referencias de la epístola a la certeza de la resurrección y la expectativa de “aquél día” en que se manifieste el juicio de Dios apuntan en el mismo sentido.
Los v.9-10 establecen la diferencia/similitud en la relación mensajero/mensaje. La construcción tipológica usada varias veces en la literatura paulina sigue vigente en estos textos. Cristo es el modelo de la vida de Pablo, modelo que han de reproducir sus seguidores (1Ts 1,6; Flp 3,17). Este evangelio lo ha llevado a Pablo a sufrir en la prisión, como un malhechor (v.9). Indirectamente se hace alusión a la cruz de Cristo, en la cual Pablo está siendo “concrucificado” (cf. Rom 6,6-8). Sin embargo la Palabra de Dios no puede ser detenida. Aquí la referencia puede tomar dos caminos: aunque Pablo esté preso (o incluso muerto a esta altura), otros han de tomar el testimonio y seguir llevando adelante la tarea de proclamación. O, en la línea de Filipenses (Flp 1,12-14), la prisión no detiene a Pablo en su tarea de anunciar el Evangelio. Por el contrario, la dificultad aumenta el valor de su testimonio de Cristo, lo muestra en su radicalidad, revela su capacidad de superar a la propia muerte, como ocurrió con Jesús. La voluntad salvífica de Dios no puede ser detenida en las prisiones del imperio.
El v.10 destaca la fuerza de la Palabra que es transmitida a sus testigos: la perseverancia de Pablo en su palabra y misión, pese a los padecimientos que conlleva, es una muestra más de la fuerza que confiere el ser parte de quienes Dios ha llamado. Así serán alcanzados con la gloria eterna de la salvación en Cristo. El testimonio perseverante y firme de uno alcanza a los muchos. Hay una dimensión comunitaria que el sufrimiento revela, cuando el que padece es consolado al ver de qué manera su disposición ayuda a la fe de otros.
Esta firmeza para soportar la adversidad se manifiesta en situación de dolor y sufrimiento, en la cárcel. La expresión “sufrir el mal” (kakopathein) solo aparece con esta fuerte expresión en esta epístola (en 1,8, 2,3, 9 y 4,5) y en Santiago (5,10, 13, referida a los profetas). El testimonio del Señor no avergüenza (1,8), así lleve a la prisión y al sufrimiento. Aquí aparece la posibilidad de sufrir por el Evangelio y que el propio sufrimiento puede ser considerado una marca de la fe verdadera. Esto es un punto que no conviene sobredimensionar, pues el escrito también marca la alegría que trae la verdadera fe. Hay posiciones teológicas que, por una concepción sacrificial de la fe cristiana, destacan el sufrimiento como “vía de salvación”. No es este el caso de esta carta: el sufrimiento es una consecuencia de la valentía del testimonio en un medio hostil. No hay que huirle si ello significa renunciar a la fe (¿será ese el caso de Figelo y Hermógenes –1,15– o de Demas –4,10). Pero lo que salva no es el sufrimiento, ni siquiera el de Cristo, sino la voluntad amorosa de Dios.
Ese ejemplo de Cristo funciona para explicar los sufrimientos que Pablo - y los demás anunciadores del Evangelio - padecen. Si bien la invocación a Jesús se hace por su condición de resucitado, esta es la garantía y esperanza para los que ahora le siguen. De allí que la culminación del sufrimiento sea la gloria eterna. Esta “resistencia apostólica” es la condición para que el Evangelio obre la salvación de otros.
De esta manera se introduce el ejemplo de Cristo, con un poema o himno que seguramente tenía uso litúrgico (v.11-13), aunque su vocabulario refleja claramente el lenguaje paulino. Este poema es una “palabra confiable”. Evidentemente aquí hay un juego literario interesante: la palabra (lo que el poema dice) es digna de confianza, porque “aquél” es confiable. Lo traduzco en forma casi literal para notar estos juegos, y agrego las referencias a otros textos temáticamente o lingüísticamente vinculados:
si, pues, con-morimos, también con-viviremos (Rom 6,6-9)
si perseveramos, también con-reinaremos (Rom 5,17; Ap 5,9)
si negamos, también aquél nos negará (Mateo 10,33)
si des-confiamos, aquél confiable permanece (1Co 1,9; 10,13)
pues negarse a si mismo no puede.
Si bien el poema, por la referencia contextual, parece referido a Cristo (v.10 in fine) el nombre de Jesús o Cristo no aparece explícito, y bien podría referirse a Dios Padre. El análisis de las tradiciones marca ambas posibilidades, ya que los textos indicados se refieren en algunos casos a Cristo y otras al Padre.
