Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas
Simón de Cirene, ¿un judío africano? - Una historia de intolerancia
Clemildo Anacleto da Silva
Resumen
En este artículo se destaca la presencia afro en el Evangelio de Marcos. El autor hace su análisis a partir de la historia de Simón Cireneo relatada en Marcos 15,21. En el caso de los evangelios y de los textos bíblicos en general, la presencia afro, a veces pasa desapercibida o totalmente desapercibida. El texto pretende ser una forma de descubrir, desenterrar, recontar, descontruir y reconstruir la historia. En este texto se destaca el derecho de la expresión religiosa y el derecho a la libertad. El relato de Simón, muestra que los evangelios también relatan casos de intolerancia.
Abstract
This article detaches the presence afro in Marcos' Gospel. The author makes that analysis starting from the history of cyrenian Simon told in Mc 15,21. In the case of the Gospel and of the biblical texts in general, the presence afro sometimes is unperceived or totally unperceived. Therefore, the text intends to be a form of discovering, to exhume, to recount, to construct and to reconstruct the history. In this text we will detach the intolerance to the right of religious expression and the right of freedom. However, before analyzing the text of Simon, it would like to show that the Gospel also tell cases of intolerance.
Introducción
A pesar de que en los esfuerzos dirigidos al diálogo religioso se han conseguido muchos avances, todavía existen muchos desafíos que deben ser trabajados. Entiendo que la tolerancia religiosa es el camino para la construcción de una nueva sociedad, de unas nuevas relaciones y de una nueva concepción de religiosidad. Respetar la tradición del otro, sería ya un gran paso en dirección al entendimiento mutuo y a la preservación de los derechos de libertad de expresión religiosa. Evidentemente, sólo la tolerancia, basada en el respeto, no es todavía suficiente, pero es ya una gran conquista. No es suficiente, porque cada uno puede aún seguir aislado en sus prácticas, sin que ello se constituya una aproximación. Por otro lado, donde las tradiciones religiosas no consiguen vivir de forma pacífica, y por tanto sin agresión, se hace necesario que el Estado garantice las condiciones necesarias, a fin de que los grupos religiosos pueden desarrollar sus prácticas sin ser incomodados por ideas opuestas.
En este sentido, tenemos dos situaciones: promover la garantía de las prácticas religiosas y desarrollar un diálogo que aproxime a estos grupos religiosos. El primero paso puede ser alcanzado a través de la promulgación de leyes que exijan a los grupos religiosos el cumplimiento de los derechos promulgados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El segundo no depende de la intervención del Estado, que tampoco debe intervenir. Esta iniciativa debe partir de los grupos religiosos que desean poner en práctica aquello que se defienden como fundamento de cualquier religión: la solidaridad, el amor, la unión y la convivencia con el otro.
Lo que resulta evidente es que la enseñanza de Jesús en los Evangelios está destinada a todas las personas. No habría ninguna necesidad de estar buscando la presencia de este o aquel grupo en los textos. Sin embargo, esto se hace necesario por dos razones. Primero, los relatos de los escritores bíblicos, muchas veces, dejaron fuera pueblos y personas. Segundo, cuando los textos bíblicos mencionan, por ejemplo, mujeres, pobres, niños y cualquiera otro grupo que no forme parte de la tradición judía, estos son omitidos por la tradición bíblica de nuestras comunidades, que no rescatan la historia de esos personajes.
Es claro que los movimientos organizados no necesitan de fundamentación bíblica para continuar actuando. Sin embargo, al rescatar textos, cuyas historias demuestran preocupación por todos los pueblos y etnias, estamos rompiendo con un tipo de lectura que, muchas veces, se caracteriza por ser anti-sexista, racista, patriarcal, moralista, etc. Al mismo tiempo nos empezamos a ver como participantes de una historia. Vale destacar que en el Estado de Bahía, en Brasil, se decidió, a través de la ley estatal, poner en el currículo de enseñanza media y fundamental de las escuelas estatales, la materia de “historia de África y de la cultura Afro”. A partir de estas consideraciones es que vamos al texto bíblico.
