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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

Una aproximación estructural a Lucas 1-4

René Krüger

Resumen
El artículo explica brevemente los objetivos del análisis estructural o semiótico de los textos y la relación de este acercamiento con el método histórico-crítico. Luego presenta la estructura concéntrica formada por los elementos de capacitación de Jesús el Cristo en Lucas 1,5-4,13 (no sólo en Lc 1-2), repasando los contenidos de los elementos simétricos y destacando el paulatino enriquecimiento de las capacidades (en sentido semiótico) del sujeto principal del evangelio. La exploración del esquema actancial plantea la pregunta acerca de la creación de los y las ayudantes que continuarán la tarea iniciada, a los efectos de que el documento, concebido como proyecto de mundo y vida, pueda traducirse a una determinada praxis de fe y acción. Un planteo sobre la relación de Lc 1-4 con la doble obra lucana complementa el repaso.

Abstract
A Structural Approach to Luke 1-4: The article briefly explains the objectives of the structural or semiotic analysis of the texts and the relationship of this approach with the historical-critical method. It then presents the concentric structure formed by the elements of the formation of Jesus the Christ in Lk 1,5-4,13 (not only in Lk 1-2), reviewing the contents of the symmetric elements and highlighting the gradual enrichment of the capabilities (in the semiotic sense) of the main protagonist of the gospel. The exploration of the actancial scheme raises the question about the creation of the assistants who will continue the task that has been initiated, to the effects that the document, conceived as a project of world and life, could be translated into a definite praxis of faith and action. A suggestion about the relationship of Lk 1-4 with the double Lukan work completes the review.

Método histórico-crítico y análisis estructural o semiótico

Durante muchas décadas, decir exégesis equivalía a decir método histórico-crítico (abrev. MHC): crítica textual, crítica literaria, crítica e historia de las formas y los géneros literarios, historia de las tradiciones, crítica e historia de la redacción y la composición. En los años setenta y ochenta del siglo XX, varios nuevos métodos como también aproximaciones hermenéuticas surgidas de nuevos sujetos y nuevas conciencias comenzaron a abrirse caminos en la investigación científica de los textos bíblicos: el análisis sociológico, la investigación estructural o semiótica de los textos, el análisis cultural, la hermenéutica del género.

El gran prestigio que logró el método socioanalítico en América Latina se relaciona con la incorporación de los apremiantes problemas y planteamientos sociales por parte de las iglesias y la teología y en consecuencia también por la exégesis. Casi paralelamente se introdujo la investigación estructural de los textos como metodología especial de la lingüística moderna, pero debe indicarse que la mayoría de los trabajos se limitan al relevamiento y al análisis de las estructuras manifiestas de los textos. La metodología semiótica completa es mucho más compleja y abarca una serie de pasos más allá de la constatación de la estructuración del nivel manifiesto. De particular interés para el trabajo con textos bíblicos resultó ser el método semiótico iniciado por Julián Algirdas Greimas. Fue desarrollado originalmente en Francia y también fue incorporado a la exégesis latinoamericana, pero no con tanta aplicación como sería deseable .

El MHC llegó a ciertos límites cuando se trataba de analizar sincrónicamente los diferentes elementos lingüísticos (y no sólo los literarios y redaccionales) y comprenderlos como totalidad organizada. Al instalar el proceso de formación de un determinado texto, una tradición o un conjunto de textos en el centro del interés de la investigación y al colocar con ello el énfasis en la prehistoria de la formación final, actual y canónica del texto, se produce el riesgo de confundir los resultados de la crítica literaria, la historia de las formas y las tradiciones con el sentido mismo del texto. Con ello, el interés de los y las exégetas se traslada en última instancia a una etapa precanónica del texto. El análisis redaccional parece equilibrar esa desventaja; sin embargo, es un acercamiento similar, pues se lo suele comprender como una historia de la redacción, colocando con ello nuevamente el énfasis sobre el proceso de la formación del texto en lugar de trabajar sobre su forma final. Ahora bien, la teología, la proclamación y la enseñanza eclesiásticas del mensaje de los textos trabajan sobre textos que poseen una determinada forma final. Los pasos histórico-críticos reconstruyen la historia del texto y aportan datos imprescindibles para su comprensión, pero no equivalen en sentido directo a la explicación del sentido del texto. El sentido no es suministrado por los fragmentos del gran vitral o mosaico, sino por la figura final, definitivamente estructurada y de hecho canonizada . Claro está que la compresión de las piezas del vitral y del proceso de armado es parte esencial de esta interpretación.

Aquí entra el aporte de la semiótica. Así como el MHC es indispensable para el análisis “estratigráfico” o “arqueológico” y diacrónico del texto, el análisis semiótico es imprescindible para la comprensión sincrónica del texto, pues se dedica a las diferentes estructuras que coexisten sincrónicamente en el texto: el nivel de manifestación, el nivel narrativo (sujetos, objetos, actantes, funciones y programas), el nivel descriptivo (figuras, conjuntos figurativos, temas descriptivos, papeles temáticos e isotopías) y la estructura profunda.

En la medida en que el estudio histórico-crítico del texto con su prehistoria pasa a la comprensión semiótica del texto “en sí”, se resuelve también de manera “natural” el problema de la relación entre la semiótica y el MHC, muy discutido en los primeros tiempos del análisis estructural.

En el trabajo histórico-crítico se realiza una transferencia ciertamente ilegítima al asumir que la exposición de la dimensión semántica del texto (¿Qué dice el autor?) lleva directa y mecánicamente a la dimensión hermenéutica. (¿Qué nos dice el texto?) Pues esto presupone establecer como primacía que el ser humano crea significados, que pueden ser transmitidos poco más o menos como “paquete”. Claro que el ser humano crea significados; pero las estructuras altamente diferenciadas en las que se desarrolla y con las que le toca vivir, también le imponen significados. El sentido proyectado por un autor o una autora no necesariamente tiene que equivaler al sentido que transmite el texto final. Por su parte, este sentido se relaciona con diversas estructuras de su contexto como también del actual, es determinado por ellas y las sobredetermina. A la vez, el texto mismo se compone de estructuras, que no sólo son un “medio” para la transmisión de sentido, sino que son parte del mensaje. Por ello, la combinación de la investigación de las estructuras del texto con el estudio de sus dimensiones históricas (autor o autora, situación matriz, destinatarios, lugar, época, etc.) posee una mayor posibilidad de hacer hablar al texto. De ello se desprende que la combinación y la mutua complementariedad del MHC como investigación diacrónica de los elementos del texto y de la semiótica como su comprensión sincrónica hacen mayor justicia a la comprensión del ser humano como creador de significados y sentidos y a la vez como ser histórico condicionado por significados que le son “impuestos” .

La semiótica comprende el texto como expresión lingüística y como categoría fundamental, y no como mero acceso a otros niveles (historia de la formación del texto, su prehistoria, contexto, cultura, religión, sociedad, etc.), como suele suceder en mayor o menor grado con el MHC y también en la lectura sociopolítica. La definición “texto como expresión lingüística” o “categoría fundamental” implica que la semiótica trata de “respetar” al texto como construcción con identidad propia, como mensaje puesto por escrito, como “tejido” que produce sentido (en latín, textum y textus significan tejido; textus pasó a significar la conexión del discurso; de allí se deriva texto).

