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Re-escribiendo la historia – Una lectura de los libros de las Crónicas

Shigeyuki Nakanose

Resumen
La historiografía cronista idealiza el pasado para mostrar cómo debe ser la vida en el momento presente. El autor retoma la realeza teocrática de la casa de David con el objetivo de recordar a sus contemporáneos cómo debe ser la celebración del culto, la centralidad y la importancia del templo de Jerusalén, de los levitas, de la obediencia a la ley de Dios y ofrece esperanza en la retribución.

Abstract
The raison d’être of historiography of the book of Chronicles is to idealize the past, in order to show to live in the present. Through the writing, the author retrieves the theocratic splendor of the Davidic house, to remind his/her contemporaries of the proper way to celebrate the religious cult, the importance and the central roles played by the temple and the Levites, of the obedience to God’s Law and of the retributional hope.

La muerte de Iasser Arafat, el día 11 de octubre del 2004, fue un hecho que provocó una conmoción nacional. Millares de palestinos invadieron el local reservado a la ceremonia, impidiendo la realización de homenajes oficiales. Casi treinta mil personas estuvieron en el entierro, en una población de poco más de cien mil personas. En el entierro, la multitud estaba conmovida. Flores, velas, lloros, oraciones, salvas de tiros fueron dirigidas al líder. Para muchos, él era insustituible. Un verdadero héroe para Palestina.

Pero la historia tiene otras versiones, algunos grupos y algunas personas de Palestina juzgaron a Arafat como un ladrón. Él habría desviado presupuestos internacionales para su propio enriquecimiento. Para otros, él fue un terrorista, capaz de matar y destruir a inocentes. El líder palestino se convirtió en un gran obstáculo para el final de los conflictos en el Medio Oriente. Entretanto, él ganó el Premio Nóbel de la Paz. ¿Quién tiene razón?

Los varios grupos escriben sobre el mismo hecho: la vida y la muerte de Arafat, aunque las perspectivas y las lecturas son diferentes. Nuestra visión del mundo depende del lugar en el cual vivimos y de las opciones que hacemos, cada persona o grupo tiene una palabra diferente para describir la realidad. Lo mismo se puede observar en los libros históricos del pueblo de Israel. Cada grupo escribió la historia conforme a sus objetivos e intereses.

De acuerdo con la historia del reinado de Salomón en el Primer Libro de los Reyes, el rey fue obligado a entregar veinte ciudades en la región de Galilea a favor del rey Hiram, de Tiro, como pago por deudas (I Rs 9,10-14). Pero, en el Segundo Libro de las Crónicas , la historia es bien otra. Afirma que el rey Hiram le dio como regalo las ciudades de Galilea (2 Cr 8,1-6). ¿Cuál es la historia verdadera? El cronista está contando la historia en una perspectiva histórica y teológica diferente. ¿Vamos a conocer esta historia?

1 – Los libros de las Crónicas a primera vista

Los libros de las Crónicas abren sus relatos con una serie de listas genealógicas, desde Adán hasta David (1 Cr 1-9), y terminan con el edicto de Ciro (2 Cr 36,22-23). Es una vasta historia, desde el origen de la humanidad hasta el anuncio del retorno del exilio de Babilonia (538 a.C.). Esta historia puede ser dividida en cuatro grandes partes:

  1. 1Cr 1-9 : listas genealógicas desde Adán hasta Saúl
  2. 1Cr 10-29 : Historia de David
  3. 2Cr 1-9 : historia de Salomón
  4. 2Cr 10-36 : Historia de los reyes de Judá, desde Roboán hasta Sedecías.

En buena parte, el conjunto de esta historia puede ser reconocida en la historia deuteronomista, compuesta por los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes. Es fácil apuntar el paralelismo entre las dos historias:

  1. Saúl                          1Sm 31                                    1Cr 10
  2. David                       2Sm 1-24                                 1Cr 11-29
  3. Salomón                   1Rs 1-11                                  2Cr 1-9
  4. Roboán                     1Rs 12,1-24;14,21-31             2Cr 10-12
  5. Abiam                      1Rs 15,1-8                               2Cr 13
  6. Asa                           1Rs 15,9-24                             2Cr 14-16
  7. Josafat                      1Rs 22,1-50                             2Cr 17-20
  8. Jorán                         2 Rs 8,16-24                            2Cr 21
  9. Ocozías                    2Rs 8,25-29; 9,21-29              2Cr 22,1-9
  10. Atalía                       2Rs 11                                     2Cr 22,10-23,21
  11. Joás                          2Rs 12                                     2Cr 24
  12. Amasías                    2Rs 14,1-14,17-22                  2Cr 25
  13. Ozías                        2Rs 15,1-7                               2Cr 26
  14. Joatán                       2Rs 15,32-38                           2Cr 27
  15. Acaz                         2Rs 16                                     2Cr 28
  16. Exequias                   2Rs 18-20                                2Cr 29-32
  17. Manasés                   2Rs 21,1-18                             2Cr 33,1-20
  18. Amón                       2Rs 21,19-26                           2Cr 33,21-25
  19. Josías                        2Rs 22,1-23,30                        2Cr 34-35
  20. Joacaz                       2Rs 23,31-35                           2Cr 36,1-4
  21. Joaquím                    2Rs 23,36 – 24,7                     2Cr 36,5-8
  22. Joaquín                     2Rs 24,8-17; 25,27-30            2Cr 36,9-10
  23. Sedecías                   2Rs 24,18-25,21                      2Cr 36,11-21

