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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
Un cushita habla ¡como el Dios del profeta! - Una lectura de Jeremías 38,7-13María Cristina Ventura Campusano
Resumen Abstract
“Y escuchó Ebedmelek, un cushita hombre eunuco. Y él en casa del rey. Es que pusieron a Jeremías para dentro de la cisterna. Y el rey sentado en puerta de Benjamín. Y salió Ebedmelek desde la casa del rey. Y habló para el rey para decir: ‘Mi señor el rey, hacen mal los hombres esos en todo lo que hacen para Jeremías el profeta, a quien hicieron arrojar para dentro de la cisterna. Y morirá debajo desde rostros. Es que no hay el pan continuo en la ciudad.’ Encargó el rey a Ebedmelek, el cushita, diciendo: ‘Toma en tu mano de aquí tres (o treinta) hombres y haz subir a Jeremías el profeta desde la cisterna antes que muera.’ Tomó Ebedmelek a los hombres en su mano y entró en casa del rey a la parte inferior, el almacén, y tomó de allá trapos usados y pedazos de paños viejos y los lanzó para Jeremías para la cisterna con cuerdas. Y dijo Ebedmelek, el cushita, a Jeremías: ‘Coloca ahora los trapos usados y pedazos de paños viejos debajo de la articulación de tus manos de la parte inferior para las cuerdas.’ E hizo Jeremías así. Y agarraron a Jeremías con las cuerdas y subieron a él desde la cisterna y sentó Jeremías en el patio de la prisión.” (Jeremías 38,7-13)* Introducción Jeremías 38 nos impresiona, primero, por encontrarnos con un “siervo del rey” - Ebedmelek - quien desafía los deseos de los sarim “jefes” ante el rey. Segundo, porque se trata de un cushita. Lo que significa un extranjero que actúa con firmeza: “escuchó” y “habló para el rey” para defender al profeta Jeremías. Esta actuación de Ebedmelek nos recuerda el propio actuar del Dios de los hebreos en defensa de quienes están en apuros (Gn 21,17; 30,17; 39,21). Desde un análisis, primero, sincrónico y segundo, diacrónico, es nuestra intención ir desvelando en el texto la actuación de este cushita y a través de él procurar visibilizar las historias de tantos personajes africanos y de otras culturas que hacen parte de los textos bíblicos no sólo desde posiciones de márgenes, sino también desde los centros mismos que ellos conjugan y representan. Así, invitamos a leer este texto desde el tiempo y el espacio de Ebedmelek, el cushita. Para esto, proponemos tres momentos: primero, aproximarnos al cushita, su actuación y relación con los demás personajes, desde la estructura misma del texto. Segundo, estaremos atentos a cómo la figura del cushita ha sido vista en distintas interpretaciones sobre este texto. Y, tercero, desde una propuesta intercultural intentaremos relacionar la actuación de Ebedmelek con la participación cushita en la historia bíblica en relación a una propuesta de diálogo para la actualidad. Ebedmelek y la estructura Jr 38 forma parte de la unidad literaria que inicia en al cap. 36 y va hasta el 45, donde se habla sobre la vida de Jeremías. Todos estos capítulos están estrechamente ligados. Esta unidad se conoce como el documento de Baruc, pues se considera que fue él quien escribió esta narrativa. El cap. 36 inicia con una frase que ubica en el tiempo y en el espacio a Jeremías: “en el año 4 de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida esta palabra a Jeremías de parte de Yahveh” (v.1). Más adelante en v.9 parece ser una construcción paralela a v.1. De nuevo en el v.27 encontramos otra pausa, o mejor, otro comienzo del texto. Esto que sucede en el cap. 36 se repite en los demás capítulos de este conjunto de narraciones. Aunque ellos no constituyen una unidad cronológica, existen desconexiones temporales entre ellos, sin embargo, pueden ser tratados como relatos independientes de iguales eventos. Esta realidad podemos notar más fácilmente en los caps. 37 y 38, los cuales son versiones diferentes de un mismo relato: la prisión de Jeremías. Pero además de esta temática ya presente en cap. 37, nos encontramos con