Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas
Los cristianismos perdidos
Diana Rocco Tedesco
Resumen
Como comprobamos ya en un estudio sobre el cristianismo del norte de África, cada región del Imperio hace su lectura de lo que significa ser cristiano de acuerdo en parte a esquemas de pensamiento previos, lo que los historiadores llamamos el "utillaje mental". Asia Menor no es una excepción. El cristianismo de esta zona se caracteriza por el protagonismo femenino, la horizontalidad del poder dentro de las comunidades, y una fuerte expectativa por la Segunda Venida, con manifestaciones proféticas y extáticas atribuidas al actuar del Espíritu Santo. El objetivo es rescatar rasgos de cristianismos perdidos luego de la legalización post-Nicea y de la oclusión que significó, declarar a uno de esos cristianismos como "ortodoxia".
Abstract
As we have verified in the past in a study of Christianity in northern Africa, each region of the Empire makes its own reading of what it means to be Christian, partiallty in consonance with previous schemes of thought, in what historials call “mental utilage.” Asia Minor is not an exception. The Christianity of this region is characterized by the active role of women, the horizontality of power within the communities, and a strong expectation of the Second Comino, with prophetic and extatic manifestations attributed to the action of the Holy Spirit. The objective is to recover traces of Christianities which were lost in consequence of the post-Nicene legalization and the embargo signified by the declaration of one of these Christianities as “orthodox.”
Introducción
Antes de comenzar a desarrollar el texto, dos aclaraciones.
Primero: las diversas formas asumidas por el cristianismo de los primeros siglos, no se han perdido. De algún modo han resurgido a través de la historia del cristianismo una y otra vez, bajo diferentes nombres y aún hoy sobreviven, fuera de los círculos académicos y teológicos.
Segundo, es imposible en un solo artículo elencar la cantidad de movimientos que existían antes de que el cristianismo autodenominado ortodoxo se convirtiera en la única religio licita del Estado Imperial Romano, bajo Teodosio, según el edicto de Tesalónica del año 380.
Así que sólo mencionaremos algunos de esos movimientos del Asia Menor.
El marco referencial
En las diferentes regiones del Imperio, las comunidades que adherían al cristianismo se manifestaban según rasgos particulares, muchas veces relacionados con el sustrato social y las creencias anteriores de esas mismas zonas.
No podemos negar que el Imperio se superpone a infinidad de particularidades, pero además que estas sobreviven, barnizadas de cristianismo... tal como en nuestra América Latina, se realizaron fusiones de creencias anteriores a las llegadas de los españoles o traídas por los esclavos negros, que sobrevivieron sobre todo en las manifestaciones de la religiosidad popular, creando en algunos casos realidades nuevas y diferentes, productos del proceso de inculturación.
En nuestro caso y antes de fijarse la ortodoxia como dogma (Concilio de Nicea del 325, convocado por Constantino en su papel de Sumo Pontífice del Imperio), las particularidades se manifestaban como formas regionales con énfasis diversos, que asumía el movimiento cristiano todavía en consolidación.
Recordemos que todavía no había una autoridad central eclesiástica aceptada por todos o por lo menos impuesta a todos. A pesar del prestigio de la ciudad de Roma, recién será Dámaso (c.304-384) el primer obispo de Roma con una autoridad sobresaliente que reconocerán las otras regiones del Imperio. Con todo se lo puso a la par del obispo de Constantinopla, que era el que realmente estaba cerca del poder, ya que para esa época la capital del Imperio, y por lo tanto la residencia del emperador, se habían desplazado a oriente.
Es decir, dentro del mismo esquema imperial había diferencias que ya se avizoraban como importantes entre oriente y occidente. Y las particularidades se expresaban no sólo como diferencias doctrinales, sino también como lucha de poder entre las sedes más importantes: Roma y Constantinopla, pero también Alejandría, Antioquía y la misma Jerusalén reclamarían un puesto de honor y privilegio entre las sedes obispales.
Las controversias
Por fuerza deberemos referirnos sólo a algunas formas del Asia Menor que dejaron huellas importantes y en parte también porque nos debemos limitar necesariamente a la enumeración que realizan los heresiólogos, que seguramente atacaban a los movimientos más exitosos, pero no a todos en forma exhaustiva.
Además, algunos movimientos, que empezaron como cismas, terminaron siendo catalogadas como herejías, en parte para poder aplicarles todo el rigor de la ley imperial y aprovechar los recursos del ejército romano para combatirlos. De ahí el famoso llamado a la “guerra justa” de Agustín contra el donatismo, en África, a fines del s.IV.
