Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas
Simbólica en la práctica de Jesús
Diego Irarrázaval
Resumen
Nuevos retos y horizontes se abren al revalorizar lo simbólico, en las hermenéuticas llevadas a cabo por diversos sujetos culturales-religiosos. Nuestros imaginarios son interpelados por la simbólica de Jesús: el reinado de Dios y sus signos concretos. En los textos sobresalen los elementos de la naturaleza, símbolos en torno a productos y acciones humanas, personas y en especial mujeres. Tanto el imaginario femenino como el masculino son interpelados. En contraste con el lenguaje conceptual (que ha predominado en la labor bíblica), lo simbólico parece más liberador.
Abstract
Acknowledgment of symbols is renewing and challenging our readings of the Word of God. Having as a background different cultures and spiritualities in Latin America, we focus on the symbolic action and language of Jesus, specially on his major concern: the Kingdom and its concrete signs. The gospels refer to elements of nature, to human production and activities, to feminine and masculine realities.Conceptual language has been most important in biblical work. Today, symbolic language seems to have a more liberating thrust.
En América Latina, el lenguaje simbólico esta hoy más presente en la labor científica y también en las hermenéuticas específicas de la Palabra. Sobresalen las lecturas simbólicas hechas por comunidades afro-americanas e indígenas, y por la mujer, el feminismo y la perspectiva de género. Se avanza con lucidez y cautela.
Al revalorizar lo simbólico, no vale ponerle tal etiqueta a cualquier elemento de la imaginación. Tampoco nos dejamos aprisionar por conceptos y contextos bíblicos; ni pasamos por alto las contraposiciones en el terreno simbólico. En la practica de las comunidades y en la lectura de la Biblia se “ha comenzado a recrear y regenerar su propio mundo simbólico, que entra en conflicto con un mundo simbólico dominante que legitima el orden actual”. A continuación deseo subrayar la simbólica en la práctica de Jesús (que a cada lector/lectora le puede motivar a replantear la labor bíblica, desde nuestros imaginarios y sensibilidades).
1 - Maestro particular y misión universal
El territorio de Palestina y el modo de vivir de Jesús ha sido semítico. Nos interesa conectarnos con tal simbólica de Jesús, y apreciar cómo ella hoy nos interpela en América Latina.
Al sintonizar con el mundo de Jesús de Nazaret, lo hacemos con su persona que ha sido un maestro y profeta itinerante. Ha anunciado y ejercido el Reinado del Amor de Dios. No ha sido un funcionario dentro de parámetros del templo y la ley, con su simbología hegemónica. Como persona laica e insignificante (para quienes tenían mayor poder), ha desarrollado y transmitido el sentido de vivir “desde los márgenes” y en comunión con la multitud empobrecida. De este modo particular ha sido miembro de su pueblo y cultura israelita, y ha participado en una historia particular. Además ha iniciado un movimiento al interior de Israel y más allá de sus límites. Luego, la comunidad apostólica ha afianzado una misión en dialogo con diversas culturas y tradiciones religiosas.
Ambos aspectos – lo particular y lo universal - resaltan en el dialogo del Hijo del Hombre con la mujer sirio fenicia (Mc 7,24-30; que en Mt 15,21-28 es presentada como cananea). En el trato con esta mujer pagana, que suplica sanación para su hija enferma, el Maestro es netamente judío: primero estan los hijos de Dios (miembros del pueblo judío); y no hay que alimentar a los perritos. Pero la mujer incorpora la visión universal y suscita la salvación divina: “por lo que tu has dicho” le dice Jesus, “el demonio ha salido de tu hija” (Mc 7,29).
Desde el inicio, el mensaje cristiano tiene un horizonte universal. “Vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios” (Lc 13,29). La comunidad apostólica asume el mandato de evangelizar a “toda la creación” (Mc 16,15), a “todas las gentes” (Mt 28,19). Se trata entonces de un evangelio inserto en un contexto concreto, y de una Salvación - ¡y consecuentemente una misión! - que tiene un sentido universal. Esto resalta en la macro-simbología del Reinado de Dios.
