
El misterio del Misterio en la carta a los Efesios
Flavio Schmitt
Resumen
La carta a los Efesios revela una imagen de Cristo que ha marcado a la iglesia a lo largo de la historia. Esta imagen está al servicio de la práctica y del seguimiento a Cristo que el escrito intenta desencadenar en sus lectores y oyentes. La investigación bíblica ha ensalzado esta imagen para los resultados y explicaciones de las cuestiones polémicas de la carta, centrando su atención en los títulos y en las fórmulas. Sin embargo, Efesios, al presentar a Jesús como “nuestro Señor Jesús Cristo”, intenta darle poder a la militancia cristiana, frente a las circunstancias adversas de lo cotidiano.
Abstract
The letter of Ephesians reveals an image of Christ which has been important for the church over time. This image is in the service of the practice and following of Christ which the Scripture seek to unleash in its readers and hearers. Biblical research has related this image to the results and explanations of the polemical questions of the letter, centering attention on the title and formulas. However, Ephesians, in presenting Jesus as “our Lord Jesus Christ” seeks to empower Christian militancy in the face of adverse circumstances of everyday life.
Introducción
La tradición cristiana no sería lo que es, sin la carta a los Efesios. Para bien o para mal, esta carta desempeña un papel clave en los momentos decisivos de la historia del cristianismo. Frente a los innumerables conflictos doctrinales e ideológicos que se sucedieron a lo largo de la historia, la carta a los Efesios sirvió como norte, como brújula que orientó incluso a los navegantes más desorientados. En la actualidad, pasajes como Ef 2,11-12 y 4,4-6 son importantes para tratar situaciones de conflicto y para construir la unidad, inclusive en ámbitos ecuménicos.
Con todo, la carta presenta algunos aspectos ambiguos. El catálogo de los deberes domésticos, por ejemplo, se ha constituido en una verdadera espina en la carne para la tradición cristiana, sobre todo en el desarrollo del tema de la equidad de género.
Hago mías las palabras del autor de la carta, cuando dice: “leyéndome podrás percibir el entendimiento que tengo del misterio del Señor (3,4). Este artículo pretende contribuir en la comprensión de la cristología de los Efesios. Por cristología entiendo el conjunto de afirmaciones hechas a partir de la fe con respecto a Jesús de Nazaret.
1. El testimonio del ministerio
Hablar de Jesús ha suscitado las más diversas reacciones, tanto en el pasado como en el presente. Se equivoca quien sostiene que la eficacia al hablar de Jesús era mayor en el pasado, con relación a lo que es en la actualidad. Si hoy, la credibilidad del Evangelio es cuestionada en algunos ambientes culturales, eso se debe mucho más al testimonio ambiguo de aquello que lo siguen, que a la interpretación que se hace de Jesús y de su obra.
Ya en el pasado, hablar de Jesús implicaba un constante proceso de interpretación y reinterpretación de Jesús, tanto para la cultura judía como para la cultura helénica y otras formas culturales de menor expresión que no son consideradas en el ámbito de los escritos neotestamentarios.
Hoy, frente a la complejidad cultural en la cual la persona de Jesús es anunciada, surge también la necesidad, cada vez mayor, de re-interpretar y rescatar aspectos, a veces malinterpretados, que vuelvan más creíble a Jesús.
En este sentido, la lectura de la carta a los Efesios, en una perspectiva cristológica, permite rescatar la forma y el contenido de la interpretación hecha por los primeros seguidores de Cristo, así como las consecuencias prácticas, deducidas a partir del entendimiento de la fe.
2. Efesios en las investigaciones
La tradición bíblica, en especial la matriz europea, ha concentrado su atención en dos focos principales, a saber: autoría y destinatarios de la carta. De la solución y explicación dadas a estas dos cuestiones se van a definir otras dos: fecha de composición y lugar de origen.
La autoría gira en torno a la discusión de su autenticidad paulina o no. La investigación viene alternando argumentos más consistentes a favor y en contra de la autoría paulina. La carta presenta indicios que permiten, tanto afirmar como negar la autoría del apóstol.