Esta formación refleja por una parte determinadas intenciones y situaciones de su creador o creadora; pero al mismo tiempo posee una dinámica propia que posee mayor o menor fuerza; y ejerce su influencia sobre determinadas situaciones “irradiando” su sentido, en ocasiones siglos e incluso milenios después de su origen. Esto suele suceder sobre todo con textos religiosos. El análisis de esa construcción artística, productora de sentido, hace más justicia a la identidad propia y la autonomía del texto que un mero acercamiento histórico. De allí que la semiótica no sea simplemente una metodología más que pueda agregarse al MHC, sino que se trata de una nueva orientación, un nuevo paradigma científico.

Los efectos de sentido que una lectora o un lector percibe en el texto son originados por un sistema estructurado de relaciones que está montado sobre una o dos oposiciones fundamentales. A partir de esa oposición fundamental, se originan funciones y antifunciones, papeles positivos y negativos, programas y antiprogramas, sujetos y antisujetos, etc. De ello se deduce que todo texto e incluso cada una de sus afirmaciones incluyen un elemento polémico. El relevamiento de estas relaciones (las oposiciones también constituyen relaciones), de las leyes que determinan la coherencia intratextual y de la estructuración del tejido del texto colaboran con el descubrimiento de los mecanismos que producen el sentido del texto. Por ello se habla más bien de producción de sentido y efectos de sentido, y no del “sentido en sí”, dado que el sentido es creado por la disposición organizada de los elementos del texto. Los efectos de sentido buscados (frecuentemente también no buscados) por el autor o la autora y contenidos en el texto – también pueden ser llamados resultados de sentido – presuponen un sistema de relaciones entre los elementos significantes. Este sistema no es obra del azar, sino que constituye una estructura basada en la lógica binaria de conjunción y oposición. Por ello es posible rastrear la producción de este efecto y descubrir de esta manera la disposición o la red sobre la que está construida.

El análisis semiótico de textos pregunta, pues, acerca de la producción del sentido de un texto. Se lo llama también análisis estructural, puesto que analiza la forma de la producción de sentido basada en una arquitectura o estructura del texto. ¿Mediante qué dispositivos internos y qué sistema inmanente de relaciones entre sus elementos el discurso crea su efecto de sentido? ¿Qué es lo que posibilita precisamente éste y no otro efecto de sentido? ¿Cuál es la armazón que sostiene el texto desde su profundidad? La sintaxis habitual termina con el fin de la oración – más precisamente, con el punto; pero un texto generalmente consiste de varias o muchas frases, ¿cómo se relacionan éstas? ¿De qué reglas de combinación y de qué transformaciones dentro de un discurso o un texto resultan los efectos de sentido? ¿Cómo “funciona” el texto? ¿Cómo dice el texto lo que dice? ¿Qué sucede en el texto mismo?

La tarea de la semiótica consiste en describir los elementos estructurados y estructurales, narrativos y descriptivos; determinar el conjunto de las leyes que reglamentan ese hecho de “contar con sentido”; presentar de manera clara esa organización y construir un modelo representativo de los efectos de sentido. Sus resultados permiten verificar el sentido que el público lector ya había “palpado” en el texto. Esta verificación puede corregir distorsiones y sentidos introducidos erróneamente al texto. Además, comprender cómo dice el texto lo que dice, también aporta a una mejor comprensión de su sentido.

En un análisis semiótico completo, se pasa del rastreo de la manifestación al relevamiento de los datos de los niveles narrativo y descriptivo, y a partir de estos niveles se avanza hacia la estructura profunda en busca de la oposición fundamental. Este trabajo consiste en los siguientes pasos.

El análisis del nivel narrativo comienza con la elaboración del inventario de los principales sujetos y objetos (Actantes) y su colocación sobre sucesivos esquemas actanciales. Luego se describen estos esquemas, obteniéndose los programas narrativos principales y adjuntos, cada cual con sus respectivas fases de la narratividad.

Luego el análisis pasa al nivel descriptivo, haciendo un inventario de las principales Figuras y agrupándolas en Conjuntos figurativos. Éstos a su vez se agrupan en Temas descriptivos y Papeles temáticos, aplicados a los diversos Sujetos. El análisis describe luego estos temas y papeles y destaca los cambios que se van produciendo en los personajes.

Después se vuelven a estudiar todos los elementos de los Sujetos, Objetos, Figuras y Conjuntos figurativos y se los agrupa en Isotopías semiológicas, que constituyen una especie de códigos del texto. Obtenido el inventario de las Isotopías, se identifica el “mínimo elemento común” o “común denominador” de todas ellas. Este “mínimo elemento común” será la Oposición fundamental del texto. Se la obtiene preguntando qué es lo que articula las diferencias percibidas en las diversas isotopías semiológicas. Entonces se define un nombre a esa oposición mediante un binomio oposicional, que “trabaja” sobre la isotopía semántica. Este binomio no debe repetir simplemente los términos del texto, pues no es un resumen del texto, sino la representación de los mecanismos que producen el efecto de sentido.

Una vez identificado el binomio oposicional, el análisis toma el primer nombre, agrupa junto a éste las isotopías semiológicas identificadas y coloca junto a cada una los respectivos programas narrativos y conjuntos figurativos. Luego hace lo mismo con el segundo nombre del binomio.

Una vez hecho ese primer listado, se hace una “segunda vuelta” de clasificación, pero esta vez sobre el cuadrado semiótico, colocando los programas narrativos y los conjuntos figurativos sobre los cuatro vértices del cuadrado semiótico.

El último paso consiste en describir la circulación del relato, empezando - según lo indique el texto - por uno de los vértices superiores del cuadrado semiótico, pasando a su negación y de allí al otro nombre del binomio. Si el texto es muy breve, puede ser que circule sólo por tres vértices; si es más amplio, puede haber una o más circulaciones completas por los cuatro vértices.

Desde los últimos años de la década del setenta del siglo XX, los exégetas comprometidos con la semiótica vienen repitiendo que ambos métodos, el histórico-crítico y el semiótico, no pueden ignorándose mutuamente. Tienen dos metas en común: trabajan sobre los mismos textos, y les interesa el sentido de los textos. La única actitud aceptable y madura es, pues, la de la cooperación y de la convergencia de los métodos , dedicándose el MHC a la investigación del texto y su prehistoria (y no sólo la prehistoria del texto), y la semiótica al texto en sí, presuponiendo para ello la prehistoria.

Lucas 1-4: La construcción del héroe del evangelio

A los efectos de ilustrar la puesta en funcionamiento de la metodología del análisis estructural, repasaremos a continuación la estructuración de Lucas 1-4, advirtiendo de entrada que resulta totalmente imposible ofrecer en tan pocas páginas un panorama mayor que haga justicia a la inmensa riqueza que la metodología estructural o semiótica puede ayudar a descubrir en ese texto tan denso y concentrado. Bosquejaremos tan sólo la estructuración manifiesta y algunos elementos actanciales de los capítulos lucanos preparatorios. Al mismo tiempo reconocemos la fuerte tentación de explayarnos sobre los elementos recogidos por el análisis histórico-crítico, pero como ello es tarea de otro artículo, nos limitaremos al extremo para no ceder frente a esta tentación.

