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La presentación de los ESCRITOS

La Revista de Interpretación Bíblica Latino-Americana/ RIBLA, presenta, a través de este vol. 52, una introducción a la tercera parte del canon hebraico, los Escritos, ketubim. En volúmenes anteriores ya publicamos introducciones a la torah o al pentateuco (Ver vol. 23) y a los Libros Proféticos, a los nebi’im (vol. 35/36). La intención de esta serie de números es la de presentar una introducción al Primer Testamento, tomando en cuenta la disposición de los libros en la secuencia de la Biblia Hebraica. Esta secuencia también es adoptada en la Traducción Ecuménica de la Biblia .

Ciertamente todavía no estamos muy acostumbrados a lidiar con la lógica secuencial de la propia Biblia Hebraica, bien sea con una traducción cualquiera, bien se trate de la Traducción Ecuménica de la Biblia. Y ni siquiera el presente volumen de RIBLA enfoca las diversas posibilidades inherentes al uso de la secuencia del canon hebraico. Una ardua tarea permanece frente a nosotros para un descubrimiento cada vez mejor y más profundo de lo que motivó la constitución de la secuencia, tal como la pasamos a conocer, a través del presente volumen de RIBLA.

Los Salmos encabezan la colección. Encaminan e interpretan estos Escritos. Y esto es señalado de un modo muy explícito por el propio salterio. Ahora bien, fue subdividido en cinco libros: 1-41; 42-72; 73-89; 90-106 y 107-150. La torah ciertamente sirvió de modelo para esta subdivisión. En este sentido, los Salmos son una manera de meditar y orar la Ley (véase ¡Sl 1 y Sl 119!). Sin embargo esta ‘ley’ no sólo influenció los Salmos de un modo señalado, también la profecía así lo hizo. Pienso de inmediato en la profecía como elaboración de esperanza, como su fermentación en medio de la trayectoria del pueblo. Los Salmos se dedican de manera peculiar al mesianismo, como conformación histórica y política de las angustias por un nuevo comienzo: cito los salmos mesiánicos más expresivos: 2; 20-21; 45; 72; 89; 110; 132. Estos salmos de esperanza por días de libertad, tienden a no estar agrupados, sino más bien, espaciándose por el libro, como para verlo sembrado a favor del mesianismo. Es obvio que este asunto mesiánico vincula de un modo nítido, el libro de los Salmos a la Profecía, un libro con la mirada puesta en el horizonte de las expectativas. Si bien, que en este aspecto del mesianismo, se dé estrecha vinculación, entre profecía y salmos, no podemos decir lo mismo en otro aspecto: los profetas y los salmos se vinculan fuertemente al tema de los pobres, sin embargo lo hacen de dos modos distintos. En los profetas, los pobres aparecen principalmente, como personas defendidas por los dichos de denuncia; ahí son, gramaticalmente, “objetos” en las frases en las cuales los profetas los citan. En nuestros Salmos, los pobres son mencionados principalmente como “sujetos”; el ‘yo’ que hace la oración/salmo es el pobre. En nuestros salmos, tenemos, pues, una profundización del sentido histórico de los pobres: a ellos no se hace referencia, ¡ellos la hacen a sí mismos! Por lo tanto, los Salmos se vinculan a la ‘ley’/ torah y a la ‘profecía’/ nebi’im, y también a la sabiduría (ver Salmo 1). Y, además de eso, también abren camino para nuevos contenidos, como por ejemplo, para el pobre que dice su propia palabra, o para la formación de nuevo futuro, a través de los salmos de alabanza, de la ‘ley’ y de las esperanzas, entre ellas las mesiánicas.

El libro de Job se sitúa, también temáticamente, en las inmediaciones de los Salmos. Estrictamente hablando, todavía no comienza con un nuevo tema. Tiene su lugar junto a los salmos de lamentación.
Su ‘yo’ es el de un doliente, y simultáneamente un esclavo, un pobre, sí, el ejemplar justo. Quiere que el mundo sea visto desde su perspectiva, a partir de una experiencia de dolor. Sus amigos interlocutores, no le quieren otorgar este derecho. Ya que, al fin y al cabo, no aceptan dar sentido y significado a la basura, en la cual se encontraba este Job. Tales contenidos son también los de un salmo de lamentación, en cuyas tradiciones se sitúa éste, nuestro libro.
Entiendo, pues, que Salmos y Job, se integran en la función de introducir al conjunto de los Escritos. Los Salmos no solamente se abren en función de los Escritos, sino que también se correlacionan al conjunto de la ‘ley’ y de los ‘profetas’. Job es, temáticamente, más coherente y orientado hacia los Escritos.

