Cambiar actitudes, opiniones y sobre todo prácticas, es difícil. El VIH-sida plantea interrogantes y desafíos para los que no siempre tenemos respuestas. El temor a lo desconocido, los prejuicios, los mitos, las creencias, los valores y costumbres a los que estamos aferrados, explican en gran medida nuestras dificultades para cambiar.
El desconocimiento. En general, tenemos miedo a lo desconocido; en cualquier terreno y en el de la salud y el sida también. Lo mejor es informarse, preguntar y sacarse las dudas con gente que sepa del tema (ver direcciones en la web).
La confianza. Confianza significa compartir y poder hablar de todo. Incluido el sida. No sirve usar la confianza para no preguntar, no dialogar, o para olvidarse de los riesgos propios y de los de la pareja.
Lo femenino y lo masculino. En cada sociedad hay una manera dominante de entender lo femenino y lo masculino que muchas veces es un obstáculo para llevar adelante una vida sexual segura.
Por ejemplo, la idea de que el varón, además de ser heterosexual, debe estar "siempre listo" y demostrar su masculinidad, lo lleva a no poder rechazar una relación sexual aun cuando pueda ser riesgosa.
En cambio, a la mujer se le suele adjudicar un rol pasivo -de inexperiencia e inocencia- por el cual no debería llevar preservativos ni proponer su uso. Contradictoriamente, recae en ella la responsabilidad de adoptar métodos anticonceptivos. Esta representación social de lo femenino reduce la sexualidad de las mujeres a la función reproductiva, quitándoles la posibilidad de pensar su cuerpo desde el placer, privilegio reservado sólo a los varones.
Los prejuicios. Aunque no nos demos cuenta, las palabras que usamos muchas veces encierran prejuicios. Hay términos que, gracias al trabajo de sensibilización y concientización de las personas que viven con VIH y sus organizaciones, evolucionaron desde el inicio de la epidemia.
Por ejemplo, la expresión "persona que vive con VIH" (PVVIH) ha reemplazado a "portador", "seropositivo", "sidoso", etc., y la categoría de "grupo de riesgo" (que asociaba la infección a las trabajadoras sexuales, a los homosexuales, o a los usuarios de drogas) fue desplazada por la de "vulnerabilidad frente al VIH", o conductas de riesgo, que se refiere a las situaciones concretas en las que cualquier persona tiene posibilidad de infectarse.
Creer que el sida es un problema de "homosexuales", "drogadictos" o "prostitutas", no sólo es negar los hechos, sino que es seguir fomentando la discriminación. La falsa seguridad de quienes se sienten "normales" es uno de los principales obstáculos para la prevención.