Intolerancia en el evangelio de Marcos
Los textos que estoy caracterizando como intolerantes, por lo general, siempre fueron analizados a partir de los conflictos. En todo caso, la historia de conflictos, principalmente entre el movimiento de Jesús y los escribas y fariseos, representantes del judaísmo, no deja de ser una relación de intransigencia de ambos lados. El establecimiento del cristianismo se dio de manera conflictiva con relación a la expresión religiosa judía. Al mismo tiempo, la religiosidad judía no admitía otra expresión religiosa que no fuese aquella que se fundamentaba en la interpretación de la Torá. Es evidente que algunos valores, por el solo hecho de que pertenezcan a un grupo, puedan quedar exentos del cuestionamiento. Si los valores están contra la dignidad humana, entonces deben ser repensados. Ser intolerante con la dignidad humana, muchas veces, también significa ser intolerantes con los valores culturales y religiosos arraigados como normas o leyes de la sociedad.
En el libro de Marcos (1,21), Jesús aparece expulsando a un espíritu impuro que estaba dentro de la sinagoga. La presencia del espíritu impuro en la sinagoga puede ser vista de dos formas. Como en el judaísmo, el concepto de impureza es muy importante, principalmente aquella impureza relacionada con el templo y con el cuerpo, entonces el texto refleja sólo aquello que se esperaba de un judío, o sea retirar del espacio sagrado y “puro”, aquello que era impuro. Sin embargo, es posible también que el texto nos quiera mostrar la presencia de la impureza en la sinagoga. De esta forma, la sinagoga no era un ambiente que se pudiera presentar como lugar puro. En todo caso, el ser humano se volvía impuro porque no hacía las cosas de Dios, sino aquellas de los seres humanos (Mc 8,33), también porque el mal provenía del corazón (Mc 7,21). Por lo tanto, ser impuro para Jesús no tenía mucho que ver con el cuerpo y si con los pensamientos y sentimientos.
Por mucho tiempo, e incluso hasta hoy, algunos grupos neo-pentecostales continúan juzgando la religiosidad, principalmente de las tradiciones afro, como representantes del mal. Anclados en una lectura fundamentalista y amparados por textos bíblicos que dan margen para la discriminación de las prácticas de los demás, esos grupos se han impuesto, gracias a su discurso intolerante. Discurso este que, como sostienen varios, lastimosamente están presentes en los textos bíblicos. En este sentido, no hay porque intentar salvar el texto bíblico, tratando de hacer una lectura que pueda direccionar su sentido. Pienso que a veces –muchas veces, tenemos que admitir que el texto bíblico es prejuicioso, es discriminatorio y es intolerante.
En Marcos 3,22-27 ocurre lo contrario. Jesús es acusado de estar poseído por el demonio. Vemos que acusar al adversario de estar poseído por el demonio no es una novedad. Hay intolerancia de parte de ambos grupos. Es evidente, en todos los Evangelios, los conflictos que el judaísmo tiene con el cristianismo y viceversa. Hay acusaciones de ambas partes. ¿En qué momento estos conflictos se volvieron de tal intolerancia, que sirven de espejo para las acciones actuales? La crítica que se hace al otro, viene acompañada de la crítica que se hace al modelo político y a los valores que son puestos en práctica dentro de esa sociedad. En general, los grupos religiosos están comprometidos en alguna propuesta de cambio social y político. De esta forma, la construcción del pensamiento religioso, por parte del otro grupo, necesariamente pasa por la crítica. Esta crítica se puede volver una señal de intolerancia religiosa o simplemente puede ser una crítica a las posturas políticas o una crítica a los valores.
Marcos 15, 20- 21
Y lo condujeron fuera para crucificarle. Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Delante de él. Y lo condujeron al Gólgota, que es traducido como lugar de la calavera (Marcos 15,20b-21)
La historia de Simón se encuentra dentro del contexto de la crucifixión de Jesús. En el capítulo 15 de Marcos, varios personajes participan de las escenas: Los jefes de los sacerdotes, ancianos, escribas, Pilatos, Barrabás, la multitud, los soldados, Simón, los ladrones, María Magdalena, María la madre de Santiago y José de Arimatea. Marcos se encarga de dejar claro quienes son algunos de estos personajes. Barrabás está bien presentado, incluso con informaciones acerca de su personalidad y sus acciones. La segunda María es presentada como la madre de Santiago, de José y de Salomé. De José de Arimatea se dice que es un ilustre miembro del Consejo. De los escribas y jefes de los sacerdotes no se conoce nombres. Simón y José son los únicos personajes que son presentados por el lugar de origen.
