Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas
Solidaridad y cuidado: en búsqueda de una economía en función de la vida
Wim Dierckxsens y Sílvia Regina de Lima Silva
Resumen
La presente reflexión busca una puerta de entrada a la discusión sobre economía y un punto de vista que permita rescatarla como parte de la vida cotidiana, que recupere su estrecho vínculo con las relaciones interhumanas y con la naturaleza. Desde las relaciones cotidianas percibir las relaciones de poder que estructuran el sistema de dominación de la economía de mercado neoliberal. Comprender así la economía significa vencer las lógicas dicotómicas predominantes en la racionalidad occidental.
Abstract
The present reflection seeks a good way to enter the discussion on economy and a point of view which allows recovering it as part of daily life, its close ties with the inter-human relationships of power that structure the domination system of the neoliberal market economy. To understand economy this way means to overcome the dichotomist logics prevailing in western rationality.
Introducción
La presente reflexión busca una puerta de entrada a la discusión sobre economía y un punto de vista que permita rescatarla como parte de la vida cotidiana, que recupere su estrecho vínculo con las relaciones interhumanas y con la naturaleza. Desde las relaciones cotidianas percibir las relaciones de poder que estructuran el sistema de dominación de la economía de mercado neoliberal. Comprender así la economía significa vencer las lógicas dicotómicas predominantes en la racionalidad occidental. Es recuperar la relación-tensión entre global y local, producción y reproducción, público - privado y rescatar el cuidado del oikos – de nuestra casa común, la naturaleza. Significa aceptar el desafío de seguir persiguiendo el sueño de una sociedad que sea un mundo donde quepan muchos mundos y la naturaleza. En esa reflexión vamos a trillar los caminos que van de una economía pensada en perspectiva “mercadocéntrica” hacia esta economía en función de la vida.
1 - Economía y la negación de la vida
La economía de mercado neoliberal se basa en una relación mercantil totalizadora. Esta constituye una amenaza para toda la vida humana y natural. Se vive la experiencia del "salvase quien pueda", como ética personal y como ética de la disputa por el reparto del mercado a escala global. Este principio, genera un sufrimiento insoportable y un sentimiento de vulnerabilidad más allá de lo aguantable para amplias mayorías, y no salvará a nadie. El "salvase quien pueda" se desarrolla a partir de la acumulación de capital mediante el reparto del mercado a nivel mundial.
El reparto del mundo, a partir de la primera guerra mundial conllevó a la crisis internacional de los años treinta revelando que el mercado total se estaba encogiendo. La lucha enardecida por un lugar en un mercado en contracción, desembocó en la Segunda guerra mundial.
Después de la Segunda guerra vivimos un período de varias décadas de acumulación de capital basada en el crecimiento económico en cada nación capitalista avanzada a costa de la naturaleza y en detrimento del medio ambiente. En el mismo período se observa una desigualdad creciente entre centro y periferia y se profundiza el "salvase quien pueda" entre los dos sistemas en conflicto a través de la guerra fría.
A partir de los años ochenta y sobre todo después de la caída del muro de Berlín, el neoliberalismo introduce un nuevo período de acumulación de capital basada en el reparto del mercado existente, pero esta vez a escala global. Hasta fines de los años noventa el reparto del mercado mundial fue posible a favor de las transnacionales (y el capital financiero vinculado con las mismas) ubicadas en las principales potencias y a costa del resto del mundo. Hacia fines de los años noventa las ventas de las transnacionales representan el 50% del Producto Mundial bruto contra un 25% dos décadas antes. La acumulación de capital, a partir del reparto del mundo (fusiones, adquisiciones, privatizaciones, sustitución de mercados nacionales por transnacionales mediante el desmantelamiento de aranceles, etc.) se agota. Con ello se agota el espacio para un re-reparto a partir de acuerdos por consenso entre las principales potencias (en la OMC, la G7, FMI, Banco Mundial, etc.).
