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El sistema pecaminoso, la ley y los sujetos en Romanos 7,7-25

Elsa Tamez

Resumen
La autora relee Romanos 7,7-25 a la luz de la realidad que experimentan los excluidos con la ley, en un mundo económicamente injusto y cuya relación con la ley es funesta. Parte de la afirmación de que el término ley en Pablo no se reduce a la torah, ni a una ley positiva como la romana, sino que abarca una lógica que tiene la capacidad de ser fácilmente absorbida por el pecado y llevar a la muerte.

Abstract
The author re-reads Rom 7,7-25 in light of the reality experienced by the ones excluded with the law, in an unfair economic world and in which the relation with the law is fateful. It starts from the statement that the word law in Paul is not reducible to the Torah, neither to a positive law as the roman one, but which encompasses a logic that has the capacity of being more easily absorbed by sin and leading to death.

El concepto de ley en Pablo ha generado hasta la fecha incansables debates. ¿A qué ley se refiere el apóstol cuando se refiere a ella? La respuesta a esta pregunta es la que ha generado profundas disputas. Tradicionalmente se ha creído que Pablo se refiere a la torah o ley judía por la discusión teológica que se generó a inicios del cristianismo cuando se decidió que los gentiles convertidos a la fe de Jesucristo no necesitaban circuncidarse y guardar la ley judía. Esto es verdad, en parte, pues dicha discusión teológica fue lo que hizo que Pablo reflexionara sobre el significado en sí de la ley como tal, no solo como la torah. Pablo utiliza la palabra nomos para referirse a ley. Este término griego es muy general. Hasta Hayek, ideólogo del neoliberalismo, cuando habla de la ley en la economía del mercado se ve obligado a usar otras palabras griegas como nomos, cosmos y taxis. Michael Winger en su estudio sobre la ley en Pablo afirma que el apóstol está consciente de un sentido amplio en el uso de la ley, según él habría que distinguir entre significado (meaning) y referencia (reference), pues eso es lo que permite reconocer cuando se refiere específicamente a la ley judía o a otros usos de nomos del mundo de Pablo. De acuerdo a Winger, en el mundo greco-romano el término nomos remite a una variedad de sentidos, desde ley (nomos) de una ciudad, o pueblo hasta ley (nomos) como costumbre o tradición; incluso puede significar fuerza. Para nosotros también, la palabra nomos en Pablo no se reduce a la ley judía. Parece ser que parte de ella pero la trasciende; para poder señalar las limitaciones de la ley mosaica en el debate teológico de su tiempo, Pablo la lleva a la abstracción con el propósito de tratarla como ley en términos genéricos (nomos), lo cual incluye la ley positiva, natural y cualquier lógica que se percibe como ley. Por eso habla de ley de los miembros, ley de la carne, del espíritu, de Dios, et all.

Para un acercamiento a la ley en Pablo desde la realidad de un orden económico injusto, es indispensable trascender la concepción de ley como torah. De hecho torah no significa ley, sino instrucción. Pablo se refiere a la ley (nomos) en tanto norma inflexible que se impone para ser obedecida de forma ciega. Obviamente también podría entrar una interpretación de la torah (o de cualquier otra tradición religiosa) que exija una obediencia ciega.

Esto nos permite mantener la radicalidad de la crítica de Pablo a la ley sin que sea considerada una interpretación anti-semita.

En este artículo vamos a analizar la ley en Ro 7,7-25 desde la perspectiva de un sistema económico injusto y sus leyes, tal como se experimenta en América Latina hoy día. Partimos de la hermenéutica contextual que comienza con la experiencia de los excluidos con respecto a la ley, incluyendo la experiencia de Pablo, después reflexionamos sobre los textos y sacamos conclusiones. Insistimos, en nuestro estudio, el término ley no se reduce a la torah, ni a una ley positiva como la romana; abarca una lógica que tiene la capacidad de ser fácilmente absorbida por el pecado y llevar a la muerte. Por eso, creemos que para entender esta crítica de Pablo a la ley es imprescindible tomar en cuenta la trilogía ley, pecado y muerte.