Algunas de las llamadas “herejías” –nosotros como Bauer preferimos la palabra heterodoxias-, enfatizan algunos rasgos que el cristianismo obispal había dejado de lado, o censurado abiertamente: p.e. el carismatismo, la revelación no cerrada al elenco de los libros canónicos, el rigorismo moral absoluto que llevaba casi inevitablemente al voluntarismo como medio de salvación, la circulación del poder en las comunidades, el papel que las mujeres desempeñaban en ellas, etc.
Los catafrigios o montanistas
Antes que nada notemos que el movimiento se mueve en una zona de influencia que está fuera del circuito paulino en el centro de la región, lo que conocemos como Frigia, por donde Pablo pasa pero no reside, y se extenderá también hacia el norte del Asia Menor, sobre las costas del Mar Ponto, en lo que conocemos como las provincias administrativas de Bitinia y Ponto (Paflagonia).
El segmento que citaremos es de Hipólito de Roma, obispo de la primera mitad del s.III, aunque no sabemos de qué sede. Sí, que su origen era Asia Menor y que estuvo posteriormente en Roma. Algunas de sus obras se han perdido pero se conserva una conocida como Elenco contra todas las herejías.
De ella reproducimos el párrafo 19:
“Otros, sectarios por naturaleza y frigios de nacionalidad, se han dejado sorprender y engañar por una mujercitas llamadas Priscila y Maximila a las que consideran profetisas. Dicen que el Espíritu Paráclito ha venido a habitar en ellas. Antes de estas mujeres, hubo también un cierto Montano al que glorifican asimismo como profeta. Los frigios se han extraviado a causa de los innumerables libros de estos profetas. Sin someter sus habladurías al criterio de la razón, sin escuchar a los que son capaces de juzgar en esta materia, otorgan a esta gente una fe ciega, proclamando que han aprendido más de ellos que de la Ley, los profetas y los evangelios. Colocan a estas mujercitas por encima de los apóstoles y de cualquier don espiritual: algunos de entre ellos incluso osan decir que ha habido en estas mujeres algo más grande que Cristo. Los frigios están de acuerdo con la Iglesia en el reconocimiento de Dios como Padre del universo y creador de todas las cosas, y en el hecho de admitir todos los testimonios del evangelio sobre Cristo. Sus innovaciones se refieren a los ayunos, a las fiestas, al uso de alimentos secos y de raíces: preceptos nuevos que, según dicen los frigios, han sido dados por estas mujeres.”
Hay varios elementos que indignan al obispo y le hace poner a los catafrigios, entre sus herejes, a pesar de que reconoce que “(...) están de acuerdo con la Iglesia en el reconocimiento de Dios como Padre del Universo y creador (...)” y por lo que sigue, también deben haberlo estado en la elección de los evangelios canónicos.
Desglosemos estos elementos, porque son los que caracterizan al movimiento según este autor y otros testigos, como Eusebio, citando a otros heresiólogos:
Es un movimiento que se origina en Frigia, según Hipólito. Otros hablan también de Tracia. Pero por los testimonios que también tenemos en Eusebio su lugar de mayor expansión fue sin duda Frigia, lo que no quita que efectivamente se hayan extendido al continente, por Tracia y como sabemos, se hayan expandido también a África del Norte.
Priscila y Maximila, que algunos autores dan como segundonas de Montano, aparecen aquí como sus sucesoras y a cargo del movimiento.
El movimiento es de carácter carismático, con fuerte énfasis en la predicación de la obra del Espíritu Santo y produce formas extáticas de profetismo tanto masculino como femenino.
Había abundante material escrito que circulaba en sus comunidades junto con los Evangelios. Desgraciadamente y no casualmente, no se han conservado. Es posible que la alusión a “(...) los testimonios del evangelio sobre Cristo.(...)” se refiera a los cuatro canónicos nombrados por Ireneo.
Los pocos oráculos conservados por los heresiólogos nos hablan de una forma de concebir lo divino que incluye también su aspecto femenino. Al revés de lo que le pasa a Perpetua en su martirio, que se “varoniza”, fundiendo también lo masculino y lo femenino, aquí encontramos a Jesús bajo aspecto también femenino.
Al hablar de “la Ley, los profetas y el Evangelio”. Hipólito nos está dando una idea de que la comunidad reconocía como escrituras sagradas a las mismas que las iglesias obispales, a las que agregaban escritos propios.