Cuando la acumulación de capital se agota tanto por la vía del crecimiento así como por un reparto estancado, las ganancias del capital transnacional y financiero tienden a la baja. Esta situación presenciamos entre 2000 y 2001 con el resultado de una verdadera crisis bursátil. A partir de ahí, el re-reparto del mundo adquiere un carácter más bélico que se anuncia inmediatamente después del 11 de septiembre de 2001 con la invasión en Afganistán e Irak. El segundo período de la administración Bush Jr. parece orientarse por una mano más dura aún. ¿Hasta donde podemos seguir la estrategia de un re-reparto del mundo mediante el uso de la fuerza sin que colapse el sistema mismo? La batalla por el mercado a favor de una cultura o nación "elegida" y a como de lugar conduce inevitablemente a una recesión económica global sin precedentes.
Se puede constatar que el reparto del mundo es un proceso excluyente y a largo plazo. La exclusión progresiva aumenta los niveles de vulnerabilidad de excluidos e incluidos. Las mayorías excluidas y sin perspectiva alguna de ser incluidas en el corto, ni en largo plazo, es población sobrante. No solo se ve privada de los derechos económicos y sociales, sino esta población pierde hasta el derecho a la vida.
Junto a la acumulación del capital con el reparto del mercado a nivel mundial, está la planificación central totalizada como respuesta a la economía de mercado. Esta trata de definir el bien común a partir de la planificación centralizada de tal bien común. Eso significa definir las prioridades para la ciudadanía pero sin que ella tenga participación en la definición de las mismas ni en la interpelación de sus resultados. La planificación centralizada es otra modalidad de sofocar la interpelación práctica. Parte del supuesto que el interés general puede ser concebido desde arriba. Esta concepción niega toda posibilidad de autodeterminación. Las masas son consideradas incapaces por si mismas de alcanzar la conciencia necesaria para la autodeterminación de su futuro. En la definición de los planes no hay espacio para una interpelación práctica y permanente de la ciudadanía. No hay espacio para ventilar y resolver conflictos de intereses. La vanguardia aparece como el "sujeto histórico". En vez de abrirse más a una interpelación para encaminar al bien común, la planificación totalizadora suprime más bien tal interpelación e imposibilita la subjetivización de las mayorías.
La acumulación de capital, el reparto del mundo y la planificación central totalizada conllevan a una exclusión progresiva que termina en una eliminación metódica de los que no son parte del mercado. Esa es una economía que resulta en la negación de las condiciones dignas de vida y negación de la vida misma.
2 - Resistencia, economía y la ética solidaria
En medio del dolor de la exclusión y eliminación metódica se genera una resistencia mundial que no solo deslegitima al propio sistema, sino que forja una ética solidaria donde nos damos cuenta que sin salvar al "otro" no habrá salvación para mí1. Esta conciencia de que nadie puede vivir si no puede vivir el "otro" (la otra persona, la otra raza, el otro sexo, la otra nación, la otra cultura, la naturaleza fuera de mí), esta ética solidaria se produce al interior de la realidad. Aquí tampoco se trata de una ética exterior derivada de alguna esencia humana. El bien común se presenta primero como resistencia. Como, en términos de Hinkelammert, solo se puede conocer el límite de lo aguantable después de haberlo sobrepasado, la ética del bien común surge en una relación de conflicto con el sistema basado en el cálculo de utilidad. La ética del bien común opera, entonces, desde el interior de la realidad. El bien común es este proceso en el cuál se introducen valores que son enfrentados al sistema para interpelarlo, transformarlo e intervenirlo. En esencia es una ética de la resistencia, la interpelación y la intervención2. El supuesto para que opere el principio del bien común es el reconocimiento que nadie puede vivir si no puede vivir el "otro". Son los valores del respeto al ser humano, a la vida en todas las dimensiones incluyendo el respeto a la vida de la naturaleza.
Eso implica por un lado que el ser humano concreto recibe, en principio, de acuerdo con sus necesidades y que pueda auto realizarse lo más plenamente posible. Por el otro lado, se espera que cada ser humano como ente comunitario contribuya a la sociedad como un todo, de acuerdo con su capacidad adquirida en sociedad. El punto de partida es que la autorrealización, es decir, llegar a ser sujeto pleno, solamente es posible en el otro y junto a él. El bien común sobrepasa el cálculo de utilidad. Este planteamiento apunta hacia una economía alternativa.
