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Crisis y Consolación
Los fenómenos naturales que causan desastes y las catástrofes causadas por el hombre, son constantes dentro de las dinámicas de la estructura de la tierra y del comportamiento humano. A través de la historia de la humanidad, o aun antes de ella, se evidencia como desde tiempos remotos se han producido fenómenos naturales, que han causado tragedias grandes y devastadoras. La historia de la humanidad misma está marcada por sucesos asociados a fenómenos catastróficos.
Los desastres de origen natural y los causados por el hombre, nunca dejarán de ser y existir. Nos acompañaran como parte de la naturaleza misma de la creación y como parte de la naturaleza del ser humano. Mientras haya planeta y universo y mientras haya vida humana habrá desastres, catástrofes...
Los desastres son causados por fenómenos naturales como los terremotos, huracanes, inundaciones, erupciones volcánicas, maremotos, tsunamis, deslaves, tifones, etc y los producidos por el hombre, como son las guerras los desplazamientos forzados, las migraciones, las epidemias no controladas, las talas indiscriminadas de bosques, la contaminación del ambiente, los accidentes nucleares, los accidentes aviatorios, los naufragios, etc.
Hoy en día con el avance de la tecnología algunos fenómenos naturales son detectados antes de que sucedan. Inclusive se puede saber en cierto grado el comportamiento que van a tener. Algunos otros vienen sin previo aviso, y sin posibilidades de poder predecirlos como es el caso de los terremotos que, por cierto, son los más devastadores conocidos hasta hoy.
El impacto de los fenómenos naturales que causan desastres en su mayoría está directamente relacionado con el grado de pobreza de los pueblos. Un mismo fenómeno en un país rico y en un país pobre tiene grados de impacto diferentes, relacionados básicamente con la posibilidad de detectar el fenómeno, alertar a la población, la conciencia y cultura preventivas del pueblo, la infraestructura y los medios para responder al fenómeno, la capacidad de movilización, entre otras.
El resultado final de las catástrofes, desastres o tragedias son las perdidas, ya sean estas de vidas humanas, de la salud, de viviendas, de edificios, de servicios básicos, de cultivos, de industrias, de fuentes de trabajo, etc. La necesidad inmediata de las personas que viven estas experiencias, es la de poner a salvo sus vidas, que se expresa como la necesidad de encontrar un lugar seguro, de recibir atención médica, abrigo, alimentación. De hecho, la satisfacción de estas necesidades se convierte en la prioridad uno de la situación.
Sin embargo, pasadas las primeras horas o los primeros días del impacto del desastre, cuando las personas entran en contacto con su nueva realidad, se hacen evidente una serie de reacciones y necesidades que clásicamente o históricamente no han sido reconocidas y de hecho no han sido atendidas y que tienen una importancia capital en la recuperación integral de las personas, de las familias, de las comunidades y los países luego de situaciones de desastres.
Desde el punto de vista sistémico, las pérdidas producen en los seres humanos crisis. Cualquier tipo de crisis a la que se ve avocado el ser humano, tiene como causa reconocida o no una pérdida.
¿Por qué consolación en crisis?
Las múltiples y ricas experiencias, especialmente de estos últimos 20 años, nos han enseñado la importancia de apoyar y acompañar a las personas en crisis. El fin de la consolación e intervención en crisis es el de lograr o el de apoyar el que las personas puedan elaborar adecuadamente su duelo. Elaborar el duelo significa procesar de una manera cognoscitiva y emocional el impacto del trauma. Dicho de otra manera: es llegar a la "aceptación de la pérdida y de la nueva situación de vida, a través de una " digestión" intelectual y emocional de lo sucedido.
Cuando por algunas razones de orden individual y social las personas no elaboran adecuadamente o funcionalmente su duelo, pueden caer en lo que se llama una crisis secundaria , que básicamente se caracteriza por la persistencia y exacerbación de las reacciones iniciales, pero que ahora ya no se consideran normales, naturales y necesarias, sino que se han convertido en patrones patológicos de conducta. Por ejemplo, una reacción normal del pensamiento son las "ideas suicidas", es decir, que una persona con fuertes pérdidas piense en morir como una manera de solución a su situación, es normal. Pero si de las ideas suicidas, por causa de no haber elaborado adecuadamente su duelo, pasa a los "intentos suicidas", la persona ha caído en una crisis secundaria con consecuencias muy graves.
De lo expuesto anteriormente se infiere que la intervención en crisis es una manera de evitar que las personas caigan en una crisis secundaria. Estudios serios han identificado que en un 40% de los pacientes con problemas psiquiátricos tiene una base de una crisis no resuelta. Muchos alcohólicos, adictos, fármaco dependiente, criminales o dementes tienen como base de sus patrones de conducta crisis no resueltas.
Volviendo al concepto de que crisis significa también un peligro para las personas, familias y comunidades, la intervención en crisis nos permite que los afectados puedan ir por el camino de la oportunidad, lo que significa que a pesar de lo duro de la experiencia, lo que puede venir luego puede ser mejor y más positivo que antes. Las personas maduran, se vuelven más sabias, mejoran sus relaciones interpersonales y familiares, las comunidades se unen, colaboran activamente en la reconstrucción de sus viviendas, barrios, etc. . Existen ejemplos macro, como en Japón o Alemania, que después de la devastación de la guerra se recuperaron y progresaron de una manera, que tasl vez si no hubieran sufrido la guerra, no lo habrían hecho.
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