Llama la atención los dos verbos usados para referirse a Jesús y a Simón. Jesús fue conducido. Mateo y Lucas usan la palabra apágo (= llevar). Lucas utiliza una palabra que significa “hacer salir de forma violenta”, conducir (exágo). Juan utiliza una palabra más fuerte: se apoderaron, lo arrastraron (paralambáno).
Conducir es orientar a alguien en una determinada dirección. Conducir es llevar algo hacia algún lugar. En ambos casos, lo que es conducido está sobre el efecto de quien es el conductor. En el caso de Jesús, Él no pidió ser conducido. Eso significa que la acción realizada no depende de la voluntad de quien estaba siendo conducido. Él fue llevado a la fuerza. El contexto nos muestra que va como prisionero, por lo tanto, Él no tiene poder para decidir sobre su situación. Hay un cambio de escenario: Él estaba dentro del palacio del gobernador y, entonces, es conducido fuera. Fue retirado. Alguien es conducido sólo cuando no puede salir solo, o cuando se está resistiendo, o cuando hay preocupación por protegerlo.
En el caso de Simón, no hay opción. El término griego indica que hubo resistencia. No se presiona a alguien a menos que haya resistencia. Si se la obliga es porque la persona, por algún motivo, se niega a realizar la acción. Mateo y Marcos usan la misma palabra: Simón es obligado a cargar la cruz. Es forzado a participar de la historia; él no fue convocado; él fue reclutado a la fuerza. Esta es una acción que va contra su voluntad. Él no estaba participando por su propia voluntad. Alguien sólo es obligado a hacer algo, si se rehúsa a hacer aquello que se le está solicitando; por eso podemos llegar a la conclusión de que Simón resistió a esa solicitud. Simón no se encontraba en una situación para escoger. Por otro lado, es significativo que había un poder mayor, contra el cual no se podía luchar. Alguien que obliga a otro, es porque tiene poder para hacer que el otro se someta a su voluntad. Tiene el poder de dominar. ¿Será que ya existía la idea de que por ser cirineo, este tipo de acción era común o por lo menos permitida? ¿O será que era común practicar este tipo de agresión contra los cirineos?
El texto indica que Simón era muy conocido. Esto, sin embargo, también puede ser entendido de otra manera. Cuando trazamos muchos detalles sobre alguien, puede ser por dos motivos: o porque se lo conoce mucho o porque se lo quiere hacer conocer; en este sentido, el texto debe insistir en mencionar su nombre y el de sus hijos, así como también su origen (cirineo). Solamente Marcos menciona el nombre de los dos hijos de Simón.
Él es identificado por el lugar donde vivía o había nacido. Esta era una forma de hacer distinciones; esta persona tiene las características propias de su lugar de origen. Él es diferente. El texto afirma que él es parte de una región, razón por la cual él puede ser evaluado, analizado y entendido a partir de su lugar de origen. Decir que nació al noreste de Brasil es diferente a decir que nació en el sur. Decir que vive en Morumbí, barrio rico de São Paulo, es diferente a decir que vive en una favela. Por lo tanto, la región, en sí misma, puede ayudar a trazar algunos significados y a generar algunas reacciones en los oyentes.
El lugar de origen confiere importancia y cualidades a Simón. Puede ser que al resaltar el nombre de la región y su nombre propio, simplemente se estaba queriendo distinguirlo de otros “Simones”. Por lo general se acostumbra a clasificar a alguien por alguna labor que ejerce. En el caso de Simón, las informaciones no se refieren a sus actividades, sino que son informaciones relacionadas a su familia y al lugar de nacimiento. Curiosamente, Simón es un nombre muy común entre los judíos, sin embargo, el nombre de sus hijos, Alejandro y Rufo, son nombres griegos. Con base a ello, podemos pensar dos cosas: o que la información es errónea con relación a los hijos, o que se trata del caso de un judío helenizado. ¿Qué puede significar un nombre? Muchas cosas. En Brasil, si alguien tiene por nombre “Zumbi”, esto ya demuestra un fuerte apego histórico y lleno de significados políticos e ideológicos. Hubo muchos personajes importantes de la historia judía con el nombre de Simón: fue el nombre de un sacerdote (Neh 12,11); fue el último de los hijos de Matatías, líder de los judíos contra los seleúcidas (1Mac 2; 1Mac 5). Simón tenía en su nombre el peso de la historia y de las luchas contra la dominación griega. Sin embargo, ahora ese nombre, de tantas tradiciones y reconocimiento por su pasado glorioso, estaba siendo maltratado por un soldado romano.