Obviamente la autoridad de las mujeres, líderes de estas comunidades, incomoda tanto a Hipólito que comienza a desautorizarlas con difamaciones. “Colocan a estas mujercitas por encima de los apóstoles y de cualquier don espiritual: algunos de entre ellos incluso osan decir que ha habido en estas mujeres algo más grande que Cristo” Estas palabras son tendenciosas y tienen como objetivo desautorizar la autoridad femenina de estas comunidades. Los pocos oráculos montanistas que nos han llegado no avalan esta afirmación.
El párrafo siguiente reafirma la ortodoxia del grupo, contradiciendo todo lo afirmado antes. “Los frigios están de acuerdo con la Iglesia en el reconocimiento de Dios como Padre del universo y creador de todas las cosas, y en el hecho de admitir todos los testimonios del evangelio sobre Cristo” Esto es una declaración ortodoxa por cierto.
En cuanto a las dietas alimenticias, eran las mismas que seguían prácticamente todos los movimientos ascetas en cualquier parte del entorno del Mediterráneo. El objetivo era aligerar el cuerpo, para según afirma Jerónimo, lograr dominarlo y mantener la castidad, uno de los postulados de este movimiento.En general eran dietas vegetarianas, a las que se añadía vino sólo en caso de personas ancianas con problemas de estómago...como reiteradamente encontramos en la literatura sobre el tema.
Epifanio de Salamina, obispo desde el 365 al 403, en esa ciudad de la isla de Chipre, un censurador crónico, misógino y estrecho de miras, es mucho más cruel para juzgar los movimientos de Asia Menor con protagonismo femenino.
En una cita muy interesante y extensa, en su obra Panarion, conocida como el Haereses. que traduce en parte Pier Angelo Gramaglia en su introducción a la traducción del De Virginibus Velandis de Tertuliano, Epifanio recoge más argumentos de la Iglesia obispal contra el sacerdocio de las mujeres, que es evidentemente el talón de Aquiles del montanismo para la Iglesia obispal.
La cita es valiosa y dice lo siguiente:
“¿Quién podía enseñar cosa semejante sino mujeres? Las mujeres son una raza de criaturas poco estables, inseguras y de mente estrecha. El Diablo ha decidido vomitar este absurdo sirviéndose de mujeres: como hace poco hicieron el ridículo las enseñanzas de Quintilla, Maximila y Priscila, así pasa también en este caso” (Haeres.79,1,6)
Esto confirmaría nuestra aseveración de que Montano fue el fundador, pero que luego las que quedaron a cargo del movimiento fueron mujeres.
“Este caso”..., el astestiguado por Epifanio en esta cita, es otro tipo de culto, también liderado por mujeres y centrado en la adoración de la Virgen María, en una región –señalemos de paso- donde el culto a la Diosa Madre Cibeles era muy fuerte. El desplazamiento de algunos de los rasgos del culto a Cibeles al culto a María, era inevitable cuando los cristianos comienzan a desarrollar el culto a la Madre de Jesús.
“ Algunas mujeres, de hecho, en un determinado día solemne del año adornan una pequeña mesa, es decir un soporte cuadrangular, y extiende sobre él un mantel; y por algunos días exponen al culto un poco de pan y lo ofrecen en honor del nombre de María. Todas reciben después un pedazo de ese pan” (Haeres.79,1,6-7)
Este grupo es conocido como coliridianos, debido al tipo de pan que ofrecían llamado collira. Seguirá vigente al sur de Arabia, por lo menos así atestiguado hasta fines del s.IV. Este patrón de retirarse a las estribaciones del Imperio para impedir las persecuciones de que eran objeto por parte de la Iglesia obispal ayudada por el Imperio, es un recurso que utilizan casi todos estos movimientos.
Este tipo de sacerdocio femenino, le sugiere la siguiente reflexión a nuestro obispo:
“¿Quién no se da cuenta de que se trata de una doctrina y de un comportamiento inspirado por el demonio, en un intento de poner todo cabeza arriba? Nunca, desde que el mundo es mundo, una mujer ha desempeñado funciones sacerdotales en el culto divino. No lo ha hecho Eva, la cual, a pesar de haber caído en la trasgresión, no se tentó de cumplir semejante impiedad. No lo hizo ninguna de las hijas de Eva. Fue Abel el que practicó el rito cultual para Dios, y fue Caín el que inmoló su sacrificio delante del Señor, aunque no le fuera aceptado.” (Haeres. 79,2,3-4)
Según Gramaglia los argumentos de Epifanio en general, pueden resumirse en cinco básicos:
María, la virgen madre del Hijo de Dios, no desarrolló ningún ministerio sacerdotal de culto. Si ella la portadora del Dios, la mujer obediente, el ejemplo por antonomasia de la mujer cristiana, no lo hizo... ¿por qué otras sí? No hay nada que justifique el aceptar el sacerdocio femenino de los montanistas u otros movimientos con sacerdocio femenino.