Al observar este cuadro, la historia del Cronista parece una repetición de la historia deuteronomista. Por lo demás, una lectura más atenta y crítica, permite constatar que se trata de otra versión de la historia de Israel. El cronista modifica, acrecienta y excluye varios materiales de los deuteronomistas. Por ejemplo, modifica datos sobre la descendencia de Saúl: él no deja heredero alguno 1Cr 10,6; cf. 2Sm 2,10; 21,7-9). Y el Cronista incluso omite toda la historia del reino del Norte e inserta la larga descripción de la función del personal encargado del culto y de la administración en el tiempo de David (1Cr 23,1-27,34). A fin de cuentas, ¿cuál es la historia verdadera?

2 – Leyendo los libros de las Crónicas a la luz de la historia deuteronomista

Estableciendo una comparación general entre los libros de Samuel y Reyes y los libros de las Crónicas, es posible identificar algunas importantes diferencias, intenciones y teología del Cronista.

El primer libro de las Crónicas

-- Listas genealógicas de Adán hasta David (1-8) : el Cronista da mayor importancia y describe detalles sobre la descendencia de Judá, antepasado de David (2,1-4,23)), y la de Leví(6). El origen de David remonta hasta el comienzo de la humanidad. Él conquistó y transformó la ciudad de Jerusalén en la capital de Israel y ahí colocó el arca, transformándola en ciudad santa. Hasta, incluso, el servicio y la organización de los levitas son ligados a David en la genealogía de los cantores (6,16-32).

 -- Los habitantes de Jerusalén, después del exilio (9,1-34): el texto dedica especial importancia a los levitas que ejercen las funciones de portero, cantor y responsable por los objetos de culto. Esas funciones son descritas como servicios establecidos por David y Samuel (v.22). Y todos los levitas mencionados habitan en Jerusalén, la ciudad santa (v.34).

-- El origen y la muerte de Saúl (9,35-10,14): las genealogías de Crónicas llegan hasta Saúl como introducción a la historia de David, el héroe del Cronista. Saúl, al contrario de David, muere como rey infiel (v.13) y no deja heredero alguno (v.6; cf. 2 Sm 2,10; 21, 7-9).

-- La unción de David como rey de Israel (11,1-3): el Cronista describe a David como el único rey ungido por todo Israel, de acuerdo con la palabra de Javé. Y omite los relatos referentes al reinado de David en Hebrón como rey de Judá durante siete años y medio, en tanto que Isbaal reinaba en el resto de Israel. No menciona tampoco el asesinato de los descendientes de Saúl (2Sm 1-4).

-- La conquista de Jerusalén (11,4-9): el texto muestra la toma de Jerusalén realizada por todo Israel, modificándose así la versión de 2Sm 5,6, según la cual la ciudad fue conquistada solamente por David y su ejército personal.
 
-- La lista de las tribus, de los valientes y de los seguidores de David en la lucha (12): en este relato, sin paralelo en 2Sm, el autor menciona la tribu de Leví, suministrando a David con cuatro mil seiscientos hombres (v.27).

-- El traslado del Arca a Jerusalén (13): el autor aumenta la historia de una asamblea general convocada por David (v.1-4; cf. 2Sm 6). Todo el pueblo, especialmente los sacerdotes y los levitas, deciden sobre el transporte del Arca hacia la ciudad de Jerusalén. Ésta pasa a ser ciudad santa y el centro religioso de todo el pueblo de Israel.

-- La victoria sobre los filisteos (14,8-17; cf. 2Sm5,17-25): David es exaltado entre las naciones: “La fama de David se expandió por todas las regiones y Yahweh volvió a ser temido por todas las naciones” (14,17).

-- La ceremonia del traslado del Arca (15-16; cf. 2Sm 6): el cronista desarrolla y acrecienta un largo relato sobre la procesión festiva y religiosa con ocasión de la transferencia del Arca hacia Jerusalén. Es fácil percibir que el destaque mayor en la ceremonia, es dado a los levitas, de acuerdo a la orden de David:”el arca de Yahweh sólo puede ser trasladada por los levitas, ya que Yahweh los escogió para cargar el arca del Señor y estarían siempre a su servicio” (15,2). “David colocó frente al arca de Yahweh a levitas, encargados del servicio para celebrar, glorificar y alabar a Yahweh, Dios de Israel” (16,4).

-- La profecía de Natán (17): el Cronista reproduce aquí el relato de 2Sm 7,1-17, sin embargo modifica el texto y deja de lado algunas frases, como 2Sm 7,14: “yo seré para él un padre y él será para mi un hijo: si él hiciere el mal, lo castigaré con vara de hombre y con aceites de hombres”. Es eliminada la posibilidad de una conducta de un rey-mesías, descendiente de David.

-- Las guerras de David (18-20): el Cronista omitió muchas informaciones contenidas en el relato de 2Sm 9-1Rs 2, sobre el reinado de David. Son las informaciones negativas y desfavorables a David y a la familia real, como el adulterio del rey (2Sm 11,1-12,25), el incesto y el asesinato de Amnón (2Sm 13-14), la revuelta de Absalón (2Sm 15-19), la revuelta de Sibá (2Sm 20,1-3) y el asesinato de Amasá (2Sm20,4-22). El Cronista conservó y relató únicamente los combates y las victorias de David, preservando así su imagen gloriosa.