La experiencia de la ley en el mundo de los excluidos

Los siguientes ejemplos nos ayudarán a entender mejor los complicados textos de Ro 7. Los ejemplos son cotidianos y todos, de alguna manera son conocidos entre los latinoamericanos:
            La familia Ruiz debe salir de su casa alquilada por no cumplir el contrato.   Tiene dos meses de no pagar. La fábrica en la cual el sr. Ruiz trabajaba quebró y despidió a sus empleados sin prestaciones.

Analicemos: “la familia Ruiz debe salir de su casa alquilada por no cumplir el contrato. Tiene dos meses de no pagar”. Hasta aquí todo está bien. Es bueno que exista una ley que regule los alquileres de las casas, de lo contrario no habría estabilidad ni para el inquilino (que podría ser echado en cualquier momento) ni para quien alquila (que puede ser estafado por un inquilino). Sin embargo, el problema con la ley viene cuando no tiene con qué pagar. Esto tiene que ver con el sistema económico: quiebra y despido sin prestaciones. El resultado es el siguiente”: la familia Ruiz obedece la ley y se queda en la calle porque no tiene familiares que la reciban.
El joven nicaragüense, Tomás, quien trabaja en una construcción, se encuentra con un policía en la calle un sábado después del trabajo. Como no tiene sus papeles en orden, ni el permiso de trabajo, se le da la opción de ser deportado o de dar 3,000 colones al policía (menos de10 dólares), el policía ahora puede comprarle los cuadernos a su hija.

Es bueno que haya leyes de migración, pero muchos como Tomás no califican para ellas; Tomás no puede sobrevivir en su país, necesita buscarse la vida en otro país. El país que escoge Tomás necesita mano de obra barata y se hace de la vista gorda con los indocumentados en la construcciones. Los policías ganan una miseria y chantajean a los indocumentados para sacar algo ridículo. Saben las leyes y pueden manipularlas a su favor. Resultado: Tomás desobedece la ley aceptando dar soborno al policía porque necesita el trabajo.

Leamos el siguiente sin analizar, ya que va en la misma lógica de los dos anteriores.
Roberto fue a dar a la cárcel porque una cartera fue robada. Él es negro y afirma no haber robado ninguna cartera. De todas maneras lo encierran en la prisión. La cartera aparece y Marcos, un mestizo, es llevado a la delegación. En el interrogatorio él señala que se vio obligado a robar porque necesitaba dinero para las medicinas de su hermana quien está muy enferma. El dice que no se perdonaría si ella muere. Marcos reconoce su falta pero no encontró otra alternativa. Roberto es liberado y sale furioso de la cárcel. El policía, conmovido, encierra con pesar a Marcos.

Como estos casos hay miles, reflejan la relación común de los excluidos frente a la ley, en una sociedad clasista, racista y sexista. Si se analiza cada caso, se observa que la ley es buena y debe existir. Es bueno que haya contratos de alquileres, que haya reglas laborales, que se encarcele a los ladrones. Su funcionalidad, como se sabe, es que haya orden y se pueda convivir. Pero esto se da solo en el plano del deber ser. En el plano del ser, el cumplimiento de la ley no hace más que sacar a la luz la injusticia interhumana. Es fácil detectar que detrás de la ley hay un orden social construido de acuerdo a determinados intereses que benefician a cierto sector con poder y excluyen a muchos. Frente a ese orden, que también es una ley, la ley legal y normativa resulta impotente en su deber de hacer justicia. Resulta, asimismo, manipulable. No son extraños los casos de asesinatos en los cuales gracias a un abogado catalogado de bueno, el homicida queda libre. Hoy día, un buen abogado es aquel que defiende bien a su cliente independientemente de la culpabilidad.

Estos ejemplos no niegan que haya experiencias positivas con respecto a la ley. Muchas de ellas han sido conquistas de la clase trabajadora, como por ejemplo el derecho de que las mujeres embarazadas gocen de cuatro meses de permiso y con gozo de salario. Pero, nuevamente, gracias a esta ley buena, las mujeres con posibilidades de quedar embarazadas no pueden encontrar trabajo con facilidad. El sistema para funcionar necesita de instituciones y estas de normas, pero tanto el sistema, las instituciones y las normas o leyes entran en complicidad, aun sin proponérselo para ocultar la injusticia. Eso es lo que Pablo llama pecado, que necesita de la ley o leyes para legitimarse.