No hay ningún texto que avale que Jesús confió a alguna mujer la misión de bautizar o de predicar el Evangelio
La sucesión de los obispos y presbíteros no contempla a ninguna mujer
El carisma del profetismo, concedido también a las mujeres, es totalmente diferente de la función sacrificial del sacerdocio cultual. La institución eclesiástica de las mujeres diaconisas [muy difundida en Bitinia y el Ponto] no implica funciones sacerdotales. Es sólo ocuparse del cuidado de algunas mujeres enfermas o de algunos servicios secundarios durante la administración del bautismo para evitar situaciones de indecencia a los obispos o a los presbíteros, debido a la desnudez del neófito que se bautizaba.
Como vemos de estos textos por lo menos, se desprende que el montanismo era un movimiento ortodoxo en cuanto a sus creencias, con un énfasis mayor en la predicación del Espíritu Santo y en el profetismo que inspiraba a hombres y mujeres, y con un protagonismo femenino, ese sí, ausente de la tradicional iglesia obispal, según el modelo ya diseñado por Clemente Romano o Ignacio de Antioquía.
Señalemos que el rigorismo moral, otra de sus características, propio también de los movimientos africanos y exacerbado en Tertuliano, hizo que en los últimos años de su vida, este obispo pasara a formar parte de este movimiento que también se había expandido por el norte de África, pero quitando aquello del sacerdocio femenino. Incluso, sin censurar la profecía en las mujeres, pedía cuidadoso examen del contenido de las mismas, para poder declararlas válidas.
Con todo si aceptamos que en la Passio Perpetuala mano de Tertuliano pudo haber escrito el prefacio y el final de la historia, aceptaremos también que de alguna forma el protagonismo femenino es respetado por este dirigente de la iglesia africana, ya que Perpetua aparece no sólo como la heroína, sino también como la catequista de sus compañeros de prisión y la receptora de visiones inspiradas sin duda por el Espíritu. En una de ellas se transforma en un gladiador que lucha contra un egipcio, que simboliza al Imperio, vencido por mano de mujer. Lo interesante es que a pesar de “varonizarse”, es decir de alcanzar el más alto grado de virtud, se dice en la visión que el lanista pronuncia estas palabras “Si el egipcio vence a la mujer, la pasará a filo de espada; pero si ella vence al egipcio, recibirá este ramo”.
Es decir, a pesar de la transformación “virtuosa”, es decir, a pesar de transformarse en varón, Perpetua sigue siendo una mujer, a cargo de representar a toda la comunidad cristiana de la ciudad africana de Teburba, pequeña aldea que queda a 30 km de la gran Cartago. Este rasgo y el énfasis en la obra del Espíritu Santo, son los que nos llevan a aceptar, junto con prácticamente todos los historiadores de la Iglesia, a este texto como montanista.
En cuanto a Eusebio de Cesarea, lamentablemente recoge todo tipo de calumnias sobre los montanistas, como que Montano y Maximila se ahorcaron como Judas, el traidor (HE V,16,13) o que “(...) estas primeras profetisas en persona son las que, desde el momento en que fueron llenas del espíritu, abandonaron a sus maridos. ¿Cómo pues, trataban de engañarnos llamando virgen a Priscila?” (HE V,18,3)Y así por el estilo... Pero no olvidemos que este “testigo” era sospechoso él mismo de “herejía” y debía defender su condición de obispo que adhería a Nicea.
Es decir, que los obispos cristianos, tal como los romanos hicieron con los cristianos de los primeros siglos, se dedicaron a combatir con calumnias los nuevos movimientos. Los obispos conservaron las Apologías que los defendían. Si hubo Apologías defendiendo a los heterodoxos, no tuvimos tanta suerte.
