
Características del cristianismo africano
Diana Rocco Tedesco
La idea de globalización no es nueva. Los hombres han reconocido siempre su necesidad de interdependencia y han intentado integrar las diferentes sociedades ya sea por medio de alianzas o subyugándolas militarmente con el objetivo explícito, de poder explotar los recursos en su propio beneficio.
En estos momentos tenemos una idea bastante aproximada de qué significa vivir en un mundo integrado, vivimos efectivamente en una sociedad globalizada.
En la Antigüedad Occidental aparece la idea imperialista de integración con el proyecto de expansión y conquistas de Alejandro el Grande, que produce el cosmopolitismo helenístico, sobre el que se instalará después el concepto de Pax Romana impuesta por el Imperio Romano, y que finalmente renacerá en el sueño de la Pax Christiana, que enunciará Agustín, y que regirá durante toda la Edad Media en la Europa Occidental.
En Roma, hacia el final de la República y principalmente bajo el Imperio, el Estoicismo y el Epicureismo intentaron señalar las consecuencias morales que estas actitudes políticas podían provocar en los ciudadanos, y criticaron a los gobernantes incontrolables e irresponsables, sólo preocupados en expandir y afianzar su propio poder. Este tipo de opiniones, como sabemos, le costó la vida a Séneca, porque el poder, el dominio y el control eran más importante que mantener al ciudadano como hombre virtuoso.
Las tentativas actuales de organizar una sociedad mundial tienen pues sólidas raíces históricas. La metodología ha progresado gracias a los avances tecnológicos, hay que reconocerlo... pero en el fondo es un proceso semejante, por supuesto no igual. Sin embargo el objetivo sigue siendo el mismo: dominar para aprovechar los recursos de los dominados en beneficio de los imperios de turno.
En estos casos el problema de los valores es complejo. Se podría afirmar que no existen, pero en realidad sí están, sólo que los antiguos valores son reemplazados por otros funcionales al nuevo modelo y, en general, encontramos en las sociedades con pretensiones de dominación mundial que se privilegia al pragmatismo sobre cualquier otro valor. El pragmatismo romano prevaleció sobre la reflexión acerca de la humanidad y lo metafísico, de preferencia griega.
En este contexto, el cristianismo, junto con otras religiones y filosofías, en general provenientes del oriente del Imperio, llenaron un vacío anómico importante. Reemplazaron la pragmaticidad del Imperio con normas nuevas, que eran consideradas hasta ese momento, cuanto mucho, privativas de las clases dirigentes. Esta razón y las calumnias que sufrieron los que se adherían a los nuevos movimientos, son algunas de las causas de los rigorismos éticos que los caracterizaban. Además, y un además nada despreciable por cierto, añadieron un ingrediente que faltaba en la religión oficial: la esperanza por una vida mejor, donde la justicia reemplazara al arbitrio de los poderosos. Sea en este mundo, o en el más allá. Generalmente en el más allá.
Durante el Bajo Imperio el cristianismo se hallaba tan extendido que era la verdadera fuerza ideológica aglutinante del entorno del Mediterráneo. La ética cristiana, que había bebido de la ética culta del Imperio y del estoicismo, además de la ética judía, se propagó de tal manera que podemos hablar de una “democratización” de las normas. Lo que Plinio el Viejo predicará como norma para las clases cultas y dirigentes del Imperio, el cristianismo lo propondrá a todos sus seguidores. Lo mismo pasa con el estoicismo y por supuesto con la ética del judaísmo, lo que trajo desde el mismo comienzo del movimiento cristiano algunos problemas serios, como la aplicación a rajatabla del “No matarás”, que eliminó la exposición de niños o la participación en el ejército imperial. Las consecuencias de estas actitudes tuvieron diferentes soluciones pero no se pudo evitar durante siglos el problema del desequilibrio familiar y de patrimonio que suponía la no exposición de niños en Roma, ni las primeras presiones que se recibieron para que los cristianos accedieran a participar como soldados del ejército imperial.