El poema se construye con tres paralelos, una antítesis y una conclusión. Los dos primeros versos, en paralelo, indican lo positivo: la conducta del creyente “con-forme” a Cristo implica una vida “en Cristo” coronada por la gloria eterna mencionada en el v.10. El verso siguiente indica una conducta “negativa” (o negadora). El paralelo con Mt 10,33 es evidente. Pero probablemente se refiere a una situación actual (para el momento en que se escribe la carta, y quizás para el nuestro también) de los que niegan la ética de la vida en Cristo por las atracciones que ejercen las “pasiones mundanas”. La carta nombra explícitamente algunos casos en ese sentido. Es evidente que en tiempos de persecución este fue un tema mayor. Pero también lo es cuando la persecución es reemplazada por el facilismo, donde la negación de Cristo no toma la forma dramática del tribunal, sino la forma más sutil de la atracción hedonista, de la autojustificación, o del olvido del compromiso con la justicia de Dios.
La des-confianza no cambia, sin embargo, la realidad de la presencia de Dios. Aquél permanece confiable (preferimos traducir como adjetivo). Porque el que inspira y da la fe, confianza, no puede negarse como fuente de fe, nos indica la conclusión. Más allá de nuestra conducta, la actitud de Dios es “fiel a sí misma”. El poema destaca la coherencia divina frente a la incoherencia humana, y por lo tanto invita a superar el sufrimiento mediante la perseverancia, y no por la renuncia a los dilemas que plantea el seguimiento.
El uso de los verbos compuestos (preposición verbo) denuncia el estilo paulino de esta composición y su influencia en las formulaciones credales de la naciente Iglesia. Nuevamente se construye la relación arquetípica con Jesús - de fuente bautismal, según Ro 6,8 (donde existe la mayor similitud tanto en forma como en teología). Pero esta relación ahora se extiende a la tarea testimonial - no solo muerte, también resistencia. El no negarlo tiene paralelos en los Evangelios (Mt 10,33; Lc 12, 8-9).
Como señalamos, este poema conforma una microestructura marcada por la palabra fiel (pistos) como inclusión “palabra fiel”-“permanece fiel”. La fidelidad al mensaje recibido, cuya transmisión es encargada ahora a los sucesores, se vive en la fidelidad como actitud del creyente. Es evidente el juego de palabras entre “creyente” y “fiel” (en griego, ambos pistos). La fidelidad de Cristo y su palabra (en este caso fidelidad a si mismo como coherencia) debe reflejarse en la fidelidad del creyente, y en la coherencia entre su mensaje y vida, y en la fidelidad a la herencia (depósito, 1,14) recibida.
Ello debe evitar las disputas por palabras (v.14). Es evidente que a esta altura de la vida de la Iglesia (fines del siglo 1 d.C.) ya se comenzaban a producir disensos en cuanto a las maneras “correctas” de expresar la fe. La carta está preocupada por la confianza en la obra de Cristo (quien es autor de nuestra fe) y la manera correcta de vivir la fe más que por las palabras que la expresen, aun cuando en algún momento también señalara la importancia de retener “las sanas palabras que de mí oíste” (1,13). Las disputas en torno de palabras no debe ocultar que todas esas palabras señalan a “la Palabra de Dios”. Muchos quedan enredados en el discurso de la fe, y enredan a otros, desviándolos de su sentido final: mostrar la novedad de vida que se abre en Cristo. Por eso la preocupación del creyente es la obra que hace: procura presentarte como quien ha pasado la prueba de fidelidad (v.15a), como el que obra sin tener de qué avergonzarse (v.15b), que “corta correctamente” la palabra de la verdad (15c). La expresión “corta correctamente” se usa solamente aquí en el Nuevo Testamento. Tiene antecedentes en dos versículos del libro de Proverbios (3,6 y 11,5) en la LXX, y en ambos casos indica “enderezar” y se usa para el camino del justo. El uso aquí es poco claro, pero, dado el trasfondo, parecería indicar un uso de la palabra de la verdad como forma de acabar con discusiones estériles y dar lugar a un testimonio afirmado en la vida.
La enseñanza arquetípica se actualiza al plantearse en recomendaciones para la labor de conducción pastoral. Esta conducción debe superar el nivel logocéntrico que algunos quieren imponer. Aunque finalmente no puede evitarlo totalmente, ya que finalmente reclama que actúe según “la palabra de verdad”. Excediendo un poco el marco directo del texto uno puede caracterizar esta palabra de verdad según el uso que aparece en otras referencias paulinas. Así se puede señalar que la “palabra de verdad” es:
La “Palabra de Dios” que no puede ser detenida (v.9). Sale de la boca del Señor y hace su obra (Isaías 55,11). Es una palabra que cura, que sostiene al prisionero. Es la palabra que se proclama y que pasa de generación en generación y envía a liberar.