Mateo 27,32 trae la misma información, pero no menciona a los hijos. Lucas es más explícito cuando dice que colocaron la cruz sobre los hombros de Simón, esto significa que él siguió llevando la cruz, y por lo tanto pasa a ser identificado como el condenado que va camino a la muerte.
La mayoría de los comentarios nos traen una información concreta: Simón estaba en la ciudad para conmemorar la Pascua. Sin embargo, el texto nos dice que él estaba volviendo del campo. Esto nos da pie para hacer dos interpretaciones: el campo aquí no significaría que estaba volviendo del trabajo, aunque hay quien diga lo contrario. Simón era un agricultor que estaba volviendo del campo y se encuentra con este episodio en el que es obligado a participar. La palabra “campo”, aquí, puede ser puesta en oposición a ciudad; en este sentido, Simón no estaría volviendo del trabajo, sino de la región (campo). Él no es un observador del acontecimiento que ocurría con Jesús Él no estaba asistiendo a lo que pasaba en el palacio, como tampoco acompaña el momento en que Jesús dejó el palacio para ponerse en camino hacia el Gólgota.
El texto muestra el contraste entre el campo y la ciudad: son lugares en los que el ritmo de vida se presenta de forma diferente. El campo implica tranquilidad, pues son lugares pequeños y de sobrevivencia agraria; el ritmo de la naturaleza constituye el parámetro con el que se desarrolla la vida. Los campesinos están próximos a la tierra y a los animales. Las relaciones de amistad, parentesco y solidaridad se suscitan de forma natural. Prácticamente todos en la comunidad se conocen. La familia es un concepto que se extiende a otros vecinos. En la ciudad, Simón se enfrenta prácticamente con todo lo opuesto a la vida del campo. Él es agredido, forzado, deshonrado, humillado, desconocido, oculto, etc.
Por lo tanto, la escena nos hace imaginar que itinerario hecho por Jesús fue algo solitario. Evidentemente que nadie habrá quedado indiferente viendo a Jesús –un hombre conocido, siendo conducido a la muerte. Sin embargo, todo indica que no hubo aglomeración de multitudes en el palacio, esperando la salida de Jesús para acompañarlo. Algunas personas curiosas debieron haberlo acompañado o simplemente se pararon para ver a los soldados conduciendo a uno más de los condenados a muerte. Si hubiera habido una multitud acompañando a Jesús, entonces ¿por qué obligar a un hombre que, por coincidencia, pasaba (parágo) por el lugar en ese momento, y no a alguien que venía siguiendo la procesión del condenado?
“Pasaba” significaba que Simón no venía exclusivamente para asistir a la muerte del condenado. Él se estaba trasladando de una región a otra; él estaba atravesando, caminando. Él estaba llegando a la ciudad. Es interesante como el texto trabaja con los verbos. Él “pasaba” significa que él se movía por cuenta propia; Simón estaba en control de su destino y tenía libertad para caminar a donde él deseaba. Sin embargo, esa libertad es interrumpida por una acción contraria, es decir él es obligado. No es más señor de su destino, ni de su voluntad. Ahora está bajo las órdenes y el poder de otro. Ahora es siervo. Pasó de ser un hombre libre a ser un esclavo. El texto nos muestra que, a pesar de ser un hombre libre, Simón viene de una provincia que está sometida a los romanos y que, por lo tanto, no tiene plena libertad.
El texto nos lleva a imaginar que todo fue mero infortunio. Por casualidad Simón pasaba por ese lugar, es decir que pudo ocurrirle a cualquier otra persona. Sin embargo, desconfío que esa gente no estuviera ya acostumbrada a sufrir agresiones. Así como la gente del noreste (negros, pobres, prostitutas, homosexuales y otros), muchas veces, cargan con estigmas, es probable que Simón formara parte de un grupo o región donde la discriminación y la violencia fuesen prácticas comunes. Al final, no es más que un “miserable”. Nadie reclamaría. Realmente, este texto no muestra ninguna indignación con la situación que se desarrolla.