Hay que reconocer el papel capital y positivo que la religión cristiana tuvo en este proceso de unificación ideológica durante el Bajo Imperio, cuando ya la situación interna y externa hacía imposible mantener la idea de Imperio unido, para que el proyecto romano pudiera seguir funcionando. El efecto fue que pudo seguir adelante, varios siglos más en oriente, como Imperio Bizantino (hasta el s.XV), y algunos pocos más en occidente (hasta el s.V). Las diferentes culturas que conformaban el Imperio, sin embargo, no perdieron su identidad, aun estando unidas por una misma ideología, por una misma fe.
Diocleciano hizo sin duda una mala elección cuando trató de recuperar el pasado, el mos maiorum, ignorando los cambios de su presente, en un intento desesperado por reunificar un Imperio que se disgregaba ante ojos vistas por múltiples razones. La Gran Persecución, iniciada el 303, muy cruenta sobre todo en la parte oriental del Imperio, no doblegó sin embargo la fuerza del cristianismo. Constantino, mejor estadista, sin duda, buscó los mismos resultados pero aceptando la vigencia de la ya no tan nueva creencia. El cristianismo será para él “el cemento del Estado”. La unificación entre Cristo y el Sol Invictus aseguraba además una universalidad necesaria a la ideología aglutinante. Cristo, incluso iconográficamente, se transformó en un dios solar que llevaba en sus manos el bastón de mando y la imagen del mundo, con una cruz sobre ella (imagen simbólica de la Pax Christiana dominando el mundo conocido), y el emperador pasó a ser en Oriente, su Vicario en la tierra, así ya lo era desde mediados del s.IV en occidente, el papa de Roma.
Sin embargo las diferentes regiones lograron conservar sus identidades. El lenguaje administrativo era el latín, pero en la mitad del imperio se hablaba griego en su variante koiné, más las lenguas propias de cada lugar. El panteón romano, por regla general, se sumaba a los locales. Los baños, los acueductos, los arcos de triunfo, las ciudades militarizadas y organizadas en cuadrícula, se superponían a las tradicionales y desorganizadas aldeas y ciudades sobre todo en la parte oriental del Mediterráneo. Todavía en el s.V, Agustín testifica en su correspondencia que tiene problemas para conseguir un sacerdote que hable púnico . Esa mezcla de idiomas demostraba que el proceso de inculturación se producía de todos modos, aunque no el de sustitución de una cultura por otra. En el campo cartaginés el púnico seguía siendo el idioma del campesinado.
Agustín mismo es un producto de estas mezcla de culturas. Su padre era un oficial romano, su madre ostentaba un nombre púnico, la famosa Mónica, así que sospechamos que era originaria del norte de África, y él mismo, hablaba sólo latín, no entendía ni leía el griego, ni el púnico, y siguió el cursus honorem al estilo típicamente romano, en Cartago primero y Roma después, bajo la protección de un evergeta, que era en realidad un púnico de buen pasar.
El hecho es que las identidades se mantenían, pero no por supuesto en una idílica pureza original, puesto que el intercambio cultural no se podía evitar en el vivir cotidiano. Así, y en el caso específico del cristianismo, nos pasa que encontramos en cada región del Imperio características que son comunes a todas las regiones y otras que son específicas de cada lugar. Descubrir esas especificidades a veces es fácil y a veces no. Los Padres de la Iglesia responden en general a la idea de Imperio más que a la de regionalidad, con ricas excepciones, como Tertuliano, Cipriano, Clemente de Alejandría, Atanasio y algunos más. Todos ellos africanos.
El caso africano
Para los romanos África se dividía en una serie de provincias al norte y Egipto. Había conciencia de una cierta homogeneización en la África no egipcia y una clara distinción con el Egipto faraónico de los Ptolomeos (de origen greco-egipcio, no lo olvidemos)
El cisma africano, conocido como donatismo, se desarrolló justamente por un querer ignorar las particularidades del cristianismo africano, particularidades que ya están enunciadas en el s.II en los escritos de Tertuliano.