El tema de los destinatarios está relacionado con la presencia o no de la palabra “Éfeso” al inicio de la carta . Hay quien sostiene que esta carta está dirigida a Laodicea. Por último, están aquellos que argumentan a favor de una carta dirigida a varias comunidades del Asia Menor, en la región de Frigia. Más importante que el lugar donde fue escrita la carta, es la identificación de los destinatarios que son cristianos de origen helénico .
El lugar de origen podría ser Éfeso , Cesarea o Roma , si se admite la autenticidad paulina. En este caso, la carta habría sido escrita en el periodo de actividad apostólica. Si la carta no es de Pablo, debió tener su origen en alguna de las comunidades del Asia Menor, alrededor del año 90 del primer siglo de la era cristiana.
Cristología
La cristología de Efesios ha concentrado la investigación en el estudio de los títulos, fórmulas y algunas afirmaciones sucintas. Según Goppelt , los títulos y formas son tomados de la tradición de la iglesia. La tradición que se encuentra a disposición del autor de la carta proviene de la iglesia helénica.
En este modo de percibir la cristología de la carta, toda conclusión queda condicionada a la discusión sobre la autoría del escrito. Siendo de autoría paulina, la comprensión e interpretación de los títulos debe ser sometida al cedazo de las demás cartas auténticas del apóstol. De lo contrario, se vuelve necesario un nuevo camino.
A pesar de esta discusión, no queda duda que nombres y títulos son medios para expresar una identidad. La presencia de títulos atribuidos a Jesús en la carta, confirma una manera de comprender e interpretar a aquel, en nombre de quien los santos a los que se dirige la carta, deben su propia existencia. No es por accidente que el autor se refiere al “Señor Jesús” o “nuestro Señor Jesús” o “Cristo Jesús” o “Jesús Cristo” o “el Señor”, y otros títulos que aparecen a lo largo de la carta.
Entre las fórmulas más frecuentes están el “por nosotros”, “con Cristo” y “en Cristo”. Debemos a Kümmel, Bultmann y otros, el exhaustivo estudio de las fórmulas empleadas en la literatura paulina y deutero-paulina . En ellas percibimos una manera particular que tiene la comunidad de expresar el sentido de Jesús para su práctica comunitaria.
Este modo de proceder, en el abordaje de la cristología de la carta no siempre consigue percibir las peculiaridades presentes en el discurso elaborado por el autor.
3. El misterio
Más que abordar títulos, fórmulas y expresiones, la cristología de la carta pone en evidencia, a partir de un proyecto de vida, la persona y sociedad que encierran las afirmaciones de Jesús y que son las que se intentan desencadenar. En este sentido, no es difícil constatar que en la primera parte de la carta, el autor se preocupa por rescatar los principios centrales de algunos aspectos fundamentales del acontecimiento Jesús.
La carta no desafía a ver el “desde donde” se reflexiona teológicamente a Cristo. Este aspecto subjetivo es de fundamental importancia para verificar aspectos que puedan contribuir, en la actualidad, en el caminar y seguimiento de Jesús.
Por otro lado, nos interesa también percibir qué aspecto de la realidad total de Cristo nos permite un mejor acceso al Cristo total. Este aspecto objetivo busca contribuir en la comprensión de Cristo que debemos seguir.
Una lectura de la carta a los Efesios permite constatar que ésta no elabora un documento respecto a Cristo, ni es un esbozo de cristología. Pero, esto no impide que el autor haga varias afirmaciones que contribuyen a forjar una imagen de Cristo, de la cual también se derivó y se continúa derivando una práctica cristiana y un modo de ser iglesia. De significativa influencia en la discusión del asunto Trinitario, en diferentes momentos de la historia de la iglesia, son los versículos cuatro y seis del capítulo cuatro, donde aparecen mencionadas las tres personas de la Trinidad.
La cristología surge de la fe que intenta comprender, y al comprender, testimoniar lo comprendido. Sin una fe vivida, sin un seguimiento no hay cristología alguna. Sin embargo, lo que no puede ser negado es la existencia de diferentes seguidores, comunidades en diferentes contextos y desafíos vivenciales; lo que implica, obviamente, diferentes concepciones e interpretaciones. En este sentido, el autor de la carta a los Efesios nos deja un testimonio incomparable acerca de la manera como el Evangelio fue asumido y vivenciado en su ambiente.