En varios momentos de los evangelios, hay algunas actitudes de Jesús que causan indignación en sus oyentes. En la historia que estamos analizando no hay ningún espectador, ni reclamo respecto a lo que está ocurriendo. Sin embargo, este episodio no narra una acción común. Lucas es el único que afirma que había una gran multitud del pueblo acompañando el camino a la crucifixión; también nos dice que durante este desarrollo, Jesús mantiene un diálogo con las mujeres que estaban allí presentes. Ahora bien, si había una multitud siguiendo el cortejo del condenado, ¿por qué pedirle ayuda a alguien que, por casualidad, estaba pasando y no a alguien de la multitud? En otro orden, el evangelio de Juan ignora totalmente esta historia.
Esto no hace recordar que el empleo de la fuerza siempre fue una forma de someter a los pueblos. La relación aquí es de violencia. Hay una clara y evidente demostración de poder, contrastando con la total incapacidad de reacción de quien estaba siendo sometido. Un judío conciente no se sentiría bien colaborando con el invasor romano. El texto demuestra que desde muy pronto, la relación con los pueblos extranjeros fue de intolerancia. A pesar de que Simón era de Cirene, él se sentía cómodo en Jerusalén; esta era su tierra, es decir, probablemente él era judío. El invasor es el romano. Los invasores, desde hacia mucho tiempo, utilizaban la fuerza para subyugar a los pueblos. Les quitaban las tierras y los esclavizaban. En este sentido, es probable que el soldado romano esté haciendo algo para lo cual él ya está acostumbrado y que, por lo tanto, era común ver, esto es violentar a los pueblos sometidos. Al final no era más que un esclavo de los señores romanos.
Uno de los valores más importantes en el mundo mediterráneo era la honra. Ser condenado a muerte en cruz se constituía en la peor forma de muerte. Más allá de la muerte propiamente dicha, el condenado tenía que pasar por una sesión de tortura y humillación pública. No había nadie que querría ser asociado o identificado como miembro de un grupo de oposición a los romanos.
La región de Cirene
El historiador Heródoto hace una descripción etnográfica y menciona a los cirineos en el libro II (XXXII y XXXIII). Este autor relata una historia contada por los cirineos, de dos jóvenes que decidieron conocer los límites de Libia, encontrándose con “unos hombrecitos de una estatura por debajo de la media”. Los dos jóvenes visitaron su ciudad, constatando que todos los habitantes eran negros y brujos.
En este relato, los cirineos se colocan como un pueblo diferente al de “hombrecitos negros”. Sin embargo, en otra parte, Heródoto hace una distinción entre los etíopes y los libios. Dice el autor: “los etíopes orientales poseen cabellos lisos, mientras que los libios los tienen más crespos, que cualquiera de los otros hombres (Libro VII-LXX, p. 164). Vale destacar que Cirene hacía parte de Libia, y que Libia era una designación para toda la región del norte de África, incluido Egipto.
Cirene fue una ciudad fundada por los griegos a finales del siglo VII. Se hizo famosa gracias a los filósofos griegos. En tiempo de Ptolomeo I había allí una gran comunidad judía, bajo el control de los romanos. Por lo tanto, los judíos habitaban la región de Cirene desde hacía mucho tiempo. En las ruinas de esta ciudad fueron encontrados vestigios de un teatro griego, de otro teatro romano, de un mercado y de algunas iglesias de un periodo más reciente.
La ciudad estuvo bajo el dominio griego desde el 322 hasta el 96, pasando después a ser una provincia romana. La población estaba compuesta por una mezcla de razas; había población griega y no griega. En los poblados cercanos al campo estaban los libios de nacimiento. Hay que destacar que había conflictos entre los libios de nacimiento y los colonos griegos. En la ciudad vivían también los soldados mercenarios. La filosofía se hacía presente a través de la escuela cirenaica fundada por Aristipo (400) y por Erostenes (275). Todo lo dicho nos permite concluir que la ciudad gozaba de un gran desarrollo cultural
Simón, el cirineo
Todos los datos indican que Simón no hacía parte del grupo de los cristianos, pues lo lógico sería que, en aquel momento, otros nombres, más próximos a Jesús, lo hubieran acompañado, tales como Pedro, Santiago, Juan, María, etc. Es más, el mismo Pedro no quiso ser identificado como miembro del grupo. Si Simón no hacía parte del grupo y era judío, entonces sólo nos quedan dos opciones: o su acción aparece como un hecho de gran solidaridad o su acción es de gran consternación. Y bien, no fue una acción de gran solidaridad, porque Simón no participó voluntariamente. Él no se presentó para ofrecer su ayuda. En ningún momento aparece la idea de que Simón estuviese conmovido con la situación, al punto de de tomar la decisión de ser solidario con aquel que estaba sufriendo.