Ebedmelek, quien da un toque diferente al relato. Además de la falta de cohesión en la relación entre los dos capítulos: por ejemplo al final del cap. 37 nos hace seguir a Jeremías hasta la cárcel (v.21) y en el versículo siguiente nos lo presenta predicando en el pueblo (38,1), y así va hasta el final cuando no acabamos de saber cuándo fue arrojado Jeremías a la cisterna (en 37,16 o en 38,6). A pesar de las faltas de cohesión que puedan existir, queremos partir, en esta ocasión, afirmando que el texto tal y como nos ha llegado pretende comunicar un mensaje. De tal forma que merece la pena intentar descifrar ese mensaje. Por eso, optamos por el estudio sincrónico del texto. No nos interesa primariamente encontrar la intención del autor, sino el mensaje del texto y el modo como éste se nos comunica. El cap. 38 lo podemos dividir en tres partes:
Las tres partes están íntimamente relacionadas. La primera provoca la segunda y ésta la tercera. La acción de Ebedmelek está en el centro. Observamos con atención la explicación detallada de esta acción del cushita, lo que demuestra la importancia de la misma. Nos llama la atención los paralelos que existen entre la primera y segunda parte: v.1 y v.7, ambos inician con la acción de “escuchar”. Sin embargo, el escuchar de los príncipes está en oposición directa con el escuchar de Ebedmelek. En tanto los príncipes escuchan la profecía de Jeremías sobre la toma de la ciudad por parte de Babilonia, Ebedmelek escucha sobre la amenaza de muerte que corre el profeta: “oyó que habían metido a Jeremías en la cisterna…” (v.7). Destacamos las relaciones de oposición y correspondencias observadas en el texto. El esquema usado por José María Abrego , ayuda a mostrar estas relaciones: v.1 Escuchan los príncipes v.7 Ecucha Ebedmelek v.6 Jr. arrojado cisterna v.13 Jr sacado cisterna Por medio de estas relaciones se establece, dentro de cada sección, una real oposición entre los dignatarios y Ebedmelek, como antagonistas y aliado del profeta. Destacamos que en la relación de oposición entre v.6 y 13, encontramos un punto interesante para todo el conjunto: los dignatarios parecen sentirse moralmente afectados por las palabras de Jeremías. Son presentados como inoperantes, pues ellos están para defender la ciudad. Es por eso que acusan a Jeremías. Y más, merece la muerte, al ser considerado traidor. Como bien explica Walter Brüggemann, los príncipes entienden la actitud de Jeremías como un acto de sabotaje no sólo desde el punto de vista político, sino también teológico. Con todo, Ebedmelek consigue pasar por encima este deseo de los príncipes. La acción de Ebedmelek – el cushita - en la boca de algunos exegetasA pesar de ser novedosa la participación de este cushita en el relato, y más, la centralidad que tiene dentro del cap. 38, las atenciones desde la mayoría de las exégesis no pasan de ver este personaje como un “siervo del rey” que realiza una función. En este sentido, Robert Davidson señala: Si bien es cierto que este autor describe de una manera muy interesante, si se quiere emotiva, toda la acción de Ebedmelek, reconociendo inclusive la preocupación que tiene por no provocar dolor en Jeremías durante el rescate, entendemos que no avanza mucho en relación a la posición misma que tiene Ebedmelek dentro del texto. En primer lugar, el autor coloca en boca del rey palabras que son de Ebedmelek, con esto consigue dejarlo en la posición de siempre, la posición que he visto de forma rápida. En segundo lugar, reconoce la delicada labor que realiza pero esta labor, no pasa de ser sólo, una misión concluida. No ve la actuación de Ebedmelek como una propuesta de nuevas relaciones entre el rey, el profeta y el funcionario. Al mismo tiempo, autores como Gerald L. Keown, Pamela J. Scallise y Thomas G. Smothers tratan la entrada de Ebedemelek al texto como algo raro. Para estos autores, no es cierto que Sedequías haya estado sentado en la puerta, así como dice el texto, pero sí estaba cumpliendo su función