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La infancia de Jesús – Análisis narrativo de Lucas 1-2

Julio Paulo Tavares Zabatiero

Resumen
Este artículo analiza el prólogo del Evangelio de Lucas en perspectiva semiótica, enfocando la dimensión narrativa del texto que, de acuerdo con la teoría semiótica greimasiana, consiste esencialmente en la colocación en el discurso de la búsqueda humana por valores y su correspondiente conflictividad socio-cultural. El prólogo del Evangelio de Lucas ofrece un material interesante para el análisis narrativo en perspectiva semiótica, teniendo a la vista su afirmación y defensa de la veracidad y validez de la buena-nueva respecto a Jesús, el Cristo, en el ambiente greco-romano de final del siglo 1° de la era cristiana.

Abstract
This article examines the prologue to the Gospel of Luke in a semiotic perspective, with an emphasis on the narrative dimension of the biblical text, in accordance to the semiotic theory of A.J. Greimas. To Greimas the narrative dimension of discourse, essentially deals with the search of values in a given society and its corresponding social and cultural conflicts. The prologue to the Gospel of Luke offers an interesting material for analysis, since it defends the veracity and validity of the good news about Jesus Christ in the cultural environ of the first century of Christian era.

Análisis semiótico de la narratividad

En la teoría semiótica greimasiana, el término narrativa y sus derivados se refieren a dos realidades distintas. Por un lado, se puede referir a la narrativa en cuanto género textual amplio con sus características propias y formas diversificadas. Por el otro lado, se refiere a la narratividad, concebida como una dimensión de la producción en el sentido inherente a todo y cualquier tipo de comunicación humana. Abordaré parte del texto de Lc 1-2 con esta segunda acepción del término.
Para realizar el análisis del texto, “se parte de dos concepciones complementarias de la narratividad: [a] narratividad como transformación de estados, de situaciones, operada por el hacer transformador de un sujeto, que actúa en y sobre el mundo en búsqueda de ciertos valores investidos en los objetos; [b] narratividad como sucesión de establecimientos y rupturas de contratos entre un destinador y un destinatario, en el transcurrir la comunicación y los conflictos entre sujetos y la circulación de objetos-valor. En otros términos, las estructuras narrativas simulan la historia de la búsqueda de valores, de encontrar el sentido.”

El mirar semiótico sobre el texto, en la perspectiva de la narratividad, consecuentemente, irá a enfocar las dimensiones sociales y psico-sociales del sentido. Los contratos de los cuales habla la definición, arriba citada (llamados contratos de veracidad) corresponden a los principios de validez y de justificación de las comunicaciones efectuadas entre las personas y/o los grupos en la sociedad. Son ellos, los que definen la verdad de una comunicación cualquiera y especifican las formas aceptables de la presentación y argumentación de las ideas. El análisis de los valores corresponde, a groso modo, al análisis ideológico en metodologías sociológicas, sin embargo también se dirige a comprender la acción humana en la sociedad en su dimensión pasional, o psico-social. Al actuar, somos movidos no sólo por fines (socialmente delimitados), sino también por pasiones (afectos o sentimientos) que califican nuestras relaciones personales en la sociedad.

Tomemos el prólogo del evangelio de Lucas, como texto para nuestro análisis:
“Visto que muchos ya intentaron componer una narración de los hechos que se cumplieron entre nosotros- conforme nos lo trasmitieron los que, desde el principio, fueron testigos oculares y ministros de la Palabra- a mí también me pareció conveniente, después de una exhaustiva investigación de todo desde el principio, escribirte de modo ordenado, ilustre Teófilo, para que verifiques la solidez de las enseñanzas que recibiste” (Lucas 1,1-4) (Biblia de Jerusalén)

El destinador es el yo (sujeto de la acción de escribir) y el destinatario es el “ilustre Teófilo”, sobre quien el destinador realiza un obrar persuasivo, un hacer-saber, que se dirige a dotar al destinatario de una competencia para actuar, un saber-hacer, en este caso un “creer”. El contrato de veracidad aparece explicitado en el texto por medio de (a) términos que se dan en obras de historia y delimita así, el género textual del Evangelio de Lucas: “componer una narración de los hechos”, “testimonios oculares”, “exhaustiva investigación”, “escribirte de modo ordenado”; y (b) una declaración de propósito: “verifiques la solidez de las enseñanzas”.