La llamada actividad pública de Jesús (predicación y enseñanza, milagros, relaciones diversas, visitas, discusiones) comienza explícitamente a partir de Lc 4,14. Estructuralmente todo lo anterior es preparación del sujeto sobresaliente del evangelio: Jesús el Cristo. El texto construye al héroe que realizará un determinado programa cuyo despliegue será el contenido del EvLc . Con respecto a Lc 1-2, la exégesis suele hablar de “historias de la infancia” ; pero en perspectiva estructural no interesan las edades de los sujetos, sino sus realizaciones; y en el caso de Jesús, éstas son preparadas por una capacitación del héroe . En la proyección estructural de todo el EvLc, esta fase de capacitación halla su correspondencia en el “desenlace” del recorrido del sujeto: pasión, muerte, resurrección, envío de continuadores, ascensión, según la siguiente estructuración:
Lc 1,1-4 Protocolo de lectura del EvLc
A   1,5-4,13 Capacitación del sujeto
B          4,11-9,50 Realizaciones en Galilea y “toda Judea”
X               9,51-19,44 Realizaciones en el camino a Jerusalén
B’        19,45-21,38 Realizaciones en Jerusalén
A’  22,1-24,53 Desenlace

La parte central contiene a su vez una pormenorizada simetría, cuya presentación nos llevaría demasiado lejos; pero en líneas generales presenta la siguiente figura:
      A   9,512-13,21 Promesa del Reino
      X         13,22-17,10 Condiciones para el ingreso al Reino
      A’  17,11-19,44 La irrupción del Reino

Tomando, pues, en cuenta que Lc 1,5-4,13 constituye solo bloque por ser secuencia preparatoria, cabe preguntar acerca de la estructuración de ese bloque, que contiene una serie de materiales de muy diversos orígenes. A nivel de la proyección, hay dos historias superpuestas: una que muestra cómo dos parejas llegan a tener sus respectivos hijos; la segunda enseña lo que Dios comenzó con su pueblo y para éste a través de estos dos niños. En cuanto a los sujetos centrales, se perfila una especie de “synkrisis”, procedimiento literario de comparación silenciosa entre Jesús y Juan, en la que la redacción enfatiza en un evidente crescendo la superioridad de Jesús frente a Juan. La excelencia ya queda establecida por la manera en que Lucas combina los respectivos anuncios de los nacimientos y los himnos de gratitud, formando un quiasmo que da realce al centro:
      A   Anuncio a Zacarías
      B               Anunciación a Maria
      B’              Magníficat de Maria
      A’  Benedictus de Zacarías

El constante “agôn” o “lucha” por la mejor capacitación culmina finalmente dejando establecido a Jesús en el terreno de la actuación pública, mientras que Juan va mermando más y más – siendo no obstante “rehabilitado” por Jesús mismo en Lc 7,28 como el mayor entre los humanos, para ser ubicado luego en el antiguo pacto en Lc 16,16.

Juntamente con la constatación de una serie de paralelizaciones entre Jesús y Juan y el evidente interés lucano en subrayar la superioridad del hijo de María, cabe preguntar acerca del porqué de la inclusión de los relatos preparatorios de Juan el Bautista en el EvLc. Creemos que además del bello recurso estructural y literario de la synkrisis, pueden constatarse algunas razones muy importantes para la presentación de la capacitación del Bautista :
- Lc 1,5-25.67-80 protege a Juan contra acusaciones tendenciosas con relación a algún origen dudoso, y establece que su génesis se halla en Dios y que Dios mismo preparó a este personaje.
- Lucas indica que la trayectoria de este personaje curioso sobrepasa la escala de valores en vigencia y comúnmente aplicada a un ser humano: tiene una madre anciana y estéril, el nombre fue asignado por Dios mismo.
- La referencia al templo, lugar público central de Israel y ahora lugar del anuncio del nacimiento de Juan, indica que ese personaje tendrá importancia decisiva para todo el pueblo y no sólo para el matrimonio de Elizabet y Zacarías . El templo también era lugar de oración del pueblo, y la oración siempre tenía que ver con la salvación en sus diversos aspectos. El carácter público de la misión del Bautista queda vinculado, pues, con esa oración de Lc 1,10. En Lc 1,68 se constata que esa salvación le fue concedida a Israel . He aquí un nuevo quiasmo: pueblo en oración - anuncio del programa del Bautista - oración que constata que Dios ha visitado y redimido a su pueblo (Benedictus).

Más allá de la “lucha silenciosa” entre ambos sujetos y buscando ahora las relaciones entre los elementos estructurales de la capacitación de Jesús el Cristo, se hace un descubrimiento interesante: Lucas construyó una simetría concéntrica con estos elementos, en cuyo centro figura el nombre de Jesús. Antes de pasar a esta estructuración tan distinguida y luego de haber presentado ya algunas simetrías sencillas, cabe decir algunas palabras sobre las simetrías en la literatura bíblica. Lo haremos a la manera de un breve excurso.

Breve excurso: Las simetrías en la literatura bíblica

Las simetrías de la literatura bíblica consisten en elementos ordenados por pares de manera concéntrica (es decir, no paralela) alrededor de un centro. Estos elementos pueden ser términos y conceptos sinónimos y/o antónimos de significado literal o también figurado, frases de sentido, unidades menores y mayores, conjuntos de unidades, contenidos e incluso bloques formados por varios capítulos. La figura básica más simple de una simetría es el quiasmo con su disposición cruzada de cuatro elementos que se corresponden por pares. Todas las estructuras simétricas mayores son desarrollos de esta figura básica. Cuando la simetría tiene un número par de elementos, se habla de una estructura quiásmica; cuando el número de elementos es impar, se habla de una estructuración concéntrica. Los elementos simétricos pueden asumir múltiples relaciones mutuas. Pueden complementarse, explicarse, profundizarse, negarse, anularse, resumirse, incluirse, excluirse, implicarse, desarrollarse, etc., hallándose el elemento profundizador y explicativo en la segunda mitad. A primera vista, la presentación gráfica de una simetría puede tener un aspecto desconcertante o asombroso; y frecuentemente causa la impresión de que se impuso una estructura artificial al texto. Pero de ninguna manera las simetrías son productos artificiales engendrados por la fantasía de los exegetas. Hay criterios claros y controlables para el establecimiento de estas estructuras del texto. Además, la abundancia de las estructuras ya descubiertas cubre una gran cantidad de textos bíblicos. Después de un cierto tiempo de dedicación a la búsqueda de estas estructuras y con el dominio adecuado de los criterios necesarios para este trabajo, resulta que muchos elementos singulares de buena parte de los textos pueden colocarse con mucha facilidad en el correspondiente esquema estructural. El centro de una estructura resulta ser de interés especial, pues los autores colocaban frecuentemente pensamientos teológicos medulares e indicaciones especiales en el corazón de la respectiva unidad de texto. Los puntos de inflexión en el centro del texto provocan muchas veces la inversión o también el cumplimiento de las indicaciones de la primera mitad de la simetría. En otras estructuras la segunda mitad desarrolla los énfasis colocados en el centro.

La identificación de las simetrías trabaja con los siguientes pasos metodológicos:

  1. Delimitación literaria de las distintas unidades de texto.
  2. Primera búsqueda de analogías u oposiciones llamativas, formadas por conceptos sinónimos o antónimos significativos (por lo general, sustantivos y verbos; en menor escala, adjetivos); y señalamiento de los mismos mediante letras mayúsculas: A – A’, B – B’, etc. En algunas ocasiones pueden hallarse también correspondencias de formas gramaticales y sintácticas (p. ej., aoristo – aoristo, futuro – futuro).
  3. Búsqueda más afinada de correspondencias, formadas por motivos y contenidos emparentados u opuestos, explicaciones de los temas anunciados en la primera mitad de la simetría, respuesta a preguntas planteadas, cumplimiento de promesas, etc.
  4. Presentación gráfica de la estructura.
  5. Descripción de la simetría y evaluación de los resultados.