de tomar decisiones en caso de disputa legal. No hacen ninguna relación del papel que puede estar cumpliendo Ebedmelek en su salida hasta la puerta y al presentar la situación al rey. Sin embargo, entendemos que si es verdad que el rey ya estaba enterado de la situación, así como afirman estos autores, entonces con mayor razón tenemos que reconocer la función de este funcionario como defensor. Por tanto, sentimos que no hay interés ni tiempo para entrar en la persona de Ebedmelek en reflexiones como las de estos autores. Así mismo, nos llama la atención la interpretación hecha por autores como Luis Alonso Schökel y otros, quienes señalan que “este extranjero influyente en la corte también sabe meter miedo al rey, de modo que éste reacciona con un sentido de justicia” . Aunque estos autores reconocen la influencia de Ebedmelek, destacando además su identidad de extranjero, no avanzan mucho en su comentario en relación al papel central que tiene este extranjero. Y peor, colocan la reacción justa, sólo de parte del rey. No señalan esta justicia como venida de Ebedmelek de quien, al contrario, afirman el “miedo que mete al rey”. ¿Por qué no dicen de la capacidad de convencimiento de Ebedmelek para lograr que el rey actúe con justicia, en vez de hablar de miedo? ¿Por qué no reconocen la justicia en la actuación de Ebedmelek? ¿Por qué no hablan del poder que tiene este extranjero? Ebedmelek – el cushita – tiene poderEs interesante la manera como irrumpe el v.7, donde aparece por primera vez la figura de Ebedmelek, a quien el redactor dedica tiempo para darnos a conocer su identidad. Es denominado tres veces como “nubio” (= cushita) en v.7.10.12, también en 39,15. Además su acción es expuesta con cuidado, no dejando de lado ningún detalle en su intento por sacar a Jeremías de la cisterna a la que fue arrojado por la voluntad de los príncipes. La escena tiene movimiento. Ebedmelek “sale de la casa del rey”, “habló al rey” (v.8). Destacamos el hecho de que el rey estaba “sentado en la puerta de Benjamín”. La puerta es lugar de juicio, ¿está el rey llevando a cabo un juicio, o mejor, está actuando como juez, como en 1Sm 8,5 Si esto es así, Ebedmelek tiene palabra en este juicio, actúa como defensor. Esta escena nos recuerda a Daniel delante del tribunal que juzgaba a Susana (Dn 13,44-49). El rey le presta atención, y más, “encarga” al propio Ebedmelek sacar a Jeremías de la cisterna. Como bien afirma José María Abrego, “Ebedmelek no defiende a Jeremías porque políticamente prefiera rendirse. El texto sólo dice que al estar el profeta en peligro le ayuda” . En este sentido, los resultados de la intervención de Ebedmelek, como defensor, son opuestos no sólo a la petición de los príncipes de matar a Jeremías, sino también a los resultados de la orden de Sedecías de soltar a los siervos y esclavas hebreas en 34,8-11. Y más, el rey se declara como un rey que no puede hacer nada en 38,5 a lo que hay que sumar la impotencia de Jeremías hundiéndose en el barro (v.6). Ebedmelek es un hombre con poder. La expresión “tomó Ebedmelek a los hombres en su mano” (v.11), nos habla literalmente de ese poder, el término yad “mano” está asociado con “fuerza”, “poder”. Y ese “poder” es puesto en práctica para sacar de la cisterna a Jeremías. Ebedmelek se mueve no sólo hacia fuera de la casa del rey, a la puerta, sino que también, por ser un hombre de confianza del rey, maneja el espacio de dentro de la casa. Sabe dónde están las cosas que necesita; así consigue los paños que va a utilizar en la acción (v.11). El texto presenta todo este movimiento de una forma tan viva que permite que quien lee el texto pueda casi hacer parte de los movimientos de Ebedmelek. Esto nos lleva a pensar en la posibilidad de que si este cushita es un “siervo del rey”, entonces estamos delante de un funcionario especial. Un funcionario que actúa con más poder que el profeta, inclusive, que el propio rey, así como lo explicamos en el párrafo anterior. Con todo, no está