El libro de los Proverbios da seguimiento a Job. Dolor y sufrimiento pasan a ser confrontados a las dificultades –aunque pequeñas- para su superación. Pues, ésta es la propia función de los Proverbios: abrir espacio y concretizar el “temor a Javé” (1,7). Con todo, este ‘temor’ no es el conjunto de grandes y espectaculares acciones. Es constituido más bien, por el delineamiento de las pequeñas escenas de la vida diaria. Un Proverbio es justamente eso: una luz breve, en medio de las pequeñas escenas de la vida. Y en estos escenarios inmediatos, cotidianos y accesibles, residen nuestras oportunidades de luchar por la vida. Al final, los horizontes mayores están ocupados, bien porque los persas en el post-exilio, cual saltamontes parecen cerrarlos y ocupan todos los espacios (vea Joel 1-2), bien porque los señores del templo conceden poco o ningún espacio al mundo de los laicos. En estas estrecheces de la vida, la existencia de cada día, las relaciones con las personas cercanas, la intervención sabia en lo que es posible hacer, la educación de las hijas y de los hijos se vuelven vitales. A pesar de que el dolor sea grande, las muchas pequeñas luces que los Proverbios encienden en medio de la vida, abren grandes perspectivas. Es lo que señala la “mujer en lucha” al final de los Proverbios, en 31,10-31. Esta misma expresión, “mujer en lucha”, es atribuida también a Rut (3,11). ¡Por tanto, hay salida!

A continuación están Rut y la Sulamita. Quiero decir que dos libros ejemplifican lo que Proverbios quiere expresar al referirse a las salidas y soluciones para la vida, en pleno post-exilio. Por ejemplo, al enfatizar que la sabiduría llega a marcar el propio concepto de Dios en Proverbios 8-9 y que la “mujer en lucha”, al final del libro de los Proverbios, revela la relevancia de la mujer en el concepto de la sabiduría, el propio libro de Proverbios encamina hacia los dos libros subsiguientes, el de Rut y el de Cantar de los Cantares (o el Cántico de los Cánticos). Es pues, intencional, en nuestra comprensión, que Rut y el Cantar, den seguimiento a los Proverbios. Difícilmente se podrá afirmar que tal seguimiento sea un mero accidente. – El libro de Rut realza el alcance de las luchas de las mujeres. Es verdad, primero su empeño es a favor de la vida del día-a-día. Es también efectivización de la torah; su alcance es, pues, mayor. Al realizar lo necesario para la vida, Rut y Noemí realizan la ‘ley’ de los pobres. Lo mismo hay que decir para el cap. 4, un capítulo sin conexión muy profunda con los otros tres capítulos del libro. Pero, nuevamente, su destaque, es el cumplimiento de la torah, en el caso de la ‘ley’ del levirato. – Pienso que hasta sea posible correlacionar Rut y el Cantar, considerando el encuentro de Rut y Boaz en la era, en la noche de la fiesta de la cosecha. ‘Amado’ y ‘amada’ del Cántico, parecen ser, antes que nada,, considerando la secuencia canónica de los libros, los propios Rut y Boaz. Lógico, el Cántico no se agota en esta su eventual acción ‘biográfica’. Ya que su intencionalidad es propia y específica, pero en términos de contextualización literaria, me parece adecuado relacionarlo al libro de Rut. Llama la atención que el Cántico es un conjunto de cinco poemas (1,5-2,7; 2,8-3,5; 3,6-5,8; 5,9-8,4 y 8,5-14), que, por más que tengan su encanto en lo que atañe al encuentro entre mujer y hombre, no dejan de remitir a los cinco libros de los Salmos o a los cinco libros de la torah. En la autoridad de tales colecciones literarias, el Cántico pone sus exigencias expresas, por ejemplo, luego del inicio, en 1,5-6, y, con resalte, al final, en 8,5-7.8-10.11-12. El Cántico es, simultáneamente, celebración del amor y de lo erótico del encuentro entre mujer y hombre, como es, igualmente, un libro de denuncia contra las opresiones de la mujer. En este sentido, el Cántico complementa al de Rut.