Los estudios bíblicos concuerdan en que la mayor pasión de Jesús, y el contenido de su mensaje, ha sido la llegada del Reinado de Dios (Mc 1,15 pp). Esta basileia llega preferentemente a los últimos y a los pobres, e implica una transformación de la realidad. La salvación llega al ‘aquí y ahora’, con signos muy precisos. La llegada del Reino “se oye y se ve”: los cojos andan, los sordos oyen, a los pobres se les anuncia la Buena Nueva (respuesta de Jesús a enviados de Juan Bautista, Mt 11,4-6; Lc 7,19-23).
La macro-simbología del Reino se manifiesta a través de comportamientos y signos concretos. Sobresalen tres realidades simbólicas. La comensalidad con pecadores; muy a menudo Jesús comparte la mesa con gente mal vista y tachada de pecadora. El anuncio del Reino mediante parábolas. La sanación de personas enfermas y la expulsión de demonios. “Si expulso demonios es que ha llegado a ustedes el Reino” (Lc 11,20). A los 12 y a los 72 se les envía a anunciar el Reino y sanar enfermos (Lc 9,1ss y Lc 10,9ss). Además hay que sopesar la simbología de carácter apocalíptico, muy importante en el Mensaje (Mc 13 y Mt 24); pero, en el conjunto del Evangelio, lo central es la escatología del Reino que llega a la humanidad a través de gente descalificada por las instancias hegemónicas. En otras palabras, el carácter universal de la Salvación es porque comienza y se desenvuelve desde los pobres de la tierra.
2 - Elenco de signos y símbolos
Sin entrar en detalles, hago memoria del amplio y hondo elenco de la práctica simbólica del profeta del Reino. Según el evangelio de Juan (primeros 12 capítulos), Jesús realizó siete grandes acciones simbólicas: cambiar agua a vino, curación de hijo de funcionario, sanación de paralítico, multiplicación de panes, caminar sobre el agua, sanación de ciego, reurrección de Lázaro.
Con el trasfondo de la macro-simbología del Reino, existe una abundancia de elementos, acciones y personas más significativas en los relatos evangélicos. Pueden ser agrupados de la siguiente manera.
A - Simbólica con elementos de la naturaleza
Agua (Mc 1,8, en el bautismo; Jn 4,10-15, agua y Espíritu). Fuego (Hechos 2,3, del Espíritu; Mt 5,22, de castigo; Ap 14,10). Luz (Mt 5,14-16). Oscuridad (Jn 8,12, 12,46). Roca (Lc 6,47). Sol (Mt 5,45, 24,29). Tierra (Mc 13,31). Sal (Mc 9,49-50). Monte (Mt 5,1, de las bienaventuranzas; Mc 3,13, de los apóstoles; Mc 6,46, Mt 14,23, Jn 6,15 de la oración privada de Jesús; Mc 9,3 de la transfiguración; Mt 28,16, de la misión universal). Cielo (Mt 5,16, Padre en los cielos). Nube (Mc 9,7, en la transfiguración; Mc 13,26, 14,62, llega el Hijo del Hombre; Hechos 1,9, la Ascensión). Arbol y Frutos (Mt 7,15-19).
B - La simbólica en torno a productos y acciones humanas
Casa (Mc 11,17, mi casa de oración). Arado (Lc 9,61-61, discipulado para el Reino). Camino (Lc 1,76, 79, que retoma Salmo). Dinero (Mc 10,23-25, signo de riqueza y camello). Levadura (Lc 13,20-21). Perfume (Jn 12,3, María de Betania). Minas (Lc 19,11-24, parábola de las minas). Mostaza (Mt 13,31-32, parábola de la mostaza). Pan (Jn 6,48-52, el pan de vida). Vino (Mc 2,22; Mc 14,25, en la Ultima Cena). Viña (Mt 20,1-16, los obreros de la viña). Puerta (Mt 7,13-14). Salario (Lc 10,7). Siembra y cosecha de trigo (Mt 13,24-30). Fiesta de Bodas (Mt 22,1-14, del Reino, Mt 25,1-13, las vírgenes). Fe de la Cananea (Mt 15,22-28). Ceguera (Lc 18,35-43). Edificar sobre roca o sobre arena (Mt 7,24-27). Limosna (Mt 10,42). Pastorear (Jn 10,11-29). Pescar con red (Mt 13,47-50). Sembrar (Mt 13,1-9).