-- El empadronamiento (21,1-22,1): el texto de 2Sm 24,1-25 fue releído y reproducido con el objetivo de explicar la elección de Jerusalén, ciudad de los jebuseos, como lugar de la construcción del futuro templo.

-- Los preparativos para la construcción del templo (22,2-19): los extranjeros reclutados entre los emigrantes fueron sometidos a trabajos forzados, lo que ocurrirá nuevamente en el reinado de Salomón (Cr 2,16-17). De estos trabajos, el Cronista preserva a los israelitas, disonando de los textos antiguos como 1Rs 5,27 y 11,28.

-- La organización del templo (23-26): la información con cuatro capítulos no tiene paralelo en los libros de Samuel y de los Reyes. Resaltando la organización del templo y detallando la función de los levitas y sacerdotes, el Cronista muestra que el centro del proyecto del reino está en el culto y en el templo.

-- La última asamblea convocada por David (28-29): David anuncia a Salomón como su sucesor y el ejecutor de su proyecto de construcción del templo. En las exhortaciones, ofrendas y oraciones, David atribuyó importancia divina a las nuevas instituciones y al esplendor del templo. En este relato de la sucesión de David, el Cronista omite la historia de la disputa y de la intriga entre Adonías y Salomón (1 Rs 1-2).

Segundo libro de las Crónicas

-- El reinado de Salomón (1-9) : la intención del Cronista al describir el reinado de Salomón, es presentarlo como un gran rey y el constructor del templo. Su riqueza y prosperidad son consideradas como bendiciones de Dios. Para engrandecer, aún más, la figura de este rey, el Cronista modifica u omite memorias de hechos históricos con el objetivo de eliminar cualquier falta en la conducta del gran monarca. No menciona, por ejemplo, el casamiento del rey con la hija del Faraón, ni tampoco la poligamia, la idolatría o la revuelta de Jeroboám. De acuerdo con la historia contada por el Cronista, Salomón no sacrificaba en los lugares altos, contradiciendo 1 Rs 3,3.

-- En la conclusión de la oración de Salomón: en 1Rs 8,51-53 hay algunas referencias a la salida de Egipto, a Moisés y al pueblo elegido. El Cronista, entretanto, omite esas informaciones y acrecienta una cita del Salmo 132 en que se hace memoria de la entrada del arca en Jerusalén y de la alianza davídica, enfatizando, así, la importancia de la dinastía davídica (6,40-42). Una vez terminada la oración, Salomón, según la tradición contenida en el libro de los Reyes, bendice al pueblo (1Rs 8,54-61), lo cual no ocurre en la narrativa cronista. Probablemente, esta omisión se deba al hecho de que, en el post-exilio, la bendición estaba en las manos del sacerdote (cf. Nm 6,23-27).
 
-- Reinado de Roboán (10-12): con la finalidad de reforzar el templo de Jerusalén como único lugar de culto, el Cronista habla de la migración de los sacerdotes, levitas e israelitas fieles a Javé, de Israel hacia Judá y Jerusalén. “Los sacerdotes y los levitas que se hallaban en todo Israel, dejarán su territorio para establecerse junto a él. Los levitas, en efecto, dejarán sus pastos y sus propiedades y vendrán a morar en Judá y en Jerusalén, porque Jeroboám los excluirá del sacerdocio del Señor.”(11,13-14) Para el Cronista, Judá y la dinastía davídica constituyen la única realeza y detentan la bendición de Dios, por esto su interés se vuelve, exclusivamente, para la historia de Judá.

-- Reinado de Abías (13): “Abías se levantó en lo alto del monte Semaráyim, situado en la montaña de Efraín, y exclamó: ‘¡Jeroboám y ustedes todos, todo Israel, oíganme!¿Acaso no saben que Yahweh, el Dios de Israel, dio a David para siempre la realeza sobre Israel? Es una alianza irrevocable para él y para sus hijos’ (…)Nuestro Dios es Yahweh, y no lo abandonaremos: los hijos de Aarón son sacerdotes al servicio de Yahweh y los levitas son los oficiantes.” (13,4-5.10) El discurso es una composición propia del Cronista. Él utiliza un acontecimiento del pasado para transmitir una enseñanza a los habitantes de Samaría, evidenciando que Judá posee la única realeza, el único y verdadero Dios, el único sacerdocio y el único lugar de culto.

-- Reforma de Asá (14-16): El reinado de Asá es presentado en el Primer Libro de los Reyes en pocos versículos (15,9-24), mientras que en el libro de las Crónicas, se extiende por tres capítulos. La valoración de su reinado es debida a su reforma religiosa: Asá hizo lo que era bueno y justo a los ojos de Yahweh, su Dios. Eliminó los altares del extranjero y los lugares altos., despedazó las estelas, destruyó los ‘aserás’, ordenó a los judíos que buscasen a Yahweh, el Dios de sus padres, y practicasen la Ley y los mandamientos” (14,1-3). La reforma comprende la eliminación de otras divinidades y la renovación de la alianza.