3 - Economía como el arte del cuidado3: rediscutiendo producción-reproducción
Una economía alternativa apunta, hacia una sociedad de seres humanos libres e iguales que como sujeto construyen su futuro. No se trata de una mera ilusión sino de un proyecto movilizador. Es imaginar y luchar por una sociedad donde el ser humano ya no está dominado, explotado ni rebajado a ser un mero recurso o medio en función de la acumulación4. Es poner la economía en función de la vida misma y no sacrificar la vida en función de la economía de mercado. Desde el punto de vista del mercado, como sistema totalizador, las exigencias de la vida humana son percibidas como distorsiones. La propia economía de mercado y su funcionamiento como sistema constituyen la finalidad y la vida humana y natural apenas un recurso para este sistema. Desde el punto de vista de los seres humanos afectados, sin embargo, la totalización de la economía de mercado aparece como distorsión de la vida humana y natural que experimentamos como vulnerabilidad ascendente.
En segundo lugar una economía en función de la vida cuestiona el papel y la relación que tradicionalmente se ha establecido en la sociedad entre lo que es la producción económica y la reproducción de la vida humana. En ese sentido, el conjunto de la sociedad se ve afectado por lo que se ha denominado la crisis del cuidado. Hay un “mundo de actividades humanas fuera del terreno iluminado del mercado”, que aquí denominamos trabajos de cuidado. Los trabajados relacionados con el cuidado son aquellos que están vinculados con la reproducción de la vida en sus diferentes aspectos que van desde el preparo de los alimentos, cuidado de la ropa, de la casa, proveer el descanso y la recreación hasta los aspectos de reproducción en sentido más estricto, relacionado con el embarazo, el parto y el cuidado de las vida de las/os recién nacidos. En esta misma línea está el cuidado de los adultos mayores y de los enfermos. ¿Son trabajos? Sí, son, pero no están contemplados dentro de la economía en una perspectiva mercadocéntrica.
El cuidado es parte de la naturaleza humana. Es una manera del propio ser de estructurar y darse a conocer. No tenemos cuidado. Somos cuidado. El cuidado posee una dimensión ontológica que entra en la constitución del ser humano. Sin cuidado dejamos de ser humanos. Esta dimensión de la vida, relacionada tan profundamente con la identidad de lo humano desaparece dentro de una economía de mercado bajo las categorías de trabajo productivo e improductivo o como se ha mencionado anteriormente, aparece en la forma de un dualismo de exclusión entre trabajo vinculado a la producción, por el cual se recibe un reconocimiento y valor monetario y la reproducción de la vida, que muchas veces ni siquiera es considerado trabajo. Es importante llamar trabajo a muchas cosas más, recuperar las actividades invisibilizadas, resaltar las características de “el otro trabajo / los trabajos”, nombrar sus protagonistas. Eso se acompaña de un rechazo al mercado y a lo monetario como únicos ejes del análisis. Significa poner en su lugar el mantenimiento de la vida y el tiempo de la vida. En esta reflexión no olvidaremos las relaciones de poder que están involucradas en el reparto de los trabajos, sus frutos y riquezas.
La lógica del cuidado es incompatible con la lógica del mercado. Con la hegemonía del neoliberalismo, con el individualismo y la exaltación de la propiedad privada, hay un descuido y un abandono de los sueños de generosidad y cuidado de los demás. La economía comprometida con la vida de los seres humano y de la naturaleza, funciona con otros lentes. En función de la vida, los seres humanos realizan muchos trabajos (el doméstico, el voluntario, el pastoral, etc.) que generan riqueza, pero esta no se limita a una expresión monetaria.
El cuidado aparece en la relación con el otro/a pero también con relación a la naturaleza.
4 - Hacia una economía sostenible, equitativa, en función de la vida
En una economía alternativa, la naturaleza es vista como riqueza y llena de vida. Conservar la riqueza presente en la naturaleza es aumentar el stock de riqueza por su contenido. La riqueza como valor de uso conservado nos rodea durante más tiempo. Con ello aumenta el stock de riqueza presente, aunque su conservación no genera más riqueza en forma de dinero. Para una economía de mercado totalizado, este hecho constituye el fundamento del desprecio por la naturaleza, por el trabajo no pagado y por la conservación de la riqueza natural y material. Para la economía de mercado, la conservación de la riqueza natural o producida, no aumenta la riqueza en dinero. No se pierde nada al despilfarrarlo; más bien se vuelve a ganar dinero más rápidamente al volver a producir la casi misma cosa con velocidad cada vez mayor.