Tomando en consideración que el autor de la carta se comunica con personas de matriz cultural helenista, no sorprende que se exprese en categorías de cultura religiosa, comprensibles a sus interlocutores.
Al presentar a Jesús como una divinidad, el autor de la carta identifica a Jesús como Dios. Las imágenes divinas atribuidas a Jesús, especialmente en el himno de 1,3-14, pueden inducir a definir la cristología de la carta como una cristología “de arriba” . El hecho de atribuir a Jesús funciones que, normalmente, son consideradas propias de la divinidad, debería ser interpretado, mucho más, como un aspecto pedagógico de la carta que de su cristología.
El autor de la carta presenta a Cristo como pre-existente, junto a Dios (1,4; 3,9). Él tiene poder (3,7). Sin embargo, esta imagen se deriva mucho más de la verdad que hay en Jesús (4,21), que de los títulos que le son atribuidos. Por eso, parece temerario deducir desde esta concepción cristológica todo un conjunto de argumentos para legitimar la dominación y el poder, sea de cualquier naturaleza que fuera. La imagen de Cristo revestido de poder y gloria es consecuencia de la comprensión de su práctica.
Cuando el autor habla de Dios, no se está refiriendo a una más de las tantas divinidades presentes en la religiosidad griega, sino habla del Dios de Jesús (1,3; 1,17). El “Dios de nuestro Señor Jesús” es una expresión utilizada para diferenciar a Jesús de Dios y, al mismo tiempo, para diferenciar a este Dios de las demás divinidades griegas. O sea que el Dios de Jesús es inconfundible.
Mientras que la primera parte de la carta (1,3-3,21), presenta principios de fe, y la imagen “desde arriba” de Jesús, en la segunda parte (4,1-6,20), donde se presentan los elementos concretos actuales de la redención, son presentados los aspectos humanos de Cristo. En esta perspectiva cristológica “desde abajo”, el autor procura resaltar el camino recorrido por Jesús (4,9). Aunque no lo mencione explícitamente, permanece la comprensión de que el contraste que hace la diferencia en la vivencia de la fe y la fidelidad a la práctica de Jesús es su actividad histórica como ser humano (5,6-20), fiel al proyecto de Dios.
Es verdad que el autor de la carta no elabora una cristología que se oponga al poder político y a la estructura patriarcal, vigente en la sociedad greco-romana, sino que hace reflexiones evidentes dentro de la vida comunitaria y eclesial. A más de esto, hay elementos en la carta que permiten identificar ciertas rupturas con las estructuras de dominación reinantes en la sociedad de aquel tiempo.
Si a nuestros ojos, y para nuestros patrones culturales y paradigmas hermenéuticos, la lectura de la carta permite identificar la legitimación de las relaciones de poder sobre la mujer, hijos y esclavos, por ejemplo, y denunciar la instrumentalización que se hace de la cristología del autor de Efesios, a lo largo de la historia de la iglesia, eso no quiere decir que en el discurso del autor no se pueda encontrar elementos de emancipación del ser humano y del rescate de su dignidad.
En vez de transformar las estructuras de la sociedad greco-romana, el autor está interesado en un proyecto de ser humano distinto. Las imágenes empleadas no dejan dudas, en cuanto al enfoque del autor: la persona, el ser humano. El rescate de la imagen de Dios consiste en el rescate de la dignidad del ser humano.
Más que un proyecto de sociedad, el discurso del autor de la carta procura configurar un proyecto de ser humano, de un hombre nuevo (2,15; 4,24), imitador de Dios (5,1ss), revestido de la armadura de fe (6,10-20). Cuando habla de los vicios y males de la sociedad que deben ser superados por los creyentes (4,25-32), el autor está proponiendo la eliminación de buena parte de las causas de violencia que atentan contra la dignidad del ser humano, presentes hasta hoy en nuestro medio.
La principal característica del creyente es el empoderamiento (3,14-21). Del poder de Jesús hecho Dios, en la comprensión del autor, se deriva un poder capaz de renovar las relaciones de convivencia social. De la cristología deriva la eclesiología. El Cristo presentado por el autor está al servicio de la constitución de un sujeto orientado por principios que deben regir sus relaciones sociales, comunitarias y familiares.