-- Reforma de Josafat (17,1-21,1): La descripción del reinado de Josafat, excepto el capítulo 18, es exclusiva del Cronista. Nosotros añadimos, se destaca la importancia de la observancia de la ley: “ se pusieron a enseñar en Judá, llevando consigo el libro de la ley de Yahweh, y recorrieron las ciudades de Judá, instruyendo al pueblo” (17,9). Él hizo una reforma colocando a la ley como el centro de la vida de las personas: “Josafat estableció en Jerusalén sacerdotes, levitas y cabezas de familias israelitas, a fin de promulgar las sentencias de Yahweh y juzgar los procesos” (19,8).

-- Reinado de Joram, Ocozías, Atalía y Joás (21,2-24,27): los reyes Joram y Ocozías hicieron una alianza con los reyes de Israel (21,6; 22,2-6), y dejaron de ser fieles a Yahweh, lo que ocasionó varias desgracias. Judá perdió el control sobre Edom (21,8-10), los filisteos y los árabes invadieron el país (21,16-17), Joram quedó enfermo y Ocozías fue asesinado (22,7(. Atalía, princesa del Norte, hija de Acab y Jezabel, mató a los descendientes de la casa de Judá, sobreviviendo únicamente Joás. Ella asumió el trono por seis años (22,10-12). El sacerdote Yehoyadá convoca “los levitas de todas las ciudades de Judá y a los jefes de familia israelitas. Vinieron a Jerusalén y toda esta magna asamblea concluyó en una alianza con el rey en el templo de Dios” (23,2-3). El sacerdote consiguió destronar a Atalía y recolocar el poder en las manos de un descendiente de la casa davídica: Joás. En este hecho, los sacerdotes y los levitas asumen un papel importante (23,6-11). La influencia del sacerdote Yehoyadá y de los levitas, continuò en la reforma religiosa emprendida después del asesinato de Atalía, con la restauración del templo y del tributo(24,1-16). Por lo demás, después de la muerte del sacerdote, Joás se volvió infiel, provocando, una vez más, la ira de Yahweh, causando nuevas desgracias, como la invasión de los arameos y la muerte de Joás (24, 17-27).
-- Reinado de Amasías, Ozías, Jotam y Acaz (25-28): al describir la historia de estos reyes, el esquema es semejante: si el rey fuera fiel a Yahweh, él sería recompensado; si él fuera infiel, caería en desgracia. Veamos la historia de Amasías: inicialmente él oyó al enviado de Dios, pero después se opuso al profeta, lo que resultará en su destrucción (25, 5-24). En la historia de Ozías existen otras variantes. En tanto él se preocupa de Yahweh, las cosas le van bien (26,5), pero su orgullo lo lleva a la perdición (26,16). En esta historia se destaca la fidelidad de los sacerdotes aaronitas. Repudiando al rey Ozías, los sacerdotes protestan diciéndole: “No es a ti a quien compete incensar a Yahweh, sino a los sacerdotes descendientes de Aarón, consagrados para este oficio” (26,18). Jotam, a su vez, hizo lo que era agradable a los ojos de Yahweh, y su reinado fue bendecido con riqueza y victorias contra los enemigos (27,1-9). Ajaz “no hizo lo que era agradable a los ojos de Yahweh, como lo había hecho David, su antepasado” (28,1). Él imitó la conducta de los reyes de Israel, provocando la desgracia. Ajaz profanó el templo, construyó lugares altos en todas las ciudades de Judá y ofreció sacrificios a otras divinidades (28,22-25).

-- Reforma de Exequias (29-32): En el Segundo Libro de los Reyes hay una pequeña noticia sobre la reforma religiosa en el tiempo de Exequias (2Rs 18,4). En la obra del Cronista, se desenvuelve en tres capítulos (29-31), comprendiendo la purificación del templo y de las personas, la celebración solemne de la Pascua y la organización del servicio. Algunos detalles reflejan el contexto socio-religioso del post-exilio, como la unión de cantores y levitas (2Cr 29,12-15), la consolidación de la ley del puro y del impuro (30,15-20) y el hecho de que los levitas asumieran funciones exclusivas de los sacerdotes, fortaleciendo su posición en el culto (29,29-36; 30,21-27). Y todavía más. El reinado de Exequias destaca la importancia de la ley, del culto y del templo.

 -- Reinado de Manasés y Amón (33): en el Segundo Libro de los Reyes, hay una presentación del reinado de Manasés de manera totalmente negativa. Pero en el Segundo Libro de las Crónicas, además de la infidelidad de Manasés (33, 1-10), contiene también informaciones sobre su cautiverio y su conversión, culminando con una seria reforma en su reino. Por esto, en señal de bendición, él reinó cincuenta y cinco años y no vio la desgracia de su reino. Este texto puede ser leído en la óptica de la teología de la retribución. Después de la muerte de Manases, su hijo, Amón, fue coronado rey de Judá. Pero él “hizo el mal, a los ojos de Yahweh, como había hecho su padre Manasés” (33,22). Y, por no convertirse, atrajo sobre sí la desgracia: “sus siervos tramaron contra él y lo mataron en palacio” (33,24).

-- Reforma de Josías (34-35): el Cronista sigue el relato del Segundo Libro de los Reyes (22-23), sin embargo minimizó la figura de Josías frente a la grandeza de la reforma religiosa emprendida por Exequias. En la restauración del templo, del clero y del culto, los levitas adquirieron funciones destacadas, lo que no ocurrió en el relato de la historia deuteronomista.