En la medida en que la vida natural se reproduce de forma más lenta de lo que se reproduce el capital, el colapso de la naturaleza es cuestión de tiempo. Con ello la vida humana está en juego y por ende la del propio capital. A partir de la acumulación del capital es imposible hablar de una economía sostenible. La acumulación de capital sacrifica más bien, cada vez más, la vida natural y humana en función de la propia acumulación.
Pero, también aquí se desarrolla la resistencia y se vislumbra la conservación del medio ambiente con claridad creciente como un bien común o patrimonio común de la humanidad. La economía sostenible supone y requiere una economía solidaria, es decir, solidaria con la naturaleza y también con las generaciones futuras. Una economía solidaria no toma una hipoteca sobre futuro de la vida natural y humana con la única finalidad de acumular más dinero en el corto plazo a costa de un colapso a mediano o largo plazo.
En una economía alternativa no se saca de la naturaleza más recursos de lo que la naturaleza es capaz de reponer a largo plazo. En una economía alternativa, la velocidad de la producción material de la economía tiene que disminuir para ajustarse a la velocidad de la reproducción de la propia naturaleza. El consumo de los recursos naturales renovables, en otras palabras, no puede ir más de prisa de lo que la naturaleza es capaz de reponerlas. El consumo de recursos no renovables (como las tierras húmedas, las tierras agrícolas y los minerales, incluyendo el petróleo) muestra un límite aún mucho más grande.
La biodiversidad se encuentra en el corazón mismo de una economía orientada hacia la regulación de la propia vida natural en armonía con la vida humana. La reforestación con bosques útiles para la explotación, implican una pérdida de biodiversidad y no constituyen una alternativa. No solo sacrifica la diversidad forestal, sino sacrifica a la vez la flora y fauna que alberga. Aquella regulación económica que no se oriente por la conservación de la diversidad de la vida natural no se orienta por la vida misma. La pérdida de vida natural es pérdida de riqueza no solo para las generaciones actuales, sino también para las próximas y constituye, por lo tanto una economía no solidaria. Esta pérdida de la naturaleza no se contabiliza en una economía de mercado, ni puede ser contabilizada en números.
En una economía sustentable los recursos naturales han de ser al menos patrimonio común de los pueblos y a menudo incluso patrimonio común de toda la humanidad. Tanto el Bien Común como la naturaleza no se dejan expresar en números. La economía contable ha de subordinarse, entonces, a criterios no contables propios de la lógica de una economía de la vida. El colapso de la naturaleza es cuestión de tiempo, pero entonces también son concretas las amenazas de toda la vida humana y natural. Punto de partida para una economía alternativa y sostenible es la conservación de la vida humana y natural a través del tiempo.
Toda esta reflexión se relaciona también con el tema de la salud. La generación y conservación de un óptimo estado de bienestar físico, mental y social, es decir la salud, es más que curar enfermos que tienen capacidad de pago o fomentar el consumismo de drogas para acumular más dinero, como suele ser concebida la salud dentro de la lógica de una economía neoliberal. En la actual economía de mercado, apenas el 1% de todos los medicamentos nuevos (generados durante el último cuarto del siglo pasado) atienden el tratamiento de las principales enfermedades de las poblaciones del Sur sin capacidad de pago. Durante el último medio siglo, la distancia entre la tasa de mortalidad infantil de los países con la tasa más alta y aquellos con la tasa más baja, pasó de 13 a 42 veces. La salud pública de la especie humana no genera dinero y es vista por la economía de mercado como un costo falso que no beneficia en nada al capital que por lo tanto hay que reducir al máximo. La salud pública depende en buena medida de la salud del medio ambiente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 33% de las enfermedades en el mundo son causadas por la degradación del medio ambiente. No hay salud de los seres humanos sin salud de la naturaleza, es decir, sin una adecuada conservación del medio ambiente natural. Una economía alternativa se preocupa con la vida e implica en conectar los ciclos de vida de la naturaleza en general con aquellos de la vida de la especie humana misma a través del tiempo.