 

La estructura concéntrica de Lucas 1,5-4,13

Pasemos ahora a la estructuración concéntrica de los materiales preparatorios del héroe principal en Lc 1,5-4,13, para analizar brevemente los elementos que forman la simetría:
A’  Lc 1,26-39 Anunciación: evidencia de superioridad y “carácter especial”
B         1,46-55 Aceptación por María ( Magníficat): filiación humana y divina del héroe
C               2,1-7 Nacimiento: dimensión biológica
D                     2,8-14 Proclamación por ángeles
E                            2,15-20 Reconocimiento por pastores de ovejas
X                                 2,21 Nominación, Jesús, el nombre-programa
E’                          2,22-38 Reconocimiento por Simeón y Ana
D’                    3,1-6.15-18 Proclamación por Juan el Bautista
C’              3,21-22 Bautismo: dimensión pneumatológica
B’        3,23-48 Genealogía: filiación humana y divina del héroe
A’  4,1-13 Tentación: evidencia de superioridad y “carácter especial”

A y A’: La anunciación se paraleliza con la tentación, pues ambas evidencian la superioridad del héroe. La acumulación de objetos-títulos en Lc 1,32-33.35 indica que ese niño será algo muy especial. En la primera unidad la supremacía se halla en estado virtual, ya que se trata de anuncios puntualizados que hace el Ángel Gabriel a la Virgen María; pero a nivel semiótico los títulos deben ser tomados como atribuciones reales: el Niño que nacerá “es todo eso”: Nombre Jesús, Grandeza, Filiación divina, Trono de David, Reinado eterno sobre Jacob, Reino sin fin; y no cabe duda de ello, pues los títulos “le vienen” por la acción de Dios mismo. Dado que estructuralmente a cada objeto se le opone siempre un antiobjeto, a cada sujeto, un antisujeto y a cada programa, un anti-programa, cabe preguntar quién o quiénes estaban hasta ese momento en posesión de todos esos objetos: ¿Tronos usurpados, reinos finitos, no santos, hijos de algún ser humano, etc.? Esta pregunta será respondida parcialmente por la estructuración del Magníficat, donde Maria verbalizará explícitamente las oposiciones.

Al revestir a Jesús con características sobresalientes que él ejercitará por primera vez en la superación de las tentaciones, el texto de la anunciación proyecta su contenido a toda la vida de Jesús el Cristo.

Con la tentación concluye la amplia fase de la capacitación. Redaccionalmente es importante el orden lucano (diferente del mateano) de las tres tentaciones. En la tercera según Lc, Jesús es colocado en el centro del complejo que garantizaba la estabilidad del sistema socio-religioso-económico: el templo de Jerusalén. Por cierto el papel temático de esta ciudad es negativo: lugar de tentación, celebridad, prestigio, fanfarronería. La figura misma de una discusión entre Jesús y el diablo sobre el alero del templo, o sea, la presencia del enemigo de Dios dentro o sobre el recinto sagrado del sistema religioso, es un verdadero antiprograma a la sacralización espacial del complejo. En realidad, se trata de una imagen totalmente imposible para la mentalidad del momento. Por otra parte, la historia construye tres papeles de Jesús y constituye un verdadero anticipo de la estructuración del evangelio entero . Las tentaciones esquematizan las tres pruebas básicas de una existencia humana: TENER, PODER Y VALER. Las degeneraciones de las tres son la avaricia y/o codicia, la tiranía y la vanidad. La superación de las tentaciones por Jesús, el Hijo de Adán-Hijo de Dios, anticipa un modelo alternativo de praxis humana no basada en el tener, el poder y el valer.

B y B’: Bajo “aceptación por María” englobamos aquí el acto emocional y relacional de la joven virgen y el engendramiento biológico o la concepción propiamente dicha que construye el papel temático SER CON FILIACIÓN HUMANA Y DIVINA; y también la verbalización de este proceso por María misma en su cántico, el Magníficat.

Sea cual fuere el origen del cántico (creación comunitaria cristiana, desarrollo estilizado de algunas ideas, poesía anónima, producto de círculos del pauperismo, composición midrásica, creación macabea), en el contexto actual, en boca de María y en la recepción cristológica del texto por Lucas, la acción de Dios alabada por Maria significa concretamente la elección de María como madre del Cristo y el acto de engendramiento de la criatura. La primera función del texto consiste en la verificación de lo anunciado y realizado, es decir, del programa comunicado en Lc 1,26-38. Ahora bien, esta verificación se combina con el recuerdo agradecido de grandes acciones de Dios, que van más allá del hecho personal que le toca vivir a María y que ubican a este hecho en un amplio marco de liberación histórica y de inversión de las relaciones de dominio, poder y riqueza imperantes en el mundo. La ubicación estructural del Magníficat al comienzo del evangelio indica que Lucas tendrá mucho que decir sobre estas relaciones y los correspondientes conflictos. La combinación de la dimensión cristológica con la histórica hace que este recuerdo agradecido se convierta en el anuncio de una auténtica alternativa.

La estructuración del texto indica que la gigantesca desigualdad entre ambos roles, el de Dios como Señor absoluto de la historia mundial y el de María como mujer pobre, queda superada por la intervención de Dios. Como portavoz de una comuna de personas marginadas, la María lucana eleva así su salmo a la categoría de un manifiesto, con el cual ella anuncia algo extraordinario. La inversión obrada en la historia y con Maria misma es la tarea que deberá asumir la criatura aún no nacida. Esta inversión deberá asumir formas concretas en la nueva comunidad, como alternativa a los gobiernos y dominios fundados sobre violencia, ostentación, riqueza y poder.

Ahora también comienzan a esclarecerse algunas cuestiones planteadas por el anuncio de los títulos. La grandeza se opone a los soberbios; el poseedor del trono de David se enfrenta a los poderosos en el trono; el reinado eterno se confronta con los reinados temporales cuyas relaciones serán invertidas.

El Magníficat hace par con la genealogía. Ésta desarrolla tanto el hecho de la ascendencia histórica del Mesías (es decir, su relación con el Padre del pueblo del Pacto y su filiación davídica) como a la vez el de la divinidad de Jesús. La genealogía participa fundamentalmente en la isotopía ideológica: muestra la plena legitimidad de Jesús, quien se desacreditará empero ya muy pronto ritualmente por su contacto con los impuros y pecadores – pero es “purísimo” en cuanto a su origen: es davídico, abrahamítico, Hijo de Dios. Se destacan los dos extremos estructurales de la composición genealógica: Jesús – Dios. Se deduce de ello y de la ubicación de la lista de antepasados precisamente después del bautismo que la unidad apunta a fortalecer la filiación divina de Jesús.

En ambos extremos se despliega la conjunción de las figuras: el hôs enomízeto de Lc 3,23 remite al engendramiento en María por obra de Dios; el toû theoû del v.38 es el remate de la interesante construcción genealógica. La verdadera y plena humanidad del Salvador está representada, además, por la extensión de la lista hasta Adán, sobrepasando Lucas el esquema ofrecido por Mateo.