suficientemente explicado dentro del texto cuál es la razón de por qué Ebedmelek se vuelve defensor de Jeremías. ¿Qué relación existe entre Ebedmelek y Jeremías? ¿Por qué la insistencia en identificar a este funcionario por su origen geográfico? En el momento no tenemos respuestas a estas preguntas, sin embargo algunas cuestiones pueden surgir al intentar relacionar este cushita con otros cushitas dentro de los textos bíblicos. Algunas ideas sobre la presencia de Cush en la BibliaLos investigadores bíblicos han dedicado bastante tiempo en focalizar las influencias del Este, esto es, de los imperios de Babilonia y Asiria, sobre Israel y Judá, principalmente cuando se trata de sus materiales de historia y literatura. Sin embargo, con muy pocas excepciones, no han prestado igual atención a la influencia de materiales literarios e históricos en la significante dominación Egipcia en la región. Cuando algunos estudios traen alguna información sobre el imperio del sur, generalmente prestan muy poca atención a las interconexiones en el mercado, políticas y otras áreas. E inclusive, prestan poca atención a las interconexiones culturales entre los países del sur. Sobre este tema, John G. Jackson señala que “las ejecuciones de Egipto no son las únicas de las naciones africanas. Las naciones al sur llamadas Cush, Nubia y Etiopia desarrollaron muchos aspectos independientemente de la influencia de Egipto. Ellas dieron tanto a Egipto como Egipto dio a ellas. Por ejemplo, se tiene información de que fueron estos pueblos los primeros en usar técnicas que engrandecieron a Egipto, los primeros en arar el lodo del Nilo; ellos fueron los de piel oscura, pelo encaracolado, los Cushitas. Los negros, maestros de los sumerios y babilonios antes que estos llegaran a ser “país de la cuarta lengua”. Roger W. Anderson reconoce que en el material bíblico hay poca referencia a Cush, Cuchi o Cushitas, un término usualmente asociado con grupo de personas relacionadas a la historia de Egipto y otras áreas del Antiguo Próximo Oriente, o geográficamente localizados al sur de Egipto frecuentemente referido a Nubia o la ciudad moderna de Sudan. J. J. Simons señala que la mayor ocurrencia de Cush dentro del texto bíblico es como un término geográfico; pero también lo encontramos como un término genérico para indicar el origen de la persona o el grupo. Sin embargo, frecuentes referencias a Cushitas como personas negras han sido vistas como negativas, pues esto se deriva de que en la lista genealógica, los reales héroes son los descendientes de Sem, pues los descendientes de Cam son considerados esclavos de éste (Gn 10). Y más, según Gerhard von Rad, Sem, eventualmente llega a ser el pueblo de Israel y Judá. Desde Ebedmelek – otros cushitasAprovechamos la información sobre Ebedmelek, el cushita, para destacar esta presencia dentro de una propuesta intercultural, lo que significa que no es nuestra preocupación sólo listar textos donde pueda haber esta presencia, pero sí destacar de qué manera las memorias dentro del texto bíblico no son puras. Se trata de memorias que vienen de la participación de muchos pueblos, de muchos grupos, y entre ellos, pueblo como el Cushita. En este sentido, vale la pena destacar que dentro del mismo Jeremías, cap. 36, encontramos una referencia muy interesante “Cuchi”. Se trata de Yehudí de quien afirman es descendiente de un Cuchi (36,14). Como afirma Daglish Edward Russell, esta referencia es vista por muchos investigadores bíblicos como inusual, sugiriendo a la vez la importancia de Yeudí en la corte. Así mismo referencia a Cuchi la encontramos en la generación anterior a Sofonías, cuando se identifica “Sofonías hijo de Cuchi” (1,1). Y probablemente es un ancestro común que vivió en tiempos de Manasés (640-609 a.e.C.) que también hace parte del árbol genealógico de Yeudí. Esto nos hace pensar que la participación, o mejor, la presencia de cushitas en la monarquía fue una realidad que parece tuvo que ver con la actividad no sólo profética, sino