Home
Institucional
Documentos
Miembros
Contactos
Secretarias Regionales
Programas de Trabajo
Publicaciones
Links
WebMail

 

 


3. Consideraciones Bíblico-Teológicas sobre la Salud

Dios creó el mundo y la vida y vio que era buena su creación. Su proyecto para el ser humano fue labrar y guardar la naturaleza como fuente de su sustento y no maltratarla o destruirla.

Dios ofreció a la humanidad todos los recursos disponibles para la mantención, protección y expansión de la vida. Como un regalo de Dios, la vida debe ser entendida no solamente como un privilegio, sino también como una responsabilidad. El propósito de Dios es que escojamos la vida y vivamos en armonía con El, con la naturaleza, con las otras personas y con nosotros mismos.

Escoger la vida es optar por la salud como un don de Dios y una responsabilidad humana. Salud en la Biblia implica el bienestar personal y comunitario en términos de plenitud física, mental, social, espiritual (Shalom). Por ello "salud" y "salvación" tienen su origen en el mismo término bíblico.

En la Biblia la promoción de la vida no solamente se relaciona con sus expresiones religiosas, sino también en sus aspectos éticos, nutricionales, sexuales, sanitarios, etc. Es así como las leyes, descritas en la tradición mosaica, exigen la aplicación de la justicia, la distribución y uso de la tierra, la eliminación de la pobreza y otras acciones humanitarias en favor de la dignidad y valor de la vida.

Lo mismo encontramos en la tradición profética donde el proyecto de Dios para la humanidad se traduce en sus Palabras a Jeremías, para "arrancar y derribar, pero también para edificar y para plantar".3

Así los profetas son inflexibles en denunciar la injusticia social, la opresión política, la desigualdad económica, la alienación religiosa, en favor de la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra donde "no habrá más niños que mueran de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla...", donde "edificarán casa y morarán en ellas; plantarán viñas y comerán del fruto de ellas" en acuerdo y armonía con la naturaleza.4

Esta armonía de la creación, quebrada por el pecado, distorsionó la relación del ser humano con Dios, manifestada en distintas formas de idolatría; de la misma manera en que generó un dominio irresponsable y destructivo del ser humano sobre la naturaleza. El pecado, asimismo, creo indiferencia, conflicto y muerte de cada persona consigo misma y con su prójimo, propiciando soledad, vacío, desamparo y esclavitud.

Este estado define al ser humano de la Antigua Alianza como tratando de ser un dios de sí mismo, pero incapaz de curar su propia enfermedad. La bondad de Dios anuncia la Nueva Alianza, poniendo sus leyes en nuestras mentes y en nuestros corazones para que tengamos vida en plenitud.5

En Jesucristo tenemos la demostración viva de todo este proyecto, traducido en su vida y su predicación del Reino de Dios.6 Para Jesús el Reino de Dios era el centro de su predicación y significaba la soberanía de Dios sobre todas los aspectos de la vida humana (material y espiritual) en términos de liberación de las formas asumidas por el pecado individual, o socialmente considerado.

Su proyecto era también el proyecto de Dios "para dar buenas nuevas a los pobres; a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos".7 En otras palabras una evangelización humanizante y una humanidad evangelizada, o sea la aplicación de las Buenas Nuevas para todas las dimensiones de la vida humana.

La Iglesia hoy, como Cuerpo de Jesucristo, debe tener una comprensión integral de la salud sin dicotomía valorativa (cuerpo versus alma) sin prejuicios de naturaleza religiosa, social, racial, sexual, etc.

La salud no es un anexo o apéndice de la actividad de la Iglesia, sino parte integrante de su predicación, educación y práctica cristiana. Jesús predicaba, enseñaba y sanaba toda clase de enfermedades entre el pueblo. Su preocupación permanente fue restaurar la vida en todos sus aspectos. Con él "los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres son anunciadas las Buenas Nuevas del Reino de Dios".8

Aceptar a Jesús como nuestro Salvador no es suficiente. Debemos aceptarlo también como nuestro SEÑOR, como el Señor de nuestras vidas y vivir como su cuerpo hoy. VIENDO la realidad deshumanizada y desigual de los pueblos y naciones; SINTIENDO identificación y compasión por los pobres y oprimidos y ACTUANDO en solidaridad ecuménica por una vida saludable, digna y abundante para todos.

1. Génesis 1

2. Deuteronomio 30:15-20

3. Jeremías 1:10

4. Isaías 65:17-25

5. Jeremías 33:31; Juan 5:39; 10:10

6. Marcos 1:14-15; Lucas 17:21; 12:31; Hechos 1:3

7. Lucas 4:16-22

8. Mateo 11:5

sigue - Propuestas de acción

 

Introducción

Salud integral

La Salud en América Latina y el Caribe

Consideraciones Bíblico-Teológicas sobre la Salud

Propuestas de Acción

Recomendaciones para el seguimiento



 
CLAI - Departamento de Comunicaciones - Inglaterra N32-113 y Mariana de Jesús - QUITO - ECUADOR
Tel: (593-2) 2504-377, Fax: (593-2) 2568-373 - E-mail: nilton@clai.org.ec