Es muy probable que mucho de la crítica de Pablo a la ley proceda de su propia experiencia con la ley, sea romana o judía. Su experiencia en la cárcel y los tribunales la encontramos en Hechos. Por ejemplo, en Filipo, colonia romana, los pretores mandaron azotar desnudos públicamente a Pablo y a Silas y los hicieron encarcelar después, sin ningún juicio. Ellos fueron acusados de alborotar la ciudad, de ser judíos y de predicar costumbres que los romanos no pueden aceptar y practicar. El motivo original, por supuesto no era ese, sino el económico, pero ante la ley ese no servía. Según el libro de Hechos, Pablo y Silas tenían ciudadanía romana, y como ciudadanos romanos era totalmente ilegal azotarlos y encarcelarlos sin ningún juicio. Por eso, cuando se enteraron los pretores les suplicaron que salieran de la ciudad (16,25-38). Es importante recordar que el carcelero intenta matarse cuando piensa que los reos habían escapado. Ese acto nos muestra el terror que siente el guarda frente al cumplimiento de la ley por su supuesta irresponsabilidad.
 
En Tesalónica, los acusadores son los judíos, el problema real era religioso, pero como este no funciona ante la ley, la acusación oficial fue “revolucionan todo el mundo, van contra los decretos de César y afirman que hay otro Rey, Jesús.” El problema lo solucionan dando una fianza (17,1-8).

En Éfeso, ocurre algo similar que en Filipo, pero ahora debido a la venta de estatuillas de la Diosa Artemisa. El texto dice abiertamente que sus fabricantes temen perder el bienestar que les da la industria y que su profesión caiga en descrédito, además de que la Diosa pierda su grandeza. Pero este último punto religioso sirve como instrumento de manipulación al pueblo de Efeso para que todos a una acusen a Pablo de sacrílego y blasfemador frente al magistrado. Al magistrado le preocupa no tanto ese problema sino que la ciudad fuera acusada de sedición por la ley romana debido al tumulto; pide a Demetrio que acuse formalmente frente a las instancias legales, y se apresura a disolver el tumulto (19,23-40). El temor es fundado, Efeso no es una colonia romana como Filipo; es una ciudad de las llamadas libres, pero clientes del imperio.

Los últimos ocho capítulos del libro de Hechos se dedican a narrar la experiencia de Pablo con la ley romana y el sanedrín. Pablo es arrestado en Jerusalén, allí es golpeado duramente y sin juicio por sus compatriotas. El tribuno romano no hizo nada pensando que era un terrorista Egipcio (21,38), hay complots contra su vida, es encarcelado por dos años. Pablo es acusado de profanar el Templo y atacar la Ley, pero él insiste que es acusado de creer en la resurrección de los muertos. Según Lucas, frente a la ley romana, las acusaciones no son válidas ni dignas de muerte. Félix, el procurador, espera que le de soborno (24,26), pero no lo recibe y no lo libera después de haber pasado dos años en prisión, como indica la ley cuando las acusaciones no tienen suficiente fundamento. De manera que Pablo ilegalmente sigue prisionero. El narrador claramente indica que deja a Pablo en la cárcel para congraciarse con los judíos (24,27). Finalmente Pablo en su derecho como ciudadano romano apela al César. Pero este recurso se volverá contra él. No solo porque será condenado a muerte en Roma dos años más tarde, sino porque las autoridades romanas, entre ellos rey Agripa, el procurador y Berenice, queriendo liberarlo por no haber encontrado nada digno ni de muerte ni de prisión, se sintieron atados por la ley. “Agripa dijo a Festo: Podía ser puesto en libertad este hombre si no hubiera apelado al César.” (26,32)

Hemos visto la experiencia que tienen los excluidos con la ley en un sistema injusto, y también la experiencia poco agradable de Pablo de Tarso con la ley en el tiempo del imperio romano. Pasemos ahora a analizar uno de los capítulos más difíciles sobre la ley en Romanos, pero que con los ejemplos arriba mencionados su comprensión se esclarece muchísimo.