Se discute, en la exégesis lucana, si el prólogo representa una versión helénica de prólogo (especialmente porque el lenguaje del prólogo es distinta de la del Evangelio, siendo una imitación del griego literario clásico, más allá de haber sido el libro destinado a Teófilo, un nombre griego), o se halla más próxima a la mentalidad judaica. Esta distinción, por lo demás, no me parece adecuada, pues supone una distinción radical entre dos grupos culturales que vivían en el ámbito de los textos “literarios” – en estrecho contacto. Veamos dos ejemplos de textos judíos que trazan señales de diálogo intenso con la mentalidad helénica: “Visto que la Ley, los Profetas y los otros escritores, que siguieron a ellos, nos dieron tantas y tan grandes lecciones, por las cuales conviene alabar a Israel por su instrucción y su sabiduría, y como, más allá de lo que se piensa, es un deber no adquirir ciencia por la lectura solamente, sino que, una vez instruido, ponerse al servicio de los de afuera, mediante palabras y escritos: mi abuelo Jesús, después de dedicarse intensamente a la lectura de la Ley, de los Profetas y de los otros libros de los antepasados, y después de adquirir en ellos una gran experiencia, él sintió, propiamente, la necesidad de escribir algo acerca de la instrucción y de la sabiduría, a fin de que aquellos que aman la instrucción, sometiéndose a estas disciplinas, progresen mucho más en el vivir según la Ley. Estamos, por lo tanto, invitados a leer con benevolencia y atención, y a ser indulgentes donde, a despecho del esfuerzo de interpretación, parecemos enflaquecer: es que no tiene la misma fuerza, cuando se traduce por medio de otra lengua, aquello que era dicho originalmente, en hebraico; no sólo este libro, más bien la nueva Ley, los Profetas y los otros libros, tienen una gran diferencia con los originales. Ahora bien, en el trigésimo octavo año del fallecimiento del rey Evergetes, yendo a Egipto y siéndole contemporáneo, encontré una vida según una alta sabiduría, y yo juzgué muy necesario dedicar cuidado y esfuerzo para traducir este libro. Dediqué muchas vigilias y ciencia durante este período, a fin de llevar a buen término el trabajo y publicar el libro, para los que, fuera de la patria, desearan instruirse, reformar las costumbres y vivir según la Ley.” (Eclo 1, 1-34)

Las diferencias con Lucas son notables, pero todavía más notables las semejanzas en lo referente al contrato de veracidad y a la finalidad del escrito. Otro texto judío es relevante igualmente: “ En mi historia de nuestras antigüedades, excelentísimo Epafrodito, yo dejé, pienso, suficientemente clara…la extrema antigüedad de nuestra raza judaica…Entretanto, observo que un número considerable de personas…no dan crédito a declaraciones en mi historia…por esto considero mi deber dedicar un breve tratado a todos estos puntos…para instruir a todos los que desean conocer la verdad acerca de la antigüedad de nuestra raza. Como testimonios de mis declaraciones, propongo llamar a los escritores que, en la evaluación de los griegos, son las autoridades más confiables sobre la antigüedad como un todo.” (Flavio Josefo, Apionem 1,1-4) Y más, “en el primer volumen de esta obra,, mi estimado Epafrodito, demostré la antigüedad de nuestra raza…ahora procedo a refutar al resto de los autores que nos atacaron” (Flavio Josefo, Apionem 2,1-2). Las semejanzas resaltan: una obra en dos volúmenes, dirigida a un “nombre griego”, persona ilustre, la preocupación con la verdad, la ligación con el pasado.