C y C’: El nacimiento se paraleliza con el bautismo, ya que ambos son referentes esenciales en la construcción del héroe: el primero presenta la dimensión biológico-histórica de la existencia de Jesús; el segundo, la del Espíritu, que se introduce en la historia (katabênai tò pneûma tò hágion somátikô eídei “descendió en forma corporal”).

Lucas estructura la historia navideña con un esquema oposicional de colores sumamente fuertes, construido sobre contrastes de la realidad histórica. El texto navideño comienza hablando de un edicto promulgado por la autoridad descollante del gigantesco imperio romano y concluye con un humilde niño depositado en un establo para animales. Es casi imposible imaginarse un contraste mayor entre ambas imágenes: la cabeza del universo conocido en aquel entonces y un bebé en un lugar inmundo. Palacios, castillos, legiones, desfiles, abundancia, lujo, derroche por un lado; y ni siquiera una cama en una humilde choza, sino un establo o una cueva para animales por el otro.

Creer que esa criatura es algo especial es realmente un acto heroico de fe; y aún más heroico es creer que se trata del enviado de Dios, el Mesías o Cristo, el Señor y Salvador. La oposición entre el poder visible, evidente y palpable de un imperio que pisa fuerte y la profundidad insondable y misteriosa de la fe da forma sustancial al relato de la escena navideña. La alegría en el cielo y su efecto sobre los humildes pastores de ovejas se basa en la obra puesta en marcha por Dios mismo y no sobre aquello que organiza el emperador de Roma.

Ubicar la llegada de la salvación en Belén, un rincón olvidado del mundo, significa polemizar frontalmente con las pretensiones divinas del emperador de Roma cuyo nombre de por sí ya era todo un programa: Augusto. Es polemizar con una política estatal que se encamina hacia la veneración religiosa de la máxima autoridad del imperio. Es afirmar una opción contracultural de Dios e invitar a la fe en ese Dios que llega a la humanidad en el niño Jesús, el Salvador que no aparenta serlo, el Mesías sin brillos ni esplendor.

El pesebre no es sólo una señal que debe facilitar a los pastores la identificación de la criatura. También es señal de la pobreza y de la situación precaria de la pequeña familia de escasos recursos de Nazaret, que a pesar del embarazo de María fue obligada por el poder imperial a un viaje dificultoso y arriesgado. Ahora el recién nacido yace fuera de las habitaciones humanas en un lugar que comúnmente le pertenece a los animales.

Los pañales remiten a la verdadera humanidad de este niño. Aquí no hay nada de apariencia: Dios se encarnó plenamente en un ser humano, con todas sus necesidades, alegrías, tristezas y esperanzas. Aquí no hay nada que sustente futuras especulaciones gnóstico-docetistas sobre una encarnación tan sólo aparente de Dios, ni hay lugar para las fantasías de ciertos evangelios apócrifos que convierten al recién nacido o al niño en un milagrero. Aquí hay humanidad, humildad, marginación, pobreza, historia “cruda” y encarnada. Aquí hay un Dios encarnado en la cotidianeidad de los esfuerzos de la gente “pequeña” y sin poder.

Dios no se hizo ser humano “en general”. Se hizo ser humano pobre, marginado, excluido; en un lugar “imposible” y bajo circunstancias difíciles para su pueblo. Ahora ese Dios encarnado es rodeado por gente insignificante, pobre y despreciada. La historia de la Navidad contiene la semilla de la misión cristiana universal, que siempre ha de asumir una postura contraria a todo imperio de la historia, si es que quiere ser fiel a su Señor.

El bautismo de Jesús es referido por Lucas casi de paso mediante un genitivo absoluto (kaì Iêsoû baptisthéntos), lo cual podría relacionarse con el escándalo de un bautismo para pecadores aplicado a Jesús, y al mismo tiempo con el esquema lucano de comparación entre las dos figuras con la superación de Juan por Jesús: la fórmula lucana no exige la actuación del Bautista. Algunos exégetas incluso hablaron de un autobautismo de Jesús . La escena es otro jalón más en la capacitación del héroe, revistiéndole de las figuras del Espíritu Santo, la filiación divina y la complacencia de Dios.

D y D’: La proclamación por el ángel y el ejército celestial tiene su paralelo en la proclamación mesiánica que hace el Bautista.

De paso diremos que el relato de los pastores realiza una profunda transformación del papel temático de aquellos hombres: de despreciados en destinatarios del anuncio del nacimiento del Salvador; y de evangelizados en evangelizadores.

A nivel semiótico, el testimonio del Bautista es una verificación que cumple la función estructural de preparación querigmática y de identificación personalizada. El predicador en el desierto se había distanciado de otros movimientos, proponiendo un programa alternativo de frutos de arrepentimiento relacionados con la satisfacción de necesidades del prójimo; ahora vincula su programa con el sujeto histórico de Jesús.

E y E’: Luego se paralelizan los respectivos reconocimientos por los pastores y por Simeón y Ana. En ambos hay una proclamación pública y un testimonio sobre el Niño Mesías.

En el reconocimiento por Simeón y Ana se anuncia el problema del futuro de Israel, tematizado varias veces a lo largo de la doble obra lucana. Jesús tendrá un doble “efecto”: iluminará a los gentiles y será gloria de Israel; pero a la vez implicará caída y elevación de muchos en Israel y será señal de contradicción. Estas palabras evidencian que la línea divisoria no pasará entre Israel y los gentiles, sino entre creyentes y opositores. El EvLc desplegará esta división en el mismo Israel; Hch agregará luego la dimensión de los gentiles: hay judíos que llegan a creer; muchos rechazan la proclamación – y el evangelio va a los paganos, donde tampoco lo aceptarán todos. El relator deberá mostrar el porqué del carácter contradictorio del Niño como también qué significa la caída de unos y la elevación de otros.

X: El centro de la estructura lo ocupa la nominación. Este montaje concéntrico da realce magnífico al nombre-programa: Yavé es salvación o Yavé salva . Toda la secuencia de la capacitación focaliza, pues, sus distintas facetas en ese nombre programático.

Comúnmente se habla de la circuncisión de Jesús a la semana después de su nacimiento. Sin embargo, una lectura más atenta de Lc 2,21 descubre que la circuncisión en sí ocupa literaria y temáticamente un rango totalmente inferior en comparación con la realización central, que es la imposición del nombre de JESÚS. He aquí una verdadera desproporción entre la importancia de la circuncisión para el entorno judío y su rol actancial en este versículo. Tampoco aparece sujeto alguno que la realice. Literariamente la mención del rito se relaciona con el código cronológico: ayuda a determinar el tiempo del hecho de la imposición del nombre; y estructuralmente podría figurar como “ayudante secundario” que vincula a Jesús con la ley y el pueblo del pacto; pero he aquí, se produce un salto, ya que en el centro de la frase figura la imposición del nombre, y ese nombre fue comunicado por Dios mismo (Lc 1,31) y no depende de la circuncisión.

A excepción de circuncidar, todos los verbos empleados en Lc 2,21 remiten directamente a las acciones de Dios. La nominación vincula, pues, al Niño con el proyecto divino. Lo mismo hace el nombre en sí, Jesús, que conduce al programa soteriológico. El código onomástico reviste así a la individualidad de Jesús con la titulatura de Lc 2,11: sôtêr.