En cuanto Rut y el Cántico expresan superaciones, en medio de dolores y sufrimientos, Eclesiastés o Cohelet y Lamentaciones, vuelven, con insistencia total, a enfocar lamentos y opresiones, alcanzando la proximidad a los salmos de lamentación y al libro de Job, llegando hasta a superar los dolores allí expresados. Así se percibe que los dolores y sus pequeñas-grandes superaciones, representan uno de los ejes temáticos decisivos de los Escritos. – El libro del Eclesiastés forma parte de la expresión del dolor, del “vacío”, o mejor del “viento”/hebel rodea y traspasa la vida. En este aspecto, el libro es, en cierta forma, un ‘lamento’ sobre la vida que se desvanece, sin oportunidades
 Y corriendo el riesgo de ser vivida sin validez. Pero, éste sólo es uno de los aspectos de este Cohelet. Hay otro que mira con esperanza hacia la vida y de ella obtiene alternativas y futuro, como por ejemplo, 11,1-6 y otros pasajes paralelos. Esto indica que Eclesiastés no está tan lejos así ni del libro que le precede, Cántico de los Cánticos, y ni del propio libro de los Proverbios. – Quien radicaliza decisivamente son las Lamentaciones. Este libro, sí, prácticamente no abre espacios para la esperanza. Se desvanece, del comienzo al fin, en el “¡cómo!” /’ekah (Lamentaciones 1,1). Este grito –“¡cómo yace solitaria la ciudad, en otros tiempos populosa!” - retumba por los lamentos colectivos del libro, de un modo profundamente desesperanzador. Eclesiastés/Cohelet no alcanza a expresar la desgracia con tamaño énfasis, así como Lamentaciones la describe. En la secuencia de los salmos de lamentación, en los Salmos, del protesto-desespero de Job, de la pregunta crítica de Eclesiastés, es Lamentaciones el libro de la desesperanza más radical. Para Jerusalén, para quien está vencido, para los pobres – no hay ni oportunidad ni futuro. ¡Mayor vacío que el de Lamentaciones no existe! Si esta evaluación del contenido y de la posición canónica de Lamentaciones, fuera la adecuada, entonces los Escritos están dispuestos, por un lado, en esta línea de profundización mayor en el dolor, en esta perspectiva del aumento cada vez más desesperante de los dolores y sufrimientos. De ahí, se entiende que, en los Escritos, a éste, ya no sigue otro de dolor, sino que pasa a insistir en la esperanza, en soluciones.

Ester y Daniel destacan en soluciones. Se trata de alternativas que van más allá de las luces que vemos encendidas en nuestros Salmos, en Job, en Proverbios, en Rut, en el Cántico y en Eclesiastés. Las luces que ahora son encendidas en Ester y en Daniel, son tan fuertes y penetrantes, que llegan a transformar todo, sí alcanzan a vencer a la muerte por la resurrección (¡Daniel 12!) – Pero, ya la secuencia entre Lamentaciones y Ester llama la atención. Si en, como veíamos, prevalecía desesperadamente el “¡cómo!”/’ekah, ahora, en Ester, van a prevalecer otras posturas. Ahora bien, las expresiones son enormes. A semejanza de Lamentaciones, el propio pueblo en la diáspora oriental, está amenazado en su existencia, en el libro de Ester. Sin embargo, no sólo es éste sufrimiento, el que constituye el tema en Ester. Su tema es más bien, la superación de los dolores del pueblo perseguido y amenazado de extinción en la diáspora. En esta superación de los dolores, Ester y su gente planean acciones contra sus perseguidores y vencen. Destruyen, con violencia, a quienes los amenazan. El libro de Ester celebra la victoria contra las opresiones. – El libro de Daniel, en medio de un contexto histórico similar al de Ester, busca otro lenguaje teológico. No son sólo narraciones que lo componen, sino que en sus momentos decisivos son visiones que lo caracterizan (vea en especial Daniel 2; 7-12). Y a través de ellas se impone, en especial en sus dos capítulos finales, caps.11 y 12, una posición distinta de aquella que, finalmente marca el libro de Ester. En Daniel, la propuesta innovadora es la de la no-violencia, la del martirio. Y esta postura será la que lleve a una victoria definitiva, hasta entonces poco expresada en el Antiguo Testamento, la de la resurrección (¡Daniel 12!). De todos modos, también ahí – si bien por otros caminos que en Ester – existe una solución para los dolores y las persecuciones interminables, de las cuales testimonian la primera parte de los libros de los Escritos, a partir de los Salmos. En fin, en los Escritos, se da una victoria sobre los dolores, sea al estilo de Ester o sean ellas al estilo de Daniel. Los dolores insolubles de Lamentaciones, están superadas. En ambas soluciones, la de Ester o la de Daniel, lo que importa es que las interminables ¡Lamentaciones estén ya suplantadas! Dolores o “vacíos” ya no son palabras últimas, sino más bien realidades penúltimas, ¡superables! Es lo que los Escritos celebran; ansían por los salmos de alabanza, con los cuales se completa el Salterio, ¡en su final!

Pero, la victoria no es ‘sólo’ bélica (Ester) y simbólico-apocalíptica (Daniel). Es también ¡cotidiana y práctica! Es, al menos, lo que se ha de deducir de la así llamada ‘obra cronista’, con la cual se cierra el canon de los Escritos: Esdras/Nehemías y 1 2 Crónicas.