Fin de la monarquía: Joacaz, Joaquín, y Sedecías (36). Después del reinado de Josías, hayan capítulo conclusivo sobre los últimos cuatro reyes de Judá, procurando explicar el exilio, y sobre el edicto de Ciro, dejando en el aire la esperanza:“¡así habla Ciro, rey de Persia: Yahweh, el Dios del cielo, me entregó todos los reinos de la tierra; él me encargó construir para él un templo en Jerusalén, en la tierra de Judá. Todo aquel que, entre ustedes, pertenezca a todo su pueblo, que su Dios esté con él y que se dirija hacia allá!” (36,23).

3 – Teología de los libros de Crónicas

La historia no es el hecho, sino una interpretación del acontecimiento a partir del punto de vista de quien narra. Las modificaciones y las añadiduras presentados en la historia Cronista, revelan el proyecto y la teología del grupo que escribió estos relatos.

a – Templo, culto y torá
La obra cronista presenta una historia sobre el templo de Jerusalén y el culto que ahí debe ser celebrado, conforme a las prescripciones de la torá. En el centro del reinado de David y Salomón, está la construcción y la organización del templo (1 Cr 22,2-26,32; 2Cr 1,18-8,16). La historia de los reyes de Judá es vista a través de la óptica del templo y del culto. El templo es una de las preocupaciones más importantes de Joás y de Josías (2Cr 24,4; 34,8-13). Los reyes Asá, Josafat, Ezequías, Manasés y Josías son presentados como reformadores del templo (2Cr 14,2-4; 15,8-15; 29,3-36; 33,11-17; 34,3-7.29-33). El Cronista sitúa al templo en continuidad con la ‘carpa del encuentro’, el antiguo santuario instituido por Dios en el Sinaí (Ex 25; 1Cr 16,37-42). Esta ligazón, tiene la función de legitimar el templo y la ciudad de Jerusalén como el único local de culto. De igual forma, el Cronista da una resonancia central a David, como fundador del templo y del culto en Jerusalén.

b - Dinastía davídica
En la historia cronista, la narrativa de la realeza davídica ocupa otro polo central. La historia anterior a David, aparece reducida a una lista genealógica desde Adán hasta Saúl (1 Cr 1,10). La realeza de Saúl fue rechazada en beneficio de la realeza de David. La vida y los hechos de David, son idealizados, exentos de cualquier falta. Él es presentado como el rey que transformó la ciudad de Jerusalén en ciudad santa y preparó, en los mínimos detalles, la construcción del templo y la organización de su funcionamiento. En estos relatos, Salomón es escogido para reinar en lugar de David (1 Cr 28,5; 29,23). Para el Cronista la única monarquía legítima es la de Jerusalén (2 Cr 13,4-12). Los sucesores de David deben ser fieles a él, al culto y al templo. La desobediencia, al contrario, causa desgracia y destrucción.

c – Teología de la retribución
Bendiciones y maldiciones son concedidas por medio de la obediencia o de la desobediencia a Yahweh, en relación a la torá, al culto y al templo. Ésta es la teología de la retribución, la cual puede ser bien ejemplificada en el consejo, que fue colocado en boca de David, dirigido a Salomón:Y tú, Salomón, hijo mío, conoce al Dios de tu padre y sírvelo de todo corazón con ánimo dispuesto, puesto que Yahweh sondea todos los corazones y penetra todos los designios del espíritu. Si lo procuras, Él se dejará encontrar por ti, pero si lo abandonares, Él te rechazará por siempre.” (1 Cr 8,9).
La narrativa de Crónicas aparece construida con términos como “buscar a Dios”, “humillarse”, “practicar lo que es bueno, justo y verdadero delante de Dios”, y con términos opuestos, como “practicar la infidelidad”, “abandonar a Yahweh”, “despreciar la palabra de Yahweh ”. La historia de los reyes ejemplifica esta estructura teológica. Los reyes que fueron fieles alcanzaron éxito y un reinado muy largo, por ejemplo Salomón, Asá, Josafat, Exequias, Manasés y Josías. Al contrario, los reyes infieles atrajeron las desgracias, destrucción y muerte, entre esos están Jorán, Ocozías, Amasías, Ozías, Acaz y Amón.

d - Levitas
La importancia del culto y del templo creó otro realce en la obra cronista: los levitas, al servicio del pueblo. Frente a la rivalidad entre los levitas y los sacerdotes, la historia de los libros de las Crónicas, tienen el objetivo de legitimar la presencia y la función de los levitas. Ellos aparecen como escogidos de Dios, para cargar el arca de Yahweh y servir en el templo (1 Cr 15,2; 23,28-32; 2Cr 35,3). Ellos eran porteros, guardianes del templo, cantores y llegan a participar de la preparación y realización de los sacrificios (2Cr 29,32-34).

e - Todo el pueblo
La idea de “todo el Israel” es muy frecuente en el libro de las Crónicas (1Cr 11,1; 12,39-41); 2Cr 13,4; 31,1). Significa el pueblo unificado. Israel es la reunión de las doce tribus. El sistema de las doce tribus tiene continuidad en la monarquía. El Cronista es contrario a la separación entre el Norte y el Sur. Varios reyes atraerán desgracias sobre sí, por haber imitado la conducta de los reyes de Israel, específicamente de Acab (2Cr 21,6; 22,3-5; 28,2).