El esquema actancial

Pasemos ahora a una breve aplicación del esquema actancial. Luego de la estructura de manifestación, el primer nivel del texto queda conformado por sujetos, objetos, estados, movimientos, acciones, cambios y transformaciones. Aquí “viven” los actantes, que no son exactamente los actores o personajes literarios. Aquí hay que identificar los sujetos y objetos, y clarificar qué sujetos realizan qué acciones con qué objetos. El análisis describe el comportamiento de los actantes a través del decorrer el texto. La sucesión de estados (un sujeto en conjunción o disyunción con un objeto) y cambios (dar, perder, quitar, ceder, conseguir, apoderarse de un objeto, etc.) constituye un programa narrativo. Con esto se establecen diversos tipos de interrelaciones entres los sujetos del texto. Para comprender mejor el funcionamiento y las interrelaciones de los actantes, la semiótica los ubica en un esquema actancial, que tiene seis funciones o posiciones actanciales: sujeto, objeto, destinatario o receptor, emisor, ayudante y oponente.

El emisor determina qué destinatario recibe qué objeto. Esto da inicio a un programa de acción, desarrollado por el sujeto. Esta acción puede lograr su cometido, a veces con auxilio del ayudante; pero también puede verse impedida o frustrada, si se impone el oponente. Ayudante y oponente no siempre son personajes. También puede tratarse de cualidades, información, objetos inanimados, poderes. El oponente, cuando vence al sujeto, se transforma en antisujeto de un programa alternativo.

Repasando Lc 1-4, se obtiene que el Magníficat y la escena de los pastores evidencian que los destinatarios del programa divino son los humildes, despreciados, marginados, sencillos. A la vez, los poderosos, ricos y autosuficientes (visibilizados en el Magníficat y en la arenga de Juan el Bautista en Lc 3,7-9) ocupan el papel actancial de oponentes. Los valores manejados por estos sujetos (tener, poder y valer) son tematizados en la tentación de Jesús y se evidencian como verdaderos antivalores con respecto al programa del héroe.

Para completar el esquema actancial, falta descubrir ahora un actante más: el ayudante.

El texto ubica en ese lugar a María y José, los ángeles, los pastores, Simeón, Ana y Juan el Bautista; y como sujeto transversal, al Espíritu Santo. Elizabet también presta una ayuda colateral. Cada uno de estos actores colabora a su manera en la transferencia del objeto salvación (contenido en el nombre programático – será materia de la redacción lucana explicitar el contenido y los alcances concretos de este objeto) a los receptores o destinatarios.

El esquema completo es, pues, el siguiente:

            EMISOR                     OBJETO                     RECEPTOR
            Dios                             Salvación                     Pobres, marginados, despreciados
 


            AYUDANTE             SUJETO                      OPONENTE
            María, José                  Jesús                            Ricos, poderosos, autosuficientes
            Ángeles, pastores
            Simeón, Ana
            Juan el Bautista;
            Espíritu Santo

María aparecerá nuevamente en Lc 8,19-20, por cierto en el papel actancial de oponente. Después el autor la menciona nuevamente en Hch 1,14 en un sencillo papel de ayudante (ambas unidades presentan también a los hermanos de Jesús en idénticos papeles, respectivamente). José, por su parte, desaparece del todo de las realizaciones. Los ángeles asumen roles escatológicos y son mencionados con relación al juicio, a la alegría por un arrepentimiento y a la tumba abierta. No son, pues, ayudantes continuos. La parábola de Lc 15,4-7 menciona nuevamente a un pastor, pero su papel es sólo ilustrativo. Simeón se despide de la vida en Lc 2,29-30; a Ana tampoco le habrá quedado mucho tiempo por delante con sus 85 ó 104 años, según se interprete Lc 2,37 - pero ya con 84 es suficiente geronte como para no seguir asumiendo otras realizaciones. Juan el Bautista queda en prisión antes de la actuación pública de Jesús.

Haciendo abstracción de la línea constante constituida por la acción del Espíritu Santo, desaparecen, pues, todos los ayudantes. Si bien debe considerarse que las diversas capacitaciones adquiridas por Jesús constituyen otras tantas fuerzas actantes-ayudantes, cabe preguntar si no tendrían que aparecer en escena determinados personajes humanos en esa posición actancial. Si el texto efectivamente crea esos ayudantes, habrá que preguntarse acerca de la continuación de su tarea y por sus continuadores y continuadoras, si es que se considera que el documento es un proyecto de mundo y vida que quiere capacitar a su público lector para una determinada praxis de fe y acción. Este aspecto, que ya engloba la hermenéutica de la doble obra lucana, remite a la interpretación final de esta obra y no puede ser abordada desde los capítulos de capacitación.

Por de pronto, el recorrido estructural con su proyección del programa del héroe y la cuestión abierta de los futuros ayudantes y la continuación del programa envía al público lector al recorrido por el texto entero, donde se desarrollarán las capacidades adquiridas por el sujeto principal. En otras palabras, la secuencia de capacitación remite a la lectura del despliegue de la descripción de la misión de Jesús el Cristo; y entre otras cosas tendrá que interesar vivamente al público lector la creación de nuevos ayudantes, ya que a partir de Lc 4,13 el héroe queda solo en escena – sin ningún colaborador humano.

Lc 1-4 y su relación con la doble obra lucana completa

El acercamiento estructural confirma que los capítulos preparatorios del EvLc de ninguna manera son un conglomerado de materiales heterogéneos añadido sin mucha reflexión a la exposición de la actuación pública de Jesús el Cristo, como suele afirmarse de tanto en tanto en la exégesis. Por el contrario, los diversos accesos al texto – entre ellos, el estructural – permiten constatar una homogeneidad teológica llamativa y fundamental entre los capítulos preparatorios y todo lo demás, pues en estos capítulos “están ya presentes las características histórico-teológicas de toda la obra lucana” . Ello implica que no se justifica ningún tipo de separación de Lc 1-2 (ampliamos, en la línea de lo expuesto anteriormente: Lc 1-4) del resto ni un estudio aislado de la sección introductoria. De esta manera el análisis estructural, al “abrir” el EvLc a partir de las cuestiones que quedan abiertas luego de la sección preparatoria, suma sus procedimientos y resultados a lo que es posible constatar mediante el acercamiento terminológico y estadístico; el análisis teológico de la relación entre discursos, citas e himnos como introducciones programáticas y lo desarrollado en el cuerpo del evangelio; la investigación de la cristología, la eclesiología, la geografía soteriológica, la tipología, la liturgia; y la constatación de la coherencia entre el anuncio en Lc 1-2 del programa soteriológico destinado a personas pobres, despreciadas y excluidas y su realización a lo largo de la actuación de Jesús el Cristo.