Es la “palabra confiable” (v.11). Es la palabra de la promesa que da vida al que ha muerto con Cristo, que persevera para llevar al Reino. Es una palabra que no se niega a si misma, y que permanece confiable aún cuando nosotros la neguemos.
Es una palabra para hacer, para poner en obra, y no para “definir” en argumentos que enredan a los oyentes. Es una palabra útil que se muestra en la actitud leal del que la practica.
Es la palabra de la verdad, que nos señala el “camino recto” de la fe, que se hace visible en la vida del justo, que se hace visible en la gracia de Dios, que levanta a vida a los muertos, según su poderoso Evangelio.
Nuevamente nos encontramos ante una exhortación al testimonio, pero ahora según la memoria de Cristo. Pero más importante en nuestro texto es como esta memoria se relaciona con una presencia y una promesa. Recordarse de Cristo es vivir con él y llegar a reinar con él, según el contenido del himno. Es una presencia que resiste en medio de demandas de renuncia. Es una invitación a poner el evangelio en obras de vida, más que en declaraciones logocéntricas.
Se trata de ser fiel...
¿Cómo transmitir la palabra para que sea a la vez fiel a lo recibido y actual (fiel) para el receptor? De eso se trata la tarea hermenéutica. Una tarea que no está exenta del riesgo de la tergiversación (como las propias pastorales lo muestran en algún caso). Hay una fidelidad que tiene que ver con el testimonio de quienes nos precedieron, y una fidelidad que tiene que ver con el compromiso de amor a quienes nos rodean. Es la posibilidad de que esa “tradición”, en tanto arraigada en la acción de Jesús, nos libere de las presiones de una tendencia adaptativa, que constituyen hoy las prisiones simbólicas del Imperio. Aunque hay también la posibilidad de que esa tradición, en tanto discurso de autoridad, limite y controle la posibilidades de responder positivamente a las demandas de compromiso y vida que hoy surge desde las comunidades y pueblos aprisionados. En esa encrucijada se debatieron los seguidores de Pablo, y también se debate la interpretación de sus escritos. Pero, como en el himno de constituye el centro de este texto, se trata de disponernos a la entrega y el servicio, incluso al sufrimiento y la muerte, para poder ser fieles, y participar de la salvación compartida como gloria eterna. En la cual nos preceden los maestros.
Néstor O. Míguez
Camacuá 252
1406 Buenos Aires
Argentina
Ver, por ejemplo, Martin Dibelius y Hans Conzelmann, The Pastoral Epistles, (Philadelphia, Fortress Press, 1972), p.1-5.
Por “pseudoepigrafía” se conoce en el estudio de la Biblia la posibilidad de que un escrito tenga un autor (o editor final) distinto del que figura en el texto. Esto se ha planteado especialmente en la literatura paulina con respecto a las cartas a los Efesios y las pastorales, y con ciertas dudas, Colosenses y 2Tesalonicenses. No podemos entrar aquí en el debate sobre el tema, que la mayoría de nuestros lectores ya conocen. Con respecto a las “pastorales”, a no ser por razones doctrinales o de disciplina, la mayoría de los estudiosos actuales reconocen las dificultades de atribuírselas directamente a Pablo. Aunque recientemente algunos críticos han vuelto a proponer la autoría de Pablo, por ejemplo, T. C. Oden, First and Second Timothy and Titus (Louisville, John Knox Press, 1989 [Colección Interpretation]). Con todo, eso no significa, como veremos, que no haya, en distintos niveles, una dependencia paulina. A mi criterio, esta es mayor justamente en 2Tm.
Esta observación es común a varios autores. Se han dado distintas explicaciones para este hecho – hipótesis fragmentaria, hipótesis de un redactor sobre apuntes originales, hipótesis del amanuense “post mortem”, etc. Un resumen de ellas en el más reciente comentario completo disponible sobre las pastorales: Raymond F. Collins, 1 & 2 Timothy and Titus - A Commentary, The New Testament Library (Louisville, Westminster John Knox Press, 2002) p.4-5 [Colección Interpretation].
Uso la expresión “fórmula credal” para indicar que hay ciertas palabras, frases hechas, giros idiomáticos, que se van fijando como un modo repetitivo de expresar la fe. No es aún un credo estructurado, como aparecerán después, pero tampoco son frases casuales: probablemente ya fueran usadas incluso ritualmente, aunque todavía están en un tiempo y proceso de fijación no definitivo.
Raymond F. Collins, 1 & 2 Timothy and Titus, p.226.
dokimon indica la evaluación a la que eran sometidos los funcionarios al terminar su mandato, para ver si habían sido fieles en su administración. En los cargos de gobernación, debían presentarse a rendir cuentas al Emperador. Aquí el discípulo debe presentarse ante Dios para ser evaluado y demostrar su fidelidad en el uso de los dones acordados.
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.