Se escaparía al fin de este artículo, analizar comparativamente las obras helénicas con las cuales el prólogo de Lucas mantiene relaciones ínter- textuales. Tal análisis ha sido hecho por diversos autores, desde el clásico de Cadbury, en 1922, que vinculó a Lucas a la historiografía helenística. A la inversa de lo anterior, recurriré a las conclusiones de un ensayo más reciente y, a mi entender, más adecuado que investigaciones afines. L. Alexander formuló la siguiente hipótesis: “Todos esos factores apuntan a una conclusión que, de todos los prefacios griegos disponibles para comparar, el de Lucas está más próximo de aquellos que pertenecen a la tradición científica; y que no hay un único punto en Lucas 1,1-4, o Hechos 1,1, en que sea necesario invocar cualquier otra tradición literaria griega.” Después de examinar posibles objeciones a la hipótesis, Alexander concluyó: “Definitivamente, por lo tanto, argumentaría que el contenido biográfico del Evangelio y de Hechos, en modo alguno, es un obstáculo insuperable para la visión de Lucas, como un escritor perteneciente al contexto de la tradición científica. Y, desde el lado positivo, el crítico del Nuevo Testamento sólo se puede beneficiar de una investigación más amplia de este contexto. La tradición científica, suministra la matriz dentro de la cual podemos explorar los aspectos social y literario de la obra de Lucas, tanto el hombre en sí, cuanto a la naturaleza de sus escritos.”

El único reparo que yo haría a las conclusiones de L. Alexander, es que el prólogo no pertenece no sólo a la tradición científica griega, sino también a la tradición apologética judaica, conforme a los prólogos al Eclesiástico y Apionem, más arriba indicados. Me parece que el gran mérito de Lucas fue, en este meta-texto, conjugar dos valiosas tradiciones culturalmente distintas, pero igualmente orientadas hacia el mismo objeto-valor: la verdad. El prólogo lucano, en cuanto meta-texto, explicita el objeto-valor y el objeto-modal : la verdad del Evangelio es el objeto-valor, y la propia narrativa lucana es el objeto-modal necesario para la realización del objeto-valor virtual-verdad. Todo valor es virtual en cuanto no apropiado por un sujeto cuando, entonces, se vuelve un valor realizado.

En la sociedad en que el texto fue producido y leído, la validez científica de un relato sobre hechos dependía de, acumulativamente: acceso a testimonios oculares, respeto a la tradición, descripción pormenorizada y en orden, investigación cuidadosa. El evangelio de Lucas, según el prólogo, cumple tales requisitos. En aquella sociedad, podría ser considerado una obra histórica con las marcas de la validez – o, en los términos semióticos: es un texto que pasa por el testimonio del contrato de veracidad. Las discusiones de la exégesis histórica moderna relativas a la historicidad del evangelio, son pertinentes, pero no pueden descalificar el texto lucano. En su propio contexto, el evangelio de Lucas es obra científico-histórica. No atiende, es cierto, los padrones modernos de la ciencia y de la historiografía, pero atendió plenamente los padrones de la ciencia y de la historiografía de su tiempo.

Y en cuanto a las pasiones, éstas no son psicológicas, sino textual, y depende de las relaciones del sujeto con los objetos, en el texto, precisamos verificar qué pasiones están ligadas a la verdad. Como el prólogo es una declaración de intención del destinador (autor) en relación al destinatario (lector, Teófilo), y propone a Teófilo que éste tenga certeza de lo que aprendió, en base a la obra científica que está lista para ser leída, podemos decir que la pasión presente en el prólogo, desde el punto de vista del destinador, es la confianza. La confianza, semióticamente hablando, es una pasión del campo de las pasiones vinculadas a “esperanza y seguridad”. En el lenguaje formal de la semiótica, este campo es llenado por las pasiones de la “aflicción e inseguridad” (de dos tipos), “satisfacción y confianza” (también de dos tipos) e “insatisfacción y decepción” –lo opuesto a “la esperanza y seguridad”. En lenguaje no-formal, Lucas muestra confianza en que su obra podrá realizar el fin deseado; está seguro de que Teófilo irá a verificar la solidez de la enseñanza cristiana, después de la lectura de la obra a él dirigida.

Como contrapartida textual, las pasiones de Teófilo, al recibir y leer la obra, podrían ser, o las de “satisfacción y confianza”, o las de “insatisfacción y decepción”. Si se dio el primer caso, la confianza de Teófilo, en cuanto a la verdad de la fe cristiana, crecería. Si se diera el segundo, la fe de Teófilo sería avalada por la no demostración de la verdad de las enseñanzas cristianas. Como la respuesta de Teófilo no está textualizada, no podemos sino especular cuál habría sido su reacción. Para mantener la especulación dentro de límites razonables, dejo como mera deducción lógica: o confianza, o decepción, habrían sido la reacción del lector de la obra lucana - ¡entonces y ahora!