René Krüger
Camacuá 282
C1406DOF Buenos Aires
Argentina
renekruger@isedet.edu.ar  -  renekruger@infovia.com.ar

 

Algirdas Julien Greimas, lituano radicado en París, durante muchos años figura líder del análisis estructural en la Ecole Pratique des Hautes Etudes en Sciences Sociales, ha incorporado los resultados de diversas investigaciones de Ferdinand de Saussure, Vladimir Propp, Claude Lévi-Strauss, E. Benveniste y otros; los combinó con una metodología propia y los aplicó a la investigación de la semántica, dimensión algo descuidada hasta ese momento por la lingüística. Greimas ha expuesto sus conceptos básicos en dos obras: Sémantique structurale - Recherche de méthode, París, Larrousse, 1966 (versión castellana: Semántica estructural, Madrid, Gredos, 1971); y Du sens - Essais sémiotiques, París, Seuil, 1970 (versión castellana: En torno al sentido, Madrid, Fragua, 1973). Muy conocido es su brillante presentación práctica del método en Maupassant - La sémiotique du texte - Exercices pratiques, París, Seuil, 1976. Una de las primeras introducciones al pensamiento y al modelo de trabajo greimarianos es el ensayo de C. Galland, “Introduction à la méthode de A.-J. Greimas”, en: EThR 48 (1973) 35-48. Una presentación completa del método ofrece la obra del Grupo de Entrevernes (Jean-Claude Giroud – Louis Panier, Red.), Analyse sémiotique des textes - Introduction – Théorie – Pratique, Lyon, Presses Universitaires, 1979. Versión castellana: Grupo de Entrevernes (Jean-Claude Giroud y Louis Panier, Red.), Análisis semiótico de los textos - Introducción, teoría, práctica, traducido del francés por Iván Almeida; prólogo, notas y acomodación por Juan Mateos, Madrid, Cristiandad, 1982. Buen valor práctico posee el manual de Joseph Courtés, Introducción a la semiótica narrativa y discursiva - Metodología y aplicación - Estudio preliminar de A. J. Greimas, traducido del francés por Sara Vasallo, Buenos Aires, Hachette, 1980. Para la terminología véase el diccionario de semiótica de Algirdas Julien Greimas, Semiótica - Diccionario razonado de la teoría del lenguaje, versión española de Enrique Ballón Aguirre y Hermis Campodónico Carrión, Madrid, Gredos, 1982.
Véanse también Equipo “Cahiers Evangile”, Iniciación en el análisis estructural, Estella, Verbo Divino, 1978; y Jean-Claude Giroud, Semiótica - Una práctica de lectura y de análisis de los textos bíblicos, Estella, Verbo Divino, 1988.

José Severino Croatto, Hermenéutica bíblica, Buenos Aires, La Aurora, 1984, p.15.

Idem.

En este nivel se inserta también el acercamiento canónico o la “crítica desde el canon” (Canonical Approach y Canonical Criticism, respectivamente, según la terminología original en inglés), según el cual el canon tiene una función hermenéutica para la interpretación de la Biblia. Esta perspectiva ha sido desarrollada vigorosamente por Brevard S. Childs, “Die theologische Bedeutung der Endform eines Textes”, en ThQ 167 (1987) 242-251; y por el mismo autor, Introduction to the Old Testament as Scripture, Philadelphia, 1979; Old Testament Theology in a Canonical Context, Philadelphia, 1985; The New Testament as Canon. An Introduction, Valley Forge, Pennsylvania, Trinity Press International, 1994 (primera edición: Philadelphia, 1985). Véase también G. W. Coats y B. O. Long (editores), Canon and Authority, Philadelhia, 1977; Rolf Rendtorff, “Zur Bedeutung des Kanons für eine Theologie des Alten Testaments”, en H.-G. Geger y otros, Wenn nicht jetzt, wann dann?, Neukirchen-Vluyn, Neukirchener Verlag, 1983, p.3-11; y una presentación resumida en: Julio Trebolle Barrera, La Biblia judía y la Biblia cristiana - Introducción a la historia de la Biblia, Madrid, Trotta, 1993, p.443-449.

Daniel Patte, What is Structural Exegesis?, Philadelphia, Fortress Press, 1976, p.14.

H. Zimmermann y K. Kliesch, Neutestamentliche Methodenlehre, p.271.

Jean Calloud, Structural Analysis of Narrative, Philadelphia-Missoula, Fortress Press-Scholars Press, 1976, p.1.

Grupo de Entrevernes, Análisis semiótico de los textos, p.16.

Jean Calloud, Structural Analysis of Narrative, p.9-10.

J. Delorme, “L’intégration des petites unités littéraires dans l’Evangile de Marc du point de vue de la sémiotique structurale”, en NTS 25 (1978-79), p.469.

Véase sobre ello un trabajo de los primeros años “en común”: Paul Riccoeur, “Del conflicto a la convergencia de los métodos en exégesis bíblica”, en Roland Barthes y otros, Exégesis y hermenéutica, Madrid, Cristiandad, 1976, p.33-50.
Mucho antes del desarrollo de la semiótica, James Barr hizo el intento de establecer una relación entre la metodología lingüística y el amplio campo de las ciencias bíblicas: The Semantics of Biblical Language, Oxford, The Clarendon Press, 1961.
La revisión de la clásica obra Neutestamentliche Methodenlehre de H. Zimmermann por Klaus Kliesch (1982) ya toma en cuenta la necesidad de esta cooperación entre la exégesis histórico-crítica y la crítica lingüística, y bosqueja breves programas para los diferentes pasos metodológicos (crítica textual, crítica literaria, historia de las formas, historia de la redacción (p.275-285). Kliesch subraya que el trabajo lingüístico es indispensable, pero al mismo tiempo constata (para su momento) que falta “un método amplio para la interpretación del texto sobre una base lingüística” (p.280). Este déficit queda corregido por el método semiótico de Greimas, tal como es presentado por el manual del Grupo de Entrevernes. Kliesch remite a la versión alemana del primer libro del Grupo de Entrevernes: J. Delorme (editor para el Grupo de Entrevernes), Zeichen und Gleichnisse - Evangelientext und semiotische Forschung - mit einer Studie von J. Geninasca und einem Nachwort von A. J. Greimas, Düsseldorf, Patmos Paperback, 1979 (original francés: Signes et paraboles - Sémiotique et texte évangélique, París, Seuil, 1977; versión castellana: Grupo de Entrevernes, Signos y parábolas - Semiótica y texto evangélico - con un estudio de Jacques Geninasca - epílogo de Algirdas Julien Greimas, Madrid, Cristiandad, 1979), y dice: “este libro presenta el inventario y el método del análisis semiótico de textos, como se lo viene practicando desde hace tiempo en Francia” (p.281, nota 33); pero no menciona el manual del mismo Grupo de Entrevernes, publicado en 1979: Analyse sémiotique des textes – Introduction - Théorie - Pratique, Lyon, Presses Universitaires, 1979.
Sobre la complementariedad véanse también Hubert Frankemölle, Biblische Handlungsanweisungen - Beispiele pragmatischer Exegese, Maguncia, 1983, p.11-32 y 199-204; y Wilhelm Egger, Lecturas del Nuevo Testamento - Metodología lingüística histórico-crítica, Estella, Verbo Divino, 1990, p.93-95 y 192-194.
La cooperación metodológica se practica y se propaga desde hace más de dos décadas en el ISEDET (hasta 2001, Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos; ahora Instituto Universitario ISEDET, Buenos Aires, Argentina). El instrumental y los resultados del método histórico-crítico se combinan con la semiótica, el método socioanalítico, elementos de crítica ideológica, la perspectiva de género, la hermenéutica y las cuestiones de la proclamación y la doctrina de la iglesia. Nos permitimos remitir aquí a nuestro manual de métodos exegéticos, publicado por el ISEDET: René Krüger, Severino Croatto y Néstor Míguez, Métodos exegéticos, Buenos Aires, Publicaciones EDUCAB, ISEDET, 1996 (2ª edición, versión corregida y aumentada).