Podríamos resumir las más importantes como: a) rigorismo moral; b) culto de los mártires que derivará en culto a los santos y sus reliquias; c) alta vocación por el martirio que se consideraba como un testimonio privilegiado; y en cuanto a la forma organizativa, d) el énfasis en la unidad de la Iglesia, en torno a una organización conciliar de autoridad. Esta última característica sin embargo provocará una fractura que durará varios siglos: el cisma donatista.
Posiblemente para hablar del rigorismo ético el testigo privilegiado es Tertuliano, a quien seguirá al pie de la letra, Cipriano. Como ejemplo: en época temprana, cuando las vírgenes de la Iglesia todavía vivían en general en sus domicilios y participaban de la vida de la comunidad normalmente, Tertuliano ya comienza a regular la aparición de las vírgenes en público en su De virginibus velandi, donde aconsejará sobre su ornato o mejor, la necesidad de la falta de él, y sobre su recato en la Iglesia y en toda aparición en público. Por supuesto aconseja el uso del velo en público. En cuanto a las viudas, en Ad uxorem, ya le pide a su posible viuda que en caso de serlo, se conserve univira . También se expide duramente sobre la participación de los cristianos en los espectáculos públicos y prohíbe el servicio militar de los cristianos en De Corona.
“¿Se le permitirá al cristiano llevar la espada en la mano, cuando el Señor declaró que todo el que se sirva de la espada perecerá por la espada? (...) ¿Hará guardia ante los templos a los que ha renunciado? (...) ¿Llevará el estandarte rival de Cristo?”
La exhortación por el martirio se ve claramente en las Actas de los Mártires que tienen su origen en África, como el Acta de Perpetua y Felicita, posiblemente el escrito de mujer cristiana más antiguo que poseemos. El final del texto, posiblemente de mano del mismo Tertuliano, dice:
“¡Oh fortísimos y beatísimos mártires! De veras, han sido llamados y elegidos para gloria de nuestro Señor Jesucristo (...)”
El martirio está equiparado a un segundo bautismo. No olvidemos que en África se desarrollará en el s.IV la teología sacramental del bautismo... es decir, es un concepto fuerte para un cristiano africano hacer esta afirmación. Según lo consignado en la misma fuente:
“También iba Felicitas, gozosa de que su afortunado parto le permitiera luchar con las fieras, pasando de la sangre a la sangre, de la partera al gladiador, para purificarse después del parto con el segundo bautismo.”
Cuando se produce el cisma donatista, en el 303, debido principalmente a la incomprensión de Constantino de las particularidades del cristianismo africano, los circunceliones se unen en masa al movimiento. Su vocación por el martirio es manifiesta y comienza con ellos el culto en masa de las reliquias de los “santos mártires”, que según Agustín, comercializaban.
El otro tema importante es el desarrollo eclesiológico africano, que va acompañado de una autoridad conciliarista que no existía en otras partes del Imperio. Era el Concilio de Obispos el que decidía en última instancia, aunque hubiera figuras tan dominantes como Cipriano o Agustín mismo. Cipriano en De Catholicae Ecclesiae Unitate desarrollará una serie de imágenes para demostrar este punto doctrinal, siguiendo en parte a Tertuliano y a Ireneo. La túnica de Cristo, el arca de Noé, la nave, entre otras, serán símbolo de la unidad de la Iglesia. Cipriano, sabiendo lo que dice, afirma “No puede ser mártir quien no está en la Iglesia”
El tema con este tratado es que está escrito en medio de una disputa dentro de la Iglesia africana con Roma. El caso dentro de la Iglesia africana se centra en la vuelta a la iglesia de los lapsi, es decir, los “caídos” durante la persecución de Decio (250). Los confesores,aquellos que habían sobrevivido a la persecución sin traicionar a sus creencias eran tolerantes en cuanto a la reinserción de los lapsi en la Iglesia, mientras que Cipriano, inspirado, sin duda, por Tertuliano que no admitía la apostasía como pecado perdonable, era más riguroso para volver admitirlos a la comunión plena con los hermanos y hermanas. En el fondo del conflicto estaba también el enfrentamiento entre la autoridad de los confesores, sin cargos eclesiásticos, pero con sólido prestigio, y la de los obispos.