4 – Autoría, redacción y fecha

La historia presentada en los libros de las Crónicas tienen la finalidad de justificar y dar legitimidad al culto, al templo de Jerusalén y a su organización, especialmente en cuanto al papel de los levitas. Probablemente, se trata de escritos de grupos de levitas( 1Cr 6,16-32; 9,34; 12,27; 2Cr 11,13-14; 19,8; 23,6-11). Los autores presentan un relectura de la historia a partir de las fuentes existentes. Ellas reordenan los hechos, modificándolos a veces, en función de sus objetivos.
Los historiadores de Crónicas citan sus propias fuentes, lo cual no era común en aquella época. He aquí las fuentes citadas: los libros de los Reyes de Judá y de Israel (2Cr 16,11; 2Cr 27,7), los libros de los Reyes de Israel (1Cr 9,1), las actas de los reyes de Israel (2Cr 33,18), el ‘midrash’ del libro de los reyes (2Cr 24,27), los anales del rey David (1Cr 27,24), las historias de Samuel (1Cr 29,29), del profeta Natán (1Cr 29,29), de Gad (1Cr 29,29), del profeta Semeias y del vidente Ado (2Cr12,15, los hechos de Jehú, hijo de Hananí (2Cr20,34), de Hozay (2Cr 33,19), la profecía de Ajías de Silo (2Cr9,29), la visión del vidente Yedó (2Cr 9,29), del profeta Isaías, hijo de Amós (2Cr 32,32), el ‘midrash’ del profeta Iddó (2Cr 13,22) y un documento escrito por el profeta Isaías, hijo de Amós (2Cr 26,22).

Los documentos más importantes de esta historia fueron los libros de Samuel y de los Reyes. Ciertamente, el autor usó comentarios sobre estos libros, algunos documentos de las tradiciones proféticas y otros textos del Antiguo Testamento: las listas genealógicas sacadas del Génesis, Éxodo, Números, Josué y Rut. En algunos capítulos de Crónicas encontramos textos sacados del libro de los Salmos.

Algunas informaciones pueden ayudarnos a situar la fecha de composición de la historia cronista:

  1. Mención sobre el imperio persa (2Cr 36,20) Este imperio dominó Israel alrededor del 538 a.C.
  2. Esdras 1,1 y citado en 2Cr 36, 22-23.
  3. Nehemías 11,3-19 está en la base de 1Cr 9,2-17. Los libros de Nehemías y Esdras fueron escritos entre 450 y 400 a.C.
  4. El libro del Sirácida 47,8-10, escrito alrededor del 190 a.C., presupone la existencia del libro de las Crónicas (1Cr 16,4ss).

Los elementos que acabamos de presentar sitúan la fecha inicial y el límite final de los libros de Crónicas entre el 400 y el 200 a.C. Es un período muy extenso. Por lo demás, el objetivo de legitimar el templo de Jerusalén como único lugar de culto, y la valorización y consolidación del servicio de los levitas son fuertes indicadores para una fecha alrededor del 350 a.C. Para mejor entender esta historia, su proyecto y su teología, vamos a conocer la tierra de donde ella nació.

5 – La base de la historia de las Crónicas

Alrededor del 539 a.C., Persia conquistó Babilonia. La estrategia política de Ciro, rey de Persia, es la de conceder autonomía religiosa y cultural a los pueblos sometidos. Poco a poco, a los pueblos dominados les fueron devueltas sus tierras, con el objetivo de reorganizar la comunidad en torno a la religión.

Los persas tenían un sistema de administración y cobranza de impuestos, muy perfeccionado. Las regiones dominadas estaban divididas en ‘satrapias’, y cada una de ellas estaba subdividida en provincias. Judá pertenecía a la ‘satrapia’ “Más allá del Río” o Transéufrates, que incluía a Siria y a Palestina. La comunidad judaica restaurada, quedó dividida en esferas cívicas y religiosas, bajo la responsabilidad de un gobernador y de un sacerdote-jefe.

Después del decreto de Ciro, un grupo fue enviado por la corte persa hacia Judá, con el objetivo de restablecer l a comunidad. Al frente de esta misión estaba Sasabassar, descendiente de la casa davídica (1Cr 3,17-18). Poco se sabe sobre esta primera delegación. Allá por el año 520 a.C., surgieron conflictos en la región de Transéufrates. Esto reforzó la intención de los persas de fortificar Judá como barrera militar contra Egipto. En este período, Zorobabel y Josué fueron enviados a Judá (Esd 2,2b-7; Ne 7,6-72a).

El templo fue reconstruido entre los años 520 y 515 a.C. (Ag 1,1-2,9; Zc 4,8-9). Los samaritanos fueron impedidos de participar en la reconstrucción del templo. A pesar de las protestas de los samaritanos y de varios grupos judíos de palestina, la reconstrucción del tempo fue concluida (Esd 4-6). El templo, entretanto, reconstruido en medio de las ruinas, no era suficiente para controlar los conflictos existentes en la región .

Por esto, los persas enviaron a Nehemías (445-430 a.C.) como gobernador de la provincia de Judá. El objetivo era fortificar a Jerusalén y reorganizar la administración de la región. Él reconstruyó las murallas de Jerusalén y desarrollo un proyecto de urbanización. La administración y el comercio imperiales fueron reforzados. Las medidas políticas y económicas alcanzaron también a la comunidad cultual. Nehemías exigió la estricta observancia del sábado (Ne 13,15-22), prohibió el casamiento con mujeres extranjeras, incluyendo a las samaritanas (Ne 13,23-27).