La semiótica se maneja con un metalenguaje en el que muchos términos tienen otro valor semántico que en el manejo “común”. Héroe significa el sujeto principal del programa narrativo del texto, y no necesariamente un héroe al estilo histórico, épico, legendario. Filemón y Onésimo no son precisamente héroes “clásicos”, pero lo son en el sentido semiótico. Otro ejemplo: inmanencia en semiótica no se opone a una trascendencia dentro de coordenadas metafísicas, sino al plano de la manifestación dentro de coordenadas estructurales. Otro caso casi curioso de terminología traspolada es la que se aplica al sistema de valoración, al hablar de mentiroso, falso, verdadero y secreto.

Dado que esa formulación ya se instaló como “clásica”, no tiene sentido enumerar aquí la multitud de exégetas que la emplean.

Los estudios sobre Lc 1-2 son legión. Las últimas décadas han visto un desarrollo exuberante de la cantidad de análisis de esos capítulos, con muy diversos énfasis y valor. Algunos autores han convertido estos estudios en una verdadera pasión, repasando absolutamente todos los detalles y elementos de los textos. Tan sólo a modo de ejemplo podemos mencionar a Salvador Munoz Iglesias, Los evangelios de la infancia, Madrid, BAC, t. I: Los Cánticos del Evangelio de la Infancia según San Lucas, 1990; t. II: Los anuncios angélicos previos en el Evangelio lucano de la Infancia, 1986; t. III: Nacimiento e infancia de Juan y de Jesús en Lucas 1-2, 1987; t. IV: Nacimiento e infancia de Jesús en San Mateo, 1990. Un enfoque interesante ofrece Carlos Escudero Freire, Devolver el evangelio a los pobres - A propósito de Lucas 1-2, Salamanca, Ediciones Sígueme, 1978. Una síntesis de los estudios elaborados hasta 1975 (con complemento bibliográfico hasta 1987 en la segunda edición) ofrece François Bovon, Luc le Théologien - Vingt-cinq ans de recherches (1950-1975), Ginebra, Labor et Fides, 19882, p.172-175: Les récits de l’enfance (Lc 1,5-2,52).- Un estudio de valor histórico es el de R. Laurentin, Structure et théologie de Luc I-II, París, 1957.

Véase sobre ello Agnès Gueuret, L’engendrement d’un récit - L’evangile de l’enfance selon saint Luc - con un prefacio de A.-J. Greimas y un posfacio de P. Geoltrain, París, Cerf, 1983.

Véase también Robert Morgenthaler, Die lukanische Geschichtsschreibung als Zeugnis - Gestalt und Gehalt der Kunst des Lukas, Zürich, Zwingli-Verlag, 1949, t. I, p.142.

Franz Dornseiff, “Lukas der Schriftsteller - Mit einem Anhang: Josephus und Tacitus”, en ZNW 35 (1936), p.129.

Véase Karl Heinrich Rengstorf, Das Evangelium nach Lukas, Gotinga, Vandenhoeck & Ruprecht, 1975, p.23 (NTD, 3).

No es válida la misma argumentación “al revés” para restar importancia a Jesús, ya que el público lector “ya conoce” el desenlace universalista de este héroe: resurrección y ascensión, mientras que Juan el Bautista quedó “atrás”.

Agnès Gueuret, L’engendrement d’un récit, p.44-45.

De allí la designación de quiasmo, de la letra griega ji, de trazo cruzado.

Los distintos elementos de la estructura forman “anillos” o “círculos” concéntricos, equidistantes del centro.


Véase el esquema de las tres tentaciones como anticipo estructural del ministerio en Galilea, durante el viaje y en Jerusalén en Wilhelm Wilckens, “Die Versuchungsgeschichte Luk 4,1-13 und die Komposition des Evangeliums”, en ThZ 30 (1974) 262-272.

No viene al caso confrontar aquí las diversas concepciones cristológicas presentes o subyacentes en los diversos textos: preexistencia, nacimiento virginal, adopción en el bautismo, constitución como Señor en o por la resurrección, glorificación. Agréguense la clarificación de la misión en la tentación y la constitución mesiánica en la transfiguración. Esta discusión pertenece al estudio de la cristología desde lo histórico-crítico y a la historia de la teología del NT, por ser materia diacrónica. La semiótica sólo puede verificar la presencia de estos elementos en los textos; elementos por cierto divergentes en un principio, pero luego volcados sincrónicamente sobre una misma línea y en un solo documento.

Así, por ejemplo, H. Sahlin, Studien zum dritten Kapitel des Lukasevangeliums (1948), p.130-133 (referido por Walter Grundmann, Das Evangelium nach Lukas, Berlín, Evangelische Verlagsanstalt, 198410, p.108-110 y notas 6-7).

Sobre el nombre griego Iêsoûs y su base hebrea pre- y postexílica como también sobre el distanciamiento del Talmud y los Midrasim de esta última, véase Adolf Schlatter, Der Evangelist Matthäus - Seine Sprache, sein Ziel, seine Selbstständigkeit, Stuttgart, Calwer, 1948, p.1; y L. Díez Merino, “‘Jesús’ en la onomástica aramea judía antigua (siglo II a.C. – siglo II d.C.)”, en MisCom 41 n. 78-79 (1983) 351-355.

Hay una mención más de un ángel: Lc 22,43. Pero este versículo y el siguiente no son considerados originales. Los omiten P75, el primer corrector del Sinaítico, A, B, N, T, W, 579, 1071 y varias versiones. Un claro indicio de que el segmento no es original es el hecho de que la familia de minúsculos 13 y algunos leccionarios los colocan después de Mt 26,39. Contienen esta variante el original y el segundo corrector del Sinaítico, D, L, Koridethi, 0171, la familia de minúsculos 1, el Texto Mayoritario y diversas versiones. Con todo, se trata de una tradición antigua, con seguridad originada en el siglo II y quizá ya en el primero. Véase al respecto Kurt Aland y Barbara Aland, Der Text des Neuen Testaments - Einführung in die wissenschaftlichen Ausgaben sowie in Theorie und Praxis der modernen Textkritik, Stuttgart, Deutsche Bibelgesellschaft, 1982, p.312.

En la creación de la primera comunidad cristiana según el relato de Pentecostés de Hch 2,1-13, esta acción hallará una densidad sólo comparable con el engendramiento del niño según Lc 1,35. Estos dos “hitos” creacionales (y no sólo Pentecostés, como lo afirma Haeinrich von Baer, “Der Heilige Geist in den Lukasschriften”, en Georg Braumann, Das Lukas-Evangelium - Die redaktions- und kompositionsgeschichtliche Forschung, Darmstadt, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1974, p.1) son vinculantes para el estudio de la función actancial de “ayudante” del Espíritu Santo a lo largo de la doble obra lucana.

Ivoni Richter Reimer, “Lucas 1-2 bajo una perspectiva feminista… y la salvación se hace cuerpo”, en RIBLA 44 (2003/1), p.33.

Véase sobre la enorme cantidad de indicios de esta homogeneidad Paul S. Minear, “Luke’s Use of the Birth Stories”, en Leander E. Keck y J. Louis Martyn, Studies in Luke-Acts - Essays Presented in honour of Paul Schubert, Nashville-Nueva York, Abingdon Press, 1966, p.111-130.

Véase Robert Morgenthaler, Statistik des neutestamentlichen Wortschaftzes, Zürich, Zwingli-Verlag, 1958, p.62-63 y 187; y del mismo autor Die lukanische Geschichtsschreibung als Zeugnis, p.63.

 

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.