Los marcionitas
“Dónde estaban entonces Marción, el armador del Ponto, aficionado a la secta estoica? ¿Dónde estaba Valentín, seguidor de la secta platónica? Pues consta que ellos no existieron hace tanto tiempo, casi en el principado de Antonino [138-161], y que primero creyeron en la doctrina católica, en la iglesia romana bajo el episcopado del bendito Eleuterio, hasta que a causa de su siempre inquieta curiosidad, con la que corrompían a sus hermanos, expulsados una y otra vez (Marción ciertamente, con los doscientos sestercios que había llevado a lglesia), relegados, por último, a una perpetua separación, diseminaron los venenos de sus doctrinas. Después Marción, habiendo confesado su arrepentimiento, cuando accedió a la condición que se le había fijado (o sea que recibiría la paz si también restituía a la Iglesia a los demás que él había instruido para la perdición), fue sorprendido por la muerte”.
Este es el resumen apretadísimo de la vida de Marción que nos presenta Tertuliano. Después escribirá un tratado dividido en cinco libros, llamado Contra Marción, donde se explayará largamente sobre el contenido del marcionismo, tal como denominó al movimiento.
El Ponto, es la provincia que está al lado de Bitinia, sobre las costas del Mar Negro. Las dos son subdivisiones administrativas de la provincia que las incluye, la Paflagonia. Lejos de la costa jónica más helenizada, como ya dijimos. Provincias dependiente del emperador, no del senado, en la época de los Antoninos pasan a ser senatoriales. Bitinia había sido conquistada por el mismo Julio César, por lo que el cambio de condición significa su pacificación y por lo tanto la oportunidad de progreso económico bajo la administración romana.
Marción había nacido en una ciudad llamada Sínope, de la provincia del Ponto y era de familia pudiente. Su padre era obispo de la iglesia con modelo eclesiológico obispal monárquico. Una vez convertido realiza una gira por Asia Menor y termina en Roma, probablemente cerca del año 144.
De sus estudios y de su inquietud, saca la conclusión de que el cristianismo estaba demasiado unido al judaísmo todavía y que no era esa la intención origenaria del movimiento. Sigue en esto a Pablo y enfatiza mucho el concepto de gracia, contra el de Ley, que está representado para él por lo que llamamos ahora Antiguo Testamento y que formaba parte de las Escrituras reconocidas por las comunidades: la Ley, los profetas y los evangelios...sin haber elegido todavía cuáles ni cuántos. Muchos circulaban, pero sin duda eran mejor entendidos y más leídos aquellos que hablaban del Jesús histórico.
Marción saca las conclusiones lógicas de su inquietud: todo aquello que no condice con el concepto de gracia y enfatiza el concepto de Ley, es para él un error y debe ser eliminado de las creencias cristianas. Jesús no predicó un Dios de justicia, sino un Dios de amor, amor que nos es dado gratis...como dirá Pablo y no por méritos. En realidad podría ser cosiderado un antipelagiano avant la lettre.
La creación, la materia, esencialmente mala es creación de este dios de segunda, llamado “Jehová”. El desprecio por la materia como consecuencia del dualismo griego y de admitir un dios bueno y un dios malo al estilo persa, permite desapegarse de todo lo que tenga que ver con lo creado y adoptar posturas ascéticas extremas, porque engendrar significa colaborar con el dios malo, creador del mundo material.
“(...) el cuerpo, por el hecho de haber sido tomado de la tierra, es imposible que participe en la salvación”
Pero tenemos otro testigo de este dualismo profesado por el movimiento marcionista. Clemente de Alejandría, nos cuenta en el Capítulo III de sus Strómata, 12, 1, 2:
“Por otra parte, tanto Platón mismo y los pitagóricos, como también después los discípulos de Marción, han mantenido que la generación es mala (éstos estaban por consiguiente lejos de favorecer que las mujeres fueran compartidas); los marcionitas sostienen que la naturaleza es mala porque proviene de una materia mala y de un demiurgo justo. Es lógico que, en virtud de ese principio, no quieran poblar el mundo creado por el demiurgo, y deseen abstenerse del matrimonio; se contraponen así al Creador, en su tendencia hacia el Dios bueno que les ha llamado, no hacia el Dios que según ellos tiene otro carácter totalmente distinto; por eso no quieren dejar aquí abajo nada que les pertenezca y viven la continencia, no por un deliberado propósito, sino por el odio contra el Creador, obstinados en no hacer uso de sus criaturas.”
La otra consecuencia lógica, que prolijamente Marción desprende de su planteamiento general, era no concebir a Jesús con cuerpo humano verdadero. Por lo tanto tampoco es verdadera la historia de su nacimiento, por lo que nos dice que “apareció como un ser humano completo (...)en el año quince del reinado de Tiberio” De ahí el docetismo de Marción, tal como el de algunos gnósticos, por lo que se lo ha confundido muchas veces con una de las tendencias de ese movimiento. Ya vimos como la Epístola I de Juan combate esta idea.
