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4. Propuestas de Acción
Para los efectos de lo que puede ser el aporte del CLAI al campo de la salud, se propone en este capítulo, plantear problemas específicos que aparecen como los más desafiantes en relación con la participación de las iglesias y organizaciones ecuménicas en el área de la salud. De allí que, una vez señalado el problema, se plantean objetivos y líneas de acción que podrían contribuir a enfrentarlo.
Primer problema
Generalmente las iglesias tienen un conflicto con el dualismo espíritu-materia, lo que implica que no se maneje adecuadamente un enfoque integral de la salud. Esto se refleja en una práctica asistencial, medicalizada y paternalista, que no contiene una visión total del ser humano. La orientación anterior, hace que se responda a problemas de salud que tienen causas multifactoriales, con medidas que obedecen a un solo abordaje, sin tomar en cuenta la necesidad de una respuesta global que involucre a todos los sectores.
Segundo problema
La experiencia ha mostrado que algunas iglesias no toman en cuenta las aspiraciones comunitarias ni su participación en la identificación de los problemas y aspiraciones, en la definición y toma de decisiones relacionadas con el proceso integral de salud. De esta forma las iglesias plantean acciones "para la comunidad" y no "encarnadas en la comunidad".
Frente a estos dos problemas nos proponemos el siguiente objetivo: Motivar la reflexión y la toma de conciencia de las iglesias con respecto al enfoque integral de la salud y la práctica pastoral, considerando como indispensable la participación comunitaria en estos procesos.
Para abordar el objetivo anterior, se recomienda a las iglesias el impulso de las siguientes acciones:
a) Propiciar espacios de reflexión, diálogo e intercambio de experiencias a nivel local, nacional y por regiones que involucren a los miembros de las iglesias con las organizaciones sociales vinculadas al enfoque integral de salud, mediante la realización de: talleres, mesas redondas, encuentros, investigaciones de tipo participativo y foros, entre otros.
b) Identificar y difundir recursos materiales y humanos existentes en los diferentes niveles, que pueden ser útiles a los programas de salud integral.
c) Elaborar materiales educativos, así como revisar los ya existentes que se apeguen a este enfoque. Estos materiales deben contener orientaciones prácticas y litúrgicos, que permitan relacionar los conceptos bíblicos de salvación y bienestar con el de salud integral, mediante metodologías participativas.
d) Motivar a las iglesias para que incluyan en sus planes de trabajo y calendarios la realización de actividades relacionadas con los días de celebración universal, nacionales o locales (como el día de la mujer, el del medio ambiente, el de la salud, entre otros que ya existen o que podrían establecerse), a fin de coordinar diversas acciones (de liturgia, de movilización, declaraciones, etc.), para introducir el tema de la salud integral.
Tercer problema
Una reflexión sobre la práctica de las iglesias, en el área de salud, revela la falta de articulación y coordinación entre ellas y los diferentes organismos ecuménicos, así como con las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que trabajan en salud en los diferentes niveles (local, nacional, regional, etc.).
Ante este problema, el CLAI se fijara como objetivo la tarea de propiciar un movimiento de coordinación, articulación e intercambio entre los diferentes programas de salud desarrollados por las iglesias, organismos ecuménicos, y otras organizaciones que trabajan en salud, en todos los niveles.
Las siguientes acciones se proponen como una forma de abordar este objetivo:
a) Que cada Secretaría Regional del CLAI propicie un encuentro de personas comprometidas en programas de salud, a fin de ir constituyendo un equipo base que apoye el proceso indicado en este objetivo.
b) Que cada equipo regional retome este documento y vaya poniendo en marcha esta propuesta con miras a la conformación de coordinaciones nacionales y locales.
c) Para la necesaria evaluación del proceso contenido en esta propuesta, como para la organización de acciones continentales que el CLAI considere importantes realizar en relación con la salud, se recomienda conformar un equipo continental, tomando como base los participantes de este Encuentro.
d) En cada nivel (nacional, regional y continental) la coordinación podrá propiciar acciones de reflexión, diálogo, intercambio de experiencias, así como identificar y compartir recursos que apunten a la resolución de los problemas señalados, y otros que sean identificados por los grupos.
Cuarto problema
Tanto las iglesias, como diversas instituciones de la sociedad, manifiestan actitudes de falta de sensibilidad y desvalorización de las prácticas populares de salud, así como del ejercicio que realizan algunas iglesias como actos de sanidad.