 Romanos 7,7-21

El cap.7 está en estrecha relación con el cap.6, el cual habla del proceder de haber muerto al pecado. Pecado, en términos paulinos es “aprisionar la verdad en la injusticia”. En el cap.6 se muere al pecado para fructificar para Dios, es decir, para practicar la justicia que lleva a al vida y a las nuevas relaciones interhumanas. El cap.8 enfatiza el don del Espíritu de Dios derramado en los corazones para que el ser humano sea capaz de fructificar, libres de la ley y del pecado. El cap.7, que estamos analizando, busca aclarar el rol de la ley, su complicidad con el pecado, y su imposibilidad de establecer la verdadera justicia y nuevas relaciones humanas. Lo importante para Pablo, entonces, no es condenar la ley, sino mostrar otra manera de vivir más fructífera, es decir una forma de vida en la cual la vida del sujeto es más importante que el cumplimiento de la ley. Por eso, al mostrar esa nueva forma de vida, relativiza la ley como una norma absoluta a seguir.

Romanos 7,1-7 es una transición que une la discusión anterior, sobre el morir al pecado y el resucitar para fructificar.

En Ro 7,7-25 Pablo presenta dos puntos de carácter aclaratorio con respecto a la ley, al pecado y al sujeto.

a. Los versículos 7,7-13 explican la relación funesta entre pecado y ley, así como la consecuente aniquilación de la conciencia;

b. Los versículos 7,14-24, exponen la relación funesta entre el pecado y la persona humana.

Obsérvese que en ambos casos el problema fundamental no es ni la ley ni la persona, sino el pecado estructural (amartia) que convierte a la ley y a los deseos humanos en sus mecanismos para ser efectivo y mostrar su poder destructor y mortífero.

En el primer punto Pablo subraya la distancia entre ley y pecado. La ley no es pecado en sí. “¿Qué decir entonces? ¿que la ley es pecado? ¡De ningún modo!” Más tarde, en 7,12 incluso dirá que la ley es buena, justa y santa, y la ley o precepto es dada para dar vida (7,10), de eso Pablo no tiene duda.

Sin embargo, para Pablo el mundo del mal, es decir, del pecado estructural, solo se conoce a través del funcionamiento de la ley.
“Vivía yo un tiempo sin ley! Pero en cuanto sobrevino el precepto, revivió el pecado, y yo morí; y resultó que el precepto dado para la vida, me causó muerte. Porque el pecado, aprovechándose del precepto me sedujo, y por él me dio muerte.” (7,9-11)

Los ejemplos mencionados al inicio de esta reflexión nos ayudan a comprender mejor las afirmaciones paulinas sobre la ley, que parecieran ser muy abstractas. Los ejemplos dejan ver que detrás de la ley hay un sistema pecaminoso que hace que al cumplirse la ley aparezca con nitidez su rostro.

El funcionamiento legalista de toda ley no permite consideraciones o misericordia sobre la situación particular de los sujetos; por eso, al cumplirse la ley se cometen injusticias, aun a pesar de quienes la ejecutan. La familia Ruiz es echada a la calle al cumplirse la justicia de la ley por no pagar la renta. Nadie puede culpar a la ley ni a sus ejecutores, no hay conciencia de culpa porque se ha hecho legalmente. El problema de fondo es todo el sistema pecaminoso que necesita de la ley para afirmarse y legitimarse. Sin ley, dice Pablo, el pecado está muerto (7,8), es decir no puede funcionar para mostrarse legal. La ley ata las manos de quienes desean que los casos a los cuales se aplica el peso de la ley, tomen rumbos más justos. Franz Hinkelammert, teólogo-economista de Costa Rica, afirma en su estudio de Juan, que en el cumplimiento de la ley se comete pecado cuando la ley se cumple legalistamente sin considerar en primer plano la vida de los sujetos.

Lo importante es pues la vida corporal de los sujetos. La ley se ha de supeditar a ese criterio. Jesús lo dijo en palabras muy sencillas e iluminadoras para el tratamiento del tema: “el sábado se ha hecho para el servicio del ser humano y no el ser humano para el servicio del sábado”.