El fortalecimiento de Jerusalén como centro socio-político y religioso, creó conflictos con Samaría y con los pueblos vecinos. En el post-exilio, en una fecha que no es posible precisar, fue creado el templo de los samaritanos en el Monte Garizim, el cual se apoyaba en la ley y en la figura de Moisés. Una vez que el templo fue el centro del pago de tributos, Garizim se volvió un fuerte competidor del templo de Jerusalén. Creció, entonces, la hostilidad y la enemistad entre los dos pueblos . En la tradición del Cronista hay una fuerte tendencia a legitimar la centralidad del templo de Jerusalén, substituyendo la figura teológica de Moisés por David, considerado el fundador e idealizador del templo de Jerusalén (Cf. 1 Rs 8,51-53; 2Cr 6,40-42).

Nehemías también tomó medidas referentes a la organización y al funcionamiento del templo. El libro de Malaquías nos relata los conflictos entre los sacerdotes sadoquitas y los levitas, que exigían espacio y reconocimiento en sus funciones. Nehemías estipuló que los levitas, asistentes del templo, debían recibir las ofrendas que garantizasen su subsistencia (Ne 13,10-14,30). En nuestros libros de las Crónicas hay una tendencia favorable a los levitas, dejando entrever una cierta animosidad con los sacerdotes oficiales (2Cr 29,29-36). Posteriormente, los levitas son fortalecidos: los cantores y los guardas del templo, que estaban separados, pasan a formar parte de este grupo ( Ne 7,44-45; Esd 2,41-42; 1Cr 6,1-38; 2Cr 29,12-15).

Esdras llegó a Judá como escriba de la ley del Dios de los cielos (Esd 7,12); él “estaba autorizado para instituir jueces (…) los cuales debían juzgar y decidir el proceso, de acuerdo con esa ley” Su reforma tuvo como meta principal la centralización del culto en el templo de Jerusalén. Su atención estaba centrada en la comunidad del pueblo de Dios, como destaca el Cronista: todo el pueblo – el grupo de los elegidos. Esdras exigió la pureza del pueblo escogido; expulsó de Judá, a las mujeres extranjeras y a las criaturas nacidas de ellas (cf. Esd 9,1-10.44); impuso el divorcio a todos los hombres judíos casados con mujeres de otras nacionalidades. Esto porque era considerado judío, apenas quien fuese hijo de mujeres judías (cf. Esd 9,1-2). Además de eso, estableció algunas leyes, las cuales, progresivamente fueron restringiendo la participación de mujeres en la comunidad (cf.Lv 12; 15,18-23).

El código de santidad (cf. Lv 17-26), así como las leyes referentes a la pureza, fueron releídos y reforzados. La estricta observancia de la ley de Dios, se transformó en un medio para la salvación. La ley de Dios, se convirtió en ley del rey (cf. Esd 7,25). No observarla, implicaba castigo político: “todo aquel que no cumpla la ley de tu Dios con exactitud, que se le aplique la sentencia, es decir, la muerte, el destierro, una multa o la prisión” (Esd 7,26).

La base principal de la organización social del Estado, en el período del segundo templo, era la ley de la pureza. La sociedad estaba dividida entre puros e impuros, santos y pecadores, justos e injustos. La santidad se convirtió en un elemento de separación de las personas entre sí, de las cosas y de los animales. Por lo demás, ahora, la santidad estaba bajo el control de los sacerdotes, mediante los ritos purificadores.

Para sostener el sistema de lo puro y de lo impuro, se acentuó la teología de la retribución. Esta teología afirma que Dios bendice a la persona justa con riqueza, una vida larga y la descendencia, pero, sin embargo, a las personas injustas, Él castiga con pobreza y sufrimiento. De acuerdo con esta lógica, las personas ricas son bendecidas por Dios, en cuanto a los pobres son más bien maldecidas. Ésta es la perspectiva teológica adoptada por el autor Cronista.

En el tiempo de Esdras y Nehemías, el código de santidad, contenido en el libro del Levítico, fue retomado y reformulado. En este tiempo, se constituyó el Estado Judaico. Esto formaba parte del proyecto de los dominadores persas. Ellos actuaron como los “grandes benefactores”, facilitaron, económica y políticamente, el retorno de los exilados, incentivaron la reconstrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén. Propiciaron la creación de una provincia independiente y, bajo Esdras, introdujeron las leyes judaicas. En fin, ellos favorecieron la creación de una teocracia, cuya base fundamental fue la ley y el templo. Ésta era una estrategia eficaz para controlar y calmar a los pueblos sojuzgados.

La ley y la teología de la retribución aseguraban una comunidad bien definida y purificada. Para los persas, la organización cultual de los israelitas garantizaba un gobierno pacífico y fiel. En este contexto, el templo era el principal responsable para la recaudación de los tributos. De hecho, la arqueología comprueba el crecimiento del excedente de Judá entre 450 y 333 a.C. La riqueza, la abundancia y la producción de excedentes en este período, se reflejan, según la descripción del Cronista, en la riqueza que había en el templo (cf. 1Cr 29,1-9). Es muy probable que una de las preocupaciones del Cronista, sería en relación con el excedente del templo. Por esto, garantiza la legitimidad para la recaudación de los tributos y el papel de los levitas como responsables por el templo y sus mayores beneficiarios (1Cr 29; 2Cr 31).