El tratado Sobre la Unidad de la Iglesia existe en dos versiones. Los especialistas aceptan como más antigua la versión donde Cipriano consulta a su par de Roma sobre los problemas africanos. Obviamente los que buscan antigüedad al primado romano dicen que esta es la versión del tratado. La otra versión, asienta los principios de la unidad de la Iglesia en el colegio de los apóstoles, al que equipara con las consultas de los sínodos episcopales.
“Lo que fue Pedro, lo eran ciertamente también los demás apóstoles, dotados de igual participación de honor y potestad, pero el origen proviene de la unidad, a fin de que la iglesia de Cristo se muestre una sola”
De hecho esta posición conciliar perdurará hasta tiempos de Agustín y es lo que provoca el cisma donatista. Era ya tradición que para la ordenación de un obispo africano estuvieran presentes por lo menos 12 de ellos, del norte de África. Esta norma que es trasgredida en la ordenación de un obispo de Cartago, no sólo no se cumple, sino que pone en duda la pureza de la ordenación misma ya que uno de los obispos presentes era un traditor.
Esta costumbre africana que es ignorada por Constantino, más preocupado por la unidad de la Iglesia que por sus particularidades, provocó el cisma. Los obispos persistieron en su actitud y ni siquiera la dura pluma de Agustín, evitó el proceso de separación.
Esta particularidad, bien africana, no pasará a la Iglesia romana. Allí se fortalecerá el régimen monárquico, considerando al obispo de Roma, ya desde mitad del siglo IV, como el único Papa , con primado sobre los otros obispos y vicario de Cristo. En Oriente, el vicario será el emperador bizantino, pero el principio, verticalista, será el mismo. Todo esto llevará a un tipo de eclesiología cerrada y monárquica que, aún hoy, como sabemos, es defendida por importantes sectores de la Iglesia Católica Romana.
El caso egipcio
Aquí nos encontramos con algunas peculiaridades regionales que se relacionan con el Egipto de rasgos faraónicos y su organización, pero también con algunas características parecidas a las del resto de África. Estamos en el lugar de origen de una de las culturas más desarrolladas de la antigüedad oriental ... y esto griegos y romanos lo sabían. Los viajes de los griegos (entre ellos el mismo Alejandro) de peregrinación a lugares santos egipcios y de muchos emperadores después, lo demuestran. Les fascinaba el desarrollo cultural egipcio, no sólo sus curiosos dioses representados con algunos rasgos animales que no estaban acostumbrados a ver. Era una simbólica diferente a la greco-romana, la que enfrentaban, resistida y admirada al mismo tiempo.
Notemos que durante el dominio romano sigue apareciendo como importante la división entre Alto y Bajo Egipto. El Bajo Egipto es más rico, tiene tierras fértiles y después de la fundación de Alejandría, la ciudad centro cultural multiétnica más importante de la antigüedad. El Bajo Egipto será el granero de Roma y su importancia económica es de tal envergadura que en uno de los conflictos posteriores, cuando ya los obispos católicos eran poderosos, amenazan con detener el embarque de trigo a Roma, como medida de presión.
Debido a este proceso, entre otras cosas, el centro de producción intelectual de la antigüedad se trasladará de Atenas a Alejandría. El helenismo es el fenómeno cultural más rico y el último con raíces griegas manifiestas, que encontramos en el Mediterráneo oriental.
La misma vida de Clemente de Alejandría da un ejemplo de esto: peregrinando en busca de la verdad, como un griego pudiente haría -se presume nacido en Atenas de familia rica- se dirige en su juventud hacia la Baja Italia, donde podía encontrar comunidades pitagóricas y platónicas, luego a Siria-Palestina y finalmente se radica en Alejandría. Allí, el que nosotros conocemos como Museo y que en realidad era una organización del estilo que hoy llamaríamos universitario, contaba con los mejores intelectuales de la época y con una biblioteca inigualable. El ambiente era cosmopolita y muy abierto a todas las ideas. La producción intelectual fluía con facilidad. Todas las filosofías eran lícitas y las ideas no se censuraban: se estudiaban.