Se trata, ahí, en la verdad de los dos libros, considerando que Esdras y Nehemías conformaban, en tiempos antiguos, un sólo libro; lo mismo vale para 1 2 Crónicas. Se trata, pues, de ‘dos’ libros, lo que se asemeja a los otros libros de los Escritos, organizados en forma de pares. Pienso que Esdras/Nehemías preceden a Crónicas, en la secuencia, por cuestiones de contenido: Esdras/Nehemías expresan un contenido más decisivo cuando serían de la época de formación del canon que el de Crónicas, aunque éstos no se distancien demasiado de Esdras/Nehemías. – Esdras/Nehemías, por un lado, hace énfasis en la ‘ley’, su interpretación y su práctica. Concluyen así los Escritos, en cuyo inicio está el Salmo 1, una oración/reflexión sobre la torah. Y, en este mismo libro de los Salmos, se encuentra la subdivisión del salterio en cinco libros, además de eso, el Salmo 119, el mayor de todos los ‘salmos’, trata sobre la ‘ley’. Pero, con este énfasis sobre la ‘ley’, no sólo se hace referencia a los Salmos, sino sobre la propia torah, sobre el pentateuco, centrado en la torah. Sin embargo, esta ‘ley’ no es únicamente, un referencial religioso, o ideal, también es espacial. La ley tiene y ‘es’ un espacio, como se puede ver, por ejemplo, en el libro del Levítico tan preocupado en que en determinado espacio, aquello del templo y de la comunidad jerosolimitana, y, en fin, judía, no se extiendan determinadas ‘dolencias’ (Levítico 1-15), aunque todas ellas sean expurgadas (Levítico 16), y ni se implanten injusticias sociales como el divorcio con las leyes inter-humanas o las de protección de la tierra (véase Levítico 17-27). A semejanza de tal espacio social que la propia ‘ley’ reivindica para sí, Esdras es seguido por ‘Nehemías’, por el cuidado con el espacio de Jerusalén, no sólo cercado con muros para fines de defensa y de protección militar, sino mucho antes como espacio para la efectivización ‘espacial’, ‘geográfica’ de la torah. A estas dos dimensiones de la ‘ley’ como espacialidad y como ética y relación social, se agrega todavía la ‘ley’ como ente familiar, como genealogía, como identidad de personas comprometidas con este proyecto de los libros de Esdras/Nehemías. Por el contrario, esto está, de modo destacado, tanto en Esdras como en Nehemías (véase ¡Esdras 2 y 10; Nehemías 7; 10 y 11!). – Crónicas no se diferencia frontalmente de estas proyecciones de Esdras/Nehemías, si bien, en rigor, ambos libros de Crónicas sean, en verdad, una larga introducción, un camino hacia Esdras/Nehemías.. Al contar la trayectoria desde la creación hasta el decreto de Ciro, establecen realces similares a los que encontramos en Esdras/Nehemías. Menciono, por ejemplo, la relevancia de las genealogías y de la vida con la torah. Pero, también conviene recordarse de la relevancia que los salmos asumen en Crónicas (véase por ejemplo 1 Crónicas 16-17). Igualmente, hay que acentuar que Crónicas radicaliza la visión en relación al norte/Israel. En cuanto que el deuteronomista (Josué hasta 2 Reyes), no admitía que el reino del norte en algún momento haya seguido la ‘ley’, el cronista saca de ahí la conclusión de que esta trayectoria del norte/Israel, ni pertenece, incluso, a los caminos de Dios con su pueblo; el cronista excluye los caminos políticos y religiosos, tomados por el reino del norte. Tales abordajes indican cuánto una nueva visión del pueblo de Dios se manifiesta en la “obra cronista”, en Esdras/Nehemías y en 1 2 Crónicas.

A este cronista sigue, para nosotros, en el Nuevo Testamento, el evangelio de Mateo. Sus profundas aproximaciones a la ‘ley’, pero también sus antagonismos a ésta, en las frases programáticas de Jesús: “yo, empero, les digo”, indican cuán próximos y, concomitantemente, cuán distantes se encuentran los escritos del Nuevo Testamento de la concepción teológica de los Escritos. Sin embargo, no conviene realzar de un modo tan programático las diferencias, porque de ellas, este canon de los Escritos está repleto. Al final, el canon del Primer Testamento, muy similar al del Segundo Testamento, insiste en creativas tensiones teológicas, como lo vemos en el 1er Ester y Daniel, o al estudiar Romanos y Santiago. En el canon, no se pretende nivelar, sino más bien, ver florecer un jardín. Y jardín de una sola flor es monótono. Lo que lo realza son las diversidades.

São Paulo, 30 de noviembre del 2005

Milton Schwantes
milton.schwantes@metodista.br
 


Esta Traducción Ecuménica de la Biblia, originalmente publicada en francés, está siendo publicada, desde 1994, en São Paulo, Edições Loyola.

 

 

 

 

 
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