Como señala Justo González, en su Historia del Pensamiento Cristiano, “(...) Contra esto [la confusión de Marción con un gnóstico] protestó Harnack, quien –no sin razón- veía en Marción un pensador original completamente distinto de los maestros gnósticos”
El tema llevado a sus últimas consecuencias, lo conduce a eliminar de las escrituras aprobadas por el uso común de las comunidades, todo el Antiguo Testamento (la Ley y los profetas). De los Evangelios, se queda con el de Lucas, el compañero de Pablo, eliminando los pasajes sobre el nacimiento y sólo las cartas paulinas son aceptadas. Éste es en realidad el primer canon conocido. Según la conocida teoría de Harnack esto es lo que apresuró la formación del canon obispal católico del Nuevo Testamento.
Para decirlo en las palabras de Ireneo de Lyon:
Tuvo [Cerdón] por sucesor a Marción, del Ponto, el cual desarrolló la enseñanza de Cerdón blasfemando descaradamente del Dios anunciado por la Ley y los profetas. Según él, este Dios es autor de malas acciones, deseoso de guerras, veleidoso en sus decisiones e inconsecuente consigo mismo. Jesús procedía de aquel Padre que es superior al Dios creador del mundo. En tiempos del gobernador Poncio Pilato, procurador de Tiberio César, vino a Judea manifestándose en forma de hombre a los habitantes de aquella región, aboliendo los profetas y la Ley toda la obra del Dios creador del mundo, al cual llama también Cosmocrator. Mutila, además el contenido del Evangelio según Lucas, eliminando todas las narraciones concernientes a la generación del Señor, así como también muchos puntos doctrinales de las palabras del Señor. Los eliminados son, precisamente, los pasajes en los que Jesús manifiesta que el creador del mundo es su Padre. Marción persuadió a sus seguidores de que él era más veraz que los apóstoles trasmisores de los evangelios, con lo cual no les transmitió el evangelio, sino un trozo de aquél. De igual manera recorta las epístolas de Pablo, eliminando todo lo que el apóstol declara abiertamente acerca del Dios creador del mundo, identificado con el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y suprimiendo también todo lo que Pablo enseña apoyándose en los profetas que predijeron el advenimiento del Señor. “(Contra las Her., I, 27)
La historia de Marción termina con su muerte, antes de que se consumara su ya decidida reincorporación a la Iglesia obispal. Pero sus seguidores persistieron en estas creencias, teñidas también de una fuerte expectativa escatológica, por lo menos todo el siglo. Sus iglesias eran numerosas, según testimonian los contemporáneos.
Conclusiones
Si tenemos en cuenta las características de estos movimientos podríamos decir que en la lejana Paflagonia, de la que Bitinia y el Ponto eran subprovincias administrativas romanas, el cristianismo se caracterizó por un gran protagonismo femenino, por el carismatismo de sus participantes, por el privilegio dado a las visiones, por la circularidad de un poder horizontal, poco jerarquizado y por la expectativa en la pronta parousía.
También con la adopción de categorías dualistas tales como cuerpo/espíritu, de origen griego, pero también por la ontologización de las categorías Bien/Mal, al estilo persa.
La región como cruce de culturas podría explicar parcialmente estas particularidades. La situación de persecuciones sufridas desde épocas tempranas en la región, de magnitud creciente, abonaría justificadamente la creencia y la esperanza en una rápida consumación de un cristianismo triunfante donde la justicia sería restablecida, aquí y ahora.
Si leemos la Epístola I Pedro o la de I de Juan, dentro de los escritos canónicos estas características se confirman, junto con las de un docetismo esperable: un Dios no puede morir verdaderamente en una cruz. Es una apariencia lo que podemos ver y no entendemos. El docetismo estará presente en las creencias de esta región, sobre todo en el movimiento marcionista. Tertuliano defenderá la historicidad de la vida de Jesús, al punto de no reconocer la virginidad de María, post-parto...ya que Jesús fue verdaderamente un dios encarnado y no un ser divino con apariencia de hombre...
Las visiones del Apocalipsis por otra parte nos sitúan sin dudas en el ambiente de persecución y sufrimiento de estas comunidades, de todas, de las paulinas y las no paulinas y la muerte de muchos de su miembros como testigos (mártires)
El imperio tratará de volver las cosas a su lugar, como lo atestiguará la Carta de Plinio a Trajano (c.110). Plinio, gobernador de Bitinia, se queja de que los templos están vacíos y de que la carne sacrificada a los ídolos no se vende...problema económico que afecta a la región. Atestigua también de que el cristianismo está tan extendido que ha llegado también a zonas rurales, cosa que maravilla dadas los problemas de comunicación de la región.