El Alto Egipto sigue siendo más característicamente egipcio y campesino. La influencia del Imperio no llega tan lejos en forma tan contundente como en el Norte, así como tampoco en las zonas desérticas. Eso hace que en épocas de mucha presión tributaria romana, o de reclutamiento para el ejército (bajo los Severos, p.e., en el s.III) los campesinos, escaparán al desierto o al sur. Son los primeros anacoretas . Tebas será lugar de fundación de muchos monasterios en el s.IV, cuando los monjes debían huir de la censura y el poder, no ya del Imperio, sino de los poderosos obispos católicos nicenos. Muchos de ellos se inclinaban por posturas místicas, con toques gnósticos y por una independencia organizativa y administrativa que no era bien vistas por los obispos, que preferían los monjes campesinos a su servicio, que utilizaban como tropa de choque particular.
De todos modos si uno contempla las cubiertas de los ataúdes del norte de Egipto, podrá observar enseguida la mezcla de creencias que se evidencia en la riqueza de la simbología que ostentan: el anj egipcio, la imagen de ma’at, el pez , el ave fénix, símbolo de la resurrección para los cristianos, y símbolos romanos de todo tipo, aparecen en retratos de típica manufactura romana, y eso en catafalcos de cristianos. Pero también en los ataúdes de egipcios que son cultos romanos no cristianos, o en los de los egipcios ricos, no cristianos. El ambiente que describe la Carta de Adriano se ve reflejado en el arte que decora estas bellas cajas.
Eso era sobre todo en el Bajo Egipto y en Alejandría en particular. La carta que mejor lo refleja, sea o no una falsificación, es la denominada Carta de Adriano que ya mencionamos, escrita supuestamente al cónsul Serviano por el emperador, que es del s.II y que dice en uno de sus párrafos:
“Respecto al Egipto que me alababas, querido Serviano, he llegado a descubrirlo como enteramente frívolo, oscilante y que revolotea a impulsos de cualquier rumor. Allí, los que veneran a Serapis son cristianos, y se hallan consagrados a Serapis los que se hacen llamar obispos de Cristo. No existe allí un solo archisinagogo de los judíos, ni un solo samaritano, ningún presbítero de los cristianos que no sea astrólogo, adivino o ensalmador. Incluso el mismo patriarca, cuando llega a Egipto, se ve obligado por unos a adorar a Serapis y por otros a adorar a Cristo.”
Como se ve, el contenido del texto suena más a las calumnias contra los cristianos que elaboraban los cultos romanos, que a texto verdadero... pero lo que se describe, aunque sospechoso de exageración, pinta bien el ambiente alejandrino. Todo era permitido, todo se discutía, todo era posible. La censura cristiana, por lo menos en el s.II, todavía no funcionaba a plenitud.
Los romanos eran fascinados por la cultura egipcia y aunque hubo al principio alguna resistencia a sus cultos, Isis llegó a ser una de las diosas madre más veneradas en todo el Imperio. Hoy se la vincula a las vírgenes negras que se encuentran por toda Europa.
Luego, hasta por lo menos mitad del s.III, el cristianismo egipcio se caracterizó por la mezcla de creencias, por generar un movimiento gnóstico que incorporó al platonismo medio en sus formulaciones, por otro movimiento, de estilo judaizante, influido sin duda por la rica y abundante comunidad judía de Alejandría y por tempranas formas de anacoretismo.
Al consolidarse la autoridad obispal, personajes de la talla de Orígenes deben huir de Egipto y radicarse en Siria o en Palestina. La censura de la Iglesia monárquica convierte a la Escuela de Alejandría cristiana, que había sido ejemplo de erudición y amplitud de criterios, en una escuela catequética, dirigida por el sobrino del obispo de turno, que reemplazó a Orígenes, escapado Palestina, en la conducción de la Escuela.
Encontramos también que se produce en esta zona, al modo donatista, un movimiento cismático rigorista, llamado en Egipto melecianismo, por Melecio su fundador. A pesar de la mediación de un obispo como Atanasio, bien egipcio y no pro-Imperio justamente, el cisma se produjo y el melecianismo funcionó como iglesia autónoma hasta la llegada de los árabes a la región.