C - También hay personalidades simbólicas. Sobresalen las mujeres
Leproso (Mc 1,40-45). Sordo y ciego (Mc 7,32-37). Paralítico (Jn 5,1-9). Ciego (Jn 9,1-12). Geraseno (Mc 5,2-20). Hemorroísa e hija de Jairo (Mc 5,21-43). Viuda pobre (Mc 12,41-44). Mujer de perfume (Mc 14,3-9). Samaritana (Jn 4,4-30). Madre de Jesús en Caná (Jn 2,1-11). María Magdalena (Jn 20,11-18). Sirio-Fenicia, Cananea (Mc 7,24-31, Mt 15,21-28). También tienen gran peso simbólico las personalidades en torno al nacimiento e infancia de Jesús, personas discípulas, apóstoles, y los numerosos contrincantes del Maestro.
Por otra parte hay bastante mención de números con sentido simbólico (en especial, 4, 7, 12, pero también los números 1, 2, 3, 5, 6, 8).
Constatamos pues -en la práctica de Jesús- una abundancia de signos y símbolos, con elementos naturales del medio ambiente, con referencias al acontecer humano, y también con una gama de personajes sencillos del pueblo. Ello ha formado parte del movimiento de Jesús, y ha configurado su eclesialidad. Tenemos entonces buenas razones para poner acento en la lectura simbólica del Evangelio. Así es mejor acogida la Palabra con toda su riqueza y profundidad.
A mi modo de ver, cada labor bíblica puede ser replanteada y enriquecida con la revalorización de lo simbólico. Junto con estudiar textos y sus interpelaciones a la fe y a la acción, cabe suscitar mayor sintonía con los símbolos presentes en la creación y en la historia y culturas humanas. Permítanme, al terminar, recalcar la perspectiva de género.
En América Latina hoy estamos sopesando roles humanos y experiencias de fe tanto de la mujer como del varón. En los cursos de Biblia se suele hoy subrayar la relación de Jesús con la mujer. En especial se trabajan los pasajes con María de Nazaret, María hermana de Lázaro y discípula de Jesús, María Magdalena que algunos llaman la proto-apóstol ya que fue la primera en dar testimonio de la Resurrección, y además mujeres que han sido sanadas por el Maestro. Es evidente el trato liberador que Jesús ha tenido con la mujer, que en su época era discriminada. Todo esto anima el movimiento actual de la mujer discriminada, que redescubre sus capacidades y fuerzas simbólicas.
También hay que ver las implicancias de cómo Jesús ha tratado al varón. De manera similar a como el Maestro ha interactuado con la mujer, también al varón lo ha tratado de manera liberadora. A sus apóstoles les ha indicado que no deben dominar, sino servir. No ser primeros, sino los últimos. En vez de sostener el esquema patriarcal y androcéntrico (de ese ambiente cultural), Jesús propone un modo sano de ser varón. Otros grandes hitos son el Reino y la comprensión de Dios. El Reinado de Dios es algo solidario y liberador; no es un asunto de carácter patriarcal. La imagen de Dios lleno de misericordia (como es presentado en Lc 15) también supera un esquema de dominación masculina. Se constata que el imaginario tanto femenino como masculino es interpelado y transformado, cuando nos dejamos interpelar por el Evangelio de la vida plena.
Estando atentos al Evangelio, cada comunidad y persona humana redescubre el llamado a ser libres y felices. A ello contribuye el lenguaje simbólico, de una manera más eficaz e integral, concreta y universal, profunda y conmovedora. No ocurre así con el lenguaje conceptual. La relectura simbólica de nuestras vidas, a la luz de la Palabra, abre nuevas rutas y oportunidades.
Diego Irarrázaval
Casilla 238, Correo 11,
Santiago
Chile
Valen las aclaraciones hechas por Marc Girard, Os símbolos na Biblia, São Paulo: Paulus, 1997, p.25-79. En cuanto a lo simbólico en la teología, ver mi último capítulo en Raices de la esperanza, Lima: CEP, 2004, p.239-254.
Francisco Reyes A., Hagamos vida la palabra, Bogotá: CEDEBI, 1997, p.61.
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