En 7,9-11 aparece la alineación del yo al aparecer la ley y tomar el lugar del yo. El yo, es decir la conciencia que discierne, desaparece cuando la ley funciona, porque no se siguen criterios diferentes de acuerdo a la situación concreta de los sujetos, sino se aplican dictámenes universales válidos en todo tiempo, lugar y situación. Es aquí donde el sistema pecaminoso o pecado estructural toma su fuerza. La ley, inevitablemente se convierte en un mecanismo utilizado por el pecado. Es en ese sentido que el pecado se aprovecha de la ley y el discernimiento humano no tiene lugar. Por eso muere lo humano. No hay cabida para la interferencia humana. Sabemos que el origen de la ley es el desorden y la violencia, pero la ley echa mano de toda su violencia al aplicarse con rigor para que haya orden, esta situación se agrava al extremo cuando se da la complicidad entre un sistema violento pecaminoso y la aplicación de las leyes (incluyendo sus instituciones y tradiciones) para preservar no el orden, sino la inversión del sistema. Por eso no nos extraña la irracionalidad del sistema económico actual y sus leyes que lo legitiman. Las lógicas se unen y se refuerzan contra los intereses de la humanidad misma y su habitat, y no solo de los excluidos. Este aporte paulino de la relación funesta entre la ley y el pecado estructural, y el aniquilamiento de la conciencia es un aporte importantísimo en la crítica de Pablo a la ley. Los ejemplos ayudan a entender las consecuencias que Pablo avizora en su análisis.
 
Ro 7,14-24 se concentra en la persona y su complicidad con el pecado. En el párrafo anterior dimos a entender que las conciencias de los sujetos, a diferencia de la ley, funcionan con discernimiento y así pueden orientarse por el criterio del bienestar humano. Si el caso fuera así tan sencillo, no se necesitaría de leyes que rigieran el convivir humano. Las conciencias de los sujetos bastarían para no dar paso a las injusticias. Pablo hace ver en estos textos la complejidad del problema. Para él, la condición humana es frágil y el corazón de las personas puede albergar codicia y egoísmo. La tensión entre vida y muerte está presente en todo y en todos. No hay unos buenos y otros malos. Por eso, en una sociedad invertida, el pecado estructural no solo absorbe la ley, sino también atrae los deseos propiamente humanos tendientes a la avaricia y al egoísmo (epithymia). Muchas personas honestas de pronto se ven envueltas en la corrupción, y dejan de serlo. La avaricia y el egoísmo fueron los que iniciaron la construcción del pecado estructural, al realizar toda clase de injusticias y encubrirlas con razonamientos religiosos o filosóficos de acuerdo a Ro 1-3. Es a esto que Pablo llamó “aprisionar la verdad en la injusticia” (1,18), y que llamará pecado a partir de Ro 3,10.

No obstante, Pablo recalca que el problema no es ni la ley en sí ni la persona en sí, sino el pecado (amartia). Pablo presenta un dilema trágico en el ser humano: su conciencia separada de su práctica. No se trata, entonces, de una conciencia alienada al ser sustituida por la ley, sino de una conciencia que sabe lo que quiere y que se orienta hacia el bien, pero concluye en una práctica divergente, motivada por el pecado. Esta realidad descrita como una tragedia humana la repite cuatro veces:

Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado. Mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco.... en realidad ya no soy yo quien obra sino el pecado que habita en mí.
Pues bien sé que nada bueno habita en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí.

Descubro, pues esta ley: aunque quiera hacer el bien, es el mal que se me presenta. Pues me complazco en la ley de Dios según el ser humano interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado, que está en mis miembros (7,14-23).

Así, pues, soy yo mismo que con la razón sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. (7,21)

En estos textos se resaltan dos aspectos:

1. La tensión y distancia entre el querer hacer el bien y el obrar el mal como resultado final de la intención;

2. La realidad del pecado (amartia) como causante de esa incoherencia.

Todo eso parece una descripción muy abstracta, pero en realidad Pablo está dibujando una realidad cotidiana de una sociedad invertida. Puede leerse desde diferentes planos, algunos superficiales y otros más complejos.