Una economía en función de la vida implica una revaloración de la vida de todo lo que nos rodea. Se orienta por el contenido de la riqueza material y no por la riqueza por su forma, o sea, como dinero. La riqueza existente bien conservada es el criterio de bienestar y no la riqueza en dinero producida gracias a la reducción de la vida de todo lo que nos rodea. A partir de una racionalidad en función de la vida, se subraya la calidad de las cosas producidas y se torna secundario su valor en dinero. Es decir, el valor de uso de las cosas comienza a prevalecer sobre su valor de cambio.
Conclusión
La acumulación propone como objetivo único de la economía la expansión del mercado. Esta lógica de acumulación rige las decisiones sobre cómo estructurar los tiempos, los espacios, las instituciones legales,… el que, cuánto y cómo producir. La producción no es en función de las necesidades sino en función de los beneficios de las grandes potencias económicas. Hoy, el reparto del mundo se da con estrategia militar. La guerra, la militarización son los ejes del proyecto de dominación mundial.
En este mundo tan complejo y amplio, las relaciones económicas de nivel micro están articuladas y siendo influenciadas por acciones y situaciones en el nivel de la globalización. El corazón del sistema económico actual es la acumulación, en esos diferentes niveles, es el mercado. Un nuevo sistema económico es posible en la medida en que se supere la lógica mercadocéntrica y se asuma como eje de la organización social y económica la vida humana con sus necesidades y la vida de la naturaleza.
Lo anterior implica en un cambio de mentalidad, en una nueva lógica, en un nuevo paradigma. En la construcción de este nuevo paradigma hay que recuperar elementos que son parte de la identidad, del modo de ser humano. Proponemos la solidaridad y el cuidado como principios que reorienten nuestro modo de estar en el mundo y la búsqueda de una nueva ética en la economía. Junto a ese esfuerzo esta la necesidad de deconstruir el discurso religioso-político-económico dominante y de fortalecer la reconstrucción de nuevos imaginarios que fomenten la solidaridad y el cuidado como principios que devuelvan el corazón, el sentido a la economía.
Wim Dierckxsens
Apartado 171
2070 San José
Costa Rica
Sílvia Regina de Lima Silva
Apartado 901
1000 San José
Costa Rica
DIERCKXSENS, Wim, El ocaso del capitalismo y la utopía reencontrada, Bogotá: Ed. Desde Abajo, 2003, p.160.
HINKELAMMERT, Franz, El retorno del sujeto reprimido, Bogotá: Ed. Universidad Nacional de Colombia, 2002, p.97-99.
Diferentes grupos del movimiento social e intelectual están reflexionando el tema del cuidado. Aquí también será citado el trabajo de algunas feministas. El tema es trabajado también por Leonardo Boff en su libro Saber cuidar, su enfoque destaca la dimensión ética y de la espiritualidad. De la dimensión ética se puede deducir las implicaciones para una reflexión desde la economía. Ver: BOFF, Leonardo, Saber cuidar – Ética do humano – compaixão pela terra, Petróplis: Vozes, 2004.
HOUTART, François, “Alternativas posibles al capitalismo”, en CETRI, Desde Abajo Alternativas Sur, vol.1, n.1, 2002, p.26.
Para esta reflexión tomamos como referencia el pensamiento feminista que es uno de los que más ha trabajado el tema. ¿Hacia una Economía Feminista de la sospecha? Amaia Pérez Orozco
Leonardo BOFF, Saber cuidar, p.34 y 89.
Amaia PÉREZ OROZCO,
Leonardo BOFF, Saber cuidar, p.18.
MCMURTRY, M., The cancer stage of capitalism, Londres: Pluto Press, 1999, p.161-162
CETRI, “Les obstacles a la santé pour tous”, en Alternativas Sur, vol.11, n.2, 2004, p.9-10.
CETRI, “Les obstacles a la santé pour tous”, p.8.10.
Río, S. del (2000), "Mujeres, globalización y Unión Europea Algunas
reflexiones", .
SUNG, Jung Mo, Revista Pasos, n.110, San José: DEI, 2003, p.5.
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