Por último, no podemos menos que mencionar el movimiento monacal, como una particularidad egipcia. Aunque al mismo tiempo que en Egipto un fenómeno similar se produce en Siria y en Asia Menor y se discute si hubo influencias de unos sobre otros, pensamos que el monacato egipcio tiene características propias.
En relación a la vida conventual organizadas por Agustín o Basilio las diferencias son grandes. Agustín funda una comunidad que se basa en el cenobio (koinos bios) y en el estudio de las Sagradas Escrituras. La comunidad de Basilio es principalmente de servicio. El centro de la unión y del trabajo de los monjes es la atención a leprosos y pobres. Además, en los dos casos, los obispos son los verdaderos directores de estas comunidades. Es decir, la relación con la Iglesia monárquica es directa y de sujeción.
No pasa lo mismo con las comunidades pacomianas de Egipto. Después de un primer intento fallido, Pacomio organiza con modelos tomados sin duda del ejército (recordemos su origen como miembro del ejército romano), a monjes que deben subordinarse a los jefes de cada casa, pero no al obispo de la ciudad. Una vez por semana venía un sacerdote a dar la comunión a los monjes. El centro no era el servicio a la comunidad sino el ora et labora que caracterizará luego las comunidades de San Benito, en la Europa occidental.
Eso no significa que estas comunidades, que eran prósperas, no ayudaran a los campesinos que lo pidieran en tiempos de hambruna, por ejemplo, pero no es el servicio sino el trabajo, la oración y la vida en comunión lo que los caracteriza. Es lo que puede describirse como una contraciudad, que se opone a la sociedad imperial juzgada como pecaminosa. Es, en concreto, tratar de llevar a la práctica los principios de la comunidad arquetípica de Hechos 2: 42-47.
“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común” (v.44).
La evolución de este modelo tiene que ver con los cambios en la Iglesia egipcia. Los monjes filo-gnósticos se fueron trasladando al sur, a la zona de Tebas, a medida que el obispado se fortalecía y la censura de corte niceano caía sobre ellos. Los monjes campesinos que quedan en el Bajo Egipto se ponen en relación de subordinación con el obispado católico y son doctrinariamente casi indiferentes. Se transforman en defensores activos de la ortodoxia, al servicio de la Iglesia, y atacan cuando el obispo lo ordena, sin conocer ni importarle las causas doctrinales. Son los que destruyen el Serapeum de Alejandría y matan a sus sacerdotes. Los que realizan pogroms contra la comunidad judía. Y los que asesinan a Hypathia el mes de marzo del 415, la directora del Museo, a pedido del obispo Cirilo de Alejandría, el campeón de la ortodoxia nicena.
Sin embargo, y a pesar de tanta censura, se empieza a conformar una iglesia egipcia, de habla copta, y origen manifiestamente campesino, que se inclina en teología por una posición monofisita y que subsiste en la periferia de Egipto, incluso bajo gobiernos musulmanes que los consideraban insignificantes en número y no peligrosos en cuanto a su influencia.
El cristianismo egipcio contribuye pues a una riqueza doctrinal fruto del ambiente alejandrino: el gnosticismo con rasgos helénicos, un cristianismo de corte judaizante, el monaquismo de todo tipo, el pacomiano y el dedicado a proyectos de corte místicos, el anacoretismo, movimientos cismáticos rigoristas, y la independencia final de la iglesia local que se convierte en la Iglesia Copta, de corte monárquico, pero independiente tanto de Constantinopla como de Roma. Egipto produce campeones de la ortodoxia nicena como Atanasio y Cipriano... pero termina siendo monofisita e independiente.
Por último y no pensando en una taxonomía jerarquizada, la influencia del culto a la madre Isis -representada con su bebé en brazos mamando del pecho materno- sobre el culto a la Virgen María, representada iconográficamente de la misma forma, no puede ser minimizado.
