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Preparación de sermones sobre el VIH/SIDA
por el Rev. Dr. James A. Forbes, Jr.,
The Riverside Church, Nueva York
Al preparar sermones sobre en VIH/SIDA, tendremos muy poco que decir si nos limitamos a las palabras exactas de Jesús sobre estas cuestiones. Pero otra manera de abordar la cuestión es tener en cuenta Juan 16:12, donde Jesús dice a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que deciros...” Ahí indica Jesús que no nos ha revelado todo. Debemos pues caminar con humildad cristiana y apertura tratando de entender lo que Jesús quiere de nosotros al enfrentarnos con cuestiones, como la del VIH/SIDA, de las que él no trató directamente.
Para marcar las orientaciones que los cristianos necesitan para entender cómo ha de responderse a esta epidemia, debemos hacer varias cosas. La primera es conocer los datos objetivos sobre el virus: lo que es, cómo actúa sobre el sistema inmunológico y sus efectos sobre nuestra comunidad o ciudad. Muy importante es percibir las actitudes de nuestra congregación frente al VIH: ¿Estamos informados? ¿Tenemos miedo? ¿Somos comprensivos? Responder a estas preguntas nos ayudará a formular exactamente cuál es nuestro propósito. A continuación, completemos esta frase: En mi sermón quisiera informar, persuadir o animar a los oyentes para que _______________. Llénese este espacio con las actitudes o comportamientos específicos que deseemos estimular.
Que nuestro sermón sea auténtico. Quiero decir con ello que sea parte de nuestra tradición teológica y brote de un aspecto del Evangelio muy arraigado en nuestro corazón. Que nadie nos pida que prediquemos algo en lo que no creemos simplemente porque eso es “lo correcto”. Lo que nos corresponde hacer es trazar un programa constructivo, aun cuando apenas utilicemos una migaja del Evangelio. Recomiendo que se tomen en consideración los siguientes pasajes: Lucas 10:25-37 (el Buen Samaritano); Mateo 7:7-12 ( la Regla de Oro); Juan 9:1-7 (pecado y culpa); Juan 13:31-35 (amaos unos a otros).
Veamos ahora lo más difícil. ¿Cómo tratar de las cuestiones de sexualidad estrechamente vinculadas al VIH/SIDA? Recordemos que de nosotros dependerá que alguien muera en agonía o en comunidad. Prediquemos sólo a partir de lo que creemos, mientras demos una orientación constructiva para poner fin a la transmisión del VIH y ayudar a los infectados y afectados. Si nuestro contexto actual nos impide abordar cuestiones controvertidas de manera que capacite a nuestra congregación para responder a los estragos de esta epidemia, consideremos la conveniencia de un retiro para pedir a Dios que nos oriente sobre la posición que hemos de adoptar.
Permítaseme explicar mi planteamiento en cuestiones controvertidas. Predico que, como todo lo creado por Dios, el sexo es una parte positiva del impulso de vida. No obstante, la fuerza del sexo, si se utiliza mal, puede destruir los lazos de la sociedad. La misión de la iglesia es pues enseñar que el sexo, aunque bueno, debe utilizarse responsablemente. Sí, Dios quiere que nos abstengamos del sexo fuera del matrimonio, pero como predicadores tenemos la posibilidad de ser muy rígidos (con el riesgo de distanciarnos de las realidades populares) o de predicar la responsabilidad, junto con la gracia y la misericordia de Dios.
La gracia es un concepto importantísimo cuando se predica sobre el VIH. Por fortuna para todos nosotros, Dios “califica en línea curva”, dándonos la posibilidad de hacer lo que para nosotros es lo mejor aunque no siempre alcancemos lo que para él sería perfecto. Con la gracia de Dios podemos cometer errores, redimirnos y tener experiencias que nos llevan más cerca de él.
Por supuesto es difícil utilizar la Biblia en defensa de la homosexualidad. Sin embargo, me parece que solo necesitamos contemplar los casi infinitos tipos de árboles, aves, nubes, etc. para ver que Dios se complace en la variedad. Sería extraño que Dios, que tanto gusta de la diversidad, encerrara toda expresión sexual en una forma estricta en función de la cual serían juzgadas las personas.
Vemos en el caso de María (una mujer de “mala reputación”) que Jesús recibe afecto auténtico de dondequiera que venga, incluso a costa de contradecir las costumbres sociales. Dios nos llama a ser auténticos en función de nuestra personalidad única. Los cristianos homosexuales han decidido lo que es auténtico para ellos. Tienen una responsabilidad central para determinar la expresión sexual que refleja la integridad para ellos. Homosexuales y heterosexuales comparten la tarea de desarrollar valores morales firmes a partir de sus diferentes perspectivas y experiencias. El juicio de la sociedad no debería rechazar el testimonio espiritual interior de una persona porque después de todo, como dice la canción, “¡tú no sabes lo que el Señor me ha dicho!”
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