En los ejemplos mencionados de nuestra realidad cotidiana todas las personas hacen lo incorrecto motivados por necesidad, pero ninguno tenía intención de hacerlo. De hecho no se hubiera transgredido la ley si ellos viviesen en un mundo justo y humano. Veamos este otro ejemplo también cotidiano. María Luisa se convirtió en prostituta hace pocos días. Es madre de tres hijos pequeños y su marido la abandonó. No encontró trabajo en ningún lado y como sus hijos necesitaban comer decidió seguir los pasos de una amiga, que vivía una situación similar. Odia su trabajo, ella dice que se siente usada y sucia cuando llega a su casa; pasa mucho tiempo bañándose. De acuerdo a la ley ella no debe ejercer la prostitución - sin permiso - lo hace clandestinamente, y de acuerdo a su voluntad ella está en contra de llevar esa vida. Aplicando las palabras de Pablo podríamos decir que “hace lo que no quiere, y lo que quiere hacer no está a su alcance”. El problema es pues la sociedad injusta en la cual se vive, en otras palabras, el pecado. Para sobrevivir hay que hacer lo incorrecto, de acuerdo a la ética establecida por la ley.

Otro plano se observa en aquel funcionario que se ve obligado a cumplir la ley, muy a su pesar, para ejecutar las sentencias: encarcelar al pobre que roba, echar a la calle a las familias que no pagan el alquiler, perseguir a las prostitutas, etc. Muchas veces su discernimiento de que se comete injusticia al ejecutar la ley es claro, pero se sienten atados por la ley, y no ven otra alternativa que cumplir la ley o perder el trabajo. Lo que quieren hacer no hacen, y lo que hacen no quisieran hacerlo. Son personas títeres del sistema y sus leyes y esto muy a su pesar.

Finalmente tenemos aquellas personas cuya fragilidad humana se vuelve cómplice de la ley y del pecado. La lógica de la sociedad invertida es tal, que aunque estas personas tienen la conciencia clara y no quieren hacer lo que hacen, sus intereses avaros y egoístas hacen alianza con la lógica poderosa del sistema corrupto. Se sienten demasiado impotentes para ir contra la corriente, pues saben que sus intereses personales serán perjudicados y que, por lo tanto, saldrán perdiendo, bajarán de estatus o serán destruidos, y por eso aceptan participar de las prácticas de injusticia.

Pablo describe, pues, un verdadero dilema de la condición humana y de un mundo invertido. Y a pesar de que su dramaticidad se acrecienta por el estilo retórico y por la estructura concéntrica del texto no deja de ser verdad lo dramático de la situación.

Pablo termina lanzando un grito al aire o a Dios: “¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?” Y contesta en el siguiente capítulo: “Y si el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muerto habita en vosotros, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos hará revivir vuestros cuerpos morales por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros (Ro 8,11). Para Pablo eso significa orientarse en la vida no por los dictámenes de leyes sino por el Espíritu - que sopla por donde quiere - que lleva al discernimiento y que sus tendencias son justicia, gozo y paz. Acoger la lógica del espíritu y vivir como resucitados es lo que libera de la ley, el pecado y la muerte. Se trata de nuevas relaciones interhumanas y con Dios que no son de carácter contractual sino de gracia y amistad.

Elsa Tamez
apartado 901
1000 San José
Costa Rica


Parte de este escrito proviene de mi artículo “Pablo y la ley en Romanos”, dedicado a José Míguez Bonino en el 2004.

Compare Elsa TAMEZ, “Libertad neoliberal y libertad paulina”, en PASOS, San José, DEI, n.70, 1997, p.11-16.

Michael WINGER, By what Law - The Meaning of Nomos in the Letters of Paul, Atlanta: Scholars Press, 1992, p.4.

Franz HINKELAMMERT, El grito del sujeto, San José, DEI, 1999.

Es interesante comparar este pensamiento paulino sobre la condición humana con el pensamiento náhuatl. En la filosofía náhuatl los sabios tienen la tarea de “humanizar el querer” de los humanos. De acuerdo a León Portilla, en náhuatl “persona” es la traducción del difrasismo “rostro y corazón”. El ser humano nace sin rostro y es a través del trabajo de los sabios y de la experiencia de la vida que va adquiriendo rostro, su personalidad; y en cuanto al corazón, que significa movimiento, dinamismo, es tarea de los sabios “humanizar su querer” Compare Miguel LEÓN-PORTILLA, La filosofía náhuatl, México, UNAM, 1979, p.228ss.

En las tres secciones de Romanos caps.1 al 11, Pablo muestra un clímax de negatividad para inmediatamente presentar una respuesta bastante positiva.

 

 

 

 
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