Conclusiones
Las particularidades egipcias y africanas, la influencia del campesinado en esas características únicas, la oposición Imperio-provincia que se manifiesta incluso en iglesias cismáticas, son los aportes de África al cristianismo. El tratamiento de la autoridad, la tendencia al conciliarismo en la zona africana y al obispado monárquico en el Egipto de origen faraónico. La permanencia del culto a los muertos en el culto a los mártires y a las reliquias. Y también la importancia del culto a María como Reina de los Cielos y como Madre del Salvador, todas son peculiaridades de la zona.
Todas ellas conforman un panorama particular y único en el resto de las particularidades que existen en otras zonas, como Siria-Palestina o Asia Menor. La globalización romana facilitó la difusión del cristianismo pero no terminó con las identidades de sus provincias. La relación dinámica imperio-provincia, que caracterizaba y caracteriza la globalización se pone de manifiesto en la persistencia de estos regionalismos. Eso hace que debamos insistir en estudiar al cristianismo de cada zona del imperio en su especificidad, no sólo para entender el pasado, sino para comprender nuestro presente.
Este artículo es un enunciado de esta problemática que debiera seguirse desarrollando en estudios venideros.
Diana Rocco Tedesco
Un buen ejemplo de esto sería la organización en nichos ecológicos que se encontró en la zona de ocupación de la cultura Inca antes de que ellos llegaran a la región.
Por supuesto no desconocemos los intentos imperialistas del Cercano Oriente de egipcios, babilónicos y persas, pero nos centramos en la reflexión sobre la sociedad del entorno mediterráneo, dominada por el Imperio Romano.
Esto aparece con claridad por ejemplo en El Pedagogo de Clemente de Alejandría, del s.II
Según Ambrosio y Jerónimo, el primer tema se solucionaba muchas veces dedicando los niños no deseados al servicio de la Iglesia (sin darles, por supuesto, la dote que les correspondía, por lo menos no en todos los casos) El segundo se alivió cuando los cristianos aceptaron incorporarse al ejército y cumplir con todas sus obligaciones civiles, siempre y cuando eso no implicara ofrecer incienso a la estatua del Emperador, cosa que como soldados estaban obligados a hacer.
Algunos dioses simplemente se añadían, otros asumían la personalidad de los ya existentes. Por ejemplo en la zona africana, la Reina de los Cielos, terminó siendo Ceres y Saturno, su compañero, en realidad Baal en púnico, terminó asumiendo las características del Saturno romano. Según Frend, ese fue el momento en que los elementos africanos abandonaron el culto a Saturno convirtiéndose en masa al Cristianismo que le ofrecía más puntos de concordancia con sus creencias antiguas, que podían seguir así expresándose. Véase sobre este tema el Cap.VI de The Donatist Church, de W.H.C.Frenda, Oxford, 1952.
En realidad suponemos que a esa altura de la historia el púnico era una mezcla de bereber con algo de púnico y de latín, pero es un testimonio interesante de que en época de Agustín, fines del IV y comienzos del V, en el hinterland africano se seguía hablando púnico y bereber y posiblemente lo estrictamente necesario de latín, como para relacionarse con las autoridades imperiales.
Las provincias africanas eran Mauritania, Numidia, África Proconsular y Cirene y como provincia aparte, Egipto.
Ver desarrollo extenso del tema en mi artículo “Donatismo: un movimiento de resistencia del s.IV” en Cuadernos de Teología (2003), ISEDET, Buenos Aires, pp.257-277.
Ese rigorismo exacerbado lo llevará a pasarse a la iglesia montanista hacia el final de su vida.
En un difícil pasaje, Pablo recomienda a todas las mujeres el velo en público en la I Epístola a los Corintios 11:2-10.
Esto se apoya en la Epístola I Timoteo 5:9, cuando se empieza a legislar sobre las viudas atendidas por la Iglesia. Para poder gozar de ese beneficio debía ser univira, es decir casada con un solo hombre.
Citado por Jean Comby en Para Leer la Historia de la Iglesia, Verbo Divino, España, 1991, p.43
Traducción de Contardo Miglioranza, en Actas de los Mártires, Edic.Paulinas, Buenos Aires, 1986, p.92.