Es decir la actividad misionera no se agotaba en las ciudades visitadas por Pablo. Llegó a las regiones más alejadas del norte, a orillas del Mar Ponto.
Sin embargo, como comprobamos ya en el norte de África, cada región hace su lectura de lo que significa ser cristiano de acuerdo a esquemas de pensamiento previos, lo que los historiadores llamamos el “utillaje mental”.
Un ejemplo significativo sería el protagonismo de las mujeres en estas comunidades, que podríamos remitir a la fuerza que tuvo en la región el culto a la Diosa Madre o a la Diosa Virgen, con atributos especiales, como la Diana de los Efesios, cuyo importantísimo templo después fue reemplazado por un templo en honor a la Virgen María.
El imperio impondrá sobre las particularidades sus homogeneidades administrativas, sus intereses y sobre todo, como aglutinante, el culto al emperador, totalmente funcional a la noción de Imperio y a una sociedad patriarcal... pero las particularidades resurgirán una y otra vez en formas de religiosidad popular, y el cristianismo en esta época era una forma de esa religiosidad popular, o de novedad que se opone a la religión “oficial”, por decirlo de alguna manera.
No olvidemos por otra parte, que el mantener este tipo de religiosidad “novedosa”, fue la causa de que muchos de sus creyentes se convirtieran en mártires por su fe. El sólo hecho de portar el nombre de cristiano, era delito, como lo atestigua la mencionada Carta de Plinio. Y no creemos que los romanos distinguieran entre montanistas, obispales o marcionitas. Con ser “cristiano” era suficiente.
Diana Rocco Tedesco
Timoteo Gordillo 1176
1408 Buenos Aires
Argentina
Ver sobre el tema mi artículo “Pervivencia de las ideas religiosas heterodoxas” en Revista Evangélica de Historia (2004), Buenos Aires, IEMA, p.27-42.
Para África del Norte y Egipto véase mi artículo en RIBLA 54
Bauer, W Orthodoxy and Heresy in Earliest Christianity SCM Press, London, 1971. A menos que uno se posicione en le lugar del LA verdad, y por lo tanto del dogma, no puede llamar con propiedad a las diferentes formas de cristianismo como herejías.
Hipólito, Refutación de todas las herejías, Libro VIII, 19
Historia Eclesiástica, V, 16-19
. Suponemos que el degradarlas a un segundo puesto, era una forma de seguir cuidando que el No.1 del movimiento fuera un hombre, aunque se tratara de una herejía.
Ireneo además de dar testimonio sobre cuatro Evangelios reconocidos por las comunidades, le atribuye a cada uno de ellos un signo zoodiacal cardinal, firme, representando las cuatro columnas sobre las que descansará la Iglesia. Esta misma simbología se seguirá utilizando a través de toda la historia del cristianismo como símbolos de esos evangelistas (Adv.Hae. III, 11,8 ): Tauro, el toro, para Lucas; Leo, el león, para Marcos; Escorpio, el águila, para Juan y finalmente Acuario, el hombre para Mateo. A todos estos símbolos el cristianismo les agregó alas, según el antiguo estilo babilónico, e incluso hitita y egipcio. Imágenes de esfinges que combinan estos elementos fueron encontradas en Siria, talladas en marfil. Ireneo era originario de Asia Menor y conocía bien esta simbología. El judaísmo se nutría también de la simbología zodiacal, e influye sobre el movimiento cristiano. Véase sobre el tema Jean Danielou, Los símbolos cristianos primitivos Ed.Ega, Bilbao, 1993
Uno de los Oráculos de Priscila dice:“Ha venido a mí Cristo en forma de mujer, cubierto con una vestidura de gloria y me ha infundido la sabiduría y me ha revelado que este lugar es sagrado y que aquí descenderá la Jerusalén del Cielo”, (Epifanio, Panarion, 49,1)
En su Epístola a Eustoquia, 22,11, dirá Jerónimo “No es que Dios, Creador y Señor del universo, se complazca en el rugido de nuestros intestinos ni en el vacío del vientre o el ardor de nuestros pulmones. Pero nuestra castidad no puede estar segura de otro modo” Así que era saber corriente que para mantener el cuerpo casto, el ayuno era un buen camino.
Así Agustín, Jerónimo, Ambrosio, Antonio, etc.