Los cristianos, posteriormente, transformarán a Simón en un gran colaborador del cristianismo. Hubo la preocupación por compensar la gran consternación sufrida por Simón. Aquí tenemos un problema que lo vivenciamos hasta nuestros días. Para hacer parte del cristianismo es necesario estar dentro del cristianismo. Es necesario ser incorporado. El extranjero sólo es aceptado si hace parte de la historia cristiana. Es preciso pasar por la “purificación” religiosa. Por lo tanto, fue necesario incorporar a Simón como colaborador del cristianismo, para que así adquiriera importancia.
Simón es analizado a partir de la contribución que él dio al cristianismo. Pero, ¿y lo que él pasó? La consternación sufrida por este hombre es impensable. Un judío ayudando a un condenado, probablemente visto como un maldito. ¿Sería también una afrenta al código de pureza judía? El texto también puede ser visto como una tentativa de armonizar el conflicto entre judíos y cristianos, toda vez que el judío aparece dando su contribución en la historia de la pasión.
Desde este ángulo tendríamos una indicación positiva de la colaboración, reconocimiento y convivencia entre judíos y cristianos.. Por otro lado, en un primer momento, el texto es muy agresivo. ¿Cómo alguien es convocado a ayudar a otro, sin poderse oponer? Aquí existe una cuestión de honor. No era niguna honra para este hombre participar de este evento. Era una humillación pública. ¿Será que él fue confundido con alguno de los seguidores de Jesús?
En ese sentido, el texto puede también ser visto desde el ángulo de la intolerancia. El intolerante es un agresor; el agresor ve al otro como alguien que es inferior. En el caso del cirineo, él puede ser visto como un simple campesino, como un judío negro, como un judío pobre, como pobre, etc. Cualquiera sea la manera, él fue herido en su dignidad. Esa “inferioridad” se puede caracterizar como económica, religiosa, intelectual y/o, al mismo tiempo corporal. Muchas veces, todas estas categorías están asociadas; otras veces sólo se relaciona algunas de ellas.
El otro es visto con desprecio y desconfianza. Debe ser siempre vigilado. Antes que cualquier cosa, él siempre es visto como sospechoso. El agresor, el opresor, el intolerante lo ve como un sujeto de segunda clase, como gente que no tiene nada que ganar y sí mucho que perder; gente que necesita aprender y que no tiene nada que enseñar. Es vista como gente sucia, impura, con las cuales no hay que mezclarse.
En otros casos de intolerancia, la discriminación y el prejuicio están ligados a cuestiones históricas. En la disputa por el territorio, los cirineos salieron perdedores. Eran vasallos romanos. En todo caso, en la raíz está la idea de que el otro trae consigo su inferioridad. Inferioridad que, muchas veces, es defendida como se hiciera parte de su naturaleza. Sin duda que el agresor revela la arrogancia de quien se siente privilegiado por algún motivo. El otro es tenido por incapaz; hace parte de un grupo inferior. De esta forma, el agresor cree que está dando limosna o de aquello que le sobra, cada vez que hace alguna obra de caridad a favor de la víctima. Para él, de por sí, eso solo es más que suficiente, y la víctima debe reconocerlo y agradecerle todo lo que se hace por ella.
El agresor empieza a acreditar que la salvación está en él y en su grupo. Su visión del mundo es la mejor. Él es quien decide lo que el otro tiene que hacer para ser considerado bueno. De allí que no admita que el otro pueda tener un proyecto que compita con el suyo, sino que, por el contrario, empieza a ver como necesario desacreditar las ideas del otro, mostrándolo como falso, tratando de convencerlo de que está en un error. El conflicto comienza cuando el otro percibe que sus ideas, sus objetivos, su forma de ser o su mundo y él mismo tienen valor.
Ninguna visión del mundo viene exenta de una visión de sociedad. La visión prejuiciada e intolerante hace parte también de la sociedad que estamos construyendo o que queremos construir. La intolerancia no puede ser entendida solamente en el ámbito de lo religioso. El desprecio por la cultura y por la sabiduría, y la intención de mantener distante del otro y de la visión de que solamente algunos tienen el dominio del mundo, contribuye en el conflicto.