Era campesinado temporario de origen bereber. La denominación parece derivar de circum cella, es decir se los reconocía por sus reuniones en torno a los lugares donde estaban sepultados los mártires a quienes rendían su respeto y su culto. Se caracterizaban por buscar la muerte en batalla, por lo que se cree que su paso posterior a la religión musulmana fue facilitada por este rasgo.
De opere monachorum, 28, 36. Como sabemos, y pese a los esfuerzos de Agustín por erradicar esta costumbre, que él reconoce en sus Confesiones como de origen africano, el culto a las reliquias de los santos será un próspero negocio por lo menos hasta el movimiento de Reforma europeo. El protector de Lutero, el elector Federico el Sabio, era famoso por su colección y también lo era Felipe II. La colección de los Habsburgo todavía se puede admirar en El Escorial.
Traducción de Joaquín Pascal Torró para Ed.Ciudad Nueva, Madrid, 1991, p.87.
Durante la Gran Persecución del 303 (Diocleciano) se ordenó a las autoridades eclesiásticas entregar libros y objetos del culto. Los que los entregaron (del verbo tradire: llevar, en latín) fueron llamados traditores. De allí nuestra palabra castellana “traidores” de connotación tan peyorativa que hoy usamos.
“Papa” era un título de respeto, que compartían los obispos de las sedes más importantes hasta mediados del s.IV.
Para un estudio detallado véase Jorge J. Fernández Sangrador, Los orígenes de la comunidad cristiana de Alejandría, Universidad Pontificia, 1994
Uno de los Padres de la Iglesia más importante de Egipto. (c.155-220) A cargo de la Escuela de Alejandría después de la muerte de Panteno, su maestro. Esta escuela lo era al modo filosófico. Todo se analizaba, partiendo del presupuesto de que sin embargo el cristianismo era la filosofía superior.
De ana xoresis, subida al desierto.
Como sabemos este representaba el anagrama en griego de “Jesucristo Hijo de Dios, Salvador”
Una teoría dice que las vírgenes negras pertenecen a antiguos santuarios consagrados a la poderosa madre Isis, asimilada ahora a la Virgen Madre de Cristo. Otra, asegura que las vírgenes negras, que no tienen rasgos africanos, están relacionados con antiguos cultos celtas, que desaparecen totalmente (de la superficie) en el s.XII, siglo de auge de estas vírgenes en Europa. El modus operandi es típicamente católico: cambiar el contenido, manteniendo la forma de aquello que no se puede eliminar. Así los Carnavales, seguidos de la Cuaresma y el ayuno, o el Saturno púnico, asimilado al Saturno romano primero y a Dios Padre después, la fiesta del aniversario de nacimiento de Mitra, convertida en el aniversario del nacimiento de Cristo, los solsticios convertidos en fiestas de santos, etc. Se pueden encontrar muchísimos ejemplos sobre este mecanismo del catolicismo antiguo. La Pax Christiana debía implantarse a cualquier costo. Lo que no era cristiano o no existía o se transformaba.
Ya en ese momento que una mujer hablara en público, o se atreviera a enseñar a hombres, era motivo de censura manifiesta en las comunidades cristianas. La mujer hacía tiempo había sido confinada al espacio privado en su hogar o en la iglesia.
El monofisimos es una forma doctrinal que afirma la existencia de una única naturaleza en Cristo. La fórmula era apolinarista (de Apolinar de Laodicea) en origen “Una única naturaleza del Dios Logos encarnado” Esta fórmula monofisita fue aceptada en Siria y Egipto también como una forma de oponerse a la opresión imperial, que había apoyado una fórmula difisita elaborada en el Concilio de Calcedonia del 451. Era el elemento autóctono oponiéndose al imperio y manifestándose también con forma de controversia teológica.
Pacomio funda los primeros cenobios en Scete, Fboú, Shmin, etc. durante las primeras décadas del s.IV. Esto es en el desierto al sur de Alejandría. La vida de las comunidades se basaba en el mantenimiento del celibato, la vida en común, la obediencia y el trabajo. Sólo se exigía el bautismo para poder formar parte de ella.
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