Véase Tertuliano, De Virginibus Velandis, a cura de Pier Angelo Gramaglia Ed.Borla, Roma, 1984, pp. 171-2 Obviamente este era un culto a María, que oficiaban mujeres, donde se celebraba una eucaristía con pan, que administraban estas mujeres con funciones sacerdotales. Suponemos que sin vino, ya que María no había derramado su sangre, pero sí había alimentado al niño Jesús y ofrecido su cuerpo en obediencia al mandato divino.
Ibid., pp. 172-3. El descrédito del diaconado se extiende más adelante al diaconado masculino también. Jerónimo lo dice, como siempre, enfáticamente en su Epístola a Evangélico Presbítero, 146,1 “(...)Me entero de que un infeliz ha dado en tamaña locura, que antepone los diáconos a los presbíteros, es decir, a los obispos. El apóstol enseña claramente ser unos mismos los presbíteros y los obispos. ¿Qué le pasa entonces a ese servidor de mesas y viudas para levantarse, tan engreído, sobre aquellos por cuyas oraciones se consagra el cuerpo y la sangre de Cristo?”
Contardo Miglioranza (tr), Actas de los Mártires Edit.Paulinas, Buenos Aires, 1988, pp.77-92.
Así los expertos, sobre todos lingüistas latinos que dan razones de tipo literario para aceptar esta autoría. Sin remitirnos a la calidad del latín, pero guiándonos por el contenido y por el énfasis en la predicación de la obra del Espíritu Santo, podemos aceptar sin problemas una mano montanista en esta redacción.
Recordemos que virtus es un derivado de la palabra latina vir, varón. Así que “varonizarse” connota en lengua latina haber llegado al máximo grado de virtud, a pesar de ser mujer.
Entrenador de los gladiadores, y en el texto símbolo de por lo menos un enviado de la presencia divina.
Ibid., pp.84-85
Según consta en la notal al pie 122, del traductor de las Prescripcionescontra todas las Herejías de Tertuliano, de donde es este fragmento, esto es un error, puesto que Eleuterio fue obispo del 174 al 198. Tertuliano, “ ’Prescripción’ contra todas las herejías. Introducción, texto crítico, traducción y notas de Salvador Vicastillo. Edición Bilingüe Edit.Ciudad Nueva, Madrid, 2001
Prescripción, XXX,i-3
Ireneo, Cont. las Her., I, 27,3
Esta era sin duda una de las calumnias utilizadas contra el movimiento.
Clemente de Alejandría, Stromata III, “Creador”, aquí es tomado como un demiurgo de orden menor, no como el Dios Padre de Jesucristo, el Dios de amor.
Ireneo, Con. las Her, I, 27, 1-2..
Justo L. González, op.cit., Vol I Methopress, Buenos Aires, 1965 p.161
Dice Ireneo en Ad.Haereses III,11.18, hablando de los Evangelios "No es posible que puedan ser ni más ni menos de cuatro" El hecho de que Ireneo y la tradición patrística subsiguiente, eligiera cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y se les atribuyera una simbología zodiacal, abonaría la imagen de un cristianismo con estas tendencias en Asia Menor, ya que el obispo era originario de Asia, discípulo de Policarpo, obispo de Esmirna. Sabemos también de un judaísmo que aceptaba la relación signos del zodíaco con los meses y las estaciones, reflejado en innumerables mosaicos de sinagogas, algunas tempranas otras, la mayoría del periodo bizantino. Los símbolos elegidos, comoya vimos, serían Tauro, Leo, Acuario y Escorpio (el águila) para cada uno de los Evangelios, lo que probaría el conocimiento de que esos son signos Firmes en la teoría astrológica, y por lo tanto también pueden ser tomados en el sentido de que son las columnas sobre las que se afirmará el cristianismo. También se asocian a las cuatro estaciones del año, como abarcando la totalidad del tiempo y a las cuatro regiones del mundo, abarcando la totalidad del espacio conocido. En esta interpretación Cristo ya sería solar, lo que es más tardío, y los 12 apóstoles los meses alrededor de él. Otra teoría busca la explicación de esta simbología en la visión de Ezequiel 1:10-11, de donde Ireneo y los Padres habrían abrevado, y donde la simbología sería idéntica a la representación de los querubs mesopotámicos que también asocian el hombre, el león, el águila y el toro. Son los seres guardianes de los templos, de los dioses. Aquí, ¿guardianes de la recta doctrina?
Parte de este artículo reproduce uno publicado en Cuadernos Teológicos, XXV, 2006 (en prensa)
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