¿Cristianos africanos?
La única cosa clara en el relato es que hubo un africano en el camino de Jesús. La tradición cristiana acostumbra transformarlo en uno de los líderes de la iglesia de Antioquia. En Hechos 13,1 se menciona el nombre de Simón, el negro y de Lucio de Cirene. ¿Será el mismo Simón de la historia de Marcos? Entre los que estaban enseñando en Antioquia había chipriotas y cirineos (Hch 11,20). En la disputa con Esteban de Hechos 6,8, el texto nos dice que había judíos de las sinagogas de los libertos, de los cirineos, de los alejandrinos, de los de Cilicia y de Asia. Había, por lo tanto, una gran comunidad judía en Cirene, al punto de tener su propia sinagoga.
Creo que no es posible ni siquiera saber si este hombre era judío, pues la única indicación de que él podía ser judío es su nombre. Simón era un nombre común para los judíos. Ni siquiera la mención que hace Pablo de Rufo en Rom 16,13 significa que esté refiriéndose al hijo de Simón. Muchos comentaristas afirman que Simón estaba en Jerusalén para participar de la fiesta de Pascua. Pero, ¿en qué se basan para decir eso? Por lo tanto, nos queda sólo una opción: Simón era un africano que estaba en Jerusalén. De hecho, existía una comunidad judía en Cirene, pese a que su población era en su mayoría griega.
Conclusión
La historia de Simón nos ayuda a entender los abusos y violencias practicadas contra una persona. En este caso, la persona era un ciudadano africano: los poderosos continúan actuando para subyugar y apagar el nombre, la memoria, la identificación, la cultura. El texto indica que hubo resistencia. Simón nos enseña a resistir. A pesar de la sufrida participación de Simón, al optar por relatar esta historia, los evangelistas recuerdan su contribución y su relevancia en la historia del cristianismo. El cristianismo está construido con la colaboración de varios pueblos. ¿Será que, al conservar esta historia, el evangelista quería mostrar que los cristianos o pueblos del África son también capaces de dar la vida y ser solidarios en el martirio? ¿Será que quería mostrar que el cristianismo, en su origen, fue formado a partir de la colaboración de varios grupos y pueblos diferentes?
Intentar unificar el cristianismo a partir de un pueblo es no tomar en cuenta su carácter transcultural. Por otro lado, queda claro que no es más posible convivir con la intolerancia religiosa y la discriminación dentro del mismo cristianismo. Cuando una etnia o pueblo se ve como partícipe de la historia, descubre también su importancia. No siempre la participación en la historia se da de manera positiva. Depende de quien escribe la historia.
¿Por qué buscamos una presencia afro-asiática en los evangelios? Ya afirmamos que el movimiento Afro, de manera general, no necesita de justificación bíblica para continuar actuando. Sus luchas, sus logros, su modo de vida y sus ideologías se justifican por sí mismas. Si no hubiera justificación bíblica seguirían pensando, actuando, luchando, haciendo, viviendo, etc. Nuestras luchas continuarían existiendo así no tengamos una fundamentación bíblico-teológica. Entonces, ¿Por qué preocuparse por la presencia afro-asiática en los evangelios? Primero, porque somos cristianos y hacemos teología a partir del cristianismo. Segundo, porque esa teología, a pesar de que parte del cristianismo, quiere dialogar con otros grupos. Tercero, porque entiendo que hacer teología en América Latina pasa, necesariamente, por la historia de pueblos sometidos que tienen sus memorias sofocadas. Cuarto, porque es necesario descubrir las voces “ocultas” en los textos bíblicos que muchas veces hablan, pero que no tenemos oídos para oír. Quinto, encontrar la presencia afro-asiática en los evangelios refuerza algo que ya sabemos y que fue encubierto: que el mensaje evangélico es para todos. A más de esto, creo que es posible un análisis hermenéutico que nos ayude a ser tolerantes con relación a la religiosidad del otro.
Clemildo Anacleto da Silva
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Heródoto, História, traducción de J. Brito Broca, São Paulo: W. M. Jackson, 1953.
G. Mokhtar (organizador), Histoire generale de L’afrique II - Afrique ancienne, Belgique: Jeune Afrique/Stock/Unesco, 1980, p. 210.
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