Consideraciones finales

Al inicio de este estudio lanzamos una pregunta: ¿Cuál es la historia verdadera? ¿La deuteronomista o la cronista? La historiografía cronista escribe no lo que fue la historia, sino lo que debería haber sido. Ella idealiza el pasado, para mostrar cómo debe ser la vida en el momento presente. El autor retoma la realeza teocrática de la casa davídica con el objetivo de recordar a sus contemporáneos cómo debe ser la celebración del culto, la importancia y la centralidad del templo de Jerusalén, del papel de los levitas, de la obediencia a la ley de Dios y de la esperanza en la retribución.

La historia cronista no apunta hacia una esperanza mesiánica ni apocalíptica. Su obra es una meditación sobre el pasado para ofrecer una orientación para el momento presente. Al presentar su versión de la historia, el Cronista, de acuerdo con sus objetivos, propone al pueblo de Israel, el camino a seguir: la ley, el templo y el culto, considerando la importancia de los levitas.

Shigeyuki Nakanose
Rua Verbo Divino 993
São Paulo/SP
04719-001
Brasil

cbiblicoverbo@uol.com.br
www. cbiblicoverbo.com.br


Este artículo es el fruto del diálogo con las asesoras del Centro Bíblico Verbo: Cecilia Toseli, Enilda de Paula Pedro, Maria Antônia Marques y Maristela Tezza. Expreso aquí mi agradecimiento especial a Maria
Antônia Marques por la ayuda en la redacción del texto.

El libro de las Crónicas es llamado, en hebreo, de dibre hayyamim, equivalente a “Anais”. En griego es llamado de Paraleipomenon, que significa “restos” o “cosas dejadas de lado”. En el Occidente, se impuso el nombre de Crónicas, y el autor es llamado ‘el cronista’.

Todas las citas que aparecen sin la indicación del libro correspondiente en este ítem , fueron tomadas del Primer Libro de las Crónicas.

Las citas bíblicas transcritas en este artículo, siguen, con algunas modificaciones, la traducción de la Biblia de Jerusalén, São Paulo, Paulus, nueva edición, revisada y ampliada, 2002.

Las citas que aparecen sin indicación de su libro respectivo, pertenecen al Segundo libro de Crónicas, tema de este ítem.

Cf. Roddy Braun, I Chronicles, Waco, Texas, Word, 1986, p.xxix-xli (Word Biblical Commentary, 14).

Cf. Steven L. McKenzie, “The Chronicler as Redactor”, en M. Patrick Graham y Steven L. McKenzie (editores), The Chronicler as Author – Studies in Text and Texture, Sheffield, 1999, p. 70-90 (Journal for the Study of the Old Testament Supplement Series, 263).

La opinión de que el conjunto Crónicas-Esdrás-Nehemías se atribuya a un mismo autor es, hoy en día, muy cuestionada. Cf.S. Japhet, 1 & 2 Chronicles, Louisville, Westminster/John Knox, 1993, p.3-4 (Old Testament Library).

Cf. Howard N. Wallace, “What Chronicles has tos ay about Psalms”, en M. Patrick Graham & Steven L. McKenzie (editores), The Chronicler as Author – Studies in Text and Texture, Sheffield, 1999, p. 267-291 (Journal for the Study of the Old Testament Supplement Series, 263).

Algunos estudiosos sitúan una fecha posterior, llegando hasta el año 200 a.C., considerando los libros de las Crónicas como una respuesta frente al avance y la progresiva influencia del helenismo (Georg Steins, Introdução ao Antigo Testamento, São Paulo, Loyola, 2004, p. 210-222).

Para profundizar este asunto, cf. El artículo “Moisés o David? – Leyendo el libro de las Crónicas”, por Sandro Gallazzi, Ensayos sobre o pós-exílio – Os mecanismos de opressão, vol.1, Macapá,2003, p.52-103.

Para este asunto ver Shigeyuki NAKANOSE y Enilda PEDRO, Como ler o livro de Malaquías – Defender a tradição ou a vida?, São Paulo, Paulus, 1996.

Christine Schams, Jewish Scribes in the Second-Temple Period, Sheffield, 1998, p.60-71 (Journal for the Study of the Old Testament Supplement Series, 291).

Herbert Donner, História de Israel e dos povos vizinhos – Da época da divisão do reino até Alexandre Magno, São Leopoldo/Petrópolis, Sinodal/Vozes, vol.2, 1997, p. 484.

Norman K. Gottwald, Introdução socioliterária à Bíblia Hebraica, São Paulo, Paulinas, 1988, p.396.

Hans Kippenberg, Religião e formação de classes na antiga Judéia, São Paulo, Paulinas, 1988,p.64.

Carol L. Meyers y Eric M. Meyer, Haggai, Zechariah 9-14, Garden City, Dobleday, 1993, p.22-26 (The Ancor Bible, 25b).

Cf. Gary N. Knoppers, “Treasures Won ans Lost: Royal (Mis)appropriations en Kings and Chronicles”, en M. Patrick Graham y Steven McKenzie (editors), The Chronicles as Author – Studies in Text and Texture,
Sheffield, 1999, p.313-659 (The New Interpreter’s Bible, 3).

Leslie C. Allen, The First and Second Books chronicles – Introduction, Commentary and Reflections, Nashville: Abingdom Press, 1999, p.313 – 659 (The New Interpreter’s Bible, 3).

 

 

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.





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