En ese sentido, el CLAI asumirá como objetivo la responsabilidad de procurar la integración entre las iglesias y la comunidad para desarrollar una actitud reflexiva, de reconocimiento y respeto hacia las diversas prácticas populares de salud y las prácticas de fe y sanidad de las iglesias.
Atendiendo al mismo objetivo, a manera de acciones, fundamentalmente se recomienda que el CLAI ponga a disposición de las iglesias y comunidades instrumentos que faciliten la reflexión conjunta, el rescate y el uso de prácticas tradicionales de salud y de sanidad eclesial, discerniendo los aspectos positivos y negativos de estas prácticas.
Quinto problema
El deterioro de la calidad de vida de la población, agravada por las políticas de privatización de los servicios sociales en América Latina y el Caribe, urgen del rol profético de las iglesias para la defensa y mejoramiento de los programas de salud que beneficien a estos pueblos.
La presente propuesta recomienda, frente a este problema, plantearse dos objetivos: a) Motivar a las iglesias, y a la sociedad en general, para que profundicen su reflexión crítica sobre la calidad de vida de la población y el impacto que sobre esta tienen las políticas sociales y económicas vigentes. b) Promover la participación de las iglesias, y de cada uno de sus miembros, en acciones que expresen su sentir sobre estas políticas privatizadoras y sobre la calidad de vida de la población, desde la perspectiva del Evangelio del Reino de Dios.
Para asumir estos objetivos, en términos de acciones prácticas, se plantea:
a) Recomendar a los obispos y pastores que han venido dialogando en torno a situaciones específicas que afectan a nuestros pueblos, para que asuman en su agenda la reflexión sobre este tema de la salud en América Latina y el Caribe, y a la vez propicien en las iglesias y organismos ecuménicos la discusión local de esta problemática.
b) Elaborar material educativo que facilite la reflexión sobre este tema.
c) Inventariar recursos y materiales que han sido producidos o pueden llegar a producirse sobre esta problemática, y socializarlos.
d) Motivar a los Secretarios Regionales y de Servicios del CLAI, así como a otros organismos afines, para que incorporen en su planificación de trabajo, la realización de foros y debates sobre el tema, con participación de las iglesias y comunidades.
e) Difundir materiales informativos que motiven a la reflexión en las iglesias y la sociedad.
f) Motivar a las iglesias y comunidades a trabajar en acciones en favor del mejoramiento de la calidad de vida de la población y acciones concretas de movilización popular.
Para el desarrollo de una acción coordinada entre los diferentes grupos que se puedan establecer en cada país o región, recomendamos, a manera de guía sugerida, la siguiente metodología de trabajo:
1. Diagnósticos e identificación de los principales problemas de salud de la comunidad. El diagnóstico tiene que ser comunitario y no al estilo de una investigación formal académica, para ello y para otras actividades posteriores se sugiere el uso de herramientas como grupos focales o asambleas.
2. De todos los problemas identificados, priorizar los más importantes, desde el punto de vista de la comunidad.
3. Profundizar el análisis de los problemas priorizados, sobre todo en sus causas inmediatas y estructurales (determinantes). Esto, en sí, es un rico proceso educativo que puede prolongarse a lo largo de todo el trabajo.
4. Definir las principales actividades que se pueden realizar para enfrentar los problemas priorizados y analizados, tomar en cuenta sobre todo las causas más concretas que se han identificado. Organizar las actividades que se van a realizar en forma de estrategias de mediano o largo plazo.
5. Programar la ejecución de esas actividades y estrategias, con tiempos, responsables y recursos necesarios. En ello los grupos eclesiales deben comprometerse seriamente (haciendo previamente una evaluación de sus capacidades), pero sin caer en la sustitución de la acción comunitaria, lo cual es otra forma de paternalismo.
6. La evaluación, como una forma de ir midiendo el cumplimiento del proceso y los efectos que produce (impacto), debe procurar el control social o comunitario de estas actividades, lo cual aporta a la solidez de la organización comunitaria. Por otro lado, no debe descuidarse que más que una evaluación de tipo cuantitativa (estadística), es importante una valoración colectiva de los cambios cualitativos que se van logrando en la organización y en las prácticas de salud comunitaria.
Esta propuesta debe ser utilizada como una guía abierta a la discusión que esperamos sea enriquecida o cuestionada por los diferentes grupos de trabajo; el afán es contar con un instrumento que permita la sistematización.
sigue - Recomendaciones para el seguimiento
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