Concluyendo mi análisis de forma meta-textual, espero que este breve ejemplo, estimule a los colegas de la lectura de la Biblia, a acrecentar el mirar semiótico de la narratividad, sus perspectivas de interpretación.

Julio Paulo Tavares Zabatiero
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La narratividad apareció, así, progresivamente, como el principio mismo de la organización de cualquier discurso narrativo (identificado, en primer momento, con lo figurativo) y no narrativo. Pues de las dos una: o el discurso es una simple concatenación de frases y, así, el sentido que transporta es debido solamente a encadenamientos más o menos ocasionales, que sobrepasan la competencia de la lingüística (y, de modo más general, de la semiótica);o entonces constituye un todo de significación, estando su carácter más o menos abstracto o figurativo, ligado a inversiones semánticas, cada vez más fuertes y las articulaciones sintáxicas cada vez más finas. (A.J. Greimas e J. Courtès, Dicionário de semiótica, São Paulo: Cultrix, s/data[original de 1979], p.295).

En una narrativa, aparecen dos tipos de objetos: objetos modales y objetos de valor. Los primeros son el querer, el deber, el saber y el poder hacer; son aquellos elementos, cuya adquisición es necesaria para realizar el modelo principal. Los segundos son los objetos con los que se entra en conjunción o disyunción en el modelo principal…Objeto-valor y objeto modal, son posiciones en la secuencia narrativa. El objeto modal es aquel necesario para obtener otro objeto. El objeto-valor es aquel cuya obtención es el fin último de un sujeto…el mismo objeto concreto puede recubrir diferentes objetos-valor…Es preciso estudiar cuidadosamente cada narrativa para percibir que valores los objetos concretos manifiestan.” (J.L.Florin, Elementos de análise do discurso, São Paulo:Contexto/EDUSP,1989, p.28-29.

D. L. P. de Barros, Teoria do discurso – Fundamentos semióticos, São Paulo: Atual, 1988, p.28.

“As paixões, neste trabalho, devem, por conseguinte, ser entendidas como efeitos de sentido de qualifi-cações modais que modifican o sujeito do estado...A descrição das paixões se faz, quase exclusivamente, em termos de sintaxe modal, ou seja, de relações modais e de suas combinações sintagmáticas...Para explicar as paixões, é preciso, portanto, recorrer às relações actanciais, aos programas e percursos narrativos...O sujeito do estado...mantém laços afetivos ou passionais com o destinador, que o torna sujeito, e com o objeto, a que está relacionado por conjunção ou por disjunção, o estudo das paixões reabilita, no seio da semiótica, o sujeito do estado, posto de lado durante bom tempo.” (D. L. P. De Barros, Teoria do discurso – Fundamentos semióticos, p.61 e 62) A semiótica toma bastante cuidado para não fazer uma leitura psicologizante do texto.

Los comentaristas de este texto se dividen entre los que afirman que Teófilo es un cristiano (entonces el Evangelio serviría para edificar su fe) y los que, a su entender, todavía no era cristiano, y el Evangelio de Lucas iría a llevarlo a la conversión. Desde el punto de vista de la narratividad, el hacer-saber instaurado por el destinatario, es decir, el creer de Teófilo, puede ser cualquiera de estos dos tipos de creencia. –la inicial, o el desarrollo de un creer ya existente. Esta decisión semántica debe ser tomada con otras bases metodológicas, que no son las del análisis de la narratividad.

L. Alexander, “Luke’s preface and Greek preface-writing”, en Novum Testamentum, Leiden, E.J.Brill, vol.28, n.1, 1986, p.60.

L.Alexander, “Luke’s preface and Greek preface-writing”, p.70.

Un meta-texto es un texto que tematiza la propia textualidad. Un texto sobre sí mismo.

No todos los textos explicitan sus objetivos –valor y modales. En muchos casos es necesario entrebuscar para encontrarlos.

Para detalles, ver D. L. P. de Barros, Teoria do discurso – Fundamentos semióticos, p. 60-69.

 

 

 
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