también militar durante la monarquía. En este sentido, en 2Cro 14,8-14 se hace referencia a Zéraj el cushita, un jefe militar, que enfrentó la monarquía de Judá (durante el reino de Asá (914-874 a.e.C.) destructora, en nombre de Yahveh, de los altares y cultos extranjeros (2Cro 14,1-2). El Cronista parece estar haciendo un intento para proveer explicación sobre la presencia Cushita entre la poblabión Siro-Palestina, pues no se conoce ninguna situación histórica sobre este acontecimiento. En el Salmo 7 encontramos la memoria de un cushita en relación a la corte davídica, como bien destaca Micthell Dahood. Dicho texto nos habla de lo sucedido en 2Sm 18,21, cuando un cushita trae la buena noticia a David de que Yahveh lo había librado de sus enemigos. De nuestro texto de estudio podemos ver que Ebedmelek también está en Benjamín, quien bien puede ser identificado como un cushita benjaminita. Lo que puede ser reflejo de una tradición bien antigua donde los cushitas se están relacionando con la monarquía. De esa forma, el cushita mensajero de este texto sería una narración tardía. En 2Rs 19,9, se hace referencia a la dominación de los Egipcios por los Cushitas durante la 25 Dinastía, siendo destacada la relación Siria-Palestina durante este período. De igual forma, textos como Nm 12,1 traen memorias bien antiguas donde prácticas religiosas y culturales (en este caso, matrimonio) fueron divididas entre cushitas y egipcios. De esa forma, podemos entender cómo llegaron ciertas costumbres a Palestina, pues la relación entre Egipto y Siria-Palestina tiene una larga historia. Ebedmelek – el cushita – actúa como el Dios del profetaEs así, como no resulta difícil entender por qué tenemos al Ebedmelek, el cushita, relacionado a la corte durante el período del rey Sedecías, así como es narrado en Jr 38. Podemos afirmar que Ebedmelek hace parte de ese grupo pequeño, de Cushitas con una posición importante en Judá. Alguien está interesado en hacer presente esta memoria de la participación extranjera en la corte, y más la participación cushita, pero una participación que no es pasiva. Es un cushita que salva al profeta con trapos y tiras de una muerte a la que le conducen los poderosos de su pueblo. Como bien señala Walter Brüggemann, sin cualquier explicación un etíope en la corte real asiste a Jeremías. No se sabe por qué la narrativa introduce este personaje abruptamente y sin comentarios. ¿Es su aparición un accidente fortuito? ¿Tiene Jeremías un amigo especial entre “los sirvientes del rey”? El nombre de este hombre significa simplemente “sirviente del rey”? Estas y otras preguntas se plantea el autor, reconociendo al mismo tiempo que aunque sea difícil probar nada históricamente, realidades históricas son propuestas para conformar el texto. Vale recordar, entonces, que la época a la que el libro de Jeremías hace referencia, es una época políticamente conflictiva. El dominio de Egipto está decayendo. En su lugar Babilonia surge como un imperio fuerte (605 a.e.C.). El rey de Judá, Sedecías en el momento, tiene dos opciones: o irse al lado de los Egipcios, o entregarse a Babilonia. Jeremías propone lo segundo. Al final, también sobre Egipto vendrá Babilonia. Entonces podemos afirmar que la crítica es indiferente a un dominio o a otro, pero sí a la actuación de los de Judá. Finalmente, proponemos que se trata de una crítica a la actuación de quienes no son cushitas dentro del texto, quienes no son extranjeros. Teológicamente, una crítica en contra de los de Judá que ofenden a Yahveh con sus actuaciones. Con todo, la salida que el redactor consigue para salvar a Jeremías de la cisterna, no es una salida mágica, es totalmente práctica humana, que como tal no deja de ser divina. Por eso, afirmamos que Ebedmelek, el cushita, habla como el Dios del profeta. A través de él se pone en práctica dabar – la acción misma puesta en palabras. Además, esa acción coloca a Ebedmelek en sintonía con la línea cushita que conocimos en los textos