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Tercera edad: Los portadores olvidados del VIH
Cristián M. González S. - 15/12/2004
El Mercurio - Chile
La exclusión de los adultos mayores de las campañas preventivas y su mayor actividad sexual son algunos factores que explican el aumento de casos de sida en ese grupo
Mujeres y niños fueron el centro de atención del último Día Mundial de la lucha contra el sida, el pasado 1 de diciembre; dos grupos que son un claro ejemplo de que nadie está libre del VIH. Pero a diferencia de este virus, que no hace distinción de sexo ni edad, las campañas de prevención se han olvidado de que la epidemia también tiene canas.
Pese a que siguen ocupando una proporción menor dentro del universo de contagiados, el número de casos en la tercera edad aumenta paulatinamente, despertando la atención de los expertos. Ya hace dos años, durante la 2ª Asamblea Mundial sobre Envejecimiento realizada en Madrid, las discusiones en torno al tema concluyeron en que es un problema mundial de "dimensiones catastróficas".
En Chile, el 2,9% del total de portadores tiene más de 60 años, pero en otras naciones, como Estados Unidos, alcanza el 10% e, incluso, en algunas ciudades como Miami bordea el 26%.
"Es difícil determinar los índices de infección por VIH en las personas mayores, ya que un escaso número de ellas se hacen las pruebas de detección", precisa la doctora Adela Herrera, Jefa del Servicio de Geriatría de la Clínica Las Condes y del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.
A ello se agrega el hecho de que "los casos de sida pueden no estar suficientemente identificados ya que los síntomas y las infecciones del VIH pueden coincidir con otros procesos relacionados con la edad y pasar inadvertidos", agrega (ver recuadro).
Detrás del aumento de casos, los expertos identifican una serie de factores entre los que sobresale el hecho de que las campañas de prevención suelen estar dirigidas a la gente joven y, por otra parte, a una mayor actividad sexual en la tercera edad, gracias a estimulantes como el viagra.
"El viagra introdujo cambios culturales en la forma de poder llevar adelante la sexualidad en los adultos mayores", comenta el sicólogo Gabriel Carreño, del programa de Consejería en VIH del Hospital Sótero del Río.
Al igual que en otras edades, la vía de contagio principal son las relaciones sexuales. No obstante, como aún predomina el concepto erróneo de que el anciano es un ser asexuado, "los profesionales de salud no preguntan a sus pacientes de edad sobre sus prácticas sexuales y, por tanto, no les brindan información sobre cómo prevenir", dice Adela Herrera.
En opinión de Anabella Arredondo, coordinadora ejecutiva de Conasida, este punto tal vez no es tan determinante en el país ya que hay un abandono de la vida sexual, sobre todo en las mujeres. "Estudios comparativos con Francia muestran que después de los 45 años baja la actividad sexual en las chilenas". Eso, unido a que la proporción de casos es pequeña, ha hecho que las campañas prioricen a la población joven, de mayor riesgo, "pero el mensaje es válido para todos".
Crisis vital
Además de contar con menos conocimientos básicos sobre VIH/sida, los hombres de la tercera edad, por ejemplo, no están acostumbrados a usar preservativos o piensan que ya no es necesario, ya que los consideran un método anticonceptivo y no un método preventivo de enfermedades de transmisión sexual.
Sebastián M., de 68 años, hace tres que supo que es seropositivo. "Después de quedar viudo, comencé a salir con otras mujeres. Un par de veces incluso pagué porque todavía uno tiene ganas. Nunca pensé que podría enfermarme, por eso no me cuidé".
En general, "la población heterosexual ve el tema del VIH alejado de sus propias preocupaciones, y los adultos mayores no son la excepción", opina Carreño.
Los adultos mayores seropositivos cargan con un doble estigma: se sienten discriminados por ser viejos y por ser portadores del VIH.
La familia de Sebastián lo abandonó tras conocer la noticia y él tuvo que enfrentar solo todo el proceso inicial, hasta que una de sus hijas lo acogió en su hogar.
"El rechazo por parte de la familia y el cuestionamiento de los hijos son una carga más para estos paciente", comenta el sicólogo. Situaciones que afectan la aceptación de la enfermedad y la adherencia al tratamiento.
La doctora Herrera cuenta que el diagnóstico llega en un momento en que "se están ajustando cambios físicos, funcionales, emocionales y sociales para los que no están preparados". Además, los mecanismos para manejar las crisis son más débiles, están más propensos a la depresión, la soledad y la pobreza.
Pese a todo, Gabriel Carreño estima que en estas personas hay factores que pueden ayudarlos a enfrentar mejor el tema. "Como han vivido experiencias límites a lo largo de su vida (duelos, crisis vitales o pérdidas físicas), con un buen apoyo pueden rescatar elementos que los ayuden a superar mejor la seropositividad".
El gran impostor
Los adultos mayores con sida enferman y mueren más rápidamente que los pacientes jóvenes. A juicio de la geriatra Adela Herrera, esta evolución más rápida de la enfermedad se relaciona en parte con un diagnóstico tardío.
"Los primeros síntomas de VIH (cansancio, fallas de memoria, dificultades para respirar, somnolencia, pérdida de peso) pueden ser confundidos con signos de envejecimiento", precisa.
A ello se une una disminución de la inmunidad propia del paso de los años. "La edad acelera la evolución del VIH/sida, disminuye la inmunidad y la respuesta inmunológica al tratamiento antirretroviral -dice Herrera-. Asimismo, las enfermedades relacionadas con la vejez y la polifarmacia aumentan el riesgo de complicaciones graves y dificultan el tratamiento y su respuesta".
Diferentes aspectos que llevan a la especialista a tildar al virus como "el gran impostor".
PREOCUPACIÓN
CÓMO enfrentar el VIH en el adulto mayor será el tema central de una conferencia que se realizará en mayo de 2005, en EE.UU.
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