Del empoderamiento también hace parte el ser morada de Dios (3,22). El ser humano, en especial los oyentes, no son cualquier cosa, un objeto, una mercadería, sino un templo santo de Dios (2,21). Y de esta condición se deriva las relaciones de la sociedad.
Aún más, llama la atención que el autor no se valga de imágenes sobrenaturales para hablar de Jesús, sino que destaca que la divinidad de Cristo está justamente en llevar la condición humana a tal radicalidad (4,9) que sólo puede ser divino. La sangre de Cristo conquista el lugar de la gloria y del poder (2,13).
Aquí sería necesario profundizar los mecanismos de negación de la vida presente en lo cotidiano de los oyentes y lectores de la carta (5,16; 6,11s). De esa manera, quedaría más evidente que el autor, no obstante que destaca las cualidades divinas de Jesús, presenta su aspecto humano, capaz de inspirar proyectos humanizantes para las relaciones sociales.
De cualquier manera, el misterio de Cristo (3,4) continúa siendo misterio. Misterio en el sentido de que todos los intentos de comprensión y explicación del acontecimiento Jesús, no dejan de ser parciales y limitados, cuando son confrontados con la implicación y significado para sus seguidores. Ni siquiera la riqueza de las imágenes y metáforas da cuenta de cómo comunicar de la mejor manera posible, todo “ese misterio” (5,1). “El punto central del misterio se mueve de la acción de Dios en Cristo (cristología) hacia los efectos de esa acción en la fundación de la iglesia (eclesiología)” . Y, en este sentido, también nosotros somos desafiados a buscar constantemente este misterio.
Conclusión
No obstante las cuestiones y discusiones históricas, literarias y hermenéuticas, relacionadas a la carta a los Efesios y su inserción en el cuerpo de las cartas neotestamentarias, la imagen de Cristo presentada por el autor revela trazos, en primer lugar, de alguien que se entiende comprometido con la causa de Jesús y que, en consecuencia, se siente hermanado con aquellos que profesan la misma fe, razón por la cual se dirige a ellos a través de la carta, desafiando y motivando a una vivencia de seguimiento, cada vez más auténtica. A más de ello, los trazos de Cristo que se presentan, hablan de un Jesús glorificado por Dios (1,20), por la resurrección de los muertos. Este Cristo tiene poder (1,22) y ha sido constituido cabeza de la iglesia. Es en esta demostración de amor y misericordia de Dios, que se revela la novedad de la vida, capaz de reconciliar pueblos y culturas (2,16), así como, por medio de la fe (3,12) se reviste el ser humano de lo nuevo (4,23; 5,10), con lo que supera las relaciones de poder y discriminación.
En la presentación de Cristo, que inspira una práctica retroalimentada para la superación de las condiciones de vida que atentan contra la dignidad humana de los oyentes, el autor de la carta se vale de los títulos de la tradición post-pascual, pero haciendo alusión a las características presente en la persona y en la práctica de Jesús (4,2; 5,2). En la confrontación con los malos días y las malas obras de la oscuridad y la emboscada del demonio, sólo con la armadura de Dios se puede resistir. En la resistencia se hace militancia. En esta armadura están presentes los pilares fundamentales de la práctica de Jesús: verdad, justicia y paz.
Con la propuesta de que todo lo que existe en el cielo y en la tierra pase por el cedazo de Cristo (1,10), el autor de la carta propone una nueva perspectiva cristológica. Vista desde la perspectiva de Dios, confiere poder y divinidad a Jesús. Vista desde la perspectiva de los creyentes y oyentes, confiere humanidad a Cristo. Y esta es la imagen que debe inspirar la práctica cristiana, buscando alcanzar la estatura de Cristo (4,13), para que estén llenos de la plenitud de Dios (3,19).
Bibliografía
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Flavio Schmitt
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Brasil
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Si la carta fue escrita en Éfeso, entonces tuvo que ser de la época cuando el apóstol estuvo en prisión en dicha ciudad del Asia Menor.
Una de las ventajas de atribuir el origen de la carta en Roma, reside en el hecho de que Efesios sería una especie de testimonio de la madurez el pensamiento del apóstol, sobre algunos temas importantes, sobre los que Pablo se manifiesta durante sus actividades misioneras.
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