destacados, pues un elemento que constatamos fue la disposición para la actuación diferente, fuese ésta en la corte o fuera de ella. Entonces, qué mejor que la representación de un personaje, que hace parte de un grupo con relaciones ancestrales con el palacio y, posiblemente, conocedor de lo que es capaz de hacer el Dios del profeta. María Cristina Ventura Campusano * Traducción propia de la autora. Walter Brüggemann, Jeremiah 26-52 – To Build, to Plant, Edinburgh: William B. Eerdmans Publishing, 1991, p.147. Robert Davidson, Jeremiah and Lamentations, Kentucky: Westminster John Knox Press, vol.2, 1985, p.125. Varios, Jeremiah 26-52, Dallas: Word Books Publisher, vol.27, 1995, p.224 (Word Biblical Commentary). Luis Alonso Schökel, Juan Mateos y José María Valverde, Jeremías, Madrid: Ediciones Cristiandad, 1967, p.169-170. El estar el rey en la puerta, hay quienes afirman que posiblemente cumplía su función normal de mediar disputas y decidir sobre cuestiones legales. En este sentido, Roland de Vaux afirma que no hay ninguna razón que nos obligue a sospechar de esta tradición que representa al rey como heredero de un oficio que tenía una larga historia en Israel (Instituciones del Antiguo Testamento, Alejandro Ros (tradutor), Barcelona: Editorial Herder, 1964, p.216). Hay quienes entienden que, de acuerdo al libro de Jeremías, Sedecías fue un rey débil y sin coraje político (Varios, Biblia y realeza, Estella/Navarra: Editorial Verbo Divino, 1994, p.38. La opinión de autores como Roland de Vaux es un tanto ambigüa en relación a la especialidad que puedan haber tenido algunos funcionarios de la corte. Por un lado, sugiere que la expresión “siervo del rey”, en singular, pudo haber significado una función especial, así como el caso presentado en 2Rs22,12; 2Rs 25,8. Por otro lado, concluye que por el alto número de sellos encontrados con este tipo de título hace pensar que sería extraño si sus poseedores hubieran ocupado todos el mismo cargo. Por esta razón, este autor sugiere que se trataba de un título general que llevaban diversos funcionarios y cuyo sello servía para autenticar los actos oficiales. Añade además que la expresión asiria correspondiente comprende también diferentes funciones (Instituciones del Antiguo Testamento, Alejandro Ros (traductor), Barcelona: Editorial Herder, 1964, p.176). Roger W. Anderson, “Zephaniah ben Cushi and Cush of Benjamin: Traces of Cushite Presence in Syria_Palestine”, en Steven W. Holloway, Lowell K. Handy (editores), The Pitcher is Broken - Memorial Essays for Gösta W. Ahlström, Sheffield: Sheffield Academic Press, 1995, p.46 (Journal for the Study of the Old Testament/Supplement Series, 190). John G. Jackson, Introduction to African Civilizations, New York: Carol Publishing Group, 1997, p.14-15. J. J. Simons, The Geographical and Topographical Texts of the Old Testament, Leiden: Brill, 1959, p.58 (Studia Francisci Scholten Memoriae Dicata). Daglish Edward Russell, “Cushi”, en Journal of Religions Thought, School of Divinity Howard University, vol.32, 1975, p.101-109. Según Damien Noël, a Jeremías no le gusta Egipto, del que no tiene nada que esperar. Sin embargo, es a Egipto donde tiene que ir después del asesinato de Godolías. Por eso, en 43,8-13 predica anunciando la invasión de Egipto por parte de Babilonia (El tiempo de los imperios del exilio a Antíoco Epífanes (587-175), 2004, p.16. Luiz Alexandre S. Rossi, en su interpretación de Jr 38, por un lado, entiende que “la palabra del profeta no vuelve vacía”. Y por otro, sin ninguna sospecha concluye que “es ese esclavo en la corte del rey”. Este autor además de no entender que “siervo del rey” no necesariamente es esclavo, confunde cuál es la palabra que no vuelve vacía. Pues para que la palabra de Jeremías pueda tener un lugar en el texto, antes la palabra de Ebedmelek tuvo que ser efectiva (Como ler o livro de Jeremias – Profecia a serviço do povo, São Paulo: Paulus, 1990, p.117-18.
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